miércoles, 4 de febrero de 2026
Boards of Canada - MUSIC HAS THE RIGHT TO CHILDREN
lunes, 17 de noviembre de 2025
Aphelion Psalm - PORTAL TO CASSIOPEIA
Alguna vez, hace mucho tiempo, hice un elogio de uno de los mejores momentos que experimenta quien mantiene un blog como este: abrir el buzón y encontrarte un estupendo CD, a menudo autografiado pero siempre con la pátina de lo minoritario e interesantísimo. Todo un placer fue encotrarme con este breve álbum, un EP si nos remontamos a la época de los formatos físicos, enviado desde Nerja por el artista que se hace llamar C. Pilgrim. Supongo que Aphelion Psalm es más el nombre del proyecto que un alter ego del propio músico.
Todavía más placer se siente al sumergirse en un buen trabajo de música cósmica (la portada es en sí misma una sólida promesa) al estilo del que hacían los artistas de la denominada Escuela de Berlín. Para los nuevos en el blog, porque ya llevamos comentados por aquí un buen montón de trabajos de este subgénero de la electronic music, se trata de música generada con sintetizador que suele poner más énfasis en la atmósfera que en el colorido musical, más acento en las complejas texturas superpuestas que en las melodías. Durante los años setenta, fue precisamente en Alemania (no solamente Berlín, aunque allí estaba el epicentro) donde se desarrolló este estilo musical vanguardista, buscando una forma de posmodernidad que iba más allá del rock convencional y funcionaba en paralelo al krautrock, a veces cruzándose los caminos de ambos sin que sea fácil distinguir siempre dónde terminaba uno y comenzaba el otro. Los gurús de esta escuela, cuyos máximos exponentes son Tangerine Dream y Klaus Schulze, con permiso de algún otro, hacían las delicias de los fans de la psicodelia con conciertos en iglesias y catedrales, luces apagadas, ojos cerrados y alguna que otra sustancia por allí diluida.
El rock progresivo, otro subgénero con el que también daban lugar a híbridos, tuvo un claro declive en su popularidad durante la segunda mitad de la década de 1970, de sobra conocido por producirse en un contexto que rebasaba lo meramente musical... Pero en el caso de la música de la Escuela de Berlín no me parece tan claro que hubiese una decadencia tan marcada, un canto del cisne concreto, pese a que su edad de oro quedó enmarcada en aquellos años. Experimentó un bajón durante los años ochenta, en los que el tecnopop (pongamos a los también alemanes Kraftwerk) acaparó el protagonismo de la electrónica europea "dura", pero algunos de sus representantes más ilustres han seguido haciendo una música bastante coherente con los postulados iniciales del movimiento hasta la actualidad. Hoy en día, además, el estilo Escuela de Berlín se ha reencarnado en diversas formas de electrónica entre las que destaca por su relativa cercanía el dark ambient. No es tan común encontrar obras a la berlinesa fuera de la propia Alemania, pero haberlas haylas. Aquí mismo, en España, hay que recordar la interesantísima discografía de Neuronium y los posteriores trabajos en solitario de Michel Huygen.
Portal to Cassiopeia (2025), como buen álbum en su estilo, se trata de un trabajo conceptual con una narrativa muy concreta (un viaje a través de un portal a la constelación de Casiopea, en el centro de la ilustración de portada) que se desarrolla musicalmente a lo largo una única pista dividida en cuatro secciones. La primera, "Apertura del portal" es la más atmosférica y oscura, con capas de sonido entre las que destaca un afilado zumbido electrónico, en la línea de la Escuela de Berlín más primitiva, antes de que comenzase a adquirir tintes new age. Es como asomarse al abismo, literalmente. La segunda sección, "Criosueño de diez mil años", tiene una melodía indefinida, juguetona, y un ritmo más marcado. Quizá busca emular el tictac de un reloj, el mecanismo de esta maquinaria de hibernación que nos mantiene jóvenes mientras viajamos por el cosmos, o incluso el latido del corazón del durmiente, que vuelve a sonar mientras éste se aproxima a su destino. "Abismo del vacío de antimateria" retoma un planteamiento estático, menos tétrico que el del primer tramo de la suite pero también cósmico e inquietante. No habría desentonado en alguna escena de Blade Runner. Concluye el trabajo con "A las puertas de Alfa Casiopea", que hace referencia a la estrella más brillante de la constelación (la estrella Schedar, una gigante naranja) y contiene unas grandiosas notas de teclado que no se quedan muy lejos del sonido de un órgano de iglesia. Se pierden en la lejanía mientras concluye la composición.
El álbum es muy satisfactorio si se escucha en contexto, sabiendo lo que te vas a encontrar y más todavía si conoces el estilo musical aunque sea sólo un poco, aunque un melómano casual deberá hacer un ejercicio de escucha activa libre de prejuicios para entender con qué conceptos juega aquí C. Pilgrim. Por mi parte, quedo a la espera de escuchar nueva música de Aphelion Psalm y recomiendo a connoisseurs y curiosos que se acerquen a su espacio en Bandcamp, donde pueden escuchar Portal to Cassiopeia al completo y descargarlo para su escucha en un reproductor en condiciones.
viernes, 16 de febrero de 2024
Air - MOON SAFARI
2. Sexy Boy (4:57)
Se celebra el 25 aniversario de Moon Safari, álbum de debut de Air, el dúo francés de música electrónica que no lleva cascos de robots. Y me sorprende un poco, porque se supone que se publicó en 1998 y en realidad ahora cumple 26 años. Se avecina una edición especial del álbum que nos ocupa, con material inédito y extras en varios formatos.
Moon Safari es un disco de lo que en aquella época habrían situado en la órbita del "chill out", aunque más bien es un trabajo de pop electrónico diverso y colorista con chucherías al gusto de cada paladar. Creo que este subgénero se conoce como downtempo ("por debajo del tempo"), pero seguramente Jean-Benoît Dunckel y Nicholas Godin no estaban pensando en etiquetas cuando lo concibieron, más allá del clima de modernidad que desprende la música contenida en él. Personalmente, después de haber escuchado muchas veces los recopilatorios Cosmic Machine 1 y 2, noto que Moon Safari es descendiente directísimo de lo que se hacía en el mundillo electrónico-psicodélico galo de tres décadas antes.
Equilibran bien su actualidad con los recursos "retro" que emplean aquí y allá: melodías como de películas antiguas de marcianos (La femme d'argent), arreglos orquestales de cuerda (Talisman) y trompetas a lo Burt Bacharach (Ce matin-là), voces sexys a lo Gainsbourg-Birkin (Sexy Boy), rollito soul (All I Need), uso del vocoder (Remember) e incluso fugas de aire (Kelly Watch the Stars)... haciéndome pensar, de paso, que nuestro amigo Jarre se inspiró claramente en algunos conceptos aquí manejados para el que iba a ser su álbum inmediatamente posterior, Metamorphoses (1999). Sin rencores, porque a su vez algún detalle (ese fondo de percusión electrónica de You Make It Easy, por ejemplo) está poco menos que robado de Oxygène 6.
Hay una tendencia a lo instrumental en Moon Safari, un ritmo sostenido que no empalaga, un exotismo no muy definido pero agradable, fondos complejos, muy trabajados, y notas de teclado juguetonas, pero sobre todo destaca una atmósfera onírica peculiar, en una línea de música alternativa al gusto internacional y mainstream que busca gustar a los chavales aficionados a la electrónica pero sin llegar a dar el paso definitivo hacia la arena de la rave.
Dunckel y Godin lo tocan casi todo, especialmente sintetizadores Moog y Korg, aunque se cuelan también alguna guitarra, bajo y percusiones no sintéticas. Además de ellos, destacan la voz solista femenina de la norteamericana Beth Hirsch y la labor de diseño del también director de cine Mike Mills, uno de los cerebros en la sombra tras el éxito del álbum, me atrevo a decir. Poco después de Moon Safari, Air se consagraría sobre todo gracias a la BSO de la película indie de culto Las vírgenes suicidas (Sofia Coppola, 1999), y desde entonces seguiría publicando varios álbumes interesantes que quizá comentemos más adelante. Tengo que escuchar sin falta la música que compusieron en 2012 para una versión restaurada del clásico Viaje a la luna, del pionero del cine Georges Méliès.
sábado, 3 de febrero de 2024
Vangelis - ENTENDS-TU LES CHIENS ABOYER? / IGNACIO
1. Ignacio / Entends-tu les chiens aboyer? (39:04)
¿No oyes ladrar los perros? es una película mexicana de 1975 basada en el relato del mismo nombre de Juan Rulfo. Dirigida por François Reichenbach, participó en el Festival de Cannes y seguramente tuvo cierto recorrido internacional en su momento, pero hoy en día es especialmente conocida por contar con una banda sonora de Vangelis Papathanassiou. No son pocas las películas de ficción y documentales que se recuerdan hoy más por la presencia del genio griego a los teclados que por cualquier otro motivo, sin entrar a valorar su calidad. No he visto esta en concreto, pero parece que trata sobre un indígena mexicano que carga a hombros a su hijo herido y le va contando cómo será el hermoso futuro que espera (o desea) para él, triunfando en la vida. Dudo que esta película tenga un final feliz.
Ya en 1975 se publicó un álbum con la música de Vangelis, pero la edición discográfica más difundida es la de 1977, titulada simplemente Ignacio, en alusión al muchacho herido coprotagonista. Hay toda una pequeña colección de portadas distintas para el álbum, entre las que mantienen el título original y las que juegan con sutiles diferencias de diseño alrededor de la imagen de la silueta de un pájaro. Todas -o casi- contienen la misma música, recogida en CD -creo que de manera innecesaria- en una única pista de sonido, pese a que muchos de los temas están perfectamente delimitados con pequeñas pausas.
El libro que Luis Fernando Torre publicó sobre Vangelis en la colección Rock/Pop de Cátedra en 1998 lo califica como uno de los mejores trabajos, si no el mejor, de la etapa parisina del artista. No es un mal disco, pero no creo que pueda competir con algo tan exquisito como L'Apocalypse des Animaux (1973). Sí es cierto que su sonido se va volviendo menos nebuloso, anticipando el despliegue melódico de su época del estudio Nemo de Londres, aunque mantiene rasgos de la etapa más "ambient" del griego que lo convierten en un álbum bisagra muy interesante.
Lo mejor de Ignacio es su primera mitad, la que corresponde a la cara A del vinilo. Es una hermosa suite llena de variaciones, con una melodía principal muy clasicista, delicada y evocadora, y algunas otras secundarias sin ningún desperdicio, amén de unos coros muy logrados. La segunda mitad, en cambio, comienza con un ultramoderno ejercicio de electrónica rítmica que, sin estar nada mal, sí que resulta un poco chocante. Después escuchamos unos pasajes tenebrosos con golpes de percusión sueltos, seguramente con la función de música incidental para algunas escenas de la película, seguidos de una pieza atmosférica también un poco oscura, justo antes del tema final -supongo que el de los créditos-, muy romántico y que busca un acercamiento a la música tradicional mexicana que no termina de funcionar. Es casi como cuando Jean-Michel Jarre parodió una rumba en Magnetic Fields.
Creo que Ignacio es un álbum notable, desde luego favorecido porque algunos pasajes realmente soberbios (ojo a la sabia utilización de Carl Sagan de buena parte del primer tercio del álbum en episodios de Cosmos) se quedan en la memoria por encima de otros más experimentales. Sí que es, en general, muy accesible para públicos amplios, y es una pena además de un hecho inexplicable que no se haya vuelto a encontrar a la venta con normalidad desde hace décadas. Tras descatalogarse en LP y después de algunos años de ediciones en CD por parte de Barclay y Polygram, lo publicó CAM con la primera mitad de La Fete Sauvage (1976) en lugar de su verdadera segunda mitad, y solo en 2002 se reeditó íntegramente en una tirada escasísima que hoy cuesta un riñón. En realidad, y pese a que suele ser al revés, es mucho más fácil encontrarlo de segunda mano en vinilo que en CD.
miércoles, 17 de enero de 2024
Penguin Cafe - RAIN BEFORE SEVEN...
El quinto álbum de estudio de Penguin Cafe, banda heredera de la siempre bienamada Penguin Cafe Orchestra, demuestra otra vez -con algún altibajo- que el bueno de Simon Jeffes estaría muy orgulloso de lo que está haciendo su hijo Arthur. Es es disco más melódico de la formación, delicado y colorido, magnífico de principio a fin. Tengo que volver a escuchar The Red Book (2014), porque ahora me planteo si este Rain Before Seven... (2023) me gusta incluso más.
El título parece un poco insulso, "Lluvia antes de las siete...", que no dice mucho. Al parecer, viene de un viejo dicho muy inglés, por aquello de que el clima impredecible de las Islas Británicas suele dar de sí como para mantener conversaciones esporádicas todos los días. Hay algo más profundo, no obstante, en este título.
Al parecer, el álbum comenzó a gestarse durante el confinamiento de la Covid 19, con toda la incertidumbre que aquello causó al mundo entero durante meses. Arthur Jeffes, que se encontraba con su familia en el reconvertido Convento di Santa Croce en la Toscana (Italia) cuando lo pilló la pandemia, concibe Rain Before Seven... como una expresión de sosegado optimismo. Todo irá bien. Todo volverá a ser como antes. Lloverá antes de las siete, como siempre. Volvamos a la rutina. El álbum fue grabado entre dicho convento y un estudio en Wiltshire.
Todos los temas de Rain Before Seven... son estupendos, incluso algunos de ellos un pelín más comerciales de lo habitual, siempre en el buen sentido. Los cuatro primeros temas poseen cierta aura exótica lograda con percusiones de tipo étnico, que parecen de madera pero podrían ser digitales, reflejando de manera explícita aquella descripción que hizo alguien (quizá el propio Simon Jeffes) de la música de la PCO como la música folclórica de un país imaginario.
Este concepto funciona muy bien en la inicial Welcome to London, mezcla exacta entre el dinamismo que desprende una urbe moderna y el hecho innegable de que Londres es una megalópolis en la que convive una vasta mezcla de etnias y culturas. El título del segundo tema, el tranquilo pero dinámico Temporary Shelter from the Storm, es un autohomenaje que reconocerán los fans de siempre. En dirección a Sudamérica nos lleva la divertida In Re Budd, cuyo título es también un homenaje, en este caso a Harold Budd. Parece que Jeffes se enteró de su muerte (en 2020) precisamente mientras grababa el tema. Second Variety es pura paz, lo más parecido a echarse una siesta en un bello paraje tropical.
No hay miedo a integrar lo sintético en el sonido de Penguin Cafe, como lo demuestra la maravillosa Galahad y su ritmo plenamente actual. Might Be Something ("Podría ser algo") es precisamente eso, una pieza exploratoria que divaga un poco por esos terrenos de lo ambiental minimalista, casi con un toque de jazz en algún punto. No One Really Leaves ("Nadie se marcha realmente") parece tener alguna intención temática algo melancólica que desconozco, pero desde luego suena como un himno profundamente "British" que Michael Nyman habría firmado con todo convencimiento.
Se mueven alegres nuestros pies con la simpática y rabiosamente melódica Find Your Feet, y de la atmosférica Lamborghini 754 he aprendido que la famosa marca de coches deportivos también fabrica tractores, como el que Simon Jeffes regaló a su madre para que cuidase el huerto. De paso, también me he enterado -menudo cotilleo- de que la madre de Jeffes es nada menos que Emily Young, famosa escultora y autora de las portadas de la Penguin Cafe Orchestra original, además de la inspiradora del tema See Emily Play de Pink Floyd. El mundo es un pañuelo. Concluye el álbum con Goldfinch Yodel, tan PCO que es una delicia escuchar algo así tantos años después.
Intervienen Arthur Jeffes (piano, balafón, melódica, guitarra Gretsch, ukelele, piano modificado, cuatro, percusiones, sintetizadores, dulcémele y bajo), Oli Langford (violín y viola), Clementine Brown (violín), Rebecca Waterworth (chelo), Andy Waterworth (contrabajo), Avvon Chambers (percusiones) y Alessandro "Asso" Stefana (guitarra hawaiiana y paisajes sonoros). Oli Langford es, además, coautor de la mitad de los temas junto a Jeffes.
Para terminar, sólo decir que los puntos suspensivos del título hacen referencia al primer álbum de la banda, A Matter of Life..., que también terminaba con ellos. Esto no creo que se haya dicho, pero quizá Jeffes considere que el álbum de 2023 cierra un ciclo. Veremos.
martes, 7 de marzo de 2023
Robert Fripp / Brian Eno - (NO PUSSYFOOTING)
Entre los monumentos de la música popular que este año celebran su 50 aniversario, deberíamos encontrar un ratito para acordarnos de (No Pussyfooting) (1973), el álbum proto-ambient de los británicos Fripp y Eno que inició su exquisita pero breve colección de trabajos a cuatro manos. No le quiero negar su calidad de "monumento", pero siendo realistas estamos hablando de un disco que pasó más que desapercibido en su momento y que solo ha obtenido su relevancia actual al demostrar su carácter pionero a través de las décadas.
(No Pussyfooting), que puede traducirse como "Sin marear la perdiz", fue un álbum lanzado por ambos artistas antes de iniciar sus carreras como solistas. Robert Fripp tardaría bastante en lanzar algo solo a su nombre fuera de los entonces ya más que consagrados King Crimson, pero Brian Eno (que salía de Roxy Music) tenía ya en el horno su debut Here Come the Warm Jets (1974). Es tentador pensar que, de haber sido el álbum que nos ocupa un gran éxito, podrían haberse establecido formalmente como dúo y no haberse reunido solo de manera más bien esporádica. Pero (No Pussyfooting) tiene una vocación puramente experimental, creo que con plena conciencia de ser una creación anecdótica sin grandes esperanzas comerciales.
Los dos temas largos que integran el álbum están creados mediante una técnica que consiste en utilizar el sonido pregrabado en cinta magnetofónica de cierta pieza musical, al que se aplica un retardo, para crear un fondo denso sobre el que se interpreta y se graba la propia pieza. Eno invitó a su casa a Fripp para probar el invento (ya lo había usado antes Terry Riley, entre otros), aportando Eno el juego con cintas y Fripp su jugueteo con la guitarra eléctrica, grabada y reproducida como fondo para su mismo sonido. Así se originó la primera cara del vinilo, titulada The Heavenly Music Corporation ("La corporación de música celestial", un poco en tono autoparódico), que es el primer intento sólido de lo que Eno bautizaría años después oficialmente como ambient, y de lo que Fripp entendería como Frippertronics en sus propios experimentos posteriores.
El segundo tema, Swastika Girls ("Las chicas de la esvástica", título inspirado en una película porno que Eno encontró por ahí) se grabó aprovechando el mismo estudio en el que King Crimson acababa de terminar Larks' Tongues in Aspic, y su principal diferencia con la otra cara del disco es que aquí el fondo que aporta Brian Eno está creado mediante sintetizador.
Como decíamos, el lanzamiento tuvo poca o ninguna repercusión y la discográfica optó incluso por rebajarle el precio drásticamente. Tan extraño resultó el invento para algunos entendidos que el famoso DJ de la BBC1 John Peel emitió el álbum en la radio al revés por error y se quedó tan a gusto. De hecho, en posteriores ediciones del álbum en CD se incluye una versión de ambos temas al revés, supongo que para más cachondeo.
Con el paso de los años, y tras otros trabajos de la pareja como Evening Star (1975) o The Equatorial Stars (2004), se ha podido analizar el álbum que nos ocupa en retrospectiva y se han reconocido sus méritos. Está claro que (No Pussyfooting) falló en su momento porque el público general -salvo que acudamos a alguna fantasía cósmica del krautrock/Escuela de Berlín- no estaba preparado para un tipo de música tan horizontal, tan estática y desprovista de prácticamente todo. No había un contexto para un disco así, y este es precisamente su gran mérito desde una perspectiva actual: creó ese contexto para hacer posible mucho de lo que vendría después. No es un disco fácil ni muy apto para novatos, pero hay que conocerlo.
martes, 24 de mayo de 2022
La quintaesencia de Vangelis en 20 temazos: La petite fille de la mer (1973)
L'Apocalypse des animaux, el álbum, es único por su atmósfera musical brumosa, muy minimalista y con matices melancólicos (pese a ser una obra a la vanguardia técnica de su época). Quizá sea más fascinante el largo tema Création du monde, antecedente claro de lo que después se llamaría música ambient, pero el delicado La petite fille de la mer es inmensamente popular. En España, fue sintonía de la carta de ajuste de TVE, un patrón fijo de líneas y colores que veíamos de madrugada cuando terminaba la programación. También se ha utilizado a menudo como melodía en cajitas de música, donde rivaliza con el tema de Francis Lai para Love Story.
lunes, 9 de mayo de 2022
John Carpenter - LOST THEMES II
Debe ser uno de los directores de cine comercial que peor suerte han tenido con sus estrenos más interesantes (La estupenda La cosa se estrenó fatalmente el mismo día que E.T., por ejemplo), y aunque ha tocado varios palos, casi siempre en la periferia del género de terror, seguramente nunca ha obtenido el reconocimiento que merecía por el público masivo. No es que sea un director desconocido precisamente, pero no puede evitar que sus películas se relacionen con el mundillo de la serie B. Además de su gusto por lo siniestro, una de las cosas que caraterizan su estilo es la música de sus bandas sonoras, que en muchos casos se encargaba de componer él mismo utilizando sobre todo sintetizadores. No dirige una película desde 2010.
Pero John Carpenter sí que ha demostrado ser capaz de reinventarse. En 2015 se publicó su primer álbum de estudio, Lost Themes, seguido un año después por el que nos ocupa, y en 2021 por Lost Themes III. Ha tenido tiempo de participar en el Electronica de Jean-Michel Jarre y de emplearse solo como músico en las BSOs de las últimas entregas de la saga Halloween, iniciada por él mismo en los setenta. Incluso está consiguiendo que cuenten con él para películas en las que no tiene otra participación creativa, como la nueva versión de Ojos de fuego, adaptación de Stephen King a estrenar próximamente. Ya tuvimos el primer Lost Themes por aquí hace tiempo, y la verdad es que esta segunda parte contiene la misma fórmula, solo que ampliada y mejorada.
Por destacar algunos momentos, mencionaremos la inicial Distant Dream y su sección de furiosa batería en su segunda mitad; White Pulse, con una melodía sencilla pero pegadiza que es puro años ochenta; las guitarras eléctricas estupendas de Angel's Asylum, amén de su delicado tramo final; la siniestra pero soñadora Hofner Dream; la chulesca Dark Blues; la casi operística Bela Lugosi, tan draculiana como el actor homenajeado; la tensa pero finalmente no tan oscura Last Sunrise; y los arreglos tipo cuerdas de la grandilocuente y futurista Utopian Facade.
John Carpenter vuelve a trabar aquí con su hijo Cody Carpenter y su ahijado Daniel Davies, que se encargan de apoyar al maestro en la composición, la interpretación y la producción, a partes iguales si atendemos a los créditos del álbum, por mucho que seamos conscientes de que la "saga" Lost Themes se nutre del estilo musical que el cineasta lleva desarrollando desde 1974. No parece que necesite a jovenzuelos que inventen de pronto la pólvora para él.
La mayor diferencia que se aprecia en este segundo álbum de estudio respecto al primero es que, de algún modo, Lost Themes II no suena tanto a banda sonora descartada (cosa que no era mala, ni mucho menos) como su predecesor. Da la impresión de que John Carpenter se siente mucho más cómodo y busca que su sonido sea más rico en matices y -decíamos- aporte atmósferas propias que no recuerden tanto a una escena de Michael Myers con el cuchillo persiguiendo a la chica, o a Serpiente Plissken macarreando con la melenita y el parche en el ojo. No sé si logra del todo que los cortes de Lost Themes II tengan un poder de evocación propio, pero al ser temas más elaborados siempre nos podemos recrear en lo puramente musical.
John Carpenter nunca ha pretendido destacar como un buen compositor. De la inmensa mayoría de sus bandas sonoras se puede decir, como mucho, que son meramente un añadido para que determinada escena tenga el efecto deseado. La banda sonora de su primer gran éxito Halloween (1979) fue compuesta en tres días, prácticamente fusilando el tema inicial de El exorcista, o sea, Tubular Bells. Ennio Morricone, a quien Carpenter contrató para dar prestigio "europeo" a La cosa (1982), explicaba que el director prácticamente huyó asustado después de dejarle sobre la mesa unos cuantos esbozos sobre el tipo de música que quería para esta película de terror polar, sin dar lugar siquiera a un intercambio verbal de ideas. Pero oye, al final ese sonido tan reconocible de su música se ha hecho un hueco en la cultura popular (recordemos, por ejemplo, la sintonía de la serie Stranger Things) y escuchar Lost Themes II es tan guay como Kurt Russell diciendo aquello de "¡Pero qué pasa!".
martes, 25 de enero de 2022
Neuronium - VUELO QUÍMICO
Si entendemos literalmente la etiqueta "Escuela de Berlín", seguramente nos resultará extraño que uno de los mejores trabajos que podemos encontrar en esta rama de la música electrónica sea español. Sobre la discografía completa de Neuronium no puedo hacer valoraciones generales, pero Vuelo químico (1978), que he escuchado a propósito para esta entrada, es sencillamente impresionante. Se trata del segundo trabajo de Neuronium, la banda mítica de la electronic music que fundó Michel Huygen y que se consolidó en su época clásica gracias a Carlos Guirao y Albert Giménez. El anterior Quasar 2C361 (1977) ya fue más que meritorio y tuvo ambiciones internacionales al ser publicado por la discográfica EMI/Harvest, pero este segundo trabajo supone para muchos entendidos la cumbre de Neuronium.
No sé muy bien si Huygen, que después de este período con tintes progresivos se movió hacia unos planteamientos más cercanos a la new age, ya consideraba que Vuelo químico contenía esa "música psicotrónica" de la que ha hablado varias veces, y que es un tipo de música aplicada a lograr la armonía de cuerpo y mente. Este álbum se sumerge de lleno, más bien, en la música cósmica (kosmische musik), textural, horizontal, planeadora, sugerente de espacios de la ciencia ficción en la línea de Tangerine Dream o Klaus Schulze pero con su propio enfoque un pelín más orgánico. La riqueza de la producción y la instrumentación de Vuelo químico no están por debajo de la mejor época de estos artistas de renombre, y eso que debió tener su mérito conseguir algunos instrumentos propios del género en nuestro país, donde seguramente no existía ni oferta ni demanda.
En este sentido, para la grabación del álbum contaron con varios instrumentos diseñados por el luthier electrónico Rafael Duyos, que nutría de aparatos electrónicos personalizados a los músicos vanguardistas de Barcelona que no podían permitirse un sintetizador de marca. Inspirado por su asombro de adolescente ante las proezas de Keith Emerson, enfocó su inventiva autodidacta al diseño de instrumentos con un sonido cercano al Korg y al Moog que llevaban la marca DUY, llegando con el tiempo a surtir a Mecano y hasta a situar uno de sus aparatos en el diseño sonoro de la película Blade Runner 2049. Este hombre merece todo un monográfico, porque lo que he encontrado en fuentes como el libro Loops 1: Una historia de la música electrónica en el siglo XX (J. Blánquez y O. León, de 2018) es fascinante.
Decíamos que Vuelo químico posee un elemento orgánico más claro que la mayoría de trabajos berlineses, y es que a los teclados de Huygen y Girao se añadía la guitarra de Giménez, un poco a lo Robert Fripp en sus trabajos junto a Brian Eno, además de las percusiones orientales de José Amado y algunas voces: un coro completo, la voz del propio Carlos Guirao en el tercer segmento de la suite Abismos de terciopelo, y también la de Nico, legendaria participante en aquel álbum de The Velvet Underground con el plátano de Andy Warhol en la portada. En el tema que da título al disco que nos ocupa, Nico recita el poema Ulalume de Edgar Allan Poe.
Toda la primera cara está ocupada por los tres movimientos, no muy claramente diferenciados, de Abismos de terciopelo. Más o menos la primera mitad del tema es atmosférica, muy untuosa y evocadora, y después se introduce un ritmo muy marcado que conduce hasta el último tercio con ese toque étnico de la percusión y Guirao cantando en cingalés, y con un epílogo de nuevo atmosférico, aunque más austero. En la segunda cara está para empezar Viento solar, quizá un intento de single radiable cuya sencilla melodía guarda un parecido con la segunda mitad del Oxygene 5 de Jarre. Más interesante es la homónima Vuelo químico, que se mueve, por compararla con algo más popular, entre los vapores nebulosos de Phaedra (Tangerine Deam) al comienzo y algo más grandioso tipo Heaven and Hell (Vangelis) al final. La voz de Nico, hacia la última parte, no destaca demasiado sobre el fondo instrumental. Escuchado hoy en día, este trabajo tiene un aura mágica de electrónica primitiva que es cautivador, realmente hipnótico. Debería ser un imprescindible si eres aficionado al género.
Por último, mencionar que la llamativa portada es del artista plástico multimedia Tomás Corral Gilsanz (1931-2016), muy conocido sobre todo por ilustrar las cubiertas de la colección Biblioteca de ciencia ficción de Orbis (aquellos libritos azules en tapa blanda). Hay quien lo conocía como "el pintor cósmico", nada menos. Ilustraría muchas más portadas para Neuronium en años posteriores.
sábado, 9 de octubre de 2021
Hans Zimmer - DUNE
Con el retraso del estreno americano de Dune (2021), su publicación en formato físico no está fechada hasta octubre, pero los de WaterTower Music han tenido la gentileza de distribuir esta BSO en formato digital y hasta de colgarla al completo en YouTube para que podamos escucharla quienes ya hemos asistido al estreno. Dune, la película de Denis Villeneuve, no es un simple espectáculo palomitero, sino una experiencia audiovisual muy potente que roza lo experimental y que en muchos casos se apoya más en las imágenes y el sonido (incluyendo la música) que en los diálogos para exponer aspectos esenciales de la trama. Creo que Hans Zimmer, en lo que le toca, ha estado a la altura.
La novela de Frank Herbert de los años sesenta parece poseer un aura especial que la ha convertido en tema recurrente incluso desde el punto de vista de las "nuevas músicas", donde varios artistas la han abordado con resultados interesantes. Incluso las grabaciones que están directamente relacionadas con sus adaptaciones al cine han dejado tras de sí magníficos álbumes, como la BSO de la película de David Lynch y la del documental sobre el frustrado proyecto de Jodorowsky. En el caso de la nueva obra musical de Hans Zimmer, tal vez podamos llegar a conclusiones distintas sobre sus virtudes, pero es evidente que su efectividad se apoya tanto en el hecho de que el alemán es fan de la novela como en la certeza, para mí evidente, de que el díptico de Denis Villeneuve (la segunda parte está pendiente de confirmación todavía) está destinado a ser la adaptación definitiva de uno de los libros de culto por antonomasia y el compositor se ha venido arriba.
Me refiero a que Zimmer ha sabido captar el carácter horizontal, casi planeador, de las atmósferas que quiere subrayar con su música, demostrando un conocimiento del material con el que trabaja que es más profundo que el de muchos compositores de su gremio cuando abordan un trabajo para el que se les contrata. Da igual que seas defensor o detractor de algunas tendencias puntuales discutibles de este artista, porque si exceptuamos algún pasaje de acción poco relevante, su BSO para Dune es cualquier cosa menos genérica. La propia película en sí es un puro deleitarse en el amor a este universo ya clásico de Arrakis, sus intrigas políticas y sus gusanos de arena gigantes, y en todo momento se aprecia que la película y su música se apoyan mutuamente, se empujan para que ninguna de ambas baje ni por un instante su nivel de magnificencia. No es que Hans Zimmer haya logrado algo tan bestia como lo de Howard Shore y El señor de los anillos, pero creo que en algún momento ha llegado a transitar un camino parecido hacia la monumentalidad.
No sé hasta qué punto Hans Zimmer ha llegado a plantear la partitura en clave de leitmotivs, y si es cierto que podemos identificar algunos (la nobleza trágica de los Atreides, los sueños de Paul sobre Chani, el carácter exótico e indomable de los Fremen, las maquinaciones de las Bene Gesserit...), no se busca en ningún caso tejer un tapiz tan complejo y musicalmente detallado como el de Shore. Siendo Zimmer un pintor de estilo más impresionista, de pincel más grueso, consigue que su obra parezca haber sido interpretada por músicos del propio Arrakis, con instrumentos difíciles de identificar, una peculiar guitarra eléctrica que aparece un par de veces, unas gaitas marciales en el tema Armada y diferentes variaciones de voces humanas que buscan recrear alguna clase de música sacra de un futuro abismalmente lejano. La contrapartida de estas virtudes es que, si bien esta BSO supone una impecable cadena de aciertos a la hora de contribuir a la puesta en escena de la película, el álbum editado difícilmente consigue funcionar como una narración autónoma en una línea de música sinfónica programática, por mucho que sea una obra musical muy bella y satisfactoria. Nadie ha dicho que tuviese que hacerlo.
Desde luego, está claro que aquel Hans Zimmer de las melodías ruidosas e invasivas de hace años (Gladiator, Pearl Harbor, Piratas del Caribe) va quedando atrás en favor de una aproximación más madura y humilde (en el mejor sentido de la expresión) que contribuye al "todo" que es la película y lo perfecciona sin alardes innecesarios. Zimmer está cimentando su prestigio a base de aceptar que menos es más, que se puede deslumbrar componiendo bandas sonoras que están al servicio de la historia incluso si decide no contar con ningún temazo tarareable. No todas sus obras más celebradas de los últimos años me han entusiasmado (sigo pensando que Blade Runner 2049 está lastrada por su nefasta edición en álbum aunque su música sea respetable, y que lo de Interstellar es jugar sucio), pero hora mismo no hay nadie en Hollywood que le haga sombra dentro de su estilo electrónico-orquestal.
Zimmer busca en todo momento apurar sus propios límites con piezas que explotan al máximo el sonido Dolby Atmos con sonidos innovadores, envolventes. Tan inspirado se encuentra el alemán que ha compuesto otros dos álbumes completos en paralelo a esta banda sonora. The Dune Sketchbook contiene una selección de piezas de la película expandidas, en general en una línea ambient y con la colaboración de nuestro admirado Klaus Schulze en el tema final Grains of Sand ("Granos de arena"). El temazo House Atreides también es una gozada.
El tercer álbum, titulado The Art and Soul of Dune, se publicará a finales de octubre. Se trata del acompañamiento para un libro tipo "cómo se hizo" sobre la película y consistirá en nuevas variaciones sobre los temas de la BSO. Tanto esta como el Sketchbook pueden adquirirse ya en formato físico, y aunque no sabemos si el tercer álbum tendrá únicamente una versión digital, sabemos que se podrá descargar de forma gratuita. Sean en CD o en digital, los tres álbumes parecen destinados a hacer las delicias de los aficionados a estas músicas nuestras durante muchas horas.
martes, 14 de septiembre de 2021
Moby - REPRISE
lunes, 5 de julio de 2021
Jean-Michel Jarre - AMAZÔNIA
2. Amazônia Part 2 (9:59)
Cerramos un pequeño paréntesis en el que me he volcado en el fin de curso académico, para comentar el último lanzamiento de Jean-Michel Jarre, todavía una novedad, titulado Amazônia (2021). Cuando saltó la noticia de la publicación del álbum hace unos meses, algunos comentarios apostaban por una obra atmosférica a lo Waiting for Cousteau, y aunque las diferencias con aquel tema largo son obvias, está claro que las predicciones eran acertadas.
Amazônia es, por encima de cualquier otra consideración, la banda sonora que acompaña a la exposición del mismo título del cineasta y fotógrafo Sebastiao Salgado con fotografías de sus viajes por la más importante selva tropical del planeta. No sé si toda la música creada por Jarre se encuentra en el álbum publicado, pero son más de cincuenta minutos los que se nos ofrecen, que no es poco.
Puede sonar a tópico, pero es verdad que en Amazônia encuentras cosas nuevas cada vez que lo vuelves a escuchar. Por ejemplo, la primera vez te centras inevitablemente en los sonidos ambientales de gente que habla, de agua corriente, de pasos, de respiraciones, del roce de las hojas y el crujir de la madera. Y después ya empiezas a notar los añadidos musicales que aporta Jarre, como algunos ritmos, drones sintéticos, punteos electrónicos, etc. Incluso es posible que lleguemos a vislumbrar ciertos patrones, estructuras intencionadas, tras cada uno de los temas numerados.
Creo que Jarre hace algo bastante interesante y valiente: en lugar de recurrir a una típica fusión de electrónica y música étnica tribal, la música de Amazônia escapa del folklore para "recrear" una experiencia realista de caminata por la selva impenetrable en la que los añadidos de sintetizador funcionan más como una argamasa de unión que como un elemento protagonista. El antes mencionado Waiting for Cousteau, pieza clave del álbum homónimo de 1990, consistía más bien en una composición minimalista pero 100% musical que recreaba vagamente algunos aspectos de lo que sería una inmersión submarina, mientras que Amazônia es en un 95% contenido no musical, no melódico, no rítmico, no premeditado. Tampoco se busca que la música de este nuevo disco sea como un documento científico, porque el enfoque de Jarre permite que en su personal expedición selvática haya espacio para la introspección, la imaginación, lo lúdico y lo onírico.
Parece que Jarre recurrió a los archivos sonoros del Museo Etnográfico de Ginebra, aunque no sabemos si parte del material fue grabado por el propio Salgado. Se entiende que lo que hace Jarre es, digamos, un "collage" en el que se busca que, sin salirse en ningún momento de un planteamiento ambiental, siempre estén sucediendo cosas a nuestro alrededor. No es fácil aburrirse si tenemos la paciencia de recrearnos en los pequeños detalles, y entiendo que la experiencia es mucho más interesante si escuchamos la versión Surround 5.1 o la binaural, que se descargan digitalmente tras la compra del álbum en CD o vinilo.
Quizá lo más discutible del álbum sea la división del mismo en cortes o temas en según qué edición, que salvo que le echemos un poco de imaginación resulta en apariencia arbitraria. Está claro que cualquiera puede sentirse libre de decidir qué fragmento le gusta más, pero dudo que esto pueda hacerse extensivo a uno de los temas tal cual nos son presentados en el tracklist.
Creo que Amazônia, sin ser un álbum muy representativo del momento actual de la carrera de Jean-Michel Jarre (que está más cómodo revisando sus clásicos e innovando con el software), sí que es una obra que está mucho mejor en las tiendas que en un oscuro archivo, aunque sea como curiosidad para audiófilos o como un bonito ítem para fans y coleccionistas. Tampoco hay que olvidar que Jarre lleva tres décadas siendo embajador de la UNESCO, por lo que le gusta volcarse en cualquier iniciativa en la que su música ayude a impulsar proyectos de interés cultural, humano y medioambiental.
Por mi parte, recomiendo especialmente el álbum en su versión binaural, aunque también sus tradicionales ediciones en CD y vinilo supondrán una grata experiencia que merece la pena disfrutar.





























