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lunes, 17 de noviembre de 2025

Aphelion Psalm - PORTAL TO CASSIOPEIA


1. Portal to Cassiopeia (17:25)

I. Opening of the Portal
II. Ten-thousand-year Cryosleep
III. Antimatter Void Abyss
IV. At the Gates of Alpha Cassiopeia

Alguna vez, hace mucho tiempo, hice un elogio de uno de los mejores momentos que experimenta quien mantiene un blog como este: abrir el buzón y encontrarte un estupendo CD, a menudo autografiado pero siempre con la pátina de lo minoritario e interesantísimo. Todo un placer fue encotrarme con este breve álbum, un EP si nos remontamos a la época de los formatos físicos, enviado desde Nerja por el artista que se hace llamar C. Pilgrim. Supongo que Aphelion Psalm es más el nombre del proyecto que un alter ego del propio músico.

Todavía más placer se siente al sumergirse en un buen trabajo de música cósmica (la portada es en sí misma una sólida promesa) al estilo del que hacían los artistas de la denominada Escuela de Berlín. Para los nuevos en el blog, porque ya llevamos comentados por aquí un buen montón de trabajos de este subgénero de la electronic music, se trata de música generada con sintetizador que suele poner más énfasis en la atmósfera que en el colorido musical, más acento en las complejas texturas superpuestas que en las melodías. Durante los años setenta, fue precisamente en Alemania (no solamente Berlín, aunque allí estaba el epicentro) donde se desarrolló este estilo musical vanguardista, buscando una forma de posmodernidad que iba más allá del rock convencional y funcionaba en paralelo al krautrock, a veces cruzándose los caminos de ambos sin que sea fácil distinguir siempre dónde terminaba uno y comenzaba el otro. Los gurús de esta escuela, cuyos máximos exponentes son Tangerine Dream y Klaus Schulze, con permiso de algún otro, hacían las delicias de los fans de la psicodelia con conciertos en iglesias y catedrales, luces apagadas, ojos cerrados y alguna que otra sustancia por allí diluida.

El rock progresivo, otro subgénero con el que también daban lugar a híbridos, tuvo un claro declive en su popularidad durante la segunda mitad de la década de 1970, de sobra conocido por producirse en un contexto que rebasaba lo meramente musical... Pero en el caso de la música de la Escuela de Berlín no me parece tan claro que hubiese una decadencia tan marcada, un canto del cisne concreto, pese a que su edad de oro quedó enmarcada en aquellos años. Experimentó un bajón durante los años ochenta, en los que el tecnopop (pongamos a los también alemanes Kraftwerk) acaparó el protagonismo de la electrónica europea "dura", pero algunos de sus representantes más ilustres han seguido haciendo una música bastante coherente con los postulados iniciales del movimiento hasta la actualidad. Hoy en día, además, el estilo Escuela de Berlín se ha reencarnado en diversas formas de electrónica entre las que destaca por su relativa cercanía el dark ambient. No es tan común encontrar obras a la berlinesa fuera de la propia Alemania, pero haberlas haylas. Aquí mismo, en España, hay que recordar la interesantísima discografía de Neuronium y los posteriores trabajos en solitario de Michel Huygen.

 
Portal to Cassiopeia

Portal to Cassiopeia (2025), como buen álbum en su estilo, se trata de un trabajo conceptual con una narrativa muy concreta (un viaje a través de un portal a la constelación de Casiopea, en el centro de la ilustración de portada) que se desarrolla musicalmente a lo largo una única pista dividida en cuatro secciones. La primera, "Apertura del portal" es la más atmosférica y oscura, con capas de sonido entre las que destaca un afilado zumbido electrónico, en la línea de la Escuela de Berlín más primitiva, antes de que comenzase a adquirir tintes new age. Es como asomarse al abismo, literalmente. La segunda sección, "Criosueño de diez mil años", tiene una melodía indefinida, juguetona, y un ritmo más marcado. Quizá busca emular el tictac de un reloj, el mecanismo de esta maquinaria de hibernación que nos mantiene jóvenes mientras viajamos por el cosmos, o incluso el latido del corazón del durmiente, que vuelve a sonar mientras éste se aproxima a su destino. "Abismo del vacío de antimateria" retoma un planteamiento estático, menos tétrico que el del primer tramo de la suite pero también cósmico e inquietante. No habría desentonado en alguna escena de Blade Runner. Concluye el trabajo con "A las puertas de Alfa Casiopea", que hace referencia a la estrella más brillante de la constelación (la estrella Schedar, una gigante naranja) y contiene unas grandiosas notas de teclado que no se quedan muy lejos del sonido de un órgano de iglesia. Se pierden en la lejanía mientras concluye la composición.

El álbum es muy satisfactorio si se escucha en contexto, sabiendo lo que te vas a encontrar y más todavía si conoces el estilo musical aunque sea sólo un poco, aunque un melómano casual deberá hacer un ejercicio de escucha activa libre de prejuicios para entender con qué conceptos juega aquí C. Pilgrim. Por mi parte, quedo a la espera de escuchar nueva música de Aphelion Psalm y recomiendo a connoisseurs y curiosos que se acerquen a su espacio en Bandcamp, donde pueden escuchar Portal to Cassiopeia al completo y descargarlo para su escucha en un reproductor en condiciones.

martes, 15 de mayo de 2012

Brian Eno - AMBIENT 4: ON LAND


1. Lizard Point (4:34)
2. The Lost Day (9:12)
3. Tal Coat (5:27)
4. Shadow (3:00)
5. Lantern Marsh (5:31)
6. Unfamiliar Wind (Leeks Hills) (5:26)
7. A Clearing (4:07)
8. Dunwich Beach, Autumn, 1960 (7:13)

El primer disco que comenté en este blog fue la primera parte de esta serie, Ambient 1: Music for Airports (1978), y ya iba siendo hora de ir a por la última, titulada Ambient 4: On Land (1982). Por el camino se nos quedaron también Ambient 2: The Plateaux of Mirror (1980, quizá la mejor entrega), en colaboración con Harold Budd; y Ambient 3: Day of Radiance (1980), con el dulcémele del semidesconocido Laraaji como protagonista, aun por encima del propio Eno. En esta cuarta y -hasta ahora- última entrega de la saga, Brian Eno se decidió a asumir de nuevo el papel de estrella absoluta.

On Land ("En tierra") es considerado por algunos expertos y/o aficionados como una aproximación primigenia a lo que después se llamaría dark ambient, aunque personalmente no veo que la oscuridad y el desasosiego sean sus elementos más notorios, más allá -como mucho- de un cierto trasfondo de tensión casi como de banda sonora cinematográfica, y algo de elegante y austera frialdad ausente de repuntes. Sí que puede verse como un precedente directo del ambient oscuro, un tío abuelo lejano. Ni siquiera me parece un álbum muy en la línea de la saga si lo comparamos con los lánguidos y luminosos pasajes de Music for Airports o The Plateaux of Mirror, y yo lo echaría al saco de las grabaciones más normales o genéricas de Eno, al menos en lo que a su planteamiento sonoro se refiere. Que conste que ese "saco" es estupendo, y estar en él menosprecio precisamente, pero es que sus tres predecesores son tan geniales, tan arriesgados e innovadores, que On Land me resulta un pelín... aséptico.

Brian Eno, en una imagen reciente.

Ambient 4 contiene un buen número de pistas, todas ellas con distintos matices pero un sabor parecido, con lo que se mantiene ese sentido de la cohesión que estaba presente en las entregas previas. Eno cuenta con una larga lista de colaboradores, entre ellos los ilustres Jon Hassell, Bill Laswell, Daniel Lanois y Michael Brook, cada uno encargado de una pequeña intervención instrumental aquí y allá, aunque la voz cantante la lleva Brian Eno, que realiza una compleja labor de montaje de capas de sonido a base de instrumentos electrónicos y electroacústicos y parafernalia de estudio avant-garde, amén de algunos samples de ruidos naturales (insectos) y, sobre todo, retales a medio pulir pertenecientes a buena parte de su carrera hasta aquel momento. Comentó el compositor que ya no confiaba del todo en la omnipotencia del sintetizador, y por eso se vio inclinado a contar con un visible toque orgánico que enriqueciese esta geografía enrarecida de On Land. Es como si el músico hubiese querido hacer de On Land una especie de muestrario de lo logrado a lo largo de su andadura como pionero en su campo, sin tener que recurrir al clásico recopilatorio sosainas.

Portada alternativa, ligeramente recortada.

¿Pero qué es On Land? ¿De qué va? Antes hablábamos de geografías enrarecidas, y es exactamente eso, la traslación musical de un paisaje, de un ámbito espacial completo, trazado de forma que se mueve entre el realismo (gracias a los sonidos naturales y a las referencias a lugares reales como la playa de Dunwich, el marjal de Lantern o las colinas de Leeks), y esos paisajes desolados con extrañas figuras que son propios de la pintura surrealista. Tengamos en cuenta que ni siquiera todos los lugares reales antes mencionados existen más allá de algún vago recuerdo o una anécdota que maneja el músico. Eno comentaba al respecto que quería moverse en el sentido contrario que los pintores de vanguardia de comienzos del siglo XX, que querían aproximar la pintura a la música; él pretende realizar una obra musical, sonora más bien, que se acerque a la pintura. Para reforzar esta sensación de movernos por un espacio palpable, Brian Eno recomienda escuchar On Land en un equipo musical con al menos tres salidas de audio.

Quizá hayamos disfrutado de experiencias musicales "horizontales" más profundas que esta en el blog, pero Eno siempre es una referencia a tener en cuenta, y On Land es un clásico con todo merecimiento. Está en Spotify.


Lizard Point.

martes, 7 de febrero de 2012

Satisfacción Lab: el ruido premeditado.

Hace un par de meses recibí un EP de Jorge Marredo, músico patrio que se mueve bastante -al parecer- al cobijo de las indudables posibilidades de Internet para difundir nuevas creaciones. Se titula Ad nutum, y es entendido por el autor, que publica bajo el seudónimo de Satisfacción Lab, como una sutil mezcla de realidad y fantasía a través de sonidos "cotidianos". Entiéndase esto último a un nivel más bien inconsciente, como perteneciente a las pequeñas escapadas mentales que realizamos cuando nos quedamos un momento... digamos en blanco. No estamos hablando de música que ilustre un mundo realista, ni un mundo fantástico, sino pura abstracción que exige un importante esfuerzo de concentración por parte del oyente. Tampoco es que se trate de música concreta en términos ortodoxos, pero sí que hay algo en ella muy de cada día: ruido.

Imagen promocional del EP Ad Nutum, de Satisfacción Lab, de Zeronoize.

El ruido molesta, el ruido irrita o desconcierta, aunque existe una rama en la música vanguardista actual que, con resultados variables, explora sus posibilidades como forma de expresión artística. Ruido intencionado, premeditado. Se conoce oficialmente como Noise ("ruido" en inglés, literalmente) y suele consistir en variaciones sobre espesos fondos de ruido de interferencias estáticas creadas en estudio, algo así como si grabásemos lo que suena en una televisión o un aparato de radio sin sintonizar, para luego añadir una variedad de sampleados sutiles, percusiones, efectos en cinta magnética o incluso voces. Buscando en páginas de consulta, descubriremos que el noise es una manifestación de aquella vanguardia de comienzos del siglo XX que fue el Futurismo, y que partía de la admiración hacia la tecnología como base para la creación artística y literaria. Ya estamos bastante lejos de componer una oda a la máquina de vapor o a las autopistas, pero seguimos nadando en un universo de electricidades y ondas varias que nos siguen a todas partes y que, aun sin que nos demos cuenta,  nos envuelven por completo. Vivimos, por así decirlo, en la ciencia ficción que imaginaron algunos pioneros. No es de extrañar que haya músicos fascinados por la posibilidad de convertir el ruido de las máquinas en arte.

Fotografía artística de Jorge Marredo.

En Otras músicas. Otros mundos hemos comentado ya varios discos de dark ambient ("psicodelia oscura" también lo llaman por ahí, que personalmente me parece lo mismo aunque sean términos distintos) que inciden en las posibilidades del noise, como aquel tan estupendo de Lustmord o, hace unos días, el último de Marc Broude. Creo que Ad Nutum, el EP que comentaba al principio y que contiene un único tema, va mucho más allá en su grado de exigencia de cara al oyente. Debí comentarlo hace mucho, pero no he querido hacerlo hasta estar plenamente convencido de qué quería decir sobre él, para lo que he tenido que informarme mucho más a fondo sobre el noise y sus aledaños: la música industrial, la "música del tercer mundo", etc. Al final me he quedado un poco igual que al principio, porque Ad Nutum, como ejemplo claro de noise, me sigue desconcertando. ¿Realmente estoy escuchando algo que Satisfacción Lab ha plasmado ahí? ¿O soy yo quien oigo lo que quiero oír? No puedo responder a estas cuestiones, pero sí puedo recomendaros este enlace donde escuchar Ad Nutum y, de paso, plantearnos si el noise es o  no ruido, y si el ruido puede ser o no bello. Por cierto, en este otro enlace podemos escuchar otras muy interesantes piezas del mismo autor. Habrá que seguirlo.

viernes, 3 de febrero de 2012

Marc Broude - NREM


1. Cure (3:08)
2. Bury Me in Plains of Silent Plants (4:36)
3. Maladaptive Daydreaming (13:53)
4. Breaking the Silence of the Soul (9:25)
5. Rites of Death (38:53)

En mi opinión, hay una manera muy interesante de distinguir entre todas las personas que hay en el mundo: las que tienen miedo de enfrentarse consigo mismas en soledad y las que gustan de hacerlo de vez en cuando. Yo pertenezco al segundo tipo, y precisamente por eso valoro, en esta realidad de cada día que es un follón constante, ese lujo que es el silencio. Creo que discos como NREM (2012) son lo inmediatamente posterior al silencio, en lo que a música se refiere.

Marc Broude, que promociona este álbum experimental enviándolo -como en mi caso- a diversas webs afines a su estilo, afirma que es su tercer y último disco. Ya comentamos por aquí su anterior Medicine (2009), aunque NREM me ha resultado incluso más rupturista. Como mínimo, cualquiera notará que ha aumentado su grado de oscurantismo lúgubre, y que los pocos "instrumentos" que podían distinguirse entonces a duras penas aquí se reducen casi del todo a ruidos capturados del entorno inmediato no musical (música concreta, por así decirlo) y todo tipo de trucajes artesanales a base de grabaciones en cinta y percusiones modificadas. Una marcianada que, la verdad, cuesta mucho recomendar a los neófitos.

Pero nadie ha dicho que Broude se dedique a los neófitos, y estoy seguro de que los aficionados al dark ambient y las atmósferas góticas y opresivas van a saber valorar NREM con justicia. El músico afirma que este álbum es una incitación hacia el subconsciente, una obra conceptual sobre diversos estados de ánimo para los que los esquemas musicales tradicionales no sirven en absoluto. Es el oyente el que va construyendo el significado de cada pieza musical según la escucha y la hace llegar a su psique; casi como si interpretase esas ambiguas manchas de tinta de los tests de Rorschach. Se diría, no obstante, que Broude apunta certeramente a las zonas más oscuras de nuestra mente, aquellas donde los temores humanos primarios permanecen latentes hasta que, en esos momentos de introspección a los que me refería al comienzo de esta entrada, afloran y nos topamos con ellos sin desearlo.

Esquizofrenia pura en esta imagen promocional.

Cure es el primer tema, una recitación maléfica a cargo de la artista conceptual Susanne Hafenscher que parece una psicofonía, con ruidos de fondo indefinibles y pitidos. Bury Me in Plains of Silent Plants ("Entiérrame en llanuras de plantas silenciosas", toma título) contiene casi en su totalidad ruido de fondo analógico con algún sobresalto estridente, bastante interesante en general. De Maladaptive Daydreaming existe una versión demo el doble de larga, aunque el original ya cumple bien su cometido: seguir aturdiéndonos con su negrura y sus efectos sonoros desasosegantes como de animales grotescos. Breaking the Silence of the Soul ("Rompiendo el silencio del alma") es otra progresión de ruidos y fondos difusos, igualmente impactante que lo anterior aunque no necesariamente distinta, salvo por un tramo final escalofriante; y finalmente la larguísima Rites of Death, que es más de lo mismo pero más largo y profundo. Estoy seguro de que tras varias escuchas resultará más fácil encontrar detalles distintivos entre los temas, aunque al principio todo suena como si fuese un solo corte, salvo quizá el tema inicial.

NREM es, en resumen, una puerta tenebrosa que no sabemos si queremos atravesar, un viaje en medio de la oscuridad hacia quién sabe qué sentimientos lúgubres. Dante se habría sentido identificado. Lánzate si te atreves, pero yo no me hago responsable de lo que halles al final de ese sendero.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Marc Broude - MEDICINE


1. Mineral Water (4:12)
4. Happy Like Jazz (7:48)
5. For the Flies (5:55)
6. War of the Worlds (6:25)
7. Muerte (6:44)

El joven músico norteamericano Marc Broude, un artista de vanguardia musical en pleno crecimiento, se puso en contacto conmigo hace unos días para enviarme un enlace a su álbum Medicine (2009) y proponerme que comentara su música en este blog. Lo hago felizmente por tres motivos: que me encanta que alguien me envíe su música para analizarla por aquí; que su música se ajusta perfectamente al concepto un poco vago de "otras músicas" que solemos manejar en el blog; y que, francamente, Medicine me parece un trabajo muy interesante.

Se podría decir, para situarnos al menos, que Medicine encaja de forma no del todo exacta -pero suficiente- en el género llamado "dark ambient". No es igual a otros trabajos aquí comentados como alguno de Lustmord, pero tiene cosas en común: una apuesta por la creación de oscuros paisajes musicales que se autodefinen espacialmente, una aproximación interesante a la música concreta y un gusto evidente por juguetear con el mismo concepto de música. Las piezas de Medicine... ¿realmente son obras musicales? ¿O se trata más bien de experimentos sonoros? La verdad es que las opiniones pueden divergir, pero yo pienso que es música propiamente dicha, sobre todo porque hay alguna tenue estructura cuasi-jazzística que evita el mero carácter de "ruido fascinante" que planteamientos como los de esta obra de Broude podrían suscitar. 

Marc Broude

La verdad es que la escucha de este álbum no es precisamente fácil. Requiere concentración y atención exclusiva, sobre todo si queremos apreciar la complejidad de cada pieza, los ruidos (naturales o artificiales) ocultos con mayor o menor relevancia, los sonidos de baja frecuencia, las pinceladas de música industrial, los sofisticados collages de estudio... no hay muchos sonidos reconocibles en Medicine, aunque sí que podemos escuchar alguna campana, piano, violín, sintetizadores, bajo y algún sonido vocal humano, amén de un sample de la famosa transmisión de Orson Welles de La guerra de los mundos. No diría yo que los títulos de los temas ayuden demasiado a sacar nada en claro, salvo quizá en este último caso.

¿Y esto cómo se come? Yo recomiendo una escucha con mente abierta, teniendo en mente que no es música convencional, sino algo absolutamente radical, complicado y retador. Lo que vale es la experiencia, más que la valoración posterior sobre las cualidades musicales-no musicales del trabajo. Para descubrir.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Trent Reznor / Atticus Ross - THE SOCIAL NETWORK


1. Hand Covers Bruise (4:18)
2. In Motion (4:56)
3. A Familiar Taste (3:35)
4. It Catches Up with You (1:39)
5. Intriguing Possibilities (4:24)
6. Painted Sun in Abstract (3:29)
7. 3:14 Every Night (4:03)
8. Pieces Form the Whole (4:16)
9. Carbon Prevails (3:53)
11. Penetration (1:14)
12. In the Hall of the Mountain King (2:21)
13. On We March (4:14)
14. Magnetic (2:10)
15. Almost Home (3:33)
16. Hand Covers Bruise, Reprise (1:52)
17. Complication with Optimistic Outcome (3:19)

El cacareado líder absoluto de Nine Inch Nails, Trent Reznor, se ha reunido con el músico británico Atticus Ross para crear la banda sonora de la nueva película de David Fincher (Seven, El club de la lucha), titulada en España La red social, y que es un retrato de los primeros momentos de andanza del omnipresente y cansino Facebook y sus creadores, niñatos millonarios-al-instante cuya relación se resquebraja al mismo ritmo que crecen en poder tecnocrático. No entraré a valorar la película, porque no la he visto; lo que sé es por las reseñas (muy positivas) que hay en todas partes a día de hoy.

Atticus Ross y Trent Reznor (de la página www.hipersonica.com).

Sí sé que David Fincher es un director muy exigente que seguramente se lo piensa mucho antes de dar a cualquiera el encargo de elaborar una banda sonora para sus películas. Trent Reznor tenía cierto enchufe, ya que se conocía desde hacía tiempo una afinidad personal entre ambos, además de algún otro proyecto que sigue en el aire. Debemos considerar, además, que el argumento y ambientación de la película pedía un soundtrack acorde con el mundillo tecnológico que retrata, no una banda sonora orquestal que quizá no habría cuajado del todo en el contexto. The Social Network (2010), el álbum de Reznor y Ross, supone seguramente una elección estética adecuada a lo que cabía esperar.

Michael Trent Reznor, personaje musical para mi gusto muy sobrevalorado, sí que demuestra con este trabajo tener muy buena mano para realizar eso que llaman "dark ambient". Es una figura poco menos que idolatrada por toda una generación de nerds modernillos que ahora andan cumpliendo los treinta, y pese a personificar todo el tontorrón oscurantismo antisistema de los grupos de rock depresivos que emergieron a principios de los noventa, ha sabido reciclarse bastante bien en una especie de gurú de lo electrónico-alternativo, recibiendo incluso el apodo de "el nuevo Brian Eno", que para mi gusto le queda un poco grande todavía. En cuanto a Atticus Ross, decir brevemente que se le conoce precisamente por su relación con Reznor, primero como productor de un par de discos de los NIN, después por su participación en el proyecto de Trent y su mujer How to Destroy Angels. También ha realizado recientemente la banda sonora de El libro de Eli. La verdad es que estamos hablando de un álbum realizado mano a mano por dos productores, y eso define perfectamente el trabajo.

Póster de la película.

The Social Network es una colección de temas más bien cortos y enlazados entre sí que proponen paisajes sonoros muy tecnologizados, utilizando en casi cada corte unos cuantos sonidos que cualquiera identificaría con la clase de ruiditos que hace nuestro ordenador personal, desde el zumbido del módem a los pequeños clics que se escuchan aquí y allá mientras estamos conectados. Unas notas de piano y algunas guitarras eléctricas muy distorsionadas son prácticamente lo único que vamos a encontrar más allá de lo puramente electrónico, de las cajas de sorpresas que manejan los productores de alto standing actuales. Y algunos temas suenan realmente bien, con melodías minimalistas bastante inspiradas y rarísimas texturas electrónicas que ambientan la mar de bien la clásica atmósfera tenebrosa que -supongo- David Fincher utiliza en La red social como siempre ha hecho en su cine hasta hoy. Para mi gusto destacan los temas en los que la música no necesita sostenerse sobre bases rítmicas, ya que el verdadero efecto del buen ambient no requiere del apuntalamiento un poco cobardica del ritmo, por mucho que éste sea añadido con cierta imaginación. Ahí están las estupendas Hand Covers Bruise, It Catches Up with You, Penetration (vaya titulito) y The Gentle Hum of Anxiety, entre otras. Tampoco debemos ignorar cosillas más potentes y rítmicas como Intriguing Possibilities, Painted Sun in Abstract, Complication with Optimistic Outcome o la versión de En la gruta del rey de la montaña de la suite Peer Gynt, compuesta por Edvard Grieg, que en lo imaginativo se queda a medio gas, pero cuya aparición imprevista en el tracklist de The Social Network es bastante sorprendente. Trent Reznor afirma que se trata de una obra musical centrada en realzar el componente emocional de cada escena, aunque eso lo podré juzgar cuando vea la película.

Portada del sampler oficial gratuito.

Reznor, defensor de la distribución de música a través de Internet, ha colgado en la página web http://www.nullco.com/TSN/ un sampler gratuito con cinco temas del disco para que la gente deguste antes de comprar. Buena idea, y por eso no colgaré los típicos enlaces a YouTube de mis entradas habituales, sino solamente los correspondientes a los cinco temas del sampler, los "regalados". Este Trent Reznor en el que tan poco confío debe ser, al final, un tipo listo.

lunes, 17 de mayo de 2010

Lustmord - HERESY


1. Heresy Part I (7:26)
2. Heresy Part II (10:16)
5. Heresy Part V (7:54)
6. Heresy Part VI (14:44)

Chavales, vamos a darnos un paseo por el lado oscuro del ambient. Y tan oscuro, porque hablo de "dark ambient", una suerte de sub-subgénero que con este Heresy (1990) se define plenamente como la música con que se relajaría un vampiro. Su creador fue Lustmord, apodo del músico y productor galés Brian Williams, que comenzó en la música electrónica convencional y, tras estas experiencias con lo extraño, ha ido encontrando su sitio incluso entre los fans del metal gótico.

Brian "Lustmord" Williams

En el propio álbum podemos encontrar una autodescripción: Heresy ("herejía") es la culminación del trabajo llevado a cabo entre 1987 y 1989, y utiliza grabaciones en parajes subterráneos originados en criptas, cavernas, minas, refugios y catacumbas junto con material de origen sísmico y volcánico. También hace uso de fenómenos psico-acústicos y de los efectos físicos de la información de baja frecuencia". Efectivamente, en Heresy nos topamos con una serie de piezas difusamente musicales que despliegan ante nuestros oídos y en nuestra mente el paisaje más siniestro imaginable, con ecos que nos sugieren su enormidad y su profundidad, todo un inframundo libre de efectismos inmaduros e innecesarios que, con su puro silencio y sobriedad, nos pone los pelos como escarpias.

Portada alternativa.

Ni siquiera está uno seguro de que Lustmord utilice instrumentos normales para esta obra, ya que todo suena casi natural, telúrico, como el entrechocar casual de rocas que se desprendiesen en las profundidades del mundo, el goteo de las estalactitas y quién sabe qué cosas más. Es como si la Tierra misma respirase a través de las cavernas que la horadan, y de ese aliento surgiese el sonido de fondo de los temas. En el primero, se añade a esto el sonido de una especie de cuerno muy primitivo, como la llamada a un concilio subterráneo y espectral de monstruos enormes que se arrastran en la oscuridad. Después la cosa va de murmullos y ruidos lejanos, quizá lejanos ecos de una humanidad que es escuchada a través de metros de roca, y cuya voz termina convertida en una espantosa psicofonía. Vislumbramos también en otros movimientos, muy a lo lejos, alguna clase de flauta que juguetea de nuevo con lo fantástico, con los aquelarres, las sociedades secretas y la nigromancia. En fin, que no sabe uno muy bien si esta música podría ambientar mejor una película de terror o una versión de Viaje al centro de la tierra, aunque yo apuesto por lo primero.

Diseño para la carpeta del CD. ¿A que parece iconografía masónica o algo por el estilo?

Personalmente, lo considero una de las experiencias musicales más evocadoras y estimulantes que se puede tener, ya que despierta la imaginación de una manera asombrosa, nos sugestiona y nos proporciona sensaciones difícilmente igualables en lo que a meditación e introspección se refiere. Con todo, no escucharía ni por asomo Heresy antes de acostarme.

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