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lunes, 10 de agosto de 2026

Kraftwerk - KRAFTWERK (1)


1. Ruckzuck (7:47)
2. Stratovarius (12:10)
3. Megaherz (9:30)
4. Vom Himmel Hoch (10:12)

Antes de The Man Machine, antes de Autobahn, antes incluso de que enchufasen su primer sintetizador, ya existía Kraftwerk. Y sólo eran dos: Ralf Hütter y Florian Schneider. Habían salido de la efímera banda Organisation, que sólo grabó el -por otra parte- interesante álbum Tone Float (1970), y desde allí recomenzaron bajo la protección de la discográfica Phillips y el productor Konrad "Conny" Plank. No es que el tipo de música que hacían fuese especialmente atractivo para el público, ni siquiera entonces, pero parecía que aquellos avances que estaban teniendo lugar en la música alemana de vanguardia podía eclosionar en algún momento y muchas discográficas querían tener nuevas bandas en nómina. Kraftwerk significa "planta de energía", y el dúo buscaba identificarse con la nueva Alemania hiperindustrial, seria y eficiente, la que exportaba los mejores electrodomésticos y había dejado atrás, con un esfuerzo no siempre lo suficientemente reconocido, su terrible pasado de los años centrales del siglo XX.

Despliegue de la funda del vinilo.

Los primeros Kraftwerk hacían una música extraña, no del todo ruidista pero sí con muy poco a lo que un oyente casual pudiese agarrarse. Este primer álbum titulado simplemente Kraftwerk (el "1" se le suele añadir por aquello de que el segundo trabajo se llamó Kraftwerk 2, o quizá por el mismo motivo práctico por el que se numeran los cuatro álbumes sin título de Peter Gabriel), sin ser un reto extremo para el novato, sí que se enmarca en un evidente contexto de experimentación. Como ya hemos dicho antes, el sonido de Kraftwerk prescinde todavía de los sintetizadores que lo serían todo para ellos en menos de un lustro. Es una obra, eso sí, que se percibe como rabiosamente pre-electrónica en la que se emplean algunas de las técnicas que ya estaban asentadas en la música académica de su tiempo, y que empezaban a colarse por las rendijas de lo pop: la utilización de grabaciones en cinta magnética, la mezcla de sonidos eléctricos -insisto: no electrónicos- con instrumentos tan normales como el violín o la flauta, el peso principal dado a las texturas sobre las melodías, la utilización de grabaciones no musicales a lo musique concrète, etc. Se grabó en un local cercano a una estación de tren de Düsseldorf que más tarde se convertiría en su mítico estudio Kling Klang.

 
Ruckzuck

Para no alejarse totalmente de cualquier posibilidad de éxito comercial, sí que introducen sonidos que podrían agradar a los aficionados a la psicodelia, y el primer corte del disco titulado Ruckzuck podría haberse colado en cualquier guateque de la época. Su base rítmica ha sido descrito como "motorik", que al parecer era un recurso habitual de las bandas alemanas de entonces. El segundo tema, Stratovarius, es mucho menos accesible. Comienza con una secuencia más o menos ominosa y continúa con ruidos varios, aunque a partir de la mitad se convierte en una improvisación de rock psicodélico.

 
Stratovarius

La segunda cara contiene Megaherz, una fantasmagoría ruidista que no es tan profunda para sonar a música cósmica ni tan agradable como para entrar en los terrenos del ambient, aunque hay quien la define desde este último punto de vista. Y termina Kraftwerk con Vom Himmel Hoch, otro tema experimental que, según Wikipedia, reproduce un bombardeo aéreo apocalíptico y hace uso de un trasunto musical del efecto Doppler.

 
Megaherz, en una versión en vivo.

No es que este primer álbum sea un trabajo tan raro como para no haber influido en piezas posteriores (por ejemplo, la atmósfera de algunos pasajes de flauta sobrevive hasta, como mínimo, los tiempos de Autobahn), pero no parece que la banda se sienta especialmente identificada con él. No se ha reeditado ni publicado oficialmente en CD durante décadas y tampoco se acude a sus temas en conciertos de Kraftwerk desde mediados de los setenta, pese a que sobre todo Ruckzuck ha tenido vida posterior tras su empleo en diferentes programas de televisión. Se considera que es una pieza fundamental de la primera época de lo que algún crítico británico acabó bautizando oficialmente como krautrock, en referencia al chucrut (col fermentada), que es el apodo despectivo con el que se referían los aliados a los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Es un caso parecido al del término spaghetti western, útil pero seguramente de mal gusto.

 
Vom Himmel Hoch

No sé hasta qué punto sería buena idea adentrarse en la discografía de Kraftwerk comenzando desde este punto cronológico inicial, pero es evidente que cualquier aficionado a la banda y al -con perdón- krautrock debe conocer este disco.

martes, 11 de marzo de 2025

The Cosmic Jokers - THE COSMIC JOKERS


1. Galactic Joke (22:38)
2. Cosmic Joy (19:24)

El álbum The Cosmic Jokers ("Los chistosos cósmicos") forma parte del anecdotario más curioso de la kosmische musik alemana. Parece que todo empezó con el fundador del sello especializado Ohr, Rolf-Ulrich Kaiser, que buscaba dar prestigio a los productos que publicaba en aquellos años de efervescencia de la música cósmica a comienzos de los setenta y realizó varias reuniones, o tal vez fiestas, en el estudio del músico e ingeniero de sonido Dieter Dierks

Muchos quisiéramos ver a los grandes artistas del género como jóvenes talentosos y soñadores en busca de una aventura creativa, cuando en realidad eran más bien sujetos un tanto autodestructivos para los que la creación musical era una forma de canalizar sus pelotazos a base de alucinógenos, sobre todo LSD. Estas quedadas a las que acudían, según apuntan varias fuentes más sutiles de lo que yo pretendo ser, eran un auténtico contubernio de iluminados orientalistas, gurús de las terapias y vividores pseudointelectuales de toda calaña reunidos para consumir drogas hasta caer rendidos. Algunos de ellos grababan trabajos de los que Kaiser estaba publicando en la época.

Imagen del artwork del álbum con fotos de los miembros involuntarios del grupo.

En teoría, los músicos estaban allí para amenizar los guateques a base de largas sesiones de improvisación en vivo. Entre otros, acudieron Klaus Schulze (teclados), Manuel Göttsching (guitarras), el mencionado Dieter Dierks (teclado, bajo), Harald Grosskopf (batería) y el hoy conocido como crítico gastronómico Jürgen Dollase (teclados), que se ponían morados de lo suyo y daban rienda suelta a los espacios más galácticos del krautrock para deleite de los popes de las pseudociencias new age allí presentes. Göttsching y Grosskopf estuvieron en algún momento en Ash Ra Tempel / Ashra, y el segundo de ambos, aparte de colaborar en álbumes de Klaus Schulze, estuvo con Dollase en la banda Wallenstein. Era un mundillo muy pequeño.

Rolf-Ulrich Kaiser grabó estas sesiones sin permiso, o al menos varias de ellas, y las montó junto a Dierks en secreto, publicando el álbum que nos ocupa, The Cosmic Jokers, con una filosofía que podríamos llamar "toma el dinero y corre". Se dio la situación absurda de que entrase en una tienda berlinesa Manuel Göttsching y descubriese un sonido genial en la megafonía para averiguar al instante, por boca del dependiente, de que era él mismo el que tocaba allí la guitarra. A Klaus Schulze le sentó especialmente mal la jugada, ya que no sentía que aquella música estuviese al nivel que él quería ofrecer. "Toma el dinero y corre" significa que, a poco que Kaiser fuese consciente de lo que había hecho, debía saber que se le venía encima una denuncia, un juicio y la retirada del álbum de las tiendas. La retirada de todos los álbumes de los Jokers, en realidad, ya que Kaiser publicó hasta cinco vinilos en el mismo año 1974 con el material que les había birlado. Algunos tenían un planteamiento bastante cutre, por cierto.

Portadas de los otros discos montados a base de las mismas sesiones

Hasta del país se tuvo que ir este personaje, y ni siquiera cuando una década más tarde se legalizó el disco con permiso y pago de royalties a sus autores pudo sacarle más tajada. Porque los músicos cósmicos eran un poco drogatas pero se ganaban la vida con su trabajo.

Para la posteridad quedó The Cosmic Jokers como el gran supergrupo del movimiento cósmico alemán, y debo decir que este primer álbum homónimo -hoy, repetimos, plenamente legal y oficial- es realmente notable. La calidad de la grabación, previa a las remasterizaciones pertinentes, no es precisamente de 10, pero se disfruta como un ejercicio magnífico de lo mejor que ofrece el género. La primera mitad, Galactic Joke ("Chiste galáctico"), tiene todo el nervio y la estructura épico-textural que tanto nos gusta, además de un toque de rock que no era tan frecuente. El protagonismo se lo lleva la guitarra eléctrica de Göttsching, supongo que porque el suyo es el sonido más reconocible, pero es un tema sobresaliente en todos sus elementos. 

 Galactic Joke

La segunda cara del vinilo se llama Cosmic Joy ("Gozo cósmico"). Siendo más ambiental, experimental y oscurantista, no baja el nivel. Sobresale aquí, para mi gusto al menos, la combinación de los teclados y las percusiones para crear un espacio sonoro de estos en los que te puedes perder con la imaginación. 

 Cosmic Joy

Un trabajo, en resumen, tan curioso como interesante que merece la pena conocer por parte de los aficionados a la electrónica primitiva y el rock cósmico-progresivo y psicodélico. Lo que no es incompatible con llevar una vida sana y ordenada.

(Agradecimientos al blog Shakin' Street, en el que he averiguado algunos detalles que desconocía.)

viernes, 17 de febrero de 2017

Tangerine Dream - LOGOS (LIVE)


1. Logos, Part One
Intro, Cyan, Velvet, Red, Blue (25:41)
2. Logos, Part Two 
Black, Green, Yellow, Coda (19:28)
3. Dominion (5:45)

Es acertado afirmar que la banda alemana Tangerine Dream vivió su mejor etapa entre principios de los setenta y mediados de los ochenta. Tuvieron su gran oportunidad gracias a su fichaje por la compañía británica Virgin, que durante muchos años fue quizá el sello "grande" que más cultivadores de las nuevas músicas tuvo entre sus filas. Eso no significa que los años Virgin de TD fuesen homogéneos en cuanto al estilo musical de la formación, ya que, como comentamos en su momento, su sonido fue adaptándose a una industria cada vez menos tolerante hacia los excesos virtuosos de los setenta.

Una página del libreto del CD.

Logos (1982) fue un álbum fronterizo en muchos aspectos. Mantenía la larga duración y la complejidad técnica de las obras clásicas de la banda, mientras que su tendencia cada vez más acusada hacia lo melódico apuntaba hacia lo que vendría después. También está el hecho de que Edgar Froese, Christopher Franke y Johannes Schmoelling habían catado el éxito (quizá no enorme pero sí suficiente) en Hollywood, y Logos apareció poco antes de que se volcasen en los diversos proyectos para el cine que por entonces irían cayendo en sus manos.

Logos se grabó en el Dominion Theatre de Londres durante la gira europea en la que andaban embarcados. En general, se tiene constancia de que los primeros conciertos de TD eran pura improvisación, viajes alucinógenos entre marañas de cables y lucecitas parpadeantes. Álbumes míticos como Ricochet (1975) o Encore (1977) surgieron de este enfoque, mientras que Logos surge del montaje de diversos pasajes de las dos horas del concierto londinense, en el que sonaron piezas de álbumes de aparición más reciente como Exit o White Eagle. El sonido del álbum, pese a ser en directo y contener los lógicos aplausos, es tan nítido como el de una grabación de estudio.

Portada de la primera edición.

Lo cierto es que Logos, escuchado hoy en día, es uno de los trabajos más estimulantes de aquella etapa, ya que el equilibrio entre lo puramente secuencial y las poderosas melodías (aunque el tema final Dominion es decepcionante por ser demasiado simple y comercial) logra construir una experiencia musical compleja y muy factoria. La primera edición en CD unía las partes 1 y 2 en un solo corte, aunque también hay ediciones que subdividen cada una de las anteriores en tramos nombrados por colores, añadiendo una introducción y un epílogo. Esto hace más evidente la diferencia de estilo entre melodías y texturas, aunque el conjunto, como decíamos (y sin olvidar que es un collage de trozos de un concierto), fluye sin que nos chirríe su heterodoxia.

Precisamente por ser un estupendo muestrario del antes y el después de Tangerine Dream, podría ser un trabajo adecuado para iniciar a un neófito en el sonido de la banda.

Velvet

Un trozo de Red.

jueves, 5 de febrero de 2015

Kraftwerk - ELECTRIC CAFÉ


1. Boing Boom Tschak (2:57)
2. Techno Pop (7:42)
3. Musique Non-Stop (5:45)
4. The Telephone Call (8:03)
5. Sex Object (6:51)
6. Electric Café (4:20)

No sé cómo me había olvidado de este disco, y me he puesto con él tan pronto como he notado su ausencia. El caso es que ni siquiera lo había escuchado antes del momento de plantearme su análisis (aunque relativamente admirador, nunca he sido fan de Kraftwerk), y notaba que me faltaba un eslabón en la cadena que iba desde Computer World (1981) y obras posteriores como Tour de France Soundtracks (2003), si ignoramos The Mix (1990) al tratarse de un disco -en el mejor de los sentidos- de refritos. Me faltaba la pieza entre aquellos sonidos divertidos, cálidos dentro de su carácter computerizado, y ese clima bastante más gélido al que llegó después el grupo. Electric Café (1986) es la respuesta.

Diseño para el interior del CD.

El caso es que todo presagiaba lo contrario, porque Computer World (Computerwelt) había sido un gran éxito y el público masivo esperaba un nuevo golpe de mano de Kraftwerk como abanderados del pop electrónico en su época de auge ochentero. En lugar de eso, se pasaron varios años encerrados en su estudio de Dusseldorf, aumentando las expectativas de sus seguidores, que esperaban algo grande, y -supongo- cebando las críticas de sus detractores al estar tardando demasiado e intuirse un fin de la inspiración. Mientras se estrujaban los sesos, en 1983 publicaron el tema Tour de France a modo de adelanto del disco, aunque con la salida de Electric Café se quedó como un single aislado, precedente lejano del álbum de 2006.

El single Tour de France.

El caso es que Electric Café, cuyo título había sido durante mucho tiempo Techno Pop (y antes Technicolor), resultó una relativa decepción -y lo sigue siendo parcialmente ahora, según te pille el día- al tener un carácter bastante frío, tan clínico que parece faltarle vivacidad. Careció, además, de algún single de peso que lo hiciese sonar con fuerza en los medios, ya que los elegidos Musique Non-Stop y The Telephone Call, no tenían el carisma suficiente pese a no estar alejados del sonido Kraftwerk de costumbre. Tal vez habría funcionado mejor la inclusión de Tour de France en el álbum, pero por algún motivo se decidió dejarlo fuera.

Los singles Musique Non-Stop y The Telephone Call.

¿Puede ser el de Electric Café un problema de asunción de escasos riesgos? En parte es posible que sí, pero se fueron a juntar otras tantas circunstancias que merecen ser tenidas en cuenta. Está la ya mencionada frialdad del sonido del álbum, que por un lado hace difícil encontrar en él el carácter juguetón, el espíritu de fantasía retro que había en sus predecesores; y está también el hecho bastante comprobable de que en aquel 1986 la música realizada con sintetizadores se había dividido en varias vertientes principales en las que estos Kraftwerk no casaban bien. Ni se movían en el mundillo melífluo e hipermelódico del pop electrónico británico tipo new wave, ni realizaban un tipo de música espectacular y colorista como la del entonces pletórico Jean Michel Jarre, ni estaban en una línea más o menos new age como la que otros popes del krautrock (pongamos Tangerine Dream) estaban adoptando progresivamente. Fuera de su propio fandom, quizá fue difícil vender bien el disco a su salida, y eso que hasta se preocuparon de lanzar versiones en distintos idiomas, el español entre ellos.

Trasera del CD en su reedición con el nombre de Techno Pop.

El caso es que Ralf Hutter, Florian Schneider y Karl Bartos sí que se esforzaron en incorporar a su estudio Kling Klang la más avanzada tecnología del momento, y se logró una calidad de sonido impecable que, a la larga, sí que convirtió Electric Café en un álbum influyente y reivindicado con todo derecho. No es mi favorito, pero sigue siendo un trabajo imprescindible.

Musique Non-Stop

The Telephone Call

sábado, 20 de diciembre de 2014

Neu! - NEU!


1. Hallogallo (10:07)
2. Sonderangebot (4:51)
3. Weissensee (6:46)
4. Jahresübersicht (Part One) - Im Glück (6:53)
5. Jahresübersicht (Part Two) - Negativland (9:47)
6. Jahresübersicht (Part Three) - Lieber Honig (7:18)

Hemos tenido por aquí multitud de trabajos enmarcados en eso que se conoce como Krautrock, aquella especie de nueva ola musical que surgió en Alemania a finales de los sesenta y principios de los setenta, y que venía a ser una mezcla de pop-rock muy sui generis con un elemento predominante de música electrónica. Llenando de color y fantasía sonora un país todavía dividido -físicamente incluso- por el telón de acero, aquella generación de músicos tendrían una influencia decisiva en lo que iba a ser el panorama musical popular del mundo entero. Y no solo estamos hablando de los músicos de la Escuela de Berlín y sus sonidos secuenciados (Tangerine Dream, Klaus Schulze), sino también de artistas bastante más abstractos e inclasificables como los que toca comentar hoy.

Quizá más cerca del art-rock que del estilo berlinés posterior, Michael Rother y Klaus Dinger crearon Neu! tras abandonar la primitiva formación de los míticos Kraftwerk. Sin saber muy bien qué clase de música iban a hacer, se dejaron aconsejar por el productor Conny Plank y pasaron unos días improvisando hasta que empezaron a tomar decisiones creativas. El resultado fue el álbum homónimo Neu! ("¡Nuevo!", 1972), que mezcla un ambient muy experimental con algún ritmillo pop e inquietantes sonidos industriales sampleados. No es un disco que entre a la primera, ni debió hacerlo tampoco en su momento, pero entre sus influencias posteriores se encuentra, por ejemplo, la famosa trilogía berlinesa de David Bowie.

Los componentes de Neu! (de http://www.neu2010.com/#1).

Neu! empieza con su tema más asequible, Hallogallo, que es un juego de palabras entre "fiesta salvaje" y "hola, hola" (gracias, Wiki). Es una agradable pieza instrumental con un ritmo bien definido (Motorik se le llama en el argot de la electrónica de entonces), haciéndonos pensar que estamos ante un álbum sencillo de escuchar. Craso error, porque la mayor parte del disco es una densa y opaca amalgama de ruidos abstractos que comienzan con Sonderangebot ("Promoción especial"), y que recuerda a ratos al sonido del despegue de un avión, muy distorsionado hasta lo irreconocible. Weissensee ("Mar blanco") retoma un patrón rítmico al estilo de unos psicodélicos Pink Floyd, con una melodía horizontal, poco menos que inexistente más allá de la simple atmósfera. 

Contraportada de la versión CD.

Toda la segunda cara del LP contenía tres movimientos de un mismo tema, de título Jahresübersicht. Su primera parte, llamada Im Glück, contiene unas cuantas notas musicales sostenidas como fondo, mientras que en primer término no dejamos de escuchar alguna clase de chapoteo. En Negativland nos encontramos ruidos industriales de ciudad, notas de koto tratadas y voces distorsionadas, aunque en su segundo tramo volvemos a algo más puramente musical, con una potente guitarra eléctrica. La suite y el álbum concluyen con Lieber Honig, una rarísima canción con una voz que no sabemos si es un tarareo, un murmullo o un simple experimento en probeta.

En resumen, debemos apreciar Neu! tanto por su experimentalismo como por su importancia coyuntural, aunque es posible que solo los paladares musicales más eclécticos sean capaces de disfrutarlo en su totalidad.

Hallogallo.

lunes, 10 de febrero de 2014

Klaus Schulze / Lisa Gerrard - RHEINGOLD. LIVE AT THE LORELEY


CD 1

1. Alberich (24:54)
2. Loreley (39:35)

CD 2

1. Wotan (10:03)
2. Wellgunde (14:56)
3. Nothung (11:20)
4. Nibelungen (31:27)

Que Klaus Schulze siempre ha sido un admirador de Richard Wagner es algo bien conocido. Era raro que, a lo largo de una carrera tan larga como la suya, no hubiese realizado antes -y a las claras- un homenaje al gran compositor operístico alemán. Es cierto que uno de sus álbumes más conocidos, Timewind (1975) estuvo inspirado en el personaje de Wagner, si bien las referencias no eran demasiado explícitas. En fin, con un título como Rheingold (2008) no cabe la menor duda de que estamos ante una interesante visión de la que fue la primera entrega del ciclo de los Nibelungos, la titulada originalmente Das Rheingold (El oro del Rin, en castellano), estrenada en 1869 y considerada por muchos como la ópera más interesante de la tetralogía. 

No soy un conocedor profundo del ciclo épico wagneriano, pero he escuchado buena parte de las cuatro óperas, y es cierto que El oro del Rin posee una cualidad fantástica e imaginativa muy especial, gracias al hecho de estar algo menos imbuida del dramatismo aplastante de las otras tres obras que componen el Anillo. Cuenta una historia mitológica inspirada en el mundo de los dioses nórdicos, con protagonismo de un enano llamado Alberich que se hace con el susodicho oro y se fabrica un anillo que el mismo Wotan (Odín) intentará arrebatarle, para utilizarlo pago para los gigantes que le han construido el Walhalla. Explicado esto, digamos desde ya que el argumento de la ópera de Wagner nos va a importar poco para disfrutar del álbum de Klaus Schulze. Aunque ese último tema, el bonustrack Nibelungen, tiene un retintín melódico que podría contradecirme...

Lisa Gerrard y Klaus Schulze saludan al público (imagen de last.fm).

Schulze, que fue uno de los grandes nombres de los años dorados de la electronic music -del krautrock alemán y la Escuela de Berlín- es uno de los músicos de aquella generación que han llegado más en forma a la actualidad. En algún momento, este señor eligió ser un corredor de fondo y mantener un estilo tal vez no tan aperturista como el de Jarre o Vangelis, pero más fácil de mantener en el tiempo y con un nivel de calidad bastante estable. Una de sus señas de identidad es el uso de algún instrumento acústico -digamos un violonchelo, por ejemplo- como contrapunto "orgánico" a las interminables secuencias electrónicas y lentas notas de sintetizador. Este mismo efecto dramático es el que logra infundir a Rheingold gracias a la profunda voz de la cantante Lisa Gerrard, un instrumento acústico de lujo que, en lugar de un añadido, supone por su importancia... casi casi un mano a mano en el conjunto del álbum, realizando un extraño dueto entre sintetizador y exóticos cantos. No importa que la vocalista de Dead Can Dance intervenga solo en algunos (largos) tramos, porque todo Rheingold queda en los sentidos como un trabajo en pareja. Ese mismo año 2008, habían grabado juntos el doble álbum de estudio Farscape, también muy recomendable, y volverían a los escenarios para una gira europea que dejaría más álbumes firmados por el dúo.

Una edición especial recogía el concierto en DVD y el CD de audio en un solo pack.

¿Qué clase de música nos vamos a encontrar aquí? Desde luego, debemos olvidarnos de cualquier parecido con la música clásica, al menos con la tradicional, porque -como ya hemos dicho siempre que hemos tenido por aquí a Klaus Schulze- la música de este señor está construida en horizontal más que en vertical, haciendo primar las texturas sobre las melodías (que o no existen o son casi imposibles de seguir), y suscitando en el oyente el efecto de estar contemplando alguna especie de paisaje imaginario medio telúrico, medio cósmico. Y Schulze exprime todo el zumo a cada idea, con temas laaaaaargos que nos dejan tiempo de sobra para sumergirnos en su lánguida liquidez musical. Lleva empleando esta misma fórmula desde comienzos de los años setenta, y aun así logra seguir sonando tan interesante como siempre gracias a una constante apuesta por la modernización tecnológica que jamás ha supuesto una renuncia a sus principios. Rheingold es una feliz constatación de que hacer música electrónica de vanguardia hoy en día no es necesariamente cosa de DJs.

Alberich.

Rheingold fue grabado en directo en el anfiteatro Loreley de St. Goarhausen (Alemania) durante el festival Night of the Prog (nombre que parodia el Night of the Proms), en la línea clásica clásica del género cósmico teutón tendente a ofrecer obras espontáneas, poco menos que improvisadas y con la cercanía que da su grabación inmediata, sin trucajes de estudio de por medio. Mucho más interesante que el álbum en CD es, evidentemente, su versión en DVD, de la que he incluido un extracto como ejemplo. Cerramos con la instrumental Nibelungen, grabada en estudio como complemento al álbum en vivo. Insisto en que yo detecto en su melodía un cierto colorido lejanamente wagneriano. ¿Opiniones?

miércoles, 23 de octubre de 2013

Popol Vuh - EINSJÄGER & SIEBENJÄGER


1. Kleiner Krieger (1:04)
2. King Minos (4:24)
3. Morgengruss (2:59)
4. Würfelspiel (3:08)
5. Gutes Land (5:13)
6. Einsjäger & Siebenjäger (19:23)

Si Popol Vuh posee hoy su pedacito de popularidad "general" dentro del movimiento krautrock alemán es seguramente gracias a sus colaboraciones con el director de cine Werner Herzog en películas como Aguirre, la cólera de Dios y Nosferatu. Relativamente menos conocidos, aunque igualmente apreciados por los melómanos, son sus trabajos más cercanos a una especie de proto-new age, esas exquisiteces relajantes y envolventes con atmósferas filo-orientales cuyo mejor ejemplo es el ya comentado Hosianna Mantra (1972).

Como ya hemos comentado en anteriores entradas sobre el grupo, el líder de Popol Vuh, Florian Fricke, llevó a cabo una arriesgada transformación musical que condujo desde los oscuros abismos electrónicos de la kosmischemusik hacia algo mucho más cálido, tierno casi, a base de sustituir los sintetizadores por instrumentos acústicos. El mérito está en que las estructuras hipnóticas y los largos desarrollos instrumentales siguen estando ahí. Este Einsjäger & Siebenjäger (1974) se mueve quizá un poco más allá en su experimentación, casi hacia una forma un tanto difusa de rock progresivo con pinceladas étnicas, menos ambiental, menos meditabundo. Cobran un protagonismo destacable instrumentos como el bajo y la guitarra eléctrica, marcando acusadamente los ritmos (a veces a base de simples notas de piano) como pocas veces antes en la trayectoria del grupo, si bien es la guitarra acústica y sus punteos constantes, muy folkies, lo que más permanece en la memoria. La propia estructura del álbum también es muy típica del progresivo, con una primera cara llena de temas cortos y una segunda con una sola pieza larga y algo más compleja.

La segunda cara del disco.

Una gran adquisición para el álbum fue Daniel Fichelscher, que sustituyó a Conny Veit a la guitarra, mientras que Fricke se encargó de un enérgico piano y Djong Yun de los cánticos.

Sí que plantea Einsjäger & Siebenjäger la misma disyuntiva gran problema/gran virtud que otros trabajos de Popol Vuh, y es la sensación de extrañamiento que se produce en algún momento, quedando bien claro que la esencia de esta música es la improvisación, y que lo que estamos oyendo (sobre todo la suite que ocupa la cara B del álbum) bien podría ser un simple trozo de grabación tomado poco menos que al azar de alguna larga sesión de las realizadas en Munich, cuyo comienzo y final desconocemos, habiéndose quedado -esa es la impresión- quizá algo importante sin recoger en la obra. Por lo menos yo (será que soy un poco maniático), a veces me siento desorientado al notar las escasas diferencias que hay entre los temas del álbum, incluido el largo de la segunda parte, por mucho que compongan un todo fascinante. Hasta la división en distintos cortes -y la tendencia al "fade" al final de los mismos- me da que pensar, ya que puede parecer meramente arbitraria. Ya hemos mencionado en otras entradas los desbarajustes que se hicieron con algunas ediciones de los álbumes de la formación, y supongo que esta cualidad caótica no puede descartarse del trabajo que nos ocupa.

Daniel Fichelscher y Florian Fricke comparten protagonismo en la contraportada.

Por lo demás, y subrayando que el último párrafo es más una reflexión entre paréntesis que una parte esencial de la reseña, solo queda decir que este es un álbum no solamente muy accesible, sino también bastante disfrutable para quien tenga algo de curiosidad y no conozca estos derroteros musicales. Incluso podríamos decir que es uno de los tres o cuatro imprescindibles de Popol Vuh, una banda de culto como hay pocas. Que no es cualquier cosa.

Puede escucharse en Spotify, aunque no como una lista de reproducción independiente. Búsquese tema a tema.

domingo, 25 de agosto de 2013

Tangerine Dream - TANGRAM


1. Tangram Set 1 (19:47)
2. Tangram Set 2 (20:28)

Al ritmo que estoy empleando para comentar la discografía de Tangerine Dream, creo que van a acabar antes las obras de la Sagrada Familia. De manera que este es tan buen momento como cualquier otro para irnos a Tangram (1980), el álbum de estudio que sucedió al anteriormente comentado Force Majeure (1979) y que, de nuevo, necesita quizá un poco de contextualización para ser descrito. Y que conste que la descripción es una cosa y el disfrute de escucharlo, otra muy distinta. Es de nuevo un álbum muy accesible, perfecto para iniciarse en el sonido -a veces algo opaco- de esta banda alemana.

En este orden: Schmoelling, Froese y Franke. (de www.johannesschmoelling.de)

Tangram, titulado como el famoso juego chino de figuras planas, viene a ser (para nuestro placer, cosa rara en estos casos) el fruto de la relativa "confusión" que padecían los miembros de TD a finales de los años setenta. Hacía un par de álbumes que se había marchado de la banda Peter Baumann, quedándose Edgar Froese y Christopher Franke un pelín necesitados de un tercer colega. En Force Majeure capearon la situación a dúo y con mucha solvencia, pero en Tangram se les unió el muy eficiente Johannes Schmoelling, aportando al grupo la solidez mínima de los taburetes. 

Portada alternativa.

Pero la "confusión" que mencionábamos también era palpable en lo que se refiere a la evolución del sonido de TD, que en los últimos tiempos, y sobre todo con el álbum Cyclone (1978), había derivado hacia el rock progresivo-cósmico de un modo algo titubeante. No todos los seguidores de la banda aceptaron que se irían alejando visiblemente del oscuro ambient de la Kosmische Musik de sus primeros años, y por eso Froese y compañía procuraron que el cambio fuese gradual, fácil de digerir. El caso es que, pese al obvio espíritu prog-rock de Cyclone y el guitarreo en Force Majeure y el presente Tangram, al final la deriva fue más hacia lo que podríamos llamar new age en el sentido más electro-pop del término (temas casi cantables y cortitos) que hacia algo parecido a Genesis o Pink Floyd. Supongo que la toma de decisiones tuvo lugar durante la segunda mitad de los años Virgin, a comienzos de la década. Seguramente sea Tangram uno de los álbumes bisagra más evidentes.

Imagen de la contraportada.

¿A qué me refiero? A que Tangram, por un lado, presenta la ya clásica estructura de los álbumes instrumentales épicos de los setenta, con una suite ininterrumpida en cada cara del vinilo; y a que, por otra parte, el sonido cósmico abigarrado a base de capas y capas de electrónica estática se ha simplificado hasta dejarlo en el esqueleto. En fin, nos encontramos con dos largas estructuras con ritmos y texturas cambiantes, con tramos hipnóticos como en bucle, con secciones de un ritmo frenético, e incluso con algunos pasajes meramente ambientales que recuerdan obras clave de la década anterior (el final de ambas partes, por ejemplo, la segunda mucho más siniestra). Supongo que el hecho de que Schmoelling fuese intérprete de sintetizador ayudó a restablecer el dominio de los teclados en Tangram, por mucho que en su primera cara haya una guitarra eléctrica con un importante papel en el desarrollo musical. 

El caso es que Tangram se propone alcanzar un equilibrio entre lo que en su día hizo famosa a la banda y lo que quería ser ésta en los años por venir, y lo consigue a la perfección. No traiciona el espíritu estructural de álbumes imprescindibles como Rubycon o Ricochet, pero tampoco suena a auto-homenaje ultraconservador. Es el álbum de Tangerine Dream de 1980, con todo lo que ello significa, y es uno de los favoritos de los fans. Con razón.

Está en Spotify.

Así empieza Tangram.

jueves, 25 de abril de 2013

Kraftwerk - COMPUTER WORLD / COMPUTERWELT


1. Computer World / Computerwelt (5:05)
2. Pocket Calculator / Taschenrechner (4:55)
3. Numbers / Nummern (3:19)
4. Computer World 2 / Computerwelt 2 (3:21)
5. Computer Love / Computerliebe (7:15)
6. Home Computer / Heimcomputer (6:17)
7. It's More Fun to Compute (4:13)

Érase una vez un país llamado Alemania. Bueno, dos países, puesto que su territorio quedó dividido a la fuerza por una guerra devastadora que por poco termina con la destrucción del propio país y de medio mundo. Un muro de hormigón y alambradas separaba los sectores occidental (capitalista) y oriental (comunista) de la capital, Berlín, sirviendo a su vez como triste recordatorio de la culpabilidad del estado y el pueblo alemán ante los desastres de aquella guerra y las atrocidades orquestadas y/o consentidas contra la humanidad que se cometieron entonces. Cuando las generaciones se fueron relevando, los jóvenes alemanes sintieron que no podrían continuar para siempre cargando con los estigmas de sus padres y, con una determinación propia de las mejores virtudes germánicas, hicieron de su país una renovada potencia europea y mundial a la luz del progreso tecnológico e industrial, la democracia y la cultura.

Solamente en caldos de cultivo tan ricos como el de Alemania, no tantas décadas después de la 2ª Guerra Mundial, pueden darse revoluciones artísticas tan potentes como la que dio lugar a la música electrónica de corte pop. No podemos asegurar que la aplicación de la electrónica a la música popular fuese un mérito totalmente alemán, pero sí que es aquí donde tiene lugar la gran eclosión del género electrónico en sus múltiples y más creativas facetas. Hace poco hablábamos del Krautrock que tanto influyó varias obras maestras de David Bowie, y cuyos grupos más emblemáticos han pasado por el blog en mayor o menor medida. Como parte del Krautrock al principio y como evolución independiente del mismo después, surgió aquí la rama más inspirada de la música cósmica y planeadora (Escuela de Berlín la llaman los técnicos). Y también salieron de todo este movimiento algunos nombres que trascendieron los límites genéricos y alcanzaron una popularidad internacional absoluta. Seguramente Kraftwerk se encuentra a la cabeza de estos últimos.

 Dos portadas distintas de Pocket Calculator.

Es sorprendente que álbumes como este Computer World (1981) sean capaces de mezclar con éxito un apartado técnico tan exquisito y elegante con unos conceptos tan sencillos, tan ingenuos incluso. Por una parte nos encontramos con sofisticados ritmos de sintetizador y arreglos sorprendentes, voces modificadas electrónicamente y melodías memorables; y por otro, no deja de tratarse esencialmente de un juego de niños, asombrados infantes que cantan alegremente a los divertidos y funcionales ordenadores de la época con textos extremadamente simples y esquemáticos. Todo ello queda envuelto, además, en una estética moderna y divertida, un tanto retro pero fascinante, casi como si hubiese surgido en tiempos lejanos, en un brillante retrofuturo. En otras palabras, los conceptos artísticos de Kraftwerk parecen moverse con acierto desde los tiempos del cine de Fritz Lang (Metrópolis, por ejemplo) hasta la feliz época del PC y los juegos electrónicos de tenis con palitos, saltándose adrede las ignominias del nazismo y la cruda posguerra para hacer feliz con ello a una generación de alemanes y alemanas que necesitaba sentirse parte de la cultura juvenil que triunfaba en todo el mundo desde los años sesenta.

El single Computer Love.

¿Y qué más juvenil entonces que tener uno de aquellos armatostes con pantalla abombada en nuestro escritorio de casa, o llevar en el bolsillo una práctica calculadora? La informática estaba entrando en nuestras vidas ya por aquellos años en que todavía Super Mario seguía sin probar las setas, y en el que la fornida atleta de Apple todavía no había lanzado su martillo contra la jeta del Gran Hermano. Quienes descubrimos la informática en aquella década de los ochenta seguíamos hechos un lío con los comandos del MS-DOS, hartos de esperar a que los lentísimos juegos monocromos se cargaran en pantalla... aunque nos olíamos que el futuro de la informática no se iba a limitar a la contabilidad empresarial o al cálculo matemático. Los de Kraftwerk ya presintieron, como muchos otros visionarios de la época en diversos campos, que los ordenadores iban a acabar acomodándose en un cálido rincón de nuestras vidas cotidianas.

Elegir un álbum como "el más representativo" o "el mejor" de la carrera de Kraftwerk es algo bastante complicado, ya que su no demasiado extensa discografía se compone de trabajos conceptuales bastante seminales todos ellos, bastante inspirados también, y cada uno con su propio encanto. Yo me quedaría quizá con The Man-Machine (1978), Autobahn (1974) o Trans-Europe Express (1977), pero no veo por qué no habría de optar por Computer World. Su estructura es tan interesante como la de cualquiera de los anteriores, conteniendo varios temas enlazados como el los álbumes prog-rock, variaciones sobre la misma melodía y dos o tres piezas de esas que a uno le suenan de antemano y después tampoco se le olvidan. Quizá la mayor aportación musical al ideario colectivo de Ralf Hütter, Florian Schneider y Karl Bartos en este álbum sea la estupenda Computer Love, muy conocida entre otras cosas por una exitosa versión rockera de su melodía a cargo de Coldplay. Pocket Calculator, no obstante, fue el primer single de Computer World, que tuvo una gran repercusión gracias  a su publicación en diferentes idiomas, cosa que ya era costumbre en los lanzamientos de la banda.

En ediciones más recientes ha variado la posición del título en portada, pero viene a ser lo mismo.

La influencia posterior de la discografía de Kraftwerk es enorme y bastante evidente, desde el mutuo intercambio de ideas que, consciente o inconscientemente une su estilo con el del paradigmático Jean Michel Jarre, algo más "cósmico" quizá; hasta la explosión del synth-pop británico en los ochenta con Depeche Mode a la cabeza. Computer World es el último disco en la etapa de mayor prodigalidad creativa de Kraftwerk, y su particular importancia en la música de los ochenta es igualmente considerable. Tanto si lo hacemos por su valor coyuntural como por el puro disfrute de su divertida atmósfera de videojuego mata-marcianos, es de escucha obligada. En Spotify.

El tema Pocket Calculator, en italiano, en vivo en la RAI.

El vídeo oficial en inglés.

domingo, 21 de abril de 2013

David Bowie. Brian Eno. Berlín. Y Philip Glass.

Artista ecléctico donde los haya dentro del mundo del pop, David Bowie ha atravesado un sinfín de épocas distintas en su larga carrera. Una de las más apreciadas en aquella en la que estuvo viviendo en la República Federal de Alemania, donde se hizo con una casa de campo y se dedicó a dar rienda suelta a su creatividad no solo en música, sino también en la artes plásticas contemporáneas. Su adicción a las drogas también tuvo mucho que ver en aquellas andanzas, pero personalmente soy incapaz de otorgar méritos creativos a tales sustancias.

Portada del álbum Low.

A estos años pertenecen tres grandes álbumes que se conocen como la "Trilogía de Berlín": Low (1977), "Heroes" (1977) y Lodger (1979). No solamente tienen en común el haberse gestado bajo la influencia del Krautrock alemán de entonces en la línea de Kraftwerk o Neu!, sino también la preponderancia otorgada en ellos (sobre todo en los dos primeros) a la música y la ambientación sobre la canción y lo meramente pop. Para dotar de ese carácter fascinante a estos álbumes, Bowie contó con la ayuda creativa de Brian Eno. Como no podía ser de otra manera, este último impregnó las composiciones de su magia ambient, conteniendo tanto Low como "Heroes" un alto porcentaje de piezas puramente instrumentales, desarrollos ideados a la limón entre Bowie y Eno que se acercan bastante a los famosos soundscapes del segundo. En fin, se puede decir que cuando Eno ejerce de invitado acaba convertido casi siempre en coautor de cualquier grabación.

Portada de "Heroes".

Low fue un álbum un tanto incomprendido por ciertos sectores, si bien a la larga está considerado como uno de los dos o tres mejores trabajos de David Bowie. "Heroes", por su parte, si bien no goza de un aura de culto tan acusada, es todo un icono del pop-rock gracias -sobre todo- al tema que le da título. En "Heroes", por cierto, también tuvo una importante presencia otro habitual de nuestro blog, Robert Fripp, cuyas largas notas de guitarra modificada escuchamos como parte del memorable fondo de aquel himno sobre el muro. Fripp ya había trabajado con Brian Eno anteriormente en álbumes como No Pussyfooting o Evening Star, por lo que el sonido conjunto de ambos funcionó mejor que bien.

 
Las sinfonías de Philip Glass sobre álbumes de Bowie.

Como muestra definitiva de la influencia postrera de estos álbumes, el compositor neoyorkino Philip Glass decidió convertir Low y "Heroes", respectivamente, en su 1ª y 4ª sinfonías. La Low Symphony (1992) consiste en tres piezas de larga duración que se inspiran de un modo un tanto vago en las sonoridades y cromatismos del  tándem Bowie - Eno. La "Heroes" Symphony (1996), por su parte, se basa de manera algo más clara en el disco al que hace referencia, con temas que son traslaciones libres de los originales, si bien aquí es mucho más sencillo comparar ambas versiones y hallar los parecidos. Parece que a Glass siempre le admiró la profundidad compositiva de ambos álbumes, que trascendía lo habitual en otros trabajos del mundo del pop-rock. Por ese mismo motivo me ha parecido interesante tener en cuenta estos trabajos dentro del blog. Low y "Heroes" están en Spotify, aquí y aquí. Y las sinfonías de Philip Glass están aquí. Añado un vídeo en el que Bowie y Glass hablan (en inglés) sobre su colaboración en las sinfonías del segundo.


Concluimos con una interesante comparación del vídeo oficial del tema "Heroes" y su versión sinfónica minimalista:


jueves, 11 de abril de 2013

Tangerine Dream - ELECTRONIC MEDITATION


1. Genesis (5:57)
2. Journey Through a Burning Brain (12:26)
3. Cold Smoke (10:38)
4. Ashes to Ashes (4:06)
5. Resurrection (3:27)

Electronic Meditation (1970) es el título del álbum de debut de Tangerine Dream, una banda que ha conocido tiempos infinitamente mejores que los actuales y que, mientras evolucionaba a lo largo de cuatro décadas y pico, ha estado integrada por diferentes músicos que han ido aportando su granito de arena. En este debut, sin embargo, teníamos una especie de mega-grupo en el que militaban el imprescindible Edgar Froese junto a los mismísimos Klaus Schulze y Conrad Schnitzler, ambos buscando todavía un rumbo propio. Casi nada.

Como la vida da muchas vueltas y la alineación de los TD más todavía, hemos de tener en cuenta que entonces no estaban presentes Peter Baumann y Christopher Franke, miembros clásicos de la etapa más recordada del grupo, por lo que es dificilísimo emparentar este sonido con el de álbumes posteriores. Pero con las bestias pardas antes mencionadas había imaginación de sobra para hacer algo potente con un valor propio. Lo cierto es que Electronic Meditation posee un muy alto estatus como disco esencial en la evolución de la música popular electrónica, si bien se trata de un trabajo "demasiado experimental" si lo que buscamos de antemano es encontrar el fruto conjunto del trabajo de varios popes del género. Recordemos que todos son músicos en eclosión, desconocedores ellos mismos de los amplios universos musicales que van a explorar en el futuro.

Despliegue de la carpeta interior del álbum.

El caso es que Electronic Meditation se grabó en el interior de una nave industrial, en sesiones que podríamos llamar "para disfrute privado", al no tratarse teóricamente de una obra con propósitos comerciales. La técnica era más o menos popular entre los cerebritos de la electrónica de entonces, esto es, a base de bucles en cinta magnética sobre la que se superponían sonidos propios de la música concreta, tales como pergamino ardiendo, cristales rotos o guisantes secos en un tamiz (qué grande eres, Wikipedia). Schulze se encargó de la batería y de percusiones varias; Schnitzler aportó violín y violonchelo; y Froese puso casi todo lo demás: teclados, cintas magnetofónicas, recitación de un billete de ferry (?) etc. Para dar algo más de entidad "musical" al resultado, Edgar Froese añadió algunas guitarras a la mezcla final.

Contraportada.

El trabajo que finalmente se editó es todo un descubrimiento más cercano a la experiencia sensorial en estado puro que a algo musical en un sentido convencional. Quienes conocen algo de la primitiva música electrónica alemana saben de lo que hablo, si bien casi todas las cualidades más rarunas del subgénero están aquí multiplicadas por cien. No obstante, tampoco es que Electronic Meditation sea un álbum especialmente cósmico ni planeador, por lo que recomiendo acercarse a él con notables precauciones.

Una edición japonesa mantiene la surrealista presentación original (de Voices In The Net).

Por otro lado, es evidente que sus creadores llevaban la extravagancia a gala, y la edición original del LP en vinilo incluía un globito de plástico pegado a la inquietante portada del muñeco decapitado y cableado. Sin globo, está en Spotify.

El tema Genesis.

martes, 27 de noviembre de 2012

Klaus Schulze - BLACKDANCE


1. Ways of Changes (17:16)
2. Some Velvet Phasing (8:29)
3. Voices of Syn (22:26)

¿Qué es lo que nos fascina de la música de Klaus Schulze a algunos oyentes? Es difícil decirlo. Debe ser una mezcla de pasión por lo raro, necesidad de disfrutar de algo realmente único, y -por qué no- un cierto esnobismo. Podríamos añadir un último factor: el viaje musical, una posibilidad sensorial y mental que la música comercial difícilmente explora, precisamente porque se considera a sí misma como "solamente música". Esto no era así en los años setenta, una época de verdadera ilusión por lo creativo en la que se pensaba que la música podía ofrecer experiencias más completas que una bonita melodía o unas buenas letras. Hemos hablado largo y tendido sobre los derroches de imaginación del rock progresivo y la música cósmica (a la que Blackdance pertenece en mayor o menor medida, siendo un género de límites indefinidos), pero en el caso de discos como este hay que retroceder tres o cuatro pasos más para ver el cuadro completo.

Blackdance (1974) es el tercer álbum compuesto por Klaus Schulze. Generalmente es considerado un disco menor dentro de aquella fabulosa primera época suya, metido entre los rompedores Cyborg y Timewind, y quizá algo más prescindible que éstos. Sus planteamientos son los ya conocidos de la obra de Schulze: desarrollos largos y lentos, capas de sonido superpuestas y tendencia al oscurantismo. Hablábamos de sonidos que hacen viajar, y se hace patente que con una música tan extraña nos dirigiremos probablemente a lugares tan extraños como los que representan las pinturas surrealistas del suizo Urs Amann que ilustran los álbumes clásicos de este compositor que nos ocupa: eriales en penumbra en los que extrañas figuras difícilmente reconocibles surgen aquí y allá como cactus en un desierto infinito de otro universo. Se puede hablar de que esta concepción experimental de la música, un tanto abismal, es más bien fría y deshumanizada. No diré lo contrario, pero apuntaré que Blackdance contiene más elementos no-sintéticos de los que puede parecer.

Imagen del interior de la carpeta del vinilo.

Es cierto que predominan los fabulosos armatostes que entonces eran sintetizadores punteros, pero también tenemos a Klaus tocando una guitarra en el tema inicial Ways of Changes, tema en el que incluso se atreve con percusiones acústicas. No me parece que queden del todo bien, ni en Ways of Changes ni en fragmentos posteriores, pero el intento es loable. El segundo tema, de título Some Velvet Phasing, es un sencillo monólogo electrónico y ambiental que constituye uno de los mejores momentos del álbum. Y puestos a buscarle el lado cálido a Blackdance, hasta la voz humana tiene su hueco en el tercer corte, Voices of Syn. Según leo en una página de referencia (progarchives), se trata del barítono Ernst Walter Siemon, grabado en algún ensayo mucho tiempo antes.

No es un disco especialmente recomendable para principiantes, primero porque el músico estuvo menos inspirado que en otras obras más o menos contemporáneas, y segundo porque enfrentarse a su repertorio exige haber pasado antes por discografías más accesibles como la de Tangerine Dream o quizá Kraftwerk o Jean Michel Jarre, que ayuden a preparar nuestra percepción. En cualquier caso, tener Blackdance en nuestra colección es -una vez más- como poseer un pequeño universo contenido en un estuche de CD al que podemos escapar de vez en cuando con solo apretar unas teclas y cerrar los ojos. Eso no lo da cualquier disco.

Enterito.
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