martes, 23 de diciembre de 2025
Wim Mertens - INTEGER VALOR
martes, 11 de noviembre de 2025
The Tolkien Ensemble - AN EVENING IN RIVENDELL
2. The Old Walking Song, The Road... (4:58)
Uno de mis fenómenos literarios favoritos, y creo que también uno de los más queridos de la cultura popular, es el conjunto de obras del autor inglés J.R.R. Tolkien sobre la Tierra Media. Ni que decir tiene que el fenómeno de El señor de los anillos ha ido mucho más allá de lo literario a partir de la fiebre suscitada hace ya casi un cuarto de siglo por el estreno de la trilogía cinematográfica. Es un mundillo que me encanta, que me llena, y por eso intento traer por aquí de vez en cuando alguna de las numerosísimas obras musicales relacionadas con el vasto "legendarium" que constituye toda esta mitología moderna.
Lo cierto es que el universo de la Tierra Media fue durante muchos años, y para mucha gente, una afición de culto. No es que hubiese de qué avergonzarse por leer fantasía (Tolkien fue candidato al Nobel), pero todos sabemos que el seguimiento de esta clase de material se ha asociado habitualmente con la cultura friki, los juegos de rol o a la pura evasión psicodélica, por no hablar de músicas fuera del circuito de la radio comercial. Existe, de hecho, toda una constelación de grupos de rock duro (metal, sobre todo) que han tirado de la inspiración Tolkiana para su música y sus letras. Todo tan estupendo como nos quiera parecer, pero indudablemente minoritario. Aunque el propio profesor llegó a grabar en su día un disco recitando -y hasta cantando- algunos de los poemas contenidos en sus libros, nunca hubo un intento tan riguroso como el de The Tolkien Ensemble que aquí nos ocupa por grabar todos los poemas y canciones contenidos en El señor de los anillos, que no son pocos. En total, llegaron a registrar cuatro álbumes, el primero de los cuales, de 1997, es anterior incluso al inicio de la producción de las películas, momento en el que el "fandom" se volvió poco menos que universal.
La influencia de Tolkien abarca desde Led Zeppelin hasta Enya, pasando por la música clásica académica, el jazz de vanguardia y el rock progresivo. No obstante, lo que hace tan interesante el álbum que tenemos entre manos es que está ideado para responder precisamente a lo que promete su título: un atardecer en Rivendell. Rivendell es un refugio para el pueblo de los elfos que aparece tanto en El hobbit como en El señor de los anillos. Es la residencia del sabio Elrond y su corte, una casa de exquisita arquitectura al pie de las montañas, en un valle repleto de riachuelos y cascadas. Es también un bastión de las artes, y en sus salones se compone y se interpreta música, se canta y se recitan poemas a diario. Este Ensemble nos ofrece con coherencia la clase de música que podríamos escuchar si estuviésemos de paso en Rivendell, interpretada por un pequeño conjunto que utiliza instrumentos sencillos y tradicionales. Está a caballo entre el folk y la música de cámara, sin arreglos épicos y sin recurrir gratuitamente a socorridas sonoridades new age.
The Tolkien Ensemble es un conjunto danés fundado en Copenhague en 1995 que tiene como líderes y compositores principales a Peter Hall (guitarra, armónica y flauta irlandesa) y a Caspar Reiff (guitarra), que había sido alumno del anterior. Destacan también la voz solista de Signe Asmussen, el acordeón de Oyvind Ougaard, el contrabajo de Katja Nielssen y el violín de Morten Ryelund Sorensen. Su debut en concierto se produjo en 1996, en el castillo de Gjorslev, tras el cual realizaron esta primera grabación suya de obras de Tolkien. En An Evening in Rivendell intervienen, además de otros músicos, varios vocalistas que hacen el papel de personajes como Aragorn, Bilbo Bolsón, Gildor y Baya de Oro, todos interpretando las mismas canciones que cantan en el libro. Cuentan con el beneplácito de las editoriales que han publicado las obras de Tolkien, así como con el visto bueno de los herederos del autor, que se han dejado ver en alguno de sus conciertos. Una aliada de lujo de este conjunto musical es la reina Margarita II de Dinamarca, que aporta la ilustración de la portada en este trabajo y que continuó aportando material de su colección personal, creado cuando era princesa heredera, para posteriores álbumes.
La sensación que queda al escuchar el álbum al completo es que hay dos tipos de canciones bastante diferenciadas: algunas de corte rústico, popular, con sabor a cancionero medieval; y otras con un carácter más elevado, más etéreo, en este caso un poco más propias de un contexto fantástico, y que en algún momento (por ejemplo, en el tema de Eldamar cantado por la reina élfica Galadriel) parece entrar en un campo parecido a aquel en el que se mueven algunos fragmentos de las posteriores BSOs de Howard Shore. El contraste es notable, pero el propio libro establece bien ambos tipos de canción, condicionados por el intérprete y el contexto. Y de ambos tipos se canta en Rivendell, al fin y al cabo.
Posteriormente, saldrían a la venta A Night in Rivendell (2000), At Dawn in Rivendell (2002) y Leaving Rivendell (2005), que completan el conjunto de poemas y canciones de El señor de los anillos y que en alguna ocasión se han publicado en un solo pack. En los dos últimos discos mencionados, ya a rebufo del éxito de las películas de Peter Jackson, contaron con la intervención del actor Christopher Lee y realizaron una gira en la que reinterpretaban pasajes compuestos por Howard Shore mezclados con sus propias versiones del poemario.
lunes, 23 de junio de 2025
Kronos Quartet - KRONOS QUARTET PERFORMS PHILIP GLASS
Y hablando del más popular de los minimalistas, tenía ganas de traer por aquí al Kronos Quartet, una de las formaciones de referencia en la interpretación de la obra de Philip Glass. El Kronos Quartet es un cuarteto de cuerda surgido en Seattle (Washington) a comienzos de los setenta pero afincado en San Francisco. Ha tenido un buen número de componentes lo largo de todos estos años, pero sólo su fundador David Harrington permanece con ellos desde el principio hasta la actualidad. La música clásica contemporánea y el cuarteto siempre han mantenido una relación íntima, tanto que en muchos casos se han compuesto obras específicamente para ser interpretadas por ellos. Tampoco han evitado colaborar con artistas del mundo del folk y de la música popular, por supuesto, desde Bob Dylan hasta Frank Zappa, pasando por Björk, Paul McCartney o Nine Inch Nails.
El disco que hoy traemos es de 1995. El propio Philip Glass explica que, cuando un compositor afronta la escritura de un cuarteto para cuerdas, tiene tendencia a tomárselo mucho más en serio que obras de otro tipo, consiguiendo -según él- que la obra terminada tenga una carácter muy personal respecto a la identidad musical del autor. De alguna manera, podemos estar de acuerdo en que una partitura para orquesta sinfónica siempre puede quedar elegante, resultona, a poco que tenga los ingredientes más básicos, mientras que las piezas, digamos, de cámara exigen más calidad en la composición al ir más "desnudas", carentes del efectismo rutilante de la gran orquesta.
Este álbum contiene cuatro cuartetos distintos de Glass, los números 5, 4, 2 y 3, el último de los cuales corresponde a música compuesta para la película Mishima (1985), reestructurada por el compositor como obra para cuarteto. En la página oficial del Kronos Quartet, Philip Glass admite que el número 5, con el que comienza en disco, fue un intento de componer un cuarteto de cuerda con una actitud despreocupada y orientado a darle "musicalidad", que él mismo entiende que al final es "la cuestión más seria de todas".
Aparte de los cortes correspondientes a Mishima, que al final llaman la atención porque son territorio conocido, me quedo con el primero de los cuartetos, el número 5, muy expresivo y con unas texturas musicales muy ricas. Por ahí he leído a alguien que afirma que le recuerda al estilo de Michael Nyman, y es verdad que tiene a ratos ese toque barroco del británico, aunque el efectismo de piezas como el quinto movimiento (y quinto corte del álbum) es Glassiano al 100%. Puede recordar más a Nyman en su faceta de autor de BSOs de cine que en su vertiente más cercana al folk. El segundo cuarteto incluido aquí, el número 4, dedicado al pintor Brian Buczak, es en general solemne aunque contiene fragmentos con mucho nervio. Y el tercero, el número 2, que se titula Company al estar compuesto para una obra de teatro de Samuel Beckett del mismo nombre, es breve, relativamente contenido y más o menos medidativo.
Siempre podemos plantearnos qué tiene de especial una interpretación del Kronos Quartet que no pueda aportar cualquier otro ensemble de prestigio, y escuchando el álbum comprobamos que no solamente hay un perfecto entendimiento mutuo entre Glass y los intérpretes (entre otras cosas, porque el Kronos ya había interpretado total o parcialmente alguno de los cuartetos), sino que éstos consiguen que una serie de piezas que -en otras circunstancias- quizá no llegarían más que a unos cuantos oyentes sibaritas, al final resulten muy accesibles para públicos relativamente amplios por la perfecta, virtuosa, colorista, extraordinariamente dinámica ejecución de las mismas. Apunta nuestro siempre referencial Mike Shooter en su fantástico blog La voz de los vientos que el álbum se grabó en el estudio del Rancho Skywalker de George Lucas, lo que asegura una calidad sonora importante. Recordemos, queridos frikis, que Lucas y Glass ya habían tenido contacto, directo o indirecto, al ser el primero productor de la citada Mishima y de Powaqqatsi (1988), ambas con música del segundo.
El Kronos Quartet que grabó este álbum estaba formado entonces por David Harrington y John Sherba a los violines, Hank Dutt a la viola y Joan Jeanrenaud al violonchelo. Ejercen como productores -entre otros- el propio Philip Glass y su productor habitual Kurt Munkacsi. Todo queda en casa.
martes, 27 de mayo de 2025
Max Richter - IN A LANDSCAPE
miércoles, 15 de enero de 2025
Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 15: "BABY ELEPHANT WALK"
Este tema es tan conocido, ha sido tan reutilizado, tan destripado de mil y una maneras y para mil y un propósitos distintos, que millones de personas pueden tararearlo a la perfección sin tener ni idea de dónde ha salido.
Pues bien, se trata de un tema de la BSO de la película ¡Hatari!, de 1962. Fue compuesto por el inolvidable Henry Mancini, autor de temazos emblemáticos como Moon River (de Desayuno con diamantes) o el de La Pantera Rosa.
¡Hatari! es de algún modo una curiosidad, ya que reunió al director Howard Hawks y al actor John Wayne en una película que no es un western sino una de safaris en África. Baby Elephant Walk ("El paseo del bebé elefante") aparece en una escena en la que la actriz protagonista Elsa Martinelli lleva a un grupo de crías de elefante a darse un baño de barro en una laguna en la sabana, ante la mirada divertida del aguerrido protagonista de La diligencia.
No es una escena cómica en sí (no es que la chica termine sumergida en el barro), en todo caso graciosa, pero la melodía de Mancini encaja perfectamente con el caminar de los animales y el momento desprende desenfado. Es con mucho el tema más recordado de la película y -aunque en origen era un tema vocal al que se decidió no aplicar la letra compuesta- ganó un premio Grammy al mejor arreglo instrumental.
Según su autor, Baby Elephant Walk pertenecería al género boogie-woogie, una rama del blues bailable que estaría, entre algunos otros estilos, en la raíz del primitivo rock and roll. Aunque el boogie-woogie clásico se interpretaba al piano, Henry Mancini mezcla aquí instrumentos de viento con un calíope, curioso artefacto lejanamente parecido al órgano que funciona a base de silbatos de vapor, para darle un toque como de circo. Hoy en día se ha convertido en arquetipo musical de lo torpón y simpático.
miércoles, 18 de diciembre de 2024
Ennio Morricone - THE UNTOUCHABLES
2. Al Capone (2:55)
Los intocables de Elliot Ness es una película de 1987 dirigida por Brian De Palma. En su momento fue un gran éxito de crítica y público, sin duda uno de los trabajos más populares de su director, aunque si sabemos verla con un poco de distancia (y no me refiero necesariamente a los años transcurridos sino a un punto de vista crítico) apenas se distingue de lo que suele llamarse una "película de temporada", esto es, una de estas películas realizadas de manera competente pero sin alardes que no aspira más que a una taquilla discreta y a llevarse con suerte un par de premios. No está nada mal, o a mí al menos me gusta, pero creo que hoy en día tiene más prestigio por el papelón de Sean Connery, por la confirmación como superestrella de Kevin Costner y por la BSO de Ennio Morricone que por sus bondades fílmicas globales.
Lo más interesante de esta banda sonora, como siempre intentando yo aportar una visión no tan común, es que confirma como pocas el hecho evidente de que Morricone es una rara avis en el gremio. Me refiero a que su manera de trabajar casi nunca encaja con los métodos neorrománticos de los maestros de Hollywood de toda la vida, la mayoría de ellos de procedencia o influencia centroeuropea. Morricone emergió de otro contexto. Recordemos que su gran explosión en la cultura popular fue mediante los westerns italianos de Sergio Leone, que eran películas con una estética muy "extrema" y para las que el músico componía, por encima de cualquier otro recurso musical, un par de temas potentes y bien diferenciados que podían ser reutilizados, a veces editados sin contemplaciones en la sala de montaje, para acompañar escenas específicas, cuando no para servir de mero efecto sonoro. No siempre podemos encontrar variaciones sobre estos temas o estructuras sinfónicas complejas basadas en ellos, por ejemplo para su uso como música incidental, y esta manera de enfocar la composición siguió más o menos vigente para el italiano incluso cuando, estando en camino de ser un mito viviente en la década de los ochenta, se volcaba sólo ocasionalmente en el cine americano.
The Untouchables es, en este sentido, y como decíamos, una muestra perfecta de cómo una BSO de las "grandes" de Morricone es a veces mucho más una colección de magníficos temas individuales que un todo conectado mediante una urdimbre de "leitmotivs" al uso. Incluso parecería que algunas piezas de esta partitura son tan distintas que podrían proceder de contextos diversos y no de una misma película. El tema de los títulos finales, que curiosamente abre el CD original lanzado a la venta, no se parece absoluamente en nada al segundo corte, que es el vodevilesco, caricaturesco tema de Al Capone. Salvo en el hecho de que son geniales, claro.
Y el resto de la BSO camina en la cuerda floja entre una cosa y la otra, entre el sinfonismo de los temas más íntimos (Death Theme, cuyo fraseado melódico ya presagia algo de Cinema Paradiso, Ness and His Family, Four Friends) y el llamativo efecto anacrónico de los ritmos sintéticos de On the Rooftops y otras piezas para escenas de tensión como Waiting at the Border. Caso aparte es la mil veces parodiada escena del carrito de bebé que cae por las escaleras, para la que Morricone se sacó de la manga una tétrica canción de cuna bajo el título de Machine Gun Lullaby / "Nana de la metralleta".
Viendo la propia película por enésima vez, te vas dando cuenta de que en realidad es una producción más bien modesta en lo técnico pese al gran elenco reunido, hasta el punto de que cuando escuchamos aquí y allá el tema triunfal de Elliot Ness (que en el CD se repite en varios cortes con estructura similar) a veces no parece que la escena merezca un musicón de tal calibre. Da la sensación de que Brian De Palma, o el encargado del montaje, no siempre sabe muy bien dónde merece la pena subrayar la épica del relato y abusa de este tema heroico. No llega al nivel chocante de lo que le ocurría a menudo a Jerry Goldsmith, que componía piezas musicales para películas grandiosas cuando en realidad a veces eran bodrios del quince, pero en algún punto anda cerca. Como he dicho, la película me gusta bastante, así que lo dejo en que la obra de Morricone ayuda a mejorar el nivel del producto y a darle un toque original que le sienta bien.
No es tan arrebatadoramente bella como Once Upon a Time in the West o The Mission, pero The Untouchables es una de las que no pueden faltar en una colección del maestro italiano, por modesta que sea. No sé si el CD original sigue a la venta en alguna parte, pero si quieres conseguir una copia de la edición expandida de La-La-Land Records (2012) vas a tener que hipotecar tu casa.
miércoles, 18 de septiembre de 2024
James Newton Howard / Jean-Yves Thibaudet / Hilary Hahn / Maya Beiser - NIGHT AFTER NIGHT. MUSIC FROM THE MOVIES OF M. NIGHT SHYAMALAN
miércoles, 22 de mayo de 2024
Noche de concierto con la FSO
Tuve el gusto de decirle a Constantino Martínez-Orts, director titular de la Film Symphony Orchestra (FSO) que su último espectáculo es impresionante. Fue el sábado pasado en el Teatro Auditorio Roquetas de Mar, en Almería. No era la primera vez que asistía a uno de sus conciertos, ya que estuve en la doble sesión, dos días distintos, de su monográfico sobre John Williams de hace un par de años. Aquello no tuvo desperdicio, pero lo cierto es que esta nueva gira Henko también merece muchísimo la pena.
Para quien no sepa de qué hablo, la FSO es una formación española especializada en interpretar un amplio abanico de bandas sonoras de películas y series, tanto clásicas como totalmente actuales. Yo les sigo encontrando el defectillo de no contar con un coro clásico que les permita ampliar su repertorio, pero lo cierto es que el sonido de esta orquesta es magnífico, impecable, y los arreglos que hacen de temas muy conocidos -a veces suites completas- son más que acertados. Esta vez han contado con una estupenda cantante, por cierto. Su espectáculo es muy didáctico y está pensado para toda la familia, pero no decepcionará al aficionado un poco más curtido, al incluir siempre algunas piezas poco o nada conocidas, interpretadas con fidelidad y respeto. En este caso, sorprenden los temas iniciales de El capitán Blood (E. W. Korngold, 1935) y Las normas de la casa de la sidra (Rachel Portman, 1999), además del tema de amor de Espartaco (Alex North, 1960).
Como explica Martínez Orts en su charla inicial (va explicando pormenorizadamente el contexto de cada pieza antes de interpretarla), "henko" es una palabra japonesa que se refiere a la transformación espiritual que experimentamos algunas veces en la vida al adaptarnos y sobreponernos a las circunstancias, en busca de nuestro destino. Se supone que el nexo de unión entre los distintos temas del espectáculo es la transformación que sufren los personajes de las películas correspondientes (El Padrino II, Mulán, Siete años en el Tibet, Apolo 13, etc.), aunque creo que la inclusión de algunas piezas (007 Skyfall, Desayuno con diamantes, el medley de Star Trek, La Roca, Harry Potter y el cáliz de fuego...) se justifica para añadir variedad y colorido al show, y no tanto por la presencia clara de ese "henko" en la trama.
Me he animado a escribir esta nota -no es una verdadera reseña- sobre la actual gira de la FSO porque en la recta final del concierto experimenté uno de esos pocos instantes de la vida en los que uno siente que está exactamente donde quiere estar, justo en una situación momentánea que no cambiaría por ninguna otra. No quise leer antes el programa de mano por no estropearme posibles sorpresas, y efectivamente Martínez-Orts y los suyos reservaban para el final nada menos que los créditos finales completos de Indiana Jones y el templo maldito, interpretados durante esta gira por primera vez en España. Simplemente magnífico. Temblaron los cimientos del auditorio con el aplauso posterior y yo ayudé bastante.
La web oficial de la FSO, aquí.
jueves, 21 de marzo de 2024
Hans Zimmer - LIVE
CD 1
CD 2
El doble álbum Live (2023) es un trabajo bastante interesante dentro de la discografía de Hans Zimmer y dentro del panorama de la música de cine actual, en general. No solo porque Zimmer es uno de los compositores con más peso en la industria actual, sino sobre todo por el hecho de que su versión en concierto tiene poco que ver con lo que se suele estilar en la música de cine de corte clásico.
Grabado durante el paso por Europa en la primavera de 2022 de la misma gira en la que Hans Zimmer se encuentra embarcado actualmente, Live presenta una selección de algunas de sus BSOs más emblemáticas (no todas especialmente recientes) como si de espectáculos del mundo del rock se tratase. Sus músicos de acompañamiento, que en muchos casos han colaborado antes con él y reciben el nombre de The Disruptive Collective ("El colectivo disruptivo"), llevan vestuario de diseño, él mismo se recrea con una guitarra eléctrica y gran parte del show consiste en un futurista juego de luces. Participan también la orquesta y coro de la Ópera de Odessa. Parece que Zimmer y su productor Stephen Lipson seleccionaron cuidadosamente las mejores interpretaciones de una buena cantidad de conciertos para confeccionar el álbum.
En lo estrictamente musical, Live es una propuesta bastante compleja que va más allá de interpretar una serie de grandes éxitos. De cada película o saga se realiza más bien una especie de suite (dividida en varios cortes en la versión en CD) que suena distinta de la escuchada en el álbum original, sobre todo por las lógicas diferencias en la instrumentación, y de ahí su valor como relativa novedad. Creo que estas suites están realizadas con acierto, tanto a la hora de representar los elementos esenciales de las partituras como al ofrecer piezas con un buen equilibrio entre la acción y los pasajes más sosegados. Los temas recogidos en Live guardan entre sí una sutil coherencia que favorece tanto al conjunto como a cada movimiento en particular.
Aparte de las suites de Wonder Woman, El hombre de acero, Gladiator, Piratas del Caribe, El último samurai, El caballero oscuro, Interstellar y El rey león (primer Oscar de Zimmer), hay varias piezas sueltas que sirven para "engrasar" la maquinaria. Están sacadas de Dune (segundo Oscar) e Inception, y también hay algunos cortes aislados de X-Men Dark Phoenix, Dunkerque y Sin tiempo para morir. El primer CD termina con dos piezas llamadas Absurdities ("absurdeces"), que según he rastreado en Google parece ser una mezcla de temas de Sherlock Holmes, Rango y algo más. Seguramente cada cual echará de menos alguna otra cosa que habría merecido formar parte del disco, pero todo lo que hay funciona bastante bien. Para mi alivio, incluso parece que Zimmer deja a un lado su material más genérico, con la excepción de la horrorosa fanfarria de la primera película de Jack Sparrow que firmó el subalterno Klaus Badelt. Pongo la "buena", la que compuso Hans Zimmer para El cofre del hombre muerto:
Lamentando lo que se ha quedado fuera, siempre podemos subrayar lo que más nos gusta de lo que sí está. Me gusta mucho la épica luminosa de Wonder Woman y Man of Steel, la voz madura de la invitada de honor Lisa Gerrard en Gladiator, el sinfonismo de las mejores partes de Pirates of the Caribbean y sus instrumentos tradicionales, la profundidad dramática de The Last Samurai y el cántico inicial de The Lion King, con el que no contaba. Me gusta cada vez más el tema del Superman de Zack Snyder, aunque aquella no fuese una BSO memorable.
Un buen álbum con un sonido nítido y fresco que aporta arreglos novedosos de temas que para la actual generación de cinéfilos -y cinéfagos- son míticos, que además mantiene un valor constante como experiencia para disfrutar de una sentada, y que invita a la buena costumbre de acercarnos a los auditorios a escuchar, siempre que tengamos la oportunidad, buena música que se salga del sota-caballo-y-rey de todos los días. Aunque Hans Zimmer no siempre sea nuestro músico favorito, lo que está realmente bien hecho merece nuestro más sincero aplauso. Pasará por España este 2024.
Muchas imágenes y vídeos de los conciertos en https://www.hanszimmerlive.com/
martes, 23 de enero de 2024
Ludwig Göransson - OPPENHEIMER
2. Can You Hear the Music (1:50)
Una banda sonora que tiene grandes probabilidades de llevarse el Oscar de 2024 en su categoría es la de Oppenheimer (2023), obra del sueco Ludwig Göransson. La película está muy en la línea de lo que viene haciendo desde hace tiempo el director Christopher Nolan, una producción magnífica que -para algunos- se ve lastrada por una sensación de urgencia, de tensión visual y sonora constantes, que en este caso quizá resulten excesivos al tratarse de una biografía bastante al uso y no de una película de acción tipo Tenet (2020).
Algunos críticos han querido señalar a Göransson como responsable de que esta película, muy buena pese a ser un poco "duermeculos" con sus 3 horas de metraje, se haga además un poco indigesta por ese bombardeo musical al que nos somete incluso en escenas que bien podrían haberse montado sin música de ningún tipo. Personalmente, creo que este es el estilo de Nolan y que el músico solo está a su servicio. Nos toca analizar la música, que incluso en su escucha independiente constituye un trabajo más que interesante.
Lo cierto es que Ludwig Göransson, que había ganado el Oscar por la no especialmente recordada partitura de Black Panther (2018) entró en los sets de Nolan al salir de allí su -hasta entonces- alter ego musical Hans Zimmer para volcarse en la primera parte de Dune. Como algún comentarista ya me ha puesto la etiqueta de "hater" de Zimmer, no abundaré en ello, pero creo que Göransson ha entrado con frescura en el terreno de su predecesor. La premisa creativa de la que parte uno respecto al otro es más o menos la misma, música muy sencilla sobre el papel y muy épica en su ejecución, pero la paleta sonora de Göransson es especialmente rica. No es fácil componer una pieza tan potente como Can You Hear the Music sin recurrir a tópicos, y el tema estrella, aunque muy breve, brilla por su osado planteamiento y su espectacularidad. Hasta que se logró grabarlo de un tirón, tras múltiples intentos, Göransson llegó a creer que Can You Hear the Music era imposible de interpretar.
Un poco entre el propio Zimmer (escúchese el tema Manhattan Project, puro Batman Begins) y el sonido de gente muy en boga como Hildur Guðnadottir, pero sin que parezca que copia a ninguno, la BSO de Oppenheimer es un despliegue de minimalismo desatado, aposentado casi siempre en unas cuerdas tensionadas, cortantes, dificilísimas de interpretar, y con esos altos vuelos de sintetizador casi en la línea más grandiosa del añorado Vangelis en el tema inicial de Blade Runner. En realidad, la propia temática de la película hace apropiado este planteamiento musical del hombre en contraposición con la tecnología, lo orgánico contra la máquina, a menudo desarrollando toda una danza (escúchese Quantum Mechanics) entre unas notas que evocan mecanismos en funcionamiento, cuentas regresivas, procesos irreversibles, partículas moviéndose armoniosas en el mundo atómico... mientras otras notas musicales parecen centrarse en la parte humana, la de los sentimientos y las relaciones entre las personas. A veces intercambiando sus roles sobre la marcha. Es una música que por muchos motivos podría haberse teñido completamente de gris, pero que con frecuencia arranca destellos de colorido deslumbrante de un paisaje sonoro frío como un témpano.
El encargo de Nolan para Göransson fue que toda la banda sonora reflejase el punto de vista del protagonista, J. Robert Oppenheimer, y esto explica el diálogo continuo del violín (personificación del científico) con los demás instrumentos, unas veces sonando armónico y otras enloquecido, según reacciona a los acontecimientos a los que se va enfrentando, especialmente en momentos de tensión como el juicio al que se somete al protagonista durante la segunda mitad de la película. Göransson preparó los fragmentos de violín junto a su esposa Serena McKinney, que resulta que es violinista. Apunta la Wikipedia que el compositor y el director de la película asistieron juntos a una interpretación de La consagración de la primavera de Igor Stravinsky a cargo de la Filarmónica de Los Ángeles, como inspiración para el enfoque musical de la película. La orquesta con la que se grabó finalmente Oppenheimer fue la Hollywood Studio Orchestra, en los estudios de Warner Bros.
En fin, esta idea -repetimos, más del director que del compositor- de la música (en tres "movimientos" correspondientes a los tres actos de la película: período de formación del científico, Proyecto Manhattan y juicios posteriores) como combustible para la locomotora que es Oppenheimer, curiosamente logra su efecto más impresionante cuando cesa. El desenfreno de violines en el tema Trinity llega a un final abrupto cuando explota la primera bomba atómica en Los Alamos, y aunque hay pocos momentos libres de música en lo que resta de película, que es mucho, es en ese momento cuando damos significado al crescendo que ha supuesto todo lo construido hasta entonces. La música se define en buena medida gracias a los pocos momentos en los que se opta por eliminarla. Me pregunto cómo habría quedado la película si no se hubiese escuchado una sola nota musical después de la explosión en el desierto, aunque esto es mucho pedir incluso para un director con tanto margen de decisión como Nolan.
Con todo, y aunque parezca contradictorio, la música de Oppenheimer está utilizada de manera más efectiva que en otras películas de Nolan, precisamente porque la urdimbre entre el sonido y las imágenes está tan calculada que, salvo que uno sea un melómano empedernido, al final esta BSO se percibe como un inteligente y efectivo efecto sonoro. Parte de un todo homogéneo e impactante.

.jpg)























