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lunes, 29 de junio de 2026

Miles Davis - BITCHES BREW

CD 1

1. Pharaoh's Dance (20:05)
2. Bitches Brew (26:58)

CD 2

1. Spanish Key (17:32)
2. John McLaughlin (4:22)
3. Miles Runs the Voodoo Down (14:01)
4. Sanctuary (10:56)

Bajo el nada humilde eslógan de "Direcciones en la música", lanzó el músico de jazz Miles Davis el álbum Bitches Brew en 1970. Era la segunda vez que empleaba esta fórmula después de In a Silent Way (1969), otro trabajo que buscaba ser seminal hasta en el título. Y sí que lo fueron ambos, sobre todo teniendo en cuenta que el que hoy nos ocupa, Bitches Brew, tuvo una importante influencia, más allá del jazz, por lo que supuso también para el rock psicodélico y progresivo de la década que comenzaba.
 
Trasera de una edición en CD que incluía el bonustrack Feio.
 
Sabemos perfectamente que, superado el ajetreado nacimiento del rock and roll, invento genuinamente norteamericano de los cuarenta y cincuenta, las siguientes dos décadas verían el auge de la música británica como faro cultural de la juventud de occidente. Pero el jazz seguía en Estados Unidos, arraigado en la comunidad afroamericana (y trascendiéndola ampliamente, por supuesto) y con nombres como el de Miles Davis convertidos en leyendas que cruzaban cualquier océano. Es de suponer que había un trasvase de ideas de una orilla a otra del Atlántico, y si bien los Beatles y otros grupos de éxito del Reino Unido habían bebido de lo que hiciesen Chuck Berry y Little Richard, los yanquis (pongamos a Jefferson Airplane o The Doors, por ejemplo) a su vez fueron influidos por Cream o The Moody Blues. No perdieron los americanos sus vínculos con sus propias raíces, que en sucesivas oleadas se trasladaron también a lo que se hacía en Gran Bretaña. ¿No son algunas de las grandes canciones de Pink Floyd, muy en el fondo, estilizados ejercicios de blues? ¿No está la discografía de King Crimson construida a base de una forma peculiar de entender el jazz? La música popular se estaba convirtiendo en un fenómeno global, una mezcla de influencias en la que casi todo podía tener su propio espacio, y una expresión de carácter más culto como es el jazz -sobre todo con alguien como Miles Davis- no se iba a quedar al margen del signo de los tiempos. Bitches Brew fue la forma en la que el trompetista se reivindicó a sí mismo como una estrella cuyo fulgor abarcaba más allá del jazz.

 
Pharaoh's Dance

La mismísima idea del álbum musical como obra artística completa fue una de las concepciones que cruzaron el océano, en este lado de este a oeste, y este Bitches Brew es un ejemplo perfecto del cambio de paradigma. Eso no significa que Bitches Brew sea un álbum conceptual (de hecho, ni siquiera se sabe seguro a qué se refiere el título, "Poción de brujas" o "de zorras", si queremos ser más literales), pero Davis llevaba tiempo buscando que cada nuevo trabajo suyo tuviese carácter propio, algo que decir en particular y que era mucho más que una simple publicación de temas grabados y seleccionados de manera arbitraria que venían a aumentar su repertorio. Hay una intención muy concreta sobre la mesa en el momento en que Miles Davis reúne a  todo un Olimpo de ases del jazz (incluyendo a nombres tan conocidos como Chick Corea, John McLaughlin, Wayne Shorter y Joe Zawinul), se los lleva a los estudios de Columbia en Nueva York y los pone a tocar en círculo. No les da instrucciones precisas sobre qué tocar, sino más bien sobre cómo tocarlo, y el jazz más puro, el improvisado, surge del momento. Prestan atención unos a otros, mantienen el tono que marca Davis -a modo de director de orquesta- y se dejan llevar. Parece que es posible incluso escuchar la voz de Miles en alguna de las grabaciones, dando instrucciones muy generales aquí y allá. 
 
El diseño de portada y contraportada es obra de Kati Klarwein.

En contra de lo que puede suponerse cuando hablamos del jazz en su vertiente más purista, hay un importante trabajo de edición y producción (Teo Macero, productor por ejemplo de Kind of Blue In a Silent Way) detrás de Bitches Brew: las piezas grabadas fueron ajustadas, los fragmentos seleccionados y hasta se añadieron algunos efectos de sonido para mejorar la atmósfera del álbum. Sólo una pieza quedó más o menos intacta, Miles Runs the Voodoo Down. Y lo que más destaca como innovación es el trabajo con los ritmos, que se sustentan en dos bajistas, varias baterías, pianos y percusiones sonando a la vez. Las melodías tienen también su importancia, aunque poseen un carácter a menudo no muy definido, desdibujado. No es en su mayor parte Bitches Brew uno de estas obras jazzísticas sostenidas en largos diálogos entre instrumentos solistas. Un buen ejemplo es la trompeta del propio Miles Davis en Pharaoh's Dance ("La danza del faraón"), que parece estar ahí más para acentuar ciertos matices de la atmósfera que para reclamar el protagonismo. Davis introduce toques de trompeta como lo haría un pintor que, dando un paso atrás ante el cuadro acabado, aporta pequeñas pinceladas de blanco para que brillen más las frutas del bodegón.
 
Se han publicado varias ediciones conmemorativas y con material inédito de las mismas sesiones de grabación.
 
Mucho más abstracta es la homónima Bitches Brew, de nuevo con Davis propinando "latigazos" de trompeta entre los arranques instrumentales de los demás, jugando durante toda la pieza a equilibrar las secuencias musicales con los silencios entre ellas. Con una base más rítmica inician el segundo disco Spanish Key y John McLaughlin (así se llama la pieza), la primera que no sé qué tiene de española aparte del uso del modo frigio o "frigio español", que a menudo se utiliza en el mundo anglosajón para evocar lo flamenco; y la segunda, con el guitarrista que le da título, mano a mano con el piano eléctrico Fender Rhodes de Chick Corea. Miles Runs the Voodoo Down tiene un "groove" hipnótico casi caribeño, no muy lejano en algunos matices a lo que comenzaba a ofrecer por aquel entonces el guitarrista Carlos Santana, sólo que más oscuro y menos melódico. Y el tema final, Sanctuary (pieza de Wayne Shorter ya esbozada en una sesión años antes), suena en cambio solemne y relajado, casi como un regreso a la tranquilidad después de los excesos del álbum en conjunto. Es prácticamente un regreso al álbum anterior de Davis, In a Silent Way.

 
Sanctuary (en vivo en 1969, antes de que se publicase Bitches Brew).
 
No me atrevería a recomendar una manera concreta de escuchar Bitches Brew. No es lo suficientemente ambiental como para tenerlo de fondo sin que resulte invasivo mientras hacemos otras tareas, y tampoco es lo bastante movido como para que resulte fácil una escucha atenta, de un tirón, de su hora y media larga de duración. Quizá lo mejor sea emplear unos auriculares de los grandes y sumergirse en cada pieza por separado la primera vez. Es un disco con muchas capas de sonido, con mucho que redescubrir en sucesivas escuchas, y muy bien construido que ayuda a introducirse en él. No es lo más accesible del mundo pero tampoco es una marcianada avant-garde sólo para expertos. En su momento fue un álbum muy vendido, pero se sabe que algunos fans de Miles Davis le dieron la espalda por estar alejándose de lo que esperaban de él. Su naturaleza textural lo hacen hoy en día, quizá, más interesante para aficionados al rock de vanguardia y a la psicodelia (ojo a los surrealistas diseños de portada y contraportada) que a los sibaritas del jazz, por mucho que sea considerado un hito histórico en su género.

miércoles, 12 de enero de 2022

Michael Giacchino and his Nouvelle Modernica Orchestra - TRAVELOGUE VOLUME 1


1. Exoplanet Data Archive (1:15)
2. Sidereal Day: 1 (6:23)
3. Sidereal Day: 2 (5:04)
4. Sidereal Day: 3 (3:29)
5. Sidereal Day: 6 (4:04)
6. Sidereal Day: 8 (5:37)
7. Sidereal Day: 15 (6:02)
8. Sidereal Day: 23 (5:41)
9. Sidereal Day: 35 (5:41)
10. Sidereal Day: 39 (5:54)
11. Remembrance (5:01)

Tan inesperado como sorprendente para mí ha sido el hallazgo de este álbum de 2020, que es obra de uno de los compositores de bandas sonoras más prolíficos y solicitados de los últimos años. Parece que Michael Giacchino (ganador del Oscar por Up y habitual tanto en las producciones de Disney-Pixar como en el universo Marvel) se animó a componer y grabar su propio álbum conceptual durante ese horrible 2020 en el que tanto tuvimos que recurrir a la belleza de las artes para sentirnos más o menos vivos. No es una banda sonora sino su primer álbum de estudio.

Michael Giacchino (2016 Getty Images, de la web Vulture)

Travelogue Volume 1 es un disco de música tanto orquestal como electrónica, en el que Giacchino nos cuenta la historia de una viajera estraterrestre/interdimensional procedente de un planeta en decadencia que viaja a la Tierra para encontrar un nuevo hogar. Aquí se encuentra con una situación (aunque no sé hasta qué punto hay una mención explícita a la pandemia en el álbum) que no es muy distinta a la de su planeta, más o menos con los mismos problemas sociales y ecológicos. Como en un episodio clásico de Star Trek, la viajera realiza pequeñas intervenciones a modo de cuaderno de bitácora durante su exploración de la Tierra, aunque más allá de eso el álbum es instrumental.

Imagen desplegada en el interior del doble vinilo.

Lo más interesante de Travelogue Volume 1 es el estilo que adopta Giacchino para esta peculiar trama de ciencia ficción: una especie de swing clásico de salón estilo años cincuenta, con un toque de lo que se conoce como "exotica", que viene a ser lo que en el mundo de las orquestas de décadas pasadas era imitar determinados ambientes étnicos de manera un tanto kitsch. Mediante determinados clichés melódicos y rítmicos que cualquier oyente podía identificar con facilidad, se trataba de imitar sonidos chinos, africanos, de Sudamérica, del mundo árabe, etc. No es que Giacchino se recree especialmente en ningún patrón étnico en concreto (aunque hay un toque a samba en Sidereal Day: 3), pero el saborcillo del conjunto del álbum viene a ser ese. Se reconoce a los músicos Martin Denny y Les Baxter, emblemáticos de la "exotica", como influencias directas para el disco que nos ocupa.

Un bello tráiler animado inspirado por el disco.

El caso es que los sutiles arreglos electrónicos, el exquisito piano, la ocasional voz lírica, las trabajadas percusiones y, en fin, la maravillosa facilidad del compositor para crear melodías bellas y optimistas evita que Travelogue Volume 1 sea un trabajo rancio o imitativo. Es un verdadero espectáculo de color e imaginación que, si bien no se puede decir que sea arriesgado (en realidad es tan accesible que incluso a un niño pequeño podría encantarle), sí que es algo francamente difícil de encontrar en el panorama actual. Difícil de vender, diría. Todas las pistas son hermosas y envolventes, por lo que no destacaré ninguna sobre las demás. Si acaso, por su belleza arrebatadora y para hacernos una idea de lo que vamos a encontrarnos, recomiendo escuchar al menos Sidereal Day: 1 y el epílogo Remembrance

Sidereal Day: 1

Remembrance

martes, 6 de octubre de 2020

Pat Metheny - FROM THIS PLACE


1. America Undefined (13:22)
2. Wide and Far (8:27)
3. You Are (6:14)
4. Same River (6:43)
5. Pathmaker (8:20)
6. The Past in Us (6:24)
7. Everything Explained (6:52)
8. From This Place (4:41)
9. Sixty-Six (9:39)
10. Love May Take Awhile (5:57)

From This Place (2020) es el último trabajo del norteamericano Pat Metheny, un músico del que sin duda debería haber más entradas en este blog a estas alturas, pero a quien a veces esquivo al no tener personalmente una cultura jazzística suficiente a la hora de comentar su música con propiedad. Tal vez mi problema no sea tal, si pensamos que seguramente el jazz, como cualquier otra forma artística, no debería ser un ente opaco solo accesible para entendidos... y sin embargo creo que a veces soy la clase de persona que no capta el sabor a frambuesa en una copa de vino, por mucho que lo diga la etiqueta.

Lo bueno que tiene Pat Metheny para quienes escuchamos música instrumental contemporánea es que sus álbumes son de estos que en las tiendas de discos (esos sitios en peligro de extinción) los dependientes no siempre saben muy bien dónde colocarlos y lo mismo te los encuentras en el apartado de jazz que en el de new age o en ese vórtice del caos conocido como "músicas del mundo". Siendo así, supongo que hay carta blanca para analizar un poco su música sin miedo a que un verdadero connoisseur se me eche encima.

Pat Metheny (de ABC)

Veo en la Wiki que el Pat Metheny Group como tal no publica un álbum desde 2015, desde 2005 si buscamos su último álbum de estudio, y parece que no hay unanimidad respecto a la calidad de los últimos trabajos publicados por el músico en solitario. Este álbum lo firma solo el guitarrista, si bien en él intervienen más artistas. Forman un cuarteto, para ser exactos: Metheny, el batería Antonio Sánchez, el pianista Gwilym Simcock y la contrabajista Linda May Han Oh. Interviene también la Hollywood Studio Symphony Orchestra dirigida por el compositor de bandas sonoras Joel McNeely, amén de algún otro músico con contribuciones esporádicas en los temas.

From This Place es un álbum muy accesible, con un sonido tan jazzístico como culturalmente diverso. El primer tema America Undefined es una pieza épica que se construye, tanto en su totalidad como a nivel de su sencillo fraseado melódico, como un gran crescendo. No se puede comenzar mejor un álbum si lo que se busca es captar la atención del oyente para que no se te escape. Después de escuchar todo el trabajo un par de veces, empiezo a pensar que el tornado de la portada viene a cuento con gran parte de los temas que, como en este primero, parecen ir acumulando tensión hasta llegar lentamente a zonas medias y finales mucho más "tormentosas" de lo que se prevé al inicio.

America Undefined

Sin perjuicio de este primer corte, es sobre todo a partir del segundo (Wide and Far) donde mejor vamos a apreciar el carácter multiétnico de los intérpretes, pudiendo encontrar aquí y allá bastantes matices latinos (¿y de bossa nova?), todo reunido en un todo tan coherente que parece salido de una sola sesión de trabajo. 

You Are es otro tema, como el inicial, que va construyéndose desde la sutileza absoluta hacia la grandeza sonora gracias a una melodía sencilla a la que van sumándose otros elementos. El río de Same River fluye suave y garbosamente, creo que sobre todo gracias al sensual contrabajo que le sirve de lecho. Pathmaker, por su parte, da lugar al lucimiento de la guitarra de Metheny y el piano, con permiso de una soberbia batería que protagoniza un fragmento estelar. En The Past in Us, de nuevo por destacar algo sobre una totalidad que es fabulosa, cabe señalar una hermosa armónica.

The Past in Us

Muy hispana es Everything Explained, con una guitarra y un piano que casi parecen estar cantando y percusiones entre el rock latino y el flamenco. Mucho más anglosajona es la dulce y solemne From This Place, cantada por Meshell Ndegeocello. Concluye el álbum con la más o menos introspectiva Sixty-Six y Love May Take Awhile, un tema muy sensual que por sus arreglos de cuerda parece salida de una película del Hollywood dorado. 

From This Place

Un álbum estupendo para escuchar con atención y disfrutar de los detalles. Bastante interesante para introducirse un poco en el género jazzístico, incluso si no se tiene un especial interés en ahondar mucho más.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Vince Guaraldi / Vince Guaraldi Trio - A CHARLIE BROWN CHRISTMAS


1. O Tannenbaum (5:08)
2. What Child Is This (2:25)
3. My Little Drum (3:12)
4. Linus and Lucy (3:06)
5. Christmas Time Is Here (Instrumental) (6:05)
6. Christmas Time Is Here (Vocal) (2:47)
7. Skating (2:27)
8. Hark the Herald Angels Sing (1:55)
9. Christmas Is Coming (3:25)
10. Für Elise (1:06)
11. The Christmas Song (3:17)
12. Greensleeves (5:25) [bonustrack en la edición en CD]

La cultura popular estadounidense es bastante peculiar, y la televisión tiene un lugar de honor en sus tradiciones y costumbres. Un clásico imprescindible de la Navidad yanqui es el especial que emitió la CBS en 1965 con los personajes de Charles M. Schultz como protagonistas. Lo han repuesto cientos de veces y se ha visto en otros países, España incluida, donde yo mismo pude verlo de niño. El programa cuenta una de esas historias tiernas que vienen a subrayar cuál es el verdadero significado de la Navidad, y parece que en este caso dieron en el clavo, porque A Charlie Brown Christmas sigue siendo un objeto de adoración absoluta para varias generaciones.

Portada posterior, en la que se especifica lo del "Trío".

Las historias de Carlitos (los llamados Peanuts, antes de que Snoopy se convirtiese en icono pop) eran peculiares, distantes de otros productos puramente infantiles, a veces con cierta carga filosófica, y el programa (el primero sobre estos personajes que se emitió en TV) acertó al adoptar una ambientación novedosa que incluía lo musical. Poco antes, el productor Lee Mendelson había concebido un documental para televisión sobre estos cómics de moda en la época, y contrató al pianista de jazz Vince Guaraldi para ambientarlo.

Linus and Lucy

Aunque el programa no llegó a emitirse, Guaraldi ya había compuesto algún material  (por ejemplo Linus and Lucy, la sintonía principal) que sería grabado como LP bajo el nombre de Jazz Impressions of "A Boy Called Charlie Brown" (1964) y posteriormente aprovechado -junto con una selección de versiones instrumentales de villancicos- para el especial de Navidad que nos ocupa. Lo que seguramente no preveía Guaraldi es que aquel modesto encargo daría origen a uno de los álbumes navideños de más éxito de todos los tiempos. Para hacernos una idea, la BSO de A Charlie Brown Christmas es el equivalente norteamericano de nuestro Raphael cantando El tamborilero.

Greensleeves

Bajo el nombre de Vince Guaraldi Trio, Guaraldi, el contrabajista Fred Marshall y el batería Jerry Granelli ofrecen un ramillete de temas clásicos navideños pasados por el tamiz elegante y sosegado del jazz, cálidos y con un carisma arrollador. Por ahí se cuelan la bellísima Greensleeves, que es una pieza renacentista no necesariamente navideña, y la Para Elisa de Beethoven. Intervienen aquí y allá otros músicos de sesión y un coro infantil, el de la Iglesia Episcopaliana de St. Paul, de San Rafael (California), que, según apunta la Wiki, celebró con helado abundante el final de la larga sesión de grabación. Cantan en Christmas Time Is Here y Hark the Herald Angels Sing.

Christmas Time Is Here (Vocal)

Guaraldi seguiría componiendo música para los especiales de Carlitos durante años, mientras A Charlie Brown Christmas vendía millones de copias e influía hondamente a jóvenes músicos que adoptaban, gracias a su sencillez al alcance de todos los públicos, el lenguaje a veces tan exclusivo del jazz. Un imprescindible que tenía que estar en nuestro blog, y más en fechas tan apropiadas. ¡Felices fiestas!

El especial completo, legal y en castellano.

martes, 5 de noviembre de 2013

Miles Davis - SKETCHES OF SPAIN


1. Concierto de Aranjuez (Adagio) (16:19)
2. Will o' the Wisp (3:47)
3. The Pan Piper (3:52)
4. Saeta (5:06)
5. Solea (12:15)

6. Song of Our Country (3:23)*
7. Concierto de Aranjuez (Alternate Take, Part 1) (12:04)*
8. Concierto de Aranjuez (Alternate Take, Part 2 Ending) (3:33)*

(*Temas añadidos en la edición de 1997)

Soy demasiado joven para poder hablar en primera persona sobre los años sesenta, y mi familia seguramente es más capaz de recordar las pequeñas cosas de cada día que alguna clase de "sentimiento" o "conciencia nacional" del que fuesen conscientes durante aquella época. Acudiendo a los hechos meramente históricos que pueden consultarse aquí y allá, llegaríamos a hacernos una idea, eso sí, de qué imagen proyectaba España en el resto del mundo. Ejemplo de barbarie fratricida y de ideales rotos a tiros, nuestra Guerra Civil se vivió en todas partes con amargura, y el encumbramiento de un régimen dictatorial fascista seguía dando la impresión, transcurridos muchos años desde el fin del conflicto, de que España seguía siendo un lugar triste y relativamente mísero. Aunque Franco y su gente se esforzaron en los sesenta por exportar una imagen positiva de nuestro país como destino turístico de sol y playa, la España de los toros y la paella, de las damas en mantilla y los tablaos flamencos, eran vistos como un pintoresco atavismo que nos mantenía pegados al cliché. Muchos extranjeros hacían como Hemingway o Ava Gardner, y venían a hincharse de fino, a jalear a los toreros en la playa, o a correr en los Sanfermines, en una reivindicación de lo primitivo.

Miles Davis

¿En qué pensaba alguien tan inquieto e innovador como el norteamericano Miles Davis cuando se lanzó a grabar Sketches of Spain? ¿Le movía la misma fascinación guiri propia de la llamada Generación Perdida? ¿Fue una operación de rescate de una cultura musical riquísima pero anquilosada? Yo apuesto por lo segundo, hasta el punto de que podemos proclamar a Sketches of Spain ("Bocetos de España", 1960) como un álbum decisivo en la historia de la música fusión, de la world music a un nivel absolutamente pretérito pero brillante, e incluso como un paso de gigante hacia la música entendida como aventura, como creatividad sonora pura, que con el tiempo desembocaría en una liberación total de los esquemas tradicionales del pop (¡que todavía no había nacido!), hacia muchos de los géneros de los que hablamos en este blog.

No se quedó el trompetista en la pura floritura jazzística a base de ponerse la peineta y el traje de luces, sino que logró recrear a su manera piezas tan emblemáticas de la música española como el mismísimo Concierto de Aranjuez, dotándolas de un contrapunto canalla, como de oscuro club de jazz. Codo con codo con Davis trabajó, en la dirección de la orquesta y los arreglos, el músico Gil Evans, quien aseguraba que Sketches of Spain iba a consistir únicamente en una versión jazz de la obra de Joaquín Rodrigo, que evolucionó hacia un álbum sobre la música española en cuanto ambos artistas decidieron documentarse para iniciar la grabación. Lo cierto es que, a efectos prácticos, el adagio del Concierto de Aranjuez siguió siendo el núcleo principal del álbum, ocupando casi por completo la cara A, y llevándose unos minutos más cuando el disco se reeditó en 1997 en forma de bonustracks. El Aranjuez de este álbum puede entenderse como todo un reto para un músico de jazz, ya que es precisamente la fuerza arrebatadora de su melodía lo que la hace una pieza tan popular, y Davis se las ingenia para que su tendencia lógica a la improvisación se quede en el mínimo necesario. Un éxito que funciona tanto para crédito del músico como para ampliar los horizontes de la genial obra del maestro Rodrigo.

Contraportada de la edición en CD.

Miles Davis y su amplio abanico de colaboradores crean atmósferas muy densas y envolventes, cercanas a veces a lo que hoy conocemos como ambient, logrando aquí y allá maravillas tan curiosas como esa Saeta que el trompetista se marca, desde un balcón imaginario, mientras un inconfundible paso de Semana Santa -con tambores y todo- pasa justo delante de nuestros oídos. Otras melodías bien reconocibles son un fragmento de El amor brujo, de Manuel de Falla, que suena en el tema Will o' the Wisp; y un tema gallego tradicional, Alborada de Vigo, en el corte titulado The Pan Piper.

The Pan Piper.

Con la llegada a la democracia a nuestro país, muchos de los rancios emblemas patrios de la dictadura quedaron más o menos proscritos, relegados a momentos muy señalados de exaltación folclórica (fiestas patronales y similares), y mucho de lo que en aquel lejano 1960 era indiscutible, hoy despierta recelos entre los jóvenes y los que, indudablemente con razón, quieren que España sea identificada con ideas más modernas y aperturistas que todo aquel mundo de lutos y tarantos. Sketches of Spain sobrevivirá a cualquier donoso escrutinio que se realice a este respecto, precisamente porque Davis, Evans y su fabulosa orquesta no se agarraron a lo cañí, sino a músicas muy nuestras de las que podemos sentirnos orgullosos, carentes de carga ideológica y, sobre todo, impermeables a aquella pátina de minoría de edad mental que el régimen quiso extender sobre nuestra identidad colectiva. En Spotify.

Concierto de Aranjuez (Adagio).

martes, 9 de octubre de 2012

Nightnoise - SOMETHING OF TIME


1. Timewind (3:47)
2. Perchance to Dream (4:56)
3. The Erebus and the Terror (4:34)
4. On the Deep (4:05)
5. Hourglass (6:05)
6. Shadows on a Dance Floor (3:53)
7. Wiggy Wiggy (A State of Being) (4:22)
8. Tundra Summer (4:49)
9. Aprés-Midi (3:54)
10. Something of Time (3:04)
11. Toys Not Ties (An Adult's Lament) (3:59)
12. I Still Remember (3:45)
13. One for the Lad (For Tich Richardson R.I.P.) (4:12) 

Cuando me encuentro por ahí el calificativo anglosajón "easy listening", siempre tengo la impresión de que se utiliza de forma despectiva. Decir de una obra musical que es "de fácil escucha", así, genéricamente, parece que la estamos reduciendo a la ambientación de la consulta del dentista. Puestos a meter el dedo en la yaga, también está eso de "muzak", que prácticamente niega la categoría de música a lo instrumental y más o menos ambiental.

Que no se enfade nadie; efectivamente, lo que hacen los Nightnoise no tiene nada que ver con la música de los ascensores del Corte Inglés. Lo que ocurre es que, tras haber escuchado tranquilamente este álbum Something of Time (publicado por el sello especializado Windham Hill en 1987), no se me ocurre otra explicación mejor para sus virtudes que la de ser un trabajo "de fácil escucha", en el mejor sentido de la expresión.

Nightnoise (de radioscreamer.com).

Nightnoise es en esencia una formación de música celta de origen irlandés que ha expandido su sonido sutilmente hacia el jazz y la new age. Su fundador, el multiinstrumentista Mícheál Ó Dhomhnaill, fue quien se dedicó a explorar nuevas facetas en el folk de sus inicios que lo acercase un poco más al ámbito pop (en un sentido amplio), para lo que fue reclutando aquí y allá un buen elenco de músicos polifacéticos. Destacar entre ellos a Billy Oskay, que toca también varios instrumentos, clásicos sobre todo, y se encarga de las labores "gordas" del estudio en esta grabación. En Something of Time también intervienen Tríona Ní Dhomhnaill y Brian Dunning, siendo este el primer álbum de Nightnoise en su formación clásica como cuarteto. La verdad es que todos hacen un poco de todo en este álbum, como virtuosos que son.

Timewinds, en vivo en Sevilla.

El sonido céltico es evidentemente el tronco de este árbol, aunque también se desprende un notable aire jazzístico gracias a su atmósfera nebulosa y algunos fragmentos juguetones, como si fuesen -o porque son- improvisados. Eso sí, el toque new age también es indiscutible, sobre todo porque el uso de instrumentos electrónicos dota el conjunto de un carácter planeador, horizontal. Precisamente por la placidez de la música contenida en Something of Time me ha resultado muy difícil realizar la descripción tema a tema que suelo ofrecer; todos los temas son igual de hermosos, tranquilos y musicalmente muy ricos. No sobra ninguno, y se escucha todo el disco de un tirón. Se me ocurre que puede ser el álbum perfecto para disfrutar de una tarde en casa mientras llueve en la calle, como quien escucha música de cámara sofisticada y elegante a más no poder.

Aunque por mi edad debo decir que no viví intensamente aquellos años en lo musical, sé perfectamente que Nightnoise fue uno de los grupos con mayor aceptación popular en España en plena explosión de las llamadas Nuevas Músicas. Programas de radio míticos como Diálogos 3 contaron con sus grabaciones a menudo, y los fans patrios son multitud. Es música "fácil de escuchar" porque es estupenda. En Spotify.

martes, 11 de septiembre de 2012

Penguin Cafe Orchestra - WHEN IN ROME...


1. Air a Danser (5:17)
2. Yodel 1 (4:46)
3. Cutting Branches for a Temporary Shelter (2:27)
4. From the Colonies (3:30)
5. Souther Jukebox Music (4:53)
6. Numbers 1 to 4 (7:44)
7. Telephone and Rubber Band (4:05)
8. Air (4:00)
9. Beanfields (4:28)
10. Paul's Dance (2:19)
11. Oscar Tango (3:20)
12. Music for a Found Harmonium (3:18)
13. Isle of View (Music for Helicopter Pilots) (4:39)
14. Prelude and Yodel (3:56)
15. Dirt (5:27)
16. Giles Farnaby's Dream (4:13)

"Si estuvieses en Roma, vive a la manera romana; si estás en alguna otra parte, vive como lo hagan allí."
Cita atribuida a San Ambrosio

No suelo comentar álbumes recopilatorios en el blog, y éste prácticamente lo es, pese a tratarse de un álbum en directo en sentido estricto. Pero es de la Penguin Cafe Orchestra, y a ellos se les puede permitir todo. When in Rome... (1988) contiene el primer concierto de la banda de Simon Jeffes que fue grabado oficialmente para un álbum. La actuación tuvo lugar en julio de 1987, un año después del álbum Signs of Life y, por lo tanto, estando los pingüinos en el mejor momento de su trayectoria y con la mayor parte de su repertorio convertido ya en imprescindible dentro de la música de nuestro tiempo.

Es cierto que When in Rome... no aporta temas nuevos a la fabulosa obra instrumental de Jeffes y los suyos, pero no podemos ignorar que su música sencilla y divertida parece haber nacido para su interpretación en directo, dada su frescura y espontaneidad. De hecho, si exceptuamos el primer trabajo que publicaron, Music from the Penguin Cafe (que contaba con el apoyo de Brian Eno y algunas de sus atmósferas etéreas de los setenta), no parece en ningún momento que estos álbumes hayan pasado demasiado tiempo en manos de un productor musical, o en un complicado laboratorio sonoro; más bien se diría que la troupe de Jeffes tocaba en el estudio y los LPs se editaban tal cual, in situ, como si de conciertos clásicos al uso se tratase. El caso es que, en esencia, siempre fueron precisamente eso: piezas de música clásica minimalista y levemente experimental, orientada en todo caso hacia el folk por su incursión de instrumentos y ritmos exóticos... de ninguna parte.

La banda en 1987 (de last.fm).

El álbum que nos atañe, grabado en el Royal Festival Hall de Londres, abunda en piezas maravillosas de los discos previos del Café, sonando todas ellas tan perfectas como en los álbumes, pero con la magia especial que supone el contar con un público entusiasta y con la fogosidad especial del escenario. De entre las piezas escogidas resulta muy difícil destacar unas sobre otras, de modo que me limitaré a enumerar mis favoritas: la inicial Air a Danser, Telephone and Rubber Band (que no estaba en el vinilo), Beanfields y Dirt (que tampoco estaba).

Portada de la versión en CD, con los títulos algo más grandes. La pintura es de Emily Young.

¿Imprescindible? Yo diría que no, sobre todo porque, como ya hemos mencionado, el álbum ni incluye temas inéditos ni suena especialmente distinto de como habría sonado un recopilatorio normal... y sin embargo, son multitud de webs de referencia las que mencionan When in Rome... como ejemplo de la música de la Penguin Cafe Orchestra. Quizá sea un buen modo de iniciarse en el peculiar sonido de la banda británica, aunque también existen antologías bastante efectivas. En cualquier caso, y divagaciones aparte, la discografía de esta formación descomunal -la original, la de Jeffes padre- es tan tristemente breve que no podemos pasar por alto ninguna de las obras que nos dejaron. Los seguidores de la banda lo tienen en casa sin lugar a dudas, y en lugar preferente, así que, como quiso decir San Ambrosio, adonde fueres haz lo que vieres. Por cierto, recomiendo la versión en CD frente a la original en vinilo, ya que incluye nada menos que cuatro temas más. Está en Spotify.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Robert Fripp - RADIOPHONICS. 1995 SOUNDSCAPES VOLUME I. LIVE IN ARGENTINA


1. Radiophonics 1 (11:11)
2. Radiophonics 2 (14:47)
3. Buenos Aires Suite
a) Atmosphere (11:56)
b) Elegy (For Mothers and Children) (5:48)
c) Streets (5:34)
d) Sky (7:49)

Hace algún tiempo comenté otro volumen de la serie Soundscapes de Robert Fripp. Creo que lo hice un poco a la ligera, y aunque pienso retomar aquella entrada y profundizar un poco, ahora toca hablar del que lleva el subtítulo de "volumen 1" de la serie: Radiophonics (1996). Quizá lo primero de todo sea definir un poco eso de "soundscapes", a fin de entender a qué nos enfrentamos.

El término "soundscapes" es un derivado de "landscape" ("paisaje", en inglés), y "sound" ("sonido"). En fin, que se refiere a una obra musical que en esencia es un paisaje sonoro. Parece que no es Robert Fripp el inventor del término, ya que esta especie de música horizontal, planeadora, incorpórea y atmosférica existe desde hace bastante tiempo, y lo de soundscape surgió en algún momento en que algún experto buscaba una definición. Fripp contribuyó sobre todo a establecer el soundscape prácticamente como un género con identidad propia, un estilo musical emparentado con otros muchos, pero de algún modo acuñado por él.

Robert Fripp en una fotografía reciente (http://www.jazzmusicarchives.com/robert-fripp.aspx).

Lo que hace distintos los paisajes sonoros de Robert Fripp frente a los creados por otros músicos de renombre es su carácter puro -no sirve como fondo a otro desarrollo musical- y su inmediatez -los trabajos de esta serie están grabados en directo y son producto de la improvisación. Podríamos calificarlos simplemente como ambient, aunque pienso que van un poco más allá y son bastante menos amables. Y la cosa es que podemos verlos de dos maneras, como creaciones musicales opacas e indescifrables, o como obras artísticas tan sencillas en sus planteamientos que ni siquiera el oyente más superficial es capaz de disfrutar su simplicidad. Parece que la cosa va más sobre impresiones personales que captamos como pinturas abstractas en colores intensos (véase la portada) que sobre sesudos experimentos tecnológicos.

Fripp utiliza como base de sus capas sonoras grabaciones magnetofónicas modificadas, junto con sintetizadores. Gran parte de la dificultad de acercarse al sonido resultante radica en que en muchos momentos no parece ser más que "white noise", o sea, ruido de estática, o lo que escuchamos cuando ponemos la radio y no hay nada sintonizado. ¿Vendrá de ahí el título? Parece que la primera parte de este Radiophonics sería descendiente directo del disco previo 1999, también grabado en Argentina, mientras que el resto de temas fluctúa entre la luz más brillante y la más inquietante oscuridad, describiendo de un modo muy abstracto las sensaciones que el país latinoamericano producen al compositor. Hay fragmentos francamente agradables, pero también hay crudas asperezas.

Aun así, y pese a que todo esto pueda explicarse mediante reseñas de expertos o declaraciones del músico, durante toda la escucha de Radiophonics permanecemos navegando entre la fascinación y la incomprensión de un trabajo que se recrea en las ambiciones artísticas del fundador de King Crimson, sin saber si debemos buscar algo complicado y oculto en esta música tan extraña como quien lucha por ver bizqueando una de esas láminas en 3D, o si es sencillamente un catalizador de estados de ánimo que funciona a brochazos gordos. Mejor que cada cual lo escuche y opine. Concluimos con Sky.

sábado, 10 de marzo de 2012

Bo Hansson - SAGAN OM RINGEN / MUSIC INSPIRED BY LORD OF THE RINGS


1. Leaving Shire (3:28)*
2. The Old Forest & Tom Bombadil (3:43)
3. Fog on the Barrow-Downs (2:29)
4. The Black Riders & Flight to the Ford (4:07)
5. At the House of Elrond & The Ring Goes South (4:40)
6. A Journey in the Dark (1:10)
7. Lothlórien (4:01)
8. Shadowfax (0:51)
9. The Horns of Rohan & The Battle of the Pelennor Fields (3:57)
10. Dreams in the House of Healing (1:56)
11. Homeward Bound & The Scouring of the Shire (2:54)
12. The Grey Havens (4:57)

*He optado por incluir los títulos en la edición inglesa del álbum. Los originales en sueco... bufff.

Hoy traigo una delicatessen, una pequeña joya que, aunque importante en su momento y en su lugar, no parece haber llegado en demasiado buena forma a nuestros días, y menos aun entre el público hispanohablante, que al final es el que más acude a este blog. Se trata de Sagan om ringen (1970), obra del sueco Bo Hansson cuyo título no nos sugiere demasiado hasta que lo traducimos al castellano como El Señor de los Anillos. Hace bastante tiempo dedicamos una entrada a enumerar las diversas composiciones que la música clásica y popular han dedicado a la obra del ilustre autor británico J. R. R. Tolkien -que no son pocas-, y me salté sin querer este álbum que aquí presentamos, del que por aquel entonces ni siquiera tenía noticia. Grave error, pero ahora podemos arreglarlo.

Bo Hansson

Sagan om ringen es el primer disco de Bo Hansson, un músico de Gotemburgo que tocó varios palos dentro de la música popular, en el blues y en el jazz sobre todo, ganándose un importante prestigio como intérprete del órgano Hammond que le llevó a trabajar incluso con Jimi Hendrix. Junto al batería Jan Karlsson formó el dúo de predecible nombre Hansson & Karlsson, artífice de tres álbumes de éxito. Cuando Karlsson perdió interés por seguir en la música, Hansson se decidió a continuar en solitario. Y aquí comienza la romántica búsqueda del músico avant-garde.

Hansson descubrió la novela de Tolkien gracias a su novia, y parece que se le encendió una bombillita en la cabeza. Se metió en el piso de un amigo a experimentar con su órgano -qué mal ha sonado eso-, causando incluso su desalojo del edificio a consecuencia del ruido que atormentaba a los vecinos. De allí se "mudó" a una isla cercana a Estocolmo, a una cabaña, donde se le unieron Rune Carlsson (batería) y Anders Lind (ingeniero). Juntos los tres, poseídos por una creatividad arrolladora y deseosos de ir puliendo la obra en una línea muy artesanal, lograron dar cuerpo al extraño y fascinante álbum que estamos comentando.

Portada de la primera edición británica del disco. 
Se añadió la coletilla de "Música inspirada en" por el asunto de los derechos.

Hoy en día, El Señor de los Anillos es un clásico literario bien conocido por los lectores de todo el mundo, en parte gracias a su indudable calidad literaria y su imaginación sin límites; en parte gracias al fenómeno que se vivió gracias al estreno de las películas hace ya diez años. Pero a finales de los años sesenta, si bien ya había quedado bien establecido su estatus como best-seller desde su publicación entre 1955 y 1956, el libro del viejo profesor era sobre todo una lectura de culto. Los universitarios norteamericanos, en plena oleada hippy y flower power, hacían pintadas con la frase "Frodo vive", fumaban su hierba mágica descalzos como los hobbits de la Comarca y, en general, contribuían a crear alrededor del extenso relato tolkiano todo un movimiento contracultural cuya influencia sigue tan viva hoy como entonces. 

Hay que tener en cuenta que, pese a que hoy El Señor de los Anillos es sinónimo de aventura, fantasía desbordante y grandiosidad épica, entonces se le atribuía cierta aura esotérica, oscurantista incluso, debido al carácter macabro y grotesco con el que las fuerzas del mal están representadas en la novela. Hoy estamos más habituados a estas cosas, y por eso creo que esa interesante visión se ha perdido casi del todo con el paso del tiempo. El disco de Bo Hansson, sin embargo, mantiene vivo este misterio en la forma en que se aproxima a la obra capital tolkiana. Basta con decir que se trata de un álbum de rock progresivo instrumental con altas dosis jazzísticas, quizá lejanamente parecido a lo que harían en fechas cercanas los artistas de la escena de Canterbury en el Reino Unido. Para muchos expertos, el que se tratase de un trabajo instrumental creado prácticamente del todo por un único compositor e intérprete lo convierte en una obra no menos seminal que el mucho más célebre Tubular Bells de Mike Oldfield, la gran revolución internacional de la música popular instrumental que tendría lugar tres años después. No sé si es para tanto, pero admito que es una propuesta interesante.

Edición de 1977 con una portada algo más actualizada y reconocible por los seguidores del libro.

Como comentaba, la aproximación que ofrece Hansson al viaje de Frodo para destruir el Anillo Único de Sauron es tenebrista y extrañamente atrayente por sus connotaciones casi terroríficas. Suenan incluso instrumentos tan poco afines a la fantasía medievalista como el saxofón, el sintetizador Moog, la guitarra eléctrica o la conga, pero la música forma un todo tan perfectamente coherente, tan compacto, que nada chirría. Cierto que el sonido del órgano Hammond y el Moog hoy resultan un pelín arcaicos, pero al final te das cuenta de que un libro tan atemporal como El Señor de los Anillos resiste y hasta se ve enriquecido por esta visión musical a la vez ingenua y muy sobria. El disco abarca la obra literaria al completo, y muchos de los temas llevan directamente el título del capítulo que describen musicalmente, casi como si se tratase de una banda sonora de cine. Al parecer, se consideró incluso la posibilidad de incluir extractos cantados del libro sobre las piezas musicales (pensemos quizá en algo así como La guerra de los mundos en versión de Jeff Wayne), aunque la editorial poseedora de los derechos literarios, Allen & Unwin, se pronunció en contra de esta idea. Lo cierto es que el profesor Tolkien, que aún vivía en 1970, nunca llegó a asimilar del todo bien el desmesurado alcance sociocultural que llegó a tener su obra épica.

Una página del libreto de la edición en CD.

Escuchar Sagan om ringen como es debido requiere concentración y paciencia. Una vez seamos capaces de abrir nuestra mente, disfrutaremos plenamente de su sonoridad inspiradísima, de sus fascinantes poderes de evocación de dos mundos al mismo tiempo: el de la Tierra Media, en su expresión más pura y carente de las dulcificaciones actuales; y el del incipiente rock progresivo, una puerta que se abría a un mundo de imaginación y libertad creativa que, como la era de la magia en las obras de Tolkien, brillaría con fuerza pero no duraría para siempre. Desgraciadamente, en Spotify solamente cuentan con un par de temas sueltos (entre ellos el más conocido, The Black Riders), así que os invito a buscar el disco online o a haceros con él en formato físico. Para concluir, cuelgo tres temas del álbum reunidos en el siguiente enlace a YouTube:

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Soft Machine - THIRD


1. Facelift (18:45)
2. Slightly All the Time (18:12)
3. Moon in June (19:08)
4. Out-Bloody-Rageous (19:10)

No podía dejar de hablar en algún momento de Soft Machine (o The Soft Machine, "máquina suave"), el grupo más representativo de la llamada escena de Canterbury, que vivió sus años de auge entre finales de los sesenta y principios de los dorados setenta. En la ciudad inglesa de Kent y sus alrededores se creó todo un movimiento musical que reunía influencias como el jazz y el primer rock progresivo de las islas y algo de psicodelia -no tanta como en Londres- y que fue la cuna artística de gente como Dave Stewart, Karl Jenkins, Kevin Ayers, Mike Ratledge o Steve Hillage. En mayor o menor medida, grandes grupos del rock sinfónico-progresivo de los setenta como Genesis o Pink Floyd poseen cualidades sin las que los avances de estilo y técnica de Canterbury difícilmente habrían sido posibles.

Third (1970) es el disco que más me gusta de Soft Machine. Se trata de un doble LP con una larga pieza musical en cada cara de ambos discos. Suena bastante improvisado, quizá solo en apariencia, aunque las composiciones poseen una untuosidad muy especial, con un toque liberal e independiente de etiquetas que poco tiene que ver con lo que toda la vida hemos entendido como jazz. No obstante, está oficialmente admitida la influencia directa de los trabajos que el gran Miles Davis andaba publicando en aquella época.

Fotografía de la carpeta doble del LP.

Es más bien un batiburrillo de ideas bastante originales y frescas que parecen haber sido ensambladas mediante una técnica feroz de collage, a base de tramos grabados en vivo, otros grabados en distintos estudios que los dotan de distintas acústicas (que se notan perfectamente), piezas con letra y largas secciones instrumentales y, en general, de un efecto corta-pega muy artesanal que añade carisma a esta obra vanguardista. Es como si los músicos y su ingeniero de sonido fuesen en todo momento conscientes de lo agradable que resulta en el oyente esta imperfección que añade un plus por su cercanía. No parece que se haya hecho el menor esfuerzo por eliminar ciertos ruidos y el zumbido de fondo de algunos fragmentos. Third se presenta ante nuestros oídos como una obra enorme en sus ambiciones, extensísima en su ejecución, intrincada... pero indudablemente cálida.

Pese a que por Soft Machine ha pasado mucha gente, este disco cuenta con los siguientes miembros titulares: Robert Wyatt a la batería, Mike Ratledge a los teclados, Elton Dean con el saxo y Hugh Hopper al bajo. Colabora esporádicamente Jimmy Hastings tocando varios instrumentos de viento, y también algún otro que no pasa del simple cameo testimonial.

Despliegue de portada y contraportada.

Habiendo descrito el contenido musical del álbum a groso modo, creo que no voy a explicar el contenido de cada tema por separado, entre otras cosas porque, al margen de que los cuatro cortes tienen nombres propios, la separación de estos podría responder simplemente a la necesidad de coger el disco de vinilo y darle la vuelta. Tan solo Slightly All the Time parece tener una estructura definida, con melodías que se retoman aquí y allá. De hecho, el corte está divivido en tres sub-secciones llamadas Noisette, Backwards y Noisette Reprise.

Ni siquiera sé por qué me gustó este disco cuando lo escuché por primera vez, ya que hasta hoy soy incapaz de dar un paso atrás para ver el mosaico completo y comprenderlo del todo. Se ha quedado fijado en mi mente a otro nivel no del todo definible, como algo misterioso y atractivo que he dejado ahí pendiente para el día en que de verdad sienta el jazz y sepa apreciarlo como merece. Suena bien incluso si no se le está prestando atención, como música de fondo. Lo bueno es que, cuando te centras en su escucha, resulta ser todavía mejor. Otro para la lista de recomendaciones del blog. Puede escucharse entero y de una  tacada en YouTube, pero prefiero recomendar otras formas de audición.

viernes, 10 de junio de 2011

Pat Metheny Group - IMAGINARY DAY


1. Imaginary Day (10:11)
2. Follow Me (5:56)
3. Into the Dream (2:27)
4. A Story Within the Story (8:01)
5. The Heat of the Day (9:44)
6. Across the Sky (5:13)
7. The Roots of Coincidence (7:48)
8. Too Soon Tomorrow (5:45)
9. The Awakening (9:28)

Hace muchos años, cuando oí hablar por primera vez de Pat Metheny, pensé que era un músico de new age. Había algún tema suyo en recopilatorios del género bastante respetables, y la verdad es que los temas que escuché no me inclinaron a pensar otra cosa. Después supe que no solamente era un músico de jazz, sino que es uno de los máximos exponentes de su generación. Uno de los grandes. Nunca terminaron de encajarme algunos de los álbumes que escuché, quizá porque mi mente de aficionado a la música clásica necesita algo más "programático", más predecible, que esa endemoniada monserga improvisada que es el buen jazz. Con discos como Imaginary Day (1997), uno de los que gozan de mayor estima popular en la discografía de este músico, me retracto.

Pat Metheny (de Ferchw, en Photobucket).

Incluso me han dado ganas de retractarme respecto a eso de que Pat Metheny es un músico de jazz, porque esto va un par de pasos más allá del género culto norteamericano. Imaginary Day conjura, bajo la apariencia muy superficial de su estructura jazzística y sus percusiones atenuadas una serie de potentes influencias de eso que se llama world music ("música del mundo"), que lo convierten en algo culturalmente rico, florido en matices, abierto a la aceptación de cualquier oyente con un mínimo de buen gusto. El gamelán indonesio, un toque de Oriente Medio (¿levemente aflamencado quizá?) y buenas dosis célticas dan cuerpo a uno de esos discos que, antes que reflejar con amargura esa "globalización" que tan mal nos suena hoy en día, parece gritar "¡modernidad!" por los cuatro costados.

The Pat Metheny Group está formado por Metheny y sus guitarras, la famosa Picasso entre ellas; los teclados de Lyle Mays; los bajos de Steve Rodby (qué mal ha sonado eso); percusiones variadas a cargo de Don Alias, Mino Cinelu, Dave Samuels y Glen Velez; la batería de Paul Wertico; y las voces, además de alguna otra cosilla más, de David Blamires y Mark Ledford. No soy un profundo conocedor de la trayectoria de la formación, pero creo que solamente Metheny, Mays, Rodby y Wertico son fijos. Los dos primeros son, además, autores de todos los temas de este trabajo.

Trasera del CD.

El primer tema, Imaginary Day, comienza casi como una película de chinos de esas de serie B de los setenta, con el sonido del gamelán aportando un toque oriental más o menos indefinido. Mientras no se impone el ritmo de la batería y el predominio de bajo y guitarra, casi suena a obertura de algún álbum de clásica contemporánea. Follow Me es un corte más en la línea habitual de Metheny y los suyos, aunque bastante más popero y comercial -menos jazz- de lo general. Maravillosamente bien suenan los múltiples punteos al inicio de Into the Dream, un tema cristalino con nuevos detalles balineses que podría ser la pieza más ambiental del disco. A Story Within the Story regresa al jazz más canalla y clásico con su ritmo sinuoso y sus metales. The Heat of the Day, es una pieza bastante espectacular que suena supuestamente arábica, aunque -corríjame alguien si me equivoco- le encuentro, como decía antes, un fuerte sabor... digamos andalusí. Across the Sky supone la pausa necesaria tras el nervio de la pista anterior, con una bonita melodía relajante y el diálogo a cuatro bandas de la guitarra, el bajo, la batería y el piano. The Roots of Coincidence es bastante tecnológico en sus bases, con una guitarra cortante y espíritu rockero. Too Soon Tomorrow está concebido como otra pausa laxa en la que jugar con las cuerdas del mástil a capricho. Y cuando comienza el tema final, el largo The Awakening, nos vemos en una verde colina irlandesa, casi en una película épica por algunos arreglos como de banda sonora de cine que hay en la segunda mitad del corte. Al final suenan las gaitas.

La edición en dvd incluye una palabra en clave más: "live".

La verdad es que Imaginary Day es un álbum que puede verse desde dos ópticas: la positiva, que es muy variado, y que todos los temas son joyas en sí mismos y no sobra ni un minuto; y la negativa, que quizá le falte algo de coherencia temática y divague un poco estilísticamente en más de un momento. Por mi parte, creo que son su calidad aplastante y su aperturismo los que lo definen, convirtiéndolo en el perfecto álbum -¡por fin lo he encontrado!- para iniciar a los escépticos en el mundillo del jazz actual. Aunque también puedo estar radicalmente equivocado... En Spotify.

martes, 29 de marzo de 2011

Al Di Meola / John McLaughlin / Paco de Lucía - FRIDAY NIGHT IN SAN FRANCISCO


1. Mediterranean Sundance / Rio Ancho (11:31)
2. Short Tales of the Black Forest (8:41)
3. Frevo Rasgado (7:55)
4. Fantasia Suite (8:50)
5. Guardian Angel (4:00)

El 5 de diciembre de 1980 se produjo una colisión de astros en el teatro Warfield de San Francisco, California. Para alegría de todos nosotros/as, y de las muchas webs que han comentado el suceso -muchísimas webs, insisto-, aquello fue grabado en formato de audio para que las generaciones futuras pudiesen ser testigos de lo que allí ocurrió. Al Di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucía, que vienen a ser algo así como los dioses olímpicos del mundo de la guitarra, ofrecieron un recital que sirvió de forma más o menos específica para que los dos primeros dieran "la alternativa" al tercero en el ámbito internacional. Si no fuese una expresión cutre y sexista, podríamos llamarlo también "puesta de largo" de Paco de Lucía. Tengo que decir que no he realizado una investigación exhaustiva sobre qué obras para guitarra destacan por su éxito en la historia de la música popular, pero prácticamente me es imposible imaginar otra proeza comparable a esta.

Friday Night in San Francisco es la obra de guitarra definitiva, una exhibición de técnica tan fantástica que deja con la boca abierta de principio a fin. El conjunto de la obra destila sabor flamenco, eso sí, dejando claro que su alma surge del maestro Paco, y a ella se adaptan como dos tersos guantes tanto el jazz fusión con matices étnicos de Di Meola como la experiencia y versatilidad de McLaughlin. El maestro instrumental del flamenco es arropado por los otros dos genios, produciéndose una inigualable sensación de entendimiento, de complementación sonora con sus respectivos instrumentos, que parece cosa de telepatía.

John McLaughlin, Paco de Lucía y Al Di Meola. En este orden.

Pero andémonos con mucho ojo, porque Friday Night in San Francisco no siempre ha recibido críticas tan entusiastas como está siendo hasta ahora la mía. Hay muchos que acusan a los tres músicos implicados el ir más allá de lo razonable en sus alardes técnicos, llegando a un punto en el que el público puede dejar de comprender este diálogo de guitarras que llega a volverse árido en sus punteos improvisados, sus réplicas, su afán por sentar cátedra. La música de los cinco temas que componen el álbum, es verdad, parecen seguir cierto orden en lo que a ritmo y desarrollo melódico se refiere hasta que los intérpretes deciden saltárselo todo y ponerse a jugar su peculiar juego, con resultados que, si bien en todo momento nos dejan boquiabiertos, pueden alcanzar ciertas cotas de complejidad en las que nos parce habernos quedado solos ante un grupo de personas que hablan otro idioma y nos sentimos ignorados, ninguneados casi. Curioso que esta sensación de aislamiento se haya producido precisamente en un álbum en directo.

Rio Ancho, en uno de los conciertos benéficos de Pavarotti.

El primer tema, Mediterranean Sundance / Rio Ancho es el más flamenco de los cinco además del más accesible. Todo un clásico del repertorio del guitarrista de Algeciras que abre el álbum con un estilo que promete, tal vez, algo más sencillo y directo en adelante. Short Tales of the Black Forest ("Cuentos cortos del bosque negro") es el único tema en cuya composición no está acreditado Paco de Lucía. Di Meola y McLaughlin lo han interpretado a dúo en muchas más ocasiones, sorprendiendo por la rareza de su estructura y las filigranas que hay que hacer con los dedos para que no se quede una sola nota en el tintero. Frevo Rasgado recupera el sabor flamenco del primer tema, aunque más tortuoso y desestructurado, con fragmentos en los que de Lucía y McLaughlin llegan a pulsar todas las cuerdas de la guitarra a lo largo del mástil y en todas las posiciones posibles del diapasón en cortísimos intervalos de tiempo. Fantasia Suite suena mucho más contemporáneo, casi rockero por momentos, acercándose a los sonidos jazzísticos y de fusión de Di Meola y McLaughlin pese a la omnipresencia de Paco de Lucía. Tampoco es un tema como para tararear. Por último, la breve Guardian Angel cierra el álbum con una composición gratamente accesible y colorista, adecuada tras los virtuosismos imposibles de la parte central del disco.

Fantasia Suite, en directo y en fechas cercanas al concierto grabado en el álbum.

Lo dicho, Friday Night in San Francisco es un disco difícil de analizar en sus pormenores pero que se puede escuchar casi sin pensar, sin demasiado esfuerzo y como obra ambiental, porque al fin y al cabo los paisajes musicales que crea son cálidos y agradables pese a lo resquebrajado de las composiciones. Sabor español.
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