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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Deep Forest - BOHEME

 

1. Anasthasia (1:48)
2. Bohemian Ballet (5:15)
3. Marta's Song (4:13)
4. Gathering (4:38)
5. Lament (3:09)
6. Bulgarian Melody (3:08)
7. Deep Folk Song (1:15)
8. Freedom Cry (3:17)
9. Twosome (4:06)
10. Cafe Europa (4:17)
11. Catharina (2:52)
12. Bohème (4:36)

Aunque no tenga excusa, he descubierto el segundo y más exitoso álbum de Deep Forest hace muy poco tiempo. Se titula Boheme, es de 1995 y es el trabajo de más éxito del dúo formado por Michel Sanchez y Eric Mouquet. El título hace referencia a un extenso territorio situado en la República Checa, seguramente porque es allí donde los de Deep Forest viajaron -musicalmente hablando- en este gran logro de su "música étnica electrónica". Les dieron el Grammy de aquel año en la categoría correspondiente.

Eric Mouquet y Michel Sanchez.

Generalmente, hablar de música étnica es sinónimo de irse a África, Sudamérica, Oriente Medio o el sureste asiático; se nos olvida que las manifestaciones culturales propias de los pueblos del mundo están en todas partes, por ejemplo en el este de Europa. Entre el amasijo étnico de aquella zona (limítrofe desde siempre entre varias civilizaciones) pueden rastrearse diversas formas de canto e interpretación instrumental, y muchos ejemplos de ello han sido grabados por estudiosos para su conservación como patrimonio cultural. Al igual que sucedió en el álbum debut de Deep Forest, aquí tiran de sampleados para confeccionar sus estimulantes temas electrónicos casi bailables, pero esta vez dotándolos de una frescura todavía mayor que la primera vez.

Otra vez podríamos estar hablando del carácter invasivo, colonialista incluso, de la música occidental; y sin embargo, el resultado que obtienen Sanchez y Mouquet en Boheme es tan colorista, tan hermoso, que no podemos pensar que la etnia gitana romaní, la más ampliamente representada en el álbum, pueda sentirse estafada. Se les mezcla con loops de todo tipo, ritmos potentes y arreglos sintéticos, sin faltar sus brevísimas y omnipresentes vocecitas africanas insertadas como guiños... y sin embargo en ningún momento quedan ocultas las almas de las canciones originales. 

Márta Sebéstyen

El tema más conocido de Boheme es sin duda Marta's Song, titulado así porque actúa en él como vocalista la húngara Márta Sebestyén, presente también en Bulgarian Melody y Twosome. Su voz cristalina y dotada para la floritura melódica funciona muy bien en todos ellos y, de paso, ayuda a consolidar la coherencia interna del álbum. Se trata con todo merecimiento del tema más conocido de Deep Forest junto a Sweet Lullaby, y todo el mundo lo ha escuchado alguna vez, seguramente mediante algún anuncio de televisión (¿perfume?). 

Trasera del CD.

No obstante, el resto de temas proceden de vocalistas no profesionales de todo tipo. Realmente suenan como personas normales (ancianos casi todos, me atrevo a decir) que estuviesen recitando viejas tonadillas alrededor del fuego, acompañadas por algunos instrumentos originales como el bonito acordeón de Deep Folk Song. Pero tampoco es que necesiten los Deep Forest recurrir siempre a las fuentes étnicas, ya que son capaces de crear maravillas sonoras de primera mano como la primera parte de Bulgarian Melody, justo antes de esa parte tan auténtica, delicada y hermosa con la que concluye; o la melodía de sintetizador de Bohème, el fantástico tema final del álbum.

Este exquisito trabajo es desde ya uno de los imprescindibles del blog. Para alegría nuestra, también está en Spotify. A continuación, el vídeo de Marta's Song y el tema Freedom Cry, también bastante popular.

domingo, 26 de junio de 2011

Aphex Twin - SELECTED AMBIENT WORKS 85-92


1. Xtal (4:51)
2. Tha (9:01)
3. Pulsewidth (3:47)
4. Ageispolis (5:21)
5. i (1:13)
6. Green Calx (6:02)
7. Heliosphan (4:51)
8. We Are the Music Makers (7:42)
9. Schottkey 7th Path (5:07)
10. Ptolemy (7:12)
11. Hedphelym (6:02)
12. Delphium (5:36)
13. Actium (7:35)

Autodidacta y explorador de la tecnología musical, el irlandés Richard David James es conocido como uno de los más importantes músicos electrónicos de nuestro tiempo bajo el seudónimo de Aphex Twin. Hay quienes ponen sus trabajos, como este primer álbum Selected Ambient Works 85-92 (1992), a la altura de clásicos como Ambient 1: Music for Airports. Desde luego, veremos cómo este señor es, tanto para bien como para mal, responsable en gran parte de lo que sería la electrónica de las siguientes décadas.

Richard David James , o Aphex Twin.

Selected Ambient Works 85-92 fue el tercer lanzamiento de Aphex Twin, el primero de larga duración de su discografía. James ya había publicado algún EP de éxito con anterioridad, partiendo de su faceta como disc-jockey más o menos profesional, aunque no sé si ya manejaba la misma forma de trabajo de su primer álbum: la utilización de sampleados que se van repitiendo por encima de, o paralelamente a, un ritmo potente y bien definido. Seguramente James quiso comenzar a construir sobre los cimientos de lo realizado por los autores de las "biblias del sampleado", entre las que se encuentran My Life in the Bush of Ghosts, Zoolook o Who's Afraid of? The Art of Noise, aunque yendo un paso más allá. El sonido de Aphex Twin se caracterizó a partir de entonces por utilizar los samples de una manera mucho más prosaica, menos integrada en la composición, que en las obras antes citadas. Por ejemplo, en este álbum hay fragmentos de audio tomados de las películas Un mundo de fantasía (Willy Wonka and the Chocolate Factory) y Robocop. Su ambient no es tan límpido como el de Brian Eno, en cuanto a que le abrió las puertas de la actual música electrónica de baile más de lo que amplió sus posibilidades intrínsecas. Y sin embargo, hay grandes cualidades ambientales en temas como Schottkey 7th Path o i, que despliegan sus propios paisajes electrónicos más allá de sus ritmos estáticos. Es obvio que la utilización de los ritmos y los bajos, pese a apuntar maneras (escúchese el tema Hedphelym), es sutil y elegante. No me extraña que también se cite a Aphex Twin al hablar de los orígenes del chill out propiamente dicho.

Vídeo de Ageispolis.

Este primer trabajo de Aphex Twin tiene el mérito de ser un disco pionero. Pese a que que a menudo se perpetran monstruosidades sonoras en la música de baile de nuestros días, Aphex Twin entendía su trabajo de pinchadiscos como una interesante derivación de sus estudios universitarios de ingeniería. Muchos de los cortes de Selected Ambient Works 85-92 (también conocido como SAW 1, ya que tiene secuelas) demuestran de forma notoria su carácter casero, ya que el álbum fue grabado en formato cassette, en plan casero, como si Richard D. James llegase cada día a casa desde la facultad y aplicase a sus composiciones, en alguna clase de estudio improvisado, lo aprendido en las clases.

Contraportada del CD.

Hemos hablado en varias ocasiones de la diferencia que existe entre los términos en inglés electronic music y electronica, refiriéndose el primero a lo que a partir de los setenta hacían gente como Tangerine Dream y similares, y el segundo a la música de baile producida "electrónicamente" tal y como se la conoce desde mediados de los noventa. La figura de Aphex Twin puede ser perfectamente la máxima -que no única- responsable de la escisión, de la separación ya definitiva y eterna de ambos estilos; responsable del hecho de que el mago del sintetizador de antaño se convirtiese con el tiempo en un DJ de club, más un reciclador que un creador. Aphex Twin partió de una cosa y llegó a la otra, no sabemos si adrede o por casualidad, y precisamente por su originalidad, no tanto por lo que su monstruo de Frankenstein ha terminado siendo, merece nuestra admiración. En Spotify.

viernes, 22 de abril de 2011

Robert Miles - DREAMLAND


1. Children (Dream Version) (7:05)
2. Fable (Message Version) (6:23)
3. Fantasya (5:44)
4. Landscape (6:02)
5. In my Dreams (6:15)
6. One and One (4:00)
7. Princess of Light (6:21)
8. Fable (Dream Version) (7:13)
9. In the Dawn (8:00)
10. Children (Original Version) (6:20)
11. Red Zone (6:57)

Como lo que da cuerpo a este blog es la niebla que divide las fronteras entre los géneros musicales, nos toca hablar de Dreamland (1996), disco fundamental en lo que fue la evolución de la música electrónica en los noventa y cuyas ambiciones "ecuménicas" son, como poco, reseñables.

Dreamland es el primer álbum del músico italiano Roberto Concina. Concina, nacido en Suiza, desarrolló su técnica al piano desde la infancia, y cuando fue entrando en la edad adulta se inclinó por la escena electrónica, la de los clubes y los DJs de la música de baile que se hacían fuertes en Europa a finales de los ochenta. Bajo el seudónimo de Robert Miles, más internacional, Concina dio el salto a la fama en el '94 con el tema Children. Se trata de una pieza con ritmo y producción electrónica y de baile que, sin embargo, posee un alma dulce encarnada en una sencilla melodía de piano. Personalmente, puedo recordar que en aquellos años andábamos fritos en España con todo el revuelo de la "ruta del bakalao" y la tramolla pachanguera que acompañaba aquel florecimiento de lo machacón y cutre en las discotecas de moda, donde nombres como el de Chimo Bayo eran ídolos de la juventud mientras en las listas de ventas triunfaban colecciones techno-dance de bajísima calidad como la titulada Máquina total. Además, todo aquello parecía no tener fin e ir cada vez en una dirección peor, hacia el ridículo más absoluto. Children, cuyo planteamiento rítmico esencial era parecido, no fue la solución; pero admito que fue refrescante.

Portada alternativa de alguna de las muchas ediciones del CD.

Robert Miles era asociado en los medios por un género que seguramente acababa de surgir de sus propias manos, el "dream". El dream viene a ser una mezcla de música trance con techno y algo de ambient, todo fusionado de forma más bien gruesa (que no grosera) para recrear una atmósfera delicada, propia de lo que un Tony Manero de entonces habría llamado "new age" a su medida. Es evidente que a los jovenzuelos que entonces consumían pastillas mientras cantaban lo de "vente de vareta con la tía Enriqueta" no iban a pasar jamás de los jamases por el aro de la verdadera música new age de los sellos especializados, con lo que Miles dio en el clavo a la hora de proveer a toda aquella masa pueril de una alternativa algo más dulce y relajada a lo que escuchaban normalmente. También es de suponer que Children hizo su agosto en estas salas llamadas entonces chill-out con las que contaban algunas discotecas importantes, y en las que la gente aprovechaba para descansar un poco, entablar conversaciones con los ligues recientes o tomar una copa sentaditos en enormes cojines y pufs.

Vídeo oficial de Children.

Vídeo oficial de Fable.

Vídeo oficial de One and One.

Children vendió 30.000 copias en dos semanas y sería posteriormente reconocido como el single de más éxito en todo el mundo de 1996, además de proveer a su autor con montones de discos de oro y platino, y premios varios. La compañía BMG no tardó en meter prisas a Robert Miles para que publicase un álbum completo. Se trató de Dreamland, título que hacía honor al género recién implantado, y que puede entenderse como un único tema electrónico con escasas variaciones que, a su vez, contaban con títulos propios. Miles no arriesgó mucho con el álbum, aunque consiguió un trabajo efectivo y otro single de éxito titulado Fable, que era prácticamente igual que Children pero con otra melodía.

Portada de uno de los singles que recogieron el tema Children.

Además, buscando el éxito en Estados Unidos, se añadió un tema vocal a la lista de temas oficial de la versión europea del CD. Se tituló One and One (también escrito One & One), y salvo por el hecho de que su estilo -tanto en lo vocal como en lo instrumental- fue copiado diez mil veces en los peores antros poligoneros del mundo, podría ser la mejor composición de Dreamland. Es hermosa y equilibrada, llena de luminosidad y colorido que deben tanto a la calidad de ciertos pasajes instrumentales como a la voz dulce de Maria Nayler. Y repito, One and One ha sido tan imitada y con resultados tan espeluznantes que jamás sonará otra vez como sonó entonces. One and One se incluyó también en Dreamland - The Winter Edition, editado en Alemania para sacar mayores réditos al pelotazo de Miles, y engrosando de paso la enorme cantidad de ediciones con portadas y tracklists distintas que ya llevaba encima aquel trabajo.

La edición "invernal" de Dreamland, con el libreto desplegado.

No tengo noticia de que Robert Miles haya vuelto a tener una relevancia internacional tan grande como la de entonces en todo el mundo, aunque ha publicado más álbumes y su nombre sigue vivo en el mundillo de los remixes. ¿Y qué pasó con el subgénero dream? Pues supongo que el propio Concina lo creó y lo destruyó. Rompió el molde, ya que casi todo lo que se ha hecho después ha sonado exactamente igual, y normalmente bastante peor. No es de extrañar que dentro de esa tierra estéril que es la música de baile pura y dura la ocurrencia etérea de Miles no arraigara ni desprendiese semillas al viento. El inmovilismo de unos patrones rítmicos que permanecen inalterados desde hace décadas, el empleo nada imaginativo de sampleados cortados por un mismo patrón y, sobre todo, su concepción desde el principio como una "música para fines específicos" hacen aun hoy en día que, pese a que existen artistas y grupos que luchan loablemente por ofrecer alternativas, la música de baile siga siendo un erial para quienes preferimos disfrutar de la música como arte. No diré si Dreamland es un disco que recomiendo mucho o poco; solamente diré que, puestos en los noventa a mezclar la electrónica con algo más "espiritual", mejor lo hizo Robert Miles que alguna de las múltiples imitaciones de Enigma. En Spotify.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Enigma - MCMXC a.D.



Seré sincero: a este disco le tengo manía. Tal vez sea porque le encuentro mucho material de relleno, o quizá porque Enigma (que no es un grupo ni un solista, sino un proyecto musical) ha realizado posteriormente obras infinitamente mejores. Pero el caso es que este disco, el primero de una lista de siete hasta hoy, es seguramente la obra más popular e influyente que se editó en todo el campo de las nuevas músicas en los '90. Ha sonado en la radio, en la televisión, en campañas publicitarias, en varias películas, en desfiles de moda y no sé si hasta en bandas de fiestas patronales.

Portadas de dos de los singles.

El productor alemán Michael Cretu (quien hasta que le pillaron dos álbumes después, se ocultó tras el seudónimo Curly MC) se encuentra detrás de este exitosísimo intento de unir dos ideas bastante enfrentadas: la religión y el erotismo. La forma de hacerlo es la clave del éxito de MCMXC a.D. (1990), además de una fórmula que se ha explotado hasta el vómito: mezclar ritmos electrónicos sensuales con cantos gregorianos. No voy a pronunciarme sobre qué me parece el teórico sacrilegio del alemán, sobre todo a sabiendas de que ambos mundos, el de lo sacro y el de lo extremadamente profano, no poseen siempre unos límites lo bastante definidos como para verlo todo blanco o negro. Y este no es un blog sobre teología.

Vídeo oficial de Sadeness.

Cretu se había labrado un nombre como productor musical de éxito, trabajando con y para grupos como Boney M, Mike Oldfield (en el álbum Islands produce el tema Time Has Come) y sobre todo Sandra, que se convertiría en su esposa y junto a la que grabó el exitazo internacional (I'll Never Be) Maria Magdalena, un pequeño clásico de los ochenta europeos. Sandra encontraría su propio espacio en toda la saga de álbumes que Cretu lanzaría al mercado bajo el título de Enigma, con una amplia variedad de artistas.

Michael Cretu

Para que la cosa funcione de verdad en lo erótico-festivo, Cretu añade voces femeninas hablando en francés. Oh, la la. Y que no falten las referencias bíblicas para recordarnos el componente religioso, que lo hay. El caso es que el single Sadeness, titulado así en una mezcla de "sadness"-tristeza y un guiño al Marqués de Sade, suena realmente bien. Lo demás no es que esté mal, es que es un conjunto de temas más o menos cool que funcionan muy bien a la hora de empaquetar a Sadeness y ofrecer al oyente una experiencia más extensa. Y que no se me enfaden los fans de Enigma, pero por mucho que este sea el disco favorito de muchos de ellos, a mi me parece que está bastante sobrevalorado. Siempre podemos aplaudir, eso sí, el día en que a Cretu (que se hizo un megachalet en Mallorca de forma totalmente ilegal y por eso se lo han demolido) se le encendió la bombillita de sacar el gregoriano a la palestra. Se trataba de una forma musical muy interesante que llevaba siglos confinada entre los muros de cientos de monasterios, y merecía una oportunidad. No estuvo mal, pero esa mina no dará más oro.

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