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martes, 27 de mayo de 2025

Max Richter - IN A LANDSCAPE

 CD 1
 
1. They Will Shade Us with Their Wings (8:33)
2. Life Study I (0:46)
3. A Colour Field (Holocene) (2:25)
4. Life Study II (1:24)
5. And Some Will Fall (8:04)
6. Life Study III (1:04)
7. The Poetry of Earth (Geophony) (3:58)
8. Life Study IV (0:31)
9. Only Silent Words (2:16)
10. Life Study V (0:30)
11. Late and Soon (7:10)
12. Life Study VI (0:41)
13. Andante (2:33)
14. Life Study VII (1:01)
15. A Time Mirror (Biophony) (3:58)
16. Life Study VIII (0:42)
17. Love Song (After JE) (5:39)
18. Life Study IX (0:52)
19. Movement, Before All Flowers (4:17)
 
CD 2
 
1. And Some Will Fall (edit) (4:11)
2. The Poetry of Earth (Geophony) (edit) (3:39)
3. Late and Soon (edit) (3:19)
4.  Love Song (After JE) (edit) (4:41)
5.  Movement, Before All Flowers (edit) (3:39)

Entre el ramillete de compositores más o menos clásicos de corte minimalista que están de actualidad, uno de los más destacados es el británico de origen alemán Max Richter, sobre todo porque ha compuesto (y prestado) varias composiciones para películas que han tenido cierta repercusión. Su lista de colaboraciones con todo tipo de artistas es abultada, aunque destacamos su participación como pianista en varios trabajos de The Future Sound of London, de quienes comentamos un álbum hace años. In a Landscape (2024) es el último disco publicado por Max Richter en solitario hasta ahora.

Según él mismo explica, In a Landscape ("En un paisaje", título idéntico al de una obra de John Cage) recupera las ideas que ya había explorado en su anterior The Blue Notebooks (2004) sobre la conexión entre lo grandilocuente y lo íntimo, lo universal y lo personal, lo artificial y lo orgánico, etc. Richter formó parte de la banda de pianistas Piano Circus, en la que solían interpretar piezas de Philip Glass, Steve Reich y Brian Eno, entre otros, por lo que conoce bien el ámbito del minimalismo.
 
Max Richter en una imagen promocional.
(de la web de Deutsche Grammophon)
 
Esas piezas lentas in crescendo a base de cuerdas, melancolía desatada, me parecen muy similares entre sí. Siendo seguidor de Philip Glass, a quien un recién llegado juzgará sin duda alguna como repetitivo, entiendo que debería conocer más la obra de Richter para tener una visión más amplia de sus capacidades como compositor. Por el momento, In a Landscape no es una obra que me haya sorprendido demasiado, si bien me ha parecido bella y agradable.
 
In a Landscape se inicia con They Will Shade Us with Their Wings ("Nos darán sombra con sus alas"), una pieza que comienza con unas notas ominosas y que después se va construyendo con sutiles pinceladas de violín. Life Study I consiste en una grabación a lo música concreta de alguien caminando. A Colour Field (Holocene) es un poco más cálida, con un piano meditabundo al que se suma otro teclado. Life Study tiene como base y casi único sonido un canto de pájaros, algún sonido callejero/doméstico y una única nota repetitiva que apenas se hace notar hasta casi el final. And Some Will Fall ("Y algunos caerán") es un tema con regusto neorromántico con una melodía sencilla en bucle sobre la que se desarrolla otra, todo a base de cuerdas muy delicadas.

And Some Will Fall

El tercer Life Study parece recoger muy a lo lejos la voz de alguien por megafonía, amén de las de un grupo de personas un poco después, con una casi imperceptible capa de sonido electrónico. Quizá intente recrear el sonido de una estación de tren o similar. The Poetry of Earth (Geophony) mezcla teclado y cuerdas en otra pieza cálida y elegante. Lo que hay en Life Study IV debe ser alguna clase de ruido de maquinaria modificado electrónicamente hasta hacerlo inidentificable. Hay un importante cambio de espíritu en Only Silent Words, que parece una pieza propia de un álbum de William Orbit, envolvente pero sin un fin muy claro. Suena un piano lejano en Life Study V, como si nos llegase el sonido desde la ventana de otra casa. Y suena a pura tristeza Late and Soon. Absténganse depresivos.

Late and Soon
 
En Life Study VI hay una voz femenina, más pisadas, algún transporte a tres manzanas de distancia y más cosas de las que te obligan a subir el volumen para descubrir los detalles. No era Late and Soon la alegría de la huerta ni lo es el Andante del siguiente corte, esta vez con el piano solista como único instrumento. Más ruidos de pasos y melodías de dudosa procedencia en Life Study VII y nos vamos a A Time Mirror (Biophony), que se construye mediante el diálogo entre instrumentos de viento. Más sonidos fantasmagóricos en Life Study VIII y llegamos a una de las piezas más accesibles del álbum, Love Song (After JE), con una melodía bastante más compleja de lo escuchado hasta ahora. Terminamos con la inevitable Life Study IX, con más pasos y notas electrónicas en la distancia, y Movement, Before All Flowers, otra bonita y luminosa pieza que en algún momento recuerda a los momentos más íntimos de la Penguin Cafe Orchestra. El segundo CD presenta versiones editadas de algunos temas del primer disco.

Before All Flowers
 
En general, el minimalismo clásico anglosajón de finales del siglo XX tiene un punto de épica que siempre me ha atraído. Al estar construidas sus composiciones más prototípicas a base de notas muy simples y en bucle, son los pequeños cambios en la textura de las piezas los que logran el efectismo, el "prestigio" que diría un mago. Son temas impetuosos como las moles de hormigón de la arquitectura brutalista, a veces receptáculos de rabia como los cuadros impresionistas abstractos, y como al final resulta que la música es la más directa de las artes, la que menos artificio necesita para entrar directamente a nuestra mente/espíritu, no hay que estar entrenado para ser sensible a sus poderes. 
 
La música de Max Richter aquí contenida posee esa característica primaria de lo contemporáneo, del saber transmitir emociones con apenas dos pinceladas, que hace grandes a los consagrados del género. Pero se percibe que la fórmula de Richter puede hacerse monótona y que muchos movimientos de este In a Landscape daban para más. No sé si por no aumentar la duración de los mismos o por no romper la autoimposición de mantener una ambientación etérea, parece que más de una buena idea se queda en tierra de nadie. No tiene la expresividad de Glass ni el poder telúrico de Reich, ni el nervio de Nyman ni el preciosismo melódico de Mertens, pero tiene voz propia y puede que vaya a más con el tiempo. 
 
O sigo siendo yo quien debe seguir profundizando. Es muy posible.
 
La contraportada también es minimalista.
 
En In a Landscape, Max Richter toca el piano, el órgano Hammond y varias percusiones electrónicas, amén de programar el sintetizador. Otros músicos incorporan a las piezas saxofones tenor y barítono, violonchelo, viola y clarinete bajo. Es el primer álbum que ha grabado en su nuevo estudio Richter Mahr de Oxfordshire, que lleva su apellido y el de su esposa Yulia.
 
Al parecer, In a Landscape ha servido como punto de partida para una primera gira mundial de Richter, que -si no me equivoco- está teniendo lugar en estos momentos. 

martes, 22 de octubre de 2024

Mychael Danna & Jeff Danna - A CELTIC TALE: THE LEGEND OF DEIRDRE


1. The Prophecy (3:45)
2. The Child Deirdre (4:00)
3. Sons of Uisnach (3:45)
4. Under High Branches (3:09)
5. Loch Etive (3:17)
6. The Vision (5:14)
7. South by Sail (3:03)
8. Defeat of the Red Branch (3:29)
9. The Druid (5:38)
10. The Drowning Plains (4:32)
11. Lament (3:10)
12. Two Trees (3:18)

A Celtic Tale: The Legend of Deirdre (1996) fue compuesto por dos artistas que hoy en día son mucho más conocidos por su labor en las bandas sonoras de cine que por su aportación a la música instrumental contemporánea: los hermanos Mychael Danna y Jeff Danna, el primero de los cuales incluso ganó un Oscar por la BSO de La vida de Pi (2012). No sé si será por los prejuicios que suelen acompañar al género new age (recalco: en sentido amplio), pero es muy difícil encontrar algún apunte biográfico sobre los Danna que mencionen este trabajo. Y no es una simple rareza, ya que se trata de un álbum bastante conocido entre los aficionados a la música instrumental contemporánea.

Jeff Danna (abajo) y Mychael Danna (arriba).

A Celtic Tale es un álbum conceptual, más o menos de corte neoclásico pero con abundante uso de instrumentación celta, sobre la leyenda trágica de Deirdre. Al parecer, esta bellísima mujer era objeto de una profecía según la cual traería la ruina al rey de Irlanda, por lo que éste decidió casarse con ella para tener su destino bajo control. Pero Deirdre se enamoró de un cazador al que vio en el bosque, y huyó con él y con sus hermanos a Escocia para convivir a espaldas del rey. Bajo una falsa promesa de hospitalidad y reconciliación, Deirdre y sus protectores regresan a Irlanda unos años después, con resultados que no revelaré por no destripar el final. La edición española del CD incluía todo el texto de la leyenda estupendamente traducido en el libreto, cosa muy de agradecer. 

The Prophecy

El planteamiento del disco viene a ser como el de una banda sonora para una película, predominando un sonido más o menos sinfónico creado parcialmente con sintetizadores que se adereza aquí y allá con instrumentos tradicionales como el arpa, la flauta irlandesa, la gaita, el violín... Como en una BSO al uso, se desarrollan unas pocas melodías con distintos arreglos a lo largo de todo el álbum. Claro está, no habría tenido sentido que se incluyesen piezas incidentales, sino que los cortes buscan ilustrar musicalmente distintas escenas de la leyenda sin pretender contar la historia de manera pormenorizada mediante recursos musicales. Es un trabajo centrado más en la evocación que en la narrativa pura. 

The Druid 

Llama la atención, como se señaló en el acertado análisis realizado al álbum en el blog Solsticio de invierno, el que Mychael y Jeff Danna no tengan raíces irlandesas, sino que sean canadienses de herencia italiana. Un giro cultural así se explica fácilmente si recordamos que, a mediados de los años noventa, la música celta vivió un momento de esplendor comercial enorme, superando por momentos el tirón de la escena pop-rock más convencional. Y todo el mundo se subió al carro. Se lanzaron decenas de recopilatorios (por ejemplo, los navideños-celtas de Windham Hill o el anunciado en TV Celtic Heartbeat), aparecieron grupos y solistas a montones (recordemos a The Corrs, por ejemplo) y artistas de la "periferia" céltica sacaban a pasear su herencia (Voyager, de Mike Oldfield). Por no hablar de la segunda juventud de bandas como The Chieftains, Clannad, Capercaillie, Nightnoise o los franceses Gwendal, y la gran oportunidad de solistas como nuestro Carlos Núñez. Se supone que el gran tirón celta lo proporcionó el éxito del espectáculo de música y baile Riverdance, de sobra conocido, aunque el propio auge de la new age que llevaba una década en ascenso (pensemos en las discografías de Enya y Loreena McKennitt, que poseen elementos celtas explícitos) y películas como Braveheart debieron hacer su parte del trabajo. Dos italocanadienses contando una leyenda irlandesa con flautas y gaitas no fue demasiado raro. 

Contraportada del CD en su versión narrada.

No se puede decir que A Celtic Tale tenga el nervio de esas piezas de baile celta con taconeo que tanto se pusieron de moda en los escenarios, ya que se trata de una obra bastante introspectiva. La primera mitad del álbum sí que tiene un espíritu folk más o menos lúdico, pero la segunda mitad (cuando la leyenda de Deirdre se pone trágica) se vuelve más solemne. Llama especialmente la atención el tema The Druid, bastante atmosférico. No hay que olvidar que esta obra fue publicada por el sello de música ambiental y contemplativa Hearts of Space, cuya ramificación celta adoptó el simpático nombre de Hearts O'Space. Es un álbum para el que, además, se eligió una muy acertada pintura de Dante Gabriel Rosetti como portada, con ese toque lánguido y un tanto decadentista.

A pesar del bombardeo de música celta de entonces y el poco espacio que quedaba para que cada buen trabajo sacara la cabeza por encima del montón, A Celtic Tale tuvo el éxito suficiente como para dar lugar a una secuela, A Celtic Romance: The Legend of Liadain and Curithir (1998), de la que también hablaremos más adelante. Y también existe una versión narrada en inglés de A Celtic Tale con el fuerte acento escocés de la locutora de radio Fiona Ritchie, del que he intregrado el anterior enlace a The Druid.

martes, 23 de abril de 2024

Rodrigo Leão & Vox Ensemble - AVE MUNDI LUMINAR


1. Ave Mundi (4:29)
2. Movimento (5:31)
3. A Espera (4:45)
4. Carpe Diem (3:28)
5. Amatorius (1:45)
6. Vitorial (5:52)
7. In Excelsis (4:18)
8. Espiral II (2:20)
9. A Espera (Versão) (2:00)
10. Ruas (3:31)
11. O Medo (3:15)
12. Final (2:34)
13. Humanitá (1:00)

Durante la primera mitad de los años noventa, quien no se subió al carro -difuso, polivalente- de la new age, fue porque no quiso. No era solo el dinero, era la explosión de popularidad de un género que durante la década anterior había sido más bien "de nicho" y ahora era capaz de sacar la cabeza por encima de cualquier otro estilo musical mainstream. Y lo cierto es que, más que música new age propiamente dicha, espiritual y beatífica, lo que se hizo en aquellos años fue más bien el resultado de los adelantos técnicos de la producción musical. Desde ritmos étnicos a mil experimentos con canto gregoriano, pasando por viejas glorias que volvían a dar la campanada y divas neopaganas envueltas en vestidos sedosos. No se podía haber dicho a ciencia cierta, tiempo atrás, que los portugueses Madredeus se dirigían hacia estos universos. Quizá nunca llegaron a abrazar la new age. Pero con la new age ocurre como cuando dices que no te interesa la política y unos y otros lo toman como señal inequívoca de que en realidad perteneces a ese partido que no les gusta. Si una obra musical se parece a la new age aunque sólo sea un poco, ya es oficialmente new age.

El caso es que el cofundador de Madredeus, Pedro Ayres Magalhães, mantenía la formación dentro de los límites del folk y el fado de estilo libre al dar prioridad a la voz de Teresa Salgueiro y a su propia guitarra, mientras que el teclista Rodrigo Leão, según se deduce, sí que quería explorar otras posibilidades. En la pausa discográfica que siguió al exitoso álbum Existir (1990), Leão comenzó una carrera en solitario que lo llevaría a estar fuera de Madredeus un par de años después, si bien siguió a bordo en O Espírito da Paz (1994) y Ainda (1995). Ave Mundi Luminar, publicado en 1993, es claramente el desahogo que Leão necesitaba.

Rodrigo Leão (imagen de su página web).

Ave Mundi Luminar ("Salve, luminaria del mundo") es uno de esos discos que no pueden faltar en cualquier colección de nuevas músicas en sentido amplio. El Vox Ensemble, la banda de cámara que constituyó Rodrigo Leão, contó en aquella primera aventura con los violines de Maria do Mar y Margarida Araújo, las voces de NairNuno Guerreiro, la flauta de Antonio Pinheiro da Silva, el violonchelo de Francisco Ribeiro y el oboe de Nuno Rodrigues. Parece que casi todos los demás componentes de Madredeus aparecen también brevemente, Teresa Salgueiro incluida. A pesar de lo profundo que promete ser el sonido de un ensemble así, debo decir que Ave Mundi Luminar me decepciona un poco.

Ave Mundi

Obviamente, Leão es intérprete de sintetizadores y reclama su protagonistmo como líder, pero siento que la atmósfera devora de manera notable lo orgánico de los demás instrumentos. Si se estaba buscando un sonido más cercano al minimalismo "culto pero accesible" de gente como Wim Mertens, Michael Nyman o Philip Glass (escúchese In Excelsis, tema aquí contenido que tiene un poco/un mucho de ambos), quizá queriendo parecerse un poco al Kronos Quartet, las decisiones tomadas seguramente mantuvieron el proyecto en un estante de la tienda de discos distinto del que les habría gustado.

Carpe Diem

En mi humilde opinión, lo malo no es la combinación de lo electrónico y lo acústico, evidentemente, sino el hecho de que los sintes casi siempre quieren sonar como instrumentos tradicionales y esto se nota demasiado. ¿Para qué contar con violinistas en el Vox Ensemble si luego ponemos al sintetizador a imitar el sonido de violines, como en Movimento, Vitorial o Espiral II? Se percibe que Leão lucha por suplir con sus teclados la ausencia de más instrumentos, quizá toda una orquesta que complemente al conjunto de cámara, pero el sonido de sus teclados no suena lo suficientemente orgánico para integrarse al cien por cien. A lo largo de todo el álbum hay un trabajo de composición muy notable, pero opacado por un producto final demasiado artificial, me temo. Y son precisamente los temas con más protagonismo de los instrumentos acústicos (A Espera, Final) los que mejor me suenan.

Espiral II, en una versión muy acústica.

Llego a la conclusión de que el problema de base, si admitimos que lo hay, lo tienen los más de treinta años que han pasado desde que se publicó Ave Mundi Luminar, que sitúan el álbum muy en su época. Hay cantos eclesiásticos (Carpe Diem), ritmos exóticos (Ave Mundi, otra vez Carpe Diem), teclados solistas muy dulces sobre fondo plácido (Amatorius) y otras tantas cosas que nos remiten a mediados de los años noventa. Seguro que en su momento este álbum sonó a gloria a quienes buscaban algo más maduro que el hit de moda de Enigma o el single radiable de Enya, pero creo que a día de hoy le resulta difícil escapar del que fue un contexto muy característico. No obstante, tampoco nos engañemos, porque incluso con este visible lastre, el álbum sigue sonando bien y proporcionando una experiencia musical más que satisfactoria. 

A quienes no la conozcan, les invito a buscar una reedición con portada distinta y algunos cambios en la lista de temas, publicada en 1995 por Sony Masterworks.

Portada de la versión de 1995.

martes, 16 de abril de 2024

Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 14: "LA SERENISSIMA"


"Imagina un futuro distante en el que la humanidad puede haber abandonado una de las más bellas ciudades del mundo: Venecia. 
    La música clásica italiana -pero con algunas diferencias- ha permanecido como único recordatorio de la magia y el romance de su antiguo esplendor.
    Lo que podría sucederle a Venecia es la historia de Rondò Veneziano."
(Texto de la contraportada del single en vinilo de La Serenissima)

Esto va a hacer "clic" en muchos cerebros. Hablamos del conjunto italiano Rondò Veneziano, uno de esos grupos pintorescos de los años ochenta que hoy nos parecen un poquillo kitsch pero que en su momento consiguieron una repercusión notoria en los medios. 

La Serenissima, portada del álbum de 1981.

Se trata de un conjunto neoclásico de cámara que busca recrear una música de estilo barroco, a la que se añade un ritmo pop y sutiles arreglos de sintetizador que la hacen más comercial y accesible. La mayor parte de los componentes -al menos de los que actuaban en vídeos- eran mujeres con pelucones tocando el violín, el violonchelo y el contrabajo. Se supone que el grupo surgió tras renacer el carnaval de Venecia a comienzos de los años setenta del siglo XX, aunque Rondò Veneziano se constituyó en 1979 y lanzó su primer álbum en 1980. Su fundador y líder hasta hoy es Gian Piero Reverberi, compositor, pianista, arreglista, productor y lo que se tercie, un músico de prestigio que lo mismo trabajó en bandas sonoras de spaghetti westerns que en álbumes de rock progresivo. Aunque pueda parecer que la banda interpreta temas clásicos modernizados, en realidad su repertorio consiste en piezas originales de Reverberi, supongo que con alguna excepción puntual.

Rondò Veneziano. En el centro de la primera fila, con chaqué, Gian Piero Reverberi.

Debo confesar que este tema en concreto que he seleccionado, La Serenissima, no es el que primero escuché del repertorio de Rondò Veneziano. Más bien lo he elegido por ser quizá el primer éxito de renombre del conjunto, que en su momento tuvo gran difusión gracias a su interesante videoclip de animación. También suele ser el primer o segundo tema que aparece en sus recopilatorios, y además creo que ha envejecido mejor que gran parte de su material de los ochenta. Pertenece a su segundo álbum, publicado en 1981 y titulado igual que el tema que nos ocupa.

La Serenissima

En realidad, conocí esta música gracias a un buen amigo que me prestó el casete Odissea Veneziana (1984), supongo que recién salido de la guantera del coche de su padre, donde estaría también el best-seller patrio Capriccio Russo de Luis Cobos. No podemos dejar de mencionar que Rondó Veneziano tuvo su momento de gloria en España gracias a que Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador los invitó al concurso Un, dos, tres, que en en aquella época era visto cada fin de semana por varias decenas de milliones de personas. Es de suponer que muchos espectadores se acercaron a las tiendas de discos a por alguno del Rondò.

Odissea Veneziana en el Un, dos, tres (1991)

Aquí puedes visitar el sitio oficial de Rondò Veneziano.

viernes, 1 de julio de 2022

La quintaesencia de Vangelis en 20 temazos: El Greco, Movement IV (1998)


Uno de los recursos habituales durante la última etapa de la carrera de Vangelis ha sido la participación de voces líricas, sobre todo femeninas, en sus álbumes. Seguramente su colaboradora más duradera fue la soprano española Montserrat Caballé, con quien no solo grabó este impresionante cuarto movimiento del álbum conceptual sobre El Greco, sino también algunos singles a dúo. Vangelis también compuso piezas para trabajos en solitario de ella, sin la participación del griego como intérprete.

La versión original de 1995.

Como ya dejé claro en su momento, El Greco es uno de mis discos predilectos de Vangelis por su ambientación sobria, profunda, un tanto oscurantista como la España de la época, que queda recreada de manera perfecta. La versión de 1998 es una ampliación del álbum original de 1995, una edición de superlujo ultralimitada y firmada que es uno de los dos "santos griales" supremos de los coleccionistas. El tema que nos ocupa aparecía en esta edición original como el tercer movimiento. Decir que es sublime es quedarse corto.

jueves, 30 de junio de 2022

La quintaesencia de Vangelis en 20 temazos: Prelude (1995)


El álbum Voices no siempre se cita entre los imprescindibles del griego, pero cada uno de sus temas tiene algo especial. Para este "hit parade" me he decidido por una pieza que en un principio quedó camuflada entre los temas cantados (con letra) del disco. Prelude ("Preludio") es una magnífica composición con el sonido del piano como protagonista, acompañado por una voz étnica y arreglos envolventes. Aunque no son temas que se parezcan en exceso, viene a cubrir el mismo espacio de introspección y melancolía de Memories of Green muchos años antes. Supongo que sin pretenderlo, temas como este afianzaron a Vangelis como gran maestro de la new age en los años noventa.

Pese a no ser tan llamativo como el tema homónimo Voices y el otro single de éxito del disco, Ask the Mountains, Prelude ha aparecido acertadamente en recopilatorios y fue una de las pocas piezas escogidas para sonar en el funeral de Vangelis.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Suzanne Ciani - PIANISSIMO


1. Anthem (3:54)
2. Tuscany (3:37)
3. Neverland (3:50)
4. Adagio (2:53)
5. Aegean Wave (3:12)
6. Rain (2:28)
7. Inverness (4:08)
8. Simple Song (3:13)
9. She Said Yes (3:53)
10. Drifting (4:16)
11. Summer's Day (4:04)
12. Mozart (3:10)
13. When Love Dies (3:50)
14. Berceuse (4:10)

La música new age pura a veces se me hace difícil de disfrutar a diario, más que nada porque muchos artistas suelen usar el sintetizador como instrumento principal de sus obras, y el uso un poco blandito de este sonido electrónico me resulta demasiado intrascendente. Son cosas mías, por supuesto. Pero precisamente por eso, encuentro que álbumes como el que nos ocupa son exquisitos al adoptar un enfoque totalmente acústico que me permite apreciar la verdadera profundidad "desnuda" de las melodías sin terminar nadando en algodón de azúcar.

Trasera del CD.

La verdad es que Suzanne Ciani no siempre ha creado música melíflua, que también, pero hay que rescatar su trilogía Pianissimo (1990), Pianissimo II (1995) y Pianissimo III (2001) como una clara demostración de que el talento compositivo de su autora e intérprete va mucho más allá de la producción, y la reafirman de paso como mucho más que la que fue durante muchos años una de las más importantes creadoras de jingles publicitarios del mundo.

Neverland

El primer Pianissimo rescata temas ya publicados de su discografía, sobre todo de los álbumes Neverland (1988) y History of my Heart (1989), pero los afronta desde la sobriedad del piano solista, logrando esa especial "depuración" artística que supone demostrar que, al fin y al cabo, gran parte de la new age en realidad bien puede ser considerada una vertiente popular y accesible pero muy respetable de la música clásica. Consultando como es debido a quienes más saben, en este caso al compañero Pepe Cantos y su siempre recomendable web Solsticio de invierno, he sabido que la idea de grabar Pianissimo y hacerlo de esta manera fue principalmente de Peter Baumann (el de Tangerine Dream), que entonces era el dueño de la discográfica Private Music. Parece que los másteres originales del mencionado History of my Heart se perdieron, y de ahí el deseo de Ciani de volver a interpretar estos temas.

Inverness

Lo más sorprendente es que escuchar todo este álbum de música para piano, lejos de resultar tedioso, resulta una experiencia muy placentera. Los temas son de una enorme belleza y ofrecen una gran diversidad de estilos que nos inducen a muchos posibles estados de ánimo. Aunque piezas como Neverland o Mozart son una delicia, yo me quedo particularmente con Inverness, que me parece que de verdad captura la particular atmósfera de dicha ciudad escocesa, en la que estuve hace unos años; y con Rain, que evoca con asombrosa lucidez el placer de ver caer la lluvia.

Rain

Disfrutable al cien por cien e inspirado en cada segundo de su duración, Pianissimo fue un álbum con buena acogida en su momento que merece una nueva revisión por parte de quienes disfrutamos de lo que es bueno y a la vez sencillo.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Michael Hoppé - SOLACE


1. This Majestic Land (3:33)
2. So You (3:54)
3. Romance for Violin and Orchestra (4:35)
4. Lachrymosa (2:46)
5. Beloved (3:06)
6. Renouncement (5:14)
7. Jude's Theme (4:35)
8. Nimbus (4:08)
9. Elegy (for Joan) (4:18)
10. Pie Jesu (4:03)
11. Farewell (3:12)
12. The Parting (7:48)

Como la etiqueta "new age" recoge una diversidad muy amplia de estilos, y porque muchos de los artistas así etiquetados no se sienten del todo cómodos (quizá por la abundancia de terapistas-flautistas), es frecuente que muchos aficionados se tapen un poco la nariz a la hora de considerar si una obra que les gusta es new age o no. Por lo general, en estos casos echamos al cajón new age lo que nos incomoda y usamos un calificativo más elegante para lo que nos toca la fibra. En el caso de álbumes como este, puede ocasionar todo un conflicto encasillarlo, porque cualquier subgénero o variante del maremágnum new age querría considerarlo como propio. Es una gozada.

Michael Hoppé

Se trata de Solace (2003), del pianista y compositor británico afincado en EEUU Michael Hoppé, y si tuviera que describirlo diría que contiene música orquestal contemporánea muy melódica, neo-clásica, neo-romántica quizá, pero con un espíritu preciosista y espiritualmente reconfortante muy new age. Hoppé logra un efecto embelesante del que emana una rutilante belleza pese a que muchos de los temas son decadentistas y melancólicos. No es que las melodías sean demasiado complejas, pero los arreglos sinfónicos obran un auténtico milagro. Llega a bordearse lo excesivamente sentimental en algún fragmento, pero la línea nunca se cruza.

"Artwork" de la edición limitada en vinilo de Solace.

Además del buen hacer del compositor, contribuye la presencia de la Sinfónica de Praga. El sonido de temas como el inicial -e impresionante- This Majestic Land debe mucho al sinfonismo de las solemnes oberturas wagnerianas y, por qué no decirlo, a alguna que otra pieza fílmica del gran John Barry. No obstante, en general nos encontramos ante temas tan llamativos que difícilmente podríamos considerarlos útiles como bandas sonoras de cine.

Contraportada

Michael Hoppé, por cierto, comenzó su andadura musical en un despacho, como ejecutivo encargado de los fichajes del sello PolyGram, y cuando decidió en cierto momento pasarse al bando de los creadores, supo mantener ciertos toques de estilo de sus mejores reclutas. No es casual que todo un álbum estrictamente clasicista reserve su última pieza, la más extensa además, para ser interpretada íntegramente por los inconfundibles sintetizadores del mismísimo Vangelis, uno de los artistas que contrató en su empleo anterior. The Parting es una composición que Hoppé ya había grabado en una versión propia en su álbum Homeland de 1993.

Exquisita maravilla por una parte, placer culpable algo azucarado por otro, Solace es uno de los discos más celebrados de su autor y todo un referente de lo mejor que puede dar la new age. Para la colección, sin dudarlo ni un instante.

This Majestic Land

The Parting

martes, 1 de noviembre de 2016

Jocelyn Pook - UNTOLD THINGS


1. Dionysus (5:00)
2. Red Song (4:08)
3. Upon This Rock (5:15)
4. Yellow Fever Psalm (5:00)
5. Hell, Fire and Damnation (5:20)
6. Take Off Your Veil (4:56)
7. The Last Day (4:57)
8. Saints and Sinners (4:11)
9. Butterfly Song (3:39)
10. Calls, Cries and Clamours (3:28)
11. Saffron (4:31)

A Jocelyn Pook le tocó la lotería cuando su música sonó en la película Eyes Wide Shut (1999). Venía de recibir una formación clásica como intérprete de viola, y logró irse abriendo camino gracias a su colaboración con grupos como The Communards, aunque fue su encuentro con Peter Gabriel y su productora Realworld el que la situaría en su senda actual como compositora de bandas sonoras. De aquella polémica cinta de Stanley Kubrick, quizá lo más recordado sea la escena del baile de máscaras y la posterior orgía a la que acude furtivamente Tom Cruise, y en la que el tema Masked Ball se convirtió en arquetipo musical del ritual oscurantista. Pook no volvería a componer álbumes de estudio como tales, salvo por la excepción que hoy nos ocupa, Untold Things ("Cosas nunca dichas", 2001).

Untold Things es a la vez una autoexploración de las habilidades musicales de Pook y un homenaje espectacular al sonido multiétnico de Realworld. Para Gabriel y su gente, Jocelyn Pook había trabajado como músico acompañante, y la compositora explica que el álbum es "un reflejo de la labor que realizaba en directo en aquella época". Francamente, debo decir que Untold Things es un trabajo de una calidad soberbia, pero que, tal como sucedía con su anterior trabajo Flood (1999), logra llevarme con rapidez a un estado de melancolía no del todo cómoda.

Contraportada

Tampoco estoy diciendo que el álbum sea oscuro o deprimente. Nada más lejos de la realidad, ya que los temas son exquisitos en su instrumentación, en el uso de voces líricas "académicas" (especialmente la de Melanie Pappenheim) junto a otras de carácter étnico, e incluso en su relativa variedad de ritmos y tonos. Lo que sucede es que la mayoría de los cortes del disco tienen esa cualidad religioso-místico-apocalíptica un tanto esquiva y difícil de definir que caracteriza la discografía de la artista. 


Dionysus

El álbum se abre con Dyonisus, un tema tenso y denso que puede recordar a los temas en latín de Enya, pero más desgarrado. Siendo un corte estupendo, creo que influye demasiado en la percepción que se pueda tener del resto del álbum. No es un tema demasiado representativo de lo que vendrá después. Red Song es mucho más amable y sencillo, con una melodía dulce y arreglos de cuerda que lo hacen funcionar de un modo más íntimo. El solo de viola y los coros son maravillosos.


Red Song.

Upon this Rock ("Sobre esta roca") combina una primera mitad con cánticos de corte islámico con un segundo tramo en el que se añade un poderoso fondo de violines que podría tener influencias de Michael Nyman. Yellow Fever Psalm ("Salmo de la fiebre amarilla") nos trae una buena dosis de melancolía, de nuevo muy dulce gracias a la viola y las voces corales. Hell, Fire and Damnation ("Infierno, fuego y condenación") nos sumerge en un ambiente oscuro con su cántico en latín a lo gregoriano, muy ritualista y atmosférico. Take Off Your Veil ("Quítate el velo"), muy rítmica, posee connotaciones épicas medio-orientales. The Last Day ("El último día") contiene varias voces que se yuxtaponen, además de arreglos de cuerda. Es un tema con reminiscencias de la India, de esencia minimalista, en el que se demuestra la habilidad de Pook para hacer que las voces suenen como instrumentos, y los instrumentos como voces.


Hell, Fire and Damnation

Saints and Sinners ("Santos y pecadores") posee un sonido muy medieval en el que de vez en cuando se cuelan pinceladas orientales. Interesante contrapunto. Butterfly Song ("Canción de la mariposa") emplea unas voces distorsionadas electrónicamente como fondo al comienzo, aunque después se recurre a arreglos más orgánicos. Es un tema muy contemplativo y evocador. Calls, Cries and Clamours ("Llamadas, gritos y clamores"), de título muy descriptivo, salta de cabeza a algún lugar de África con una contraposición de voces densa y magistral sobre un estupendo lecho de percusiones. Finalmente, Saffron ("Azafrán") es una especie de canción de cuna. El tema fue utilizado en una serie de la BBC.


Calls, Cries and Clamours

Una edición especial lanzada posteriormente incluye dos temas extras, Adam's Lullaby y Ave Maria, cantadas por Natacha Atlas. 

Edición especial y extendida del álbum.

La experiencia es poderosa y no hay muchos reproches que hacer a las composiciones o a su ejecución, salvo quizá que la principal voz coral femenina llega a hacerse repetitiva en varios puntos. Recomendaría escucharlo en varias sesiones más que de un tirón. Untold Things es el perfecto ejemplo de cómo fusionar diferentes músicas del mundo para lograr un todo unificado y coherente, con las vistas puestas en lograr un resultado artístico brillante mediante la experimentación y la falta de prejuicios. Altísima calidad.


lunes, 8 de febrero de 2016

Yanni - LIVE AT THE ACROPOLIS


1. Santorini (6:57)
2. Keys to Imagination (7:35)
3. Until the Last Moment (6:37)
4. The Rain Must Fall (7:24)
5. Acroyali / Standing in Motion (Medley) (8:51)
6. One Man's Dream (3:36)
7. Within Attraction (7:46)
8. Nostalgia (5:46)
9. Swept Away (9:22)
10. Reflections of Passion (5:22)

Uno de los mayores éxitos comerciales de la música new age es, sin sombra de duda, Live at the Acropolis (1994), el famoso doble LP en directo del músico griego Yanni. Grabado en el anfiteatro ateniense de Herodes Ático en 1993, Live at the Acropolis es especialmente célebre gracias a su emisión en varias ocasiones en la PBS (la televisión pública estadounidense) y a su edición en vídeo doméstico, todo un best seller musical que batió récords de ventas.

Yanni subrayó en varias ocasiones el personal placer que supuso para él regresar a su Grecia natal (su carrera estaba ligada sobre todo a norteamérica) para este evento tan notable, y desde entonces se ha dado el gusto de celebrar otros conciertos multitudinarios en lugares emblemáticos. Se hizo acompañar el teclista por la Royal Philharmonic Concert Orchestra y por otros instrumentos como el bajo y la batería, lo que proporciona una interesante amplitud de sonido a composiciones que en algunos casos bien podrían haber surgido directamente de un sintetizador. El mayor mérito logrado por Yanni en este sentido es acercar la new age a lo que se conoce como música neo-clásica, gracias a los matices románticos que aporta la orquesta. No obstante, y pese a que el público yanqui es bastante receptivo hacia la música instrumental suave (ellos la llaman "easy listening"), parece que en el caso de Yanni se ha hecho necesario en muchas ocasiones una justificación, o más bien una excusa, para vencer cualquier posible recelo ante este estilo musical que tanta gente sigue considerando de segunda categoría. Hablamos de eso que llaman el "efecto Mozart", y que, por mucho que tenga ciertos fundamentos psicológicos que no pienso negar, al final es un modo de dar una seriedad impostada a piezas musicales que de otro modo corren el riesgo de quedar relegadas a ascensores de centros comerciales y salas de espera de dentistas.

Y sería una pena, porque la música que interpretaron Yanni y su ensemble en aquel septiembre ateniense se sostiene por sí misma, sin que tenga que venir un experto extramusical a recomendarla como si fuese un remedio homeopático o una forma de hacer que tu bebé te salga ingeniero. Vale que es música no agresiva, dulze -dulzona a veces- y más o menos sentimental, pero hay en toda la obra un excelente trabajo compositivo que abarca un gran abanico de sonidos y colores musicales. Los temas desprenden energía y cierta grandiosidad no del todo vacua, y el ambiente general que se desprende del visionado del concierto en vídeo hace comprender el porqué de su éxito popular. 

Santorini

El álbum comienza briosamente con la ágil Santorini, que combina con equilibrio fragmentos de teclado con arreglos sinfónicos. Keys to Imagination aporta algo de pausa en su comienzo, así como un levísimo toque a lo big band y sutiles matices orientalistas a base de flautas, cuerdas y percusiones, aunque recupera a ratos el nervio del primer tema. Until the Last Moment y su piano son puro romanticismo new age muy bien entendido, un tema digno de la mejor música para el cine. The Rain Must Fall posee unos ritmos y una atmósfera mucho más contemporáneos, con fragmentos al bajo que parecen -o son- completamente improvisados, casi propios de un jazz sencillo. El espectacular Acroyali / Standing in Motion es uno de los temas más conocidos del disco, ya que ha sido utilizado en varias campañas de publicidad. Es el tema del álbum del que se dijo que poseía el famoso efecto Mozart, aquello de que el cerebro es capaz de predecir qué notas van a sonar a continuación y se nos enriquecen con ello las neuronas. One Man's Dream incide en el romanticismo neo-clásico, otra vez con una inspirada melodía muy evocadora. 

Llegados a este punto, parece que se busca una alternancia de lo íntimo y lo rítmico, porque el siguiente Within Attraction incide en lo segundo, otra vez con el violín desbocado de Shardad Rohani y sabor mediterráneo. Más grandilocuente que íntima resulta ser Nostalgia, pese al protagonismo del piano solista. Swept Away es puro easy listening por su ritmo de batería muy acusado y su ambiente urbano. Seguramente sea el único tema del álbum en el que la orquesta sinfónica no termina de estar bien integrada en el conjunto. Más romanticismo sentimental nos espera para cerrar el disco con Reflections of Passion. Lo cierto es que, una vez superada la grata sorpresa inicial, la segunda mitad de este largo trabajo suena un poco rutinaria, y esto es injusto, porque no hay una verdadera merma de la calidad musical de los últimos temas. Quizá sea uno de esos discos que funcionan mejor si se escuchan por tramos y no de un tirón.

Resumiendo, Live at the Acropolis no solamente es una estupenda obra en la mejor línea de la new age comercial en sus años de esplendor, sino que es bastante recomendable para iniciarse -o iniciar a otros con nuestra recomendación- en el mundillo de la música instrumental contemporánea más accesible. No soy un seguidor acérrimo de Yanni ni de la new age, pero es un título cuya escucha siempre me resulta muy agradecida.

lunes, 7 de julio de 2014

Suzanne Ciani - DREAM SUITE


1. Meeting Mozart (4:43)
2. Andalusian Dream (4:26)
3. Lime Marmalade Reverie (3:59)
4. Full Moon Sonata (5:01)
5. Time Stops (4:23)
6. Dream of the Pink Zebra (3:32)
7. Riding Heaven's Wave: Eulogy to a Surfer (4:07)
8. Megan's Dream (3:34)
9. Sogno Agitato (3:11)
10. 'Til Time and Times Are Done (4:01)

Una de las principales vías por las que comencé a escuchar "nuevas músicas", después de haber trabado algún conocimiento de la música clásica y las bandas sonoras de cine, fue gracias a un recopilatorio publicado hacia 1995 por la compañía Virgin y de título Universos. Era un álbum bastante obvio en su selección (Adiemus, Penguin Cafe Orchestra, Madredeus, Morricone, Metheny, Nyman, Sacred Spirit...), pero entre tanto tema hiperconocido se colaron algunas pequeñas maravillas que, con el tiempo, terminaron por quedárseme grabadas en la cabeza. Una de ellas fue Meeting Mozart, el tema con la que comienza este Dream Suite (1994).

Meeting Mozart, en un bonito montaje paisajista.

Suzanne Ciani, a quien hemos tenido por aquí un par de veces con álbumes emblemáticos de la new age de siempre como The Velocity of Love y Seven Waves, realizó en Dream Suite ("Suite de los sueños") un agradable, impagable experimento que serviría, de algún modo, para reivindicarse a sí misma como compositora de ámbito general, no solamente como maestra de los sintetizadores. Lo cierto es que Ciani se había especializado en trabajos new age bastante relajantes, poco movidos y quizá algo conservadores. Muy en la línea yanki del género. Salvo por la trilogía de álbumes Pianissimo (el estupendo blog Solsticio de Invierno ha publicado hace poco un análisis del primero de ellos), Suzanne Ciani no había terminado de demostrar discográficamente una versatilidad que sí era cosa probada en su faceta de compositora para distintos medios, como anuncios y "jingles" televisivos, y quizá por eso le apetecía hacer algo al respecto.

Contraportada del CD.

En Dream Suite, Suzanne Ciani se alió con la Young Russia Orchestra, reservándose para ella misma el piano solista, que sirve como hilo conductor de los temas del disco. El resultado es una colección de temas sencillamente exquisitos tanto en su riqueza compositiva como en sus orquestaciones, una maravilla cuyo tema inicial, el mencionado Meeting Mozart, hace méritos para ser considerado uno de los grandes himnos de la música instrumental contemporánea. Pero ojo, porque ningún otro tema del álbum se queda por debajo en su carácter soñador, inspirador y preciosista, y al final Dream Suite puede ser calificado más como un fascinante álbum de música neo-clásica que como un trabajo new age al uso. 

Dream Suite es uno de esos discos que no cansan tras varias escuchas, y que pueden también escucharse tramo a tramo, ya que cada uno de sus temas es una pieza autoconclusiva con una duración perfecta para desarrollarse sin hacerse pesada. Sin que esto quiera decir que el álbum sea aburrido (nada más lejos de la realidad), se me ocurre que puede ser el preludio perfecto a una larga siesta de verano.

miércoles, 26 de junio de 2013

Francisco José Villaescusa - EL BOSQUE


1. El bosque - Parte I (El despertar) (3:12)
2. El bosque - Parte II (Riachuelos) (3:18)
3. El bosque - Parte III (Niebla invernal) (4:55)
4. El bosque - Parte IV (Raíces) (3:37)
5. El bosque - Parte V (Árboles centenarios) (3:11)
6. El bosque - Parte VI (El baile de las luciérnagas) (2:35)

Siempre se ha dicho que Beethoven compuso su 6ª Sinfonía, la Pastoral, cuando supo que se estaba quedando sordo sin remedio. Le encantaba dar paseos por el campo, y al saber que no podría volver a escuchar el canto de los pájaros o el murmullo de los arroyos, se dedicó a componer una partitura cuya sola lectura le sirviese para recrear en su cabeza ese paisaje sonoro que tanto le gustaba. No creo que Francisco José Villaescusa vaya a enfadarse si afirmo que él no es Beethoven, entre otras cosas porque con la comparación no vengo a referirme a una diferencia cualitativa de perogrullo, pero cuando escuchas esta obra suya titulada El bosque (2012) te queda el pensamiento de que es un locus amoenus portátil, un agradable paseo por la naturaleza que cabe en un pendrive.

Francisco José Villaescusa.

El músico albaceteño (de Caudete, para ser exactos), lanzó su primer álbum en 2010, y se ha ido depurando como compositor de música instrumental desde entonces. El bosque es un disco muy sencillo, sin alardes en la instrumentación y los arreglos, pero efectivo cuando intenta aportar una música descriptiva delicada y con un sonido envolvente y cuidado. Como suele suceder en mi caso, me llegan mucho más los temas más sutiles y/o  sombríos, como por ejemplo Niebla invernal o Raíces, mientras que los más alegres (Árboles centenarios, El baile de las luciérnagas) seguramente puedan identificarse más con danzas campesinas o fantasías mitológicas con duendes y gnomos que con sonidos verdaderamente "naturales".

Raíces.

Si no fuera porque se nota que los temas han sido bastante lijados en estudio (¿habrá ayudado el que el autor sea informático profesional?) y porque hay en ellos un claro componente de sintetizador, casi podríamos decir que Villaescusa se sale de algo que podríamos llamar new age para moverse de lleno en una especie de música neo-clásica hiperaccesible. El mismo título que lleva cada tema, como si fuesen movimientos de una sinfonía, deja claro que todo el trabajo es una unidad musical que evoluciona sobre sus conceptos básicos, con diferentes tratamientos tonales y rítmicos. 

El baile de las luciérnagas.

En fin, se puede decir que El bosque es un trabajo muy agradable que satisface -sin complicarse demasiado la vida, cosa buena o mala según se mire- sus propias aspiraciones musicales y, además, deja un poso en el oyente. Un buen sabor de boca ante lo sencillo, directo e inspirado. Me pregunto qué tal sonará El bosque sentado a la sombra de alguna arboleda este verano...

Puede escucharse al completo aquí.

sábado, 2 de marzo de 2013

Vanessa Mae - THE VIOLIN PLAYER


1. Toccata and Fugue in D Minor BWV 565 (7:50)
2. Contradanza (3:52)
3. Classical Gas (3:24)
4. Theme from "Caravans" (5:09)
5. Warm Air (3:38)
6. Jazz Will Eat Itself (3:30)
7. Widescreen (3:58)
8. Tequila Mockingbird (3:26)
9. City Theme (4:32)
10. Red Hot (3:16)

Continuando en una de las líneas clásicas del blog ("viejos superventas que pocos recuerdan", podría llamarse) nos dedicaremos hoy a echar un vistazo a aquel trabajo de la británica Vanessa Mae de 1995 titulado The Violin Player. Podríamos decir que se encuentra en medio de un montón de "crossovers" entre música clásica y pop llano, de tantos como ha dado la música de masas en las últimas décadas, y de la que han surgido figuras tan curiosas como el pianista rubiales Richard Clayderman o los tenores gañanes de Il Divo. Por lo general, los trabajos que se realizan dentro de este pseudo-género recaudan enormes cifras de ventas en poco tiempo, y unos años más tarde suenan viejísimos.

Portada alternativa.

Ese es exactamente el caso de The Violin Player, primer disco de Vanessa Mae con ambiciones internacionales (que no el primero de su carrera) y un vehículo diseñado al dedillo para su lucimiento como virtuosa del violín. Y digo virtuosa porque lo es. Esta chica de origen tailandés, una adolescente entonces, tiene ese peculiar manejo de su instrumento que hace parecer fácil su dominio incluso a quienes nos vemos incapaces de sujetarlo bajo la barbilla siquiera. Lo malo, y aquí entramos de lleno en el terreno de las opiniones personales, es que todos los acompañamientos del violín a nivel de arreglos, producción e instrumentaciones varias, si bien son de calidad, suenan a muy de los noventa, en una línea tecno-pop más bien recauchutada. Da la impresión de que, tal vez por la gran belleza racial de la muchacha, se persiguiese el éxito sobre todo en el mercado asiático, que probablemente no tenga tantos miramientos como nosotros a la hora de distinguir lo sofisticado de lo hortera. En música, al menos, y que nadie se me enfade.

Contraportada.

Tampoco es que The Violin Player sea un álbum intrínsecamente hortera. Contiene unos cuantos temas originales compuestos para la ocasión por un tal Mike Batt, así como un par de versiones de temas clásicos (J. S. Bach y Mason Williams), colaboración de la Royal Philharmonic Orchestra inclusive; y cualquiera de los cortes del CD tiene su encanto si hacemos un ejercicio de distanciamiento como oyentes. Es bonito. Lo que ocurre es que, en mi humilde opinión, un instrumento con una capacidad expresiva tan delicada como la del violín quizá habría necesitado un acompañamiento algo menos estruendoso a base de sintetizadores y efectos de eco, que en algún caso nos hace pensar que el violín de Vanessa es el equivalente a una guitarra eléctrica.

Portada del primer single.

Hay rinconcitos musicales bastante agradables en la versión de la Toccata y fuga de Bach (primer single), o en Contradanza y Theme from "Caravans", pero también nos topamos con pifias de la talla de Jazz Will Eat Itself que nos quitan las ganas de tomarnos el asunto demasiado en serio. La cosa es que Vanessa Mae ha mantenido una carrera discográfica más o menos estable, y hoy en día goza de un merecido reconocimiento, pero creo que el fenómeno The Violin Player fue flor de un día, y seguramente sea mejor acercársele con mucha precaución si queremos disfrutarlo hoy. En Spotify.

La Toccata y fuga.
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