martes, 27 de mayo de 2025
Max Richter - IN A LANDSCAPE
martes, 22 de octubre de 2024
Mychael Danna & Jeff Danna - A CELTIC TALE: THE LEGEND OF DEIRDRE
A Celtic Tale: The Legend of Deirdre (1996) fue compuesto por dos artistas que hoy en día son mucho más conocidos por su labor en las bandas sonoras de cine que por su aportación a la música instrumental contemporánea: los hermanos Mychael Danna y Jeff Danna, el primero de los cuales incluso ganó un Oscar por la BSO de La vida de Pi (2012). No sé si será por los prejuicios que suelen acompañar al género new age (recalco: en sentido amplio), pero es muy difícil encontrar algún apunte biográfico sobre los Danna que mencionen este trabajo. Y no es una simple rareza, ya que se trata de un álbum bastante conocido entre los aficionados a la música instrumental contemporánea.
A Celtic Tale es un álbum conceptual, más o menos de corte neoclásico pero con abundante uso de instrumentación celta, sobre la leyenda trágica de Deirdre. Al parecer, esta bellísima mujer era objeto de una profecía según la cual traería la ruina al rey de Irlanda, por lo que éste decidió casarse con ella para tener su destino bajo control. Pero Deirdre se enamoró de un cazador al que vio en el bosque, y huyó con él y con sus hermanos a Escocia para convivir a espaldas del rey. Bajo una falsa promesa de hospitalidad y reconciliación, Deirdre y sus protectores regresan a Irlanda unos años después, con resultados que no revelaré por no destripar el final. La edición española del CD incluía todo el texto de la leyenda estupendamente traducido en el libreto, cosa muy de agradecer.
El planteamiento del disco viene a ser como el de una banda sonora para una película, predominando un sonido más o menos sinfónico creado parcialmente con sintetizadores que se adereza aquí y allá con instrumentos tradicionales como el arpa, la flauta irlandesa, la gaita, el violín... Como en una BSO al uso, se desarrollan unas pocas melodías con distintos arreglos a lo largo de todo el álbum. Claro está, no habría tenido sentido que se incluyesen piezas incidentales, sino que los cortes buscan ilustrar musicalmente distintas escenas de la leyenda sin pretender contar la historia de manera pormenorizada mediante recursos musicales. Es un trabajo centrado más en la evocación que en la narrativa pura.
Llama la atención, como se señaló en el acertado análisis realizado al álbum en el blog Solsticio de invierno, el que Mychael y Jeff Danna no tengan raíces irlandesas, sino que sean canadienses de herencia italiana. Un giro cultural así se explica fácilmente si recordamos que, a mediados de los años noventa, la música celta vivió un momento de esplendor comercial enorme, superando por momentos el tirón de la escena pop-rock más convencional. Y todo el mundo se subió al carro. Se lanzaron decenas de recopilatorios (por ejemplo, los navideños-celtas de Windham Hill o el anunciado en TV Celtic Heartbeat), aparecieron grupos y solistas a montones (recordemos a The Corrs, por ejemplo) y artistas de la "periferia" céltica sacaban a pasear su herencia (Voyager, de Mike Oldfield). Por no hablar de la segunda juventud de bandas como The Chieftains, Clannad, Capercaillie, Nightnoise o los franceses Gwendal, y la gran oportunidad de solistas como nuestro Carlos Núñez. Se supone que el gran tirón celta lo proporcionó el éxito del espectáculo de música y baile Riverdance, de sobra conocido, aunque el propio auge de la new age que llevaba una década en ascenso (pensemos en las discografías de Enya y Loreena McKennitt, que poseen elementos celtas explícitos) y películas como Braveheart debieron hacer su parte del trabajo. Dos italocanadienses contando una leyenda irlandesa con flautas y gaitas no fue demasiado raro.
No se puede decir que A Celtic Tale tenga el nervio de esas piezas de baile celta con taconeo que tanto se pusieron de moda en los escenarios, ya que se trata de una obra bastante introspectiva. La primera mitad del álbum sí que tiene un espíritu folk más o menos lúdico, pero la segunda mitad (cuando la leyenda de Deirdre se pone trágica) se vuelve más solemne. Llama especialmente la atención el tema The Druid, bastante atmosférico. No hay que olvidar que esta obra fue publicada por el sello de música ambiental y contemplativa Hearts of Space, cuya ramificación celta adoptó el simpático nombre de Hearts O'Space. Es un álbum para el que, además, se eligió una muy acertada pintura de Dante Gabriel Rosetti como portada, con ese toque lánguido y un tanto decadentista.
A pesar del bombardeo de música celta de entonces y el poco espacio que quedaba para que cada buen trabajo sacara la cabeza por encima del montón, A Celtic Tale tuvo el éxito suficiente como para dar lugar a una secuela, A Celtic Romance: The Legend of Liadain and Curithir (1998), de la que también hablaremos más adelante. Y también existe una versión narrada en inglés de A Celtic Tale con el fuerte acento escocés de la locutora de radio Fiona Ritchie, del que he intregrado el anterior enlace a The Druid.
martes, 23 de abril de 2024
Rodrigo Leão & Vox Ensemble - AVE MUNDI LUMINAR
2. Movimento (5:31)
Durante la primera mitad de los años noventa, quien no se subió al carro -difuso, polivalente- de la new age, fue porque no quiso. No era solo el dinero, era la explosión de popularidad de un género que durante la década anterior había sido más bien "de nicho" y ahora era capaz de sacar la cabeza por encima de cualquier otro estilo musical mainstream. Y lo cierto es que, más que música new age propiamente dicha, espiritual y beatífica, lo que se hizo en aquellos años fue más bien el resultado de los adelantos técnicos de la producción musical. Desde ritmos étnicos a mil experimentos con canto gregoriano, pasando por viejas glorias que volvían a dar la campanada y divas neopaganas envueltas en vestidos sedosos. No se podía haber dicho a ciencia cierta, tiempo atrás, que los portugueses Madredeus se dirigían hacia estos universos. Quizá nunca llegaron a abrazar la new age. Pero con la new age ocurre como cuando dices que no te interesa la política y unos y otros lo toman como señal inequívoca de que en realidad perteneces a ese partido que no les gusta. Si una obra musical se parece a la new age aunque sólo sea un poco, ya es oficialmente new age.
El caso es que el cofundador de Madredeus, Pedro Ayres Magalhães, mantenía la formación dentro de los límites del folk y el fado de estilo libre al dar prioridad a la voz de Teresa Salgueiro y a su propia guitarra, mientras que el teclista Rodrigo Leão, según se deduce, sí que quería explorar otras posibilidades. En la pausa discográfica que siguió al exitoso álbum Existir (1990), Leão comenzó una carrera en solitario que lo llevaría a estar fuera de Madredeus un par de años después, si bien siguió a bordo en O Espírito da Paz (1994) y Ainda (1995). Ave Mundi Luminar, publicado en 1993, es claramente el desahogo que Leão necesitaba.
Ave Mundi Luminar ("Salve, luminaria del mundo") es uno de esos discos que no pueden faltar en cualquier colección de nuevas músicas en sentido amplio. El Vox Ensemble, la banda de cámara que constituyó Rodrigo Leão, contó en aquella primera aventura con los violines de Maria do Mar y Margarida Araújo, las voces de Nair y Nuno Guerreiro, la flauta de Antonio Pinheiro da Silva, el violonchelo de Francisco Ribeiro y el oboe de Nuno Rodrigues. Parece que casi todos los demás componentes de Madredeus aparecen también brevemente, Teresa Salgueiro incluida. A pesar de lo profundo que promete ser el sonido de un ensemble así, debo decir que Ave Mundi Luminar me decepciona un poco.
Obviamente, Leão es intérprete de sintetizadores y reclama su protagonistmo como líder, pero siento que la atmósfera devora de manera notable lo orgánico de los demás instrumentos. Si se estaba buscando un sonido más cercano al minimalismo "culto pero accesible" de gente como Wim Mertens, Michael Nyman o Philip Glass (escúchese In Excelsis, tema aquí contenido que tiene un poco/un mucho de ambos), quizá queriendo parecerse un poco al Kronos Quartet, las decisiones tomadas seguramente mantuvieron el proyecto en un estante de la tienda de discos distinto del que les habría gustado.
En mi humilde opinión, lo malo no es la combinación de lo electrónico y lo acústico, evidentemente, sino el hecho de que los sintes casi siempre quieren sonar como instrumentos tradicionales y esto se nota demasiado. ¿Para qué contar con violinistas en el Vox Ensemble si luego ponemos al sintetizador a imitar el sonido de violines, como en Movimento, Vitorial o Espiral II? Se percibe que Leão lucha por suplir con sus teclados la ausencia de más instrumentos, quizá toda una orquesta que complemente al conjunto de cámara, pero el sonido de sus teclados no suena lo suficientemente orgánico para integrarse al cien por cien. A lo largo de todo el álbum hay un trabajo de composición muy notable, pero opacado por un producto final demasiado artificial, me temo. Y son precisamente los temas con más protagonismo de los instrumentos acústicos (A Espera, Final) los que mejor me suenan.
Llego a la conclusión de que el problema de base, si admitimos que lo hay, lo tienen los más de treinta años que han pasado desde que se publicó Ave Mundi Luminar, que sitúan el álbum muy en su época. Hay cantos eclesiásticos (Carpe Diem), ritmos exóticos (Ave Mundi, otra vez Carpe Diem), teclados solistas muy dulces sobre fondo plácido (Amatorius) y otras tantas cosas que nos remiten a mediados de los años noventa. Seguro que en su momento este álbum sonó a gloria a quienes buscaban algo más maduro que el hit de moda de Enigma o el single radiable de Enya, pero creo que a día de hoy le resulta difícil escapar del que fue un contexto muy característico. No obstante, tampoco nos engañemos, porque incluso con este visible lastre, el álbum sigue sonando bien y proporcionando una experiencia musical más que satisfactoria.
A quienes no la conozcan, les invito a buscar una reedición con portada distinta y algunos cambios en la lista de temas, publicada en 1995 por Sony Masterworks.
martes, 16 de abril de 2024
Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 14: "LA SERENISSIMA"
La música clásica italiana -pero con algunas diferencias- ha permanecido como único recordatorio de la magia y el romance de su antiguo esplendor.
Lo que podría sucederle a Venecia es la historia de Rondò Veneziano."
Esto va a hacer "clic" en muchos cerebros. Hablamos del conjunto italiano Rondò Veneziano, uno de esos grupos pintorescos de los años ochenta que hoy nos parecen un poquillo kitsch pero que en su momento consiguieron una repercusión notoria en los medios.
Se trata de un conjunto neoclásico de cámara que busca recrear una música de estilo barroco, a la que se añade un ritmo pop y sutiles arreglos de sintetizador que la hacen más comercial y accesible. La mayor parte de los componentes -al menos de los que actuaban en vídeos- eran mujeres con pelucones tocando el violín, el violonchelo y el contrabajo. Se supone que el grupo surgió tras renacer el carnaval de Venecia a comienzos de los años setenta del siglo XX, aunque Rondò Veneziano se constituyó en 1979 y lanzó su primer álbum en 1980. Su fundador y líder hasta hoy es Gian Piero Reverberi, compositor, pianista, arreglista, productor y lo que se tercie, un músico de prestigio que lo mismo trabajó en bandas sonoras de spaghetti westerns que en álbumes de rock progresivo. Aunque pueda parecer que la banda interpreta temas clásicos modernizados, en realidad su repertorio consiste en piezas originales de Reverberi, supongo que con alguna excepción puntual.
Debo confesar que este tema en concreto que he seleccionado, La Serenissima, no es el que primero escuché del repertorio de Rondò Veneziano. Más bien lo he elegido por ser quizá el primer éxito de renombre del conjunto, que en su momento tuvo gran difusión gracias a su interesante videoclip de animación. También suele ser el primer o segundo tema que aparece en sus recopilatorios, y además creo que ha envejecido mejor que gran parte de su material de los ochenta. Pertenece a su segundo álbum, publicado en 1981 y titulado igual que el tema que nos ocupa.
En realidad, conocí esta música gracias a un buen amigo que me prestó el casete Odissea Veneziana (1984), supongo que recién salido de la guantera del coche de su padre, donde estaría también el best-seller patrio Capriccio Russo de Luis Cobos. No podemos dejar de mencionar que Rondó Veneziano tuvo su momento de gloria en España gracias a que Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador los invitó al concurso Un, dos, tres, que en en aquella época era visto cada fin de semana por varias decenas de milliones de personas. Es de suponer que muchos espectadores se acercaron a las tiendas de discos a por alguno del Rondò.
Aquí puedes visitar el sitio oficial de Rondò Veneziano.
viernes, 1 de julio de 2022
La quintaesencia de Vangelis en 20 temazos: El Greco, Movement IV (1998)
Como ya dejé claro en su momento, El Greco es uno de mis discos predilectos de Vangelis por su ambientación sobria, profunda, un tanto oscurantista como la España de la época, que queda recreada de manera perfecta. La versión de 1998 es una ampliación del álbum original de 1995, una edición de superlujo ultralimitada y firmada que es uno de los dos "santos griales" supremos de los coleccionistas. El tema que nos ocupa aparecía en esta edición original como el tercer movimiento. Decir que es sublime es quedarse corto.
jueves, 30 de junio de 2022
La quintaesencia de Vangelis en 20 temazos: Prelude (1995)
miércoles, 22 de diciembre de 2021
Suzanne Ciani - PIANISSIMO
2. Tuscany (3:37)
La música new age pura a veces se me hace difícil de disfrutar a diario, más que nada porque muchos artistas suelen usar el sintetizador como instrumento principal de sus obras, y el uso un poco blandito de este sonido electrónico me resulta demasiado intrascendente. Son cosas mías, por supuesto. Pero precisamente por eso, encuentro que álbumes como el que nos ocupa son exquisitos al adoptar un enfoque totalmente acústico que me permite apreciar la verdadera profundidad "desnuda" de las melodías sin terminar nadando en algodón de azúcar.
La verdad es que Suzanne Ciani no siempre ha creado música melíflua, que también, pero hay que rescatar su trilogía Pianissimo (1990), Pianissimo II (1995) y Pianissimo III (2001) como una clara demostración de que el talento compositivo de su autora e intérprete va mucho más allá de la producción, y la reafirman de paso como mucho más que la que fue durante muchos años una de las más importantes creadoras de jingles publicitarios del mundo.
El primer Pianissimo rescata temas ya publicados de su discografía, sobre todo de los álbumes Neverland (1988) y History of my Heart (1989), pero los afronta desde la sobriedad del piano solista, logrando esa especial "depuración" artística que supone demostrar que, al fin y al cabo, gran parte de la new age en realidad bien puede ser considerada una vertiente popular y accesible pero muy respetable de la música clásica. Consultando como es debido a quienes más saben, en este caso al compañero Pepe Cantos y su siempre recomendable web Solsticio de invierno, he sabido que la idea de grabar Pianissimo y hacerlo de esta manera fue principalmente de Peter Baumann (el de Tangerine Dream), que entonces era el dueño de la discográfica Private Music. Parece que los másteres originales del mencionado History of my Heart se perdieron, y de ahí el deseo de Ciani de volver a interpretar estos temas.
Lo más sorprendente es que escuchar todo este álbum de música para piano, lejos de resultar tedioso, resulta una experiencia muy placentera. Los temas son de una enorme belleza y ofrecen una gran diversidad de estilos que nos inducen a muchos posibles estados de ánimo. Aunque piezas como Neverland o Mozart son una delicia, yo me quedo particularmente con Inverness, que me parece que de verdad captura la particular atmósfera de dicha ciudad escocesa, en la que estuve hace unos años; y con Rain, que evoca con asombrosa lucidez el placer de ver caer la lluvia.
Disfrutable al cien por cien e inspirado en cada segundo de su duración, Pianissimo fue un álbum con buena acogida en su momento que merece una nueva revisión por parte de quienes disfrutamos de lo que es bueno y a la vez sencillo.









%20(1).jpg)



















