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miércoles, 7 de mayo de 2025

Pink Floyd en Pompeya: ruinas, morbo y cintas de vídeo.

Parece que la edición en audio del evento de Pink Floyd en las ruinas de Pompeya ha llegado al número 1 de las listas de ventas en Reino Unido y otro buen montón de países. Esto de las ventas ya no tiene mucho interés para la muchachada y los medios más urbanitas, que prefieren medir el éxito en términos de reproducciones en streaming (Spotify, YouTube o un sitio nuevo que apareció hace dos semanas y nosotros, la órbita boomer, no conoceremos hasta que haya pasado de moda), pero está claro que, tratándose hoy en día el mercado de venta de CDs y vinilos de una piscina de bolas para muchísimos mitómanos y coleccionistas con el síndrome de Diógenes, sigue teniendo mérito llegar a lo más alto. 

 "Uno de estos días te voy a cortar en trocitos".

Como ya sabéis, Pink Floyd lanzó la semana pasada una edición en doble vinilo, doble CD y Blu-ray con su famoso concierto de 1972, por primera vez oficialmente en formato de sólo audio y acompañado de la proyección de la película correspondiente en salas Imax durante unas días, para darle más relevancia en los medios. Lo de llamarlo "concierto" es hablar por hablar, primero porque sólo interpretaron in situ tres temas: Echoes, A Saucerful of Secrets y One of these Days, mientras que el resto de piezas incluidas en la película se grabaron en estudio y se montaron sobre imágenes de los muros caídos, los frescos, los mosaicos y los charcos humeantes de la ciudad romana arrasada por el Vesubio en el año 79 después de Cristo. Y segundo, es hablar por hablar, lo de "concierto", porque la actuación se grabó sin público. Se reconoce el valor del documento tanto por su originalidad como por dar testimonio del extraño viaje que transformó a los psicodélicos Pink Floyd en una banda de rock progresivo tan importante que muchos aficionados al género no se atreven a reconocerla como tal.. 

 El tráiler.

En su momento, la película se estrenó internacionalmente y debió tener cierta repercusión, ya que hasta los cines de España llegó en momentos políticos muy delicados. Después ha tenido algún reestreno en salas y numerosas reediciones domésticas en VHS y DVD, añadiendo y retocando cosas. A falta del ver el nuevo Blu-ray, que seguramente respetará la versión original, vi en su momento el DVD y me pareció que era una cosa para muy fans, café para los muy cafeteros, sobre todo porque contiene extensas entrevistas en un estudio de grabación que difícilmente pueden ser interesantes para el espectador casual. Lo más que podemos sacar de esta parte no pompeyana del filme es el hecho de que ya se escuchan fragmentos del que iba a ser el gran mito de Pink Floyd, The Dark Side of the Moon, pendiente de publicarse unos meses después. Escucho la nueva versión en audio (CD) mientras escribo y suena realmente bien, con algún agradecido alarde en el efectismo de la remezcla de Steven Wilson.

Portada de la edición en DVD.

Pero todo esto es un poco lo de siempre: una mezcla entre completismo de coleccionista, curiosidad de fan y consumismo puro. La infinita mayoría de compradores de alguno de los nuevos fetiches de PF lo escuchará una sola vez -o ninguna- y lo colocará en el estante como quien cuelga la cabeza de un ciervo sobre la chimenea, si acaso para contar alguna anécdota a las visitas y presumir de buen gusto. Los aficionados a la lectura también hacemos esto con los libros que más nos gustan, porque encontramos extrañamente gozoso ver de vez en cuando el lomo de aquella novela que tanto nos impresionó y sentirnos satisfechos, cual cerdo haciendo la croqueta en el barro, de tener tan bonita como inútil edición en la biblioteca. 

 En el estudio de grabación.

Con los formatos de audio pasa también algo curioso en la mente del aficionado. Sale una nueva edición de coleccionista por nosequé aniversario y parece que la que tenemos en casa pierde lustre. El estuche está viejo, el papelín arrugado, saqué el CD hace años y ahora no sé en qué otro lo metí (casi siempre está en un CD-rom pirata de Windows 95 o en un pack de rancheras de tu padre, búscalo ahí). ¿Por qué yo, hombre de bien y carente de otros vicios de los malos, no me puedo comprar otra vez esta cosa que ya tengo, ahora con algún tema extra, nueva portada, lavado sonoro para que suene más fresco y tal y cual, sólo por el gusto de verla ahí puesta en la leja? Pues eso, siempre picamos. Puede ser por nostalgia de aquellos años en los que encontrabas un CD en la tienda que tus amigos no tenían y se formaba un revuelo admirativo mientras te pedían amablemente una copia en casete.


Hablando de casetes: dos ediciones distintas en VHS.

Es el morbo de tener, de acumular y presumir de lo acumulado. No descartaría el peso que puede tener este vicio oscuro en la práctica imposibilidad de que un régimen colectivista llegue algún día a buen puerto en Occidente. Y parece que va a ir a más, entre quienes se van dando cuenta de que los productos culturales en streaming tienen una disponibilidad efímera y quienes no terminan de asumir que una cosa que está alojada por ahí, en algún lugar indeterminado al que puede acceder sólo bajo ciertas condiciones (una suscripción, fibra de alta velocidad, un reproductor apropiado), realmente es algo que no le pertenece. Hay un gusanillo consumista que los verdaderos aficionados al cine, a los libros y a la música necesitan aplacar, y que no descansará por mucho que hoy podamos reproducir casi cualquier cosa en la cochambrosa pantallita y los altavoces minúsculos del teléfono.

Roger Waters dándole al gong en el anfiteatro.

Prefiero no hablar, porque nunca ha sido mi estilo ni el del blog, del hecho de que tantísimas personas estemos encantadas de recuperar música de hace cincuenta años (incluso quienes tenemos menos) porque el 99% de lo que se publica hoy sencillamente no es para nosotros. Da para pensar que incluso chavales de 15 años empiecen a darse cuenta de lo mismo.

Me está encantando este nuevo-viejísimo CD de Pink Floyd. Va a quedar perfecto en el estante junto a los cinco o seis trastos anteriores que en algún caso no he sacado ni del precinto de fábrica. 

 Un fragmento de Echoes.

martes, 11 de marzo de 2025

The Cosmic Jokers - THE COSMIC JOKERS


1. Galactic Joke (22:38)
2. Cosmic Joy (19:24)

El álbum The Cosmic Jokers ("Los chistosos cósmicos") forma parte del anecdotario más curioso de la kosmische musik alemana. Parece que todo empezó con el fundador del sello especializado Ohr, Rolf-Ulrich Kaiser, que buscaba dar prestigio a los productos que publicaba en aquellos años de efervescencia de la música cósmica a comienzos de los setenta y realizó varias reuniones, o tal vez fiestas, en el estudio del músico e ingeniero de sonido Dieter Dierks

Muchos quisiéramos ver a los grandes artistas del género como jóvenes talentosos y soñadores en busca de una aventura creativa, cuando en realidad eran más bien sujetos un tanto autodestructivos para los que la creación musical era una forma de canalizar sus pelotazos a base de alucinógenos, sobre todo LSD. Estas quedadas a las que acudían, según apuntan varias fuentes más sutiles de lo que yo pretendo ser, eran un auténtico contubernio de iluminados orientalistas, gurús de las terapias y vividores pseudointelectuales de toda calaña reunidos para consumir drogas hasta caer rendidos. Algunos de ellos grababan trabajos de los que Kaiser estaba publicando en la época.

Imagen del artwork del álbum con fotos de los miembros involuntarios del grupo.

En teoría, los músicos estaban allí para amenizar los guateques a base de largas sesiones de improvisación en vivo. Entre otros, acudieron Klaus Schulze (teclados), Manuel Göttsching (guitarras), el mencionado Dieter Dierks (teclado, bajo), Harald Grosskopf (batería) y el hoy conocido como crítico gastronómico Jürgen Dollase (teclados), que se ponían morados de lo suyo y daban rienda suelta a los espacios más galácticos del krautrock para deleite de los popes de las pseudociencias new age allí presentes. Göttsching y Grosskopf estuvieron en algún momento en Ash Ra Tempel / Ashra, y el segundo de ambos, aparte de colaborar en álbumes de Klaus Schulze, estuvo con Dollase en la banda Wallenstein. Era un mundillo muy pequeño.

Rolf-Ulrich Kaiser grabó estas sesiones sin permiso, o al menos varias de ellas, y las montó junto a Dierks en secreto, publicando el álbum que nos ocupa, The Cosmic Jokers, con una filosofía que podríamos llamar "toma el dinero y corre". Se dio la situación absurda de que entrase en una tienda berlinesa Manuel Göttsching y descubriese un sonido genial en la megafonía para averiguar al instante, por boca del dependiente, de que era él mismo el que tocaba allí la guitarra. A Klaus Schulze le sentó especialmente mal la jugada, ya que no sentía que aquella música estuviese al nivel que él quería ofrecer. "Toma el dinero y corre" significa que, a poco que Kaiser fuese consciente de lo que había hecho, debía saber que se le venía encima una denuncia, un juicio y la retirada del álbum de las tiendas. La retirada de todos los álbumes de los Jokers, en realidad, ya que Kaiser publicó hasta cinco vinilos en el mismo año 1974 con el material que les había birlado. Algunos tenían un planteamiento bastante cutre, por cierto.

Portadas de los otros discos montados a base de las mismas sesiones

Hasta del país se tuvo que ir este personaje, y ni siquiera cuando una década más tarde se legalizó el disco con permiso y pago de royalties a sus autores pudo sacarle más tajada. Porque los músicos cósmicos eran un poco drogatas pero se ganaban la vida con su trabajo.

Para la posteridad quedó The Cosmic Jokers como el gran supergrupo del movimiento cósmico alemán, y debo decir que este primer álbum homónimo -hoy, repetimos, plenamente legal y oficial- es realmente notable. La calidad de la grabación, previa a las remasterizaciones pertinentes, no es precisamente de 10, pero se disfruta como un ejercicio magnífico de lo mejor que ofrece el género. La primera mitad, Galactic Joke ("Chiste galáctico"), tiene todo el nervio y la estructura épico-textural que tanto nos gusta, además de un toque de rock que no era tan frecuente. El protagonismo se lo lleva la guitarra eléctrica de Göttsching, supongo que porque el suyo es el sonido más reconocible, pero es un tema sobresaliente en todos sus elementos. 

 Galactic Joke

La segunda cara del vinilo se llama Cosmic Joy ("Gozo cósmico"). Siendo más ambiental, experimental y oscurantista, no baja el nivel. Sobresale aquí, para mi gusto al menos, la combinación de los teclados y las percusiones para crear un espacio sonoro de estos en los que te puedes perder con la imaginación. 

 Cosmic Joy

Un trabajo, en resumen, tan curioso como interesante que merece la pena conocer por parte de los aficionados a la electrónica primitiva y el rock cósmico-progresivo y psicodélico. Lo que no es incompatible con llevar una vida sana y ordenada.

(Agradecimientos al blog Shakin' Street, en el que he averiguado algunos detalles que desconocía.)

viernes, 4 de octubre de 2024

Pink Floyd - PULSE


CD 1

1. Shine On You Crazy Diamond (13:35)
2. Astronomy Domine (4:20)
3. What Do You Want from Me (4:10)
4. Learning to Fly (5:16)
5. Keep Talking (6:52)
6. Coming Back to Life (6:56)
7. Hey You (4:40)
8. A Great Day for Freedom (4:30)
9. Sorrow (10:49)
10. High Hopes (7:52)
11. Another Brick in the Wall (Part Two) (7:07)

CD 2

1. Speak to Me (2:30)
2. Breathe (2:33)
3. On the Run (3:47)
4. Time (6:46)
5. The Great Gig in the Sky (5:52)
6. Money (8:54)
7. Us and Them (6:57)
8. Any Colour You Like (3:21)
9. Brain Damage (3:45)
10. Eclipse (2:37)
11. Wish You Were Here (6:35)
12. Comfortably Numb (9:29)
13. Run Like Hell (8:36)

La controversia sobre si Pink Floyd debió seguir adelante tras la marcha de Roger Waters no acabará nunca. La formación como trío, con David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright, nos dejó dos álbumes de estudio (tres si contamos el experimento a base de descartes que fue The Endless River), a mi juicio bastante buenos, pero que no todo el mundo aprecia por igual. Por fortuna, creo que sí hay prácticamente unanimidad a la hora de valorar los dos álbumes en directo que publicaron: Delicate Sound of Thunder (1988) y este Pulse (1995), que se encuentran en lo más alto de la selecta lista de los mejores trabajos en directo de la historia del rock. ¿Cómo pueden ser tan apreciados dos álbumes que, en teoría al menos, corresponden a las giras mundiales que se realizaron para promocionar estos dos discos de estudio que no gustan a todo el mundo?
 
Gilmour (arriba), Mason (derecha) y Wright (abajo). De Hipgnosis.

Recuerdo que compré Pulse bastantes años después de su publicación, entrados los 2000, en una época en que mi única fuente de ingresos eran unas horillas semanales de clases particulares de inglés. Tenía que ahorrar varias semanas para cada compra de este tipo en la recordada revista de venta por correo Discoplay, y Pulse no era precisamente barato. Indocumentado de mí y sin acceso a Internet en casa (como casi todo el mundo), pensé que era un recopilatorio y me tiré a la piscina, intentando escuchar por fin los grandes éxitos de aquellos Pink Floyd de los que apenas conocía un par de canciones.
 
 ¿Alguien más recuerda el anuncio del búho?
 
Me alucinó ver brillar la bombillita roja del lomo del estuche (cuyo "pulso" hace referencia al título del álbum) y la calidad de las fotos del libro del interior, pero me dejó chafado la pegatina que incluía la palabra "live". Con la hucha vacía y pocos ánimos de quejarme, puse el disco y aluciné. La respuesta a la pregunta que planteé antes queda aquí respondida: el sonido. Me explotó la cabeza, y eso que escuché Pulse en una sencilla minicadena con dos altavoces.
 
 Astronomy Domine

Es difícil de explicar cómo se consigue un equilibrio perfecto entre el sonido ambiente monumental de una sala de conciertos gigantesca con la nitidez cristalina, de cada instrumento. Al parecer, el disco se grabó con un sistema llamado QSound que lograba un efecto de audio tridimensional pese a tratarse de un registro sonoro en estéreo. No es una de estas grabaciones de conciertos que suenan regular pero que gustan a los fans porque transmiten fuerza o carisma, o que se valoran más por su carácter histórico que porque la experiencia auditiva sea la mínima deseable. No. En este caso, vamos un paso más allá de lo logrado en el también tremendo Delicate Sound of Thunder, ya que este Pulse, en términos de puro disfrute sensorial, está -y aquí me tiro a la piscina- en el top 3 de los mejores discos en directo de la historia de la música popular. 
 
 
Una de las muchas fotografías del librillo del interior del estuche.

La gira en la que se grabó Pulse fue la que siguió al lanzamiento de The Division Bell. En ella se interpretaron casi todos los temas de susodicho álbum, además de una selección de grandes éxitos de la banda. Se centró sobre todo en sus discos míticos de los setenta, aunque se coló una muy afortunada versión de Astronomy Domine, así como un par de temas del relativamente reciente A Momentary Lapse of Reason. Suenan impresionantes algunos temas como Learning to Fly o High Hopes, que ya habían sido concebidos desde el principio para impresionar al público en los estadios, pero del primer CD se llevan la palma el inicial Shine On You Crazy Diamond, verdadera apoteosis de lo cósmico, y las grandilocuentes Coming Back to Life y A Great Day for Freedom. Las grabaciones provienen de los conciertos en el Earls Court de Londres, en Cinecittà (Roma), en Festa de l'Unita (Módena), en el Niedersachsenstadion (Hanover) y en el Stadio Delle Alpi (Turín).
 
 Un ensayo de A Great Day for Freedom.

El segundo CD tiene mucha miga, ya que comienza con una interpretación íntegra y muy dinámica de The Dark Side of the Moon. El disco de 1973 suena moderno, fresco, atemporal. Sólo por este tramo ya merece la pena hacerse con una copia de Pulse, y todavía queda la traca final: Wish You Were Here, Comfortably Numb y una atronadora Run Like Hell a modo de fin de fiesta, para acabar de quemar la pólvora. Las ediciones en casete y vinilo incluían One of These Days, y sólo en casete se encontraba también Soundscape, un tema atmosférico que servía de antesala a los conciertos de la gira, mientras el público se iba acomodando.
 
El arte conceptual del librillo que contiene los CDs es espectacular.
 
Además de en doble CD, doble casete y un vinilo cuádruple carísimo, Pulse también se publicó en una edición en vídeo VHS y laserdisc en el mismo 1995. La filmación corresponde al concierto en el Earls Court, un espacio enorme en el que se desplegó el show de rayos láser a todo tren. El escenario emula vagamente un ojo humano cuya pupila corresponde a una pantalla circular parecida a la que se usó en la gira anterior, en la que se proyectan muchos de los vídeos con diseños del estudio Hipgnosis (Storm Thorgerson) y con dibujos animados de Gerald Scarfe para temas clásicos de la banda. 
 
Las ediciones en DVD y BluRay.

La lista de temas no es idéntica, ya que en el vídeo no están Astronomy Domine, What Do You Want from Me, A Great Day for Freedom ni Hey You, pero sí que se interpretan Take It Back y One of These Days. En esta última se recurrió al icónico cerdo hinchable convertido aquí en jabalí, supongamos que para que Roger Waters no montara un pollo. La posterior versión en DVD del concierto, publicada en 2006, es mucho más nítida y contiene extras. Pero la palma se la lleva la versión en bluray de 2022, que repetía el diseño del estuche con bombillita en el lomo que la edición en audio ya había dejado de incluir hacía tiempo. Existe también una versión abreviada del concierto, de hora y media, para su emisión en TV y en streaming.
 
Un montaje de fotos de los músicos del concierto.
 
Además de Pink Floyd (David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright) intervienen el percusionista incansable Gary Wallis, el saxofonista Dick Parry, el bajista Guy Pratt, el teclista y vocalista ocasional John Carin, el guitarrista Tim Renwick y las cantantes Sam Brown, Durga McBroom y Claudia Fontaine, que brillan especialmente en The Great Gig in the Sky. Ejercen de productores David Gilmour y James Guthrie, que pulió un poquillo la afinación de alguna nota suelta de la grabación. Al parecer, en el anterior Delicate Sound of Thunder se tuvo que regrabar algún que otro tema en estudio a modo de falso directo, pero en Pulse no fue necesario. Un álbum magnífico, imprescindible para seguidores de Pink Floyd y más que recomendable para cualquier aficionado al rock progresivo/psicodélico. Pongo el concierto completo en su versión para YouTube, liberada durante la pandemia para hacer más llevadero el confinamiento.
 

viernes, 6 de septiembre de 2024

Habrá edición 50 aniversario de 666, de Aphrodite's Child.

La edición de lujo de este álbum de 1972 se ha demorado dos años, pero el 8 de noviembre estará disponible en vinilo o en un estuche con cuatro CDs y un bluray, conteniendo el álbum en su versión internacional, en su versión exclusiva para Grecia (de 1974, quizá por eso el retraso) y en versiones Surround y Atmos. Incluirá también un librito explicando el proceso creativo del doble disco.
 
 
Lo que no incluye en ninguna parte, y esto es raro de verdad, es el tema , que no aparece en la lista de temas de la nota de prensa que se ha difundido. Recordemos que era un tema cantado por Irene Papas que parecía un largo orgasmo con un toque de mal rollo. Fue polémico en su momento, pero parece excesivo que se haya suprimido del álbum.
 
 

Vangelis en persona supervisó las remezclas junto a Philippe Colonna antes de su fallecimiento en 2022. Se incluye una entrevista de 1972 con el músico griego, compositor principal del álbum. Es un trabajo esencial del rock progresivo y psicodélico de todos los tiempos y merece la pena revisarlo una vez más.

Actualización: informan en la página Elsewhere de que el tema con Irene Papas sí estará incluido en la nueva edición. En la tienda de Universal Music se puede adquirir una versión exclusiva en vinilo rojo.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Magma - MËKANÏK DËSTRUKTÏẀ KÖMMANDÖH

 
 1. Hortz Fur Dëhn Štekëhn Ẁešt (9:36)
2. Ïma Süri Dondaï (4:30)
3. Kobaïa Is de Hündïn (3:34)
4. Da Zeuhl Ẁortz Mëkanïk (7:48)
5. Nebëhr Gudahtt (6:02)
6. Mëkanïk Kömmandöh (4:10)
7. Kreühn Köhrmahn Ïss Dëh Hündïn (3:13)

"El juicio a la Humanidad por su crueldad, su falta de honestidad, su inutilidad, su vulgaridad y su falta de humildad. Tal como predijo el profeta NËBËHR GUDAHTT, guiado e inspirado por El Espíritu del Universo, en su infinita sabiduría".

En este blog siempre nos ha atraído lo raro. En ocasiones incluso he comentado discos totalmente desconocidos de gente que nadie recuerda, por el hecho de que me haya llamado la atención algún detalle. No es este el caso de Magma, un grupo relativamente bien conocido al que, por su pertenencia más o menos aceptada al campo del rock progresivo, tenía que acercarme antes o después. Pero qué raro es esto. Madre mía.
 
 Magma en 1973. Christian Vander está en primer plano, a la derecha.
 
Entre los muchos álbumes publicados por Magma, he querido comenzar por este Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh (1973) al tratarse, según los entendidos, de su disco más importante. No sé si será también un álbum representativo de su estilo, porque desde luego admito que me va a costar volver a escuchar un trabajo de esta gente, aunque sea para comparar. Y no porque no me haya gustado ni porque no reconozca su mérito musical, sino porque en este momento me sigue pareciendo un cubo de Rubik en el que no logro poner dos casillas del mismo color juntas. Se supone que Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh forma una especie de trilogía llamada Theusz Hamtaahk junto con otras obras de la época.
 
Magma es un grupo francés fundado por el batería especializado en jazz Christian Vander en 1969. Como en una fantasía de ciencia ficción hecha realidad, Vander creó un idioma propio para sus álbumes: el kobaïano, supuestamente hablado por un grupo de futuros exiliados terrícolas en el planeta Kobaïa. El kobaïano, que a primera vista parece un chapurreo caricaturesco del alemán, no es un idioma totalmente estructurado sino que su valor está ligado a la música de manera inseparable. Son sus sonidos los que transmiten significados, no las palabras como tales. Parece que Vander lo elaboró sobre la marcha, adoptando ideas de aquí y de allá (incluyendo sus sueños) y lo fue desarrollando mientras Magma componía y grababa su música.
 
 Hortz Fur Dëhn Štekëhn Ẁešt
 
Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh (MDK) estuvo fraguándose desde 1971, siendo al comienzo una única pieza de 38 minutos con un sonido muy acústico a base de percusión, teclados, coros y un bajo que resultó demasiado rupturista para la compañía discográfica A&M. Después de tenerlo ya grabado en 1973, Vander y los suyos aceptaron retocarlo, hacerlo un poco más comercial, y la versión definitiva se grabó en los estudios británicos The Manor (calculo que al mismo tiempo que se fraguaba allí mismo Tubular Bells con el mismo ingeniero, Simon Heyworth), añadiendo guitarras, instrumentos de viento y algunas voces más. Ahora parece más un disco de rock... aunque sigue siendo café para los muy cafeteros. La versión primigenia del álbum se acabó publicando en 1989 bajo el título reducido de Mëkanïk Kömmandöh.
 
 
 Portada de la edición de 1989 con la primera versión del álbum.
 
Terminada la parte enciclopédica, tocaría describir MDK para el oyente casual que quiera acercarse a él por primera vez. Yo lo describiría como una fantasía psicodélica que mezclase propuestas un tanto crudas de la escena europea del momento (me recuerdan a ratos a Popol Vuh) con unas pinceladas hippies como de musical a lo Jesucristo Superstar, todo envuelto en una atmósfera ritualista, prácticamente de tipo religioso/sectario y trascendental. Hay también toques de free jazz y música neoclásica al estilo de Stravinksy y Carl Orff. El productor del álbum fue Giorgio Gomelsky, y he notado en MDK el parecido con las atmósferas de aquellas grabaciones que realizó en 1971 con Vangelis, de las que salió el álbum no oficial The Dragon
 
Kreühn Köhrmahn Ïss Dëh Hündïn
 
Las estructuras de los temas no son especialmente melódicas, pero sí muy recargadas a nivel de instrumentación y juegos vocales. Se aprecia claramente que el álbum fue concebido inicialmente como una única suite, por ejemplo, en el parecido entre los cortes 2, 3 y 4, que básicamente contienen un único tema in crescendo. No se sale del esquema el tema número 5, aunque el mismo crescendo se ve atenuado en su primer tramo. A mitad del sexto corte hay un nuevo clímax musical muy grandilocuente y el último tema funciona como un epílogo, que en realidad resulta ser otro pequeño crescendo coral con conclusión grandiosa. Por si faltaba algo, el álbum termina con un largo pitido de 20 segundos que, dependiendo del volumen al que lo estés escuchando, te puede hacer la puñeta.
 
Contraportada de una edición reciente en vinilo.
 
Lo he escuchado por segunda vez antes de escribir esta reseña, y admito que me ha parecido una experiencia musical muy distinta, más positiva. La vez anterior, MDK me transmitió una sensación de malignidad, como de invocación satanista, que en esta ocasión no ha aflorado en mi cabeza. Desde luego, y aunque me sigue costando trabajo sumergirme en un trabajo tan marciano, sí que entiendo que lo que hicieron los de Magma fuese una pequeña revolución, si no comercial, al menos sí artística. De hecho, Magma popularizó el subgénero musical conocido como zeuhl (palabra en kobaïano que significa más o menos "celestial"), adoptado por varios grupos europeos, franceses sobre todo, y también japoneses. Magma sigue en activo en la actualidad, habiendo publicado su último álbum Kartëhl en 2022. Igual sí que me pongo...

lunes, 9 de octubre de 2023

Roger Waters - THE DARK SIDE OF THE MOON REDUX


1. Speak to Me (1:54)
2. Breathe (3:22)
3. On the Run (3:47)
4. Time (7:19)
5. Great Gig in the Sky (5:47)
6. Money (7:33)
7. Us and Them (7:36)
8. Any Colour You Like (3:18)
9. Brain Damage (4:55)
10. Eclipse (2:20)

Con este título un poco a lo Francis Ford Coppola vuelve Roger Waters a reciclar lo reinventado, o a revisar lo reutilizado, o a lo que sea que hace alguien cuando tiene 80 años y lleva media vida tirando de un puñado de canciones para ganarse la vida. The Dark Side of the Moon Redux (2023) es la revisión que nos propone Roger Waters del que cada vez más gente considera el álbum más mítico de la historia popular del rock. ¿Es interesante? Mucho. ¿Aporta cosas nuevas? También. ¿Es tan bueno y revelador como para desplazar a un lado al disco original de 1973? Ni en los más descabellados sueños febriles de su autor.

Roger Waters enredado en el arcoíris.

Desde luego, lo que no se puede negar es que Roger Waters fue quien tomó las riendas creativas -que no tanto artísticas, en un sentido general- de los Pink Floyd para llevarlos a su etapa más clásica. Ni siquiera su más o menos archienemigo David Gilmour puede negar que, mientras él mismo y otros miembros de la banda dedicaban más y más tiempo a su vida familiar y a sus quehaceres de millonarios, era Waters quien, digamos, madrugaba cada mañana y llegaba al estudio de grabación con los deberes hechos: letras de canciones, melodías en bruto, conceptos musicales que explorar. No creo que se merezca el excesivo vapuleo que está recibiendo por parte de quienes consideran este nuevo trabajo como una demostración de egolatría. Al menos, no si tenemos en cuenta que este Redux es evidentemente un álbum tributario realizado bajo una óptica muy... suya. Pienso que Roger Waters mete mucho más la pata cuando hace determinadas declaraciones en entrevistas que cuando se plantea regresar a motivos musicales de los que él mismo fue el responsable máximo. Le pierde la boca cuando habla, pero no ocurre lo mismo cuando hace música.

Speak to Me y Breathe

Y eso que Redux tiene en más de un momento aires de grabación hablada, de audiolibro. Roger Waters está mayor y tal, pero sigue cantando más o menos correctamente en sus conciertos, por lo que la elección de retomar las letras (ampliadas hasta el infinito) de The Dark Side of the Moon para recitarlas a lo Leonard Cohen con el sombrero, a lo Johnny Cash tardío con la chupa de cuero, es más un ejercicio estético que un síntoma preocupante de vejez. Pero esto no significa que todo el invento tenga que gustarnos por igual. Personalmente, creo que se excede. Demasiada recitación, con el micro tan cerca que podría tenerlo alojado en el gaznate, en detrimento de algunos pasajes instrumentales bastante más interesantes de lo que pueden parecerlo en una escucha superficial. No habría tenido nada de malo volcarse un poco en otro tipo de atmósfera en los instrumentales Speak to Me y On the Run, o jugar con las posibilidades de Great Gig in the Sky, en vez de meter su voz cazallera en todas partes. Hasta recita la letra del tema Free Four de Obscured by Clouds (1972) donde debería haber un desarrollo instrumental. Al final queda una sensación pesada, como de que Redux es un álbum hecho para ser escuchado en un contexto demasiado sibarita, como de señor mayor en bata bebiendo coñac en copa grande junto al fuego con un viejo mastín dormitando al lado.

Time

Pero hay momentos agradables, como Time o Brain Damage, que suenan frescas y consiguen que el recauchutado aporte algo novedoso. También se nota que Money es un tema que va mucho con el activismo político de Waters, ya que se esfuerza especialmente en bordar su interpretación. En general, el álbum está producido de manera muy delicada, muy esmerada, si bien la instrumentación no termina de gustarme. Hay arreglos muy interesantes aquí y allá (la guitarra, los efectos sonoros y las cuerdas clásicas que suenan en Us and Them, por ejemplo), pero choca un poco que se haya sustituido el bestial solo de guitarra en Time por un triste órgano, el sintetizador psicodélico de On the Run por una especie de tonadilla lejana de videojuego arcade, y la feroz batería de Money por un ritmo plano y gris que suena a pregrabado. En realidad, casi toda la línea de batería del álbum parece de pega, de plastiquillo, lo que le resta un montón de calidad a la experiencia sonora conjunta. Entre las cosas que más se salvan, en lo que a recuperar el espíritu del álbum original se refiere, está la inteligente utilización de las coristas.

Us and Them

En resumidas cuentas, The Dark Side of the Moon Redux tendría que haber sido una auténtica bazofia para hacer sonar mal una serie de melodías que los soñadores hemos atesorado durante varias generaciones. Y no es en absoluto una bazofia, sino un disco bastante más válido de lo que presagiaban tantos titulares sensacionalistas de los últimos meses (a los que yo mismo presté demasiada atención en algún punto). Es personal, ocurrente a veces, se diría que incluso humilde a la hora de no pretender sustituir a los míticos integrantes de Pink Floyd por músicos de sesión, a la hora de admitir desde el primer instante que solo unos cuantos nostálgicos empedernidos van a darle una oportunidad sin dejarse llevar por los prejuicios. Qué difícil es usar el término "humilde" cuando se habla de Roger Waters.

lunes, 10 de abril de 2023

The Flaming Lips - YOSHIMI BATTLES THE PINK ROBOTS


1. Fight Test (4:14)
2. One More Robot / Sympathy 3000-21 (4:59)
3. Yoshimi Battles the Pink Robots, Pt. 1 (4:45)
4. Yoshimi Battles the Pink Robots, Pt. 2 (2:57)
5. In the Morning of the Magicians (6:18)
6. Ego Tripping at the Gates of Hell (4:34)
7. Are You a Hypnotist (4:44)
8. It's Summertime (4:20)
9. Do You Realize (3:33)
10. All We Have Is Now (3:53)
11. Approaching Pavonis Mons by Balloon (Utopia Planitia) (3:09)

Renovarse o morir, dicen, y por eso hoy me he decidido a traer algo que no encaja perfectamente (aunque sí lo hace en algunos aspectos) con lo que solemos tener en el blog. En cualquier caso, Yoshimi Battles the Pink Robots es un álbum de 2002, y con la que está cayendo a nivel musical dentro del mainstream más puro, no andará lejos de que podamos considerarlo un pequeño clásico en la línea neblinosa que separa el panorama pop-rock de todo aquello que hay más allá, y que tanto nos interesa.

Tanto justificarme quizá sea innecesario, ya que estamos hablando de un álbum fantástico, una golosina instrumental y melódica que, salvando las obvias distancias, está en la línea del Pet Sounds de los Beach Boys o el mismísimo Sgt. Pepper's por su imaginación desbordante y su optimismo infinito y colorista. The Flaming Lips es una banda estadounidense formada por Wayne Coyne, Steven Drozd y Michael Ivins, que tocan un montón de instrumentos cada uno. Este álbum en concreto, el décimo de su carrera, es un experimento más o menos conceptual en una línea de rock alternativo psicodélico muy melódico con interesantes cortes instrumentales y un uso a discreción de recursos electrónicos y arreglos de todo tipo.

The Flaming Lips (de la web Classic Album Sundays).

El título "Yoshimi combate a los robots rosas" es una referencia a la japonesa Yoshimi P-We, que en el álbum participa como colaboradora externa, y que manejaba un instrumento de voces sampleadas que sonaba como si "luchase con monstruos", según un comentario casual. Esta idea de la chica que pelea contra robots no solamente inspira también la portada, sino que en 2012 dio lugar a un musical escrito por Aaron Sorkin (El ala oeste de la Casa Blanca, La red social), en el que este argumento de ciencia ficción un poco infantil escondía metafóricamente la lucha de la chica contra el cáncer. Lo cierto es que solamente los cuatro primeros temas utilizan a discreción estos sonidos robótico/monstruosos y unos samples con ruido de público como de "falso directo", por lo que al final podríamos estar ante una suite conceptual limitada solamente a una parte del álbum. Un poco como en el famoso 2112 de Rush.

Fight Test

La estructura de las canciones es más o menos convencional, pero la producción es muy detallista y siempre están pasando muchísimas cosas en segundo plano. El álbum comienza con la estupenda Fight Test, que de manera seguramente no intencionada se parece al Father and Son de Cat Stevens. Se llegó a un acuerdo amistoso y el hoy llamado Yusuf Islam recibe algunos royalties. De One More Robot impresiona todo, aunque me quedo con su tramo instrumental final, que es una exquisitez. Yoshimi Battles the Pink Robots, Pt. 1 es un tema más o menos comercial pero tan ingenuo que llama la atención, y su segunda parte (Pt. 2) es un instrumental incidental prácticamente propio de una escena de acción de anime en la que Yoshimi da lo suyo a los dichosos robots a base de kung fu.

Yoshimi Battles the Pink Robots, Pt. 2

In the Morning of the Magicians posee una delicadeza como de otro tiempo, una sentimentalidad arrebatadora acentuada por la bellísima producción. De Ego Tipping at the Gates of Hell destaca el ritmo electrónico y, de nuevo, los sorprendentes arreglos aquí y allá. Pero para arreglos, Are You a Hypnotist??, entre lo urbano y lo cósmico, con algunos coros impresionantes. De lo mejor del disco.

Are You a Hypnotist??

It's Summertime continúa en una línea intimista y delicada que crece segundo a segundo, y después llega el que -si no me equivoco- fue el single de más éxito del álbum, Do You Realize??, quizá de lo que menos me gusta, y no porque esté mal, sino porque el arreglo de cuerda ya no sonaba tan original después de algunos clásicos de REM en los años noventa. Es un tema que suena bastante a lo que se hacía en aquella época en el gremio del rock alternativo. All We Have Is Now es un último tema atmosférico y envolvente justo antes del perfecto cierre del álbum: el estupendo Approaching Pavonis Mons by Balloon (Utopia Planitia), un capricho de pura ciencia ficción retro que ganó el Grammy al mejor tema de rock instrumental.

Approaching Pavonis Mons by Balloon (Utopia Planitia)

No he podido quitarme de la cabeza algunas de las melodías de Yoshimi Battles the Pink Robots desde que lo escuché hace unos meses, y supongo que con esta entrada buscaba exorcizarme a mí mismo un poco. No se parece a casi nada de lo que puede escucharse en la radio comercial actual (supongo que tampoco en su época), pero es un trabajo de culto que fascina desde la primera escucha y que ha tenido un profundo calado en la cultura popular alternativa. Recomendado incluso para escépticos de lo pop.

miércoles, 1 de marzo de 2023

The Dark Side of the Moon cumple 50 años.

Todos lo sabíamos, pero había que recordarlo hoy mismo. ¿Qué se puede decir de la gran obra maestra de Pink Floyd que no se haya dicho ya? 

Es el tercer o cuarto disco más vendido de todos los tiempos, dependiendo de la fuente consultada, y de no ser porque la certificación de esta clase de récord depende de ciertas condiciones un tanto arbitrarias, podría ser fácilmente el primero de la lista. Para hacernos una idea, estuvo 200 semanas en la lista de ventas de Estados Unidos. Hay quien dice que el estupendo diseño de la portada ha ayudado a atraer a compradores que ni siquiera sabían muy bién qué clase de música se iban a encontrar.


Tiene 1198 versiones diferentes registradas en Discogs, entre distintos formatos de audio, relanzamientos, ediciones conmemorativas y variantes por países, a menudo con cambios visibles en el diseño de la funda. El vinilo más caro subastado hasta ahora llegó a las 3.500 libras, y esa tirada (primera edición por la discográfica Harvest) se reconoce -ojo si tenéis uno en casa- porque en la "galleta" del disco, el icónico prisma está totalmente coloreado de azul, no solo los bordes como en otras ediciones. 

Si tienes esto en casa...

En algunas tiradas antiguas, la funda desplegable del LP incluía unos cuantos souvenirs: dos pósters dobles, con imágenes de las pirámides de Egipto y fotos de la banda en concierto impresos por los dos lados, y dos pegatinas diseñadas por el estudio Hipgnosis de Storm Thorgerson. La contraportada, parecida a la portada pero invertida, estaba diseñada para que al colocar varios vinilos en un estante, alternando unos de frente y otros del revés, pareciese que los rayos de luz y los arcoiris iban encadenados ad infinitum.

La contraportada y la portada, puestas juntas encajan en cualquier orden.

No hay grandes diferencias en el contenido estrictamente musical de las diferentes ediciones del disco. Quizá la más llamativa sea que en la versión incluida en la caja Shine On de 1992 se escucha el tema de The Beatles Ticket to Ride mientras el tema final Eclipse se va apagando entre latidos de corazón. Podría pensarse que es un homenaje a los de Liverpool por aquello de que grabaron a menudo en los estudios londinenses Abbey Road (donde se grabó The Dark Side of the Moon), pero en realidad era un local tan activo en la época que no parece un detalle que los Pink Floyd quisieran señalar. Sí que sabemos que David Gilmour mantiene una larga amistad con Paul McCartney, y que las voces de este último y su entonces esposa Linda fueron grabadas para una de estas conversaciones insertadas en el disco, si bien al final se quedó fuera.

Abbey Road Studios

A lo largo del álbum se escucha un montón de sonidos sampleados, entre los que destacan los relojes y despertadores del inicio de Time, que habían sido en realidad una prueba ajena al disco del ingeniero Alan Parsons para experimentar con el sonido cuadrofónico; y el sonido de caja registradora de Money, que ha causado la penúltima pelea entre David Gilmour y Roger Waters, debido a que ambos se han querido adjudicar el mérito del invento. La Wikipedia se lo concede a Waters. El tema inicial Speak to Me funciona, por cierto, como una introducción que recoge algunos de los sonidos -sobre todo samples- que se escucharán después en los demás temas.


Las pegatinas que venían con el vinilo.

Entre las leyendas urbanas asociadas al álbum, quizá la más conocida sea la de que había sido grabado para encajar con la película clásica El mago de Oz. La banda siempre lo ha negado, y es verdad que para hacer que ciertas letras de las canciones coincidan con escenas de la película hay que echarle bastante imaginación. Creo que también hay un rollo parecido con 2001: una odisea del espacio. En realidad, parece que los únicos productos audiovisuales que los miembros de Pink Floyd consumían durante las grabaciones eran partidos del Arsenal y la serie de TV de la banda cómica Monty Python. De hecho, parte del dineral que se ganó con las ventas del álbum (una parte minúscula, obviamente), se invirtió en la primera película de los Monty Python, Los caballeros de la mesa cuadrada, un extraño ejemplo de crowdfunding entre celebridades de entonces.


Dos de los pósters.

Pero lo importante es preguntarse por qué The Dark Side of the Moon siempre ha sido calificado como "el antes y después de la música", un epíteto quizá rimbombante pero con algo de razón. Creo que es porque, por una parte, hizo uso de técnicas de grabación punteras que antes seguramente habían sido demasiado experimentales para un disco de música popular; y por otra -y más importante- porque las letras de los temas profundizan en contenidos existencialistas y filosóficos muy profundos, cosa que, fuera del ámbito de los cantautores, no era nada habitual. En resumidas cuentas, este disco demostró que el rock, incluso estando dirigido al público más amplio posible, podía ser algo tan serio y maduro como una obra literaria o artística culta. ¡Y qué bien sigue sonando!

Un vídeo oficial que se grabó como material promocional. Después se utilizó para proyectarlo durante los conciertos.

domingo, 30 de octubre de 2022

Pink Floyd - ANIMALS


1. Pigs on the Wing (Part One) (1:24)
2. Dogs (17:04)
3. Pigs (Three Different Ones) (11:28)
4. Sheep (10:20)
5. Pigs of the Wing (Part Two) (1:24)

Siempre que comento un álbum de Pink Floyd pienso que puedo aportar poco a estas alturas sobre uno de los grupos más importantes y admirados (incluso en la actualidad) de la historia de la música popular. No sé hasta que punto interesan a alguien mis opiniones sobre obras musicales que la gente lleva escuchando asiduamente desde hace más de 50 años. Pensaba empezar este análisis de Animals (1977) señalándolo como un álbum maldito, el trabajo de la banda que menos aura de excelencia tiene dentro de la que sería su edad de máximo esplendor, la que va desde The Dark Side of the Moon (1973) hasta The Wall (1979). Aunque Animals sea un álbum menos accesible, menos apoteósico que los anteriores y que el también indiscutido Wish You Were Here (1975), no se puede menospreciar un disco que es, bajo cualquier óptica, un icono del rock.

De izquiera a derecha: David Gilmour, Roger Waters, Nick Mason y Richard Wright.

Hace unos años pasé mi primera semana de turismo en Londres, en una zona llamada Lansdowne Green, en el suroeste del centro urbano. Deshechas las maletas, salí a la calle emocionado para ver si me situaba. Siguiendo una extraña intuición, caminé unos pasos hacia atrás para ver si lograba identificar algún edificio o monumento emblemático que sobresaliese sobre las azoteas de las viviendas. No había consultado ninguna guía, pero algo me decía que tenía que haber algo interesante muy cerca. Entonces emergió una enorme, gigantesca chimenea blanca, luego dos. El apartamento alquilado estaba a poco más de un tiro de piedra de la vieja central eléctrica Battersea. A la mañana siguiente, desde el autobús de cercanías, comprobé con desilusión que no había un cerdo hinchable atado allí a perpetuidad, pero esa misma tarde escuché todo Animals al completo. Un melómano no olvida una experiencia así, a pesar de que Animals no era un disco que me alucinase.

La imagen completa de la portada, que se extendía a la contraportada, obra de Storm Thorgerson.

No es un álbum especialmente accesible, más que nada porque -quitando la breve intro y el epílogo- consiste en tres temas largos tirando a estáticos dentro de lo que se puede esperar en un trabajo de un grupo de rock progresivo. En una escucha superficial no hay momentos de efectismo muy llamativos en Dogs ("Perros") ni en Pigs ("Cerdos"), que parecen más bien lineales, incluso un poco largos de más; y en Sheep ("Ovejas") tenemos en todo caso unos efectos sonoros espectaculares y un fragmento final de guitarra eléctrica que se salen de un esquema, por otra parte, no mucho más variado que lo anterior. No hay fragmentos de música cósmica tan potentes como los instrumentales de The Dark Side of the Moon o el inicio de Shine On You Crazy Diamond, sino que más bien se propicia un reencuentro con sus raíces rockeras más descarnadas. Nick Mason ha dicho alguna vez que Animals fue la respuesta de Pink Floyd al fenómeno punk, que él mismo apoyó en cierta medida. Buscaban un tono más de garaje, de rock sin más, como regresando a sus orígenes.

La imagen completa del remix de 2018.

Necesitamos un par de escuchas más para iniciar nuestro sereno romance con Animals, fijándonos en lo excelente de las interpretaciones, en lo trabajadas que están las letras, en lo hipnótico de esos mismos temas que antes se nos han hecho pesados, en esas pequeñas cosas que ocurren constantemente en un segundo plano, en el ambiente un poco sucio, un poco con olor a humo, metales y asfalto (véanse la portada original y la de la remezcla) que se desprende de su sonido, por mucho que la novela que lo inspira tenga un contexto rural. La reciente publicación de la remezcla realizada en 2018 por James Guthrie sirve, por lo menos, para apreciar mejor muchos de sus numerosos detalles.

Dogs

Como decíamos, Animals está libremente inspirado en la novela Rebelión en la granja (Animal Farm, 1945), de George Orwell, que es una fábula satírica sobre los totalitarismos en general y sobre la URSS bajo el poder de Stalin en particular. Más que una adaptación al estilo de las que se hicieron de los cuentos de Poe (The Alan Parsons Project) o La guerra de los mundos (Jeff Wayne), aquí se utilizan elementos simbólicos de la novela de Orwell para construir su urdimbre temática, dando pie a que Roger Waters desate a sus fobias políticas contra la sociedad de la época. Todo un personaje, Roger Waters, que en este Animals, más que nunca antes, se afianza como motor creativo de Pink Floyd. Ya llevaba tiempo demostrando su buen hacer como letrista principal, por no decir el único letrista, pero aquí también se hace cargo de cantarlo prácticamente todo.

Sheep (subtitulada)
 
Sin ser Waters un personaje 100% del gusto de todos los seguidores de PF (su expulsión de Rick Wright tras el lanzamiento de The Wall fue imperdonable y sus consecuencias irreparables), debe puntualizarse que los demás miembros de la banda estaban entonces con la atención puesta en otras cosas -David Gilmour, por ejemplo, acababa de ser padre- y seguramente era Roger Waters el único de verdad volcado totalmente en lo artístico. Aun así, el trabajo de todos los demás miembros también es magnífico, desde la potente batería a la guitarra principal o los fondos de órgano y sintetizadores. El disco tuvo críticas mixtas, pero tras años de recordarse en la cultura popular casi exclusivamente por el famoso cerdo-globo, el tiempo todo lo cura y Waters lo ha interpretado casi en su totalidad durante los conciertos de su gira de 2017-18, recogida en la película Us+Them. Supongo que en la actual gira This Is not a Drill también tiene presencia.

Pigs en vivo, por Roger Waters en solitario (con mensajitos para Donald Trump).

El álbum se grabó en el flamante nuevo estudio Britannia Row construido por la banda tras comprar un conjunto de salones parroquiales en un mismo edificio, en la zona londinense de Islington. Según explica Mason en su divertida autobiografía Inside Out/Dentro de Pink Floyd, estaban encantados con el proyecto de crear su propio estudio, pero terminaron tomándole manía por resultar ser demasiado grande, frío, poco acogedor. Aquí grabaron este Animals y solo una parte del siguiente álbum, The Wall (incluido el coro de niños), y después de que el propio Nick Mason se quedase con él en propiedad, terminó vendiéndolo. Hoy en día está dividido en pisitos unifamiliares. Me lo apunto para ver si lo localizo en futuras visitas a Londres.
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