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lunes, 17 de noviembre de 2025

Aphelion Psalm - PORTAL TO CASSIOPEIA


1. Portal to Cassiopeia (17:25)

I. Opening of the Portal
II. Ten-thousand-year Cryosleep
III. Antimatter Void Abyss
IV. At the Gates of Alpha Cassiopeia

Alguna vez, hace mucho tiempo, hice un elogio de uno de los mejores momentos que experimenta quien mantiene un blog como este: abrir el buzón y encontrarte un estupendo CD, a menudo autografiado pero siempre con la pátina de lo minoritario e interesantísimo. Todo un placer fue encotrarme con este breve álbum, un EP si nos remontamos a la época de los formatos físicos, enviado desde Nerja por el artista que se hace llamar C. Pilgrim. Supongo que Aphelion Psalm es más el nombre del proyecto que un alter ego del propio músico.

Todavía más placer se siente al sumergirse en un buen trabajo de música cósmica (la portada es en sí misma una sólida promesa) al estilo del que hacían los artistas de la denominada Escuela de Berlín. Para los nuevos en el blog, porque ya llevamos comentados por aquí un buen montón de trabajos de este subgénero de la electronic music, se trata de música generada con sintetizador que suele poner más énfasis en la atmósfera que en el colorido musical, más acento en las complejas texturas superpuestas que en las melodías. Durante los años setenta, fue precisamente en Alemania (no solamente Berlín, aunque allí estaba el epicentro) donde se desarrolló este estilo musical vanguardista, buscando una forma de posmodernidad que iba más allá del rock convencional y funcionaba en paralelo al krautrock, a veces cruzándose los caminos de ambos sin que sea fácil distinguir siempre dónde terminaba uno y comenzaba el otro. Los gurús de esta escuela, cuyos máximos exponentes son Tangerine Dream y Klaus Schulze, con permiso de algún otro, hacían las delicias de los fans de la psicodelia con conciertos en iglesias y catedrales, luces apagadas, ojos cerrados y alguna que otra sustancia por allí diluida.

El rock progresivo, otro subgénero con el que también daban lugar a híbridos, tuvo un claro declive en su popularidad durante la segunda mitad de la década de 1970, de sobra conocido por producirse en un contexto que rebasaba lo meramente musical... Pero en el caso de la música de la Escuela de Berlín no me parece tan claro que hubiese una decadencia tan marcada, un canto del cisne concreto, pese a que su edad de oro quedó enmarcada en aquellos años. Experimentó un bajón durante los años ochenta, en los que el tecnopop (pongamos a los también alemanes Kraftwerk) acaparó el protagonismo de la electrónica europea "dura", pero algunos de sus representantes más ilustres han seguido haciendo una música bastante coherente con los postulados iniciales del movimiento hasta la actualidad. Hoy en día, además, el estilo Escuela de Berlín se ha reencarnado en diversas formas de electrónica entre las que destaca por su relativa cercanía el dark ambient. No es tan común encontrar obras a la berlinesa fuera de la propia Alemania, pero haberlas haylas. Aquí mismo, en España, hay que recordar la interesantísima discografía de Neuronium y los posteriores trabajos en solitario de Michel Huygen.

 
Portal to Cassiopeia

Portal to Cassiopeia (2025), como buen álbum en su estilo, se trata de un trabajo conceptual con una narrativa muy concreta (un viaje a través de un portal a la constelación de Casiopea, en el centro de la ilustración de portada) que se desarrolla musicalmente a lo largo una única pista dividida en cuatro secciones. La primera, "Apertura del portal" es la más atmosférica y oscura, con capas de sonido entre las que destaca un afilado zumbido electrónico, en la línea de la Escuela de Berlín más primitiva, antes de que comenzase a adquirir tintes new age. Es como asomarse al abismo, literalmente. La segunda sección, "Criosueño de diez mil años", tiene una melodía indefinida, juguetona, y un ritmo más marcado. Quizá busca emular el tictac de un reloj, el mecanismo de esta maquinaria de hibernación que nos mantiene jóvenes mientras viajamos por el cosmos, o incluso el latido del corazón del durmiente, que vuelve a sonar mientras éste se aproxima a su destino. "Abismo del vacío de antimateria" retoma un planteamiento estático, menos tétrico que el del primer tramo de la suite pero también cósmico e inquietante. No habría desentonado en alguna escena de Blade Runner. Concluye el trabajo con "A las puertas de Alfa Casiopea", que hace referencia a la estrella más brillante de la constelación (la estrella Schedar, una gigante naranja) y contiene unas grandiosas notas de teclado que no se quedan muy lejos del sonido de un órgano de iglesia. Se pierden en la lejanía mientras concluye la composición.

El álbum es muy satisfactorio si se escucha en contexto, sabiendo lo que te vas a encontrar y más todavía si conoces el estilo musical aunque sea sólo un poco, aunque un melómano casual deberá hacer un ejercicio de escucha activa libre de prejuicios para entender con qué conceptos juega aquí C. Pilgrim. Por mi parte, quedo a la espera de escuchar nueva música de Aphelion Psalm y recomiendo a connoisseurs y curiosos que se acerquen a su espacio en Bandcamp, donde pueden escuchar Portal to Cassiopeia al completo y descargarlo para su escucha en un reproductor en condiciones.

miércoles, 12 de julio de 2023

Tangerine Dream - RAUM


1. Continuum (7:08)
2. Portico (6:44)
3. In 256 Zeichen (19:10)
4. You're Always on Time (8:08)
5. Along the Canal (5:29)
6. What You Should Know About Endings (6:55)
7. Raum (14:54)

Superado ya ese tenso momento del fin del curso escolar, me atrevo a volver por estos lares para comentar un disco que me sorprendió gratamente y tenía en el cajón desde hace meses. Se trata de Raum (2022), el segundo álbum de estudio de Tangerine Dream tras la pérdida del pionero Edgar Froese.

Se podría decir que Tangerine Dream, desde el momento en que muere Froese en 2015, tenía todas las papeletas para convertirse en una banda tributo, un dinosaurio en el peor sentido del término, ya que otras bandas "fósiles" suelen tener a un fundador de la banda original, o al menos a un representante de alguna de las épocas doradas todavía en activo. TD resurge ahora como nombre de marca, como concepto quizá, una formación con carácter transgeneracional, porque se ha producido -entiendo yo- un fenómeno un tanto peculiar: el sonido de Tangerine Dream ha dejado de depender de quién forma parte de la banda.

El EP Probe 6-8, publicado antes que el álbum, ya incluía material de éste.

Resulta que los Tangerine Dream llevan publicados, con este, 74 discos de estudio. Han tenido tiempo y lugar de sobra para establecer un estilo propio y reconocible, asimilando con naturalidad la entrada y salida de componentes, hasta un punto en el que cualquier aficionado con el equipo musical adecuado puede crear algo que lo imite. También hay que decir que una discografía tan exageradamente abultada da pie a pensar que no todo lo que han publicado puede mantener un nivel alto. Aunque estoy mucho más familiarizado con los "Pink Years" y la etapa Virgin, sé que desde finales de los años noventa, TD ha lanzado tanto material al mercado (conciertos, recopilaciones de material de archivo, estuches de coleccionismo, remezclas, regrabaciones...) que solo un verdadero fan ha podido ser capaz de estar al día. Muchos títulos han pasado por el escaparate sin que algunos seguidores potenciales hayan llegado a enterarse siquiera de su existencia.

Los TD actuales: Quaeschning (el nuevo líder), Yamane y Frick.

En este momento, Tangerine Dream está constituido por Paul Frick, Thorsten Quaeschning y Hoshiko Yamane. Los dos primeros se encargan de los sintetizadores y secuenciadores, y la tercera de los elementos de cuerda. Sin menosprecio hacia ellos y por todo lo escrito anteriormente, seguramente Raum no debería ser tan bueno. Es uno de los mejores discos de TD que he escuchado, produciéndose algo parecido a lo que le ocurrió al álbum póstumo de Klaus Schulze, que suena mejor y más acorde a los tiempos que nunca pese a que contiene esencialmente lo mismo que hace cincuenta años.

You're Always on Time ("Siempre llegas a tiempo").

En Raum ("Espacio") encontramos los clásicos desarrollos largos, más secuenciales que melódicos, que hicieron tan especiales a clásicos como Rubycon o Ricochet, solo que con un toque sutil en los ritmos que les aporta modernidad. Parece que el miembro más reciente de TD, Paul Frick, tiene experiencia en la música urbana. Pero el álbum se recrea en lo cósmico, elegante, sutil y casi siempre minimalista, sin esa impresión que dejan algunos artistas electrónicos actuales de querer ser reclutados para macrofiestas universitarias. No es la clase de música que pueda describirse con palabras, pero si hay que describir algunos cortes destacables, me quedo con el vibrante Continuum (podría ser la pieza perfecta para iniciar a un novato), You're Always on Time y su melodía épica que suena a himno futurista, el cristalino y "acuático" Along the Canal y el largo In 265 Zeichen, de estructura casi sinfónica, con otro fragmento melódico muy logrado y con un toque de violín en un fragmento que le viene al pelo. 



Los singles You're Always on Time, Raum y Portico, además de la imagen de Contraportada.

No se quedan atrás tres piezas de Raum que, al parecer, el propio Edgar Froese dejó a medio grabar. Han sido utilizadas en los temas 2, 6 y 7: el urgente Portico (peligrosamente convertible en pieza de baile a poco que caiga en malas manos), el atmosférico What You Should Know About Endings, y el tema homónimo al álbum, que tiene un toque retro muy interesante, a ratos a lo Phaedra. Pero no diría yo que el álbum sea tan estupendo únicamente porque se haya exprimido este material legado por Froese. Es difícil encontrar elementos que cohesionen todos los cortes del disco con claridad, pero al final queda la impresión de que no hay desniveles en los casi 70 minutos que dura la obra, con o sin la presencia del fundador en cada segmento. Sabiamente, y quizá como una inteligente guinda para este sabroso pastel, se ha utilizado una portada que recuerda a épocas clásicas de la banda. La foto es de Edgar Froese y el diseño general, de su viuda Bianca.

Terminamos con el EP Probe 6-8, que adelantaba el álbum unos meses antes de su publicación. Contiene un tema no incluido en Raum, Para Guy, y varios remixes interesantes. 

martes, 25 de enero de 2022

Neuronium - VUELO QUÍMICO


1. Abismos de terciopelo (19:55)
I. El regreso de Ganímedes
II. La llamada del vacío
III. Abismos de terciopelo
2. Viento solar (2:43)
3. Vuelo químico (14:45)

Si entendemos literalmente la etiqueta "Escuela de Berlín", seguramente nos resultará extraño que uno de los mejores trabajos que podemos encontrar en esta rama de la música electrónica sea español. Sobre la discografía completa de Neuronium no puedo hacer valoraciones generales, pero Vuelo químico (1978), que he escuchado a propósito para esta entrada, es sencillamente impresionante. Se trata del segundo trabajo de Neuronium, la banda mítica de la electronic music que fundó Michel Huygen y que se consolidó en su época clásica gracias a Carlos Guirao y Albert Giménez. El anterior Quasar 2C361 (1977) ya fue más que meritorio y tuvo ambiciones internacionales al ser publicado por la discográfica EMI/Harvest, pero este segundo trabajo supone para muchos entendidos la cumbre de Neuronium.

Despliegue de la funda del vinilo. (de Discogs)

No sé muy bien si Huygen, que después de este período con tintes progresivos se movió hacia unos planteamientos más cercanos a la new age, ya consideraba que Vuelo químico contenía esa "música psicotrónica" de la que ha hablado varias veces, y que es un tipo de música aplicada a lograr la armonía de cuerpo y mente. Este álbum se sumerge de lleno, más bien, en la música cósmica (kosmische musik), textural, horizontal, planeadora, sugerente de espacios de la ciencia ficción en la línea de Tangerine Dream o Klaus Schulze pero con su propio enfoque un pelín más orgánico. La riqueza de la producción y la instrumentación de Vuelo químico no están por debajo de la mejor época de estos artistas de renombre, y eso que debió tener su mérito conseguir algunos instrumentos propios del género en nuestro país, donde seguramente no existía ni oferta ni demanda. 

En este sentido, para la grabación del álbum contaron con varios instrumentos diseñados por el luthier electrónico Rafael Duyos, que nutría de aparatos electrónicos personalizados a los músicos vanguardistas de Barcelona que no podían permitirse un sintetizador de marca. Inspirado por su asombro de adolescente ante las proezas de Keith Emerson, enfocó su inventiva autodidacta al diseño de instrumentos con un sonido cercano al Korg y al Moog que llevaban la marca DUY, llegando con el tiempo a surtir a Mecano y hasta a situar uno de sus aparatos en el diseño sonoro de la película Blade Runner 2049. Este hombre merece todo un monográfico, porque lo que he encontrado en fuentes como el libro Loops 1: Una historia de la música electrónica en el siglo XX (J. Blánquez y O. León, de 2018) es fascinante.

Despliegue de portada y contraportada.

Decíamos que Vuelo químico posee un elemento orgánico más claro que la mayoría de trabajos berlineses, y es que a los teclados de Huygen y Girao se añadía la guitarra de Giménez, un poco a lo Robert Fripp en sus trabajos junto a Brian Eno, además de las percusiones orientales de José Amado y algunas voces: un coro completo, la voz del propio Carlos Guirao en el tercer segmento de la suite Abismos de terciopelo, y también la de Nico, legendaria participante en aquel álbum de The Velvet Underground con el plátano de Andy Warhol en la portada. En el tema que da título al disco que nos ocupa, Nico recita el poema Ulalume de Edgar Allan Poe.

Abismos de terciopelo.

Toda la primera cara está ocupada por los tres movimientos, no muy claramente diferenciados, de Abismos de terciopelo. Más o menos la primera mitad del tema es atmosférica, muy untuosa y evocadora, y después se introduce un ritmo muy marcado que conduce hasta el último tercio con ese toque étnico de la percusión y Guirao cantando en cingalés, y con un epílogo de nuevo atmosférico, aunque más austero. En la segunda cara está para empezar Viento solar, quizá un intento de single radiable cuya sencilla melodía guarda un parecido con la segunda mitad del Oxygene 5 de Jarre. Más interesante es la homónima Vuelo químico, que se mueve, por compararla con algo más popular, entre los vapores nebulosos de Phaedra (Tangerine Deam) al comienzo y algo más grandioso tipo Heaven and Hell (Vangelis) al final. La voz de Nico, hacia la última parte, no destaca demasiado sobre el fondo instrumental. Escuchado hoy en día, este trabajo tiene un aura mágica de electrónica primitiva que es cautivador, realmente hipnótico. Debería ser un imprescindible si eres aficionado al género.

Vuelo químico.

Por último, mencionar que la llamativa portada es del artista plástico multimedia Tomás Corral Gilsanz (1931-2016), muy conocido sobre todo por ilustrar las cubiertas de la colección Biblioteca de ciencia ficción de Orbis (aquellos libritos azules en tapa blanda). Hay quien lo conocía como "el pintor cósmico", nada menos. Ilustraría muchas más portadas para Neuronium en años posteriores.

jueves, 18 de noviembre de 2021

Edgar Froese - EPSILON IN MALAYSIAN PALE


1. Epsilon in Malaysian Pale (16:26)
2. Maroubra Bay (17:00)

Como siempre es un placer volver a los felices años setenta, en los que la música popular dejaba espacio para propuestas de lo más originales, retomamos uno de los álbumes cósmicos esenciales del añorado Edgar Froese, fundador de Tangerine Dream.

Edgar Froese

Epsilon in Malaysian Pale (1975) se grabó justo después de la gira de Tangerine Dream en la que presentaron el álbum Rubycon, y durante la que Froese tuvo ocasión de visitar, entiendo que como tantos otros turistas, la jungla de Malasia. Si la mayoría de álbumes de música cósmica en la línea de la Escuela de Berlín se inclinaban hacia el mundo de las nuevas tecnologías y de los viajes espaciales y la ciencia ficción como fuente de inspiración, aquí Froese viaja a otro tipo de cosmos. No menos envolvente, no menos capaz de originar música horizontal que sugiere ingravidez. 

Jerome Froese, en la funda desplegable del vinilo.

Froese nos sumerge en la sofocante selva malaya en la primera mitad del álbum, comenzando con un prólogo a base de goteos y aves exóticas, también con algún pasaje extrañamente industrial, y nos lleva desde esa clase de paisajes untuosos y nebulares que siguen haciendo las delicias del oyente en álbumes como el clásico Phaedra hacia otras estancias más nerviosas, más cercanas quizá al mencionado Rubycon.

Epsilon in Malaysian Pale

En su segunda cara, Edgar Froese viaja hacia una playa a las afueras de Sidney, Australia. El tema se llama como el lugar, Maroubra Bay, y de nuevo se centra en una serie de rápidas secuencias hipnóticas de sintetizador, esta vez con un tono un poco menos tamizado, menos orgánico y un tanto oscurantista.

Maroubra Bay

Por lo general, los discos en solitario de Froese se conciben como lanzamientos relativamente menores con una finalidad más comercial que artística, quizá porque no siempre arriesgan musicalmente más allá de lo que el entonces trío Tangerine Dream realizaba en sus álbumes "gordos", pero hay que decir que este Epsilon in Malaysian Pale alcanzó una notoriedad extra al ser mencionado por David Bowie como influencia directa para su célebre trilogía de Berlín, ya que escuchaba repetidamente el disco que nos ocupa durante su estancia en la capital alemana. No lo considero un imprescindible, pero si (como yo) llevas tiempo sin escuchar música de este estilo, te va a encantar.

martes, 10 de diciembre de 2019

Klaus Schulze - AUDENTITY


CD 1

1. Cellistica (24:31)
2. Tango-Saty (5:47)
3. Amourage (10:37)
4. Opheylissem (5:11)

CD 2

1. Spielglocken (21:24)
2. Sebastian Im Traum (28:21)

Leyendo el librillo de una de las últimas ediciones de Audentity (1983), descubrimos por boca de su autor que el doble álbum es, pero no es, un trabajo conceptual sobre el poemario de Georg Trakl titulado Sebastian en el sueño (1915), titulado a su vez como un poema en él incluido. Pinchando aquí puedes leer el poema.

Klaus Schulze, en una imagen del libreto del CD.

Klaus Schulze confesó quienes eran sus ídolos personales al dedicarles los temas del estupendo álbum X, y este Audentity (del mismo modo que hizo en 1979 con Frank Herbert y su Dune) es un trabajo inspirado en la obra de Trakl. Pero, como decíamos antes, no es un trabajo conceptual al uso al no pretender narrar musicalmente los pasajes de la obra literaria, sino que sus piezas están más bien inspiradas libremente en ellos. Con franqueza, después de haber escuchado el álbum tres o cuatro veces últimamente, no sabría decir si es uno de los más accesibles o uno de los más áridos de Schulze, y todavía no sé si es útil conocer la obra literaria en la que se inspira, porque ésta es también bastante surrealista.

Cellistica

Audentity es, en todo caso, un álbum representativo de lo que Schulze estaba haciendo en aquella época: una música más textural que melódica, totalmente alienígena para el neófito pero no tan planeadora, tan cósmica -y oscura- como la que realizaba en la década anterior. Los ritmos son más explícitos y parece buscarse un sonido más de a pie, no tan trascendental como en los tiempos más potentes del estilo popularizado por la llamada Escuela de Berlín.

Amourage

Klaus Schulze procura incluir el violonchelo habitual en sus piezas con desarrollo largo (aquí con especial énfasis en el tema inicial Cellistica), aunque innova con el sonido de otros temas más breves. Personalmente, me gustan los experimentos pero algún corte como Tango-Saty se me hace bola. Muy sutil y envolvente es Amourage, mi pieza favorita del álbum, y Opheylissem funciona por sus percusiones (anda por ahí Michael Shrieve, que estaba en Santana) y su toque muy a lo Tangerine Dream ochenteros.

Opheylissem

Sebastian Im Traum

No está nada mal tampoco Spielglocken, otra pieza larga que no anda lejos de un ambiente rollo Oxygéne o Equinoxe, pero quizá la pieza más arriesgada y atrayente del álbum sea la extensa Sebastian Im Traum, que viene a ser una concatenación de pasajes con efectos oníricos. Esta suite se titula como el citado poema de Trakl, y creo que si sigo escuchándola y leyendo al mismo tiempo el poema acabaré teniendo alguna pequeña epifanía. Mi problema es que nunca he poseído la capacidad de apreciar visceralmente la poesía como quizá Klaus Schulze sí lo hace.

Otra imagen del estuche.

Muy buen álbum, variado y con muchos rincones en los que recrearse, pero siempre entendiendo esto en el contexto de la obra de un músico que raramente ha sido para todos los públicos. Existe una edición posterior que reordena los temas en ambos CDs para acomodar al final el bonustrack Gem, de casi una hora de duración.

martes, 28 de agosto de 2018

Tangerine Dream - LE PARC


1. Bois de Boulogne (Paris) (5:07)
2. Central Park (New York) (3:37)
3. Gaudi Park (Guell Garden Barcelona) (5:10)
4. Tiergarten (Berlin) (3:28)
5. Zen Tarden (Ryoanji Temple Kyoto) (3:07)
6. Le Parc (L. A. - Streethawk) (2:56)
7. Hyde Park (London) (3:50)
8. The Cliffs of Sydney (Sydney) (5:20)
9. Yellowstone Park (Rocky Mountains) (6:10)

Le Parc (1985) fue el primer álbum de estudio, sin contar alguna banda sonora, que Tangerine Dream lanzó tras su salida de Virgin Records. Ficharon por el sello Jive y se inició su época conocida como "años azules". Habían metido un pie en EEUU gracias a sus obras para películas de renombre (Ojos de fuego y Risky Business estaban recientes, Legend al caer), pero seguían afincados en Europa. Este nuevo trabajo se grabó mayoritariamente entre Berlin y Viena, y los componentes del grupo eran  entonces Christopher Franke, Edgar Froese y Johannes Schmoelling.

Contraportada de una edición más reciente.

Le Parc tiene toda la pinta de querer ser un álbum hecho para gustar, un trabajo muy comercial, en un sentido no necesariamente negativo. En los ochenta ya había sitio más que de sobra para la música instrumental popular en cualquier ámbito, y la música realizada mediante sintetizadores gozaba de una efervescencia especial. Pero seguramente TD poseía todavía cierta aura oscurantista asociada a trabajos más o menos experimentales de la década anterior, también causada por el hecho de haber sido siempre una banda poco inclinada a lo melódico "puro", poco dada, en fin, a generar singles que sonaran en la radio como los de Jarre o Kraftwerk. Le Parc quiso ser un álbum que superase esta imagen de banda de culto, que fuese más allá de los sonidos ya bastante aperturistas de trabajos previos como Exit o Hyperborea.

Clip oficial de Tiergarten.

Incluso el concepto del álbum -porque este trabajo es claramente conceptual- es muy luminoso y new age: una serie de temas no demasiado largos que sirven como souvenirs musicales de distintos parques públicos del mundo. Los temas poseen el detallado trabajo textural y la atmósfera genuina de TD, pero lo melódico es preeminente, y creo que con mucho acierto. Vale que son los ochenta y el acercamiento a los parques, así como ciertas soluciones para conseguir un toque étnico (en Zen Garden y Yellowstone Park, por ejemplo), es a veces un poco maniquea, pero negar que es un álbum francamente inspirado es ser muy cínico.

Bois de Boulogne

Le Parc

Bois de Boulogne gusta por su potencia y dinasmismo, Central Park por su toque nervioso (como de oficinistas runners neoyorquinos), Gaudi Park por su elegancia, Tiergarten por su atmósfera beatífica, Zen Garden por el lapso de relax que aporta al conjunto, Le Parc por ser quizá el temazo más molón de TD en toda su historia, Hyde Park por su ritmo marcado y su sabor urbano, The Cliffs of Sydney por sus gaviotas sintéticas y Yellowstone Park por su misticismo. En el último tema, por cierto, canta Clare Torry, la legendaria vocalista de The Great Gig in the Sky de Pink Floyd.

El single Streethawk.

Y no, no me olvido de mencionar que el tema homónimo al álbum sonó, en una versión cortita y remezclada, como sintonía de la serie de TV Streethawk, en España El halcón callejero, que era como El coche fantástico pero con una moto.

viernes, 11 de mayo de 2018

Klaus Schulze - TRANCEFER


1. A Few Minutes After Trancefer (18:20)
2. Silent Running (18:57)

Klaus Schulze no posee precisamente una discografía accesible para el principiante. Sus álbumes suelen ser bastante áridos, en el sentido de que constan en general de pocos temas, largos y muy escasamente melódicos. Su principal cualidad es el efecto hipnótico que se llega a lograr mediante la inmersión en sus complejas texturas y sus ritmos que cambian lenta y sutilmente. Su estatus entre los grandes de la "electronic music" es indiscutible, aunque es justo decir que muchos aficionados (incluso algunos bien curtidos) encuentran su obra un tanto repetitiva y su leyenda personal un poco exagerada. Yo suelo disfrutar de sus álbumes, aunque es verdad que no suelo escucharlos con mucha frecuencia.

Contraportada

Trancefer (1981) es uno de los discos de Schulze que escucho más a menudo. Que yo sepa, no está entre sus obras más esenciales, y en más de un sentido transmite la habitual sensación de que que surge de una de tantas sesiones de improvisación espontáneas a las que Schulze pone nombre y publica como álbum. Pero tiene un sentido del ritmo muy acusado (se encarga de las percusiones Michael Shrieve) y su dinamismo es contagioso. También ayuda el que sea uno de los trabajos más breves del músico berlinés. Breve pero intenso, podríamos decir.

A Few Minutes After Trancefer

Trancefer es el segundo trabajo de Schulze interpretado con sintetizadores digitales tras Dig It (1980), y pese a que tanto por las fechas como por el tono muy modernizado del conjunto podría enmarcarse en una era musical posterior, permanece fiel al estilo de la Escuela de Berlín. Como en otros muchos de sus álbumes, el violonchelo (en este caso de Wolfgang Tiepold) aporta el necesario componente cálido frente a la atmósfera cósmica del teclado Yamaha CS-80.

Silent Running sobre imágenes de la película.

Y poco más hay que decir. En todo caso, vale la pena mencionar que el segundo tema está inspirado por la película Naves misteriosas (Douglas Trumbull, 1972), lo que vuelve a demostrar que Klaus Schulze es un gran aficionado a la ciencia ficción. También es interesante saber que, previo al lanzamiento del álbum, se publicó una versión del mismo grabada a menos revoluciones (33 por minuto), que además estaba mezclada de un modo ligeramente distinto. La edición expandida en CD disponible actualmente incluye ambas versiones del álbum.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Tangerine Dream - HYPERBOREA


1. No Man's Land (9:03)
2. Hyperborea (8:31)
3. Cinnamon Road (3:54)
4. Sphinx Lightning (19:56)

Siempre es un placer retomar uno de aquellos trabajos electrónicos señeros de los ochenta, y los Tangerine Dream -al menos entonces- no solían fallar. Los álbumes más míticos de sus "años Virgin", los que van desde Phaedra hasta... digamos Cyclone, resisten probablemente muchas más escuchas que sus obras posteriores, pero todos los trabajos con la productora de Richard Branson tienen una calidad indiscutible. Fuera de la etapa antes mencionada, mi álbum favorito de TD es Hyperborea (1983).

 Contraportada de su edición en CD.

Tener un poco clara la temática del disco, y en este caso me gusta fiarme del título, ayuda a adentrarse en la música. Para quien no esté enterado, bueno es recordar que Hiperbórea era, para los antiguos griegos, un territorio situado al norte de Tracia. Por ser una zona poco explorada y estar fuera de lo que consideraban el mundo civilizado, su geografía y su población (bárbaros y gigantes, decían) se revestían de leyenda. Con los años, la Hiperbórea de las leyendas pasó de ser una región balcánica a convertirse en todo un continente perdido como la Atlántida o Lemuria que se encontraría cerca del Polo Norte, tal vez oculta bajo sus hielos desde tiempos remotos. El sol allí no se pondría nunca y sus habitantes serían inmortales. Los misterios sobre estas tierras  inspiraron no pocas historias fantásticas de la mano de autores como Clark Ashton Smith o Robert E. Howard.

Diseño surrealista para la portada de la regrabación de 2008.

El álbum fue regrabado en 2008, y en el librillo de este CD se explica, además, que en Hiperbórea tuvo lugar el paso al segundo escalón del desarrollo de la humanidad, aquel en el que los grupos humanos se empezaron a organizar por etnias. Todo esto según el pensamiento teosófico de Helena Blavatsky, y en palabras de la entonces esposa de Edgar Froese, Bianca Acquaye.

Edgar Froese, Christopher Franke y Johannes Schmoelling nos llevan de paseo por este lugar mítico con un álbum de factura sencilla pero muy inspirada. Su sonido no es tan denso como el que tenían unos años antes, pero al buen gusto general contribuye la elaboración de ritmos y melodías efectivos, alcanzando el álbum su punto más alto en su tema inicial, No Man's Land ("Tierra de nadie"). Introducen aquí los TD el sitar como contrapunto orgánico y exótico a los más modernos sintetizadores del momento, logrando transmitir una sensación como de viaje, de dinámica aventura. Al parecer, el tema se inspira en la banda sonora de la película Gandhi (1982), en la que participó Ravi Shankar.

No Man's Land

Hyperborea

El tema homónimo es pausado, envolvente, y tiene resonancias cósmicas. Está dividido en dos secciones, la primera algo más siniestra y la segunda más luminosa. En la antes mencionada regrabación de 2008, cada una de estas "mitades" de Hyperborea se presentó como un corte independiente. Mucho más melódica y resultona es Cinnamon Road ("Ruta de la canela"), breve pero hermosa y disfrutable. Es la clase de pieza radiable que los TD de entonces componían para competir con los grandes éxitos del synth-pop ochentero. Con acierto, al menos esta vez, pese a que dudo del recorrido comercial del tema fuera del propio álbum.

Cinnamon Road


Sphinx Lightning

El disco concluye con la extensa Sphinx Lightning ("Relámpago de la esfinge"), la clásica pieza progresiva de TD de desarrollo épico y lánguido a base de superposiciones de texturas con atmósfera enigmática. Música cósmica con el mejor sabor de la década anterior para cerrar un disco con el que Tangerine Dream concluía su etapa de mayor esplendor. Vendrían más álbumes con éxito y de renombre, aunque con el fin de los años Virgin terminó lo que hasta entonces había sido una virtud para Froese y los suyos: la regularidad. Volveremos con ellos más pronto que tarde.

viernes, 17 de febrero de 2017

Tangerine Dream - LOGOS (LIVE)


1. Logos, Part One
Intro, Cyan, Velvet, Red, Blue (25:41)
2. Logos, Part Two 
Black, Green, Yellow, Coda (19:28)
3. Dominion (5:45)

Es acertado afirmar que la banda alemana Tangerine Dream vivió su mejor etapa entre principios de los setenta y mediados de los ochenta. Tuvieron su gran oportunidad gracias a su fichaje por la compañía británica Virgin, que durante muchos años fue quizá el sello "grande" que más cultivadores de las nuevas músicas tuvo entre sus filas. Eso no significa que los años Virgin de TD fuesen homogéneos en cuanto al estilo musical de la formación, ya que, como comentamos en su momento, su sonido fue adaptándose a una industria cada vez menos tolerante hacia los excesos virtuosos de los setenta.

Una página del libreto del CD.

Logos (1982) fue un álbum fronterizo en muchos aspectos. Mantenía la larga duración y la complejidad técnica de las obras clásicas de la banda, mientras que su tendencia cada vez más acusada hacia lo melódico apuntaba hacia lo que vendría después. También está el hecho de que Edgar Froese, Christopher Franke y Johannes Schmoelling habían catado el éxito (quizá no enorme pero sí suficiente) en Hollywood, y Logos apareció poco antes de que se volcasen en los diversos proyectos para el cine que por entonces irían cayendo en sus manos.

Logos se grabó en el Dominion Theatre de Londres durante la gira europea en la que andaban embarcados. En general, se tiene constancia de que los primeros conciertos de TD eran pura improvisación, viajes alucinógenos entre marañas de cables y lucecitas parpadeantes. Álbumes míticos como Ricochet (1975) o Encore (1977) surgieron de este enfoque, mientras que Logos surge del montaje de diversos pasajes de las dos horas del concierto londinense, en el que sonaron piezas de álbumes de aparición más reciente como Exit o White Eagle. El sonido del álbum, pese a ser en directo y contener los lógicos aplausos, es tan nítido como el de una grabación de estudio.

Portada de la primera edición.

Lo cierto es que Logos, escuchado hoy en día, es uno de los trabajos más estimulantes de aquella etapa, ya que el equilibrio entre lo puramente secuencial y las poderosas melodías (aunque el tema final Dominion es decepcionante por ser demasiado simple y comercial) logra construir una experiencia musical compleja y muy factoria. La primera edición en CD unía las partes 1 y 2 en un solo corte, aunque también hay ediciones que subdividen cada una de las anteriores en tramos nombrados por colores, añadiendo una introducción y un epílogo. Esto hace más evidente la diferencia de estilo entre melodías y texturas, aunque el conjunto, como decíamos (y sin olvidar que es un collage de trozos de un concierto), fluye sin que nos chirríe su heterodoxia.

Precisamente por ser un estupendo muestrario del antes y el después de Tangerine Dream, podría ser un trabajo adecuado para iniciar a un neófito en el sonido de la banda.

Velvet

Un trozo de Red.

jueves, 21 de julio de 2016

Juan Manuel Cidrón - GNOSTIC LABERYNTUS


1. Gnostic Laberyntus (63:15)

Hace cosa de un mes tuvo lugar en la Alcazaba de Almería un concierto nada corriente. El músico autóctono Juan Manuel Cidrón, acompañado por su elenco de instrumentos electrónicos, recreó en vivo su álbum Gnostic Laberyntus (2012) con motivo de las XXXIII Jornadas de Teatro del Siglo de Oro. Cidrón dedicó la pieza a la figura de Giordano Bruno, quemado en la hoguera de la Inquisición por su teoría sobre el carácter infinito del universo. 

Conocía la obra desde hacía algún tiempo, y es curioso que pocos días antes de que se anunciase el concierto había estado escuchándola en casa. Lo primero que habría que decir de ella es que, paradójicamente, puede resultar un álbum facilísimo o dificilísimo de escuchar, según nuestra actitud en ese momento.

Gnostic Laberyntus es un juego de palabras que mezcla "gnóstico" y "laberinto" para asemejarse a una zona muy agreste de Marte llamada Noctis Labyrinthus. Efectivamente, el álbum tiene un enfoque cósmico, aunque Cidrón explicó en su momento que su disco proponía tanto un viaje por el espacio exterior como uno por el espacio interior, personal, de cada oyente, en busca de los misterios que pueda haber en ellos. Es un álbum fácil de escuchar si lo queremos entender como obra ambient o como música planeadora sin estridencias molestas y un progreso lento; una música que anule el silencio mientras hacemos alguna otra cosa. Y puede ser muy difícil de digerir para quien, como tantas veces sucede, no tiene tiempo de pararse a escuchar con detenimiento una obra musical durante una hora entera, ya no como acompañamiento a una lectura o una plácida conversación, sino con toda la atención puesta en la música: capas y capas de sonido sutil elegantemente superpuestas, combinadas en sucesión y con una gran atención a los efectos de eco. Supone una experiencia de inmersión sensorial impresionante.

Juanma Cidrón, en el libreto del CD.

Hace años, durante una de las ferias del disco de ocasión que se celebran periódicamente en mi tierra, me topé con una copia en CD de Zeit (1972), un largo y extraño álbum de Tangerine Dream que comentamos en su día por aquí. Mientras lo sostenía en una mano y continuaba mi búsqueda con la otra, Juan Manuel Cidrón, que andaba por allí, lo señaló y me dijo: "ese es un clásico". Asentí con la cabeza y sonreí. No he podido evitar pensar en Zeit mientras escuchaba Gnostic Laberyntus, ya que ambos trabajos comparten una visión parecida del espacio profundo como un lugar oscuro y frío, bastante estático. Lo que ocurre es que, mientras que Zeit tiene en muchos momentos un carácter siniestro e inquietante, la obra de Cidrón es quizá un poco menos abismal. Hay planetas y nebulosas en la soledad de allí arriba, pero al final son más un fascinante producto de la física y las matemáticas que algo sobrenatural hacia lo que podamos sentir temor. El viaje hacia el interior de uno mismo, la otra posibilidad que nos ofrece el álbum, siempre dependerá de nuestra capacidad para zambullirnos en nuestra psique mientras las largas notas de la música nos dejan el resto de la percepción en blanco. Un gran álbum que bien merece 63 minutos y 15 segundos de nuestro tiempo.

Desafortunadamente, no he podido encontrar vídeos para colgar... Pero si se pincha en el enlace de mi lista a la estupenda página Electronic Orgy, a la derecha, se puede encontrar en ella (no hay que buscar mucho) el álbum al completo para descargar. No soy un defensor de la piratería musical pero, al parecer, el autor de la entrada tuvo permiso del artista para colgar el disco. Así todos contentos.

sábado, 11 de junio de 2016

Tangerine Dream - WHITE EAGLE


1. Mojave Plan (20:06)
2. Midnight in Tula (3:52)
3. Convention of the 24 (9:24)
4. White Eagle (4:30)

Continuando con la discográfica de Tangerine Dream en un orden más o menos cronológico -y sé que me he saltado algunas cosas-, toca hablar de White Eagle ("Águila blanca", 1982), un álbum relativamente menospreciado por los fans, pero que merece una reivindicación.

Contraportada.

El gran "problema" de White Eagle es el afán innovador de los álbumes anteriores, que aquí parece quedar a un lado en favor de un trabajo conservador, un poco más comercial y menos sorprendente de lo que habría cabido esperar. No obstante, White Eagle sí que aporta una estupenda experiencia musical en lo que se refiere al uso de los ritmos y las melodías, siempre muy sutiles, como ocurre con los trabajos clásicos de Tangerine Dream. 

Con una formación todavía considerada clásica (Edgar Froese, Christopher Franke y Johannes Schmoelling), y viniendo de trabajos tan bien valorados como Tangram y Exit, no tuvo mucho peso el que los de TD colaborasen con la Orquesta Filarmónica de Múnich en el tema Mojave Plan. Más que un maridaje entre sintetizadores y orquesta, ésta última se queda en unas simples pinceladas. Lo bueno de la larga Mojave Plan es su planificación, desde un inicio inquietante, a través de varios hábiles cambios de ritmo, hasta el largo desarrollo de una interesante melodía que no cansa en ningún momento. Es de suponer que Froese y los suyos necesitaban seguir vigentes en una época de relativa simplificación musical, también entre los grandes de la electrónica.

Mojave Plan

Midnight in Tula es otro gran ejercicio rítmico, un pelín aséptico pero efectivo. Y Convention of the 24 no deja de ser un ejemplo del sonido simplificado propio de los TD de sus primeras bandas sonoras para filmes de Hollywood, de las que reuniríamos un buen ramillete en pocos años.

White Eagle

Este momento un poco frío queda compensado por la exquisita White Eagle, que contiene una de las más hermosas melodías de la poco melódica banda electrónica alemana, amén de unos fondos muy delicados. Con este altísimo nivel se cierra el álbum, que si bien no fue un paso adelante en el sonido de la formación, tampoco fue un paso atrás. Lo dicho: un título a reivindicar.

jueves, 2 de julio de 2015

Klaus Schulze - DIG IT

 

1. Death of an Analogue (12:15)
2. Weird Caravan (5:16)
3. The Looper Isn't a Hooker (8:30)
4. Synthasy (22:53)

El título de este importante álbum de Klaus Schulze es un juego de palabras entre "dig it" (excávalo) y "digit" (dígito), y es un anuncio de lo que contiene: la primera grabación completamente digital de su autor, y por lo tanto uno de esos pasos importantes que marcan la carrera de músicos atados a la evolución tecnológica, como es su caso. 

Un diseño para la edición en CD atestigua la importancia del ordenador GDS en su grabación.

Se publicó en 1980, y aun contando con que la música del alemán nunca había dejado de evolucionar, lo cierto es que parecía muy clara, llegadas estas fechas, la decisión de Schulze de no bajarse del burro, compositivamente hablando. Con ello me refiero a que otros referentes de la música electrónica de los setenta optaban entonces por aproximaciones algo más populares al género, que había sido acogido por fin cálidamente por parte del gran público y empezaba a fusionarse -con variopintos resultados- con el pop, pero este señor seguiría agrandando su oscuro e hipnótico universo musical al estilo genuino de la Escuela de Berlín. Aunque en Dig It y trabajos posteriores siempre hay lugar para la novedad y el experimento, Schulze se mantiene firme en su afán por cultivar sus ritmos fríos y estáticos, su fascinación planeadora y su gusto por la textura por encima de la melodía. Y que conste que este es un disco muy de su tiempo.

Death of an Analogue

Dig It comienza precisamente con un ejemplo de lo dicho: Death of an Analogue ("Muerte de un analógico"), que si bien juega con la inclusión de sonidos analógicos (sobre todo la lenta batería, generada por ordenador), mantiene los viejos preceptos de la larga duración, el tono tirando a tenebroso y unas voces computerizadas muy galácticas. Weird Caravan retoma la batería, y el tema es algo menos ominoso. A mí me suena un poco a música exótica, como a documental de safaris. The Looper Isn't a Hooker, cuya traducción también puede estar sujeta a muchas interpretaciones (e invito a descubrirlas vía traductor online), utiliza también percusiones, esta vez con una vocación mucho más étnica. Me pregunto si debemos considerarlo un tema hasta cierto punto seminal, ya que suena no tan lejanamente a lo que luego harían Jan Hammer en alguno de sus temas ambientales para Miami Vice, o Hans Zimmer en sus primeras bandas sonoras de éxito, pongamos Rain Man

Contraportada original.

Concluye Dig It con la extensa Synthasy, en la que juega a mezclar lo sintético con algunas soluciones analógicas y un cierto sonido "retro". Tanto el ritmo sostenido como la introducción y la conclusión, ambas oscuras y neblinosas, son propias del Klaus Schulze más clásico. 

En 2005 se publicó una reedición muy jugosa de Dig It, con un tema largo añadido (Esoteric Goody) y un concierto en DVD de la actuación de Schulze en el Ars Electronica de 1980. No lo considero un disco imprescindible ni especialmente representativo del sonido de su autor, pero sí que será muy sorprendente para los ya iniciados en la electronic music de toda la vida.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Tangerine Dream - EXIT

 

1. Kiew Mission (9:18)
2. Pilots of Purple Twilight (4:19)
3. Choronzon (4:07)
4. Exit (5:33)
5. Network 23 (4:55)
6. Remote Viewing (8:20)

Exit (1981) es el álbum de estudio que la banda electrónica Tangerine Dream publicó justo después de Tangram (1980), y en ambos casos nos encontramos con trabajos muy apreciados por los fans, prácticamente favoritos en muchos casos, cosa curiosa si recordamos que, para muchos, esta formación alemana inició un lento declive hacia finales de los setenta, primero por el fracaso del intento de pasarse al rock progresivo que fue el LP Cyclone, segundo por la marcha de Peter Baumann, y tercero por una deriva hacia la electrónica melódica, algo más "light" que sus densos y atmosféricos trabajos seis o siete años antes.

Chris Franke, Edgar Froese y Johannes Schmoelling.

¿Fue por un simple afán de renovación y experimentación? ¿Fue para aprovechar la apoteosis mediática de best-sellers electrónicos como Oxygene de Jean Michel Jarre? Puede que fuese por ambas cosas, o puede que no fuese por ninguna, pero el caso es que la segunda mitad de los llamados "Años Virgin" de Tangerine Dream supuso el paso del sinfonismo abstracto de Phaedra o Rubycon hacia formas musicales mucho más terrenales, más comerciales si preferimos este término. Y sin embargo, la banda que fundase Edgar Froese a finales de los sesenta nunca ha presumido -creo que por una elección consciente- del tirón que tuvieron Jarre o Vangelis a la hora de exhibir su efectismo y espectacularidad, sino que siempre ha optado por realizar obras musicales más oscuras, más planeadoras. 

Este mismo Exit es buena prueba de que, si bien podemos tararear fácilmente casi cualquiera de los temas que contiene, al final con lo que te quedas es mucho más con una impresión de conjunto (bases rítmicas, secuencias, texturas) que con melodías pegadizas. Se trata de una colección de composiciones muy accesibles, y los Tangerine Dream logran un buen equilibrio entre este aperturismo hacia un público no tan especializado y un respeto al seguidor de siempre, que necesita al menos unos mínimos de complejidad y profundidad para no sentirse menospreciado.

Portada alternativa.

Sobre cada tema en particular... pues lo dicho, más énfasis en las texturas y en los ritmos que en la complejidad de sus desarrollos, salvo en el caso de Remote Viewing, que va creciendo poco a poco, si bien no termina de cuajar si es que en algún momento buscaba adquirir resonancias épicas. Pese a que en otros álbumes anteriores se buscó el toque humano de la guitarra eléctrica y/o la batería, en Exit se prescinde de todo elemento acústico, siendo un trabajo completamente generado electrónicamente a seis manos entre Froese, Christopher Franke y Johannes Schmoelling. Bueno, no del todo, si recordamos que en el tema inicial Kiew Mission (inspirado por el peligro nuclear en un momento caliente de la Guerra Fría) la dulce voz de una actriz berlinesa anónima recita los nombres de los continentes.

Kiew Mission, en vivo en 1982. El sonido no es maravilloso, pero vamos...

Exit es un poco frío para mi gusto, aunque sigue siendo -en términos generales- uno de esos buenos discos de los TD que todavía apetece retomar alguna que otra vez, perteneciente a un momento -por suerte- muy distinto a cuando, no tantos años después, los alemanes parecían dispuestos a hacer música para clases de aerobic. Otro título más o menos esencial que no podemos ignorar.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Vako - VAKO


1. VAKO Part I (5:37)
2. VAKO Part II (4:54)
3. VAKO Part III (3:52)
4. VAKO Part IV (5:52)
5. VAKO Part V (2:55)
6. VAKO Part VI (5:43)
7. VAKO Part VII (5:40)

Vako (2013) es otra -que no "otra más"- de las sorpresas que podemos llevarnos, en los últimos tiempos al menos, quienes añorábamos los mejores tiempos de la electronic music de vanguardia, tal como se hacía en los años setenta. Las claves del estilo de aquellos tiempos, impuesto con firmeza por las bandas recurrentes del krautrock / Escuela de Berlín, son su tendencia hacia lo cósmico, su preferencia por las texturas antes que por las melodías y la búsqueda, en general, de ambientaciones que se mueven entre lo indefinidamente misterioso y la ciencia-ficción. Dicho así todo esto, suena bastante mundano, bastante previsible incluso. Nada más lejos de la realidad. 

Las reglas: 
1) Utiliza los instrumentos que quieras, pero recuerda lo bien que van los sintetizadores para las atmósferas.
2) Intenta estimular la percepción del oyente creando espacios sonoros amplios y evocadores.
3) Dicho lo anterior, ajústate a la duración del soporte (LP, CD) y haz lo que te dé la real gana.

Juan Carlos Palazón (Vako).

Evidentemente, con esta clase de supuestos y un poco de imaginación puedes hacer maravillas, y así lo demostraron en su día muchos artistas y grupos de los que Vako (pseudónimo del madrileño Juan Carlos Palazón) bebe, de manera confesa, para la composición de su álbum de debut en solitario. Aunque las influencias deben ser más variadas de lo que he podido apreciar en las primeras escuchas, lo mismo puedes encontrarte un fondo oscurantista tendente a lo infinito como en Irrlicht de Klaus Schulze, unos punteos de guitarra a lo Manuel Göttsching / Ash Ra Tempel, unas secuencias tipo Rubycon de Tangerine Dream, e incluso (aunque Vako no lo menciona entre sus inspiradores) algún toque lejano del primer Jean Michel Jarre en la línea sobria de Oxygene. Y no nos olvidemos de Pink Floyd, un grupo en teoría ajeno a la música cósmica alemana que, sin embargo, realizó experimentos instrumentales muy en paralelo a los de la rama berlinesa, y cuyo clásico Welcome to the Machine parece asomarse un poco al último corte de Vako. El álbum alterna temas que se aproximan a lo progresivo (los impares) con otros más cósmicos (los pares), aunque las fronteras entre unos y otros, afortunadamente, no quedan tan claras.

El arsenal de Vako.

¿Reciclador? Quizá... Pero Vako hace mucho más que ofrecer un ramillete de guiños al aficionado de a pie. No sé muy bien cómo un guitarrista de hard rock y doom tuvo la feliz idea de pasarse a los sintetizadores analógicos y a unas discretas pero efectivas guitarras acústicas para componer con ellos una colección de temas meditativos, pero es como si su álbum viniese a cerrar un círculo muy amplio que llega a abarcar tendencias y géneros como el ambient, la música planeadora y el progresivo instrumental, que derivaron unos de otros lentamente a lo largo de tres décadas, reuniéndolos todos ellos bajo la estructura primigenia del LP conceptual electrónico setentero, en el que seguramente estaba el ADN original. El caso es que Vako, el álbum, irradia inspiración, valentía y talento, entre otras cosas porque, si bien a estas alturas habría sido muy difícil colgarse la medalla de pionero, su autor sí que logra un trabajo sólido, sin rellenos, con un sonido tan auténtico que asusta, gestionando sus fuentes con inteligencia hasta lograr un todo coherente.

Así comienza el álbum.

Suelo referirme a los álbumes de debut de compositores instrumentales actuales como "catálogos de moquetas", en cuanto a que tienden a tocar palos muy distintos para ver cuáles gustan más de cara a próximos trabajos. Solemos encontrar en estos casos trabajos que, independientemente de su calidad (y por el blog han pasado verdaderas delicias) pecan un poco de demasiado eclécticos, demasiado variopintos para ofrecer experiencias musicales completas que se disfruten de un tirón. Vako se la juega más bien a una sola carta, pero resulta que ese naipe es un as.

Puede escucharse y/o adquirirse (también en formato físico) en http://vako.bandcamp.com/.
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