lunes, 29 de junio de 2026

Miles Davis - BITCHES BREW

CD 1

1. Pharaoh's Dance (20:05)
2. Bitches Brew (26:58)

CD 2

1. Spanish Key (17:32)
2. John McLaughlin (4:22)
3. Miles Runs the Voodoo Down (14:01)
4. Sanctuary (10:56)

Bajo el nada humilde eslógan de "Direcciones en la música", lanzó el músico de jazz Miles Davis el álbum Bitches Brew en 1970. Era la segunda vez que empleaba esta fórmula después de In a Silent Way (1969), otro trabajo que buscaba ser seminal hasta en el título. Y sí que lo fueron ambos, sobre todo teniendo en cuenta que el que hoy nos ocupa, Bitches Brew, supuso uno de los cimientos más sólidos de lo que después serían el jazz rock y el free jazz en general, con todo lo que ello supuso también para el rock psicodélico y progresivo de la década que comenzaba.
 
Trasera de una edición en CD que incluía el bonustrack Feio.
 
Sabemos perfectamente que, superado el ajetreado nacimiento del rock and roll, invento genuinamente norteamericano de los cuarenta y cincuenta, las siguientes dos décadas verían el auge de la música británica como faro cultural de la juventud de occidente. Pero el jazz seguía en Estados Unidos, arraigado en la comunidad afroamericana (y trascendiéndola ampliamente, por supuesto) y con nombres como el de Miles Davis convertidos en leyendas que cruzaban cualquier océano. Es de suponer que había un trasvase de ideas de una orilla a otra del Atlántico, y si bien los Beatles y otros grupos de éxito del Reino Unido habían bebido de lo que hiciesen Chuck Berry y Little Richard, los yanquis (pongamos a Jefferson Airplane o The Doors, por ejemplo) a su vez fueron influidos por Cream o The Moody Blues. No perdieron los americanos sus vínculos con sus propias raíces, que en sucesivas oleadas se trasladaron también a lo que se hacía en Gran Bretaña. ¿No son algunas de las grandes canciones de Pink Floyd, muy en el fondo, estilizados ejercicios de blues? ¿No está la discografía de King Crimson construida a base de una forma peculiar de entender el jazz? La música popular se estaba convirtiendo en un fenómeno global, una mezcla de influencias en la que casi todo podía tener su propio espacio, y una expresión de carácter más culto como es el jazz -sobre todo con alguien como Miles Davis- no se iba a quedar al margen del signo de los tiempos. Bitches Brew fue la forma en la que el trompetista se reivindicó a sí mismo como una estrella cuyo fulgor abarcaba más allá del jazz.

 
Pharaoh's Dance

La mismísima idea del álbum musical como obra artística completa fue una de las ideas que cruzaron el océano, en este lado de este a oeste, y este Bitches Brew es un ejemplo perfecto del cambio de paradigma. Eso no significa que Bitches Brew sea un álbum conceptual (de hecho, ni siquiera se sabe seguro a qué se refiere el título, "Infusión de zorras", con perdón), pero Davis llevaba tiempo buscando que cada nuevo trabajo suyo tuviese carácter propio, algo que decir en particular y que era mucho más que una simple publicación de temas grabados y seleccionados de manera arbitraria que venían a aumentar su repertorio. Hay una intención muy concreta sobre la mesa en el momento en que Miles Davis reúne a  todo un Olimpo de ases del jazz (incluyendo a nombres tan conocidos como Chick Corea, John McLaughlin, Wayne Shorter y Joe Zawinul), se los lleva a los estudios de Columbia en Nueva York y los pone a tocar en círculo. No les da instrucciones precisas sobre qué tocar, sino más bien sobre cómo tocarlo, y el jazz más puro, el improvisado, surge del momento. Prestan atención unos a otros, mantienen el tono que marca Davis -a modo de director de orquesta- y se dejan llevar. Parece que es posible incluso escuchar la voz de Miles en alguna de las grabaciones, dando instrucciones muy generales aquí y allá. 
 
El diseño de portada y contraportada es obra de Kati Klarwein.

En contra de lo que puede suponerse cuando hablamos del jazz en su vertiente más purista, hay un importante trabajo de edición y producción (Teo Macero, productor por ejemplo de Kind of Blue In a Silent Way) detrás de Bitches Brew: las piezas grabadas fueron ajustadas, los fragmentos seleccionados y hasta se añadieron algunos efectos de sonido para mejorar la atmósfera del álbum. Sólo una pieza quedó más o menos intacta, Miles Runs the Voodoo Down. Y lo que más destaca como innovación es el trabajo con los ritmos, que se sustentan en dos bajistas, varias baterías, pianos y percusiones sonando a la vez. Las melodías tienen también su importancia, aunque poseen un carácter a menudo no muy definido, desdibujado. No es en su mayor parte Bitches Brew uno de estas obras jazzísticas sostenidas en largos diálogos entre instrumentos solistas. Un buen ejemplo es la trompeta del propio Miles Davis en Pharaoh's Dance ("La danza del faraón"), que parece estar ahí más para acentuar ciertos matices de la atmósfera que para reclamar el protagonismo. Davis introduce toques de trompeta como lo haría un pintor que, dando un paso atrás ante el cuadro acabado, aporta pequeñas pinceladas de blanco para que brillen más las frutas del bodegón.
 
Se han publicado varias ediciones conmemorativas y con material inédito de las mismas sesiones de grabación.
 
Mucho más abstracta es la homónima Bitches Brew, de nuevo con Davis propinando "latigazos" de trompeta entre los arranques instrumentales de los demás, jugando durante toda la pieza a equilibrar las secuencias musicales con los silencios entre ellas. Con una base más rítmica inician el segundo disco Spanish Key y John McLaughlin (así se llama la pieza), la primera que no sé qué tiene de española aparte del uso del modo frigio o "frigio español", que a menudo se utiliza en el mundo anglosajón para evocar lo flamenco; y la segunda, con el guitarrista que le da título, mano a mano con el piano eléctrico Fender Rhodes de Chick Corea. Miles Runs the Voodoo Down tiene un "groove" hipnótico casi caribeño, no muy lejano en algunos matices a lo que comenzaba a ofrecer por aquel entonces el guitarrista Carlos Santana, sólo que más oscuro y menos melódico. Y el tema final, Sanctuary (pieza de Wayne Shorter ya esbozada en una sesión años antes), suena en cambio solemne y relajado, casi como un regreso a la tranquilidad después de los excesos del álbum en conjunto. Es prácticamente un regreso al álbum anterior de Davis, In a Silent Way.

 
Sanctuary (en vivo en 1969, antes de que se publicase Bitches Brew).
 
No me atrevería a recomendar una manera concreta de escuchar Bitches Brew. No es lo suficientemente ambiental como para tenerlo de fondo sin que resulte invasivo mientras hacemos otras tareas, y tampoco es lo bastante movido como para que resulte fácil una escucha atenta, de un tirón, de su hora y media larga de duración. Quizá lo mejor sea emplear unos auriculares de los grandes y sumergirse en cada pieza por separado la primera vez. Es un disco con muchas capas de sonido, con mucho que redescubrir en sucesivas escuchas, y muy bien construido que ayuda a introducirse en él. No es lo más accesible del mundo pero tampoco es una marcianada avant-garde sólo para expertos. En su momento fue un álbum muy vendido, pero se sabe que algunos fans de Miles Davis le dieron la espalda por estar alejándose de lo que esperaban de él. Su naturaleza textural lo hacen hoy en día, quizá, más interesante para aficionados al rock de vanguardia y a la psicodelia (ojo a los surrealistas diseños de portada y contraportada) que a los sibaritas del jazz, por mucho que sea considerado un hito histórico en su género.

miércoles, 27 de mayo de 2026

King Crimson - DISCIPLINE


1. Elephant Talk (4:43)
2. Frame by Frame (5:09)
3. Matte Kudasai (3:47)
4. Indiscipline (4:33)
5. Thela Hun Ginjeet (6:26)
6. The Sheltering Sky (8:22)
7. Discipline (5:13)

Siete años después de Red (1974), y habiéndose hecho oficial la disolución definitiva de King Crimson, es probable que nadie esperase un regreso de esta banda de culto. Su único miembro permanente, Robert Fripp, había publicado algún trabajo en solitario o en colaboración con Brian Eno, pero es evidente que había algo todavía bullendo en su cabeza y pugnando por salir. 

King Crimson en 1981: Tony Levin, Adrian Belew, Bill Bruford y Robert Fripp.

Lo cierto es que ni siquiera era un buen momento para volver a hacer rock progresivo, con la -relativa- caída en desgracia del género y la apuesta del establishment por otros estilos más cercanos al público de radiofórmulas como el punk, la new wave o el tecnopop. A comienzos de los ochenta, los grandes grupos de antaño se estaban reciclando, a veces con un éxito arrollador (Genesis como trío) o moderado (Yes), o directamente daban los que parecían ser sus últimos coletazos (Pink Floyd), a menudo aferrándose a esto del "arena rock" o el AOR como formas de supervivencia ante públicos de calvorotas con barriga. El regreso de un dinosaurio como King Crimson parecía doblemente difícil, pero he aquí un ejemplo perfecto de cómo volver con estilo, aunque fuese casi por accidente.

 
Elephant Talk

En una de sus colaboraciones como guitarrista, en este caso con Peter Gabriel, Robert Fripp conoció al bajista de sesión Tony Levin; y en un concierto del minimalista Steve Reich (no creo que fuese casualidad), conoció al polifacético Adrian Belew, que por entonces iba de gira con Talking Heads y había trabajado con David Bowie y Frank Zappa. Los suyos eran caminos destinados a cruzarse, y Fripp se decidió a formar con ambos, y con el siempre dispuesto Bill Bruford, una nueva banda. Se llamó Discipline, pero a Fripp se le encendió la bombilla y decidió que aquello realmente era King Crimson. Robert Fripp entendía King Crimson mucho más como un ideal que como una formación musical determinada. Sin importar los nombres de sus miembros, era un grupo de músicos de élite creando juntos algo nuevo y desafiante, dando lo mejor de sí mismos como intérpretes y haciendo evolucionar la música de su época; y hay que admitir que este nuevo King Crimson cumplía con todas estas condiciones. Adrian Belew y Robert Fripp aportaban la guitarra eléctrica y varios teclados, Bill Bruford la batería y otras percusiones, y Tony Levin tocaba su chapman stick, un curioso instrumento de cuerda que es medio bajo, medio guitarra.

 
Matte Kudasai, en vivo en 1982.

Retomando el nombre de Discipline, King Crimson lanzó en 1981 este álbum que se rebela ante casi cualquier etiqueta. Es más o menos progresivo, pero también hay un elemento de jazz, algo de minimalismo y un punto de new wave gracias a sus sofisticados arreglos con sintetizadores, por ejemplo en el tema Matte Kudasai. A mi entender, también es un precursor de lo que hoy conocemos como "math rock", rock matemático. Su sonido se basa en el empleo de percusiones repetitivas y precisas, creando texturas sonoras muy peculiares que no andan lejos del sonido hipnótico del gamelán (Indiscipline, Discipline) y de músicas étnicas africanas (Thela Hun Ginjeet, The Sheltering Sky). Viendo conciertos de la época, se nota el esfuerzo a la hora de mantener los patrones sonoros en directo con equivocaciones mínimas, con Belew y Levin sudando a mares y Robert Fripp imponiendo disciplina desde su puesto. Es un disco muy influyente, un clásico entre clásicos del que se ha escrito muchísimo y en infinidad de sitios, así que recomiendo profundizar todo lo que se quiera en su análisis más allá de las pinceladas que yo pueda aportar.

 
The Sheltering Sky, en vivo desde Múnich (1982).

Por mencionar algunos datos interesantes, que sé que os gustan, diremos que Elephant Talk es una burla hacia la manera en que nos comunicamos en sociedad. Matte Kudasai ("Espere, por favor" en japonés) se basa en un riff del álbum en solitario de Robert Fripp Exposure y en las ediciones actuales aparece en dos versiones en el disco: la original, con ese toque de guitarra característico (relegada a un bonustrack), y otra más sencilla y atmosférica, en el lugar de la original. Indiscipline se basa en una carta que escribió a Adrian Belew su ex esposa en relación con una pintura que ella había realizado. Thela Hun Ginjeet es un anagrama de Heat in the jungle, "calor en la jungla", una forma de argot para referirse a un crimen callejero como el que sufrió Belew mientras iba con una grabadora por la calle buscando inspiración: primero fue hostigado por maleantes que pensaban que estaba intentando delatarlos, y después se le acercó la policía pensando que escondía droga dentro del aparato. Finalmente, el instrumental largo The Sheltering Sky se inspira -en el título al menos- en la novela de Paul Bowles El cielo protector, que en 1990 sería adaptada al cine por Bertolucci.

El nudo celta de la portada original.

Esta formación de King Crimson continuó en otros dos álbumes más. Discipline, junto a Beat (1982) y Three of a Perfect Pair (1984), forma una trilogía en la que las portadas representan los colores primarios: magenta, azul y amarillo. Por cierto, el nudo celta de la portada original tuvo que rediseñarse, ya que el original -muy parecido, en realidad- tenía derechos de autor que no fueron respetados. Hubo un álbum posterior, Thrak (1995) en el que vuelven a figurar los cuatro músicos de Discipline, aunque participaron unos cuantos más y muchos de los conceptos de esta etapa ochentera fueron replanteados.

 
Discipline

miércoles, 6 de mayo de 2026

Nightnoise - A DIFFERENT SHORE

 

1. Call of the Child (5:01)
2. For Eamonn (6:52)
3. Falling Apples (4:48)
4. The Busker on the Bridge (4:02)
5. Morning in Madrid (5:07)
6. Another Wee Niece (4:23)
7. A Different Shore (5:43)
8. Mind the Dresser (5:33)
9. Clouds Go By (4:42)
10. Shuan (6:27)

Yo mismo me he preguntado a menudo por qué la música celta, siendo al fin y al cabo una expresión étnica perfectamente acotada en el tiempo y -sobre todo- en el espacio, ha logrado tener una repercusión tan grande incluso en circuitos comerciales en los que otras fórmulas similares no tendrían nada que hacer de cara al público más amplio. La respuesta es evidente: el arraigo que gran parte de la música instrumental contemporánea, especialmente la new age, tiene en lo celta desde sus inicios. Es verdad que la música pop y rock, teniendo como referencia máxima el mundo anglosajón, posee ancestros folclóricos rastreables en las islas británicas. Pero no hay que ir tan lejos. Es tan simple como que la utilización de instrumentos -sobre todo- acústicos y la vocación melódica que adquirió el género sobre todo desde su auge en las últimas décadas del siglo XX hace que la música celta sea enormemente accesible aunque el oyente no sepa mucho sobre aquella cultura ancestral.

De izquierda a derecha: Míchéal Ó Domhnaill, Brian Dunning, Johnny Cunningham y Tríona Ní Dhomhnaill.

Lo que termina ocurriendo, y es algo más que perceptible en álbumes como el que nos ocupa, es que su carácter celta y su vocación new age son tan imposibles de separar que el disco termina funcionando desde cualquiera de las dos ópticas. A Different Shore ("Una orilla diferente", 1995), uno de los títulos más conocidos de Nightnoise, es tanto un trabajo celta modélico (en la vertiente moderna, a lo "world music", del género) como un ejercicio musical que encantará a cualquier aficionado a la new age. No por casualidad fue publicado en Windham Hill. Intervienen en él Johnny Cunningham tocando el violín tradicional; Tríona Ní Dhomhnaill al piano, al acordeón, a la flauta y al sintetizador; Míchéal Ó Domhnaill a la guitarra, la flauta y el sintetizador; y Brian Dunning, que toca diferentes tipos de flautas y el acordeón. Todos contribuyen como vocalistas. Y como acabamos de leer, efectivamente hay sintetizadores en A Different Shore, lo que contribuye - junto con un cuidado ejercicio de producción- a acercarlo a un público masivo que no siempre va a ser fan de lo celta.

Otra imagen de los componentes de Nightnoise, en el libretillo del CD.

Todos los temas de A Different Shore merecen la pena, pero si tengo que elegir me quedo con el primero y con el último. Me gusta la ligereza sencilla de Call of the Child y la suave melancolía de Shuan, aunque seguramente los aficionados que conocen el disco desde su salida prefieran algún otro tema que destacó por algo en su momento. Desde luego, todos son agradables, están bien equilibrados dentro del progreso del álbum (que se escucha con pleno placer de un tirón) y, según parece, logran que todos los componentes de Nightnoise tengan su gran momento con su instrumento y/o a nivel de composición, ya que todos contribuyen casi a partes iguales. Un trabajo estupendo, a veces quizá un poco intrascendente pero con rincones muy interesantes que uno quiere revisitar en sucesivas escuchas. Deja más poso de lo que parece la primera vez.

 
Shuan

jueves, 9 de abril de 2026

Eric Woolfson / Alan Parsons - FREUDIANA


1. The Nirvana Principle (3:44)
2. Freudiana (6:20)
3. I Am a Mirror (4:06)
4. Little Hans (3:15)
5. Dora (3:51)
6. Funny You Should Say That (4:36)
7. You're on Your Own (3:54)
8. Far Away from Home (3:11)
9. Let Yourself Go (5:26)
10. Beyond the Pleasure Principle (3:13)
11. The Ring (4:22)
12. Sects Therapy (3:40)
13. No One Can Love You Better than Me (5:40)
14. Don't Let the Moment Pass (3:40)
15. Upper Me (5:16)
16. Freudiana (3:43)
17. Destiny (0:51)
18. There But for the Grace of God (5:56)
 
Es habitual que algunas bandas de rock progresivo tengan una especie de álbum no oficial, una suerte de hijo ilegítimo por ahí, como de incógnito. Se me ocurren, por citar álbumes ya comentados en el blog, Music from The Body, que era un álbum de Ron Geesin y Roger Waters, y con los demás miembros de Pink Floyd no acreditados; o Voyage of the Acolyte, primer álbum en solitario de Steve Hackett en el que sólo falta Tony Banks para reunir a Genesis. Este que traemos es otro ejemplo notorio: Freudiana (1990), primer disco como solista de Eric Woolfson que mucha gente considera como un álbum "fantasma" de The Alan Parsons Project.
 
Cartel promocional del disco.
 
Al parecer, Freudiana iba a ser el decimoprimer álbum del Project, el primero tras Gaudi (1987), pero esta idea inicial dio un giro inesperado. Resulta que Woolfson quería explorar el ámbito del teatro musical y las óperas rock con esta nueva obra, con lo que debía replantearse y reestructurarse, pero Parsons pensó que aquello que tenían entre manos no iba a ser realmente un trabajo en la línea de los álbumes conceptuales del Project, por lo que se decidió que sólo aparecería Freudiana en la portada, y que iba a ser un álbum lo suficientemente exitoso como para que todo el mundo supiese quién estaba detrás. Eran los músicos de The Alan Parsons Project haciendo otra cosa, y eso debía bastar. Alan Parsons se lamenta de este error de juicio, y es que a finales de los ochenta su mítico proyecto ya no era tan conocido como diez años atrás, por lo que gran parte del público pre-internet ni se enteró de que Freudiana existía. Creo que fue en términos amistosos, pero Woolfson y Parsons decidieron separarse definitivamente.
 
 
The Nirvana Principle

El mayor problema con esta obra, no obstante, vino de una tercera persona: el empresario del mundo del espectáculo Brian Brolly, que ayudó a adaptar Freudiana al formato de musical para ser representado en vivo. Tras el estreno exitoso de Freudiana en el Theater an der Wien de Viena, se pensó en llevarla a otras ciudades, pero Brolly puso una querella a Woolfson para hacerse con el control total de la obra. Brolly ganó el juicio, aunque se siguió considerando a Woolfson y Parsons como autores de Freudiana. Hoy en día, creo que equivocadamente, se menciona a Eric Woolfson como autor único y a Alan Parsons como productor, cuando en realidad, si bien es cierto que Woolfson tuvo mucho más peso en la composición y en el desarrollo del concepto, sigue quedando en Freudiana mucho de lo que iba a ser un álbum de The Alan Parsons Project y Parsons merece pleno reconocimiento como coautor aunque no sea al 50/50.
 
 
Freudiana

Como se intuye por su título, Freudiana es un trabajo conceptual inspirado en Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, "descubridor" del inconsciente y autor del influyente libro La interpretación de los sueños. La música encuentra su inspiración tanto en los lugares donde vivió Freud (que Woolfson visitó) como en algunos de los pacientes a los que trató, e incluso en algunos fenómenos que describió, tales como el complejo de Edipo. Hay que decir que, si bien Freudiana tiene características que lo acercan al estilo de Andrew Lloyd Webber y similares, el enfoque desde lo puramente musical no es tan novedoso. Escuchando cualquier álbum clásico de The Alan Parsons Project, ya teníamos esa sensación de que estaba a un paso de convertirse en musical. El hecho de ser trabajos conceptuales -esto es, que giran alrededor de ejes temáticos muy concretos-, con diversos vocalistas y con una paleta melódica muy amplia nos hace pensar que, incluso sin saberlo, Eric Woolfson ya tenía espíritu de autor de musicales mucho antes de abordar Freudiana.
 
 
Beyond the Pleasure Principle

Por supuesto, el álbum publicado está mucho más cerca del musical puro que I Robot o Eye in the Sky, pero creo que es más por su extensión y por la obvia teatralidad de algunas de las canciones (Funny You Should Say That, No One Can Love You Better than Me, etc.) que porque el enfoque compositivo sea muy distinto. Y aun así, se logra encajar tres lujosos instrumentales como introducción (The Nirvana Principle), a mitad de la obra (Beyond the Pleasure Principle) y casi al final (Freudiana), volviendo a las estructuras "normales" del Project. En las voces, interviene un buen número de artistas de renombre, como por ejemplo Leo Sayer, Kikki Dee, John Miles, The Flying Pickets y el siempre bienvenido Andrew Powell con sus arreglos para orquesta. Por supuesto, canta en muchos cortes el propio Eric Woolfson. 
 
 
There But for the Grace of God

Sinceramente, a mí me parece un álbum tan interesante como para recomendarlo, si bien en lo puramente musical -sin haber visto la obra en el escenario- siento que le falta algo. Pese a su larga duración, no hay en él muchas melodías que sean memorables de verdad (lo que no significa que las composiciones sean malas), y percibo que la producción y los arreglos también son irregulares, a menudo recurriendo Alan Parsons a un efecto de eco muy acusado que es típico de aquella época pero que pasó de moda con rapidez. Me da la impresión, en general, de que en el origen de Freudiana como álbum conceptual había un "esqueleto" un poco más sólido, mejor definido, al que se le añadieron más y más piezas para darle carácter de musical, pero que no logran que el conjunto fluya con naturalidad. Sólo llevo un par de escuchas.
 
Portada de la "versión negra". Entiendo que esta curiosa nomenclatura viene del color de ambas portadas.

Para mayor confusión general e interés para los coleccionistas, resulta que existen dos versiones de Freudiana. Una es la que hemos comentado aquí, la conocida como "versión blanca"; y la otra, la "versión negra", se grabó en alemán como doble álbum, conteniendo todo el material estrenado en vivo en el escenario, con músicos distintos a los de la otra versión. La versión negra se trata de una publicación totalmente legal y oficial, aunque hoy en día no es fácil de encontrar. Yo empezaría por la blanca y luego ya veremos.
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