miércoles, 21 de abril de 2021

Robert Reed - CURSUS 123 430


1. Erthynge (8:19)
2. The Hawk and the Harbinger of Dawn (1:20)
3. Stoneborn Watchers (5:24)
4. The Man of Sight and Feathers (8:08)
5. Witness (4:39)
6. Stoneglow Warnings (6:31)
7. Stalemate (5:05)
8. Dust and Flowers in a Lost Eden (0:50)
9. Gatherings at Farewell Places (7:35)
10. Erthsheelde (8:09)
I. Exodus
II. The Odyssey of Souls
III. Erthynge

En la edición digital a la venta en la web de Robert Reed, el álbum solo contiene dos suites:

1. Cursus Part 1 (28:08)
2. Cursus Part 2 (28:13)

Es chocante lo odiado que puede llegar a ser un músico tan hábil. Robert Reed lanzó allá por 2014 algo que muchos entendieron como una herejía: el álbum Sanctuary, que imitaba tanto en estructura como en instrumentación y arreglos álbumes clásicos del estilo de Tubular Bells. Se le podían achacar muchos defectos, pero el dominio de cada instrumento y la capacidad para la melodía eran genuinos e indiscutibles. De Sanctuary se han publicado dos secuelas no muy por debajo del original, y hace tiempo que se anuncia una cuarta entrega todavía sin fecha confirmada. Mientras esto sucede, tenemos entre manos desde el año pasado este Cursus 123 430 (2020), un interesante álbum conceptual que ha ido acompañado de algunos complementos también llamativos.

Trailer del álbum.

Cursus 123 430 surge de unas fuentes parecidas a las de su Sanctuary: los vinilos de la infancia de Reed. Parece que las mismas navidades que él recibió su copia de Tubular Bells, su hermano recibió una copia de Oxygène, y parece también que ambos compartireron sus regalos. Robert Reed se dedicaría con los años al rock progresivo, y comenzaría su carrera en solitario homenajeando aquel hallazgo remoto. Parece que tenía una espinita clavada en lo referente a esas "otras músicas", carnaza de soñadores como muchos de nosotros, que había escuchado por aquel entonces. De modo que Cursus viene a ser su homenaje al sonido de la electrónica de los años 70, cuando reinaban Vangelis, Jarre, Tangerine Dream, Klaus Schulze...

Evidentemente, un proyecto así merece gozar de toda nuestra simpatía, si bien debo decir que en mi caso me ha dejado un poco frío. Mientras que Sanctuary, siendo todo lo pastiche que es, me dejó sin aliento en mi primera escucha y muchas de las sucesivas, Cursus me ha resultado pesado y apenas lo habré escuchado de un tirón una única vez. Por hacernos una idea sobre el tipo de música que nos vamos a encontrar, se puede decir que mezcla ritmos electrónicos retro como los de Jarre con melodías y arreglos puntuales que recuerdan a Vangelis y Tangerine Dream. Lo malo es que, mientras que Reed puede deslumbrar con su virtuosismo tocando instrumentos acústicos "reales" como los de Sanctuary, es mucho más difícil lograr hacer algo con verdadero calado mediante sintetizadores -digamos que "analógicos"- sin ser alguien con la capacidad creativa de Vangelis o Jarre.

Clip oficial de Man of Feathers. 

Las melodías de este trabajo, que tienen retazos bastante claros de clásicos cósmicos como Albedo 0.39Equinoxe o Stratosfear, son relativamente simples y cuesta dejarse llevar hacia algo parecido a los maravillosos paisajes cósmicos, inmersivos y progresivos, de los artistas antes mencionados. Hay pinceladas que quizá sirvan como guiño a otros artistas que se me escapan, pero a mi juicio quedan a veces un tanto acartonadas. Para hacer bonito. No ayuda tampoco la obsesión que tiene Robert Reed por meter en todos sus proyectos al bueno de Les Penning, cuya flauta aquí encajaría como Tarzán en el Corte Inglés y que se dedica, menos mal, únicamente a narrar esta extraña historia de extraterrestres ecologistas convocados desde Stonehenge.

El problema para mí, profundizando un poco más, es que creo que aquellos álbumes de los setenta lograban transmitir emociones incluso cuando estaban totalmente generados por maquinaria que hoy cualquier app para móvil puede dejar en la cuneta. Había algo más debajo de los teclados grandiosos, los falsos oleajes y los "pajaritos" electrónicos, supongo que el hecho de que sus autores lograban sobreponer su visión artística por encima de las posibilidades técnicas de que disponían. Tú no disfrutas hoy en día de temazos como Pulstar, Alpha, To the Unknown ManOxygène 4 o Equinoxe 4 porque sean tecnológicamente avasalladores, sino porque poseen una pátina de autenticidad, de efectismo, de verdadera imaginación musical, que no vas a lograr reproducir adrede más de cuarenta años después por mucho que tengas talento y medios. Utilizando uno de esos símiles con paellas que alguna vez he escrito, la diferencia entre Cursus y un álbum de la época dorada de la electrónica es la misma que hay entre la paella que hizo tu madre en una cala del Cabo de Gata en aquellas vacaciones, y la tuya, que aunque le echas exactamente los mismos ingredientes en las mismas cantidades, puede estar más o menos buena pero nunca te sale igual que aquella.

Promo de la versión sinfónica.

Por destacar algunos temas, ahí está el inicial Erthynge, cuya melodía es, sin disimulo, una variación del mencionado Pulstar; Stoneborn Watchers, que hasta en el título ("Gárgolas vigilantes" o "Vigilantes nacidos de la piedra") recuerda a Equinoxe; Stoneglow Warnings, que nos retrotrae a alguna otra melodía no especialmente trillada del primer Jarre; Stalemate, que parece sacada de algún Exit, White Eagle o Force Majeure; la atmosférica Dust and Flowers in a Lost Eden ("Polvo y flores en un Edén perdido"), con uno de esos oleajes de los que hablábamos; y Gatherings at Farewell Places, un -esta vez sí- bastante inspirado acercamiento a Tangerine Dream con toques frescos. En realidad no hay ningún tema malo de verdad, pero para mi gusto tampoco hay ninguno que sobresalga.

Una cosa sí tengo clara: hay muchas posibilidades de que otros lectores del blog encuentren que Cursus 123 430 es estupendo, y desde ya admito que lo que tengo contra este álbum (y queda patente que no contra Robert Reed, a quien siempre he defendido en mis críticas) puede ser solo cosa mía. Por eso, y aunque este análisis no haya sido positivo, sí que recomiendo la escucha del álbum a los lectores, cosa que en otros casos no haría. Creo que hay un esfuerzo detrás de esta obra que quizá algunos de vosotros sí sepáis apreciar debidamente.

El libro.

Antes de terminar, mencionaré también que se ha publicado un libro ilustrado de 24 páginas para acompañar al álbum, que se vende por separado y contiene la historia narrada en el álbum, con Reed y Penning como autores. Y también hay a la venta un álbum secundario titulado Cursus: A Symphonic Poem (iba a ser un EP pero dio para más) con una suite orquestal compuesta a base de extractos del álbum y algunos remixes y maquetas. De momento ni he leído el primero ni he escuchado el segundo, pero lo haré.

El poema sinfónico.

viernes, 9 de abril de 2021

John Williams volverá para la quinta película de Indiana Jones.

George Lucas se deshizo de Lucasfilm y ni está ni se le espera, Steven Spielberg está harto de haters llorones y va a limitarse a producir, y a Harrison Ford le vale casi cualquier cosa para seguir echando combustible a su avión privado. El caso es que la nueva película de Indiana Jones que dirige James Mangold (que hasta ahora se ha movido entre lo terrible y lo meramente interesante) lucha por conservar lo que puede de las originales. Por suerte para nosotros, y aunque debo decir que a mí, fan de toda la vida, la película que llegará en 2022 me da bastante mala espina, se ha confirmado hace un rato que John Williams sigue a bordo. Imaginamos que será su última intervención en la franquicia, tal como ocurrió con Star Wars. Ya tengo por lo menos un aliciente.

O Indy vuelve a beber de esto, o mal veo yo la cosa.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Se reedita "Olias of Sunhillow", de Jon Anderson. Y Pink Floyd vuelve a final de mes.

Esta misma semana se ha publicado una nueva edición del magnífico álbum de debut en solitario del vocalista de Yes, Jon Anderson. Lo tuvimos por aquí cuando el blog comenzaba, y aunque hoy habría escrito una reseña un poco más profunda, sigo pensando que es un exquisito ejemplo de lo mejor que dio el rock progresivo en los setenta, pura imaginación. Se ha publicado en digipak bajo el sello Esoteric, con un segundo disco (un DVD con el álbum en 5.1 y demás) y un libreto muy completo.

Olias of Sunhillow

Por otra parte, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, mencionaré que el 30 de abril se lanzará en CD y vinilo Live at Knebworth 1990, un concierto de Pink Floyd que permanecía inédito hasta su inclusión en el último mega-pack The Later Years 1987-2019. El fan completista que pagara 300 y pico euros por el mencionado estuche encontrará el nuevo CD extraído del mismo como una certera redefinicion del término "sacacuartos".

Live at Knebworth 1990

jueves, 25 de marzo de 2021

Yes - RELAYER


1. The Gates of Delirium (21:54)
2. Sound Chaser (9:31)
3. To Be Over (9:03)

Hace un año que comenzó toda esta pesadilla de la pandemia, e incluso considerando que en este tiempo todos hemos tenido demasiado tiempo libre para leer libros, ver películas y escuchar muchísima música, tanta como para que sea difícil acordarse de toda ella para escribir una entrada al respecto, yo al menos sí que puedo señalar un disco que se quedará grabado en mi memoria para los años venideros: Relayer (1974), de la banda progresiva británica Yes.

Yes en 1974: Alan White, Chris Squire, Jon Anderson, Patrick Moraz y Steve Howe.

Lo mío con gran parte del progresivo clásico es un gusto adquirido que he ido configurando poco a poco. A estas alturas, salvo por algún fragmento de Close to the Edge, ya tenía decidido que Yes iba a ser el único de los grandes grupos del movimiento con los que no conectaba del todo. Demasiada filigrana, demasiados músicos virtuosos alardeando, un vocalista a veces estresante. Pero aquí estaba yo, justo donde estoy ahora, de un viernes a un lunes reprogramando todo un curso académico para adaptarlo a la enseñanza online (¿he dicho que soy profesor de instituto?), horas y horas ante el teclado. Y entre unas cosas y otras me hice con algunos discos de Yes en mp3 y me puse con Relayer. No sé si será porque me identifiqué en seguida con el propio concepto del tema central del álbum o porque necesitaba despejar la mente entre clase y clase, pero aunque ya había escuchado un par de veces antes The Gates of Delirium con escaso o nulo interés, esta vez fue como una iluminación. ¡Qué maravilla!

Despligue de portada y contraportada, obra de Roger Dean. 
Hay quien encuentra que la parte izquiera coincide con las rocas de la portada de Tales from Topographic Oceans.

Relayer ("Relevista") es el álbum que publicó la banda Yes en 1974 después del que hasta entonces había sido su momento más crítico: el lanzamiento del doble disco Tales from Topographic Oceans (1973), excesivo según el criterio de muchos, seguido del abandono del teclista estrella Rick Wakeman, que veía que la cosa dejaba de gustarle y prefería volcarse en sus trabajos en solitario. Es de suponer que los demás miembros de la banda quisieron volver a un formato más razonable con Relayer, y por eso retomaron el formato de satisfacción asegurada de Close to the Edge (1972): un tema largo muy progresivo y épico en la primera cara y un par de temas muy bien diferenciados en la segunda. 

The Gates of Delirium.

Como decíamos, el corte principal de Relayer es The Gates of Delirium ("Las puertas del delirio"), una suite alegórica inspirada vagamente en Guerra y paz de Tolstói que describe el antes, el después y el durante de una gran batalla. Comienza con los guerreros yendo a la batalla mientras cantan arengas, como vemos en la portada del genial Roger Dean; después se desarrolla la batalla en sí, con multitud de estruendosos y originales desarrollos instrumentales, todo un despliegue de efectismo en la posterior gira de presentación del álbum; y concluye con el fragmento que conocemos como Soon, que es un largo cántico prácticamente new age a cargo de Jon Anderson, que habla sobre la esperanza en el mañana y que utiliza unos fondos inmensos y unos punteos de guitarra en su recta final que rubrican más que de sobra el hecho de que The Gates of Delirium pueda considerarse con justicia, al menos a mi parecer, el mejor tema individual de Yes. 

Sound Chaser, en vivo.

Completan la cara B del vinilo original Sound Chaser ("Perseguidor del sonido"), que es un tema casi totalmente instrumental muy potente y barroco, a veces hasta ruidista; y To Be Over, bastante más melódico y relajado, con un toque exótico de sitar y Jon Anderson otra vez muy dulce. Son dos temas interesantísimos, pero con lo genial que es la primera cara del álbum, tienes la injusta sensación de que están ahí a modo de "extras". 

To Be Over, en la versión remezclada de Steven Wilson.

La alineación de Yes, además del mencionado Anderson, incluye el bajo de Chris Squire, la guitarra de Steve Howe, la batería de Alan White y los teclados de Patrick Moraz. Este último fue contratado por la banda tras una serie de audiciones a las que acudió nada menos que Vangelis, seguramente animado por su amigo Jon Anderson, y también seguramente sin la menor intención de unirse a Yes. Moraz, que hace aquí un muy buen trabajo, duraría un par de años en la banda y después se iría con los Moody Blues. 

Dos imágenes conceptuales del libreto del CD.

En cualquier caso, Relayer no gustó del todo en su momento a los críticos, que ya estaban dando más y más la espalda al rock progresivo en favor de expresiones rockeras más del gusto popular. Hoy en día, el álbum es reconocido como una obra fundamental, supongo que gracias a que su virtuosismo y su imaginación desbordante lo convierten en un perfecto ejemplo (y bastante accesible, por cierto) de todo lo bueno que tenía el progresivo. Puede disfrutarse en varias versiones en la actualidad, una de ellas pulida con bastante acierto por Steven Wilson.

Siempre agradeceré lo mucho que me ayudaba a relajarme escuchar Soon entre clase y clase durante la horrible primavera de 2020. Un rayo de luz entre tanta oscuridad.

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