miércoles, 4 de febrero de 2026

Boards of Canada - MUSIC HAS THE RIGHT TO CHILDREN


1. Wildlife Analysis (1:15)
2. An Eagle in Your Mind (6:25)
3. The Colour of the Fire (1:45)
4. Telephasic Workshop (6:35)
5. Triangles & Rhombuses (1:50)
6. Sixtyten (5:48)
7. Turquoise Hexagon Sun (5:07)
8. Kaini Industries (0:59)
9. Bokuma (1:35)
10. Roygbiv (2:31)
11. Rue the Whirl (6:39)
12. Aquarius (5:58)
13. Olson (1:31)
14. Pete Standing Alone (6:07)
15. Smokes Quantity (3:07)
16. Open the Light (4:25)
17. One Very Important Thought (1:25)

Es habitual encontrar este álbum en casi cualquier listado de recomendaciones de música experimental, ultramoderna y con un toque indie, y al final no me he resistido a escucharlo. Music Has the Right to Children ("La música tiene derecho a los niños", 1998) fue el primer álbum publicado comercialmente de Boards of Canada, un dúo integrado por los escoceses Michael Sandison y Marcus Eoin. Y digo que fue el primero publicado comercialmente porque llevaban un montón de años, desde los ochenta, haciendo experimentos con sintetizadores y cintas de casete con grabaciones de radio de onda corta. Los regalaban a amigos y familia y han acabado destruyendo muhco de este material. Como suele ocurrir siempre que alguien innova en el mundillo de la electrónica experimental, el álbum que nos ocupa fue un importante éxito crítico, si bien entiendo que nunca estuvo hecho para ser comercial.

Boards of Canada

Hace muchos años tuvimos por aquí algunos discos que alguien calificó como "música del tercer mundo", no por estar grabados en países con economías emergentes, sino por aprovechar material de desecho: samples, grabaciones de otros modificadas hasta resultar irreconocibles, sonidos de archivo no necesariamente musicales, etc. Pensemos en algo como My Life in the Bush of Ghosts (1981) de David Byrne y Brian Eno si queremos recurrir a un ejemplo clásico. Esto que hacen Boards of Canada maneja un concepto parecido, aunque aquí se recurre a ritmos más propios de la música urbana y el resultado es menos extravagante en la estructura, si bien gran parte del álbum se percibe como una fantasmagoría de sonidos vagos, demasiado lavados y descontextualizados, que no es del todo accesible para un oyente casual.

 
Aquarius, que fue el primer single del álbum.

Se explica en este interesante vídeo que algunos trabajos de la llamada IDM (Intelligent Dance Music, concepto que me suena y me seguirá sonando a chorrada), entre los que está este Music Has the Right to Children, intentan crearnos una sensación de nostalgia por experiencias que en realidad nunca hemos vivido. Es posible. Desde luego, en este momento aprecio el álbum mucho más como experimento dentro de los cánones muy amplios del ambient y la psicodelia que como algo con excesivas ambiciones de influencia psíquica. Tiene algo de intrigante y una capacidad envolvente meritoria, aunque todavía no he conseguido rascar por debajo de la epidermis. Me quedo mucho antes con temas atmosféricos como Wildlife Analysis, Triangles & Rhombuses u Open the Light que con otros con ritmo demasiado afilado como Telephasic Workshop o Pete Standing Alone, aunque alguno como AquariusRoygbiv tampoco me desagrada. Hay más de una hora de música, cada cual puede encontrar algo interesante en unas cuantas escuchas atentas.

 
Wildlife Analysis

Grabado en un estudio en Pentland Hills (Escocia) que alguien ha calificado como un "búnker", y publicado en colaboración por los sellos especializados en electrónica Skam y Warp (el del inevitable Aphex Twin), Music Has the Right to Children tiene, según sus autores, influencias de gente tan peculiar como Wendy Carlos y Jeff Wayne entre otros, además de contar con samples de La Fête Sauvage (1976) de Vangelis y de la sintonía de Barrio Sésamo. Gracias, Wikipedia, y felicidades por tu 25 cumpleaños.

viernes, 9 de enero de 2026

Peter Gabriel - (1 "CAR")


1. Moribund the Burgermeister (4:20)
2. Solsbury Hill (4:21)
3. Modern Love (3:38)
4. Excuse Me (3:20)
5. Humdrum (3:25)
6. Slowburn (4:36)
7. Waiting for the Big One (7:15)
8. Down the Dolce Vita (5:05)
9. Here Comes the Flood (5:38)

Utilizo paréntesis y comillas en el título de la entrada porque el primer álbum en solitario de Peter Gabriel no tiene título. Para más complicación, tampoco tienen título sus siguientes tres trabajos, de modo que se opta por ponerles un número y un título basado en la imagen de portada. Aquí, gracias a la inventiva de Storm Thorgerson del colectivo de diseñadores Hipgnosis, Gabriel aparece dentro de un Lancia Flavia salpicado de gotas de agua. La foto fue tomada en blanco y negro y se coloreó el coche después, por lo que Gabriel parece una presencia pálida, fantasmal. Se puso además unas lentillas de espejo para aumentar el impacto.

Peter Gabriel aparece con estas lentillas inquietantes en las portadas de los dos singles del disco.

El álbum conocido como Car (1977) fue el debut de Peter Gabriel en solitario tras salir de Genesis, no peleado con sus antiguos compañeros pero tampoco especialmente satisfecho con su convivencia como grupo en el -por lo demás- impresionante The Lamb Lies Down on Broadway (1974). Han mantenido los lazos hasta hoy, pero se nota que han estado más a gusto cada uno por su lado. Aunque Car sea inevitablemente un clásico, en su momento muchos críticos lo entendieron como el típico "muestrario de moquetas" del que alguna vez hemos hablado: hay temas diversos y un enfoque artístico no del todo unificado, como si Gabriel no tuviese claro hacia dónde iba su carrera. 

Dos imágenes promocionales de la sesión de fotos para la portada.

El propio Gabriel no se quedó del todo satisfecho con la producción a cargo de Bob Ezrin, quizá excesiva para lo que él tenía en mente, y se percibe que en su siguiente trabajo apostó por un enfoque más contenido. Al parecer, acordaron que Ezrin (a dos años de ocuparse de The Wall de Pink Floyd) se ocuparía de los temas más rockeros y Gabriel de los más experimentales, si bien es verdad que, una vez tenemos el disco girando en casa, no es tan fácil ponerles etiquetas. Hay que pensar que este álbum debió sorprender mucho a quienes esperaban algo quizá más cercano al progresivo puro de aquel Peter Gabriel flautista y friki que se disfrazaba y contaba cuentos surrealistas en sus actuaciones cuando estaba en Genesis.

 
Solsbury Hill

No hay duda de que el gran temazo de Car es el epifánico Solsbury Hill, uno de los mayores y más resonantes éxitos de Peter Gabriel en toda su carrera, y que a mi juicio envejece mucho mejor que otros que tuvieron más renombre en su momento tipo Sledgehammer. Ya se intuye en las percusiones la deriva étnica de Gabriel en títulos futuros. Tampoco debemos ignorar otras joyas como el inicial Moribund the Burgermeister ("Moribundo el alcalde"), inspirada en los arrebatos del mal de San Vito; Modern Love, un segundo single muy cañero; las teatrales, vodevilescas Excuse Me y Waiting for the Big One; y las espectaculares Down the Dolce Vita y Here Comes the Flood, la segunda de las cuales Peter Gabriel regrabó años después con menos arreglos. No menciono aquí todos los temas, pero no sobra ninguno.

 
Modern Love.

El álbum se grabó entre Toronto (Bob Ezrin es canadiense) y Londres, y además de algunos músicos de sesión habituales de otras producciones de Ezrin para gente como Lou Reed y Alice Cooper -cuyo estilo de rock se aprecia por ejemplo en el tema Slowburn-, contó con la participación del sintesista Larry Fast, la London Symphony Orchestra y, mucho ojo, con los mismísimos Robert Fripp y Tony Levin. Ambos participarían en la gira de presentación del disco que nos ocupa y se reunirían nada menos que para la resurrección de King Crimson en 1981. Levin seguiría siendo un habitual de los conciertos de Peter Gabriel durante muchos años.

Contraportada.

Con todos los peros que quisieron ponerle algunos, Car fue recibido como un trabajo valiente en el que Peter Gabriel, que había aumentado las expectativas tras dos años de ausencia de los escenarios (estaba centrado en su familia) puso sobre la mesa todo su ideario musical, con resultados que iban a preceder muchas de las innovaciones que convertirían al músico en un referente indiscutible. Un discazo.

 
Here Comes the Flood, una versión en directo de 2003.

martes, 23 de diciembre de 2025

Wim Mertens - INTEGER VALOR


1. La fin de la visite (5:18)
2. Au delà du fleuve (5:13)
3. In 3 or 4 Days (6:08)
4. Comme en dormant (4:38)
5. And Bring You Back (4:59)
6. Tout est visible (5:45)
7. Yes, I Never Did (5:27)
8. Sidemen (10:01)

Integer Valor (1998) es para muchos aficionados una de las mejores obras del belga Wim Mertens. Yo quizá me decantaría por Jardin Clos (1996), un trabajo que sentó las bases para este que nos ocupa, ya que Mertens se inclinó por añadir calidez extra a su sonido mediante un ensemble en el que destacaban las cuerdas. No soy un conocedor profundo de la obra completa de este compositor, en la que he ido picoteando aquí y allá, pero entiendo que estos discos de fin de siglo buscaban abrirse a un público más amplio que el que generalmente se aficiona al minimalismo "hardcore", a veces un poco árido si no terminas de interiorizar sus preceptos.

Wim Mertens

No puedo decir que la manera habitual de aproximarse al minimalismo de Wim Mertens sea árida, ni mucho menos, pero es verdad que algunas de sus obras de referencia (las que conozco, insisto) son algo más descarnadas que álbumes como este. La new age no es una tentación en la que yo piense que Mertens haya estado tentado de caer, pero seguramente era consciente de que aquellos años noventa fueron bastante potentes, comercialmente hablando, para la música instrumental de calidad. Y no se puede negar que este señor tiene la rara virtud de ser ecléctico en un terreno musical en el que es fácil aferrarse a un estilo rígido, desarrollando al mismo tiempo una personalidad artística muy reconocible.

 
La fin de la visite.

La portada del álbum es un fragmento de un cuadro de Georges de la Tour titulado La femme à la puce ("La mujer con la pulga" o "Mujer buscando una pulga"), obra austera y enigmática de significado no del todo explicado. Y el título hace referencia al respeto íntegro, digamos al pie de la letra, de una partitura en la que cada elemento, por irrelevante que pueda parecer, debe reproducirse con fidelidad en su interpretación. Se aprecia que Mertens da gran importancia a los matices en sus obras, aunque el detalle de la señora aplastando una pulga con las uñas puede hacernos pensar que el título es más bien irónico.

 
Yes, I Never Did en vivo con la Sinfónica de Tenerife.

Lo cierto es que todo en Integer Valor es un trabajo cálido, amable pero no por ello carente de ambición, variado y sin un instante de divagación innecesaria. Comienza con la trepidante La fin de la visite, con un piano que no cesa y una melodía dibujada con trompeta. Arrebatadoramente sentimental es Au-delà du fleuve, esta vez con las cuerdas como protagonistas; y en In 3 or 4 Days se cuela además una guitarra, instrumento hasta entonces, por lo que sé, no muy habitual en álbumes del belga. Más pausada pero igualmente intensa es Comme en dormant, con un piano muy marcado y otra melodía meritoria. Un capricho ingenuo pero bonito que recuerda a algo de la Penguin Cafe Orchestra por su técnica de pizzicato es And Bring You Back; y todo lo contrario a lo ingenuo es Tout Est Visible, una pieza de desarrollo tan lento como sólido cuya solemnidad es memorable. Concluye el álbum con la estupenda Yes, I Never Did, que desde su publicación se ha convertido en clásico de Mertens; y con la extensa Sidemen, sostenida en una floritura al piano sobre la que se van acumulando más instrumentos hasta llegar a un tramo final un tanto abstracto.

La versión Intégrale.

Para regocijo máximo de quienes amaron Integer Valor, al año siguiente se publicó Integer Valor Intégrale, un pack con tres CDs que expande enormemente el sonido del álbum original. Cada uno de los discos tenía incluso su propio título, siendo éstos To Fill in the Blank, Written Conversation y Full of Cobbles. Los temas del álbum primigenio están repartidos entre los tres discos, y aunque podríamos entender que el resto de cortes son piezas descartadas, cuesta encontrar una sola que no valga la pena. Estupendo trabajo en cualquiera de sus versiones, imprescindible en tu colección incluso si sólo quieres tener dos o tres de este autor.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 16: "KAVAL SVIRI"

El álbum lanzado en España comenzaba precisamente con Kaval Sviri.
 
En el afán por encontrar nuevos sonidos con los que nutrir a los melómanos más aventureros entre los años ochenta y noventa, hubo un importante espacio para lo étnico/ancestral, y cuanto más exótico mejor tenía que ser. Entre nativos norteamericanos, una nueva ola celta y cantos gregorianos, emergió en un momento relativamente temprano un estilo vocal que hoy recordamos con el nombre que recibieron en su más importante lanzamiento discográfico en nuestro país: El misterio de las voces búlgaras (Le Mystère des Voix Bulgares).
 
Dos ediciones internacionales de estas grabaciones.

Lo cierto es que los álbumes que aparecían bajo esta autoría recogían en realidad temas cantados por distintos conjuntos vocales tradicionales, sobre todo el Coro femenino de la radio y la televisión estatal búlgara y el Filip Kutev Ensemble. Eran coros de mujeres de edades diversas, vestidas con un colorista traje regional, que fundían sus voces en complicadas polifonías. Aparecieron en televisión en numerosas ocasiones y tuvieron sus días de gloria a finales de los ochenta, y eso que, curiosamente, una grabación de este tipo de cántico había sido incluida en 1977 en los discos de oro de las sondas Voyager, actualmente viajando a una velocidad inimaginable hacia la constelación de Ofiuco.

 
The Sounds of Earth, el "LP" interestelar.

¿Cuál es el misterio de las voces búlgaras? Que cantan a capela, que lo hacen con el diafragma y con una posición peculiar del paladar, y que poseen un aura exótica que parece indígena y no hace pensar para nada en folk centroeuropeo de detrás del telón de acero. Quien tuvo la idea de lanzar esta música al mercado internacional fue el productor y etnomusicólogo suizo Marcel Cellier, que anteriormente había "descubierto" al flautista rumano Gheorghe Zamfir.

 
Kaval Sviri

Aunque no se puede decir que tuviesen un tema concreto que pegase el gran pelotazo de popularidad, he elegido este Kaval Sviri ("Suena el caramillo") por haber tenido una importante influencia posterior. Su estilo ha sido imitado en numerosas ocasiones, o al menos ha servido para que se incluyesen cánticos étnicos parecidos en álbumes de todo tipo en los noventa (pensemos en Adiemus), y hasta se versionó de manera bastante reconocible en la serie Xena: princesa guerrera, de la que todos habremos visto algún episodio. En la actualidad siguen apareciendo grabaciones bajo la inevitable nomenclatura de El misterio de las voces búlgaras, por ejemplo para una colaboración con la también telúrica Lisa Gerrard.
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