lunes, 7 de septiembre de 2026

Mike Oldfield - THE MILLENNIUM BELL

1. Peace on Earth (4:10)
2. Pacha Mama (4:05)
3. Santa Maria (2:44)
4. Sunlight Shining Through Cloud (4:33)
5. The Doge's Palace (3:07)
6. Lake Constance (5:16)
7. Mastermind (3:03)
8. Broad Sunlit Uplands (4:03)
9. Liberation (2:38)
10. Amber Light (3:42)
11. The Millennium Bell (7:37)

Ya hemos explicado muchas veces que hay controversia sobre si los álbumes de Mike Oldfield en los años noventa suponen o no una buena época en su carrera discográfica. Suelen salvarse del donoso escrutinio Tubular Bells II y The Songs of Distant Earth, aunque lo que vino después sigue causando división entre sus seguidores. Quizá el primer álbum de Oldfield en ser universalmente denostado en aquellos años fue este The Millennium Bell, hasta el punto de que el músico tuvo que excusarse en alguna entrevista, explicando que no pretendía ejercer de historiador en esta peculiar revisión de acontecimientos de la Historia que salió a la venta a finales de 1999.

 
Diseño para una imagen del libretillo.

Está claro que Mike Oldfield se había venido arriba tras el éxito de Tubular Bells III, y tras la también exitosa gira Then & Now '99 en la que lo presentó, junto al también recentísimo Guitars. Esto es peligroso en artistas tan creativos como Oldfield, que necesitan que alguien de su entorno les pare los pies de vez en cuando y les haga reconsiderar si lo que están haciendo merece la pena. El álbum que nos ocupa surge de la fiebre milenaria de finales de aquella década, en la que la palabra Millennium estaba en todas partes. Pese a quien pese, este Oldfield post-Virgin tenía a veces una vena oportunista, y tuvo la nada original idea de componer un álbum instrumental, en su línea, para celebrar el cambio de milenio.

¿Mejor sin campana?

Sus fuentes de inspiración fueron variadas, aunque se puede decir que la única más o menos directa fue su visita a de Machu Picchu (Perú) ese mismo año. Se quedó fascinado y manifestó su deseo de componer música inspirada en aquella cultura y en concreto en el conjunto monumental de Saqsaywaman, en Cusco. Es de suponer que la idea evolucionó hacia algo más amplio cuando el álbum que estaba cocinando adquirió el título provisional de Saqsaywaman and the Millennium. No sé muy bien cuándo se asentó la concepción definitiva de The Millennium Bell, pero en algunas webs en las que se puede descargar una versión temprana del álbum todavía le mantienen el título antes mencionado.

 
Contraportada 

The Millennium Bell es un batiburrillo de temas inspirados en diferentes momentos históricos que, por lo que sea, interesaron a Oldfield o encajaban con composiciones que tenía desde antes en la cabeza. La elección de los eventos es cosa del artista y no tenemos por qué discutirla, pero hay algunos un poco raros. Comienza el álbum con Peace on Earth, un villancico coral (nada que ver con sus villancicos folk de los setenta) que representa el nacimiento de Jesús. De ahí pasamos a Pacha Mama, la pieza de inspiración inca que mencionábamos; Santa Maria, sobre el viaje de Colón; Sunlight Shining Through Cloud, sobre la esclavitud y la posterior emancipación; The Doge's Palace, sobre el Renacimiento italiano; Lake Constance, sobre el Romanticismo decimonónico; Mastermind, sobre el fenómeno de la mafia y los gánsters; Broad Sunlit Uplands, sobre la Segunda Guerra Mundial; Liberation, sobre el fin de la guerra y el auge de las tecnologías; Amber Light, sobre el final del apartheid; y The Millennium Bell, que es un megamix de mucho de lo anterior con ritmo de baile.

 
Pacha Mama

Sobre la calidad de dichos temas, debemos decir que es un conjunto irregular. Nos movemos entre algunas composiciones meritorias para el Oldfield de los noventa y algunas de las menos afortunadas de toda su carrera. En lo más alto, y estoy siendo tan subjetivo como puedo serlo en un blog de opinión, pongo tres temas: Sunlight Shining Through Cloud, Broad Sunlit Uplands y Liberation. El primero de ellos, en mi opinión el más sorprendente del disco, tiene la cualidad de no mostrar por ninguna parte el sello clásico de Oldfield y ser, por todo lo demás, un tema fresco, original y fantásticamente bien construido. Broad Sunlit Uplands es un ejercicio impecable de integración de un arreglo orquestal (interviene la London Session Orchestra) en una melodía original del artista, con samples que recuerdan un clima bélico muy bien aplicados. Uno de los temas descartados se titulaba Excalibur, y curiosamente se escuchaba la misma melodía que la del final de Broad Sunlit Uplands. La leyenda dice que el Rey Arturo volvería de su retiro en Avalon cuando Inglaterra lo necesitase, y quizá hay aquí una alusión a su regreso "espiritual" con la feroz resistencia inglesa y la posterior victoria ante los nazis.

 
Broad Sunlit Uplands

Y Liberation me gusta porque hace una asociación peculiar entre ideas que, no teniendo mucho que ver sobre el papel, funciona mágicamente desde lo musical: una recitación de extractos del Diario de Ana Frank que desemboca en unos samples que parecen presagiar la era de las comunicaciones, como jugando con la idea de lo que podría haber sido de aquella niña escondida en un desván si hubiese contado con los medios tecnológicos actuales. Brilla la voz de Miriam Stockley, conocida por su intervención en los trabajos de Adiemus / Karl Jenkins.

 
Liberation

Pongo un notable bajo a otros tantos cortes: Peace on Earth, que sin ser arrebatador sí que logra muy bien su objetivo; Pacha Mama, más bien sencillito en la composición pero felizmente rescatado por una producción espectacular; y Amber Light, que tiene un sonido impactante pero que al final no va mucho más allá de lo que ya ofrece al principio, pese a la sensación de que va in crescendo.

En un quiero y no puedo dejo a The Doge's Palace, un ejercicio divertido, con algún fragmento bonito, pero insulso y estropeado por unos coros estridentes, que recuerda a las fantasías pseudobarrocas de Rondò Veneziano; Lake Constance, con una bella melodía pero con un arreglo orquestal a lo John Barry demasiado retocado en la producción que no suena todo lo natural que debería; y el megamix The Millennium Bell, rescatado por unos buenos pasajes de guitarra de Oldfield y por un clímax correcto, pero que no tiene más valor que el de ser un "fin de fiesta" más bien predecible. El invitado aquí fue DJ Pippi, reclutado tras la conocida etapa ibicenca del compositor.

  
The Millennium Bell

Y en la zona más baja quedan (insisto: para mi gusto personal) Santa Maria, un intento muy pobre de recrear algo parecido al Conquest of Paradise de Vangelis; y Mastermind, un aburrido ejercicio tecnológico con trompetas falsas que podría estar inspirado por el tema de Al Capone que compuso Morricone para Los Intocables. Es muy feo.

No creo que Mike Oldfield pretendiese plagiar adrede al Rondò Veneziano, a Vangelis o a Morricone, pero sí me parece que debería haber tenido más cuidado a la hora de decantarse por melodías que responden a clichés populares demasiado conocidos por sus seguidores, que suelen (solemos) tener una culturilla musical amplia.

En algún momento, Oldfield pensó que sería buena idea que este trabajo fuese presentado en concierto. Se habló de algún evento en Londres, siguiendo la estela de la presentación de Tubular Bells III en en el Horse Guards Parade, pero todas las piezas encajaron cuando las autoridades de Berlín lo invitaron a tocar allí en Nochevieja, coincidiendo con el espectáculo de luces láser que tenían preparado alrededor de la Columna de la victoria. Parece que David Bowie era la primera opción para aquella noche tan señalada, pero declinó la oferta y a Mike le vino todo perfecto.

El DVD con el concierto.

El concierto, que se publicó en DVD, ofreció una calidad musical irregular, aunque la noche fue gélida y los músicos parecen a punto de quedarse tiesos. No se ciñó al contenido de The Millennium Bell, sino que lo mezcló con una selección de temas de toda su carrera, incluyendo canciones de los ochenta. Otro batiburrillo. Y se añadió una composición específica para el juego de luces de la mencionada columna, titulada Art in Heaven, que incluía extractos de la 9ª Sinfonía de Beethoven. Como espectáculo fue sobresaliente, pero en lo estrictamente musical no fue la octava maravilla. Esa misma noche, por cierto, Jean-Michel Jarre ofrecía su concierto egipcio en la meseta de Guiza, deslucido también por una tormenta de arena, aunque creo que un poco más interesante -por lo arriesgado- en lo artístico.

  
Tubular Bells y Portsmouth, del concierto de Berlín.

Como alguna vez ha explicado Pepe Cantos (que de Oldfield sabe lo suyo), incluso los peores discos del músico siempre tienen cosas que merecen la pena, y aquí hay muchas cosas que la merecen. Y sin embargo, me cuesta hablar de The Millennium Bell como un álbum infravalorado o incomprendido. Me conformo con decir que no merece un linchamiento y que el propio Oldfield se empeña en reivindicar algunos de sus temas. Creo que algo tan simple como evitar poner la típica campana doblada en la portada por segunda vez en apenas un año, con ese fondo que recrea el pesebre de las gominolas de mi pequeño pony, le habría dado unos cuantos puntos más, pero la falta de planificación del conjunto y la obvia precipitación con la que están acabados algunos temas no lo hacen volar tan alto como quisiéramos.

martes, 1 de septiembre de 2026

Brian Eno - THURSDAY AFTERNOON

 

1. Thursday Afternoon (60:56)

No es un jueves por la tarde sino un martes por la mañana cuando volvemos al tajo y, en un rato de descanso (llamémoslo regreso escalonado) me pongo con uno de estos discos que son perfectos para relajarse y meditar. No es que Brian Eno estuviese pensando exactamente en el puro relax cuando realizó sus grandes obras del género ambient, pero lo que se dice servir a este propósito, pues sí que sirve.

 Brian Eno, en una fotografía de la época (de la web mu:zines).

Thursday Afternoon (1985) es el álbum que publicó Brian Eno como resultado de una experiencia del año anterior en la que realizó una obra de vídeo-arte. Se trataba de una filmación de fotografías de desnudos de la artista Christine Alicino con algún efecto especial sutil a la que Eno añadió música. En su afán por experimentar con la mezcla de música y espacios, esta vez intentaba crear piezas musicales que de algún modo modificasen la percepción de objetos y/o lugares físicos al influenciar al espectador desde varios de sus sentidos. El vídeo duraba unos 80 minutos, pero sólo se seleccionaron 61 para el disco.

 
Contraportada del CD.

Puede parecer que una hora de música ambient, minimalista y estática por definición, se va a hacer muy larga, pero no es así. Entiendo que lo que hace de Brian Eno un gran compositor es el ser capaz de mantener nuestra atención a lo largo de todas sus obras, a pesar de que éstas a veces consistan en apenas uno pocos instrumentos y algún efecto sonoro poco invasivo. Este es el caso: una melodía sencilla de piano acústico (de algún modo me recuerda a la de la primera pieza de Music for Airports) sobre la que se superpone gradualmente un fondo de sintetizador y algunos efectos sonoros que van y vienen. Y hay en ello una placidez, una sensación de estar escuchando algo artísticamente satisfactorio que difícilmente puede ser explicado por la suma de las partes que lo componen.

 
Thursday Afternoon

Me gusta extenderme más en mis análisis, pero no sé muy bien qué más añadir. Pondremos que colaboran en el álbum los habituales Roger Eno y Daniel Lanois, además del polifacético Michael Brook; que las filmaciones del vídeo original se realizaron un jueves por la tarde; y que sin duda estamos ante una de las grabaciones clave del género ambient de todos los tiempos, en este caso, además, de la mano del creador del concepto.

lunes, 10 de agosto de 2026

Kraftwerk - KRAFTWERK (1)


1. Ruckzuck (7:47)
2. Stratovarius (12:10)
3. Megaherz (9:30)
4. Vom Himmel Hoch (10:12)

Antes de The Man Machine, antes de Autobahn, antes incluso de que enchufasen su primer sintetizador, ya existía Kraftwerk. Y sólo eran dos: Ralf Hütter y Florian Schneider. Habían salido de la efímera banda Organisation, que sólo grabó el -por otra parte- interesante álbum Tone Float (1970), y desde allí recomenzaron bajo la protección de la discográfica Phillips y el productor Konrad "Conny" Plank. No es que el tipo de música que hacían fuese especialmente atractivo para el público, ni siquiera entonces, pero parecía que aquellos avances que estaban teniendo lugar en la música alemana de vanguardia podía eclosionar en algún momento y muchas discográficas querían tener nuevas bandas en nómina. Kraftwerk significa "planta de energía", y el dúo buscaba identificarse con la nueva Alemania hiperindustrial, seria y eficiente, la que exportaba los mejores electrodomésticos y había dejado atrás, con un esfuerzo no siempre lo suficientemente reconocido, su terrible pasado de los años centrales del siglo XX.

Despliegue de la funda del vinilo.

Los primeros Kraftwerk hacían una música extraña, no del todo ruidista pero sí con muy poco a lo que un oyente casual pudiese agarrarse. Este primer álbum titulado simplemente Kraftwerk (el "1" se le suele añadir por aquello de que el segundo trabajo se llamó Kraftwerk 2, o quizá por el mismo motivo práctico por el que se numeran los cuatro álbumes sin título de Peter Gabriel), sin ser un reto extremo para el novato, sí que se enmarca en un evidente contexto de experimentación. Como ya hemos dicho antes, el sonido de Kraftwerk prescinde todavía de los sintetizadores que lo serían todo para ellos en menos de un lustro. Es una obra, eso sí, que se percibe como rabiosamente pre-electrónica en la que se emplean algunas de las técnicas que ya estaban asentadas en la música académica de su tiempo, y que empezaban a colarse por las rendijas de lo pop: la utilización de grabaciones en cinta magnética, la mezcla de sonidos eléctricos -insisto: no electrónicos- con instrumentos tan normales como el violín o la flauta, el peso principal dado a las texturas sobre las melodías, la utilización de grabaciones no musicales a lo musique concrète, etc. Se grabó en un local cercano a una estación de tren de Düsseldorf que más tarde se convertiría en su mítico estudio Kling Klang.

 
Ruckzuck

Para no alejarse totalmente de cualquier posibilidad de éxito comercial, sí que introducen sonidos que podrían agradar a los aficionados a la psicodelia, y el primer corte del disco titulado Ruckzuck podría haberse colado en cualquier guateque de la época. Su base rítmica ha sido descrito como "motorik", que al parecer era un recurso habitual de las bandas alemanas de entonces. El segundo tema, Stratovarius, es mucho menos accesible. Comienza con una secuencia más o menos ominosa y continúa con ruidos varios, aunque a partir de la mitad se convierte en una improvisación de rock psicodélico.

 
Stratovarius

La segunda cara contiene Megaherz, una fantasmagoría ruidista que no es tan profunda para sonar a música cósmica ni tan agradable como para entrar en los terrenos del ambient, aunque hay quien la define desde este último punto de vista. Y termina Kraftwerk con Vom Himmel Hoch, otro tema experimental que, según Wikipedia, reproduce un bombardeo aéreo apocalíptico y hace uso de un trasunto musical del efecto Doppler.

 
Megaherz, en una versión en vivo.

No es que este primer álbum sea un trabajo tan raro como para no haber influido en piezas posteriores (por ejemplo, la atmósfera de algunos pasajes de flauta sobrevive hasta, como mínimo, los tiempos de Autobahn), pero no parece que la banda se sienta especialmente identificada con él. No se ha reeditado ni publicado oficialmente en CD durante décadas y tampoco se acude a sus temas en conciertos de Kraftwerk desde mediados de los setenta, pese a que sobre todo Ruckzuck ha tenido vida posterior tras su empleo en diferentes programas de televisión. Se considera que es una pieza fundamental de la primera época de lo que algún crítico británico acabó bautizando oficialmente como krautrock, en referencia al chucrut (col fermentada), que es el apodo despectivo con el que se referían los aliados a los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Es un caso parecido al del término spaghetti western, útil pero seguramente de mal gusto.

 
Vom Himmel Hoch

No sé hasta qué punto sería buena idea adentrarse en la discografía de Kraftwerk comenzando desde este punto cronológico inicial, pero es evidente que cualquier aficionado a la banda y al -con perdón- krautrock debe conocer este disco.

jueves, 30 de julio de 2026

Genesis - SECONDS OUT

 

CD 1

1. Squonk (6:41)
2. The Carpet Crawlers (5:21)
3. Robbery, Assault and Battery (6:02)
4. Afterglow (4:26)
5. Firth of Fifth (8:56)
6. I Know What I Like (In Your Wardrobe) (8:45)
7. The Lamb Lies Down on Broadway (4:59)
8. The Musical Box (Closing Section) (3:21)

CD 2

1. Supper's Ready (24:41)
2. The Cinema Show (10:59)
3. Dance on a Volcano (5:09)
4. Los Endos (6:20)

"Segundos fuera" es una expresión del mundo del boxeo que indica que los ayudantes (los "segundos") de cada boxeador deben abandonar el cuadrilátero para que empiece el combate. No sé si en algún momento los miembros de Genesis explicaron el porqué de la elección de este título, pero la portada me invita a pensar en los focos crudos que vemos encima del escenario, que de algún modo me recuerdan a la iluminación de un evento pugilístico.

Despliegue de la funda del doble vinilo.

Seconds Out (1977) fue el álbum doble que publicó Genesis tras el éxito de sus dos primeros discos sin Peter Gabriel, que fueron A Trick of the Tail y Wind & Wuthering, ambos de 1976. Se trata de un trabajo en directo, grabado mayoritariamente en el Palacio de los deportes de París con alguna excepción que ya mencionaremos, y que tiene varias características que lo convierten en un lanzamiento discográfico importante. Yo diría que su primera es la calidad del sonido, que equilibra la sensación de espacio abierto que tienen las buenas grabaciones en vivo con una nitidez más que aceptable. El carácter soñador, como de cuento, que respiran las grabaciones en estudio no se pierde del todo en directo, cosa que tiene su mérito al tratarse los álbumes clásicos de Genesis de obras muy cuidadas en la producción. 

La formación de Genesis para la gira. Chester Thompson es el segundo.

La segunda es que se trata del último trabajo de Genesis en el que figura Steve Hackett, otro pope del progresivo (después de Anthony Phillips y Peter Gabriel, casi nada) que salía de la banda para continuar en solitario, en ningún caso cabreado sino más bien decepcionado de no haber tenido más espacio propio, sobre todo tras la buena acogida de su debut como solista Voyage of the Acolyte (1975). Phil Collins no sabía que Steve Hackett había dejado Genesis, y un día mientras iba en su coche hacia el estudio vio a Hackett caminando por la calle. Le ofreció llevarle y Hackett lo rechazó. El guitarrista confesó que, de haberse subido al coche aquel día, quizá Phil Collins le habría convencido para seguir en la banda.

Un póster publicado en la prensa de la época (encontrado en la web Nación Progresiva).

Una tercera característica fundamental es la presencia de dos nombres muy interesantes: Chester Thompson, batería procedente del jazz que había tocado con Santana y Frank Zappa; y Bill Bruford, también a la batería, quien lograba así haber formado parte de tres de los grandes grupos progresivos canónicos, Yes, King Crimson y Genesis. En un estudio de grabación no hay ningún problema en que el vocalista y el batería sean la misma persona, pero obviamente había que buscar a alguien para suplir a Phil Collins cuando cantaba. Thompson lo hace en todos los temas de Seconds Out excepto en The Cinema Show, en la que toca Bruford. Por cierto, que este tema se grabó en la gira anterior, la correspondiente a la promoción de A Trick of the Tail, en una actuación en Glasgow, Escocia. El álbum que nos ocupa es una proeza en lo que al sonido de la batería de todos ellos se refiere.

 
The Cinema Show

Párrafo aparte dedico a la característica que mejor define a Seconds Out: la sublimación de Phil Collins como vocalista principal de Genesis, que a partir de aquí no sólo se atreve con los temas que había cantado en los dos álbumes previos -en los que ya era el cantante en el estudio- sino que se tira a la piscina y ataca las canciones de Peter Gabriel, incluso con las más características de su estilo tan teatral. Para gustos colores, pero, sin querer decir con ello que no me agrade lo que consigue, me da la sensación de que Collins estaba un poco verde como cantante si lo sacabas del repertorio que había sido desde el origen para él. Un buen ejemplo es la forma en que aborda The Lamb Lies Down on Broadway, tema homónimo del gran trabajo conceptual de la banda, y en el que Collins parece querer añadir algunos adornos innecesarios, quizá por aquello de aportar su propio toque. Sale más airoso de la siempre colosal Supper's Ready, quizá porque se da cuenta de que Gabriel era más un creador de atmósferas que un vocalista especialmente virtuoso, y de que intentar imitar lo logrado por él habría sido absurdo.

 
The Lamb Lies Down on Broadway

Recordaremos de entradas anteriores que Peter Gabriel (disfrazado) solía contar historias bizarras, un tanto cómicas y de apariencia improvisada, entre canción y canción. Al parecer, Phil Collins mantuvo esta idea de la pausa distentida entre los temas, aunque en su caso solía centrarse en anécdotas menos surreaslistas, relacionadas directamente con el contenido de las canciones o con el desarrollo de las giras, además de contar algún pequeño chiste que mantenía atento al público. No hay que olvidar que Collins había sido cantante y actor infantil (apareció en A Hard Day's Night de los Beatles y en Chitty Chitty Bang Bang), por lo que también tenía su propia manera de dominar el escenario.

 
Afterglow, el único tema de Wind & Wuthering incluido en Seconds Out.

Phil Collins brilla mucho más en los temas con estructuras menos rupturistas, y si bien no fracasa en absoluto en las piezas progresivas largas, se irá notando la deriva de Genesis hacia lo pop incluso en un disco raruno como el que sería And Then There Were Three... (1978). Es cierto que incluso en sus conciertos de los años ochenta, cuando el trío de Collins, Tony Banks y Mike Rutherford amasaron un fortunón haciendo música más a la moda mainstream, todavía colaban algún corte de The Lamb Lies Down on Broadway como In the Cage o The Carpet Crawlers, y alguna canción de cuando eran un cuarteto como Afterglow, pero es evidente que Collins decidió que muchos de los temas épicos de Genesis en los setenta no quedaban igual con su registro vocal, ya establecido del todo en su discografía en solitario, y menos con sus chaquetas con hombreras enormes a lo Corrupción en Miami. Seconds Out es, si no igual de imprescindible para todos los entendidos, un disco desde luego irrepetible y una de las cumbres del rock progresivo en vivo.

 
Firth of Fifth

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