jueves, 9 de julio de 2020

Ennio Morricone (1928-2020)


Uno nunca sabe qué decir cuando hay que despedirse de alguien tan importante y trascendente como Ennio Morricone. Hace ya tres días de su fallecimiento y no dejan de aparecer noticias y reportajes sobre su vida y obra. Invito a los lectores a repasar algunos de ellos, como por ejemplo este de El País y este de El Mundo. También invito a revisar entradas antiguas de este blog comentando algunas de sus obras más representativas, y sobre todo recomiendo dedicar unas horas a escuchar algo de su música, al menos cuatro o cinco (o diez, o veinte) de las más de 400 bandas sonoras que conforman su trayectoria. Si bien todos sabemos que está entre la élite de los músicos más populares y respetados de la historia del cine, me atrevo a afirmar que destaca entre todos ellos como el más ecléctico y sorprendente.

martes, 30 de junio de 2020

Antón García Abril - EL HOMBRE Y LA TIERRA


(Ver lista de temas aquí.)

No sé si es orgullo patrio, pero debe haber pocas series documentales en la historia de la televisión tan brillantes e influyentes como El hombre y la Tierra (1974-1981), el programa de Televisión Española que encumbró al naturalista Félix Rodríguez de la Fuente a la categoría de mito. Lo cierto es que la televisión pública de nuestro país, la única que existía aquí entonces, vivió en aquellos años del final del régimen franquista y la posterior Transición momentos de efervescencia en lo creativo. Incluso las sintonías de los programas eran fabulosas, y una de las joyas más perdurables es la música que compuso Antón García Abril para la serie que nos ocupa.

Antón García Abril (imagen de Last.fm)

El de Antón García Abril era ya en 1974 un nombre destacado en la música clásica y la "música aplicada" de nuestro país, realizando bandas sonoras para cine y televisión muy identificables, como la de Sor Citroen y varias comedias protagonizadas por gente como Paco Martínez Soria o Alfredo Landa. Lo que se llevaba entonces, vamos. Y pese a que El hombre y la Tierra posee un enfoque mucho más serio, García Abril no solo dio la talla sino que realizó una obra monumental tanto por su calidad como por su extensión, en especial si tenemos en cuenta que la edición que estamos comentando aquí cuenta con 4 CDs bastante repletos.

Contraportada

El hombre y la Tierra consiste en realidad en tres series distintas reunidas bajo un solo título general. Hay una primera serie titulada Fauna ibérica, la que todos recordamos por sus episodios sobre el lobo y las rapaces. La segunda es la Serie venezolana, más selvática, en la que vimos entre otros el episodio de las anacondas. Y la tercera es la Serie americana, grabada en Canadá y Alaska, que quedó inconclusa debido al accidente de helicóptero en el que falleció Félix. La primera parte de este extenso álbum, por lo tanto, corresponde a Fauna ibérica, una larga serie de cortes de estilo romántico con un amplio colorido musical, y aunque encontraremos algún que otro detalle étnico al comenzar los pocos temas propios de la Serie venezolana, el cambio estilístico no es tan acusado como en la Serie Americana, que aquí aparece dividida entre Serie canadiense e Iditarod (la famosa carrera de trineos en Alaska), y en las que la música adopta en varios puntos un sonido más "local", como de western.

El otoño

Territorio del Yukon.

Domina la práctica totalidad del trabajo el sonido plenamente clásico de la orquesta sinfónica, integrada por músicos de sesión bien escogidos para cada jornada de trabajo, con numerosas piezas impresionistas en las que adquieren especial protagonismo diversos instrumentos solistas, probablemente buscando representar al animal sobre el que trata cada pieza en cuestión, así como varios fragmentos corales muy intensos. Pese a esta aproximación desde lo clásico, es cierto que muchos temas tienen ese toque sencillo y "cantabile" de lo pop, el adecuado si pensamos que El hombre y la Tierra fue una serie sin elitismo alguno, un programa divulgativo para todos los públicos (las audiencias debían ser millonarias, siendo TVE, insistimos, el único canal de televisión en España en aquel momento) y con un impacto muy especial en los niños y niñas, seguidores de Félix desde la emisión de un programa anterior. No obstante, también hay cortes más experimentales en esta BSO, piezas con sintetizadores, ondas Martenot y hasta un botellófono diseñado por García Abril. Y claro, también está ahí el tema de los títulos iniciales del episodio, que todos tenemos grabado a fuego:

Títulos

Algún crítico comenta que es una pieza con muchas percusiones y melodía tribal de estilo "afrobeat", aunque a mí me gusta calificar este sonido como "de safari", algo parecido a lo que en la misma época podíamos escuchar en las bandas sonoras de Vangelis Papathanassiou para documentales de Frédéric Rossif, y que entronca con un estilo cuyo arquetipo viene a ser la música para la película ¡Hatari! (1962), a cargo de Henry Mancini. El tema de El hombre y la Tierra es un icono popular, mil veces homenajeado y hasta parodiado.

Festín en el bosque.

Hombres a caballo.

Podemos perdernos en esta tremenda cantidad de música buscando piezas que recomendar, aunque el nivel es tan alto desde el primer tema hasta el último que solo es posible basar nuestros gustos en si cada pieza nos cautiva por su epicidad, su dramatismo, su melancolía o su cariz cómico, que también lo hay aquí y allá. Todo el material, que fue reunido por el propio García Abril y su esposa para la edición que tenemos entre manos, es artísticamente deslumbrante, lo que resulta inusual si tenemos en cuenta lo extenso del álbum. Puedes ponerte a buscar piezas de relleno, pero me temo que no las vas a encontrar; más bien se tiene la sensación de que 9 de cada 10 piezas podrían, por sí mismas, ser temas centrales de otras películas o documentales. De hecho, es también destacable que muy pocas veces a lo largo del álbum García Abril retome melodías anteriores para versionarlas o hacerles un arreglo puntual. La facilidad para la melodía de este señor es milagrosa. No creo que haya muchas series y programas de televisión que cuenten con tanta música original y de una calidad tan alta que pueda disfrutarse en su totalidad como obra independiente con peso propio.

Llanto para una amarga despedida.

Esta edición cuenta con un sobresaliente trabajo de restauración y remasterización a cargo de Chris Malone, y con la supervisión directa de Miguel Ángel Ordóñez (autor de los textos del libretillo) y el propio Antón García Abril. Hay muchos motivos por los que deberíamos escuchar y conocer a fondo este trabajo, un título esencial del mundo de las bandas sonoras de la televisión mundial. Un clásico popular y una obra maestra.

martes, 9 de junio de 2020

Ennio Morricone / Andrea Morricone - CINEMA PARADISO


1. Cinema Paradiso (2:59)
2. Maturity (2:18)
3. While Thinking About Her Again (1:18)
4. Childhood and Manhood (2:14)
5. Cinema on Fire (2:46)
6. Love Theme (2:46)
7. After the Destruction (2:02)
8. First Youth (2:15)
9. Love Theme for Nata (4:05)
10. Visit to the Cinema (2:22)
11. Four Interludes (1:56)
12. Runaway, Search and Return (2:06)
13. Projection for Two (2:07)
14. From American Sex Appeal to the First Fellini (3:26)
15. Toto and Alfredo (1:20)
16. For Elena (1:52)

El clásico del cine dentro del cine Cinema Paradiso (1988) se reestrena con motivo de la reapertura de las salas tras el cierre forzado por la pandemia. Puestos a reestrenar algo apropiado, no se me ocurre una película más emblemática para reconciliar al público con la hermosa costumbre de acudir a las salas. En realidad, la propia película trata sobre eso, sobre el amor al cine entendido como forma de arte y también como ritual social.

Un tráiler.

El director de la película, cuyo título original en realidad es Nuovo Cinema Paradiso, fue el italiano Giuseppe Tornatore. A menudo se le ha acusado de promover una imagen antigua y algo rancia de Italia, como si fuese una especie de director de prestigio al servicio del conservadurismo del Berlusconi de turno. Y es verdad que Cinema Paradiso despierta la nostalgia de aquel mundo rural de nuestros padres y abuelos, los cines en la plaza del pueblo y el cura censor, pero creo que hay mucho más que conservadurismo en esta historia. Contribuye al impacto emocional de la película su banda sonora, a cargo del maestro Ennio Morricone, quien precisamente tiene una trayectoria creativa muy poco conservadora pese a la evidente naturaleza dulce y sencilla de esta partitura. Recordemos que Morricone comenzó su carrera componiendo música para películas poco menos que psicodélicas, antes de ambientar extraños westerns crepusculares con sonidos de guitarras eléctricas, golpes de campana y silbidos. Nada que ver con el, digamos, "canon" hollywoodiense del género.

Ennio Morricone (de su web oficial www.enniomorricone.org)

Morricone había expandido enormemente su influencia como compositor en los años ochenta, trabajando con gente tan diversa como John Carpenter (La cosa), Brian de Palma (Los Intocables) o Polanski (Frenético), y añadiendo a su repertorio al menos dos de sus obras maestras absolutas: Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984) y La misión (Roland Joffé, 1986). Si algo había demostrado Morricone era su versatilidad, y si bien ya no solía componer piezas tan rupturistas como en la trilogía del dólar y tiraba más hacia lo sinfónico-orquestal, todavía sorprendía a menudo con sus cambios de registro, llegando incluso algunas piezas suyas a engrosar recopilatorios de la época de estilo new age y "nuevas músicas".  Con el encuentro entre Morricone y Tornatore, el primero encontraba al director con el que realizaría muchos de sus trabajos de más renombre en la última etapa de su carrera (con permiso de Los odiosos ocho de Tarantino) y el segundo, a su músico fetiche. Fueron especialmente aplaudidas sus colaboraciones en La leyenda del pianista en el océano (1998) y Malèna (2000).

 
Otras dos ediciones, de las muchas que hay.

Cinema Paradiso, el álbum musical con la BSO de la película, debe estar entre los que más ediciones, versiones expandidas, reediciones conmemorativas, remasters y portadas distintas ha tenido jamás. Si la película fue un enorme éxito y un clásico instantáneo, su música ha resultado tener un impacto, si cabe, más duradero. Morricone resulta quizá un poco más invasivo que en otras ocasiones, realizando un alarde melódico impresionante en los tres o cuatro temas que articulan la obra. Estas piezas son pura nostalgia de la infancia, de la inocencia infantil, tal vez con la excepción del poderoso tema de amor compuesto por Andrea Morricone, hijo del compositor. Quizá el mayor defecto de esta excelente banda sonora es el no ser especialmente variada. La mayoría de los cortes terminan recurriendo al tema principal, al de amor o al de la amistad entre Totó y Alfredo. y cuando escuchamos algo distinto, por ejemplo la pieza que acompaña el incendio en el cine, nos suena raro. Y tan bellos son estos tres temas recurrentes que no nos cansamos de escucharlos con pequeñas y a veces grandes variaciones a lo largo del disco.

El tema central, en concierto.

Ennio Morricone ha sido galardonado con el premio Princesa de Asturias de las artes de 2020 junto a su colega de profesión John Williams. Premiar a uno y dejar fuera al otro habría sido una injusticia, ya que, con independencia de cuál sea nuestro favorito, está claro que la historia del cine no ha dado muchos talentos comparables a los suyos. Cuando graben su última banda sonora (y parece que Morricone ya lo ha hecho) no habrá sustituto posible.

El tema de Totó y Alfredo.

El tema de amor.

viernes, 29 de mayo de 2020

"Remixed by Steven Wilson"

La frase que da título a esta entrada puede encontrarse con alarmante frecuencia y desde hace ya unos años en portadas, contraportadas y adhesivos en el precinto de álbumes imprescindibles del rock progresivo. Steven Wilson, a quien tuvimos por aquí cuando reseñamos su álbum The Raven that Refused to Sing (and Other Stories) de 2013, viene a ser el más importante referente actual del prog, si no contamos a artistas que siguen en activo desde los sesenta/setenta como Robert Fripp o Steve Hackett por decir un par. Lo cierto es que mi crítica fue un poco tibia, sobre todo admitiendo que el antes mencionado es un álbum que he vuelto a escuchar con agrado varias veces y hoy tengo en mayor estima.

Steven Wilson en una foto promocional de su último álbum.

Sigo pensando, y cada vez con mayor seguridad, que Wilson tiene tanto éxito dentro del circuito por ser sobre todo un gran gestor del sonido de las grandes bandas de referencia de la edad de oro. Lo mismo graba un largo solo de bajo y batería que te coloca un suntuoso arreglo de cuerdas clásicas o te sorprende con un largo fragmento atmosférico/ambient, casi todo muy en la línea de los inevitables King Crimson, Yes o Pink Floyd. Vale que hay un aglutinante propio, seguramente más notable en los trabajos dentro de su banda Porcupine Tree que en sus discos en solitario, pero Wilson tiene, a mi parecer, bastante más madera de erudito que de innovador.

El estuche con vinilos de Yes.

La erudición es un plus si, como él, conoces tan perfectamente tus fuentes primarias que llega un punto en el que sabes dónde está el secreto de cada nota, cada acorde de los que hacen mágicos los trabajos imprescindibles del género. No es de extrañar que Wilson lleve más de diez años colaborando en multitud de reediciones de clásicos del progresivo, con resultados como mínimo interesantes, la mayoría de las veces deslumbrantes, algunas veces alcanzando lo sublime. Steven Wilson actualiza el sonido de álbumes que rondan los 50 años de antigüedad sin resultar invasivo. Optimiza los arreglos de sintetizador, aporta nitidez a los solos, hace maravillas con el efecto envolvente del estéreo. Y como sabe exactamente con qué fragmentos tocarnos la fibra, nuestro disfrute de sus remezclas se multiplica por diez.

In Search of Hades. De este ya hablamos.

En estos tiempos raros he tenido ocasión de emplearme a fondo con sus remezclas de los álbumes más míticos de Yes (The Yes Album, Fragile, Close to the Edge, Tales from Topographic Oceans y Relayer) en la edición que se publicó en 2018, y también con el estupendo estuche In Search of Hades de Tangerine Dream, de 2019. Wilson tiene también una faceta electrónica y ambient, y su trabajo con piezas de Phaedra, Ricochet y sobre todo el inédito Oedipus Tyrannus es una gozada. Ahora estoy dando caña a sus actualizaciones del catálogo de King Crimson, incluyendo el reciente lanzamiento de la edición 50 aniversario de In the Court of the Crimson King. Lo siguiente será ponerme en serio con una discografía en la que de momento solo he picoteado, la de Jethro Tull, en la que Steven Wilson también metió mano; y varios trabajos de Gentle Giant, una banda que desconozco por completo. No sé qué otros trabajos prog le esperan en el futuro, pero habrá que estar atentos porque creo que merecerán la pena.

La mejor parte de Close to the Edge.
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