viernes, 7 de junio de 2024

The Alan Parsons Project - AMMONIA AVENUE


1. Prime Time (5:03)
2. Let Me Go Home (3:20)
3. One Good Reason (3:36)
4. Since the Last Goodbye (4:34)
5. Don't Answer Me (4:11)
6. Dancing on a Highwire (4:22)
7. You Don't Believe (4:26)
8. Pipeline (3:56)
9. Ammonia Avenue (6:30)

No es que Ammonia Avenue (1983) sea uno de mis discos favoritos de The Alan Parsons Project. Ni siquiera diría que es de los mejores de su discografía, pero es innegable que todos los trabajos de este dúo (digamos que es un dúo por no complicarnos) tienen al menos unos mínimos de calidad que los hacen interesantes. Incluso no habiendo envejecido bien del todo algunos de ellos, todos siguen siendo obras musicales agradables y bien trabajadas.

Woolfson y Parsons, en el diseño interior del álbum.

Asignar a cada nuevo álbum un significado conceptual era lo más característico que hacían en aquellos años Alan Parsons y Eric Woolfson, pero me temo que desde el anterior y exitoso a rabiar Eye in the Sky (1982), la temática elegida era ya algo que quedaba bastante diluido, a veces restringido sólo a unos cuantos temas, o en todo caso difícil de rastrear en las letras y/o los arreglos. Se supone que Ammonia Avenue era el nombre de una "calle" completamente rodeada de tuberías que Woolfson vio durante su visita a una planta química de Billingham, bautizada así -"Avenida del amoníaco"- como una broma por parte de los trabajadores del complejo.

En teoría, y tirando de varias fuentes -y la bienamada Wiki-, este álbum trata sobre las posibilidades de la ciencia de cara al avance de la sociedad, y sobre cómo ésta -la sociedad- no siempre sabe encajar estos cambios. Un concepto un poco árido, creo yo, si lo comparamos con ideas mucho más abiertas a la inspiración como sus discos sobre libros de Poe y Asimov, por poner un ejemplo. Al final, Ammonia Avenue es mucho más una colección de canciones elegantemente compuestas, producidas y cantadas que un verdadero tratado, por desenfadado que éste pudiese ser, sobre el concepto planteado. El cantante principal del disco es el propio Woolfson (en cuatro temas), aunque hay también intervenciones de Lenny Zakatek y Chris Rainbow. La portada y el diseño son de Storm Thorgerson.

Una imagen muy "Thorgerson" para la contraportada.

Personalmente, durante la escucha que le he dedicado justo antes de ponerme a escribir esto, he notado que Ammonia Avenue, y por extensión, buena parte de la discografía del Project, tiene un toque a teatro/película musical muy fácil de detectar. Es la mezcla entre temas pop rápidos y pegadizos como el inicial Prime Time, Let Me Go Home o Dancing on a Highwire con baladas muy de manual como Since the Last Goodbye. El temazo Don't Answer Me se mueve entre una cosa y la otra. No sólo es uno de los mejores temas del Project tanto en la melodía como en los arreglos, sino que también contó con un vídeo musical que valió a Parsons y Woolfson un premio Grammy.

Prime Time

Don't Answer Me

Aunque siempre me gusta que los discos de The Alan Parsons Project comiencen con una de sus potentes intros instrumentales (como Sirius o Lucifer), aquí este elemento imprescindible se queda para casi el final, con el interesante pero no tan molón tema Pipeline. Sí que deja un muy buen sabor de boca, para terminar, la compleja Ammonia Avenue, que reivindica el sonido progresivo del dúo con el mismo acierto que en clásicos como The Turn of a Friendly Card. Tiene su parte cantada muy melódica, su arreglo orquestal con cuerdas y trompetas y su sección media instrumental. Ojalá hubiese habido más de esto a lo largo del disco, pero estábamos en los años ochenta y estas ínfulas había que camuflarlas un poco.

Ammonia Avenue

Me suena muchísimo mejor que los posteriores Vulture Culture (1984) y Stereotomy (1985), y creo que en Gaudí (1987) volvemos a recuperar un pelín de brillantez experimental que nunca debió arrinconarse en pos de la creación de canciones demasiado convencionales. Para su escucha, recomiendo la edición expandida de 2008, que incluye demos y pruebas, además de una curiosa versión de You Don't Believe al estilo de The Shadows.

lunes, 27 de mayo de 2024

Synergy - ELECTRONIC REALIZATIONS FOR ROCK ORCHESTRA


1. Legacy (10:10)
2. Slaughter on Tenth Avenue (11:46)
3. Synergy (5:26)
4. Relay Breakdown (6:18)
5. Warriors (12:54)

Con el extraño y ambiguo título de "Realizaciones electrónicas para orquesta de rock" debutó en 1975 el pionero de la electrónica Larry Fast. No es que Synergy fuese su banda, sino que más bien era un seudónimo o un nombre para su proyecto musical, que en este primer álbum fue obra de un solo hombre pero que en el futuro, preveía él, podría contar con colaboradores. Tenía Fast sólo 23 años y fue este disco uno de esos debuts sorprendentes que se daban en aquellos años, un "tour de force" propio de alguien con la cabeza llena de ideas que se topaba de pronto con el material necesario para darles forma. Se grabó en la ciudad natal de Fast, Nueva Jersey, y se editó en Nueva York.

Larry Fast en una imagen no muy posterior (fotografía de Anne Albright, 1977).

Este material consistía principalmente en los sintetizadores analógicos Minimoog, Oberheim y Mellotron, con los que un desbocado Larry Fast compuso una especie de sinfonía electrónica con la que hacer la clase de música que le gustaba, y que no era necesariamente la que estaban haciendo otros gurús del teclado de su época. Sí que busca una ambientación futurista, pero no está sino ocasionalmente en la vena cósmica de Tomita o Tangerine Dream, y menos todavía en la del pop épico del todavía "verde" Jean-Michel Jarre. De algún modo, Electronic Realizations for Rock Orchestra es como un álbum de rock progresivo en el que se ha sustituido la banda completa por el sonido del sintetizador. Música casi urbana, más propia de una ópera para robots que de un viaje interestelar. Se percibe en las estructuras el toque sinfónico, muy melódico del prog, aunque se sabe que Fast se inspiró en el sonido clásico de los musicales de Broadway, y me atrevería a decir que algunas partes tienen un saborcillo a Gershwin en Rhapsody in Blue.

Trasera del CD.

Sin restar méritos al álbum, es de justicia decir que se trata de un trabajo lastrado, demasiado diría yo, por las limitaciones técnicas de la época y por la relativa economía de medios con que contaba su autor. Escuchamos una gran variedad de sonidos y la cantidad de melodías que despliega Fast es apabullante, pero hoy percibimos que toda la paleta sonora sale más o menos de la misma molienda y el disco se hace un poco largo. No comparte el carácter profundo y evocador de la electrónica cósmica, pero sí que sufre de la pomposidad de algunos trabajos prog de aquellos años.

Legacy

El tema Legacy ("Legado") es el más conocido del álbum, sobre todo porque algún extracto del mismo fue incluido en la serie Cosmos de Carl Sagan. Su inicio sí que es más o menos "cósmico", pero el resto suena a himno de rock sinfónico. Slaughter on Tenth Avenue ("Matanza en la Décima Avenida") es la versión confesa de una pieza del musical de los años treinta On Your Toes y destaca por una zona media muy vodevilesca. Synergy ("Sinergia"), potente por su base rítmica secuencial, podría haberse escapado de algún álbum del estilo del Spiral de Vangelis. Está conectada con la siguiente pieza, Relay Breakdown ("Avería en el relé"), muy clasicista, formando una dupla bastante interesante, quizá lo más fresco del álbum junto al tema inicial.

Relay Breakdown
 
La larga suite Warriors ("Guerreros"), con la que concluye este trabajo, tiene un comienzo casi eclesiástico e introduce algunos sonidos que quieren parecerse a la voz humana más que en piezas anteriores. Se trata de un tema con un sonido solemne, casi como si fuese la atrevida banda sonora electrónica de una película de fantasía medieval. Sólo cuando se ha escuchado el álbum completo se llega a apreciar la sutil diferencia de tono entre las distintas piezas, y ésta sale muy bien parada en una segunda escucha.

Warriors

Aunque este disco tuvo su repercusión y le animó a continuar con una sólida carrera musical, lo cierto es que Larry Fast nunca ha llegado a lograr la fama desorbitada de otros contemporáneos, y gran parte de sus esfuerzos se ha encaminado a la producción y al trabajo en estudio como músico de sesión, por ejemplo en los trabajos clásicos de Peter Gabriel. Desde luego, después de escuchar este primer álbum, apetece volver a comentar algo suyo por aquí más adelante.

Agradecimientos a la excelsa página Audionautas por aportarme algún detalle importante que no conocía.

miércoles, 22 de mayo de 2024

Noche de concierto con la FSO

Tuve el gusto de decirle a Constantino Martínez-Orts, director titular de la Film Symphony Orchestra (FSO) que su último espectáculo es impresionante. Fue el sábado pasado en el Teatro Auditorio Roquetas de Mar, en Almería. No era la primera vez que asistía a uno de sus conciertos, ya que estuve en la doble sesión, dos días distintos, de su monográfico sobre John Williams de hace un par de años. Aquello no tuvo desperdicio, pero lo cierto es que esta nueva gira Henko también merece muchísimo la pena.

Cartel de la gira Henko.

Para quien no sepa de qué hablo, la FSO es una formación española especializada en interpretar un amplio abanico de bandas sonoras de películas y series, tanto clásicas como totalmente actuales. Yo les sigo encontrando el defectillo de no contar con un coro clásico que les permita ampliar su repertorio, pero lo cierto es que el sonido de esta orquesta es magnífico, impecable, y los arreglos que hacen de temas muy conocidos -a veces suites completas- son más que acertados. Esta vez han contado con una estupenda cantante, por cierto. Su espectáculo es muy didáctico y está pensado para toda la familia, pero no decepcionará al aficionado un poco más curtido, al incluir siempre algunas piezas poco o nada conocidas, interpretadas con fidelidad y respeto. En este caso, sorprenden los temas iniciales de El capitán Blood (E. W. Korngold, 1935) y Las normas de la casa de la sidra (Rachel Portman, 1999), además del tema de amor de Espartaco (Alex North, 1960).

Love Theme from Spartacus

Como explica Martínez Orts en su charla inicial (va explicando pormenorizadamente el contexto de cada pieza antes de interpretarla), "henko" es una palabra japonesa que se refiere a la transformación espiritual que experimentamos algunas veces en la vida al adaptarnos y sobreponernos a las circunstancias, en busca de nuestro destino. Se supone que el nexo de unión entre los distintos temas del espectáculo es la transformación que sufren los personajes de las películas correspondientes (El Padrino IIMulán, Siete años en el Tibet, Apolo 13, etc.), aunque creo que la inclusión de algunas piezas (007 Skyfall, Desayuno con diamantes, el medley de Star TrekLa Roca, Harry Potter y el cáliz de fuego...) se justifica para añadir variedad y colorido al show, y no tanto por la presencia clara de ese "henko" en la trama.

La suite de El Padrino parte II

Me he animado a escribir esta nota -no es una verdadera reseña- sobre la actual gira de la FSO porque en la recta final del concierto experimenté uno de esos pocos instantes de la vida en los que uno siente que está exactamente donde quiere estar, justo en una situación momentánea que no cambiaría por ninguna otra. No quise leer antes el programa de mano por no estropearme posibles sorpresas, y efectivamente Martínez-Orts y los suyos reservaban para el final nada menos que los créditos finales completos de Indiana Jones y el templo maldito, interpretados durante esta gira por primera vez en España. Simplemente magnífico. Temblaron los cimientos del auditorio con el aplauso posterior y yo ayudé bastante.

El audio en estos vídeos grabados desde el público no le hace justicia, pero...

La web oficial de la FSO, aquí.

lunes, 6 de mayo de 2024

Loreena McKennitt - THE VISIT


1. All Souls Night (5:08)
2. Bonny Portmore (4:21)
3. Between the Shadows (3:41)
4. The Lady of Shallot (11:34)
5. Greensleves (4:26)
6. Tango to Evora (4:10)
7. Courtyard Lullaby (4:55)
8. The Old Ways (5:50)
9. Cymbeline (5:02)

Uno de los picos de popularidad de Loreena McKennitt le llegó en 1991 gracias a su álbum The Visit. Nunca me he puesto a escuchar su música cronológicamente, y después de haberme acercado a este trabajo mientras hacía alguna otra cosa en casa (lo sé, mala idea) tengo la impresión de que casi todo lo que ha venido después en su discografía deriva de lo conseguido aquí, tanto en lo que se refiere al contenido musical como al éxito popular.

Loreena McKennitt, en la fotografía original de contraportada.

Supongo que The Visit dibujó una rosa de los vientos de buen tamaño en el mapa mental de los seguidores de la canadiense, que hasta entonces la situaban en el ámbito amplio de lo celta, para expandirse hacia lo que conocemos como "world music". Y digo que el ámbito de lo celta era amplio porque precisamente en aquella década -acabamos de hablar de ello en la entrada sobre Ave Mundi Luminar- todas las músicas alternativas estaban en boga. La new age, la electrónica cósmica muy producida y los ritmos tribales encontraban su igual, y unos pocos años más tarde incluso con más intensidad, en la música celta. Habría que preguntarse por qué una forma de folclore característica de unas áreas del mundo muy concretas llegó a ponerse de moda en todas partes, a convertirse en un género que ocupaba su propio espacio, y no precisamente pequeño, en los estantes de las tiendas.

All Souls Night, en vivo en la Alhambra de Granada.

Nos explica Mike Shooter en su blog La voz de los vientos que la idea general de The Visit le vino a la mente a McKennitt mientras asistía a una espectacular exposición en Venecia sobre el auge de la primitiva cultura celta en la Europa precristiana. Ella explica en el libreto del CD que entiende el concepto de "La visita" como ese impulso creativo que hace toc-toc de vez en cuando en la puerta del artista, y que los temas del álbum se inspiran precisamente en este largo periplo de los celtas desde la India hacia las Islas Británicas, a través del cual fueron sembrando el misticismo -muy proto-new age, si se puede decir- de la unión espiritual con la tierra, a través de una serie de creencias y rituales que hoy podemos entender como ecologistas, y que al mismo tiempo contenían esta idea de las "visitas", de la migración del alma hacia la naturaleza.

The Bonny Portmore

The Visit, efectivamente, es un poderoso álbum de world music a base de temas tanto propios como tradicionales, un ejercicio de investigación musical (Loreena McKennitt es casi tan valiosa por su erudición como por su virtuosismo vocal) que expande las raíces de lo celta hacia el resto del mundo. Desde la tradición japonesa de las linternas de papel para celebrar la migración de las almas de los difuntos (All Souls Night) hasta la leyenda artúrica (The Lady of Salott, con un poema de Tennyson como letra), McKennitt marida su arpa con numerosos instrumentos de viento, percusiones de Oriente Medio (Between the Shadows), sonidos de sitar, una guitarra (Tango to Evora, de inspiración portuguesa) que se antoja latina, un toquecillo de guitarra eléctrica también (The Old Ways) y muchas más cosas. The Visit incluye una bellísima versión cantada de Greensleeves, la ingenua melodía que se atribuye a Enrique VIII, y un fragmento de Cimbelino (Cymbeline), la obra tardía de Shakespeare sobre la invasión romana de la Inglaterra celta, que sirve como apropiado cierre temático del álbum.

Greensleeves, en vivo (2019)

De más de un disco decimos que no le sobra nada, pero de este podemos afirmar que todo en él es sobresaliente, magnífico, tan cargado de matices que se percibe que su autora había dado con un filón creativo del que iba a sacar muchísimo oro. En efecto, mucha de su producción discográfica posterior bebe de fuentes parecidas, del mestizaje, pero en su caso -y a diferencia de muchas otras mezclas raras que se hicieron cuando todo esto estaba de moda- sostenido por una coherencia musical, temática y hasta histórica que le aporta una seriedad y un interés atemporales. Imprescindible en cualquier colección, quizá mejor incluso en su "edición definitiva" de 2021, que incluye muchísimo material extra.

La portada renovada de ediciones más recientes del álbum.
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