sábado, 29 de diciembre de 2012

Deep Forest - (III) COMPARSA


1. Noonday Sun (4:59)
2. Green and Blue (4:53)
3. Madazulu (3:23)
4. 1716 (1:03)
5. Deep Weather (4:54)
6. Comparsa (4:58)
7. Earthquake (Transition 1) (0:48)
8. Tres Marias (4:53)
9. Radio Belize (3:58)
10. Ekue Ekue (5:20)
11. La Lune Se Bat Avec Les Étoiles (Transition 2) (2:27)
12. Forest Power (2:47)
13. Media Luna (4:32)

Escuchar música de Deep Forest no es fácil. O puede ser demasiado fácil y me estoy complicando la vida, no lo he decidido todavía. Ya hemos comentado por aquí sus anteriores trabajos Deep Forest (1992) y Boheme (1995), por lo que los seguidores habituales del blog saben de qué clase de música estamos hablando: electrónica, no de baile pero casi, con ritmos complejos y cuajados de sampleados étnicos. Lo que sucede con Comparsa (1998) es que estas características se acentúan, se multiplican por mil, hasta el punto de que uno no sabe si estamos escuchando música esencialmente tribal con una envoltura electrónica, o -más bien- todo lo contrario.

Si en los temas más conocidos hasta entonces del dúo francés, Sweet Lullaby y Marta's Song, encontrábamos un tratamiento melódico sutil con, digámoslo así, uno o dos samples básicos que aportasen consistencia a las canciones, en Comparsa hay tal cantidad de sampleados, tal maraña de sonidos vocales (cantados o no) brotando como nubes de insectos de nuestros auriculares que estamos obligados a dar dos o tres pasos atrás si queremos ver el cuadro completo. Musicalmente hablando, Comparsa necesita ser escuchado al menos dos veces antes de hacernos una opinión sobre él.

Contraportada.

En una primera audición, el álbum recuerda -al menos en mi caso- a varias partes de Zoolook (1984) de Jean Michel Jarre. Parece construido a base de voces sampleadas (esto es, pregrabadas de diversas fuentes y archivos sonoros) usadas a discreción hasta formar un mosaico abigarrado de cuyas junturas no escapa nada. La primera vez se hace difícil incluso seguir las melodías, y la atmósfera es un pelín agobiante. Después, empezamos a ver la luz y apreciamos Comparsa con plena conciencia. Pero insisto: a mi me ha costado trabajo, y mientras redacto estas líneas sigo pensando que necesito otro intento.

Describir cada álbum de Deep Forest no es tan sencillo como hablar de discos conceptuales. Es cierto que cada uno parece centrarse en un tipo de sonido étnico, pero desde luego en este trabajo que nos ocupa, los límites no son demasiado precisos. Tras las selvas vírgenes de Deep Forest y la Europa del este de Boheme, Michel Sanchez y Eric Mouquet viajan en esta ocasión a Centroamérica para conjugar ciertos ritmos con sabor afrocubano y voces de indígenas, tanto en español como en sus lenguas aborígenes. Y no solamente voces, sino también sonidos guturales y murmullos varios. El resultado es una interesante fusión entre lo selvático y lo criollo, reconociblemente "americano", si bien el resultado final no está lejos de lo puramente tribal del primer álbum del dúo. En el fondo, esta podría ser la mejor prueba del grado de perfección que la World Music estaba alcanzando en manos de los franceses.

Portada del single Media Luna, en el que canta Ana Torroja.

Estando ante un trabajo bastante indescriptible, prefiero destacar unos cuantos temas en lugar de repasarlos uno a uno. Noonday Sun es un buen comienzo, luminoso, optimista y muy animado. Otros cortes como el homónimo Comparsa van en una línea parecida. Otros temas aportan un necesario contrapunto relajado, como 1716 o La Lune Se Bat Avec Les Étoiles; y no podemos olvidar Forest Power, marca obvia de la casa, y Media Luna, con la voz de Ana Torroja cantando en español sobre ritmos arábicos. El resto de temas, que son la mayoría, posee su propio encanto y se mueve entre ritmos chill out y experimentos atmosféricos vagamente melódicos. Cada vez que los escucho, incluso los que me parecen menos interesantes, encuentro un toque más acusado (y agradable) de naïf electro-pop europeo de los 80-90 que le va muy bienal sonido Deep Forest, y que no había notado de manera tan acusada en sus álbumes previos.

En resumen, un buen tercer álbum que quizá sufre un poco por la indeterminación de sus objetivos, y que requiere -a mi juicio- de la escucha de los trabajos previos del dúo. Saltárselo sería una mala idea, pero empezar por él sería todavía peor. En Spotify.

Noonday Sun.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Apuesta perdida. Actuamos en consecuencia.

En fin, como persona noble en varios sentidos que soy, tengo que cumplir con la palabra dada. El mes pasado, mientras hacía las maletas para irme a Bugarach, aposté con un par de alumnas -no precisamente seguidoras del blog- a que una tormenta solar iba a derretirle los circuitos hasta al último iPhone del hemisferio norte, el 21 de diciembre para más señas. No creo en los mayas, pero veo demasiado Cuarto Milenio. Evidentemente, perdí la apuesta... así que a partir del 1 de enero de 2013 el blog pasa a ser la plataforma no oficial de las fans de Crepúsculo en la comarca del plástico almeriense.

(las fotos han sido suprimidas para no herir sensibilidades)

Poco más que decir. Mientras os vais pensando si preferís al pálido velludito o al morenazo de la tableta, me despido de vosotros. Recomiendo a los ciento y pico seguidores del blog que se cambien a algún otro sitio interesante, si no quieren sufrir de desprendimiento de retina en cuanto empiece a meter fondos en fucsia. Ay, qué dolor.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Tom Newman - FAERIE SYMPHONY


1. The Woods of... (2:14)
2. Fordin Seachran (1:42)
3. Bean Si (0:21)
4. Little Voices of the Tarans (1:48)
5. The Fluter (3:00)
6. The Seelie Court (4:27)
7. The Spell Breaks (4:07)
8. The Fairy Song (1:17)
9. Dance of the Daoine Sidhe (3:35)
10. Memories of Culchulainn (1:30)
11. Aillen Mac Midna (1:17)
12. The Unseelie Court (4:50)
13. The Woods of... (1:56)

La Sinfonía de las hadas de Tom Newman es un ejemplo perfecto de cómo en los años setenta, sobre todo en el Reino Unido, los límites entre la música folk, el rock progresivo y la incipiente new age eran difusos y se mezclaban con sorprendente facilidad. Y con buenos resultados.

Tom Newman

Faerie Symphony, no obstante, es un álbum que llegó tarde. Si en lugar de publicarse en 1977 hubiese salido a la venta a finales de los sesenta (aprovechando el tirón del renacimiento celta) o principios de los setenta, habría tenido un éxito notable. El momento mejor, eso sí, habría sido inmediatamente después de que el propio Tom Newman saltase a la fama como ingeniero de sonido del revolucionario Tubular Bells (1973). Newman ya estaba asociado a los estudios de The Manor y, por extensión, a la recién nacida Virgin Records de Richard Branson, con lo que tuvo bastante que ver en el porvenir del joven Mike Oldfield y su mitológico debut discográfico. Newman contó con varias colaboraciones de Oldfield en sus propios álbumes, y hasta los años 90 continuó aportando su granito de arena como ingeniero de Mike, hasta que éste cortó relaciones a causa de alguna rocambolesca rabieta. Al igual que sucedió con el desaparecido David Bedford, Tom Newman tuvo que aprovechar de la fama de Oldfield para lograr una aceptación popular que de otro modo habría sido difícil, si bien es verdad que Bedford llegó mucho más lejos que Newman en sus legítimas ambiciones como compositor.

Contraportada.

No es que Tom Newman hiciese de Faerie Symphony una mala copia del sonido folk-rock instrumental de Oldfield, pero sí que puede intuirse la imposibilidad de su gestación sin unos Tubular Bells, Hergest Ridge u Ommadawn de por medio. Aun siendo conscientes de ello, Faerie Symphony tiene sus propios puntos fuertes, sobre todo una evidente deriva hacia el folk bucólico de espíritu celta y, pese a su título, un menor talante cohesivo (y más experimental, si cabe) que los trabajos que hicieron famoso a Mike Oldfield. Una pena es su corta duración, acentuada por el hecho de que contiene muchos temas, demasiado breves para llegar a desarrollar ciertas buenas ideas.

Imagen del interior de la carpeta del vinilo (creo).

Newman es aquí un hombre orquesta que, con la ayuda de unos pocos colaboradores, trabaja a base de teclados, flautas, percusiones y guitarras acústicas. Entre los colaboradores más destacados de Faerie Symphony está Jon Field, miembro de la banda July, de la que Newman había sido miembro antes de que se consolidara (la banda, digo) con el nombre de Jade Warrior. Parece que Mike Oldfield, pese a no estar en los créditos por motivos de contrato, colabora con su inconfundible guitarra en el tema Dance of the Daoine Sidhe

Portada de la reedición en CD, con temas de Fine Old Tom inclusive.

Faerie Symphony transmite la calidez del rock experimental más inspirado de su tiempo y cuenta con un carácter propio bien definido, cosa que se ve enturbiada en ediciones más recientes, donde se incluye en un solo CD junto al primer álbum de Newman, Fine Old Tom (Faerie Symphony fue el tercero), todo el potaje bajo el título algo cutre de Faerie Symphony and Other Stories. Yo soy más proclive a quedarme con lo esencial, así que recomiendo la escucha de Faerie Symphony sin añadidos. Total, en media horita estamos listos.

Primer tercio del álbum. El resto también está en YouTube.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Rick Wakeman ha regresado al centro de la Tierra...

  ...y así se le han quedado las uñas de tanto cavar.
(Imagen de Herald de Paris)

Quienes seguís el blog sabéis de sobra que fui bastante duro con la crítica del álbum Journey to the Centre of the Earth (1974), de Rick Wakeman. Siendo yo un gran admirador de delirios grandilocuentes y setenteros como The War of the Worlds en versión de Jeff Wayne y similares, aquel disco del teclista de Yes  sobre el libro de Julio Verne nunca me ha llegado a gustar. Me parecía feo y pedante, de una grandiosidad pasada de moda que lo hace interesante únicamente a los muy nostálgicos de la época. No es que hoy en día haya variado mucho mi opinión, aunque sí que he llegado a valorar -al menos- su carácter más o menos seminal de cara a posteriores trabajos conceptuales mucho más acertados.

Portada del nuevo álbum.

Hace unas semanas, Wakeman ha publicado una versión regrabada de aquel álbum, quizá el más conocido de su discografía, y que ya contaba con al menos una secuela. Ha sido de forma exclusiva, en principio al menos, a través de la revista Classic Rock. Es la primera grabación de estudio que se realiza del disco, ya que el original fue realizado directamente en directo (válgame la redundancia). Habiendo escuchado este nuevo álbum, y sin que me haya dado gana de tirar cohetes, la verdad es que ha mejorado un tanto mi opinión sobre el trabajo de Wakeman. Es cierto que algunos pasajes cantados me siguen sonando muy cursis, como de musical de Broadway acartonado, pero gracias a la perfección del sonido del estudio soy capaz de valorar muy positivamente los arreglos orquestales, e incluso los barrocos solos de sintetizador que en su día me parecieron en exceso empalagosos. Tengo la impresión de que, si bien el mundo del rock progresivo ha escrito grandes páginas de su historia discográfica sobre el escenario, una obra algo más arriesgada como el Viaje al centro de la Tierra de Rick Wakeman quedó empequeñecida por las lógicas limitaciones del sonido en vivo. 

 En la contraportada, la lista de temas también ha sido reelaborada. 
Recordemos que el álbum original solamente tenía dos pistas largas.

Cuidado, porque el nuevo Journey de Wakeman no va en la línea de lo hecho por Jeff Wayne en su "nueva generación" de La guerra de los mundos. No es una actualización con un nuevo sonido modernizado. Más bien es una traslación nota por nota (y verso por verso, ya que incluso los vocalistas se parecen) del disco del '74, sin indicios de falsa modernez, lo que lo hace seguramente más valioso para los viejos aficionados que para los oyentes actuales. Aun considerando que los motivos del músico puedan ser más económicos que artísticos, tengo la impresión de que este álbum conceptual envejecerá mejor que el original al hacer justicia a sus planteamientos iniciales, por lo que -esta vez sí-, recomiendo su escucha. Por mi parte, es la primera vez que consigo escuchar todo el álbum con atención hasta el final.
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