martes, 23 de diciembre de 2025

Wim Mertens - INTEGER VALOR


1. La fin de la visite (5:18)
2. Au delà du fleuve (5:13)
3. In 3 or 4 Days (6:08)
4. Comme en dormant (4:38)
5. And Bring You Back (4:59)
6. Tout est visible (5:45)
7. Yes, I Never Did (5:27)
8. Sidemen (10:01)

Integer Valor (1998) es para muchos aficionados una de las mejores obras del belga Wim Mertens. Yo quizá me decantaría por Jardin Clos (1996), un trabajo que sentó las bases para este que nos ocupa, ya que Mertens se inclinó por añadir calidez extra a su sonido mediante un ensemble en el que destacaban las cuerdas. No soy un conocedor profundo de la obra completa de este compositor, en la que he ido picoteando aquí y allá, pero entiendo que estos discos de fin de siglo buscaban abrirse a un público más amplio que el que generalmente se aficiona al minimalismo "hardcore", a veces un poco árido si no terminas de interiorizar sus preceptos.

Wim Mertens

No puedo decir que la manera habitual de aproximarse al minimalismo de Wim Mertens sea árida, ni mucho menos, pero es verdad que algunas de sus obras de referencia (las que conozco, insisto) son algo más descarnadas que álbumes como este. La new age no es una tentación en la que yo piense que Mertens haya estado tentado de caer, pero seguramente era consciente de que aquellos años noventa fueron bastante potentes, comercialmente hablando, para la música instrumental de calidad. Y no se puede negar que este señor tiene la rara virtud de ser ecléctico en un terreno musical en el que es fácil aferrarse a un estilo rígido, desarrollando al mismo tiempo una personalidad artística muy reconocible.

 
La fin de la visite.

La portada del álbum es un fragmento de un cuadro de Georges de la Tour titulado La femme à la puce ("La mujer con la pulga" o "Mujer buscando una pulga"), obra austera y enigmática de significado no del todo explicado. Y el título hace referencia al respeto íntegro, digamos al pie de la letra, de una partitura en la que cada elemento, por irrelevante que pueda parecer, debe reproducirse con fidelidad en su interpretación. Se aprecia que Mertens da gran importancia a los matices en sus obras, aunque el detalle de la señora aplastando una pulga con las uñas puede hacernos pensar que el título es más bien irónico.

 
Yes, I Never Did en vivo con la Sinfónica de Tenerife.

Lo cierto es que todo en Integer Valor es un trabajo cálido, amable pero no por ello carente de ambición, variado y sin un instante de divagación innecesaria. Comienza con la trepidante La fin de la visite, con un piano que no cesa y una melodía dibujada con trompeta. Arrebatadoramente sentimental es Au-delà du fleuve, esta vez con las cuerdas como protagonistas; y en In 3 or 4 Days se cuela además una guitarra, instrumento hasta entonces, por lo que sé, no muy habitual en álbumes del belga. Más pausada pero igualmente intensa es Comme en dormant, con un piano muy marcado y otra melodía meritoria. Un capricho ingenuo pero bonito que recuerda a algo de la Penguin Cafe Orchestra por su técnica de pizzicato es And Bring You Back; y todo lo contrario a lo ingenuo es Tout Est Visible, una pieza de desarrollo tan lento como sólido cuya solemnidad es memorable. Concluye el álbum con la estupenda Yes, I Never Did, que desde su publicación se ha convertido en clásico de Mertens; y con la extensa Sidemen, sostenida en una floritura al piano sobre la que se van acumulando más instrumentos hasta llegar a un tramo final un tanto abstracto.

La versión Intégrale.

Para regocijo máximo de quienes amaron Integer Valor, al año siguiente se publicó Integer Valor Intégrale, un pack con tres CDs que expande enormemente el sonido del álbum original. Cada uno de los discos tenía incluso su propio título, siendo éstos To Fill in the Blank, Written Conversation y Full of Cobbles. Los temas del álbum primigenio están repartidos entre los tres discos, y aunque podríamos entender que el resto de cortes son piezas descartadas, cuesta encontrar una sola que no valga la pena. Estupendo trabajo en cualquiera de sus versiones, imprescindible en tu colección incluso si sólo quieres tener dos o tres de este autor.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 16: "KAVAL SVIRI"

El álbum lanzado en España comenzaba precisamente con Kaval Sviri.
 
En el afán por encontrar nuevos sonidos con los que nutrir a los melómanos más aventureros entre los años ochenta y noventa, hubo un importante espacio para lo étnico/ancestral, y cuanto más exótico mejor tenía que ser. Entre nativos norteamericanos, una nueva ola celta y cantos gregorianos, emergió en un momento relativamente temprano un estilo vocal que hoy recordamos con el nombre que recibieron en su más importante lanzamiento discográfico en nuestro país: El misterio de las voces búlgaras (Le Mystère des Voix Bulgares).
 
Dos ediciones internacionales de estas grabaciones.

Lo cierto es que los álbumes que aparecían bajo esta autoría recogían en realidad temas cantados por distintos conjuntos vocales tradicionales, sobre todo el Coro femenino de la radio y la televisión estatal búlgara y el Filip Kutev Ensemble. Eran coros de mujeres de edades diversas, vestidas con un colorista traje regional, que fundían sus voces en complicadas polifonías. Aparecieron en televisión en numerosas ocasiones y tuvieron sus días de gloria a finales de los ochenta, y eso que, curiosamente, una grabación de este tipo de cántico había sido incluida en 1977 en los discos de oro de las sondas Voyager, actualmente viajando a una velocidad inimaginable hacia la constelación de Ofiuco.

 
The Sounds of Earth, el "LP" interestelar.

¿Cuál es el misterio de las voces búlgaras? Que cantan a capela, que lo hacen con el diafragma y con una posición peculiar del paladar, y que poseen un aura exótica que parece indígena y no hace pensar para nada en folk centroeuropeo de detrás del telón de acero. Quien tuvo la idea de lanzar esta música al mercado internacional fue el productor y etnomusicólogo suizo Marcel Cellier, que anteriormente había "descubierto" al flautista rumano Gheorghe Zamfir.

 
Kaval Sviri

Aunque no se puede decir que tuviesen un tema concreto que pegase el gran pelotazo de popularidad, he elegido este Kaval Sviri ("Suena el caramillo") por haber tenido una importante influencia posterior. Su estilo ha sido imitado en numerosas ocasiones, o al menos ha servido para que se incluyesen cánticos étnicos parecidos en álbumes de todo tipo en los noventa (pensemos en Adiemus), y hasta se versionó de manera bastante reconocible en la serie Xena: princesa guerrera, de la que todos habremos visto algún episodio. En la actualidad siguen apareciendo grabaciones bajo la inevitable nomenclatura de El misterio de las voces búlgaras, por ejemplo para una colaboración con la también telúrica Lisa Gerrard.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Dungeon Synth: música desde un inframundo fantástico.

Para mantener fresco un blog como el nuestro, hay que embarcarse en una constante investigación para descubrir cosas nuevas. Yo suelo hacerlo a través de varias fuentes, entre otras los estupendos espacios sobre música que mantienen varios "streamers", y últimamente me he encontrado con un par de vídeos sobre un género que yo desconocía por completo y que me ha resultado muy llamativo e interesante: el "Dungeon Synth", o lo que es lo mismo, "Sintetizador de mazmorra".

Por resumir un poco, el sub-subgénero Dungeon Synth nació en los años noventa y alcanzó cierto estatus de culto, por supuesto en su contexto muy minoritario, mediante la difusión todavía limitada de Internet en aquellos años. Es un estilo musical con un evidente regustillo friki, no por lo "rarito" o por su inclinación hacia lo fantástico, sino más bien por lo enormemente especializado. Al parecer, el Dungeon Synth surge de la idea de varias bandas de black metal del norte de Europa de incluir piezas instrumentales en sus discos que servían para dotarlos de una atmósfera épica y reforzaban el carácter conceptual de estos trabajos. A los aficionados del metal debió gustarles la iniciativa, ya que algunos músicos del gremio comenzaron a realizar álbumes completos de música instrumental con sintetizadores muy básicos, con sonidos de instrumentos midi, prácticamente a modo  de maquetas. Un álbum muy representativo de esta primera época es Depressive Silence II (1996), probablemente una demo más que cualquier otra cosa. Es obra del músico alemán B. S. (B. Schmidt), guitarrista y teclista de black metal.

 
La de Depressive Silence, a pesar de su nombre, no me parece una música depresiva en absoluto.

Se trataba inicialmente de álbumes a menudo breves, realizados a menudo por músicos semiprofesionales o por profesionales con una intención puramente experimental, con recursos técnicos precarios y grabados originalmente en el soporte más pobre del momento: el cassette. Hoy en día, con muchas posibilidades tecnológicas baratas o gratuitas, se mantiene la idea de que un álbum de Dungeon Synth debe sonar sólo regular, lo que llaman en "lo-fi" o "baja fidelidad", como una cinta grabada y reproducida muchas veces hasta que el sonido pierde nitidez. El universo de este género ha experimentado un auténtico big bang, ya que la variedad de sub-sub-subgéneros que hoy en día pululan por la red (YouTube mismo está repleto) es abismal. El Dungeon Synth nunca ha logrado meter la cabeza, ni de lejos, en la escena mainstream, pero tiene su público y se está diversificando. Pongo aquí el álbum Mark of the Worm (2023) de Landsraad, inspirado en Dune con un acierto -para mi gusto- espectacular.

 

Temáticamente hablando, un álbum de Dungeon Synth busca recrear una atmósfera oscurantista, gótica y decadente aunque más onírica que terrorífica, con regusto medieval si se puede, aunque en especial inspirada por la fantasía épica literaria y videojuegos modernos con un espíritu parecido, como el famoso Dark Souls. De hecho, parece que este estilo es especialmente codiciado por los aficionados a los juegos de rol, que lo utilizan de fondo durante sus partidas. En lo que nos toca, el Dungeon Synth resultará más que agradable a los aficionados al ambient y el dark ambient, y no descarto que pueda hacer las delicias de los nostálgicos de la música añeja de sintetizador, en general. Termino con este estupendo vídeo especializado del canal de YouTube Central Sonora, del que he obtenido -agradecido- mucha de la información del texto:

 

lunes, 17 de noviembre de 2025

Aphelion Psalm - PORTAL TO CASSIOPEIA


1. Portal to Cassiopeia (17:25)

I. Opening of the Portal
II. Ten-thousand-year Cryosleep
III. Antimatter Void Abyss
IV. At the Gates of Alpha Cassiopeia

Alguna vez, hace mucho tiempo, hice un elogio de uno de los mejores momentos que experimenta quien mantiene un blog como este: abrir el buzón y encontrarte un estupendo CD, a menudo autografiado pero siempre con la pátina de lo minoritario e interesantísimo. Todo un placer fue encotrarme con este breve álbum, un EP si nos remontamos a la época de los formatos físicos, enviado desde Nerja por el artista que se hace llamar C. Pilgrim. Supongo que Aphelion Psalm es más el nombre del proyecto que un alter ego del propio músico.

Todavía más placer se siente al sumergirse en un buen trabajo de música cósmica (la portada es en sí misma una sólida promesa) al estilo del que hacían los artistas de la denominada Escuela de Berlín. Para los nuevos en el blog, porque ya llevamos comentados por aquí un buen montón de trabajos de este subgénero de la electronic music, se trata de música generada con sintetizador que suele poner más énfasis en la atmósfera que en el colorido musical, más acento en las complejas texturas superpuestas que en las melodías. Durante los años setenta, fue precisamente en Alemania (no solamente Berlín, aunque allí estaba el epicentro) donde se desarrolló este estilo musical vanguardista, buscando una forma de posmodernidad que iba más allá del rock convencional y funcionaba en paralelo al krautrock, a veces cruzándose los caminos de ambos sin que sea fácil distinguir siempre dónde terminaba uno y comenzaba el otro. Los gurús de esta escuela, cuyos máximos exponentes son Tangerine Dream y Klaus Schulze, con permiso de algún otro, hacían las delicias de los fans de la psicodelia con conciertos en iglesias y catedrales, luces apagadas, ojos cerrados y alguna que otra sustancia por allí diluida.

El rock progresivo, otro subgénero con el que también daban lugar a híbridos, tuvo un claro declive en su popularidad durante la segunda mitad de la década de 1970, de sobra conocido por producirse en un contexto que rebasaba lo meramente musical... Pero en el caso de la música de la Escuela de Berlín no me parece tan claro que hubiese una decadencia tan marcada, un canto del cisne concreto, pese a que su edad de oro quedó enmarcada en aquellos años. Experimentó un bajón durante los años ochenta, en los que el tecnopop (pongamos a los también alemanes Kraftwerk) acaparó el protagonismo de la electrónica europea "dura", pero algunos de sus representantes más ilustres han seguido haciendo una música bastante coherente con los postulados iniciales del movimiento hasta la actualidad. Hoy en día, además, el estilo Escuela de Berlín se ha reencarnado en diversas formas de electrónica entre las que destaca por su relativa cercanía el dark ambient. No es tan común encontrar obras a la berlinesa fuera de la propia Alemania, pero haberlas haylas. Aquí mismo, en España, hay que recordar la interesantísima discografía de Neuronium y los posteriores trabajos en solitario de Michel Huygen.

 
Portal to Cassiopeia

Portal to Cassiopeia (2025), como buen álbum en su estilo, se trata de un trabajo conceptual con una narrativa muy concreta (un viaje a través de un portal a la constelación de Casiopea, en el centro de la ilustración de portada) que se desarrolla musicalmente a lo largo una única pista dividida en cuatro secciones. La primera, "Apertura del portal" es la más atmosférica y oscura, con capas de sonido entre las que destaca un afilado zumbido electrónico, en la línea de la Escuela de Berlín más primitiva, antes de que comenzase a adquirir tintes new age. Es como asomarse al abismo, literalmente. La segunda sección, "Criosueño de diez mil años", tiene una melodía indefinida, juguetona, y un ritmo más marcado. Quizá busca emular el tictac de un reloj, el mecanismo de esta maquinaria de hibernación que nos mantiene jóvenes mientras viajamos por el cosmos, o incluso el latido del corazón del durmiente, que vuelve a sonar mientras éste se aproxima a su destino. "Abismo del vacío de antimateria" retoma un planteamiento estático, menos tétrico que el del primer tramo de la suite pero también cósmico e inquietante. No habría desentonado en alguna escena de Blade Runner. Concluye el trabajo con "A las puertas de Alfa Casiopea", que hace referencia a la estrella más brillante de la constelación (la estrella Schedar, una gigante naranja) y contiene unas grandiosas notas de teclado que no se quedan muy lejos del sonido de un órgano de iglesia. Se pierden en la lejanía mientras concluye la composición.

El álbum es muy satisfactorio si se escucha en contexto, sabiendo lo que te vas a encontrar y más todavía si conoces el estilo musical aunque sea sólo un poco, aunque un melómano casual deberá hacer un ejercicio de escucha activa libre de prejuicios para entender con qué conceptos juega aquí C. Pilgrim. Por mi parte, quedo a la espera de escuchar nueva música de Aphelion Psalm y recomiendo a connoisseurs y curiosos que se acerquen a su espacio en Bandcamp, donde pueden escuchar Portal to Cassiopeia al completo y descargarlo para su escucha en un reproductor en condiciones.

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