viernes, 12 de octubre de 2018

Loreena McKennitt - LOST SOULS


1. Spanish Guitars and Night Plazas (6:41)
2. A Hundred Wishes (4:34)
3. Ages Past, Ages Hence (5:27)
4. The Ballad of the Fox Hunter (5:48)
5. Manx Ayre (4:03)
6. La Belle Dame sans Merci (6:09)
7. Sin, Moon and Stars (4:34)
8. Breaking of the Sword (5:30)
9. Lost Souls (5:09)

Publicado antes del verano pasado, Lost Souls es el nuevo álbum de Loreena McKennitt, el primero con material totalmente nuevo desde 2006. Y como con todo buen álbum de una artista consagrada, la buena noticia es que el estilo de McKennitt sigue intacto sin que ello vaya acompañado de una merma en su calidad o una sensación de hastío. La canadiense sabe cómo hacer perfectamente lo que tiene que hacer, y lo hace tan bien como siempre. Sin más.

Loreena McKennitt (imagen de Spill Magazine)

El adelanto del álbum fue quizá su tema de mayor impacto, Breaking of the Sword ("La rotura de la espada"), un himno con tintes nacionales, casi militares, que es un homenaje a los soldados canadienses caídos en la Primera Guerra Mundial.

Breaking of the Sword

El primer tema del álbum, Spanish Guitars and Night Plazas, responde bien a su título: es un tema muy atmosférico y nocturno en el que las notas de guitarra española acompañan a la voz de la cantante. Es bastante moderno, considerando el gusto de McKennitt por lo medieval y teniendo en cuenta que Lost Souls es un álbum en el que se busca -en general- un regreso a las raíces célticas, campesinas y poéticas de la artista. El segundo tema es A Hundred Wishes ("Cien deseos"), muy luminoso, optimista y apacible. Ages Past, Ages Hence está inspirada en el fenómeno del cambio climático y es uno de esos temas en los que la artista, aun acompañada por varios instrumentos -violín, piano, etc.- que suenan exquisitos, se basta y se sobra con su propia voz para sostener todo el esfuerzo melódico. Bien podría haberlo grabado a capela sin grandes diferencias.

Ages Past, Ages Hence, en vivo.

Muy rural y auténtica es The Ballad of the Fox Hunter ("La balada del cazador de zorros"), aunque su melodía me suena un poco a reutilizada de algún tema suyo anterior. Es una versión de un poema de W. B. Yeats. Con el instrumental Manx Ayre viajamos por fin, cómo no, a esa frontera exótica entre Europa y Oriente que tan bien recrea McKennitt, y que nos suena a mercado medieval, a cruzada, a Ruta de la seda.

The Ballad of the Fox Hunter

La Belle Dame sans Merci es un tema que adapta la balada romántica original de John Keats, un poema que suena sencillo y delicado en boca de la canadiense pero que en realidad ha sido objeto de controversia desde el siglo XIX por su temática un tanto misteriosa y difícil de descifrar. El segundo instrumental del disco, el trepidante Sun, Moon and Stars, es otro viaje al territorio mestizo de los Balcanes, de Turquía, de Chipre y las islas griegas, quizá esta vez más orientándose más hacia lo musulmán que hacia lo cristiano, como se percibía en Manx Ayre. Al parecer, se inspira en la época en que los navegantes se orientaban mirando los astros.

Sun, Moon and Stars

Y tras la ya mencionada Breaking of the Sword, el álbum concluye con su tema homónimo Lost Souls, francamente hermoso y con bastante potencial comercial, pese a que en este sentido Loreena McKennitt no se complica demasiado y no llega a ofrecer ningún tema, ni siquiera este, que destaque por su espectacularidad en la producción o sea especialmente pegadizo. Ni falta que le hace, porque este es uno de esos álbumes/experiencia que se disfruta de una sentada.

Lost Souls

jueves, 27 de septiembre de 2018

Hans Zimmer - THE THIN RED LINE


1. The Coral Atoll (8:00)
2. The Lagoon (8:37)
3. Journey to the Line (9:22)
4. Light (7:20)
5. Beam (3:44)
6. Air (2:21)
7. Stone in my Heart (4:28)
8. The Village (5:52)
9. Silence (5:06)
10. God Yu Tekem Laef Blong Mi (1:59)
11. Sit Back and Relax (2:07)

Hemos levantado una pequeña polvareda cada vez que ha salido por aquí una entrada sobre Hans Zimmer, por mi parte subrayando lo poco que me gustan algunas de sus costumbres como artista y su exagerado peso en el cine actual, y por parte de algunos comentaristas, destacando sus innovaciones y su indiscutible legado. Por lo general, las discusiones se zanjan cuando admito este último aspecto y se citan obras cuya calidad va más allá de mis gustos personales. Mi favorita es seguramente El código Da Vinci, aunque me gustan también la mayor parte de su trilogía de Batman, las secuelas de Piratas del Caribe, Origen, Rain Man, El rey león, etc. Un trabajo que suele estar entre los más defendidos por sus fans es La delgada línea roja, y creo que es un buen momento para analizarlo.

Tráiler de la película.

The Thin Red Line fue una de las películas más premiadas de 1998. Hoy está un poco olvidada, ya que compitió en popularidad con la mucho más célebre Salvar al soldado Ryan. El director Terrence Malick se excedió un poco en el metraje y su trama se vuelve difusa, haciéndola una película un tanto complicada de digerir para públicos amplios. Pero es muy buena. El caso es que Malick, uno de estos autores que ejercen un control total sobre sus obras, iba a hacer picadillo sí o sí, en sucesivos montajes, la banda sonora que le encargó a Hans Zimmer. En consecuencia, no sirve de mucho recordar lo visto y escuchado en la película a la hora de analizar el trabajo de Zimmer. Algo parecido, más sangrante si cabe, fue lo que ocurrió con la posterior partitura de Alexandre Desplat para El árbol de la vida, también de Malick.

Contraportada

Quedándonos, por lo tanto, con el álbum propiamente dicho, se podría decir que The Thin Red Line es un trabajo un poco irregular, constituido en su mayor parte por temas deliberadamente discretos, muy efectivos por su carácter atmosférico y por servir de argamasa útil a un director que -Zimmer debió verlo venir- iba a recortarlos y reordenarlos hasta la náusea. Y también está ahí el temazo por excelencia de Hans Zimmer, tal vez el que mejor representa su aportación al campo de la música de cine: Journey to the Line. Por pura coincidencia, el divulgador Jaime Altozano ha dedicado hace poco un vídeo a entrevistar a Zimmer y comentar el peso posterior de esta pieza musical, entre otras cosas. No hay que perdérselo.


Journey to the Line es un tema largo que va in crescendo, con una melodía minimalista que sorprendente por su efectismo y que va aglutinando más y más capas de sonido hasta lograr un efecto emocional hiperdrámatico, un muro sónico  situado entre lo orquestal y lo electrónico que resulta potentísimo. Ha sido reutilizado en varios tráileres de otras películas y lo han imitado una y mil veces. En realidad, y aunque el primitivo Hans Zimmer "synthesizer hero" de los ochenta ya poseía este toque, es a partir de Journey to the Line cuando Zimmer y casi todos sus músicos afines se dedicarían a las fanfarrias mega-saturadas, cayendo a menudo en lo pomposo y reiterativo, cuando no directamente convirtiendo este tabique sonoro en puro ruido sin sentido. En la mayoría de los casos, se olvida el carácter verdaderamente épico, maduro y profundo de aquel tema seminal.

Journey to the Line

God Yu Tekem Laef Blong Mi

Otras cosas interesantes que hay en The Thin Red Line son su uso de algunos instrumentos exóticos como el koto y la flauta shakuhachi y los también bastante conocidos cantos melanesios del tema God Yu Tekem Laef Blong Mi, que ha tenido su propio recorrido en la cultura mainstream de la publicidad y los tráileres. Dos temas están compuestos por otros autores: Beam, de John Powell, y Sit Back and Relax (vaya título), de Francesco Lupica. Parece que el primero de ellos está inspirado también en un tema del autor del segundo.

Beam

Sit Back and Relax

El álbum se escucha con agrado de principio a fin, aunque el planteamiento más  bien ambiental de muchos temas hacen desear quizá algo más de variedad. Teniendo en cuenta los trabajos ambient "hardcore" que a veces comentamos en el blog (y que yo disfruto sin reservas), no diré que este álbum aburre, pero sí creo que puede hacerse largo a quienes prefieran bandas sonoras de cine compositivamente más... intensas. En cualquier caso, es un gran trabajo que merece reconocimiento y cuya fama es bien merecida. Hay que escucharlo.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Vuelve Jarre con otro recopilatorio. Y reediciones.


Planet Jarre se llama el nuevo producto que Jean-Michel Jarre saca a la venta en una semana. Es un recopilatorio al uso, sólo que los temas están ordenados en cuatro categorías, dependiendo de si el francés los considera "paisajes sonoros" (Soundscapes), "temas" (Themes), "secuencias" (Sequences) o "exploraciones y obras tempranas" (Explorations & Early Works).

Los temas de cada sección.

Contiene un par de temas nuevos, con el morbo añadido de que hay por ahí un trocito de la maqueta del mitológico Music for Supermarkets (1983), álbum del que sólo existe una copia en todo el mundo. La edición normal en digipack y doble CD tendrá su aquel para los completistas, la digital en 5.1 gustará a los sibaritas del sonido, y la edición en vinilo gustará a los fetichistas, pero el estuche de lujo con doble casete (YESSSS!!!) puede ser la coña más elaborada que he visto en años. Si Jarre pone de moda el casete, juro que me rindo y me compro una gramola de manivela.

Portada renovada de Geometry of Love.

También jugosas son las próximas reediciones de su catálogo clásico, que incluyen  (según he visto, aunque puedo equivocarme) Revolutions, Chronologie, Oxygène 7-13, Metamorphoses y Geometry of Love, el último de los cuales tuvo en su momento una tirada minúscula. Habrá que atraparlo legal y físicamente esta vez.

martes, 28 de agosto de 2018

Tangerine Dream - LE PARC


1. Bois de Boulogne (Paris) (5:07)
2. Central Park (New York) (3:37)
3. Gaudi Park (Guell Garden Barcelona) (5:10)
4. Tiergarten (Berlin) (3:28)
5. Zen Tarden (Ryoanji Temple Kyoto) (3:07)
6. Le Parc (L. A. - Streethawk) (2:56)
7. Hyde Park (London) (3:50)
8. The Cliffs of Sydney (Sydney) (5:20)
9. Yellowstone Park (Rocky Mountains) (6:10)

Le Parc (1985) fue el primer álbum de estudio, sin contar alguna banda sonora, que Tangerine Dream lanzó tras su salida de Virgin Records. Ficharon por el sello Jive y se inició su época conocida como "años azules". Habían metido un pie en EEUU gracias a sus obras para películas de renombre (Ojos de fuego y Risky Business estaban recientes, Legend al caer), pero seguían afincados en Europa. Este nuevo trabajo se grabó mayoritariamente entre Berlin y Viena, y los componentes del grupo eran  entonces Christopher Franke, Edgar Froese y Johannes Schmoelling.

Contraportada de una edición más reciente.

Le Parc tiene toda la pinta de querer ser un álbum hecho para gustar, un trabajo muy comercial, en un sentido no necesariamente negativo. En los ochenta ya había sitio más que de sobra para la música instrumental popular en cualquier ámbito, y la música realizada mediante sintetizadores gozaba de una efervescencia especial. Pero seguramente TD poseía todavía cierta aura oscurantista asociada a trabajos más o menos experimentales de la década anterior, también causada por el hecho de haber sido siempre una banda poco inclinada a lo melódico "puro", poco dada, en fin, a generar singles que sonaran en la radio como los de Jarre o Kraftwerk. Le Parc quiso ser un álbum que superase esta imagen de banda de culto, que fuese más allá de los sonidos ya bastante aperturistas de trabajos previos como Exit o Hyperborea.

Clip oficial de Tiergarten.

Incluso el concepto del álbum -porque este trabajo es claramente conceptual- es muy luminoso y new age: una serie de temas no demasiado largos que sirven como souvenirs musicales de distintos parques públicos del mundo. Los temas poseen el detallado trabajo textural y la atmósfera genuina de TD, pero lo melódico es preeminente, y creo que con mucho acierto. Vale que son los ochenta y el acercamiento a los parques, así como ciertas soluciones para conseguir un toque étnico (en Zen Garden y Yellowstone Park, por ejemplo), es a veces un poco maniquea, pero negar que es un álbum francamente inspirado es ser muy cínico.

Bois de Boulogne

Le Parc

Bois de Boulogne gusta por su potencia y dinasmismo, Central Park por su toque nervioso (como de oficinistas runners neoyorquinos), Gaudi Park por su elegancia, Tiergarten por su atmósfera beatífica, Zen Garden por el lapso de relax que aporta al conjunto, Le Parc por ser quizá el temazo más molón de TD en toda su historia, Hyde Park por su ritmo marcado y su sabor urbano, The Cliffs of Sydney por sus gaviotas sintéticas y Yellowstone Park por su misticismo. En el último tema, por cierto, canta Clare Torry, la legendaria vocalista de The Great Gig in the Sky de Pink Floyd.

El single Streethawk.

Y no, no me olvido de mencionar que el tema homónimo al álbum sonó, en una versión cortita y remezclada, como sintonía de la serie de TV Streethawk, en España El halcón callejero, que era como El coche fantástico pero con una moto.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...