miércoles, 9 de marzo de 2016

Kurt Stenzel - JODOROWSKY'S DUNE


1. Coming of a God (5:28) - 2. Greatest Movie Never Made (1:01) - 3. Parallel World (1:42) - 
4. Parallel World (Outro) (1:04) - 5. Leap of Faith (0:43) - 6. Time and Space (2:04) -
7. Optical World (2:56) - 8. Nebula (2:26) - 9. Invitation (1:03) - 10. Point of View (2:36) -
11. Moebius (4:48) - 12. Arrakis (1:59) - 13. Millions of Stars (0:21) - 14. Into the Galaxy (1:27)
- 15. O'Bannon Meets Jodo (1:19) - 16. Finding the Others (0:58) - 17. Spiritual Warriors (1:37)
- 18. Conception of Paul (2:01) - 19. Ships with Souls (1:51) - 20. The Pirate Spaceship (5:24)
- 21. Rescue from a Sandworm (2:36) - 22. Mad Emperor (0:23) - 23. Burning Giraffes (1:42)
- 24. Baron Harkonnen (0:34) - 25. Giger's Theme (1:06) - 26. Deepest Darkness of the Soul (1:15)
- 27. Feyd Rautha (4:18) - 28. Total Extermination (2:27) - 29. I Am Dune (6:01)
- 30. Hollywood (2:23) - 31. Fingerprints (4:17) - 32. Open the Mind (3:38) - 33. Try (2:30)

Año: 20254
Lugar: toda la galaxia

Cuando parecía que no íbamos a tener más encuentros con encarnaciones musicales de Dune, y ya llevamos unas cuantas, nos enteramos de que el reciente documental Jodorowsky's Dune (2013) posee una banda sonora original que ha sido editada en disco compacto y vinilo, y que además es de una gran calidad. Para quienes no sepan de qué película estamos hablando, se trata de la afamada historia de cómo el cineasta y guionista de cómics chileno Alejandro Jodorowsky intentó llevar al cine una espectacular adaptación de la novela de Frank Herbert que funcionase como LSD en la mente de los espectadores, allá por 1976, y de cómo el proyecto llegó a hacerse tan grande que se vino abajo por su propio peso. Fue cancelado a unos días del comienzo del rodaje, cuando la productora decidió que no sería prudente dejar tanto dinero en manos de un director sin suficiente experiencia. Sigue reconociéndose, eso sí, la influencia decisiva de aquel impulso creador en películas posteriores -y hoy míticas- como Star WarsAlien o Blade Runner, o en cómics como El Incal.

Trailer de la película.

Jodorowsky logró contar con un presupuesto tremendo, libertad creativa total y un elenco de artistas y técnicos absolutamente deslumbrante, élite de toda una época. Firmaron su contrato, entre otros, los diseñadores conceptuales Jean Giraud (Moebius) y H. R. Giger, el especialista en efectos especiales Dan O'Bannon, Salvador Dalí y Orson Welles como el emperador Shaddam IV y el Barón Harkonnen respectivamente, además de David Carradine, Mick Jagger, Gloria Swanson... En el apartado musical del proyecto llegó a confirmarse la participación de Pink Floyd, que compondría la música correspondiente a la casa Atreides, y Magma, que harían lo propio con los malvador Harkonnen. Por cierto, el proyecto gozó de mucha fama mientras se iban realizando los contratos, y se dio el caso de que algunas compañías discográficas intentaron seducir a Jodo para que contase con sus artistas señeros. Sabemos que, por ejemplo, en Virgin Records pusieron sobre la mesa a su buque insignia Mike Oldfield y a su fichaje más abstracto de entonces, Tangerine Dream.

Despliegue del interior del vinilo.

Y aquí quería yo llegar, porque, si bien la banda de Edgar Froese nunca entró en los créditos del filme frustrado, parece que el director del documental que narra toda aquella mágica historia, Frank Pavich, pidió al ecléctico músico Kurt Stenzel (su amigo desde la juventud) que crease una banda sonora electrónica para su película que sonase precisamente a Tangerine Dream. Personalmente, creo que la música de Jodorowswky's Dune recuerda a algo incluso un pelín anterior al despegue definitivo de la electrónica alemana de la escuela de Berlín. Es un lúdico batiburrillo de sintetizadores analógicos que tiene un poco de psicodelia, un poco de electrónica primitiva a lo Wendy Carlos o Isao Tomita y, en todo caso en su esencia textural más que melódica, un poco de krautrock cósmico y planeador, todo ello sin limar, muy a palo seco y hasta con un agradecido saborcillo amateur.

Kurt Stenzel y Frank Pavich (de www.synthtopia.com).

A lo largo de los numerosos y breves temas del álbum, Stenzel hace referencia a los distintos miembros de lo que iba a ser el equipo del filme, desde el propio endiosado director (que recita unas frases aquí y allá con su peculiar acento) hasta O'Bannon, Moebius y Giger, y a los personajes y criaturas de la famosa obra cumbre de la ciencia-ficción. Consigue transportarnos, en fin, a aquella abigarrada fantasía new age que perseguía Jodorowsky, a un Dune extravagante, recargado y místico, tan épico en su confrontación entre héroes y villanos como revolucionario en su viaje introspectivo hacia nuevas formas de expansión mental. De algún modo, y sin querer parecerse ni a Pink Floyd, ni a Magma, ni a TD, Kurt Stenzel logra captar con mucha inteligencia las líneas maestras de lo que podría haber sido una banda sonora para la propia película Dune de Jodorowsky, más que para el documental rodado sobre ella. 

Un vídeo-sampler con temas del disco.

Recomendaría, por una cuestión de instinto coleccionista personal, que quienes estén interesados por el álbum lo adquieran cuanto antes, ya que dudo de que pueda encontrarse en formato físico de aquí a poco tiempo.

lunes, 29 de febrero de 2016

Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 4: "THE LONELY SHEPHERD"

Suena la flauta. Tres notas. Levantamos la cabeza y nos enderezamos como lo harían ovejas que paciesen en un prado, alertadas. Después suenan, a lo lejos, unos arreglos de cuerda. Vuelve la flauta y comienza la melodía de The Lonely Shepherd, "El pastor solitario", y para cuando entra la batería con su ritmo de salón de baile lento, ya estamos sumergidos en una colorista -y francamente entrañable- fantasía kitsch.

Tras una breve introducción de James Last, entra Zamfir y comienza el tema.

El año pasado nos dejó el que era considerado rey de la música ligera, el alemán James Last, un hombre que consiguió el equilibrio perfecto entre director de orquesta y showman de la era pop. Aunque en España tuvo su espacio en los setenta y ochenta, por ejemplo en expositores de cintas de gasolinera, hay que decir que en el norte de Europa fue un verdadero fenómeno popular gracias a sus innumerables versiones instrumentales de temas de todo tipo, con un sonido entre la orquesta clásica y la big band, lo mismo atacando valses de Strauss que, últimamente, versionando a Lady Ga Ga.

James Last

En una época en la que la música instrumental era considerada como una simple variante meliflua de la música vocal, orquestas afamadas como la de Last se permitían algunos pequeños experimentos con lo étnico, a veces bordeando algo que podríamos calificar de proto-new age. En el caso de The Lonely Shepherd, gran parte del mérito se lo debemos a Gheorghe Zamfir, un virtuoso de la flauta de pan que en este caso tuvo el papel protagonista. 

Portada de Memories of Russia.

No solamente alcanzó un gran éxito acompañando a James Last en una larga gira, sino que, con el tiempo, ha llegado a ser muchas veces identificado como autor absoluto de The Lonely Shepherd. También escuchamos su música en la película de Sergio Leone Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), como parte de la maravillosa banda sonora de Ennio Morricone. Erroneamente, y volviendo al tema que nos interesa hoy, suele pensarse que el tema del pastor está conectado con el mundo andino (por aquello de la flauta), pese a que Zamfir es nativo de Rumanía.

Gheorghe Zamfir

En cualquier caso, debe quedar claro que el tema que nos ocupa es obra de James Last, que apareció por primera vez en el álbum Memories of Russia (1977), que su título original en alemán es Einsamer Hirte y que, como muchos recordaremos, alcanzó una popularidad inusitada gracias a su utilización muy acertada en la película Kill Bill Volumen 1 (2003) del gran reciclador Quentin Tarantino. ¿Tendría algo que ver la presencia de Zamfir en la música de Karate Kid (1984) para que Tarantino incluyese The Lonely Shepherd en otra película con artes marciales? Dicen que el director escuchó el tema por primera vez mientras comía con amigos en un local de comida rápida, donde sonaba por megafonía.

Aquella escena de Kill Bill.

domingo, 21 de febrero de 2016

Electronica 2 de Jean-Michel Jarre, el 6 de Mayo.

Ya está prácticamente listo para su publicación Electronica 2, la segunda parte del interesante álbum ecuménico de Jarre, mitad tributo a la electrónica de ayer y hoy, mitad autobombo. En este caso lleva el título de The Heart of Noise ("El corazón del ruido"), en referencia al manifiesto de Luigi Russolo de 1913 en el que se oficializaba la idea de utilizar ruidos de máquinas para hacer música. No confundir con el grupo británico The Art of Noise, cuyo nombre se basa en lo mismo. Tenemos portada, que recuerda peligrosamente a una bola de discoteca:


Entre los colaboradores están nada menos que Pet Shop Boys, Gary Numan, Hans Zimmer, Primal Scream, The Orb y Cyndi Lauper (a quien yo creí preservada en salmuera desde que los Goonies empezaron el instituto), amén de unos cuantos otros músicos de renombre en la escena electrónica-dj-discotequera actual. Una colección muy prometedora, aunque mientras no escuche el disco al completo no tendré claro si existe un motivo particular para separar los contenidos de los dos volúmenes del proyecto bajo títulos distintos.

Mismamente en la Wikipedia podemos ver ya la lista de temas y colaboradores, y en la página oficial del músico se puede ir reservando el paquetazo deluxe para fans. Por cierto, no sé muy bien qué ha pasado con aquella supuesta colaboración con David Lynch, porque de momento no figura en los créditos. ¿Podría estar en alguno de esos temas que aparece en la lista sin especificar su autor? ¿Se lo están reservando para otra cosa? Cualquier información al respecto será bienvenida en los comentarios. Un trailer promocional:


Solo me queda decir, y esto es más fantasía que otra cosa, que de momento nos quedamos sin una posible y soñada colaboración de Jarre con Oldfield o Vangelis. No es hablar por hablar, ya que el francés ha comentado no hace tanto tiempo que algo así entraba dentro de lo posible.

domingo, 14 de febrero de 2016

Vangelis - LA FÊTE SAUVAGE


1. La Fête Sauvage (39:22)

Solo los verdaderos fans de Vangelis llegan a hacerse una idea de lo complicado que es hacerse con toda su discografía. Y no me refiero al asunto aquel de conseguir todos los bootlegs y/o grabaciones no oficiales que circulan por ahí, sino a la discografía oficial. Hay unos cuantos trabajos del griego que sencillamente no existen en CD y alcanzan precios estratosféricos en vinilos lanzados hace cuarenta años (pensemos en Sex Power o su poema sinfónico sobre el 1968 en París), y otros que, existiendo teóricamente en disco compacto, no se reeditan desde hace décadas (Earth, Invisible Connections, Mask) y son objeto de persecución cartera en mano, bien en tiendas de viejo online, bien a cargo de modestas empresas que los "reeditan" más o menos por encargo y de manera ilegal. 

Contraportada

Un caso aparte es el de La Fête Sauvage (1976), que ha conocido una cantidad enloquecedora de ediciones distintas, y que en muchos casos ha ido acumulando fiascos. Lo complicado aquí no es solo encontrar el disco, sino encontrar una edición que sea fiel a la obra tanto en la calidad de su sonido como en el mantenimiento de sus contenidos musicales originales. Luego comentaremos algo más al respecto, pero vayamos a la música.

Una promo del documental restaurado, con su tema central.

La Fête Sauvage ("La fiesta salvaje") es una de las muchas bandas sonoras que compuso Vangelis Papathanassiou para filmes documentales de Frédéric Rossif. La propia película tiene cierto renombre y ha sido objeto de una reciente restauración. En su momento el griego tuvo a bien que su música se publicase en disco, cosa que sucedió en uno de los momentos más ricos de su carrera como compositor, nada menos que entre los lanzamientos de Albedo 0.39 y Spiral, dos de sus clásicos en la línea pionera de la electrónica cósmica. Su grabación, eso sí, fue inmediatamente posterior a la de Heaven and Hell. Puede objetarse que La Fête no es un disco tan bello y perfecto como L'Apocalypse des animaux (1973), otra partitura para Rossif con la que ésta guarda lógicas semejanzas, pero sí que es exactamente la clase de obra que se beneficia de la magia un tanto primitiva del sonido de su época. El ingeniero de sonido fue Keith Spencer Allen y la grabación tuvo lugar en los estudios Nemo londinenses.

Una portada alternativa.

Fascinante es el mejor calificativo que podemos utilizar para describir la escucha de La Fête Sauvage en situación de placidez y tranquilidad. No es un disco nada complicado en su sonido, ya que su primera mitad, quitando un poderoso tema inicial muy propio de un safari, es una sucesión de cánticos tribales y percusiones africanizantes con poco alarde de sintetizador y un interés más bien ambiental o atmosférico; y la segunda mitad (téngase en cuenta que ninguna de sus ediciones separa el álbum en temas propiamente dichos, si acaso en "partes 1 y 2") consiste casi del todo en variaciones sobre una única melodía. ¡Pero qué melodía! Vangelis consigue aquí uno de sus fraseados musicales más hermosos y dulces, gracias en parte a la voz sutil de Vana Veroutis. Suele considerarse como un "tema de amor", aunque no sé muy bien cuál es su significado en el contexto de un documental de animales, más allá de alguna escena de apareamiento en la sabana.

Otras dos portadas.

Lo que decíamos: no hay mucha filigrana compositiva tras La Fête, y esto lo relega a menudo al lugar de un trabajo menor en la discografía de Vangelis. Lo que lo hace tan especial es su sonido muy lavado, no del todo nítido, con esa untuosidad especial que caracteriza la obra del músico, y que en los mágicos setenta daba lugar a paisajes sonoros medio cósmicos, medio melancólicos, que hoy se traduce en pinchazos de puro placer en nuestros vellos corporales. 

Como muestra, un ejemplo.

Trabajo de chinos es intentar hacerse con todas las ediciones disponibles del álbum y sus diversas portadas. Y más complicado es dar con alguna edición que suene bien, ya que hay incluso una que sustituye por error su segunda mitad por la de Entends-tu les chiens aboyer?, también conocida como Ignacio. Otra prueba más, en fin, de lo fácil que es maltratar a la música instrumental, sobre todo con la tranquilidad que da saber que el público mayoritario no está interesado. Ellos se lo pierden.

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