viernes, 30 de agosto de 2013

Mike Oldfield vuelve (a las tiendas) el lunes.

Como los seguidores de Oldfield saben desde hace tiempo, las ediciones remasterizadas de Five Miles Out (1982) y Crises (1983) salen a la venta el 2 de septiembre, con un par de meses de retraso respecto a las fechas de los lanzamientos de los años anteriores. A diferencia de lo sucedido en otros casos, parece que Oldfield ha encontrado los másteres originales, por lo que deberíamos encontrarnos ante ediciones con un sonido fabuloso, sobre todo en sus versiones 5.1.


Five Miles Out se edita en el ya acostumbrado formato "deluxe" con 2 CDs (disco original con extras + concierto de la época) y un DVD con el álbum en 5.1 y el clip del single Five Miles Out. Este trabajo, uno de los más referenciales en la carrera del británico -que no es decir poco- supuso quizá su acercamiento más evidente hacia el rock progresivo propiamente dicho, especialmente a través del instrumental largo Taurus II. Contiene también esa exquisitez titulada Orabidoo, amén de canciones bien conocidas como Family Man o la que da título al álbum. Al parecer, como temas extra se añaden al álbum el instrumental Waldberg (The Peak) y una versión descartada de Five Miles Out, un tema que necesitó gran cantidad de reescrituras en su momento. El concierto del segundo CD se grabó en Cologne, Francia

Waldberg (The Peak), que está en este nuevo Five Miles Out, fue la cara B de Mistake
que a su vez se recoge como perteneciente a Crises, aunque fue un tema descartado en su momento. Qué raro.

Debo admitir que algunos conciertos de estos años tienen un talante algo desganado que no me termina de convencer. Quizá sea por la voz de Maggie Reilly, que es excelente para cantar temas con letra, pero que no me gusta un pelo cuando hace los coros a temas instrumentales muy anteriores a su incorporación al grupo de Mike. En algunos temas en directo de los que recogía el año pasado el deluxe de QE2, esta buena mujer está a punto de hacer pedazos al mismísimo Ommadawn, quizá porque el propio Mike no sabe muy bien qué otra cosa hacer con ella, allí plantada la pobre en el escenario, mientras los demás tocan piezas en las que teóricamente no se necesita su intervención. Veremos qué pasa en los conciertos de esta nueva tanda.


En el caso de Crises, han tirado la casa por la ventana. Además del formato deluxe de siempre y la inevitable edición sencilla, se va a publicar en una lujosa caja para coleccionistas con 4 CDs y un DVD. No sé si será por el éxito de ventas en su momento o por la presencia de la gran canción pop de Oldfield, Moonlight Shadow, pero le están concediendo a Crises una importancia que -si bien me alegra- me deja sorprendido. Crises supuso la entrada definitiva de Mike Oldfield en el pop, mucho más que Five Miles Out, aunque es un disco... quizá no tan querido por los fans de siempre. Su calidad compositiva es prácticamente la misma a la que estábamos acostumbrados, pero le falta quizá un poquillo de "colorido" respecto a sus obras anteriores. 


Como temas extras en el primer CD se incluyen Mistake, Crime of Passion y Jungle Gardenia, además de versiones extendidas (y acústicas, cosa rara) de temas presentes en el álbum original. Se han saltado la divertida Rite of Man, cara B nada menos que de Moonlight Shadow, con lo que pasa a engrosar la lista de piezas de las que Oldfield reniega a las claras. Los CDs 2 y 3 contienen el célebre concierto de 1983 en el Wembley Arena de Londres, donde se celebró el décimo aniversario de Tubular Bells. Los dos últimos discos están dedicados a clips y actuaciones en vídeo, y a la mezcla 5.1 del álbum.

El concierto de Wembley, versión pirata, lleva milenios circulando por Internet. 
Aquí puede escucharse enterito.

Si se mantiene un orden cronológico estricto, el año que viene estaremos ante los deluxes de Discovery y The Killing Fields, ambos de 1984. No manejo información oficial al respecto, pero no sería de extrañar que se saltasen de momento el segundo al ser una banda sonora instrumental-orquestal y, ciertamente, una rareza. ¿La dejarán en el mismo limbo donde reposan el agradable bastardo The Orchestral Tubular Bells y el doble LP en directo Exposed? ¿Lanzarán el año que viene Discovery e Islands juntos, formando una pareja más coherente? Si alguien sabe algo al respecto, que se pase por aquí y nos lo cuente. Por mi parte, colgaré un análisis de los dos nuevos lanzamientos tan pronto como pueda escucharlos al completo. Cerramos con la desterrada Rite of Man, que por suerte está en la red con excelente calidad de sonido.

domingo, 25 de agosto de 2013

Tangerine Dream - TANGRAM


1. Tangram Set 1 (19:47)
2. Tangram Set 2 (20:28)

Al ritmo que estoy empleando para comentar la discografía de Tangerine Dream, creo que van a acabar antes las obras de la Sagrada Familia. De manera que este es tan buen momento como cualquier otro para irnos a Tangram (1980), el álbum de estudio que sucedió al anteriormente comentado Force Majeure (1979) y que, de nuevo, necesita quizá un poco de contextualización para ser descrito. Y que conste que la descripción es una cosa y el disfrute de escucharlo, otra muy distinta. Es de nuevo un álbum muy accesible, perfecto para iniciarse en el sonido -a veces algo opaco- de esta banda alemana.

En este orden: Schmoelling, Froese y Franke. (de www.johannesschmoelling.de)

Tangram, titulado como el famoso juego chino de figuras planas, viene a ser (para nuestro placer, cosa rara en estos casos) el fruto de la relativa "confusión" que padecían los miembros de TD a finales de los años setenta. Hacía un par de álbumes que se había marchado de la banda Peter Baumann, quedándose Edgar Froese y Christopher Franke un pelín necesitados de un tercer colega. En Force Majeure capearon la situación a dúo y con mucha solvencia, pero en Tangram se les unió el muy eficiente Johannes Schmoelling, aportando al grupo la solidez mínima de los taburetes. 

Portada alternativa.

Pero la "confusión" que mencionábamos también era palpable en lo que se refiere a la evolución del sonido de TD, que en los últimos tiempos, y sobre todo con el álbum Cyclone (1978), había derivado hacia el rock progresivo-cósmico de un modo algo titubeante. No todos los seguidores de la banda aceptaron que se irían alejando visiblemente del oscuro ambient de la Kosmische Musik de sus primeros años, y por eso Froese y compañía procuraron que el cambio fuese gradual, fácil de digerir. El caso es que, pese al obvio espíritu prog-rock de Cyclone y el guitarreo en Force Majeure y el presente Tangram, al final la deriva fue más hacia lo que podríamos llamar new age en el sentido más electro-pop del término (temas casi cantables y cortitos) que hacia algo parecido a Genesis o Pink Floyd. Supongo que la toma de decisiones tuvo lugar durante la segunda mitad de los años Virgin, a comienzos de la década. Seguramente sea Tangram uno de los álbumes bisagra más evidentes.

Imagen de la contraportada.

¿A qué me refiero? A que Tangram, por un lado, presenta la ya clásica estructura de los álbumes instrumentales épicos de los setenta, con una suite ininterrumpida en cada cara del vinilo; y a que, por otra parte, el sonido cósmico abigarrado a base de capas y capas de electrónica estática se ha simplificado hasta dejarlo en el esqueleto. En fin, nos encontramos con dos largas estructuras con ritmos y texturas cambiantes, con tramos hipnóticos como en bucle, con secciones de un ritmo frenético, e incluso con algunos pasajes meramente ambientales que recuerdan obras clave de la década anterior (el final de ambas partes, por ejemplo, la segunda mucho más siniestra). Supongo que el hecho de que Schmoelling fuese intérprete de sintetizador ayudó a restablecer el dominio de los teclados en Tangram, por mucho que en su primera cara haya una guitarra eléctrica con un importante papel en el desarrollo musical. 

El caso es que Tangram se propone alcanzar un equilibrio entre lo que en su día hizo famosa a la banda y lo que quería ser ésta en los años por venir, y lo consigue a la perfección. No traiciona el espíritu estructural de álbumes imprescindibles como Rubycon o Ricochet, pero tampoco suena a auto-homenaje ultraconservador. Es el álbum de Tangerine Dream de 1980, con todo lo que ello significa, y es uno de los favoritos de los fans. Con razón.

Está en Spotify.

Así empieza Tangram.

martes, 20 de agosto de 2013

Rodrigo Rodríguez - THE ROAD OF HASEKURA TSUNENAGA


1. Kumoi Jishi (6:04)
2. Sagari Ha (3:34)
3. 5 October 1614 (3:38)
4. Sanya Sugagaki (9:20
5. Shika No Tone (5:21)
6. Kogarashi (6:23)
7. Azuma Jishi (3:12)
8. Dialogues: King Philip III (7:35)
9. Departure to Rome (5:55)
10. Azuma Jishi Duet (9:11)
11. Beneath High Cliffs (5:29)
12. Towards God (Hasekura's Baptism) (4:39)
13. Arrival in Sendai (6:16)

Lo primero que a muchos se nos viene a la cabeza al pensar en Japón es lo lejos que está. Está lo suficientemente lejos como para que lo poco que sabemos de él nos llegue convertido en un puñado de clichés a través de los medios de masas y la cultura pop: rollitos de pescado crudo y arroz, abigarradas calles con enormes carteles de neón, kamikazes haciéndose el harakiri, honorables samuráis y geishas moviéndose sigilosos por estancias con muros de papel... De su música actual tampoco sabemos demasiado. Solo sabemos que de allí sale una especie de pop electrónico meloso y ultramoderno que no se estila en occidente, pero que se prodiga en karaokes locales.

Sobre la música tradicional japonesa tampoco se difunde demasiado en los medios, aunque sí que se tienen atisbos de sus sonidos gracias a documentales y películas "de época". Algo nos suena de su instrumentación minimalista (con percusiones de madera, por ejemplo) y su tono sobrio, muy poco melódico. Quizá estas sensaciones de lejanía se deban a que Japón siempre fue un país relativamente aislado del resto del mundo, no solamente por su condición de isla, sino sobre todo por el conservadurismo a ultranza que lo mantuvo estático durante muchos siglos, mientras en occidente manteníamos un proceso de evolución cultural mucho más palpable. La música tradicional japonesa de hoy no es muy distinta de la que se componía allí mismo hace dos mil años. Quizá el propio Hasekura Rokuemon Tsunenaga escuchaba una música parecida a la que contiene el disco que nos ocupa, y que es una obra conceptual sobre su persona a cargo de Rodrigo Rodríguez que se publicó hace muy poquito.

Rodrigo Rodríguez

Hasekura Tsunenaga fue, de hecho, la personificación del inevitable aperturismo que un día Japón, en el siglo XVII, necesitó practicar de cara a presentarse ante un mundo cambiante del que no quería quedarse descolgado. Su expedición, recordada como Embajada Keicho, llevó a Hasekura -convertido en una especie de embajador universal de su nación- a recorrer medio mundo en busca de alianzas comerciales y políticas. No solamente se detuvo en varios puntos del continente americano tras atravesar el océano Pacífico, sino que cruzó el Atlántico para visitar la principal metrópoli global del momento, la mismísima España, remontando el Guadalquivir. No sé muy bien qué debieron pensar los españoles de entonces cuando vieron bajar del barco a aquel hombre de ojos rasgados y extrañas vestimentas... pero por lo menos, sabemos que en Coria del Río (Sevilla) hay una estatua en su honor, con katana y todo.

El monumento a Hasekura Tsunenaga en Coria del Río (de www.abcdesevilla.es).

Tampoco tengo noticia de qué pensaron los japoneses cuando el músico hipano-argentino (mallorquín de adopción) Rodrigo Rodríguez bajó de un avión con la sana y muy respetuosa intención de doctorarse en uno de los instrumentos tradicionales del folclore nipón, la flauta Shakuhachi. No sé si algún día le dedicarán una estatua en Tokio como hicieron con Hasekura Tsunenaga en Coria, pero en cualquier caso se ha demostrado que Rodríguez no solamente adquirió un dominio perfecto del instrumento, sino que su buen hacer está muy solicitado en ámbitos internacionales en lo que se refiere a conciertos y colaboraciones de prestigio. El disco que nos ocupa ha salido a la venta en un dulce momento de relaciones diplomáticas entre España y Japón, celebrándose precisamente la llegada de Hasekura a nuestro país hace 400 años, con lo que Rodríguez se ha encontrado con la oportunidad -que no el oportunismo- de ser también profeta en su tierra.

Los viajes de Hasekura Tsunenaga (commons.wikimedia.org).

¿Qué nos vamos a encontrar en The Road of Hasekura Tsunenaga? Pues una colección de piezas para ejercicio y lucimiento de la flauta Shakuhachi, ese cálido instrumento de bambú que Rodríguez maneja con maestría. Sin más. Y tampoco es que hagan falta aderezos, ya que esta flauta es por sí sola tan expresiva que puedes pasarte todo lo que dura el disco en un estado de fascinación permanente. El viaje a través de la imaginación que nos produce su escucha es tan rico como puede imaginarse en un trabajo de esta naturaleza. Sí que resulta algo más difícil identificar los temas con los títulos que poseen en el "tracklist" del álbum, y que están relacionados con diferentes etapas del viaje (y la vida) del embajador Hasekura, tales como su llegada a Roma, su encuentro con el rey de España, Felipe III, o su abrazo del cristianismo. La narrativa de esta obra conceptual es bastante sutil, complicada de seguir, dada la naturaleza minimalista del planteamiento de Rodríguez. Quizá no sea necesario complicarse la vida y convenga dejarse llevar.

Además de la música propiamente dicha, hay algo muy atrayente en The Road of Hasekura Tsunenaga. Music for Shakuhachi Flute: la sensación de trascendencia de una obra que, de algún modo, nos hace imaginar a Rodrigo Rodríguez realizando un viaje a la inversa respecto al emprendido por aquel sirviente del Shogun. Japón se abrió a occidente con Hasekura, y de vez en cuando, de un modo mucho más modesto pero igualmente loable, algún avispado occidental viaja al país del sol naciente para que occidente se abra a Japón al traer consigo sus exóticas esencias casi inalteradas. Otsukaresamadesu ("buen trabajo").

En la web del autor hay mucha más información, y el álbum puede escucharse en Spotify.

Kumoi Jishi.

viernes, 16 de agosto de 2013

The City of Prague Philharmonic Orchestra - THE SYMPHONIC JEAN MICHEL JARRE


CD 1

1. Chronologie 1 (6:30)
2. Chronologie 2 (5:26)
3. Chronologie 3 (3:32)
4. Gloria, Lonely Boy (5:29)
5. Equinoxe 4 (6:42)
6. Fishing Junks at Sunset (6:02)
7. Souvenir de Chine (4:08)
8. Magnetic Fields 5 - The Last Rumba (4:35)
9. Industrial Revolution - Overture (4:38)
10. Industrial Revolution - Part 1 (2:49)
11. Industrial Revolution - Part 2 (3:37)

CD 2

1. Eldorado (3:42)
2. Oxygene 13 (3:37)
3. Magnetic Fields 1 (4:23)
4. The Emigrant (3:26)
5. Oxygene 4 (4:24)
6. Rendez-Vous 2 (8:45)
7. Rendez-Vous 4 (4:01)
8. Acropolis (6:06)
9. Computer Weekend (4:39)

Cuando comencé a reseñar discos en este blog, me planteé no comentar nunca esta clase de trabajos. Tanto rollo circula entre las redes P2P y los canastos metálicos del Carrefour con versiones de clásicos a cargo de intérpretes de tres al cuarto, que decidí no pararme a comentar títulos de ese tipo y limitarme a las obras originales, aunque en algún caso haya costado trabajo llegar a la fuente, a veces mucho más difícil de encontrar que sus "covers". 

He decidido hacer una excepción con este álbum por dos razones: primero, porque la City of Prague Philharmonic Orchestra, pese a ser una orquesta de versiones de los cien millones que hay por ahí, se ha labrado un excelente currículo, por ejemplo, realizando versiones completas y muy fieles de bandas sonoras de cine viejunas y maltratadas en sus ediciones originales; y segundo, porque tras la escucha de The Symphonic Jean Michel Jarre (2006) se tiene la impresión de estar ante algo con validez propia, con una integridad musical que lo separan de tantos otros productos para paladares duros como el esparto. Por cierto, hace algún tiempo publiqué una entrada sobre la City of Prague que os invito a repasar.

El director de orquesta Nic Raine (de su página oficial).

¿Cómo han logrado esto los checos? Pues demostrando una vital inteligencia a la hora de plantearse el sonido del álbum. Mientras que es extremadamente sencillo realizar versiones orquestales de otros trabajos también orquestales, la música de Jarre no es precisamente "adaptable" a este tipo de formato sinfónico. Está llena de complicadas texturas rítmicas, y de melodías con gancho en el sentido popular del término, lo que, llevado al terreno de una orquesta sinfónica, podría haber caído en lo kitsch a la primera de cambio. Sin embargo, la orquesta ha sido capaz no solamente de seleccionar temas de Jarre que encajen con un sonido sinfónico clásico, sino que han logrado incluso desenterrar una faceta desconocida en trabajos bien conocidos del compositor electrónico francés.

Jean Michel Jarre durante su última gira (de The Telegraph).

Jean Michel Jarre, mucho más que otros "competidores" directos en el mundo de la música instrumental popular, siempre se ha sostenido de manera casi única en los sintetizadores, que suenan siempre como tales, sin querer imitar otros sonidos. Es por eso que quizá no me había parado a pensar cómo podría sonar su música en manos de una orquesta sinfónica completa, y el redescubrimiento de ciertos pasajes de su obra es poco menos que una epifanía. Si tuviésemos que señalar un solo álbum como principal beneficiario de esta revisión sinfónica, creo que Revolutions (1988) ganaría por goleada. No solamente es el álbum de Jarre con más piezas aquí contenidas, sino el que se adapta de manera más perfecta al sonido de la orquesta. 

El tercer corte de Industrial Revolution, para mi gusto el más espectacular.

Lo de la "suite" sobre la revolución industrial es sencillamente apoteósico, casi capaz de hacernos pensar que fue Jarre quien hizo una versión en el álbum original, y que la contenida en The Symphonic es la auténtica. Lo mismo sucede con la adaptación de The Emigrant, un tema que en el álbum de Jarre me sonaba un pelín acartonado y que aquí adquiere las connotaciones épicas que siempre mereció tener. Hasta aquella simpática chorrada de Computer Weekend es pura algarabía colorista en The Symphonic, gracias al uso de diversos instrumentos isleños en su arreglo para orquesta, como un muy bonito cierre del doble álbum.

Computer Weekend.

Tampoco podemos ignorar la muy meritoria revisión de los tres primeros cortes de Chronologie (1993), y aún menos las aproximaciones de la orquesta de Praga a varios temas lentos del repetorio de Jarre (Souvenir of China, Oxygene 13 y Acropolis), que son pura exquisitez. Chupado lo tenían, eso sí, con las ya de por sí bastante sinfónicas Fishing Junks at Sunset y Rendez-Vous 4, que quedan muy bien pero no aportan demasiado al conjunto.

Lo más difícil, obviamente, era meter mano a los hits, los singles de éxito de Jarre, y aquí los resultados se vuelven algo más desiguales. La City of Prague y el coro Crouch End Festival, dirigidos por Nic Raine, tienen que hacer trampa a la hora de interpretar los clasicazos Oxygene 4, Rendez-Vous 4 y Equinoxe 4, metiendo discretamente fondos rítmicos electrónicos y hasta algún punteo de guitarra eléctrica. Terminan haciendo de Oxygene 4 un corte más bien prescindible y (esta vez sí) kitsch, de Rendez-Vous 4 un acercamiento innecesario pero inevitable... y de Equinoxe 4 un verdadero pepino nuclear, una de las joyas del álbum, por mucho que también hagan trampa e incluyan algún efecto sonoro no perteneciente a la música clásica "pura". En el tema Chronologie 2 se emplea un método similar, aplicando unos arreglillos electrónicos sutiles, también con muy buenos resultados. Aunque insisto: eso se llama hacer trampa.

Equinoxe 4.

Algo anodinos resultan Gloria, Lonely Boy (incluido seguramente para representar etapas más recientes de la discografía de Jarre) y Eldorado; y en Magnetic Fields 1, pese a partir de un planteamiento interesante, se empeñan -como el propio autor en conciertos y recopilatorios propios- en ignorar el estupendo segundo tramo del álbum original, impidiendo que la pieza llegue a arrancar de verdad en todo su esplendor. Discutible puede ser la inclusión aquí de The Last Rumba, ya que en el propio álbum de 1981 tenía más espíritu de broma que de otra cosa. Hacen que brille gracia a unos bonitos arreglos de acordeón.

En términos generales, se puede afirmar que The Symphonic Jean Michel Jarre es un muy feliz hallazgo musical, casi una manera de redescubrir al francés y expandir su universo creativo hacia horizontes insospechados. Podemos quejarnos con justicia de la elección de los temas, no todos especialmente representativos de su carrera, y de algunos fragmentos más bien olvidables (ese Oxygene 4...), pero el álbum se mantiene a flote gracias a sus mucho más abultadas virtudes, y a varios momentos de lucidez total. Una experiencia estupenda para refrescar los oídos de los fans de toda la vida. Está en Spotify.
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