jueves, 30 de mayo de 2013

Tubular Bells: ediciones, reediciones y regrabaciones.

Continuando con nuestra particular celebración del aniversario de Tubular Bells, ahora toca comentar algo sobre las diferentes maneras en que el álbum ha podido ser adquirido en tiendas a lo largo de sus 40 años de existencia. No pretendo ser exhaustivo, pero creo que la ocasión merece algo de detenimiento.

La publicidad de la reedición de 2009 estuvo bastante currada.

-La versión original en vinilo (1973): durante la larga temporada en que Tubular Bells fue nº1 en ventas, tuvo lugar una famosa crisis del petróleo a nivel mundial que afectó incluso al ámbito discográfico. Algunas de las primeras ediciones se realizaron en discos de vinilo de baja calidad que pudieron alterar la calidad del sonido, sufriendo además un aumento de precio debido a la escasez de materia prima. Se lanzó un single promocional, Mike Oldfield's Single: Theme from Tubular Bells, que reproduce con grandes variaciones un pasaje de la cara B del álbum. Fue regrabado en 2009. A continuación, la pieza original.


Como curiosidad, mencionar que circula entre los coleccionistas una rarísima edición española en la que el final de la cara A se va desvaneciendo en un "fade". Los fans más acérrimos buscan incluso ediciones internacionales con pegatinas en la portada que en su día se añadieron para promocionar el disco de diversas formas, algunas, por ejemplo, con referencias a El exorcista. También hay ediciones posteriores en picture disc, con la portada impresa en el propio disco de vinilo, bastante fáciles de adquirir en ferias del disco y similares.

Edición en picture disc (imagen de eil.com).

-Mike Oldfield Boxed (1976). Esta especie de mega-recopilatorio incluía los tres primeros álbumes de Mike Oldfield al completo, levemente remezclados, mas un cuarto LP con colaboraciones, todo en formato cuadrofónico. Los discos originales sufrieron modificaciones por parte del propio autor, sobre todo Hergest Ridge, que cambió de manera radical. En Tubular Bells se alargaron algunas secciones y se modificaron detalles poco perceptibles, como la relación de unos instrumentos y otros respecto a su volumen en algunos movimientos. Se incluyó la versión rechazada de The Sailor's Hornpipe en lugar de la pieza del LP primitivo. Oldfield no iba a tener la oportunidad de regrabar Tubular Bells al completo, tal como deseaba, hasta mucho después.

The Sailor's Hornpipe en la caja Boxed.

-Primera edición en CD de Tubular Bells (1983). El mismo año en que se lanzó en formato Compact Disc ya hubo un Tubular Bells a la venta. Su sonido es tan nítido como podría desearse en un CD, y la edición no fue alterada hasta 1998. Se logró en cierta medida eliminar el sonido de la respiración de Mike, que en las sesiones de grabación en The Manor hizo un gran esfuerzo físico al interpretar varios pasajes y acabó casi jadeando audiblemente. Por cierto, es importante puntualizar que la conversión a CD se realizó partiendo del álbum en su versión original de 1973, y no de su versión de la caja Boxed.

 
La contraportada austera del CD de los '80, comparada con la contraportada de la edición en HDCD de 2000, 
que recuperaba el diseño del vinilo.

-La edición en Mini-Disc (MD) (C. 1988). Como no podía ser de otra manera, los de Virgin lanzaron su emblemático Tubular Bells en aquel formato de tan corta vida, seguramente tan pronto como el MD salió al mercado. Supongo que hoy tiene cierto valor para el coleccionista, aunque no conozco detalles sobre la calidad de sonido, ni del formato MD en general ni del álbum en particular. Y seguro que el cacharrito valía una pasta.

Imagen del MD enviada por oldfieldmaníaco a la excelente página www.mike-oldfield.es.

-La edición del 25 aniversario (1998). Es una de las ediciones más interesantes del álbum original. El buen hacer del ingeniero original Simon Heyworth aumenta la nitidez del sonido considerablemente, y además se logra eliminar algún pequeño clic eléctrico que se había colado en la grabación, sobre todo en el pasaje final de la cara B, justo antes de The Sailor's Hornpipe, así como buena parte del lógico zumbido de fondo. Tubular Bells se lanzó de forma limitada en un bonito formato libro, con un cuadernillo bastante más interesante que el de la eficaz pero espartana versión anterior en CD, que solo llevaba fotos y éstas ni siquiera eran contemporáneas al lanzamiento del disco en 1973.

Portada de la edición 25 aniversario en digipack. Hoy creo que solo se la ve en Ebay.

-La edición en HDCD / CD de alta definición (2000) es más o menos la misma que se publicó con motivo del 25 aniversario, aunque adaptada al formato de moda entonces, algo más nítido que el CD normal pero sin pasarnos. Tampoco hubo grandes florituras en el estuche físico del álbum. En todo caso, se trata de la última edición realizada por Virgin Records de su primer producto, previa a un relanzamiento -algo mediocre en sonido y presentación- de todos los demás álbumes de Oldfield hasta 1991. La compañía iba a perder los derechos sobre ellos y decidió exprimirlos por última vez.

-Tubular Bells 2003 (2003). Para celebrar los 30 años de su obra más famosa, Mike Oldfield se encerró en su estudio y regrabó la obra totalmente, desde cero. Por un lado, demostró que el original sonaba totalmente actual si se le aplicaban las más modernas tecnologías con que cuentan los estudios de hoy. Como si hubiese sido compuesto ayer mismo. Por otro lado, el disco en sí resultó algo más frío (menos artesanal) de lo que se esperaba, y Mike utilizó algún efecto "cortinilla" que empobreció el conjunto. Más que una regrabación se entendió como un nuevo álbum, y el público ya estaba un poco harto de campanas. Por cierto, el disco venía equipado con un sistema anti-copia que causó muchos problemas, tanto para quienes quisieron hacer duplicados legales del mismo como para quienes descubrieron que su equipo de música no lo reconocía como CD de audio y no lo reproducía. No tuvo demasiada repercusión comercial. Lo más interesante fue quizá su publicación alternativa en DVD audio con sonido 5.1. El CD en edición normal, por cierto, incluía un segundo compacto con algo de la versión 5.1 para ir abriendo boca.

Misma idea, distinto diseño. 
Esta portada es un buen reflejo de lo que supone el álbum de 2003: es igual, pero más artificial y con menos encanto.

Para promocionar Tubular Bells 2003 en los medios, se editó un single con una versión modernizada del famoso tema inicial, y un vídeo que iba en el segundo compacto. En la nueva versión del álbum, cada movimiento se convirtió en una pista independiente del disco (quizá la mejor idea del proyecto de regrabación), y el primer corte fue rebautizado como Introduction:


-The Complete Tubular Bells / TB30 (2003). Esta olvidable caja recopilatoria en edición supuestamente limitada (vete al Eroski y lo compruebas) incluía Tubular Bells 2003 en lugar del original, además de las secuelas Tubular Bells II (1992) y Tubular Bells III (1998). Poco que decir al respecto, sobre todo considerando que se le puso el título de "Complete" cuando no incluye el Tubular Bells genuino.


-La edición de Mercury Records (2009). El máster original de Tubular Bells fue hallado tras una búsqueda casi arqueológica en los almacenes de Virgin, desmontado completamente y vuelto a ensamblar por el propio Mike en las Bahamas, y con sutiles cambios sorprendentes y muy positivos, nada invasivos. Esta vez podemos incluso escuchar pequeños fragmentos en segundo término que, aunque siempre estuvieron ahí, antes eran inapreciables. Las percusiones, por poner un ejemplo, son sencillamente exquisitas. El resultado no solo es el mejor TB que hemos escuchado hasta ahora, sino quizá el mejor imaginable desde cualquier punto de vista. No creo que pueda mejorarse más el sonido de un álbum tan veterano. Además de en una edición digital, puede encontrarse en tres formatos físicos: 

El máster de Tubular Bells.

a) El CD sencillo, en estuche normal, con la versión original de The Sailor's Hornpipe narrada por un borracho Viv Stanshall (el maestro de ceremonias de la cara A) que ya encontramos en el estuche Boxed y una versión regrabada del raro single promocional de 1973 Mike Oldfield's Single como "bonustracks".

Se eliminaron los defectos en el brillo de la campana de la portada, como podemos ver en el detalle. 
También se suprimieron las gaviotas sobre las olas que veíamos en la portada original.

b) La edición deluxe, con 2 CD (versión renovada con bonustracks y versión antigua, intacta pero remasterizada of course) y un DVD con el álbum en formato 5.1 y un concierto en la BBC de 1973 que reproduce la 1ª cara del álbum.

El Mike Oldfield's Single en versión 2009, incluido en el CD como tema extra.

c) La edición limitada super-deluxe, que añade a lo anterior el álbum en vinilo, las maquetas originales en CD, un libraco de lo más interesante y un montón de chorradillas para coleccionistas (un póster, púas de guitarra, un folleto del estudio de grabación The Manor, etc.). Pudo adquirirse también por correo, vía Internet, con firma del propio Mike. Podríamos considerarla la versión más completa disponible actualmente, y tiene visos de ser la definitiva por mucho que Tubular Bells siga siendo fruto de reediciones y relanzamientos conmemorativos en el futuro.

Portada de la edición digital de Tubular Bells (2009). Es el mismo diseño que el de la edición super-deluxe.

domingo, 26 de mayo de 2013

Tubular Bells: las fuentes.

Decir que Tubular Bells es un álbum sin precedentes en la música popular es totalmente cierto. Decir que Mike Oldfield no tenía puntos de referencia de los que partir sería faltar a la verdad. Oldfield poseía una breve experiencia de juventud en bandas folk y underground, pero era conocedor de varias figuras de renombre cuyas obras le influirían de manera decisiva cuando se dispuso a grabar su primer álbum en solitario. Con nombres y apellidos:

1) Johann Sebastian Bach



Bach no es considerado el mayor renovador y explorador de la música clásica de todos los tiempos sin motivo. Algunas de sus obras fueron como el catecismo para compositores académicos posteriores, y su habilidad para jugar con las melodías y el colorido instrumental se llegó a colar en la mundana música popular del siglo XX. Un fragmento de la famosa Tocata y fuga en re menor, obra escrita originalmente para órgano justo al comenzar el siglo XVIII, es la confesa inspiración para el riff del tema introductorio de Tubular Bells.

Obsérvese el proceso.

2) Jean Sibelius



Oldfield descubrió a Sibelius, uno de los orgullos nacionales de Finlandia, cuando era adolescente. Escuchó su quinta sinfonía en clase de música en la escuela, y le sorprendió especialmente su último movimiento. Pese a ser tan reacio a la seriedad de los clásicos como cualquier muchacho de hoy, sintió que la obra desprendía un poder épico y una serena humanidad que le abrieron la mente. Sibelius es citado por el propio Mike como inspiración para Tubular Bells, al parecer, en la utilización de melodías a diferentes velocidades a lo largo de la obra.

La quinta sinfonía de Sibelius, por Leonard Bernstein y la Filarmónica de Viena.

3) Terry Riley



Es más que probable que Mike Oldfield hubiese trabado conocimiento, como muchos otros músicos con afanes experimentales procedentes del pop-rock, con la obra de este pionero minimalista. En concreto, la obra A Rainbow in Curved Air (1969) se erige como una influencia palpable, pese a su carácter menos accesible que el adoptado por Mike. Lo cierto es que, investigando un poco en Internet, te encuentras con que aquel disco en concreto forma parte de la cultura de masas actual, en su plano menos visible que el propio Tubular Bells.

A Rainbow in Curved Air.

4) Kevin Ayers



Es de justicia mencionar a uno de los grandes de la escena británica de la época entre las influencias de Tubular Bells. Oldfield había tenido bajo la protección de Ayers su primera "gran oportunidad" como músico, ejerciendo como bajista y guitarrista ocasional en la banda The Whole World. La libertad creativa total que exhiben los álbumes de Kevin Ayers en aquellos tiempos, mezcla de pasajes cantados y creativos tramos instrumentales más o menos psicodélicos (Oldfield deja entrever alguna melodía del propio Tubular Bells en un álbum oficial) son cruciales de cara a componer el trabajo que nos ocupa. Indirectamente, también es bueno recordar que Kevin Ayers formó parte de la muy influyente banda Soft Machine. No debe ser lo más difícil del mundo encontrar rastros del Sonido Canterbury en Tubular Bells, aunque no soy un experto.

Why Are We Sleeping? (1972)
El solo de guitarra de Mike a partir del minuto 5:00 es casi idéntico al del tramo final de Tubular Bells.


ACTUALIZACIÓN:

Como me gusta ser exhaustivo e incluir aportaciones de gente bien informada, añado a la entrada dos interesantes fuentes posibles de influencia en la composición de Tubular Bells. Comenta el siempre bienvenido Mike Shooter (no perderse su blogazo La voz de los vientos) que pudieron tener mucho que ver el tramo final del tema de The Beatles Lovely Rita y un tema del grupo Magma.

Lovely Rita forma parte del archiconocido Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967), uno de los primeros álbumes conceptuales propiamente dichos (creo que el primero primerísimo fue un disco navideño de Frank Sinatra), y uno de los pocos LPs que el casi indigente Oldfield tenía entre sus pertenencias, junto a algún otro como el Atom Heart Mother (1970) de Pink Floyd. El tramo final de Lovely Rita recuerda en su tratamiento, sobre todo en la batería y griteríos, al pasaje del cavernícola en Tubular Bells Part Two:


En cuanto a Magma, parece que el líder del grupo progresivo francés, Christian Vander, afirma que Oldfield estuvo presente en alguna sesión de ensayo. Lo cierto es que el fondo del tema recuerda claramente al riff inicial de Tubular Bells, pero yo me inclino un poco más por la teoría de J. S. Bach. Sin querer dejar por mentiroso a Vander respecto al supuesto encuentro con Mike -y admitiendo que el parecido es grande-, la opción de la Tocata y fuga es algo más acorde con el hecho de que Mike no debía tener grandes contactos dentro del mundillo progresivo-experimental cuando se puso a componer. Por supuesto, es una impresión personal. La opción obvia es para mí la que parte de una pieza mucho más popular, como es el tema de Bach.

viernes, 24 de mayo de 2013

Tubular Bells cumple 40 años.

Sin Tubular Bells no existiría la mayor parte de álbumes que hemos comentado en este blog. Sin Tubular Bells, seguramente no existirían ni los géneros a los que pertenecen, o por lo menos no habrían sobrevivido hasta nuestros días. Hace unos 20 años que sé de la existencia de Tubular Bells, y soy consciente de que esta es una de las obras musicales que han cambiado mi vida, no solamente porque conozco a la perfección cada una de las notas que integran sus casi 50 minutos, sino porque, gracias a la imposible maravilla que logró Mike Oldfield en 1973, todos los estándares que conocía sobre la perfección en la creación artística de cualquier tipo subieron varios enteros. Después de escuchar Tubular Bells, tu grado de exigencia al escuchar otra obra musical aumenta considerablemente.

Portada levemente retocada para la reedición de 2009. Pinchar para ver a un tamaño gigantesco.

En su momento, dediqué una larga entrada a comentar el álbum en el habitual formato de crítica que suelo ofrecer por aquí, aunque era consciente (y hoy lo soy más) de lo difícil que es analizar un trabajo de su trascendencia popular. En próximas entradas realizaremos un recorrido por diversos aspectos que rodearon el nacimiento y evolución posterior del disco, aunque este es un momento perfecto para volver a escucharlo. Personalmente, debo decir que he escuchado tantas veces Tubular Bells que -tal como bromea su mecenas original Richard Branson en una reciente entrevista- siento que mi familia me va a echar de casa si lo pongo otra vez. En cualquier caso, este álbum más que cualquier otro que conozco posee la capacidad de reciclarse para nuestros sentidos cada vez que se escucha. Cada audición es una nueva experiencia tan difícil de convertir en rutina como tener una montaña rusa en el jardín para montar cuando se quiera, y creo que eso se debe a que Tubular Bells contiene tal cantidad de sensaciones musicales, tal riqueza compositiva y amplitud de tonalidades (¡y todo ello tan fascinante!) que funciona como una sucesión de pequeñas ventanas a la imaginación, algunas de las cuales son tan sutiles que permanecen escondidas durante años, esperando a una nueva ocasión para hacerse notar, aguardando seguramente a que seamos capaces de encontrarlas.

Mike Oldfield tenía gran parte de Tubular Bells en la cabeza a la edad en que los chavales de hoy siguen en la E.S.O.

Tenía un compañero en la universidad que aseguraba haber sufrido una etapa obsesiva en la que, con ocho o nueve años, se encerraba a escuchar compulsivamente Tubular Bells en su armario. Ya desde un principio, el álbum fue capaz de seducir por igual a todo tipo de aficionados sin importar edades, niveles culturales o gustos musicales. Tubular Bells no tiene género, ni edad, ni siquiera un público objetivo al que dirigirse. Hay quien lo considera un disco oscuro y quien lo entiende desde la luminosidad, aunque sigue resultando una obra un tanto opaca (o todo lo contrario) si nos empeñamos en racionalizar su magia. Su misterio sigue tan vivo como el primer día, aunque quizá sí que tenía fecha de caducidad a causa del carácter artesanal de su grabación, condicionada por los medios de la época; y sin embargo le ha ocurrido como a ese queso azul de sabor fuerte. Cuanto más moho tiene mejor sabe.

Siempre en el ojo del huracán después de muchos años de reediciones, regrabaciones y secuelas, Mike Oldfield jamás ha renegado del trabajo que lo lanzó a la fama mundial. Tubular Bells ha pesado como una losa sobre una carrera que ha dado otras obras maestras incomparables, pero Oldfield ha demostrado tener el temple suficiente para mantener la cabeza bien alta y decir "esto lo he hecho yo", y sobre todo para continuar evolucionando como músico durante las cuatro décadas transcurridas. En cualquier caso, a estas alturas estaremos de acuerdo en que, sin negar un ápice de sus méritos personales al autor, Tubular Bells ya nos pertenece un poco a todos. Tiene 40 años y sigue estando de muy buen ver.

La primera parte de Tubular Bells. No me canso.

viernes, 17 de mayo de 2013

Javi Canovas - DESERT DAWN


1. Atlas (7:52)
2. River Luccus (7:34)
3. Thar (14:10)
4. Blue Desert (5:28)
5. Fez (5:53)
6. Nouadhibou (12:47)

Este título tan exótico estaba en mis archivos -informáticos- desde hace unos meses, y no porque me interesara poco o porque no me decidiese a comentarlo. Más bien creo que he necesitado este tiempo para encontrarme con la actitud adecuada para valorarlo con justicia. Se trata del último álbum del músico canario Javi Cánovas, poseedor de una discografía bastante extensa dentro del siempre reconfortante campo de la música electrónica "clásica".

¿Reconfortante? Me refiero a que, si tenemos en cuenta que el concepto actual de música electrónica está relacionado con los DJs y las macrofiestas, el que haya compositores desarrollando su carrera en la "electronic music" tal como se entendía hace años, es algo loable. Por supuesto, algunos de los grandes pioneros de la electrónica de vanguardia en sus inicios, como Edgar Froese o Klaus Schulze, siguen en activo... pero se puede decir que están lo suficientemente asentados como artistas como para que su labor actual no sea algo arriesgado por su parte. También sucede que la sombra de estos gurús, como la del ciprés de Miguel Delibes, es alargada. Precisamente por lo fácil que es convertir un lanzamiento electrónico "clásico" actual en un tributo a tiempos mejores, gusta encontrarse con trabajos como este Desert Dawn ("Amanecer en el desierto", 2013), un álbum fresco e inspirado, libre de absurdas pretensiones grandilocuentes y que es fruto del aquí y el ahora.

Diseño para el CD. El apartado gráfico del álbum es de Nick Stevens.

Javier Cánovas Pordomingo (que internacionaliza su nombre artístico eliminando la tilde) realiza con Desert Dawn un ejercicio creativo en el que demuestra que cada músico electrónico, precisamente por el carácter aventurero que hay que tener para dedicarse a este estilo, debe explorar todas las rutas por sí mismo. Un buen músico electrónico de vanguardia, en definitiva (y así lo demuestran los hechos), tiene que comenzar poco menos que desde cero para aportar algo novedoso a su oficio. No es que Cánovas dé muestras de ser un novato en este disco, pero sí que podemos intuir en él una sana mezcla de placer compositivo y necesidad juvenil de experimentación. El músico se confiesa seguidor de las propuestas de la llamada Escuela de Berlín, y -efectivamente- descubrimos en sus composiciones un cierto carácter progresivo, más basado en la sutil combinación de texturas que en la mera combinación de melodías y ritmos.

Imagen de contraportada. En ella, Javi Cánovas dedica el álbum a la memoria de sus padres.

Desert Dawn es una plácida inmersión en paisajes exóticos que recuerdan al mundo árabe o Asia central, los oasis, las caravanas beduinas que atraviesan el desierto... Javi Cánovas combina ciertos clichés musicales recurrentes (instrumentación de cuerda orientalizante, percusiones tribales) con un sutil uso de las bases rítmicas, de modo que construye lo que podríamos llamar una "novela pulp musical" que se construye mucho más a base de lo que los oyentes de a pie relacionamos con los ambientes arábicos que sobre el auténtico folk local. No sé si el enfoque ha sido intencionado, pero en cualquier caso funciona bastante bien.

El álbum es quizá un poco mejor a la hora de crear delicados ambientes que cuando intenta ofrecer pasajes potentes a modo de danzas tradicionales. No abusa de la superposición de capas de sonido envolventes ni lima demasiado las asperezas del sintetizador en la producción, de modo que todo suena muy directo, muy "recién hecho". Si tuviésemos que apuntar algunas referencias con que compararlo, aunque sea vagamente, se podría decir que posee la limpieza y sencillez estructural de los Tangerine Dream ochenteros con la fascinación ambiental nada aburrida de Steve Roach. Salvo por la presencia de un par de temas largos con desarrollos relativamente complejos, como son Thar y Nouadhibou, los temas de Desert Dawn tienen poca relación con las oscuras épicas extraterrestres de los berlineses setenteros. Son más sencillos y más accesibles.

Despliegue del diseño de portada.

Quizá podría decirse que Javi Cánovas ofrece aquí un elegante matrimonio entre electrónica "clásica" y World Music, si bien, repito, la cosa me parece más una imaginativa evocación que una derivación estricta de lo electrónico hacia lo étnico.

Buen disco, y otro músico español al que seguir de cerca. Pueden escucharse extractos de Desert Dawn pinchando aquí.
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