viernes, 29 de junio de 2012

Philip Glass / Yo-Yo Ma - NAQOYQATSI


1. Naqoyqatsi (7:54)
2. Primacy of Number (6:50)
3. Massman (9:45)
4. New World (3:03)
5. Religion (8:59)
6. Media Weather (7:52)
7. Old World (3:08)
8. Intensive Time (8:07)
9. Point Blank (11:14)
10. The Vivid Unknown (7:06)
11. Definition (2:52)

La serie de docudramas llamada "trilogía Quatsi", iniciada en 1982 por Koyaanisqatsi y proseguida en 1988 por Powaqqatsi, continuó en 2002 con Naqoyqatsi. El director de la película fue de nuevo Godfrey Reggio, aunque en este caso ejerció como productor Steven Soderbergh (Traffic, Ocean's Eleven). La participación de Philip Glass en el proyecto era tan obligada y definitoria como la de su director. De hecho, cualquiera de estas películas puede considerarse como un esfuerzo a partes iguales entre Reggio y Glass, siendo en resumidas cuentas proyectos audiovisuales a base de imágenes y música que actúan directamente sobre las emociones del espectador, sin necesidad de diálogos o actores. 

Trailer con música original de la película.

Si en la ya mítica Koyaanisqatsi se abordaba la estresante alienación del ser humano actual, y en Powaqqatsi veíamos a la humanidad como heroico motor de desarrollo, en Naqoyqatsi tenemos ante nosotros, de nuevo, una humanidad vapuleada por los tiempos, por la tecnología punta en este caso. Parece que los atentados del 11 de septiembre de 2001 influyeron poderosamente en el equipo de producción, de cara a optimizar el resultado final (en efecto, la película atesora unas críticas magníficas). Tiene como subtítulo Life as War ("La vida como guerra"), y efectivamente se plantea una conflagración entre nuestra realidad natural y el turbulento mundo tecnológico, "falso" y agresivo, lleno de realidades virtuales que atentan de un modo u otro contra nuestra esencia. El director Godfrey Reggio recurre a gran cantidad de imágenes generadas por ordenador, con lo que la presencia en la banda sonora de un elemento orgánico de peso resulta muy interesante.

Godfrey Reggio y Philip Glass (de IMDb).

Este elemento humanizante es Yo-Yo Ma, afamadísimo violonchelista chino-francés cuya dilatada carrera y buen hacer le han acercado a menudo al mundo de las bandas sonoras de cine más populares, amén de convertirle en omnipresente en la vida social-cultural internacional (medalla impuesta por Obama incluida). Su instrumento estuvo presente en la oscarizada Tigre y Dragón, y en otros títulos fílmicos bien conocidos como Siete años en el Tibet. También tiene por ahí un disco de versiones de Ennio Morricone que antes o después comentaremos por aquí. El caso es que el minimalismo frío y colosalista de Philip Glass encuentra un contrapunto sorprendente en el chelo de Yo-Yo Ma, resultando asombrosa, por cierto, la manera en que los bucles y las notas repetidas de Glass suenan hiperdramáticas en las cuerdas del chino.

Yo-Yo Ma, promocionando relojes Rolex.

El planteamiento musical de Philip Glass es del todo coherente con las anteriores entregas de la serie fílmica, y con las obras más conocidas popularmente del músico neoyorquino. Es música clásica contemporánea, escasamente melódica pero muy potente en sus resonancias épicas, con un poso más o menos fatalista y trascendente. El tema inicial, Naqoyqatsi, es el más representativo y espectacular del álbum. Sobre unos latidos de corazón escuchamos ese profundo coro masculino de las entregas anteriores recitando esa  rarísima palabra en la lengua de los nativos americanos hopi, para pasar a continuación a unas cuantas secciones sinfónicas muy potentes, toda una obertura clásica en la que Yo-Yo Ma hace aparición hacia la mitad. Por cierto, el director de orquesta es, como casi siempre, Michael Riesman.

No obstante, el conjunto del álbum no pierde intensidad ni por un instante, y Glass incluye una rica y variada instrumentación. En Primacy of Number asistimos a un interesante uso del arpa de boca en versión digital, en un tema frenético; en otros fragmentos como Religion toman protagonismo unas acertadísimas percusiones pseudo-tribales; y también se escuchan saxofones y un didgeridoo (instrumento nativo australiano) en algún fragmento. La idea es que todos estos elementos contribuyan a humanizar una música algo más sinfónica, menos vanguardiasta, de lo que sonaba en los previos "qatsis", llevando por supuesto Yo-Yo Ma la mayor parte de este peso sobre sus hombros. Temas como los delicados New World y Old World dan fe de su capacidad expresiva. Mención aparte merece la voz solista de  Lisa Bielawa en la enorme Intensive Time.



Unos fotogramas de Naqoyqatsi.

Naqoyqatsi no es necesariamente un trabajo innovador dentro de la prolífica trayectoria de Philip Glass, aunque el compositor demuestra estar en plena forma. Por una parte acude a unas sonoridades orquestales muy propias del mundo de las bandas sonoras, más "convencionales" de lo que suele hacer normalmente; y por otro aporta tanta imaginación en la composición y en la instrumentación que consigue uno de sus trabajos más accesibles para cualquier tipo de público, sin dejar por ello su identidad en la cuneta. Cuanto más lo escucho más me gusta. En Spotify.


Naqoyqatsi.

martes, 26 de junio de 2012

30 años de Blade Runner.


Otro motivo para acordarnos de Vangelis estos días (y ya van doscientos). La mítica película de Ridley Scott de 1982 es todo un hito del género de ciencia-ficción y, aun hoy, el epítome definitivo de la estética visual del cine fantástico. Pocas veces se logró una fusión tan perfecta entre imágenes y sonido, en favor de una inmersión total del espectador en el argumento del filme. Blade Runner, treinta años después, sigue pareciendo que se rodó la semana pasada. Solamente las arrugas que hoy surcan el rostro de Harrison Ford dan testimonio de los años transcurridos, porque ningún otro elemento del mito de los ochenta -y mucho menos su música- parece haber quedado obsoleto. Quizá dentro de treinta años, y aun habiendo rebasado largamente aquella fecha de "noviembre, 2019", volvamos a sorprendernos ante lo que aquel equipo artístico logró en el '82. Un par de minutitos de fascinación:

domingo, 24 de junio de 2012

Lo nuevo y lo viejo que nos trae Vangelis.


Directamente desde el mejor blog sobre Vangelis en la red, Elsewhere, traemos la portada provisional del nuevo recopilatorio del músico griego, The Collection (ya no The Very Best) a la venta previsiblemente el 23 de julio en el Reino Unido y seguramente en muchos otros países del entorno. No es muy bonita, pero se me hace tan rara que admito que me ha gustado. Como comentábamos hace poco, se trata de un álbum doble bastante concienzudo y con algún tema nuevo. Seguramente responde a la expectación levantada por los próximos Juegos Olímpicos de Londres 2012, en los que es previsible que el tema de Carros de fuego tenga bastante protagonismo. Recordemos que la película en cuestión es uno de los mayores orgullos del cine británico, y el tema no solamente tuvo un enorme éxito en su día, sino que es, como todos sabemos, prácticamente el himno internacional no oficial del olimpismo.

Izquierda: cartel del montaje teatral de Chariots of Fire. Derecha: cubierta de la reciente edición en BluRay de la película, 
que contiene casi toda la banda sonora original en un CD extra.

A esto se une un próximo lanzamiento discográfico de Vangelis con material mayoritariamente nuevo, precisamente centrado en Chariots of Fire: la nueva música compuesta por el barbudo para la versión teatral de la película de Hugh Hudson por la que obtuvo un Oscar. Según informan en Elsewhere, sin que nada haya sido todavía confirmado del todo por la discográfica Decca, el álbum podría contener tanto la banda sonora original de la película (que será reestrenada con pompa y circunstancia en las islas el día 13 de julio) como los nuevos temas, de los que hay publicada incluso una lista completa. En teoría, también saldría a la venta el 23 de julio, el mismo día que The Collection.

Seguimos a la espera de que el reciente concierto en Qatar se transforme en alguna edición en CD y/o DVD, y hay también alguna posibilidad de que salga un CD con la más reciente banda sonora de Vangelis: Trashed, un documental de altos vuelos presentado por Jeremy Irons y centrado en la brutal cantidad de basura que nuestra civilización produce y desecha sin miramientos. Tiene visos de acaparar premios en futuros festivales. El trailer:



Actualización: el blog Audionautas ha colgado en YouTube el tema Line Open, perteneciente al single Conquest of Paradise (1992) y que estará incluido en The Collection.

jueves, 21 de junio de 2012

Juan Manuel Cidrón - SONIDO PARA ACCIONES 1


1. Cuatro escenas en el desierto de Tabernas (6:00)
2. Vendré aquí cuantas veces lo desee (3:33)
3. Cristóbal y María no están en casa (8:10)
4. Javier no llegó a la cima del Aconcagua (5:01)
5. Dentro de siete minutos y veintisiete segundos (7:27)
6. Solo por un instante (5:30)

Voy a tomarme la libertad de abordar este análisis en primera persona. No es que conozca íntimamente a Juan Manuel Cidrón, pero a lo largo de los años, la pequeñez del mundo y de la provincia de Almería hace que me haya sido imposible no toparme con su persona en más de una ocasión.

La primera vez fue gracias a un amigo y compañero de estudios que guardaba alguna relación familiar con Cidrón, y que guardaba alguno de sus discos en la excelsa colección electrónica y new age que había en casa de sus padres. Muchos de mis gustos musicales se afianzaron en su casa. Más adelante me he cruzado con este paisano músico en varias ocasiones. Es un tipo que parece ir siempre con prisas a todas partes, su melena negra y rizada al viento. Su presencia en las cuatro calles -la zona de la marcha en Almería- es muy habitual, y algo he escuchado sobre su fabulosa capacidad de ingestión de alguna marca espirituosa en el pub Vhada. En una feria del disco de la capital tenía yo en la mano el CD Zeit de Tangerine Dream; él, que andaba por allí, se detuvo y me señaló diciendo: "es un clásico". Tenía conciencia de su valía como compositor y de lo dilatado de su carrera (ambas cosas suelen ser interdependientes), aunque solamente una serie de búsquedas concienzudas en la red me hicieron consciente de que Cidrón tiene un nombre bien reconocido en el panorama actual de la música electrónica hecha en España. Y que conste que no es un localismo.

Juan Manuel Cidrón rodeado de sus aparatos. 

La serie de tres discos titulada Sonido para acciones viene a constituir el "impulso primigenio" de su carrera, en el que desarrolló su estilo personal, emparentado por voluntad propia con la Escuela de Berlín, la música cósmica y/o planeadora o, en términos menos técnicos, la música generada mediante sintetizadores que se preocupa más por las texturas que por las melodías. Hay quien considera a Cidrón como el rey del género en España y, como poco, podemos decir que no habrá muchos que le hagan la competencia.

Una interesante entrevista con Juanma Cidrón.

Sonido para acciones 1 (1989) es, como todo trabajo iniciático que se precie, un álbum que rebosa inspiración, que casi se viene a quedar pequeño a la hora de dar rienda suelta a las dignas ambiciones de su autor. No sé si por su talante patrio o por la lógica modestia de recursos del que empieza, Cidrón generalmente realiza efectivamente algo parecido a lo que podemos encontrar en un álbum de Klaus Schulze o Edgar Froese, aunque más sobrio, más carente de artificios. En este álbum en particular, de todos modos, hay un espíritu algo más dulce, menos oscurantista que el de la electrónica alemana, casi como si se buscase un equilibrio entre la exploración textural y los ambientes melódicos y coloristas de la mejor new age o del minimalismo más popular. El tema con el que comienza el disco es seguramente el más representativo del mismo: Cuatro escenas en el desierto de Tabernas, con una potente base secuencial sobre la que van sumándose progresivamente otras capas de sonido, sencilla melodía incluida. Tiene cuatro tramos bien delimitados, el primero y el tercero muy parecidos, hasta completar las cuatro escenas de las que habla. El título del tema debe hacer referencia a la utilización de este famoso desierto para rodar películas, desde los westerns de Sergio Leone a Lawrence de Arabia o Indiana Jones. Cidrón utiliza algún recurso dramático que viene a recordar lejanamente al Koyaanisqatsi de Philip Glass.

Un amanecer en el Desierto de Tabernas (Almería).

El resto de títulos es también bastante curioso, ya que parecen responder a situaciones muy concretas de ¿la vida personal del músico? El contenido musical es muy fresco y de pureza cristalina, temas muy sólidos gracias a un sutilísimo trabajo de producción en el que no sobra nada. Vendré aquí cuantas veces lo desee tiene el encanto espontáneo de unos buenos Wim Mertens o Michael Nyman. Cristóbal y María no están en casa es más meditativa, menos luminosa, con un sampleado que imita un contestador automático. Javier no llegó a la cima del Aconcagua es muy nervuda y con algún toque percusivo que le da un sabor exótico. El título de Dentro de siete minutos y veintisiete segundos es un poco en broma, ya que es un tema de ritmos concienzudos que parecen huir irremisiblemente hacia el final del corte, exactamente siete minutos y veintisiete segundos después. Y Solo por un instante es otro ejemplo de bonita melodía con un estupendo tratamiento electrónico, para terminar con un buen sabor de boca.

Por sus planteamientos sonoros, Sonido para acciones debe ser excelente para disfrutar en vinilo, con sus clics y todo, pero con ese matiz hiperrealista de los sintetizadores interpretados a pelo; lo malo es que encontrar un ejemplar puede ser harto complicado, amén de muy muy caro. Hace poco supe que Cidrón había grabado un álbum a base de sonidos caseros, a lo "música concreta", titulado Electrodoméstico, y que debe ser la apoteosis de todo lo anterior. Seguiremos informando.

Javier no llegó a la cima del Aconcagua.

Solo por un instante.
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