sábado, 31 de marzo de 2012

El pop a regañadientes de Mike Oldfield.

La carrera de Mike Oldfield es toda una excepción dentro del selecto grupo de los músicos instrumentales contemporáneos más populares. Todos los grandes han evolucionado de un modo u otro desde sus inicios hasta el momento actual, y él también, aunque durante un período muy concreto -los años ochenta-, por motivos sobre todo contractuales, tuvo una muy fuerte participación en el panorama pop convencional. ¿Cómo se explica que alguien que logra una extraordinaria fama mundial mediante composiciones instrumentales de media hora, mezcla de rock progresivo, folk y melodías de corte clásico, se dedique durante una buena porción de su trayectoria a componer (¡e incluso cantar!) temas vocales con estribillo y todo? Pensemos en ello.

Mike Oldfield en la contraportada de Islands.

Ya hemos comentado en el blog algunos primeros acercamientos de Oldfield al pop comercial, sobre todo  como parte de sus álbumes Five Miles Out (1982) y Crises (1983), aunque el primer tema en esta línea, un experimento sin mayores consecuencias según él mismo debió pensar, fue aquel I Got Rhythm de Platinum (1979), una versión de George Gershwin y eso que en él sonaban campanas tubulares y todo. La cosa es que, si en Five Miles Out estaba Family Man como parte del "todo" variado y diverso que integraba aquel álbum, es en su siguiente trabajo donde Oldfield se propone adrede la creación de varios temas cantados y radiables, si bien todavía podemos argumentar que el tema fuerte del disco era el homónimo, el largo Crises de la cara A. Sucedió que como primer single del álbum del '83 se editó Moonlight Shadow, convirtiéndose este tema no solamente en un éxito internacional, sino en uno de los clásicos indiscutibles del pop de aquella década. Todo el mundo lo ha escuchado alguna vez, sin excepción posible.

Portada original del álbum Discovery.

Y aquí es donde podemos empezar a especular. Se supone que la compañía Virgin presionó a Oldfield para que siguiese incluyendo temas pop en sus discos, y él lo hizo, también supuestamente, a regañadientes. Y sin embargo, en 1984 sale a la venta Discovery, que el músico promociona como "su mejor disco hasta la fecha", y que es totalmente vocal salvo por un tema instrumental de 10 minutos que encima suena al final del álbum, casi de incógnito. O sea, que su mejor disco (según él) es uno que está lleno de canciones pop-rock cantadas, y no creo que algo así pueda hacerse a regañadientes. Ni creo que pueda concebirse a regañadientes una serie de singles tan estupendos como Crime of Passion o Pictures in the Dark, que afianzaron el prestigio de Oldfield como autor de canciones.

Vídeo de To France.

Vídeo de Crime of Passion.

A lo mejor me equivoco, pero creo que Mike Oldfield se lanzó a la palestra pop porque le apetecía, porque los tiempos habían cambiado desde los años de sus instrumentales épicos y él quería seguir en la cresta de la ola de cualquier modo, reservándose, eso sí, un importante espacio para seguir con los instrumentales de siempre. Eso no quiere decir que la discográfica le bendijese cualquier decisión creativa que hubiese tomado (hablaremos de Amarok), pero creo que Oldfield, un señor muy veleta, siempre ha llorado más de la cuenta por lo mal que se portaron con él, cuando seguramente la opción de hacer canciones pop nunca le pareció tan mala y en ella se dejó la piel en cuatro o cinco álbumes nada desdeñables. 

Portada de Islands.

Ahí queda su siguiente superventas, Islands (1987), que repite casi al dedillo la estructura de Crises y cuenta nada menos que con Bonnie Tyler en su primer single. En el largo instrumental The Wind Chimes vuelve a dar rienda suelta a sus apetitos instrumentales como antaño, pero la cara B es toda pop, y en este caso tan convencional y comercial (aunque de gran calidad, eso sí), que muchos de los fans no terminan de darle el visto bueno.

Vídeo de Magic Touch.

Y no hablemos de Earth Moving (1989), colista entre los favoritos del músico al ser hasta hoy su único disco totalmente vocal, con el inequívoco toque Oldfield, pero poco lustroso para los seguidores de siempre. Supongo que fue la manera de "compensar" anticipadamente por la publicación del inmediatamente posterior Amarok (1990), un caótico experimento instrumental de 60 minutos que no contó con el beneplácito de la Virgin y salió a la venta casi de milagro. En este momento puntual sí que quedó claro el amargo desacuerdo entre músico y compañía, aunque hasta entonces dudo que la cosa fuese para tanto. 

Portada original de Earth Moving.

Lo de Heaven's Open (1991) sí que fue más o menos explicable. Oldfield recibió clases de canto para poner su propia voz a una colección de canciones llenas de mala leche y dobles lecturas contra la compañía que ya abandonaba. Incluso se cambió el nombre para la portada.

Portada de Heaven's Open.

Fue su personal vendetta de artista ninguneado, un álbum musicalmente flojete cuyo principal valor (salvo por algún tema notable, véase el vídeo) fue el de arma arrojadiza. Incluso el largo instrumental que contiene, titulado Music from the Balcony, es casi una parodia del anterior Amarok, lleno de samples selváticos, cortapegas de estudio y raras estridencias melódicas.

Vídeo de Heaven's Open.

Pese a todo, incluso si estamos por la labor de creernos todo lo que el Mike de hoy opina sobre su pasado, Oldfield nunca perdió su toque mágico. Con Islands y Earth Moving muchos quisieron certificar su muerte como artista rebelde y original, y después llegó Amarok, que bien podría ser su mayor obra maestra, a tapar muchísimas bocas. No olvidemos tampoco que tras su salida de Virgin se reinventó para los noventa con Tubular Bells II (1992) que -pese a quien pese- es apoteósico, y quedó claro que en ningún momento anduvo perdiendo el tiempo o quemando su inspiración con las canciones. ¡Pero si encima siguió haciendo temas pop cantados muchos años después, como Man in the Rain en 1998 o To Be Free en 2002!

Todo buen fan sabe reconocer el buen trabajo realizado en la inmensa mayoría de su material pop-rock ochentero, donde hay clásicos que le honran y engrandecen como músico. Mike Oldfield no es quien es solamente por las campanas y sus secuelas, sino también por Moonlight Shadow, To France, Family Man, Shadow on the Wall, Islands, Magic Touch, Tricks of the Light y otras tantas canciones muy distintas entre sí, pequeñas joyas que amplían sorprendentemente los registros artísticos de un compositor inigualable.

jueves, 29 de marzo de 2012

Varios artistas - DALI: THE ENDLESS ENIGMA


1. Tuna Fishing - Michael Stearns (8:46)
2. The Great Masturbator - Michel Huygen (8:48)
3. Shades of Night Descending - Walter Holland (6:29)
4. Inventions of the Mosters - Djam Karet (7:25)
5. Impressions of Africa - Loren Nerell (6:21)
6. Face of Mae West - Klaus Schulze (8:07)
7. Assumpta Corpuscularia Lapislazulina - Bo Tomlyn (6:14)
8. Birth of Liquid Desire - Steve Roach / Robert Rich (4:49)
9. The Disintegration of the Persistence of Memory - Steve Roach (4:37)
10. Rhinocerotic Figure of Phidias' "Illisos" - Steve Roach / Robert Rich (2:55)

En 1990, un año después del fallecimiento del pintor surrealista Salvador Dalí, los músicos de vanguardia Loren Nerell y Steve Roach concibieron un proyecto musical para rendir homenaje al artista de Figueres, para el que invitaron a la flor y nata de la música electrónica culta a que compusiesen un tema para un álbum conjunto; un tema que tenía que ser original y específico para este disco, y que estuviese inspirado en un cuadro en concreto, llevando (por extensión) su título. Muchos fueron los invitados, y efectivamente nos encontramos con un ramillete estupendo de músicos en Dali: The Endless Enigma, aunque algún imprescindible como Edgar Froese o Vangelis (que además conocían personalmente a Dalí) se quedaron fuera, el primero tras varias negativas hasta hoy inexplicables, el segundo, si no me equivoco, porque no le dio tiempo. Al final predominó en el disco un sonido muy "ambient".

Hace muchos años que tengo noticia de la existencia del álbum, aunque por diversas circunstancias no he podido hincarle el diente hasta hace pocos días, y me ha impresionado. No es una gozada simplemente por el elenco de figuras implicadas, sino por el planteamiento mismo de cada tema: paisajes musicales de una riqueza avasalladora, transcripciones sonoras casi milagrosas de las grandiosas visiones surrealistas plasmadas en las obras de Dalí, con sus figuras retorcidas, cuerpos humanos fragmentarios, ilusiones ópticas, objetos deformados, etc. Eso sí, cada tema es bastante difícil de describir, así que he pensado plantearme la reseña de un modo original: a continuación, los cuadros de Dalí en los que se inspira cada uno, para que cada cual se haga una idea de lo que se va a encontrar en el álbum.

Tuna Fishing (Pesca del atún), de Michael Stearns:



The Great Masturbator (El gran masturbador), de Michel Huygen:


Shades of Night Descending (Las sombras de la noche que cae), de Walter Holland:


Inventions of the Monsters (Las invenciones de los monstruos), de Djam Karet:


Impressions of Africa (Impresiones de África), de Loren Nerell:


Face of Mae West (Rostro de Mae West), de Klaus Schulze:


Assumpta Corpuscularia Lapislazulina, de Bo Tomlyn:


Birth of Liquid Desire (Nacimiento del deseo líquido), de Steve Roach y Robert Rich:


The Disintegration of the Persistence of Memory (La desintegración de la persistencia de la memoria), de Steve Roach:


Rhinocerotic Figure of Phidias' "Illisos" (Figura rinoceróntica del "Ilisos" de Fidias), de Steve Roach y Robert Rich.


Para concluir, recomiendo una visita a esta entrada antigua sobre la influencia de Salvador Dalí en la música contemporánea, en la que ya hice una primera aproximación a este álbum. No está en Spotify, pero puede encontrarse en la red con relativa facilidad. Si se puede, recomiendo su compra, ya que difícilmente defraudará a los aficionados con cierta experiencia.

martes, 27 de marzo de 2012

Secret Garden - SONGS FROM A SECRET GARDEN


1. Nocturne (3:14)
2. Pastorale (3:50)
3. Song from a Secret Garden (3:34)
4. Sigma (3:09)
5. Papillon (3:26)
6. Serenade to Spring (3:14)
7. Atlantia (3:00)
8. Heartstrings (3:21)
9. Adagio (2:58)
10. The Rap (2:33)
11. Chaconne (3:28)
12. Cantoluna (3:34)
13. Ode to Simplicity (3:55)

Soy un hombre cargado de prejuicios en lo musical. Bueno, los justos, pero los tengo. Tanto el nombre de este dúo como las portadas de sus discos -y el hecho de que participasen en el festival de Eurovisión y lo ganasen- me tiraban un pelín para atrás, haciéndome pensar que la cosa iba en plan new age hortera nórdico. Cuando he escuchado este Songs from a Secret Garden (1996) he vuelto a comprobar que las apariencias engañan y que no se puede juzgar un disco por su portada. Me ha gustado bastante, incluso me ha impresionado en algún punto, pero si le dedico esta entrada es más para alertar a otros prejuiciosos como yo que simplemente para difundir sus bondades.

Los dos componentes de Secret Garden.

Songs from a Secret Garden fue el primer álbum del dúo formado por la irlandesa Fionnuala Sherry y el Noruego Rolf Lovland, violinista ella y compositor él. El estilo del disco es un tanto indefinido, aunando música celta, música clásica "pura" y algo de new age, aunque en un estilo mucho más sobrio y elegante de lo que cabría esperar a priori. Me refiero a que no es un pastiche, un mostrenco montado a base de tópicos de los tres estilos, sino un todo bien unificado en el que ninguna de sus posibles lecturas deja en la cuneta a las otras. Hay quien define el estilo de Secret Garden como neo-clásico, aunque otros señalan el error de esta calificación, seguramente amparándose en la vocación popular (pop casi completamente instrumental, claro) de su sonido.

Vídeo oficial de Nocturne.

Hay algunos tramos vocales en Songs from a Secret Garden, como el tema inicial Nocturne, el que ganó Eurovisión pese a ser casi del todo instrumental, aunque el conjunto del álbum contiene pasajes cantados de forma más bien anecdótica. El 99% del disco consiste en temas muy clasicistas, con un toque decadentista y delicadamente almibarado, como esas pinturas de la escuela prerrafaelista de Rosetti. El nivel general es más que bueno, y no hay material de relleno. Todo lo contrario, ya que algunos temas son tan destacables que elegir un favorito puede ser complicado. La homónima Song from a Secret Garden y Pastorale pueden ser candidatas, aunque me quedo con la relativamente célebre Adagio, una arrebatadora melodía super-dulzona-pero-exquisita que escuché por primera vez, antes incluso que en el disco, en la película de culto 2046 de Wong Kar-wai.

Unas escenas de 2046. ¿Causa o efecto del éxito de Secret Garden en Asia?

Y por supuesto que me siento culpable recomendando estas blanduras, sobre todo habiendo dicho más de una vez que me decanto por cosas más complicadas, más profundas. Pero es que Songs from a Secret Garden, aun siendo insultantemente mainstream, gusta. Placer culplable podríamos llamarlo. En Spotify.

domingo, 25 de marzo de 2012

William Orbit - STRANGE CARGO


1. Via Caliente (2:36)
2. Fire and Mercy (5:12)
3. Jump Jet (2:10)
4. Silent Signals (5:57)
5. The Secret Garden (3:38)
6. Out of the Ice (3:19)
7. Scorpion (2:07)
8. Riding to Rio (3:04)
9. Jimmy's Jag (3:30)
10. The Mighty Limpopo (4:20)
11. Theme Dream (2:05)

El músico británico William M. Wainwright salió del cascarón más o menos a finales de los noventa, gracias sobre todo a su labor como productor de álbumes de otros artistas. Produjo el trabajo 13 de Blur (1999), y sobre todo el superventas Ray of Light (1998) de Madonna, además de una larga serie de temas sueltos para artistas pop de sobra conocidos. Sus fondos burbujeantes son tan característicos y reconocibles como las sábanas de sonido "ambient" que utiliza Brian Eno en sus producciones, si bien Orbit no llega ni de lejos -al menos a día de hoy- al nivel de popularidad de su compatriota. Lo más conocido dentro de su trayectoria como músico en solitario, amén de sus dos álbumes con versiones de música clásica titulados Pieces in a Modern Style, es su serie de álbumes Strange Cargo. Este es el primero de ellos.

Publicado en 1987, Strange Cargo es la clase de álbum experimental que un músico emergente y consciente de sus posibilidades lanza para darse a conocer, para hacerse valer e ir haciéndose un nombre. Este es su defecto principal, ya que está planteado como un muestrario de moquetas en el que nos hacemos una idea de su talento sin que ninguna de las composiciones llegue a un gran nivel de profundidad o desarrollo. No obstante, y a pesar de su instrascendencia conceptual, no se trata del primer álbum de Orbit, sino del segundo. El primero, titulado simplemente Orbit, salió a la venta el mismo año (poco antes) y en la actualidad el compositor reniega abiertamente de él, calificándolo de "solo para completistas".

William Orbit

Strange Cargo alterna de manera más o menos equilibrada temas rítmicos con piezas ambientales, demostrando en cada una un gran manejo de la instrumentación (sobre todo teclados y alguna guitarra) y de los arreglos electrónicos. Comienza con la divertida y casi latina Via Caliente, que consiste en una muy agradable melodía de guitarra bajo la que se aprecian ya los arreglos característicos de la casa Orbit. Fire and Mercy es más electrónica, un poquillo más viejuna, con loops electrónicos de los de la época y hasta un lejano regusto a lo Corrupción en MiamiJump Jet podría haber sido sacada del mismo universo de Another Green World de Eno; y Silent Signals de algún rincón del Antarctica de Vangelis. The Secret Garden es bastante bonita, muy cuidada en su intimismo. Out of the Ice bien podría provenir de algún trabajo ochentero de Tangerine Dream como Le Parc, u otra vez de alguna persecución en lanchas a cargo de Sony Crockett y Ricardo Tubbs. Scorpion, a base de secuencias, podría haber sido uno de esos temas-nexo que utilizaba Jarre en sus álbumes clásicos. Riding to Rio retoma el sabor exótico de Via Caliente, aunque en este caso mucho más chill-out; una delicia para los amantes del relax ibicenco. Jimmy's Jag sorprende por su guitarra eléctrica muy distorsionada; The Mighty Limpopo por su estático y colorista paisaje oriental; y Theme Dream por ser, casi deliberadamente según su título, un homenaje en toda regla a ciertos trabajos de la banda de Edgar Froese.

No pretendía quitarle méritos ni poner en duda su autenticidad al recurrir a comparaciones familiares, ya que, en su conjunto, Strange Cargo es un álbum muy salvable, un pequeño clásico para algunos entendidos. Puede enmarcarse perfectamente en el contexto musical de su tiempo, a su pesar en algún momento, ya que hay fragmentos que han envejecido a trancas y barrancas. Como comentaba, lo peor del álbum es que uno no acierta a descubrir cual es su idea general, de dónde viene y hacia dónde va. Para mi gusto le falta algo, pero aun así tiene mis respetos. En Spotify.


Via Caliente.
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