viernes, 25 de noviembre de 2011

Las sinfonías de los planetas.

Portada del estuche con la colección completa, en 5 CDs.

No creo que haya comentado nunca una obra musical que se ajuste de forma tan perfecta al título del blog. Y lo de "obra musical" es aquí más discutible que nunca, considerando que se trata de una grabación de campo realizada por las sondas espaciales Voyager, con arreglos (llamémoslos así) de la NASA. 

¿Y qué rayos es esto? Pues se trata literalmente de la música de las esferas que Platón, Cicerón, Kepler o Newton intuyeron desde el punto de vista de la ciencia. La vida imita al arte, y resulta que los planetas emiten ondas que pueden ser registradas como sonidos audibles por el ser humano. Los campos electromagnéticos de las atmósferas, el viento solar, el plasma del vacío interplanetario, las gigantescas mareas de la gravedad en los gigantes gaseosos y sus lunas heladas más allá del cinturón de asteroides...  todo ello fue dejando una impronta sonora en los sensores de las sondas Voyager durante las décadas de los setenta y ochenta mientras se aproximaban poco a poco hacia el vacío interestelar, fuera de nuestro Sistema Solar, en el que se encuentran ahora. No perderemos del todo el contacto con ambas sondas hasta alrededor de 2025, y de momento ya han llegado mucho más allá de lo que cualquier ser humano puede siquiera imaginar. Alguien tuvo la feliz idea de editar estos sonidos para crear estas extrañas sinfonías que son el summum total de la música concreta.

Portada del primer CD, en la edición individual. ¿Se vendieron por separado los 5 CDs?

Escuchar las largas grabaciones contenidas en esta colección pone los vellos como escarpias, ya que los sonidos reales del espacio parecen surgir de ese mundo eternamente solitario y abismal con la misma capacidad "relajante" que poseen esos sonidos de ballenas y oleajes que todos conocemos de la new age de toda la vida. Pero aquí los zumbidos, los chasquidos de estática, los vientos que llegan y se van, están producidos por esferas tan enormes que nuestro planeta cabe en su interior varias decenas de veces, por el sutil y perfecto roce que los astros producen al vagar por sus invisibles raíles en el vacío. Sé que me estoy poniendo dramático, pero aseguro que la cosa es para tanto, y para mucho más.

Escuché estas sorprendentes grabaciones gracias al desaparecido blog Zamboni Soundtracks, hace un par de años, y desde entonces he estado preguntándome si debía reseñar en mi página unos álbumes que ni siquiera sabía si los lectores podrían conseguir. He confirmado que Symphonies of the Planets (1992) está descatalogado, pero veo que es muy fácil de descargar en multitud de sitios web, así que os invito a descubrir la colección en su totalidad. Es impagable, e incluso produce vértigo.

El disco de oro de las sondas Voyager.

Como curiosidad, recordar que las sondas Voyager 1 y 2 llevan acopladas en sus carcasas dos placas de oro en forma de disco, con grabados que "envían un saludo" a otras civilizaciones que puedan interceptarlas durante su viaje, idea de un comité científico presidido por Carl Sagan. La curiosidad a la que me refiero es que las sondas contienen también un muestrario de sonidos de nuestro planeta en la otra cara del disco, tanto naturales como musicales (música clásica y étnica, sobre todo, para que esas otras civilizaciones nos conozcan mejor) que se reproducen como un LP convencional, y no deja de ser interesante que el universo, al menos su parte no habitada, ya nos ha enviado a cambio su propia música. En Spotify tienen un buen trozo, y en YouTube puede escucharse buena parte (tal vez la totalidad) de las grabaciones, como por ejemplo esta muestra:

jueves, 24 de noviembre de 2011

Toto / Brian Eno - DUNE


1. Prologue (1:51)
2. Main Title (1:21)
3. Robot Fight (1:12)
4. Leto's Theme (1:46)
5. The Box (2:40)
6. The Floating Fat Man (The Baron) (1:24)
7. Trip to Arrakis (2:37)
8. First Attack (2:46)
9. Prophecy Theme (4:26)
10. Dune (Desert Theme) (5:31)
11. Paul Meets Chani (3:07)
12. Prelude (Take my Hand) (1:01)
13. Paul Takes the Water of Life (2:52)
14. Big Battle (3:08)
15. Paul Kills Feyd (1:53)
16. Final Dream (1:24)
17. Take my Hand (2:41)

Puestos en faena con las bandas sonoras más curiosas de los ochenta, no puede faltar esta pequeña joya realizada para la controvertida adaptación del clásico de ciencia-ficción Dune, a cargo del perro verde David Lynch. En este caso es muy necesario ponernos en antecedentes para ver cómo llegó el proyecto a manos del grupo de pop-rock progresivo Toto. Sé algo sobre la película, y estoy en posición de hacer mi propia crítica de esta banda sonora que he escuchado muchísimas veces, aunque sobre Toto no sé demasiado, así que remito a los interesados a la Wikipedia o similares, si lo que quieren es ilustrarse sobre la vida y milagros de sus componentes. Total, es probable que no saquen mucho en claro respecto al álbum, ya que es una rareza absoluta en su discografía.

La idea de adaptar Dune, la aclamada novela de Frank Herbert sobre el enfrentamiento de las casas Atreides y Harkonnen en el año 10.000 y pico en el desértico planeta Arrakis, surgió en los setenta como proyecto soñado del polifacético Alejandro Jodorowsky, que planeaba una especie de epifanía psicodélica encarnada en una película grandiosa, carísima, con Dalí y Orson Welles en el reparto, y con música de... sí, otra vez sacamos a colación a Pink Floyd. Con el tiempo, y habiéndose quedado la cosa en agua de borrajas al colapsarse por su propio peso insostenible, Dino De Laurentiis tomó cartas en el asunto y ofreció lo poco que se había hecho en muchos años con Dune a Ridley Scott, que la rechazó para rodar Blade Runner, y cayó en manos de Lynch, que a su vez rechazó para ello la realización de El retorno del jedi. Su película Dune se estrenó en 1984 tras muchas reescrituras del guión, problemas con el montaje y mil problemas más que la convirtieron en un disparate narrativo y un fracaso comercial muy sonado. No obstante, hay muchas cosas que se salvan de aquella película, como su banda sonora, y con los años ha ido ganando pedigrí entre los cinéfilos.

Portada de una edición expandida.

¿Por qué demonios Toto? Primero porque era una alternativa "barata" (que no se me enfaden los fans) a Waters, Gilmour y compañía; segundo, porque en los ochenta estaban de moda las bandas sonoras raritas con elementos pop, desde el Flash Gordon de Queen a la ya comentada Lady Halcón, con Andrew Powell y Alan Parsons, pasando por el batiburrillo que montó Giorgio Moroder para la restauración del clásico mudo Metrópolis o los experimentos fílmicos de Tangerine Dream en Legend o Mike Oldfield en Los gritos del silencio. Simplemente se llevaba probar cosas nuevas, y no todas salieron igual de bien. Pero esta sí, porque la música de Toto (que probablemente se asustaron bastante ante la escala del encargo) casa de manera casi milagrosa con las atmósferas enrarecidas de David Lynch, tanto en las partes más ambientales como en las fanfarrias épicas rockeras. El propio cineasta metió mano en más de un momento, no siempre para bien, pero el balance general es mucho más que positivo. Se puede decir incluso que su música ha ayudado a Dune a convertirse en película de culto mucho más que otras cosas, precisamente por su excelente efectividad.

Uno de los carteles de la película.

La música de Dune es una exquisita fantasía musical de ciencia-ficción, mezcla de música electrónica, música clásica (aportada por la Orquesta Sinfónica de Viena, nada menos) y algo de rock, aunque tan discreto es este último toque que las guitarras eléctricas parecen estar presentes mucho más para dar empaque a la orquesta que para reivindicar el sonido de una banda del género. El conjunto es estupendo, una gozada que hace volar la imaginación de manera sorprendente, desde el Main Title hasta la algo convencional -pero resultona- balada instrumental para los créditos finales. Por el camino nos encontramos maravillas como Leto's Theme, solemne y delicada, The Floating Fat Man con su sabor como a Bach, la ominosa Trip to Arrakis con sus coros, la espectacularísima Big Battle, las geniales piezas de acción con toques tribales Robot Fight y Paul Kills Feyd... incluso en las composiciones incidentales como The Box los de Toto dan en el clavo rotundamente. Mención aparte merecen Dune (Desert Theme), que desentona bastante y no creo que se incluyese en la película; y Prophecy Theme, obra ambiental bastante lograda de Brian Eno, que ahonda en el misticismo mesiánico de Paul Atreides y añade profundidad al conjunto pese a que se nota que es un añadido. Ediciones posteriores del álbum la han eliminado, por lo que recomiendo la adquisición de la versión original, cuya portada encabeza esta entrada.

Estupendo montaje amateur sobre el tema de Brian Eno. No perdérselo. Ni este.

Tal y como sucede con la propia película, que posee una versión extendida bastante interesante, circulan algunas versiones expandidas de su banda sonora. Esto puede deberse tanto a que el álbum original estaba muy recortado, como a que algunas de las ediciones en CD tenían una calidad de sonido pésima. Este disco es todo un descubrimiento para quien no lo conozca, así que lo recomiendo fervientemente. Es de los gordos. En Spotify.

martes, 22 de noviembre de 2011

Andrew Powell / Alan Parsons - LADYHAWKE


1. Main Title (2:59)
2. Phillippe's Escape (1:40)
3. The Search for Philippe (3:25)
4. Tavern Fight (Philippe) (2:08)
5. Tavern Fight (Navarre) (2:38)
6. Pitou's Woods (4:04)
7. Phillippe Describes Isabeau (1:11)
8. Bishop's Procession (2:50)
9. Wedding Music (1:41)
10. Navarre's Ambush (4:53)
11. Imperius Removes Arrow (1:33)
12. Chase / Fall / Transformation (2:06)
13. Cezar's Woods (5:29)
14. She Was Sad at First (2:06)
15. Navarre Returns to Aquila (1:36)
16. Turret Chase / The Fall - Film Version (2:46)
17. Wolf Trapped on Ice (2:34)
18. Navarre and Isabeau's Duall Transformation (2:06)
19. Navarre and Marquet Duel (4:22)
20. Marquet's Death (1:59)
21. Bishop's Death (2:26)
22. Final Reunion / End Title (8:14)
23. Ladyhawke Theme (Single Version) (3:35)


Lady Halcón (1985) es una de esas películas que felizmente recordamos como "estupendos divertimentos de los ochenta", una de esas películas que sin ser maravillas absolutas del séptimo arte eran capaces de reunir unos aspectos formales muy cuidados con una historia original y entretenida. No en vano, su director Richard Donner fue responsable también de uno de los colosos generacionales de la época, Los Goonies.

Ambientada en una Edad Media realista pero con importantes pinceladas mágicas, Lady Halcón es una de las mejores películas del subgénero espada-y-brujería que recuerdo. Hoy en día suelen hacerse cosas bastante más convencionales y esquemáticas en el cine comercial, como siguiendo una línea previamente marcada para que el público no se sienta agredido. Aquí no es que se asuman grandes riesgos, pero sí alguno que otro. Por ejemplo, una banda sonora que mezcla pop y rock progresivo con instrumentación clásica tradicional. La polémica está servida.

El encargo de la música de Lady Halcón cayó en manos de Andrew Powell, orquestador de lujo que ha trabajado con músicos tan conocidos como Al Stewart, Kate Bush, David Gilmour o Chris Rea. Sin embargo, tengo clarísimo que los productores de la película contrataron a Powell porque con él iba de la mano el mítico Alan Parsons. No en vano, y pese a las colaboraciones antes mencionadas, Powell era el tercer elemento de cualquier disco de The Alan Parsons Project, justo detrás del tándem Parsons-Woolfson, e incluso a la par de ambos en algún punto. Suya es la larga suite instrumental The Fall of the House of Usher de Tales of Mystery and Imagination. Edgar Allan Poe, y las estupendas piezas instrumentales que jalonan todos los álbumes del Project son también cosa suya.

Rutger Hauer y Michelle Pfeiffer como Navarre e Isabeau, en una foto de la carpeta del CD.

La banda sonora de Ladyhawke está compuesta por Powell y cuenta con el inconfundible sonido del productor Alan Parsons, con los arreglos de sintetizador, guitarra eléctrica y batería sobre cuerdas sinfónicas que siempre han sido definitorios de The Alan Parsons Project. El Main Title, o Ladyhawke Theme, es la mejor prueba de que esta banda sonora, vaya quien vaya por delante en los créditos de la portada, es un producto de este equipo creador de obras conceptuales setenteras. Ni siquiera tiene una melodía, sino que es una simple base rítmica muy poderosa sobre la que se van añadiendo diferentes arreglos, y el resultado es genial. Ya desde que suena al principio de la película sabes que no vas a ver cualquier cosa.

Durante el resto de la partitura seguimos encontrando pinceladas estilo Parsons, aunque son los tratamientos orquestales de toda la vida los que ganan la partida en más de una ocasión. Y son muy bonitos, por cierto, muy melódicos en la línea del cuento fantástico que narran las imágenes. Pero hay que hacer honor a la verdad, y decir que Ladyhawke fue muy vilipendiada en su día por su música discordantemente anacrónica, a veces capaz de sacarte por completo de la ambientación de las escenas. Según algunos, e incluso vista desde el punto de vista del fan del rock progresivo, la B.S.O. de Lady Halcón es muy simple, casi ramplona a ratos en sus pasajes de sintetizador. Este álbum ni siquiera ha sido reeditado con demasiada regularidad, ya que en algunos casos las críticas en su contra se han elevado al tono del chiste.

Portada de la edición original, algo más corta.

Personalmente, escuché el disco en mi etapa de descubrimiento del progresivo, y teniendo en cuenta que The Alan Parsons Project siempre me ha resultado agradable, no puedo hablar mal de Ladyhawke. Quizá no funciona bien en la película, y quizá (admito) no sea una maravilla como mezcla de rock y música orquestal, ni uno de los trabajos más emblemáticos bajo el sello de Alan Parsons, pero siento decirlo: este disco me gusta.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Suzanne Ciani - SEVEN WAVES


1. The First Wave: Birth of Venus (5:03)
2. The Second Wave: Sirens (7:18)
3. The Third Wave: Love in the Waves (5:16)
4. The Fourth Wave: Wind in the Sea (3:47)
5. The Fifth Wave: Water Lullaby (5:48)
6. The Sixth Wave: Deep in the Sea (7:04)
7. The Seventh Wave: Sailing Away (6:34)

Los inicios de todo músico vanguardista son difíciles por definición. Y si encima eres mujer, peor que peor. Que se lo digan a Suzanne Ciani, que antes de convertirse en una de las primeras figuras internacionales de la new age tuvo que andar dando tumbos entre diversas ocupaciones que la colocasen en la línea de salida. 

Para empezar, y pese a ser una estudiosa académica de la música clásica que llegó a especializarse -académicamente también- en el uso de sintetizadores cuando todavía esta tecnología estaba en pañales, Ciani se vio obligada a tomar la decisión de crear su propia productora, a la vista del recelo que su condición femenina suscitaba en el gremio técnico del pop-rock. Su modesta compañía Ciani/Música se dedicó a componer pequeñas piezas para publicidad y jingles para marcas comerciales con relativo éxito, y la artista tuvo que sacar tiempo de donde no lo había para realizar un primer álbum de estudio propio. Con los años, esta artista que un día fue una sagaz experimentadora se ha acomodado con solidez dentro del mainstream instrumental actual.

Suzanne Ciani en sus años mozos.

Seven Waves (1982) es el resultado de los esfuerzos iniciales de Suzanne Ciani, y uno de sus álbumes más conocidos. Se enmarca plenamente en lo que podríamos denominar "new age norteamericana", en general caracterizada por su carácter ambiental y romántico, más bien sosete (que no malo, ojo) y orientada básicamente al relax. Seven Waves es un caso importante, ya que su aparición temprana dentro del movimiento lo convierte, por deducción diría yo, en uno de los álbumes definitorios del género. Ella se lo guisó y ella se lo comió, junto a varios miles de japoneses que lo convirtieron en nº1, otorgándole un sólido espaldarazo de cara a continuar una carrera que la ha puesto donde está hoy en día. 

Portada alternativa.

El sonido de Seven Waves es dulce, dulcísimo incluso, melódico, clasicista y tan efectivamente predecible como todo trabajo new age puro debe ser. Sabes que no va a haber sorpresas, y eso no es malo si lo que deseas es tumbarte y dejarte llevar por los oleajes y sedas sintéticas de esta interesante autora italoamericana. Puedes perderte en las acuarelas marinas de Seven Waves con la misma facilidad con que nuestra mente se ve transportada al poner la oreja sobre la boca de una caracola. En el álbum escuchamos, por cierto, el sonido del sintetizador que la propia Ciani diseñó en sus años universitarios a través de la inspiración de Don Buchla, pionero de la electrónica y mentor suyo, que fue bautizado en su honor como "Buchla". 

Sin aristas puntiagudas ni filos cortantes, Seven Waves sigue siendo visto hoy en día como uno de los álbumes fundamentales de la new age en todo el mundo, un pelín descafeinado tal vez para quienes gusten de algo con más fondo, pero sin duda muy meritorio y digno de alabanza y atención en cada escucha. En Spotify.
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