miércoles, 27 de abril de 2011

Roger Waters - ÇA IRA


CD 1 (Primer acto)

1. The Gathering Storm
2. Overture (4:06)
3. Scene 1: A Garden in Vienna 1765 (0:53)
4. Madame Antoine, Madame Antoine (2:53)
5. Scene 2: Kings Sticks and Birds (2:41)
6. Honest Bird, Simple Bird (2:10)
7. I Want to Be King (2:37)
8. Let Us Break All the Shields (1:45)
9. Scene 3: The Grievances of the People (4:40)
10. Scene 4: France in Disarray (2:34)
11. To Laugh is to Know How to Live (1:44)S
12. Slavers, Landlords, Bigots at Your Door (3:36)
13. Scene 5: The Fall of the Bastille (1:34)
14. To Freeze in the Dead of Night (2:19)
15. So to the Streets in the Pouring Rain (4:17)

(Segundo acto)

16. Scene 1: Dances and Marches (2:11)
17. Now Hear Ye! (2:18)
18. Flushed with Wine (4:31)
19. Scene 2: The Letter (1:39)
20. My Dear Cousin Bourbon of Spain (2:48)
21. The Ship of State is All at Sea (1:46)
22. Scene 3: Silver Sugar and Indigo (0:55)
23. To the Windward Isles (4:50)
24. Scene 4: The Papal Edict (1:17)
25. In Paris There's a Rumble Under the Ground (6:19)

CD 2 (Tercer acto)

1. Scene 1: The Fugitive King (2:21)
2. But the Marquis of Boulli Has a Trump Card Up His Sleeve (4:27)
3. To Take Your Hat Off (2:40)
4. The Echoes Never Fade from that Fusillade (3:15)
5. Scene 2: The Commune de Paris (2:43)
6. Vive la Commune de Paris (3:16)
7. The National Assembly is Confused (2:41)
8. Scene 3: The Execution of Louis Capet (1:39)
9. Adieu Louis for You It's Over (3:45)
10. Scene 4: Marie Antoinette - The Last Night on Earth (1:39)
11. Adieu my Good and Tender Sister (5:09)
12. Scene 5: Liberty (2:51)
13. And in the Bushes Where They Survive (6:52)

"Antes del subir y bajar de la guillotina, antes de que se impusiera el terror, estaba El Pueblo. Ellos lucharon por un mundo mejor basado en los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, en lugar de uno gobernado por una nobleza rancia y caduca. Es esta historia de esperanza y promesa la que inspira ÇA IRA (...)"

Texto de la contraportada del CD

El megalómano de Roger Waters no ha sido ni será el primer músico de la esfera pop-rock que se pasa puntualmente a la música clásica, aunque hay que admitir que no todos se arriesgan con algo tan complejo como una ópera. Waters, miembro fundador de Pink Floyd, cobró fama de ególatra tras su dictatorial mandato como líder de la banda en los setenta, pese a ser el principal autor de The Wall (1979), el tercer álbum más vendido de todos los tiempos y arquetipo de obra conceptual mastodóntica. En The Wall, Waters convierte al resto del grupo (salvo por varias brillanteces de David Gilmour) en un instrumento a su servicio, situación que debió volverse insostenible en The Final Cut (1983). El teclista de Pink Floyd, el siempre recordado Rick Wright, llegó a afirmar que Roger Waters -que le había expulsado literalmente de la banda- era la persona más fascista que conocía. Y sin embargo, Waters ha dado muestras a menudo de tener una ideología política más que progresista.

Contraportada.

Ça Ira puede considerarse como el trabajo más ambicioso de Roger Waters tras el inicio de su andadura como solista. Junto a Waters, aparecen como coautores del libreto sus amigos Étienne y Nadine Roda-Gil, aunque se supone que el primero es su principal responsable. El hecho de que esta ópera en tres actos fuese compuesta a finales de los ochenta y no saliese publicada en álbum hasta 2005 da una idea del aura mítica que llegó a crear entre los seguidores del músico. Ça Ira significa algo así como "seguirá adelante", y en inglés lleva el subtítulo de There Is Hope, "hay esperanza". Se trata de una obra muy extensa que describe a grandes rasgos el desarrollo temprano de la Revolución Francesa, tomando según la escena distintos puntos de vista, tanto del pueblo llano de París como de la familia real, con cuyo paso por la guillotina termina el tercer acto. Waters no ahorra en grandilocuencia a la hora de ambientar su obra, y al final ésta posee una espectacularidad innegable.


Diseños del estuche del CD, basados siempre en pájaros.

Según nos informa la Wikipedia, Ça Ira se escuchó por primera vez en un acto oficial en Malta, en 2004 aunque no fue representada en su totalidad hasta 2005, en Roma. Más tarde, en 2006, el montaje de esta ópera en Polonia fue retransmitido por televisión, con un carísimo montaje que incluía vestuarios y objetos de época diseñados para la ocasión, e incluso caballos, carros, etc. Todo grande, todo caro y con éxitos de público, aunque a algunos críticos les pareció que Waters no terminó de madurar su idea y se quedó en exponer convencionalismos propios de un frío libro de historia. Por cierto, la ópera tiene dos versiones: una en francés (creo que la original) y otra en inglés.

Cartel del montaje polaco de Ça Ira.

Yo la he escuchado en CD bastantes veces, y debo decir que es un trabajo que me gusta. Algunos fragmentos me resultan especialmente buenos, como la obertura y la escena tercera, aunque en conjunto se trata de una creación musical accesible y fácil de disfrutar por cualquier oyente habitual del repertorio clásico. Y eso es lo preocupante, que cuando se escucha cualquier otra ópera se necesita algo de preparación, algo de "hábito" respecto al género lírico, pero esta Ça Ira entra con demasiada facilidad por sus raíces claramente populares. Roger Waters no logra -quiza nunca pretendió- componer una verdadera ópera como las de Puccini o Wagner, sino una obra más o menos operística que dijese en todo momento "esto es obra de un rockero", con toda la dignidad que ello conlleva y que yo no discuto. Prácticamente cada fragmento de Ça Ira es entendido como una canción pop pese al indudable talento académico de los cantantes líricos (el barítono Bryn Terfel, la soprano Ying Huang y el tenor Paul Groves) siempre con melodías demasiado estructuradas (¿previsibles?) que le restan algo del dramatismo propio de la gran ópera decimonónica.

Otro pájaro.

La ópera de Waters, por cierto, tampoco termina de encajar en los cánones que este género ha ido desarrollando durante el rupturista siglo XX, sino que suena antigua, como un revival de los clásicos. Si nos ponemos exigentes, incluso podemos llegar a afimar que Ça Ira solamente se diferencia de un buen musical de Broadway por las cualidades de sus voces y la potencia de los arreglos para orquesta sinfónica y coros, y algunos momentos en concreto también tienen resonancia de banda sonora hollywoodiense. Ahora que lo pienso, a Waters le habría quedado de lujo si hubiese compuesto una ópera sobre la guerra de independencia norteamericana...

Y también algunos soldados.

Entonces, ¿qué hacemos con Ça Ira? Quizá lo mejor sea no entrar a valorar su peso como ópera en el sentido estrictamente académico, sino simplemente disfrutarla como un magnífico álbum conceptual para orquesta sinfónica; o hasta una enorme ópera rock en la que hemos sustituido a los cantantes habituales. En Spotify en su versión en francés, y a continuación, la obertura y un fragmento.


viernes, 22 de abril de 2011

Robert Miles - DREAMLAND


1. Children (Dream Version) (7:05)
2. Fable (Message Version) (6:23)
3. Fantasya (5:44)
4. Landscape (6:02)
5. In my Dreams (6:15)
6. One and One (4:00)
7. Princess of Light (6:21)
8. Fable (Dream Version) (7:13)
9. In the Dawn (8:00)
10. Children (Original Version) (6:20)
11. Red Zone (6:57)

Como lo que da cuerpo a este blog es la niebla que divide las fronteras entre los géneros musicales, nos toca hablar de Dreamland (1996), disco fundamental en lo que fue la evolución de la música electrónica en los noventa y cuyas ambiciones "ecuménicas" son, como poco, reseñables.

Dreamland es el primer álbum del músico italiano Roberto Concina. Concina, nacido en Suiza, desarrolló su técnica al piano desde la infancia, y cuando fue entrando en la edad adulta se inclinó por la escena electrónica, la de los clubes y los DJs de la música de baile que se hacían fuertes en Europa a finales de los ochenta. Bajo el seudónimo de Robert Miles, más internacional, Concina dio el salto a la fama en el '94 con el tema Children. Se trata de una pieza con ritmo y producción electrónica y de baile que, sin embargo, posee un alma dulce encarnada en una sencilla melodía de piano. Personalmente, puedo recordar que en aquellos años andábamos fritos en España con todo el revuelo de la "ruta del bakalao" y la tramolla pachanguera que acompañaba aquel florecimiento de lo machacón y cutre en las discotecas de moda, donde nombres como el de Chimo Bayo eran ídolos de la juventud mientras en las listas de ventas triunfaban colecciones techno-dance de bajísima calidad como la titulada Máquina total. Además, todo aquello parecía no tener fin e ir cada vez en una dirección peor, hacia el ridículo más absoluto. Children, cuyo planteamiento rítmico esencial era parecido, no fue la solución; pero admito que fue refrescante.

Portada alternativa de alguna de las muchas ediciones del CD.

Robert Miles era asociado en los medios por un género que seguramente acababa de surgir de sus propias manos, el "dream". El dream viene a ser una mezcla de música trance con techno y algo de ambient, todo fusionado de forma más bien gruesa (que no grosera) para recrear una atmósfera delicada, propia de lo que un Tony Manero de entonces habría llamado "new age" a su medida. Es evidente que a los jovenzuelos que entonces consumían pastillas mientras cantaban lo de "vente de vareta con la tía Enriqueta" no iban a pasar jamás de los jamases por el aro de la verdadera música new age de los sellos especializados, con lo que Miles dio en el clavo a la hora de proveer a toda aquella masa pueril de una alternativa algo más dulce y relajada a lo que escuchaban normalmente. También es de suponer que Children hizo su agosto en estas salas llamadas entonces chill-out con las que contaban algunas discotecas importantes, y en las que la gente aprovechaba para descansar un poco, entablar conversaciones con los ligues recientes o tomar una copa sentaditos en enormes cojines y pufs.

Vídeo oficial de Children.

Vídeo oficial de Fable.

Vídeo oficial de One and One.

Children vendió 30.000 copias en dos semanas y sería posteriormente reconocido como el single de más éxito en todo el mundo de 1996, además de proveer a su autor con montones de discos de oro y platino, y premios varios. La compañía BMG no tardó en meter prisas a Robert Miles para que publicase un álbum completo. Se trató de Dreamland, título que hacía honor al género recién implantado, y que puede entenderse como un único tema electrónico con escasas variaciones que, a su vez, contaban con títulos propios. Miles no arriesgó mucho con el álbum, aunque consiguió un trabajo efectivo y otro single de éxito titulado Fable, que era prácticamente igual que Children pero con otra melodía.

Portada de uno de los singles que recogieron el tema Children.

Además, buscando el éxito en Estados Unidos, se añadió un tema vocal a la lista de temas oficial de la versión europea del CD. Se tituló One and One (también escrito One & One), y salvo por el hecho de que su estilo -tanto en lo vocal como en lo instrumental- fue copiado diez mil veces en los peores antros poligoneros del mundo, podría ser la mejor composición de Dreamland. Es hermosa y equilibrada, llena de luminosidad y colorido que deben tanto a la calidad de ciertos pasajes instrumentales como a la voz dulce de Maria Nayler. Y repito, One and One ha sido tan imitada y con resultados tan espeluznantes que jamás sonará otra vez como sonó entonces. One and One se incluyó también en Dreamland - The Winter Edition, editado en Alemania para sacar mayores réditos al pelotazo de Miles, y engrosando de paso la enorme cantidad de ediciones con portadas y tracklists distintas que ya llevaba encima aquel trabajo.

La edición "invernal" de Dreamland, con el libreto desplegado.

No tengo noticia de que Robert Miles haya vuelto a tener una relevancia internacional tan grande como la de entonces en todo el mundo, aunque ha publicado más álbumes y su nombre sigue vivo en el mundillo de los remixes. ¿Y qué pasó con el subgénero dream? Pues supongo que el propio Concina lo creó y lo destruyó. Rompió el molde, ya que casi todo lo que se ha hecho después ha sonado exactamente igual, y normalmente bastante peor. No es de extrañar que dentro de esa tierra estéril que es la música de baile pura y dura la ocurrencia etérea de Miles no arraigara ni desprendiese semillas al viento. El inmovilismo de unos patrones rítmicos que permanecen inalterados desde hace décadas, el empleo nada imaginativo de sampleados cortados por un mismo patrón y, sobre todo, su concepción desde el principio como una "música para fines específicos" hacen aun hoy en día que, pese a que existen artistas y grupos que luchan loablemente por ofrecer alternativas, la música de baile siga siendo un erial para quienes preferimos disfrutar de la música como arte. No diré si Dreamland es un disco que recomiendo mucho o poco; solamente diré que, puestos en los noventa a mezclar la electrónica con algo más "espiritual", mejor lo hizo Robert Miles que alguna de las múltiples imitaciones de Enigma. En Spotify.

domingo, 17 de abril de 2011

Lanzamientos, reediciones, etc.

Después de la sobredosis de Star Wars (lo siento, pero puestos a comentar una, había que comentarlas todas) corremos un tupido velo para comentar algunos lanzamientos de estos días.


Por una parte tenemos el álbum de remixes de Tron Legacy, a la venta desde el 5 de abril, que cuenta con una buena cantidad de los temas originales de Daft Punk reelaborados por gente de la fama de Paul Oakenfold y Moby. No soy nada partidario de realizar remezclas en la línea de lo que hacen los DJs como en este caso, que suelen tomar un sample representativo de la melodía principal y repetirlo con un ritmo machacón durante cinco o seis minutos, sin que esa melodía llegue a evolucionar. Yo a eso no le llamaría remix, pero bueno, si consideramos que la de Tron Legacy es una de las bandas sonoras más interesantes que se han escuchado últimamente, este Tron Legacy Reconfigur3d no deja de tener su aquel.


Por otra parte, decir que Arthur Jeffes y su Penguin Cafe están dando nuevos aires a la vieja discoteca de la banda original, y desde comienzos de este mes se pueden adquirir las ediciones remasterizadas de Union Cafe, Concert Program y Piano Music. Union Cafe fue el último lanzamiento de estudio de la banda de Simon, uno de los más largos y complejos de los pingüinos, con clasicazos como Scherzo and Trio y la exquisita, maravillosa, incomparable Lifeboat (Lover's Rock). Concert Program es un álbum doble en directo, tan bueno como se podía esperar de él, y Piano Music es una colección de temas para piano grabados por Simon Jeffes en distintos momentos de su carrera -algunos grabados por la Penguin Cafe Orchestra y otros no- y editado originalmente tras la muerte del músico. ¿Se supone que van a ser remasterizados todos los demás discos de la banda? De momento, estos tres cuentan con nuevo formato digipack y portadas ligeramente distintas, en la línea del reciente A Matter of Life...

viernes, 15 de abril de 2011

John Williams - STAR WARS EPISODE III: REVENGE OF THE SITH


1. Star Wars and The Revenge of the Sith (7:31)
2. Anakin's Dream (4:46)
3. Battle of the Heroes (3:42)
4. Anakin's Betrayal (4:04)
5. General Grievous (4:07)
6. Palpatine's Teachings (5:25)
7. Grievous and the Droids (3:28)
8. Padme's Ruminations (3:17)
9. Anakin vs. Obi-Wan (3:57)
10. Anakin's Dark Deeds (4:05)
11. Enter Lord Vader (4:14)
12. The Immolation Scene (2:42)
13. Grievous Speaks to Lord Sidious (2:49)
14. The Birth of the Twins and Padme's Destiny (3:37)
15. A New Hope and End Credits (13:06)

Y llegó el final de la saga más famosa de la historia del cine. Fue en 2005 con el esperadísimo Episodio III, que buscando el paralelismo con El retorno del Jedi se tituló La venganza de los Sith. No hay que olvidar que aquel Episodio VI de 1983 iba a titularse originalmente La venganza del Jedi, con lo que se mantenía la coherencia. No intentaré ordenar las seis bandas sonoras de John Williams según su calidad -para eso ya están los nerds profesionales- pero culminar una saga así de intensa con una música así de inmensa pondría las cosas muy difíciles hasta al más leído de los frikis.

Una vista de Coruscant, en el interior del estuche del CD.

¿Qué podemos decir de La venganza de los Sith (la película) que nos pueda servir para describir Revenge of the Sith (el álbum)? Pues antes que nada el hecho incuestionable de que aquí Lucas sí que lo logró: convenció finalmente a crítica y público con una película vibrante, poderosa en cada uno de sus más breves segmentos y avocada desde el principio a la tragedia shakespeariana que se nos venía prometiendo desde el día en que un férreo Darth Vader decía a Luke que era su padre. Salvo si se es un escéptico empedernido, es imposible ver este tercer episodio de Star Wars sin un nudo en la boca del estómago. ¿Cómo va a suceder? ¿En qué punto dará Anakin el paso que le transforme de héroe guaperas a horrendo villano sin rostro? ¿Qué pasará con la pobre y sufridora Padme Amidala? Lo bueno de La venganza de los Sith es que no se dedica toda la película exclusivamente a responder a estas preguntas, sino que hay mucho espectáculo y muchos vaivenes emocionales hasta su esperado final. John Williams realiza aquí, y eso es un hecho independiente de mis impresiones personales, uno de sus mayores esfuerzos expresivos a la hora de ilustrar lo que sucede con los personajes. Y también añade al vasto panorama de la música para Star Wars algunas de sus composiciones más poderosas.

Portada del single Battle of the Heroes.

Podríamos comenzar hablando de Star Wars and The Revenge of the Sith, tema que abre este opus como ningún otro, ya que la transición entre la fanfarria de siempre y la música incidental que la sigue es brusca, sorpresiva, metiéndonos de lleno en la colosal batalla espacial que se desarrolla sobre Coruscant. Dura más de siete minutos en los que escuchamos la "suite" más marcial de la hexalogía de Lucas, abrumadora en su despliegue militar que engulle en su progresivo y épico desarrollo algunos leitmotivs conocidos como el tema de la Fuerza y nos presenta alguno nuevo, como el tema del General Grievous, el androide Sith. Sorprende que tras un movimiento tan grandioso Williams apueste por la intimista y delicadísima Anakin's Dream, que es pura amargura en su desarrollo inicial de Across the Stars (Attack of the Clones) acompañada de un violín solista. Después se mueve hacia el efectismo narrativo de meternos musicalmente en un sueño premonitorio con tintes muy muy oscurantistas.


Star Wars and The Revenge of the Sith

Curiosamente, y por primera vez en las precuelas, el tema principal de esta B.S.O. aparece en el tercer lugar de la lista de temas, y no en el segundo. Se trata de la tremenda Battle of the Heroes, una especie de revisión del Duel of the Fates de The Phantom Menace pero todavía más dramática y épica si cabe. De nuevo tenemos una base muy dinámica y coros enormes, aunque el tema está mucho mejor estructurado en sí mismo e integrado en el resto de la obra. No suena tan "adosado" como Duel of the Fates, y además tiene un efecto impagable cuando lo escuchamos en la película, en el momento álgido del duelo final entre Anakin Skywalker y Obi-Wan Kenobi sobre un río de lava que amenaza con tragarse al primero de un momento a otro, a sabiendas de que lo estamos esperando como algo inevitable. Puro suspense, desde el momento en que escuchamos ya una primera variante sin coros de Battle of the Heroes en Anakin vs. Obi-Wan, que inicia el combate entre los dos caballeros Jedi con pequeñas trazas bien repartidas de The Imperial March.

Contraportada del CD.

¿Y cómo se ha llegado a esta confrontación ciega entre amigos, casi hermanos? Williams lubrica los mecanismos de la trama con aciertos plenos como Anakin's Betrayal ("La traición de Anakin"), un tristísimo lamento coral ante lo que el joven caballero está a punto de hacer con su destino, muy a su pesar, y que casi recuerda lejanamente a los pasajes más amargos de Nacido el 4 de julio, tambén de John Williams. Aunque para negrura, nada mejor que recrearnos con la cuasi-diabólica Palpatine's Teachings, que más que un tema de Williams parece una composición de dark ambient; o con Padme's Ruminations, todavía más vanguardista (la primera mitad parece una de las introducciones cósmicas que meten Tangerine Dream y Klaus Schulze antes de aporrear los secuenciadores) en su expresión premonitoria de la tragedia. Pero la derrota total, la amargura máxima, alcanza su cénit con The Immolation Scene y The Birth of the Twins and Padme's Destiny. El primero de estos cortes, que acompaña a la matanza de los Jedi por parte de las tropas del Imperio recién nacido, parece sacado directamente de algún sombrío escenario de La lista de Schindler. El segundo incluye el mismo tema que escuchamos en el funeral de Qui-Gon Jinn de The Phantom Menace, con lo que podemos hacernos una idea de su temática.

Anakin's Betrayal

The Immolation Scene

Existen dos contrapuntos distintos a esta predominancia de temas oscuros y densos. El primero es el abundante desarrollo de composiciones con tono bélico, tanto en la mencionada The Revenge of the Sith como en las posteriores e incidentales General Grievous, Grievous and the Droids (que suenan en la confrontación de éste contra Obi-Wan), la amenazante Enter Lord Vader y el himno siniestro Grievous Speaks to Lord Sidious, muy mal colocada en el álbum respecto a su uso en la película. Y eso sin olvidar la apoteósica Anakin's Dark Deeds ("Los ropajes oscuros de Anakin"), con un coro estremecedor al comienzo que parece guiñar a Howard Shore y una serie de alucinantes fanfarrias malignas perfectamente enlazadas para una pieza que parece compuesta para su interpretación posterior en conciertos. Podría ser el mejor tema del álbum.

Anakin's Dark Deeds

El segundo contrapunto al que quería referirme, el más excitante para mi gusto, es el del último corte del álbum, A New Hope and End Credits. Toda la luminosidad de la trilogía clásica vuelve a nuestros oídos tras el vapuleo pesimista de este Episodio III, con una composición amable y dulce que nos retrotrae a la juventud del ingenuo Luke Skywalker en la granja de humedad, a su visión memorable del atardecer binario de Tatooine (aquí son sus tíos quienes ven hundirse los dos soles tras las dunas, con el bebé Luke en brazos).

A New Hope and End Credits

Desemboca todo ello en el clásico medley que John Williams ha interpretado toda la vida en homenaje a la película original, incluyendo el desarrollo al viejo estilo de Princess Leia's Theme, la fanfarria inicial de las películas (creo que siempre ha sido entendida por Williams como el leitmotiv de Luke) y un inevitable reprise de Battle of the Heroes que nos conduce a la maravillosa melodía solemne de la escena de las condecoraciones del Episodio IV, y a una cristalina interpretación del tema de la Fuerza que termina con los más afortunados redobles de tambor de los viejos tiempos.

Una nueva esperanza.

Muy importante es también hablar de la edición oficial del álbum, a la que acompañaba un DVD de vídeo titulado A Musical Journey, "Un viaje musical". Presentado por Ian McDiarmid (que interpreta al Emperador Palpatine), es una colección de 16 vídeos que mezclan secuencias de toda la saga Star Wars con selecciones de la música de John Williams, amalgamando lo que podría ser un completo resumen de la serie de películas a través de sus piezas musicales más representativas, colocadas cronológicamente y con alguna línea de diálogo suelta. Aquí, el primer tramo en Youtube:


A Musical Journey

Como conclusión, solamente decir que Revenge of the Sith cierra perfectamente el círculo temático de la saga, pasando de su momento de mayor dramatismo y tragedia a lo que -cronológicamente al menos- será el siguiente episodio, estrenado 28 años antes. Williams, la Sinfónica de Londres y el coro London Voices están soberbios en su clasicismo wagneriano, y pese a lo fácil que habría sido recrearse en los temas clásicos, el compositor apuesta por añadir todavía más novedades al extenso universo sonoro de Lucas, algunas arriesgadísimas. Me imagino a Yoda diciéndole al músico canoso aquello de "hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes", y a continuación, a John Williams... haciéndolo.


Unión de Anakin vs. Obi-Wan y Battle of the Heroes.

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