domingo, 3 de abril de 2011

John Williams - STAR WARS


CD 1*

1. Main Title (5:24)
2. Imperial Attack (6:19)
3. Princess Leia's Theme (4:25)
4. The Desert and the Robot Auction (2:55)
5. Ben's Death and Tie Fighter Attack (3:49)
6. The Little People Work (4:04)
7. Rescue of the Princess (4:49)
8. Inner City (4:16)
9. Cantina Band (2:45)

CD 2*

1. The Land of the Sand People (2:52)
2. Mouse Robot and Blasting Off (4:04)
3. The Return Home (2:48)
4. The Walls Converge (4:35)
5. The Princess Appears (4:06)
6. The Last Battle (12:09)
7. The Throne Room and End Title (5:27)

* La lista de temas corresponde a la primera edición del álbum en CD por Polydor, en 1986.

El mejor ejemplo de utilización efectiva de música en el séptimo arte es La guerra de las galaxias (1977). Así de categóricos podemos ser si atendemos a que la atrozmente famosa película de George Lucas sigue siendo citada, más de treinta años después de su estreno, como el mayor fenómeno de masas que jamás haya tenido su origen en una pantalla de cine. Cualquiera que tenga dos dedos de frente, a estas alturas, tendrá que reconocer que, si obviamos al propio Lucas, el máximo responsable del hondo calado de la saga en la cultura popular es John Williams.

George Lucas y C3PO durante el rodaje en Túnez.

Lucas, un joven y prometedor principiante que había despegado con fuerza gracias a American Graffiti (1973), logró el respaldo necesario para llevar a cabo su fantasía personal: plasmar en imágenes y con total libertad creativa todo un universo fantástico y de ciencia-ficción, algo que nunca antes se había llevado a cabo en términos de gran producción para adultos. Muchos de quienes formaron el elenco de su proyecto eran también relativamente novatos en sus labores, aunque entre los más curtidos estaba el versátil compositor John Williams, que poco tiempo antes había logrado su segundo Oscar por Tiburón (1975) y se había hecho una sólida reputación en los setenta por sus partituras para algunas de las películas más espectaculares de la década, como las catastrofistas La aventura del Poseidón (1972), Terremoto (1974) y El coloso en llamas (ídem). Fue Steven Spielberg quien recomendó a Lucas que contara con su batuta, quizá pensando en que una película tan innovadora y arriesgada iba a necesitar unos cuantos puntales "conservadores" que le diesen peso artístico. Y John Williams, que entonces era tremendamente prolífico, se empleó a fondo hasta lograr la primera pieza del que terminaría siendo su principal aporte personal a la historia de las bandas sonoras: la saga Star Wars, las seis películas, para las que llegaría a crear una de las obras musicales, si la entendemos en su conjunto (cosa que debemos hacer), más coherentes, complejas y extensas jamás compuestas.

Cartel original de La guerra de las galaxias.

Star Wars, que hoy se identifica con el Episodio IV de la saga bajo el título de Una nueva esperanza, sirvió también para dar nuevo impulso a un modo de hacer música para películas que había caído en desuso durante los años previos, con el apogeo de corrientes fílmicas de corte europeizante y que utilizaban composiciones mucho más modestas que las que se obtienen con una gran orquesta sinfónica a pleno rendimiento. Pensemos en el folclorismo italiano de Nino Rota en El Padrino, en el modesto lirismo de Michel Legrand en Verano del 42 y de Francis Lai en Love Story, o en la recuperación de temas para piano de Scott Joplin en El golpe, además de los muchos éxitos que iban haciendo entrar a la canción pop en la música de cine de primera línea, en musicales como El violinista en el tejado (primer Oscar de Williams) o Cabaret, y eso aparte de la irrupción en el gremio de artistas pop como Isaac Hayes, Burt Bacharach o los mismísimos Beatles. Star Wars fue un regreso triunfal -en todos los sentidos- al clasicismo de los años dorados del Hollywood de Maurice Jarre, Alfred Newman, Miklos Rozsa, etc. La vieja forma de hacer bandas sonoras se había salvado, y gracias a Star Wars sigue viva hoy.

La escena cumbre, musicalmente hablando, de Star Wars.

A George Lucas también se le debe reconocer su parte del mérito en la concepción musical de Star Wars. Me explico. Resulta que Lucas, seguramente influido por lo que hizo Kubrick en 2001, pensaba recurrir a obras clásicas para ambientar sus aventuras galácticas. Por eso John Williams tuvo que emplearse a fondo para convencerlo de que una banda sonora totalmente original ayudaría a dar empaque a aquel universo totalmente nuevo que acababa de surgir vívidamente en el celuloide. No obstante, y posiblemente por causa del empecinamiento de Lucas, es posible detectar algunas influencias estilísticas bastante evidentes en algunas de las piezas de Star Wars, como la inevitable Los planetas de Holst en la manera de abordar las orquestaciones por parte de Herbert W. Spencer, algún fragmento de La consagración de la primavera de Stravinsky en escenas puntuales (cuando los droides R2D2 y C3PO caminan por las dunas de Tatooine) e incluso algún discreto leitmotiv de la Tetralogía de Wagner, disperso aquí y allá para deleite solo de los muy expertos. Recogiendo todo esto, amén de importantes pinceladas del estilo épico de Erich W. Korngold y Max Steiner, y sobre todo las ideas que fluían en su genial cerebro, John Williams se puso al frente de la London Symphony Orchestra y grabó la banda sonora en Inglaterra, casi en un tiempo récord. El disco fue publicado paralelamente al estreno de la película, y ha sido reeditado en múltiples ocasiones con material inédito añadido de forma progresiva, hasta un punto en el que, si no me equivoco, podemos encontrar prácticamente todo lo grabado por Williams a la venta oficialmente.

Despliege de portada y contraportada en la versión LP.

No creo que deba detenerme demasiado en la descripción de los temas que componen esta obra, y mucho menos en las escenas que acompañan (¿alguien no ha visto La guerra de las galaxias?), aunque sí es bueno subrayar algunas líneas generales en la música de esta película. Para empezar, es importante recordar que John Williams emplea leitmotivs a discreción, de forma bastante más sencilla y comprensible que el Wagner antes mencionado.

Princess Leia's Theme

Aunque hay algunos muy difíciles de reconocer cuando aparecen, destacan especialmente tres: el llamado "tema de la Fuerza", que suena, por ejemplo, en la famosa escena del atardecer con dos soles; el tema de la princesa Leia, que posee un desarrollo individual en el corte Princess Leia's Theme, aunque aparece en más ocasiones; y la breve pero intensa "fanfarria rebelde", que escucharemos sobre todo en escenas de acción, como el asalto final a la Estrella de la muerte. Tampoco debemos pasar por alto el mítico tema de la introducción, Main Title, la fanfarria que suena junto a ese preámbulo escrito sobre el negro espacial que te pone en situación; ni tampoco la divertida y original Cantina Band, interpretada por extravagantes criaturas en una taberna.

Así empieza la película, por si queda alguien que no lo sepa...

La escena de la cantina, con su banda extraterrestre. Han Solo disparó primero.

Mi preferido es el primero, el de la Fuerza, que logra hacernos viajar con la imaginación a ese pasado mítico en que los caballeros Jedi protegían la paz en la galaxia. John Williams hace posible algo tan difícil como dar forma a un cuento dentro de un cuento, el que narra Obi Wan Kenobi al muchacho Luke, que a su vez nos es narrado a nosotros con maestría por un George Lucas en estado de gracia. Kenobi usaba la Fuerza, y Lucas usaba a Williams.

Portada de la versión en CD de 1997, la más completa hasta la fecha.

Por concluir con una impresión personal, decir solamente que la banda sonora de Star Wars debió ser todo un shock sensorial para quienes asistieron al estreno de la película, y todavía hoy destaca como una proeza en el arte de la composición que no peca de excesiva complejidad y que puede ser disfrutada por un público muy amplio. Eso sí, se queda un poco "pequeña" cuando la comparamos con el vasto abanico de melodías y sentimientos plasmados en su secuela natural, su expansión conceptual cuasi-darwiniana El Imperio contraataca.


P.D. Acabo de toparme con el trailer original de La guerra de las galaxias, de antes de que John Williams añadiera su música. Aquí lo pongo, como testimonio palpable de lo distinta que habría sido la ambientación de la película sin el toque Williams:


El primer trailer de Star Wars (1977).

viernes, 1 de abril de 2011

Reeditan al Vangelis de los documentales

Gracias a la página elsewhere.com he sabido que en breve van a reeditarse tres álbumes de Vangelis, de los cuales al menos uno estaba necesitando un relanzamiento desde hacía tiempo. Se da como fecha el 25 de abril para que salgan a la venta las nuevas ediciones de L'Apocalypse des Animaux, La Féte Sauvage y Opera Sauvage, obras que tienen en común el haber sido compuestas para documentales del francés Frederic Rossif en la década de los setenta.


Una de las muchas portadas de La Féte Sauvage (de nemostudios.co.uk).

Este trío de nuevas ediciones se suma a las anteriores remasterizaciones de álbumes del griego, que comenzaron con la edición del 25 aniversario de Chariots of Fire, en 2006, y continuaron acertadamente con las de Odes y Rapsodies, las colaboraciones de Papathanassiou con Irene Papas, en 2007. Las tres novedades han tardado un poquito más de la cuenta en aparecer, aunque debemos admitir que tanto L'Apocalypse des Animaux como Opera Sauvage siempre han sido CDs bastante fáciles de encontrar en el mercado y por lo tanto no había demasiada prisa. No sucede lo mismo con la muy interesante banda sonora de La Féte Sauvage, cuyo relanzamiento a gran escala era tan necesario (o más) que el de los anteriores Odes y Rapsodies. Lo cierto es que este trabajo de 1976 ya contaba con un montón de ediciones previas en vinilo con una gran variedad de portadas distintas, en algún caso con errores tan graves como que la mitad de su contenido pertenecía a otro disco, pero nunca ha sido un álbum fácil de conseguir (bendito Megaupload, larga vida a Spotify) de manera oficial, pese a estar editado en CD.

Lo mejor es que con esta nueva tanda de remasters ya no cabe duda de que los sellos Spheric y Universal se ha tomado en serio un lavado de cara integral al catálogo del griego, de cabo a rabo, en el que hay varios trabajos muy difíciles de encontrar (¿dónde rayos venden Mask?). Además, es el propio artista el encargado de supervisar los trabajos de reedición, por lo que difícilmente habrá quejas respecto al sonido.

martes, 29 de marzo de 2011

Al Di Meola / John McLaughlin / Paco de Lucía - FRIDAY NIGHT IN SAN FRANCISCO


1. Mediterranean Sundance / Rio Ancho (11:31)
2. Short Tales of the Black Forest (8:41)
3. Frevo Rasgado (7:55)
4. Fantasia Suite (8:50)
5. Guardian Angel (4:00)

El 5 de diciembre de 1980 se produjo una colisión de astros en el teatro Warfield de San Francisco, California. Para alegría de todos nosotros/as, y de las muchas webs que han comentado el suceso -muchísimas webs, insisto-, aquello fue grabado en formato de audio para que las generaciones futuras pudiesen ser testigos de lo que allí ocurrió. Al Di Meola, John McLaughlin y Paco de Lucía, que vienen a ser algo así como los dioses olímpicos del mundo de la guitarra, ofrecieron un recital que sirvió de forma más o menos específica para que los dos primeros dieran "la alternativa" al tercero en el ámbito internacional. Si no fuese una expresión cutre y sexista, podríamos llamarlo también "puesta de largo" de Paco de Lucía. Tengo que decir que no he realizado una investigación exhaustiva sobre qué obras para guitarra destacan por su éxito en la historia de la música popular, pero prácticamente me es imposible imaginar otra proeza comparable a esta.

Friday Night in San Francisco es la obra de guitarra definitiva, una exhibición de técnica tan fantástica que deja con la boca abierta de principio a fin. El conjunto de la obra destila sabor flamenco, eso sí, dejando claro que su alma surge del maestro Paco, y a ella se adaptan como dos tersos guantes tanto el jazz fusión con matices étnicos de Di Meola como la experiencia y versatilidad de McLaughlin. El maestro instrumental del flamenco es arropado por los otros dos genios, produciéndose una inigualable sensación de entendimiento, de complementación sonora con sus respectivos instrumentos, que parece cosa de telepatía.

John McLaughlin, Paco de Lucía y Al Di Meola. En este orden.

Pero andémonos con mucho ojo, porque Friday Night in San Francisco no siempre ha recibido críticas tan entusiastas como está siendo hasta ahora la mía. Hay muchos que acusan a los tres músicos implicados el ir más allá de lo razonable en sus alardes técnicos, llegando a un punto en el que el público puede dejar de comprender este diálogo de guitarras que llega a volverse árido en sus punteos improvisados, sus réplicas, su afán por sentar cátedra. La música de los cinco temas que componen el álbum, es verdad, parecen seguir cierto orden en lo que a ritmo y desarrollo melódico se refiere hasta que los intérpretes deciden saltárselo todo y ponerse a jugar su peculiar juego, con resultados que, si bien en todo momento nos dejan boquiabiertos, pueden alcanzar ciertas cotas de complejidad en las que nos parce habernos quedado solos ante un grupo de personas que hablan otro idioma y nos sentimos ignorados, ninguneados casi. Curioso que esta sensación de aislamiento se haya producido precisamente en un álbum en directo.

Rio Ancho, en uno de los conciertos benéficos de Pavarotti.

El primer tema, Mediterranean Sundance / Rio Ancho es el más flamenco de los cinco además del más accesible. Todo un clásico del repertorio del guitarrista de Algeciras que abre el álbum con un estilo que promete, tal vez, algo más sencillo y directo en adelante. Short Tales of the Black Forest ("Cuentos cortos del bosque negro") es el único tema en cuya composición no está acreditado Paco de Lucía. Di Meola y McLaughlin lo han interpretado a dúo en muchas más ocasiones, sorprendiendo por la rareza de su estructura y las filigranas que hay que hacer con los dedos para que no se quede una sola nota en el tintero. Frevo Rasgado recupera el sabor flamenco del primer tema, aunque más tortuoso y desestructurado, con fragmentos en los que de Lucía y McLaughlin llegan a pulsar todas las cuerdas de la guitarra a lo largo del mástil y en todas las posiciones posibles del diapasón en cortísimos intervalos de tiempo. Fantasia Suite suena mucho más contemporáneo, casi rockero por momentos, acercándose a los sonidos jazzísticos y de fusión de Di Meola y McLaughlin pese a la omnipresencia de Paco de Lucía. Tampoco es un tema como para tararear. Por último, la breve Guardian Angel cierra el álbum con una composición gratamente accesible y colorista, adecuada tras los virtuosismos imposibles de la parte central del disco.

Fantasia Suite, en directo y en fechas cercanas al concierto grabado en el álbum.

Lo dicho, Friday Night in San Francisco es un disco difícil de analizar en sus pormenores pero que se puede escuchar casi sin pensar, sin demasiado esfuerzo y como obra ambiental, porque al fin y al cabo los paisajes musicales que crea son cálidos y agradables pese a lo resquebrajado de las composiciones. Sabor español.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Beautiful World - IN EXISTENCE


1. In the Beginning (3:57)
2. In Existence (4:17)
3. Evolution (5:49)
4. Magicien Du Bonheur (5:48)
5. I Know (5:06)
6. The Silk Road (6:05)
7. Love Song (6:05)
8. Journey of the Ancestors (8:26)
9. Revolution of the Heart (5:42)
10. The Coming of Age (6:08)
11. Spoken Word (7:34)
12. Wonderful World (3:39)
13. The Final Emotion (4:46)

Como ya llevaba bastante tiempo sin hacer una crítica negativa, me he parado un poco a diseccionar este disco de 1994 llamado In Existence. No voy a ensañarme, primero porque no es horripilante, y segundo porque no me considero un experto en música new age, así que entiendo que mi criterio no es precisamente indiscutible.

El autor del álbum, el nombre propio que se oculta tras eso de Beautiful World ("Bonito mundo") es Phil Sawyer, un señor que anduvo mezclado en los sesenta con los orígenes del grupo pop-rock Fleetwood Mac, y que, tras abrazar el budismo, se dedicó a explorar conceptos musicales de carácter pseudo-étnico con ínfulas globalizantes. Lo que se practica en In Existence es una new age fuertemente electrónica y saturada de capas con sampleados, voces étnicas y cánticos espirituales que podrían recordarnos -y no por casualidad- a lo realizado por Enigma en sus dos primeros y exitosísimos trabajos. Hay ritmos suaves y relajantes, predominio de voces femeninas (algunas en francés) y algún pequeño reducto para experimentos algo más ambiciosos, con lo que los paralelismos quedan claros. Sawyer, eso sí, no adopta una visión erotizante, sino que prefiere inclinarse por estos ambientes exóticos que mencionábamos antes. Se busca, digamos, un "buen rollo" ecológico a costa del África de los leones y las cebras.

¿Esta portada alternativa es oficial? ¿En serio?

El tema que da título al disco se hizo bastante popular en su momento gracias a su uso en un anuncio de los que pusieron en la tele repetidamente (¿de champú?), inclinando a los amantes de estos géneros musicales a enterarse de quién era el autor. Como suele ocurrir, la mayoría del público jamás supo ni sabrá de la existencia de Beautiful World. In Existence, segundo corte del CD, está cantado en swahili. Lo malo es que no parece que lo canten auténticos hablantes del idioma que den autenticidad a su sonido, sino que recuerdan mucho más al grupo de coristas de algún cantante melódico del montón. Evolution contiene elementos sonoros de los que en su momento sonaban espectaculares; Magicien Du Bonheur posee un ritmo interesante; I Know es un pelín blandita de más; The Silk Road es puro Enigma de principio a fin, prácticamente un calco a ratos; y... de aquí hasta el final del álbum encontraremos solo más de lo mismo: ritmos más o menos pausados, percusiones de película de safaris, pinceladas orquestales hiper-grandiosas y, antes o después, apatía y aburrimiento.

Vídeo oficial de In Existence.

In Existence, el álbum en su conjunto, es un muestrario de lo peor de lo que es capaz la cultura anglosajona a la hora de recrear lo exótico, lo lejano, lo perteneciente a otras culturas. Cogen los cuatro clichés más extendidos y los ponen en el escaparate, llenando todo lo demás de sonidos de los de casa, producción electrónica ultracomercial, voces evidentemente occidentales por mucho que canten en la lengua de Kenya y Tanzania... en fin, que lo que podría llamarse fusión acaba siendo un acto de regurgitación. Podemos compararlo con esas ocasiones en que, engatusados por la publicidad espectacular de la agencia de viajes, nos embarcamos a conocer el África "auténtica" y nos plantamos en un hotelazo con piscina, jacuzzi, negritos sonrientes que nos traen cócteles con sombrillita, y mientras vemos pasar los días entre masajes y safaris fotográficos con nuestras botas Panama Jack nuevecitas, nos damos cuenta de que hemos viajado al interior de una postal, a una versión relativamente más realista de Port Aventura. Eso es In Existence, una postal evidente e insípida con un rojo amanecer tipo El Rey León (¡encima se estrenó el mismo año!) sobre la sabana, en la que podemos sentirnos a gusto sin darle muchas vueltas al coco. Quizá mi problema haya sido precisamente ese...

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