lunes, 31 de enero de 2011

John Barry (1933-2011)


Este fin de semana ha fallecido John Barry a los 77 años de edad, y toca hacerle un modesto homenaje, el que puede permitirse un bloguero. Realizar una retrospectiva de su carrera es una labor muy ardua, ya que los músicos que, como él, eran habitualmente requeridos para todo tipo de producciones, cuentan con discografías inmensas. Para hacer un sencillo homenaje a su persona y su corpus creativo, he preferido centrarme en sus obras más difundidas desde el punto de vida del gran público, que al final suelen ser las que quedan para el recuerdo.

Aunque no todo el mundo lo sepa, John Barry es el principal artífice del famosísimo tema de James Bond. Es habitual que se hable del músico Monty Norman como compositor de esta melodía tan característica, y así figura de modo oficial en la película, aunque fue seguramente Barry quien le dio el empaque sofisticado y algo canalla que posee desde aquella primera entrega de 007, Dr. No (1962). Desde entonces, los productores de la saga del superagente contaron con John Barry de modo casi ininterrumpido hasta finales de los ochenta, logrando definir un ambiente musical característico para la serie cinematográfica que se conoce como "sonido Bond". Y no solamente compuso música orquestal, sino algunas de las canciones que acompañaban los sensuales créditos de las cintas. Aquí podemos escuchar una versión instrumental de You Only Live Twice (Sólo se vive dos veces, 1967), tema originalmente cantado por Nancy Sinatra y compuesto por Barry junto a Leslie Bricusse:


El estilo de John Barry, no obstante, se movió por campos mucho más amplios que los que permitían los argumentos de las pelis de Bond, por ejemplo creando una mágica asociación entre su estilo lento y solemne con los paisajes africanos de Nacida libre (Born Free, 1966) y Memorias de África (Out of Africa, 1985), logrando dos Oscars por la primera y otro por la segunda. En ambas partituras predomina, como ha sido marca de estilo en John Barry, una fabulosa mezcla de cuerdas y vientos en notas largas, intensas y poderosas. Así suenan Nacida Libre y Memorias de África:



Y existe un John Barry experimentador, dispuesto a moverse en terrenos algo más originales, incorporando por ejemplo sintetizadores en varias de sus obras; incluyendo arreglos exóticos a algunas de sus partituras, como la mencionada de Nacida Libre y alguna que otra de la saga Bond; y sobre todo realizando proezas fuera de sus registros habituales, como en El león en invierno (The Lion in Winter, 1968). En esta película ambientada en la Edad Media, Barry realizó una fusión magistral entre la epicidad wagneriana que suele asociarse con su estilo y los cantos corales propios de la época, logrando un alto grado de realismo histórico en lo musical, además de otro Oscar. Recogería cinco a lo largo de su trayectoria. A continuación, una interpretación revisada en un especial de la BBC:


Desde mi punto de vista, su gran obra maestra bien podría ser Bailando con Lobos (Dances with Wolves, 1990), y en su día aporté razones para ello en la entrada que dediqué a esta composición. Recordemos el tema que creó John Barry para el lobo Calcetines, uno de los más delicados y hermosos de aquella película:


Unida a la desaparición de otros grandes como Jerry Goldsmith en 2004, la muerte de John Barry viene a significar que no está demasiado lejos el final de aquella hornada de músicos fílmicos que cambiaron para siempre el modo de disfrutar de las películas en pantalla grande a finales de los sesenta y en los setenta. Nos quedan en activo monstruos como John Williams o Ennio Morricone, pero mucho nos tememos quienes somos melómanos además de cinéfilos que las nuevas generaciones de compositores de bandas sonoras son muy tributarios de aquellos que les precedieron, y que llegará un día en que las cosas cambiarán para no volver a ser como antes. Pueden ser difícilmente mejores, seguramente peores, pero desde luego no serán iguales. Descanse en paz.

domingo, 30 de enero de 2011

Jonn Serrie - AND THE STARS GO WITH YOU


2. Fantasy Passages (7:52)
4. The Far River (10:02)
5. Stratos (10:04)

Estos días se está celebrando el 25 aniversario del desastre del Challenger, una de las mayores y más sonadas catástrofes de la Era Espacial, al menos si obviamos todas las que seguramente tuvieron lugar en la U.R.S.S. y que nunca salieron a la luz. Aquella misión del transbordador norteamericano, la décima para ser exactos, iba a ser una de las más mediáticas por varias razones: la primera y más importante, porque se celebraban por aquel entonces homenajes a la creación de la NASA; y la segunda, porque entre los astronautas viajaba el primer pasajero civil, la maestra de primaria Christa McAuliffe, seleccionada expresamente a iniciativa de un proyecto del presidente Reagan. Aquella iba a ser la prueba visible de que el espacio dejaría de ser un lugar vetado para los seres humanos de a pie, pero el mundo entero fue testigo de una de las primeras catástrofes que llegarían en directo a nuestros ojos gracias a la televisión.

Jonn Serrie

Como mucha gente sabe, el músico francés Jean Michel Jarre preparaba entonces su famoso concierto de Houston en el que uno de los astronautas, Ron McNair, intervendría al saxo desde el espacio. El concierto terminó siendo un acto de homenaje a los fallecidos, y el álbum lanzado por Jarre, Rendez-Vous, quedó unido para siempre en el inconsciente colectivo a aquellos momentos de frustración y angustia. No solamente se trataba de que la catástrofe iba a frenar considerablemente la exploración espacial, aquella que tanto hacía soñar a gente de todas las edades, sino que sobre todo pesaba la tragedia personal de aquellas personas, héroes en toda regla que, aun sin tener ni idea de lo que iba a suceder, aceptaron asumir el riesgo abrumador de montar en un artefacto que podía fallar de mil maneras distintas, todo ello por la ciencia y el progreso de la humanidad.

Portada ligeramente distinta de una edición especial.

Sé que me he puesto un poco solemne, pero el disco que nos ocupa lo merece. Se trata de And the Stars Go with You ("Y las estrellas van contigo / con vosotros"), álbum de debut de Jonn Serrie, de 1987. Este músico se ha hecho muy conocido al especializarse, dentro de la new age de estilo americano, en sus recreaciones musicales del espacio exterior. Ha sido contratado en numerosas ocasiones por diversas instituciones para realizar obras instrumentales de acompañamiento, incluyendo composiciones para planetarios, documentales, la Expo de Sevilla y la mismísima productora Lucasfilm. Serrie, afectado por los hechos de aquel noviembre del '86, comenzó su carrera discográfica con este sentido homenaje a Christa McAuliffe y a la tripulación del Challenger en general, una obra que sonó en la inauguración del planetario que lleva el nombre de la astronauta en Concord, New Hampshire. La verdad es que una buena forma de describir este disco es enfrentarlo con el antes referido Rendez-Vous. Si aquella obra era pura épica galáctica, triunfalismo espectacular, And the Stars Go with You es lirismo, delicadeza, paz sin pretensiones ampulosas. Ambas obras electrónicas encarnan el antes y el después, no solamente de lo que sucedió con el transbordador espacial, sino de los sentimientos que rodearon a quienes lo vivieron (vivimos) desde tierra. Morir en una catástrofe como aquella no debe ser algo hermoso, y es obvio que aquellos astronautas habrían preferido volver sanos y salvos a sus hogares aun a riesgo de ser olvidados a medio o largo plazo. Pero el destino les reservó el aura romántica de los conquistadores que lo dan todo, de las personas nobles y desinteresadas que hacen avanzar al mundo con su valentía. And the Stars Go with You es algo así como un lamento íntimo por la pérdida de aquellas vidas, puede que incluso una celebración de los valores que los llevaron a embarcarse; seguramente refleje, creo que con éxito, las sensaciones que debe experimentar alguien al afrontar la aventura de su vida con la mirada inocente y fascinada de un niño. Escuchando esta música uno se los imagina todavía por allí arriba, de algún modo viajando entre las estrellas.

Bonito vídeo de YouTube sobre el tema Stratos.

Pero no nos equivoquemos, porque esta no es una música triste o fúnebre, sino cálida y llena de colorido. Jonn Serrie siempre suele presentar esta visión amable del cosmos, mucho más como un remanso de belleza y quietud que como un lugar oscuro y siniestro, y este disco es absolutamente seminal en su discografía posterior. Gentle, the Night es un tema misterioso lleno de vientos sintéticos que nos va sirviendo de introducción a lo que será el contenido de todo el CD. Fantasy Passages se trata de una pieza ambiental, algo más recreada en la soledad espacial pero sin caer en lo excesivamente oscuro o perturbador, con un último tramo vibrante. And the Stars Go with You es el corte más breve del álbum, de nuevo una composición ambiental bastante envolvente. The Far River es muy minimalista y misteriosa; y Stratos, que cierra la obra, es más un rico paisaje sonoro que una composición musical al uso, magia sin más calificativos. La sensación, al completar la escucha de este disco, es de una gran relajación y plenitud sensorial, en gran parte lograda tanto por el poder de evocación de las composiciones como por una magnífica, exquisita labor de producción. Cinco estrellas.

jueves, 27 de enero de 2011

Enigma - 5: VOYAGEUR


2. Voyageur (4:36)
3. Incognito (4:24)
4. Page of Cups (7:00)
5. Boum Boum (4:30)
7. Look of Today (3:44)
9. Weightless (2:18)
10. The Piano (3:00)
11. Following the Sun (5:48)

Caminando yo desprevenido por una gran superficie allá por 2003 me encontré como por azar con este Voyageur, quinto lanzamiento de Enigma, sin tener ni la menor idea hasta aquel momento de que el disco existía. Lo compré inmediatamente (soy de los que todavía compran algunos CDs) y lo escuché al volver a casa. Me dejó frío. Después me olvidé un poco de él, dando ya por muerto a Michael Cretu al considerar que la última vez había publicado The Screen Behind the Mirror, que tampoco terminó de calarme hondo, y sobre todo dos recopilatorios, uno de ellos de remixes, nada atrayentes -para mí por lo menos- que tenían sabor a canto del cisne. En fin, que a otra cosa. Después, con el tiempo, conocí lo que otros aficionados pensaban sobre Voyageur, y le concedí una segunda oportunidad.

Portada del single Voyageur.

Suele decirse que Voyageur es el disco más "único", más "distinto" de la saga Enigma, creo que en palabras del propio Cretu, el músico-productor-cantante responsable. Y es verdad, porque las claves que hicieron de Enigma todo un fenómeno en los noventa, aquel gregoriano de MCMXC a.D. y aquellos sonidos tribales y étnicos de The Cross of Changes y Le Roi Est Mort ya no están aquí. Es un acto de valentía, y eso hay que admitirlo sin peros, dejar a un lado un estilo que te ha convertido en multimillonario para realizar una apuesta distinta en pro de la experimentación y la evolución artística. El proyecto Enigma es acusado, seguramente a causa de tantos discos de tercera clase que se aprovecharon de su nombre y su estética, de hacer una música ramplona, un new age pseudo-místico barato y fácil que podría perfectamente venderse en gasolineras o aterrizar de un día para otro en los enormes canastos metálicos del Carrefour (vaya, ahora recuerdo dónde compré Voyageur), aunque si hacemos el esfuerzo de ignorar toda aquella hojarasca discográfica oportunista nos encontramos con una iniciativa musical muy interesante, estimulante, siempre un par de pasos por delante de lo que se estaba haciendo en el campo de la electrónica y con un elegante sonido europeo distintivo. Voyageur es su tímido salto al pop.

Y digo tímido porque no es totalmente pop, en absoluto, sino una mezcla de lirismo new age y ritmos urbanos que se escapa del medievalismo de obras anteriores. Hay muchos temas cantados, alguno instrumental, y sobre todo una sensación de sencillez que no funciona nada mal. El álbum comienza con From East to West, etérea y muy delicada al principio hasta que se funde con las famosas notas introductorias de todo trabajo de Enigma, que a su vez revela ya un ritmo potente que continuará entre efectos sonoros y notas de piano hasta el final del corte. El segundo tema, Voyageur, fue escrito por Cretu y su guitarrista habitual Jens Gad. Es una pieza totalmente contemporánea, muy bien compuesta y elegida como primer single, con algunas voces dispersas que repiten el título.

Vídeo oficial de Voyageur.

Vídeo oficial de Boum Boum, en versión remix.

Incognito empieza con alguien cantando a lo beatbox, melodía de fondo sobre la que canta Cretu con la voz muy tratada. Hacia el final va creciendo en calidad gracias a unos fondos realmente inspirados. Page of Cups parece contener un sample modificado del tema Turn Around del recopilatorio LSD, sobre el que canta Sandra Cretu muy sensualmente y con resultados más bien sosos.

Portada de Boum Boum.

Boum Boum es una canción pop sin demasiados aspectos interesantes que comentar por mi parte, aunque sí merece atención Total Eclipse of the Moon, una canción muy bonita, prácticamente un himno en su concepción, con un violín sintético y algunos coros épicos también sintéticos como acompañamiento, tal vez lastrada por las escasas cualidades vocales de Michael Cretu. Look of Today también podría haber sido un single -no lo fue- gracias a su estupendo ritmo, aunque tampoco es nada especialmente original. In the Shadow, in the Light es un corte chill out interesante, muy cuidado a nivel de producción pero que suena un poco a material de relleno. Encaramos la recta final con Weightless, puro ambient sensual en un buen tramo, más chill out hacia su segunda mitad; The Piano, instrumental con una de las mejores y más memorables melodías del disco en uno de sus mejores temas, por extensión; y finalmente Following the Sun, quizá un poco ostentosa después de una segunda parte del álbum bastante relajada.

Portada de Following the Sun.

Voyageur no es el mejor álbum de Enigma, aunque dista bastante de ser el peor. Desde luego, su carácter único hay que reconocérselo, pero me parece que es precisamente por eso, por esa ausencia de representatividad respecto a las claves del proyecto musical, por lo que se mueve en la cuerda floja entre lo que gusta a los fans y lo que no, lo que se puede ver como un maduro cambio de aires y lo que podría antojarse como una simplificación en pro del chill out corriente. Yo lo recomiendo tranquilamente por sus vaporosas atmósferas, aunque en ningún caso creo que sea el primer disco de Enigma que alguien deba escuchar para saber de qué va el invento.

Por cierto, el álbum en CD no tiene carpetilla en la portada, sino que la ilustración que encabeza esta entrada va literalmente pintada sobre el plástico de la carcasa. Lleva, eso sí, un pequeño libreto de papel en forma de disco, debajo del propio CD. Qué inventos...

viernes, 21 de enero de 2011

Popol Vuh - AFFENSTUNDE


2. Ich Mache Einen Spiegel - Dream Part 5 (4:41)
3. Ich Mache Einen Spiegel - Dream Part 49 (7:43)
4. Affenstunde (18:30)

Toda carrera musical comienza en alguna parte, y Popol Vuh comenzaron su andadura con Affenstunde. Sucedió en 1970, cuando Florian Fricke y tres colaboradores grabaron esta pieza que venía a integrarse en el panorama Krautrock del momento. Ya habían irrumpido con fuerza los grupos que realizaban una especie de pop-rock algo oscuro y alternativo, exportable al resto del mundo a través de las vías normales de difusión, y la vertiente más cósmica del género -que terminó por convertirse en algo totalmente distinto- ya había encontrado a sus más potentes representantes en Tangerine Dream, que andaban por sus "años rosas".

Florian Fricke

Los de Popol Vuh (recordemos que toman su nombre del libro sagrado de los mayas) no parecían buscar una diferenciación radical respecto al canon de la banda de Edgar Froese, al menos atendiendo a lo contenido en este Affenstunde aunque, como ya se ha comentado en otras entradas sobre Popol Vuh, con el tiempo tomarían un camino bastante original y único en el que se desmarcarían de cualquier clase de comparación. En principio, Affenstunde ("haciendo el mono", toma título) tan solo podría ser visto como un precedente muy lejano de lo que después haría Florian Fricke.

Portada de una edición japonesa (creo).

Se trata de un álbum enteramente instrumental con predominancia de sonidos electrónicos, carencia absoluta de melodías o ritmos sostenidos, ambientación misteriosa y afán experimental, y en todo eso nada lo diferencia de lo que hacían otros músicos alemanes. En todo caso, podemos encontrar algo menos de oscurantismo y una música más flotante, más ambiental. Si en discos como el siempre referido Zeit de Tangerine Dream (en el que participó Fricke como invitado) buscaban oprimirnos el alma con el vértigo del espacio profundo desplegándose en nuestra mente, este Affenstunde persigue una forma de misterio algo más terrenal, menos galáctica, quizá en una línea ritual o ancestral. El empleo de percusiones tribales en el segundo tema y el cuarto tema del disco parece apuntar hacia esto, adjuntando en el segundo caso algunos difusos intentos melódicos en la misma línea ritualista. Pero también están el primer tema y su aparente lucha de frecuencias sonoras que van y vienen y se entrelazan al azar como los coches en un cruce, y el tercero, que sí se aproxima un poco más a los tétricos espacios vacios del Krautrock cósmico primitivo, muy anterior al predominio de la Escuela de Berlín. Fricke toca el moog, Holger Trülzsch la percusión y Frank Fiedler otros teclados, quién sabe si todos ellos espoleados por alguna parte de alucinógenos que los pone a "hacer el mono" sin ton ni son en los tres cortes que se traducirían como "Fabrico un espejo" y en el que da título al álbum.

Contraportada del LP.

No voy a extenderme mucho más con Affenstunde, un disco relativamente prescindible si echamos mano del amplio abanico de posibilidades sonoras de la música cósmica, aunque con algo más de peso si atendemos a la fabulosa carrera de Popol Vuh y su deriva hacia la "música étnica imaginaria". La etnicidad está aquí, aunque no tanto la luminosidad y el carácter legendario de sus obras al servicio del cine de Herzog. Eso sí, que conste que el disco está muy bien considerado y ostenta el rango de clásico, así que yo no seré quien lo ponga en duda. Está en Spotify.
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