viernes, 26 de noviembre de 2010

Steve Hillage - RAINBOW DOME MUSICK


1. Garden of Paradise (23:14)
2. Four Ever Rainbow (20:35)

Hace cosa de una semana pude escuchar por primera vez este disco de Steve Hillage, uno de los cabecillas de la llamada Escena de Canterbury y componente del grupo Gong. El de Canterbury fue un movimiento dentro del rock progresivo que se movía entre un tono jazzístico y ciertos matices folk que deslumbró a los aficionados más "cultos" de la música popular entre finales de los sesenta y principios los setenta, y suele citarse como la banda más emblemática a Soft Machine. La influencia de la Escena de Canterbury se deja ver tanto en los grupos que todo el mundo conoce del rock progresivo británico (Genesis, Yes, King Crimson) como en varias individualidades brillantes como Robert Wyatt, Kevin Ayers, Dave Stewart, Andy Summers y Karl Jenkins.

Steve Hillage

Steve Hillage, un músico extremadamente versátil e inquieto especializado en la guitarra, ha participado en obras muy dispares, desde álbumes de rock convencional hasta varias galas acompañando o sustituyendo a Mike Oldfield. Rainbow Dome Musick (1979) es quizá su trabajo más cercano a la clase de música que suelo comentar en este blog. ¿Y por qué? Pues porque se trata de un trabajo claramente new age, cósmico, con un poco del krautrock de los primeros Tangerine Dream, un mucho de Ash Ra Tempel y una importante influencia del ambient que Brian Eno estaba impulsando fuertemente desde pocos años antes. Ojo, no quiero decir que Rainbow Dome Musick sea un disco con demasiadas deudas artísticas, sino todo lo contrario. Es una obra prácticamente perfecta, de una frescura e inspiración máximas, con un Steve Hillage que me ha sorprendido como hacía mucho que ningún músico lo hacía; y las influencias que podemos rastrear en él sirven mucho más para otorgarle madurez y solidez estilística que para restarle méritos.

Imagen de la carpeta interior del álbum.

El álbum, tal y como reza en el interior de la carpeta, fue grabado con motivo de la celebración del festival Mente-Cuerpo-Espíritu en Londres. Creo que el propio título que se dio al festival ya nos pone sobre aviso de las connotaciones new age y relajantes que podemos esperar de la música compuesta para ambientarlo. También ayuda el que Hillage lo dedique "al espíritu universal de la síntesis new age". Colabora tanto en la composición como en la interpretación Miquette Giraudi, compañera de Steve Hillage en Gong y en lo sentimental, por aquel entonces al menos.

Rainbow Dome Musick consiste en dos piezas largas, una a cada lado del LP, ambas muy largas y meditativas. La primera, Garden of Paradise, comienza con unas cuantas notas de sintetizador sobre un fondo acuático y se va internando en un tapiz de texturas cósmicas de secuenciador que van y vienen, bucles electrónicos que producen una sensación de trance. A partir de su tramo central, Steve Hillage toca varios tipos de guitarra (eléctrica sobre todo) de forma muy efectiva, recordando -como dije antes- al estilo tan característico de Manuel Göttsching en los discos de Ash Ra Tempel. Suena también una campana tibetana, muy delicada, que aporta una guinda exótica al tema. La segunda cara del vinilo contiene Four Ever Rainbow (seguramente un juego de palabras, al sonar igual que Forever Rainbow, "arcoiris para siempre"), que se abre con las campanas tibetanas y se desarrolla con largas notas sostenidas sobre un fondo vibrante. Es una pieza, si cabe, más ambiental todavía que la de la primera cara.

Portada alternativa. Muchas ediciones de discos de vinilo en formato CD contienen
estropicios como este a modo de portada. ¿Qué tienen de malo las originales?

Pienso que Rainbow Dome Musick es el perfecto disco ambient y new age, primero por su invitación al bienestar y la ensoñación, y segundo porque está claramente bien trabajado y acabado en todos los sentidos, muy por encima de la mayoría de los discos new age que se publicaron en tromba en los ochenta, y que generalmente contaban con producciones pobres o sencillamente cutres. Admito que suelo ponerme pesado con la producción de los álbumes, y entiendo que no es en absoluto lo más importante, pero pienso que en estos géneros musicales es poco menos que la base, lo que diferencia un buen trabajo de uno mediocre, quizá porque al tratarse de trabajos instrumentales y poco "movidos" es muy fácil encontrarles fallos en cuanto a su sonido. Quizá pondría como única pega al álbum su fecha de publicación. Me parece que en Alemania estaban ya de vuelta de aquella forma de hacer new age cósmica, y que en 1979 no iba Steve Hillage a hallar la cuadratura del círculo, y aun así estamos indiscutiblemente ante una de las obras imprescindibles del ambient de todos los tiempos.

Un trocito de Garden of Paradise.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La importancia de llamarse Jeffes.

La nueva formación de Arthur Jeffes. Él es el tercero por la derecha.

¿Se hereda el talento? ¿Va en los genes y permanece allí durante generaciones, o más bien es algo que se adquiere con la formación y las vivencias? Veo más razonable apostar por lo segundo, aunque merece la pena matizar la cuestión. Me viene todo esto a la cabeza tras los comentarios vertidos al respecto del álbum Signs of Life de Penguin Cafe Orchestra en el blog Solsticio de Invierno, del compañero Pepe (saludos).

Arthur Jeffes (de la página www.ica.org.uk).

Por si no lo sabíais, el hijo del tristemente desaparecido Simon Jeffes, de nombre Arthur, ha reclutado recientemente una troupe de músicos jóvenes e inquietos con gustos musicales afines, con el objetivo bastante loable de resucitar la Orquesta del Café del Pingüino. Por el momento, los nuevos chavales de Jeffes -que se hacen llamar Music from the Penguin Café, título por cierto del primer álbum de la banda del padre- han realizado un concierto en el Royal Albert Hall londinense a beneficio del Teenage Cancer Trust, una asociación de ayuda a jóvenes enfermos de cáncer. El evento, que recibió críticas bastante positivas pese a basarse en composiciones de la "antigua" banda, fue grabado y está siendo distribuido de forma limitada.

Portada del CD.

La nueva formación, que incluye tanto miembros de bandas como Suede o Gorillaz como novatos recién salidos del conservatorio, ha realizado también varios espectáculos en vivo a lo largo del Reino Unido en 2009, casi siempre en festivales de verano. Ahora se les supone encerrados en un estudio de grabación, preparando nuevo material para la publicación de un álbum a principios de 2011, lo que está al caer. Tienen un espacio en Facebook donde han colgado algunos clips y fotografías, para ir haciendo afición.

Fotografía promocional de Music from the Penguin Café.

Ahora llega la gran pregunta: lo que ha hecho Arthur Jeffes, ¿puede considerarse como un regreso serio de la Penguin Cafe Orchestra y, por lo tanto, una continuación auténtica de la obra iniciada por Simon Jeffes? ¿o es más bien un proyecto sacacuartos que se aprovecha de un apellido y unos pingüinos pintados en la portada de un álbum? Lo único que puedo hacer es dar mi opinión, ya que es posible que cada lector tenga la suya y me gustaría conocerlas a través de los comentarios. Simon Jeffes murió en 1997 y, si su hijo ha decidido retomar su labor, cuenta con la ventaja, apellido aparte, de conocer seguramente al dedillo tanto la psique musical de su padre como la obra que dejó atrás, tanto grabada en álbumes como escrita en partituras y todavía a la espera de ver la luz. Aun asumiendo que Simon se fue y no va a volver, desde luego no creo que haya nadie mejor para erigirse en su sucesor que su hijo Arthur, porque le conocía como probablemente nadie en el mundo y le admiraba hasta el punto de dedicar su carrera a seguir sus pasos. Y por qué no decirlo, ardo en deseos de volver a escuchar algo que, aunque pueda sonar un poco tributario, se parezca mínimamente a la Penguin Cafe Orchestra.

Music from the Penguin Café en el Royal Albert Hall.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Brian Eno - SMALL CRAFT ON A MILK SEA


1. Emerald and Lime (3:04)
2. Complex Heaven (3:07)
3. Small Craft on a Milk Sea (1:51)
4. Flint March (1:57)
5. Horse (3:03)
6. 2 Forms of Anger (3:17)
7. Bone Jump (2:24)
8. Dust Shuffle (1:56)
9. Paleosonic (4:27)
10. Slow Ice, Old Moon (3:27)
11. Lesser Heaven (3:23)
12. Calcium Needles (3:27)
13. Emerald and Stone (2:14)
14. Written, Forgotten (3:57)
15. Late Anthropocene (8:11)
16. Invisible (5:11)

He aquí el flamante nuevo disco del Rey Midas del ambient, Brian Eno, publicado hace un par de semanas. Es lo primero que saca al mercado con su nombre en la portada tras Everything That Happens Will Happen Today (2008), álbum que grabó junto a David Byrne y que podemos considerar una obra más o menos marginal dentro de su discografía por aquello de no ser un trabajo instrumental sino una mezcla de pop y gospel. Small Craft on a Milk Sea (2010) nos devuelve al Eno de la línea pura, el del ambient prístino.

Eno y sus dos colaboradores, en plena faena ( de http://brian-eno.net/).

El disco se grabó lentamente y a lo largo de varios meses, mediante sesiones de improvisación en casa del propio Eno, junto a Jon Hopkins y Leo Abrahams, siendo el segundo colaborador de la gira de David Byrne para promocionar el disco del 2008. Al parecer, el motivo original de reunión de los tres músicos fue grabar una banda sonora original para la película Desde mi cielo (The Lovely Bones, 2009) de Peter Jackson. Al final, el director de El Señor de los Anillos y King Kong se inclinó por utilizar temas anteriores de la carrera de Eno, con lo que las partituras originales quedaron en el cajón del músico. Finalmente éste se decidió a grabar algunos de los temas. Aquí podemos encontrar unos cuantos de ellos, aunque Small Craft of a Milk Sea no es ni mucho menos la banda sonora de la película de Jackson, sobre todo porque incluye mucho más material ajeno a la banda sonora frustrada. Dice la Wikipedia, a la que no pondré objeciones (¿quién osaría?), que los temas del nuevo álbum se inspiran en el estilo general de las bandas sonoras de cine, pero tengo que disentir bastante al respecto. Yo creo que se trata de un disco que podría perfectamente haber llevado un título como Ambient 5 o algo así, ya que está mucho más cerca de las obras cumbre de Brian Eno que de cualquier otro punto de referencia musical.

Las improvisaciones se basaron en una serie de acordes simplísimos que iban siendo reproducidos mientras se les superponían otras texturas y ritmos, y luego todo ello fue lijado, barnizado e inaugurado con champán en el estudio de grabación, donde Eno le concedió un leve atisbo de coherencia interna, si bien es un trabajo tan "libre" que encontrar nexos de unión entre los temas es muy complicado, al margen de que sean todos suaves, elegantes y relajantes. También es verdad que, a pesar del carácter experimental de casi toda obra improvisada, podemos encontrarnos con el Brian Eno más inconfundible en temas como el maravilloso Emerald and Lime, con el que se inicia el álbum y en el que bien podría haber tomado parte Harold Budd. A partir del cuarto corte, Flint March, se imponen ritmos muy actuales y electrizantes, mucho más ligados a la música electrónica tal y como se concibe ahora que como se la realizaba en los lejanos '70 donde Eno despuntaba en su juventud.

Brian Eno junto a los diseñadores de la portada y carpeta del álbum.
Se ve que al tío le gusta tenerlo todo bajo control. De http://brian-eno.net/

Así pintan Horse, 2 Forms of Anger, Bone Jump (algo más calmada, pero rítmica), Dust Shuffle y Paleosonic, en las que debemos suponer que metieron mano a fondo Hopkins y Abrahams. Teniendo en cuenta que a partir de la glacial Slow Ice, Old Moon volvemos al ambient puramente meditativo, podemos entender los temas anteriores como una sección concreta dentro del álbum, algo así como un capítulo de la historia. A partir de aquí hay una serie de piezas bastante oscuras, casi en la línea de Ambient 4: On Land, que concluyen con la conmovedora Emerald and Stone, afín en contenido y título al tema inicial. En Written, Forgotten nos encontramos algunos interesantes punteos de guitarra sobre fondo fluctuante, en la larga Late Anthropocene unas texturas realizadas más a base de ruidos que de música en un sentido estricto; y en Invisible, tan ambiental que pesa menos que el aire mismo, escuchamos un sampleado lejano de cantos de pájaros, entre otros sonidos muy filtrados que prácticamente resultan irreconocibles, aunque probablemente vengan del mundo extra-musical.

Acompañando a la promoción del disco y sus múltiples formatos a la venta, están saliendo a la luz unos vídeos en los que vemos nuevas sesiones de improvisación, siempre en medios de comunicación online, para que nos hagamos una idea de cómo trabajan Eno y sus muchachos. Además, las ediciones de coleccionista contienen más material, si bien he preferido limitarme en esta crítica al álbum tal y como lo encontraremos a palo seco. No cuelgo enlaces en la lista de temas, ya que entrando en http://brian-eno.net/ podemos escuchar varios temas por la vía plenamente legal.

¿Sabéis inglés? Pues hala, hala.

Si no contamos un par de colaboraciones con Robert Fripp en los últimos años, hacía un lustro que el autor de Music for Airports no se dedicaba a expandir su catálogo ambient, y teniendo en cuenta la altísima calidad de este Small Craft on a Milk Sea, está claro que pretende reivindicarse como el gran maestre de lo electrónico que siempre ha sido, por encima de cualquiera a quien hayan bautizado alegremente como "nuevo Brian Eno". O sea, que en este nuevo disco encontraremos a un Eno tan bueno como siempre, con abundantes trazos de su mejor pincel, y además abierto a mucho más. Mirando al futuro y respetando el pasado. Sin fisuras.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Hans-Joachim Roedelius - DURCH DIE WÜSTE


1. Am Rockzipfel (4:44)
2. Durch Die Wüste (13:52)
3. Johanneslust (5:01)
4. Glaubersalz (3:29)
5. Mr. Livingstone (5:41)
6. Regenmacher (6:39)

En el pop-rock más convencional, a veces los grupos son formaciones más o menos móviles cuyos componentes van y vienen, se separan y se juntan o experimentan en solitario. Y en el caso de estas "músicas inusuales" de las que solemos hablar, sucede exactamente lo mismo. Nos encontramos aquí ante un trabajo del componente de Cluster (la mitad del grupo) Hans-Joachim Roedelius, en concreto su debut en solitario llamado Durch Die Wüste (1978) cuyo título no me atrevo a traducir sin ayuda de algún diccionario avanzado.

Durch Die Wüste transmite esencialmente la sensación de que era Roedelius la verdadera alma mater de Cluster, ya que se trata de un disco que, a menos que alguien mucho más experto me quite la razón, suena perfectamente como una de las obras del mítico dúo krautrock. Es casi igual de ingenuo, casi igual de luminoso y casi tan lúdico, con melodías agradables casi en la línea de aquel bonito Sowiesoso que no me quito de la cabeza. La diferencia radica sobre todo en el "casi", porque este álbum contiene una parte más hermética y arriesgada que se centra en varios de los temas, como el inicial Am Rockzipfel desarrollado a base de guitarra, bajo y batería y con muy poco ambientalismo, el homónimo Durch Die Wüste, que salvo por algún tramo aislado pasa por ser una reminiscencia del contacto de Cluster con el ambient puro de Brian Eno (Cluster & Eno se publicó solamente un año antes) y Mr. Livingstone con sus raras percusiones pseudo-tribales y sus arreglos desfasados. Pero ahí están la elegante Johanneslust, la clusterianísima Glaubersalz y la indefinible Regenmacher, muy rítmica y contundente para cerrar la obra.

Hans-Joachim Roedelius

El álbum fue grabado entre el '76 y el '78, con ayuda del productor Conny Plank, un esencial de los estudios de grabación europeos de la época. Cuenta, además, con la colaboración de Dieter Moebius al sintetizador, con lo que la sensación de ser una obra encubierta de Cluster queda poco menos que demostrada. De todos modos, pienso que Durch Die Wüste no es un disco completamente sólido, ya que parece planteado más como una colección de temas independientes que como un álbum nacido para serlo. Es como un muestrario de moquetas cuyas páginas nunca dan de sí como para todo el salón; es tan burbujeante y neumático como los Cluster de sus mejores momentos, pero le falta algo de empaque, algo que te despierte las ganas de perderte en él con los auriculares puestos. Y tampoco llega a funcionar como obra ambient, ya que hay demasiadas estridencias aquí y allá como para lograr una completa armonía que invite a un relax musical.

Pero tampoco quiero sentenciar, ya que entiendo que este disco tiene algo que lo hace verdaderamente único, al menos para mí: es uno de los pocos discos que he escuchado sobre el que soy incapaz de emitir un juicio de valor. No sé si es bueno o regular (malo seguro que no es), precisamente porque posee una cualidad impermeable que lo acerca, a mi entender, a esos raros discos de biblioteca musical que se preservan más por su contribución a esta o aquella tendencia avant-garde que porque gusten al público o los entendidos. No es en absoluto un disco inaccesible, ya que cualquiera puede disfrutarlo sin demasiada preparación previa en el mundo de la música instrumental contemporánea, pero admito que yo todavía no sé muy bien por dónde cogerlo. Puedes escucharlo completo en Spotify, y opinar después.

Regenmacher.
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