sábado, 8 de mayo de 2010

Enigma - 4: THE SCREEN BEHIND THE MIRROR


1. The Gate (2:04)
3. Gravity of Love (3:59)
4. Smell of Desire (4:57)
6. Traces (Light and Weight) (4:12)
8. Endless Quest (3:06)
9. Camera Obscura (1:28)

Tentado me he visto de no añadir el "4" al título de este álbum de Enigma, teniendo en cuenta que no lo he encontrado, por lo menos hasta ahora, ni en su portada ni en su contraportada. El caso es que es el cuarto trabajo de este proyecto-grupo encabezado, como todos sabemos, por ese Curly MC que al final resultó ser el productor Michael Cretu. Está claro que, considerando que el anterior Le Roi Est Mort, Vive Le Roi! es seguramente su obra más lograda, este The Screen Behind the Mirror ("La pantalla tras el espejo") tenía que suponer, en mayor o menor medida, una decepción. Y lo fue, aunque solo relativamente.

Mientras que Mcmxc a.D., The Cross of Changes y Le Roi Est Mort... seguían una línea conceptual bastante definida (religión y sexo, ecología y exotismo, ensueño y tecnología) , en The Screen Behind the Mirror es más difícil averiguar su temática. El hilo conductor del disco es el único que puede proporcionarnos una pista: Carmina Burana, obra musical de Carl Orff inspirada en el mundo medieval y en el contraste entre el hedonismo y la desgracia, el amor y la violencia. Teniendo en cuenta los videoclips creados para este álbum, no es difícil definirlo como una reflexión sobre el hedonismo en nuestro tiempo, regresando tímidamente hacia lo erótico de Mcmxc a.D., aunque no a sus tintes religiosos. No es esta "indefinición" conceptual lo que convierte este Enigma 4 en un disco inferior al anterior, sino más bien el hecho de que Michael Cretu se haya volcado mucho en la creación de unos cuantos temas potentes, mientras que ha utilizado una cantidad evidente de material discutible para completar el trabajo. Tampoco la sucesión de los temas es tan fluida y armoniosa como en discos precedentes, y en Le Roi Est Mort, Vive Le Roi! no había rellenos por ninguna parte.

Portada del single Gravity of Love.

El álbum comienza con el clásico sonido del "cuerno" de Enigma, al que se superpone una recitación de datos astronómicos clavada a la de Vangelis en Albedo 0.39 (un homenaje, supongo) en el tema inicial, The Gate. Luego llega Push the Limits, pieza instrumental interesante, evocadora y muy inspirada, prometiendo grandes cosas para el resto del disco. El plato fuerte es Gravity of Love, tema de estructura pop cantado por Ruth-Ann Boyle, en el que reaparece el O Fortuna de Carmina Burana a modo de estribillo tras su explosión en The Gate. Gravity of Love nada tiene que envidiar a los grandes éxitos de Enigma como Sadeness o Return to Innocence, e incluso, como single, es más eficaz que los elegidos en su día de Le Roi Est Mort... El siguiente corte es el instrumental Smell of Desire, que no funciona mal. Y a continuación llega el momento en que a Cretu le sale el tiro por la culata, ya que el tema Modern Crusaders pone de manifiesto la nula habilidad vocal del cantante elegido, Andru Donalds, con mucho ritmo rockero e intenciones épicas (buen intento por parte del guitarrista Jens Gad) que terminan resultando algo pueriles, y con O Fortuna sonando por enésima vez, además de unas notas de la Tocata y Fuga de Bach. Traces, con sonidos sampleados de gotas de agua y cerillas encendiéndose, nos otorga unos instantes new age o chill-out de alta calidad que nos reparan un poquillo los tímpanos.

Push the Limits.

Gravity of Love.

Pero es en el tramo final donde The Screen Behind the Mirror más flaquea, con un tema homónimo que parece recién sacado del cajón de descartes de Mcmxc a.D., seguido de la un tanto desaprovechada Endless Quest, y de la -para mi gusto- desastrosa Camera Obscura, oooootra vez con O Fortuna de Orff pululando por ahí. Between Mind and Heart, pese a su magnífica producción y sus efectos sonoros, no deja de ser sosa; y Silence Must Be Heard es simplemente mediocre.

Portada de Push the Limits.

El disco no es en absoluto un desastre, pero yo habría deseado algo más sólido, sobre todo teniendo en cuenta que el aumento de calidad que se había ido produciendo en Enigma hasta este momento. The Screen Behind the Mirror supone un estancamiento a partir del cual ninguno de los discos que lance el proyecto será tan bueno como los anteriores. Pero no nos lamentemos, porque el álbum tiene suficiente calidad como para acallar a quienes, debido a la dilapidación de la etiqueta "Enigma" por parte de lanzamientos musicales que nada tienen que ver con Cretu, identifican esta saga musical con algo fácil, vacío y de consumo rápido. Ya quisieran hacer algo que se aproximase lejanamente a este Enigma 4.

viernes, 7 de mayo de 2010

Timothy Leary / Ash Ra Tempel - SEVEN UP


1. Space (16:03)
2. Time (21:15)

Teníamos el krautrock un tanto abandonado últimamente, y he querido regresar al mismo con un disco bastante importante de esta corriente alemana, Seven Up (1972), realizado mediante la colaboración de los Ash Ra Tempel, capitaneados por Manuel Göttsching, y este personaje del que hablaré a continuación que es Timothy Leary. No se si tiene algo que ver con el refresco (?) o más bien con un sencillo juego infantil que se practica con los dedos, pero desde luego los títulos de los temas son bastante ambiciosos, nada menos que "Espacio" y "Tiempo". Casi nada.

Timothy Leary en la contraportada.

Como decía, Timothy Leary fue toda una celebridad en su momento, codeándose con lo más granado de la élite cultural de los '60 y '70, desde el poeta Allen Ginsberg a John Lennon y Yoko Ono. El motivo de su fama: su defensa, desde su posición como reconocido intelectual e investigador, de las drogas psicodélicas. Su fama y sus -al parecer- constantes anécdotas parecen haberlo convertido ya en vida en todo un referente de la cultura pop, o de la contracultura en la más vasta extensión de la palabra. Richard Nixon le proclamó el hombre más peligroso de América.

Imagen interior de la funda del vinilo.

En lo que se refiere a Ash Ra Tempel, decir que este álbum (el tercero en su trayectoria) sigue fielmente el esquema de sus primeros tiempos: una primera cara del vinilo dedicada a experimentos pop-rock variopintos y con destacada presencia vocal; y una segunda cara prácticamente del todo instrumental, de sonido cósmico y meditativo. En el caso de este Seven Up, la teoría se convierte en práctica mediante la mano conductora de Leary, haciendo de Space una larga canción oscurantista-hippie colocadísima de ácidos nada sanos, lejanamente cercana al blues y la psicodelia británica que de krautrock tiene poco o nada; y de Time un truculento ejercicio de hipnosis musical, cósmico por supuesto, diseñado sin la menor duda para disfrutar del trance con una sustancia ilegal corriendo por las venas del oyente. Space incluye, según la carpeta interior del álbum, los movimientos: Downtown, Power Drive, Right Hand Lover y Velvet Genes. Por su parte, Time (que, por cierto, fue grabado en directo en el Bern Festival) incluye Timeship, Neuron y She.

Despliegue de la funda.

¿Que por qué saco a la palestra este disco tan relativamente alejado de las delicatessen minimalistas que suelo poner por aquí? Porque como testimonio de toda una generación musical no tiene desperdicio, porque es una rareza incluso en la discografía de Ash Ra Tempel (que confieso no conocer al completo), sobre todo teniendo en cuenta lo que harían con el tiempo en referencia al ambient y la new age, y porque, al igual que ocurrió con esta banda, fueron muchos los artistas que evolucionaron desde estos paraísos lisérgicos y rockeros hacia las "nuevas músicas" propiamente dichas que tan a menudo nos gusta disfrutar a los aficionados sanos y carentes de toxinas en sangre como yo.

Nota: en los enlaces del texto se puede escuchar el álbum entero en YouTube, con los temas divididos en dos, uno por cada enlace respectivo.

La segunda mitad de Time, para escuchar sin tener que salir del blog.

miércoles, 5 de mayo de 2010

David Arkenstone - VALLEY IN THE CLOUDS


2. Stepping Stars (3:45)
4. Princess (3:32)
5. Eastern Dream (4:49)
6. Night Wind (3:56)
7. Rain (5:41)
8. The Sun Girl (4:37)
9. Lost Temple (6:43)

Nos encontramos ante una de las obras más conocidas de la new age pura y dura, a cargo del compositor norteamericano David Arkenstone. Se trata de su primer álbum, publicado en 1987 por el mítico sello Narada, estandarte desde siempre de una new age sencilla pero efectiva, nada comercial pero sí muy respetable dentro del círculo más exigente del género.

Si nos guiamos por la Wikipedia ("toooodos seguiiiimos al líiiiiider"), nos encontramos con que Arkenstone se planteó dedicarse a la new age después de descubrir la música de Kitaro, pese a que en sus años mozos tuvo sus devaneos con el rock progresivo. Se describe a si mismo como un admirador de las posibilidades que las nuevas tecnologías abren en el campo de la creación musical, y de alguna manera señala esta consideración como clave en las elecciones que llevó a cabo a la hora de realizar este debut, si bien es cierto que con los años se ha ido decantando en más de una ocasión por obras más acústicas que este Valley in the Clouds ("Valle en las nubes"), que se trata de un trabajo con predominancia del sintetizador y en el que los instrumentos acústicos aparecen más por una cuestión de recordarnos que esto no es música electrónica pura y dura que porque realmente sean indispensables.

David Arkenstone. Se merece todos mis respetos,
pero es la foto suya menos hortera que he encontrado.

Teniendo en cuenta la sencillez que define este estilo musical, no me extenderé demasiado en mi crítica. Arkenstone confiesa ser un admirador tan ferviente de Tolkien que llamó a uno de sus hijos Valinor (como las tierras élficas más allá del mar), y esta inspiración fantástica y un tanto soñadora está presente en todo el sonido del álbum que nos ocupa. Por lo demás, se trata de un conjunto de temas con una producción muy cuidada, con temas no demasiado largos y orientados a la relajación y la meditación. Pienso que esta forma de abordar la new age es muy americana, es decir, con una alta calidad y con capacidad para satisfacer por completo a los aficionados, aunque no especialmente eficaz a la hora de captar nuevos aficionados.

Ninguno de los temas destaca especialmente sobre los anteriores, ya que el conjunto es muy armónico. Ni le sobra ni le falta nada, aunque personalmente me quedo con Ancient Legend y Valley in the Clouds. Suelo ser bastante hostil ante estos productos new age tan sosillos, pero he de admitir que aquí el señor Arkenstone ofrece exactamente lo que este género predica como seña de identidad: una música introspectiva y no demasiado complicada, sin altibajos ni estridencias que nos saquen del trance. Muy buen disco, en su estilo.

domingo, 2 de mayo de 2010

Jeff Wayne - JEFF WAYNE'S MUSICAL VERSION OF THE WAR OF THE WORLDS


CD 1

1. The Eve of the War (9:07)
4. Forever Autumn (7:42)

CD 2

4. The Artilleryman Returns (1:27)
5. Brave New World (12:15)
6. Dead London (8:35)
8. Epilogue (Part 2) (NASA) (1:50)

Comenzamos el mes con uno de los experimentos más barrocos y extravagantes que se hayan realizado jamás en el campo a veces tan árido de la música popular. Fue de la mano de Jeff Wayne, compositor habitual de tonadillas para anuncios de televisión en los años setenta, que nos llegó en 1978 esta maravilla con mayúsculas que es su "Versión musical de La guerra de los mundos".

Jeff Wayne dirigiendo la sección de cuerda.

No nos dejemos engañar por el título, ya que para nada se trata de un musical en el estilo Broadway del término, sino de una "versión musical" de la archiconocida novela del británico H. G. Wells que viene a ser una mezcla entre álbum de rock progresivo conceptual, sinfonía clásica, obra de teatro, audiolibro y experimento tecnológico con tintes electrónicos. El disco es en sí mismo la obra literaria, no una mera banda sonora para un montaje escénico, así que la escala del proyecto es inmensa desde su mero planteamiento: Wayne utiliza leitmotifs al estilo de Richard Wagner en El anillo del nibelungo para que la música sea capaz de expresar un amplio abanico de significados: desde las emociones de los personajes hasta los efectos sonoros de la maquinaria extraterrestre. El elemento predominante es el sonido de una orquesta sinfónica completa, aunque los instrumentos del rock y los sintetizadores encajan perfectamente en el paquete.

El argumento de La guerra de los mundos es bastante conocido: a finales del siglo XIX llegan a la tierra inmensas naves en forma de bala que se estrellan en Inglaterra, procedentes de Marte. De ellos surgen horrendas criaturas que, utilizando trípodes gigantes armados con rayos caloríficos, comienzan a masacrar a la población y, finalmente, a hacerse con el control de nuestro planeta. El impacto popular de la novela aumentó exponencialmente tras la que lió Orson Welles en 1938 con su falso programa de radio en el que alertaba de la invasión a una Norteamérica que se apresuró, completamente crédula, al almacenaje de víveres.

Jeff Wayne también apuntó muy alto a la hora de dar un cariz cinematográfico a esta obra, contando entre los recitadores-actores del texto original con el mismísimo Richard Burton, además de un ramillete de figuras de primera línea, tanto para interpretar como para cantar: Justin Hayward, cantante de The Moody Blues; David Essex, actor especializado en musicales; Phil Lynnot, componente del grupo Thin Lizzy; Julie Covington, actriz y cantante famosa por su versión de Don't Cry for Me Argentina; y Chris Thompson, guitarrista de la banda de Manfred Mann. Se dice que Roger Waters echó una mano en los arreglos. El resultado: número 1 en 11 países, 290 semanas de permanencia en listas, millones y millones de ejemplares vendidos y unas cuantas reediciones, la última coincidiendo con el estreno de la película homónima de Steven Spielberg (curioso resulta saber que Spielberg, Alfred Hitchcock y George Lucas formaron parte de un jurado que, años atrás, eligió este álbum como la mejor grabación musical jamás realizada en el campo de la ciencia-ficción).

Richard Burton grabando sus textos.

Jeff Wayne's Musical Version of The War of the Worlds dio incluso para varias versiones en otros idiomas diferentes al inglés, por ejemplo una en español latino con Anthony Quinn como el narrador, y otra en castellano con Teófilo Martínez (conocido doblador, por ejemplo, de David el gnomo). También hubo un disco-resumen con los mejores momentos de la obra original, un par de videojuegos y, para celebrar el 30 aniversario, se ha realizado una gira con un montaje colosal implicando a la mayoría de los artistas originales.

Portada del disco con los "mejores momentos".

Lo que nos interesa ahora es diseccionar el álbum. El primer disco se titula genéricamente "La llegada de los marcianos". Comenzando por su primer tema, diremos que The Eve of the War ("La víspera de la guerra") es el tema más conocido del álbum, que su ritmo es endiablado, y que describe el escepticismo con el que se recibe en la Tierra la noticia de las extrañas excrecencias que se han producido en Marte, y que parecen dirigirse hacia aquí.

The Eve of the War, en concierto.

El segundo tema, Horsell Common and the Heat Ray ("El rayo de fuego en la plaza Horsell", en español) es uno de los cortes más descriptivos del disco, ya que refleja mágicamente el peligro que emana del cráter del impacto, y los sintetizadores que maneja el propio Wayne reproducen genialmente el sonido de sus rayos desintegradores que reducen a cenizas a los curiosos que se acercan a mirar.

El proyectil llegado a la Tierra, y los curiosos que se acercan...

The Artilleryman and the Fighting Machine ("El artillero y la máquina de guerra") describe el encuentro del protagonista con un joven artillero, el intercambio de impresiones de ambos sobre lo que está sucediendo, y la aparición de las enormes máquinas de guerra de los marcianos, sus trípodes, arrasando la ciudad al grito de "¡Ulla!". Forever Autumn ("Para siempre otoño") es otro de los temas clave del álbum, cantado por Justin Hayward en clave de balada rock, un amargo lamento por los seres queridos que se pierden en la guerra.

Los trípodes atacan a la población.

Thunder Child ("El hijo del trueno") es el tema final del primer disco, toda una arenga al combate por parte de los seres humanos hacia el Hijo del trueno, un barco de guerra que, pese a las esperanzas puestas en él, es literalmente derretido y hundido por los trípodes de otro mundo.

El segundo disco, "La Tierra en poder de los marcianos", comienza con The Red Weed (Part 1) ("La maleza roja"), que se refiere a la maleza roja que los marcianos cultivan sobre los escombros de la civilización humana. Es un tema instrumental muy ambiental y oscuro que sirve como introducción a lo que está por suceder. The Spirit of Man ("El espíritu del hombre") es el tema más teatral del álbum; contiene el encuentro del protagonista con el clérigo Nathaniel, que achaca la invasión a la inapelable cólera divina mientras su esposa intenta convencerle de que el espíritu humano conseguirá sobrevivir.

La maleza roja cubre las ruinas de nuestras ciudades.

The Red Weed (Part 2) es una segunda incursión del protagonista en los paisajes desolados de nuestro planeta, esta vez con algo más de ritmo y épica. El protagonista se reencuentra con el artillero en The Artilleryman Returns, y el segundo expone sus planes de reconquista en Brave New World ("Un mundo nuevo", en la versión española), canción alocada y un tanto vodevilesca en la que el soldado propone reconstruir la civilización humana en enormes galerías subterráneas, avanzando tecnológicamente hasta ponerse a la altura de los invasores.

El mundo subterráneo del artillero.

El protagonista llega a la arrasada capital en Dead London ("Londres desolado"), contemplando que se ha convertido en una ciudad fantasma, y lucha heroicamente cara a cara contra los marcianos, que se le echan encima al ritmo de The Eve of the War.

Los cuervos picotean los restos vencidos de los marcianos.

Es entonces cuando se da cuenta del punto débil de los invasores, que no revelaré. Concluye el álbum con sus dos epílogos, uno con las celebraciones que se llevan a cabo tras la involuntaria victoria humana sobre los marcianos; el otro dejando el final en abierto, con una sonda científica enviada a Marte por la NASA, mucho tiempo después, yendo a encontrarse en el último instante con algo raro que parece sonar como aquellos terribles trípodes...

Despliegue de portada y contraportada: el ataque del Hijo del trueno.

Si tengo que calificar de alguna manera esta obra, diré que es enorme, gigantesca, algo inigualable e inigualado (el propio Jeff Wayne lanzó con los años una fallida versión musical de Espartaco), todo un testimonio de imaginación y fantasía creativa. Debería ser obligatorio hasta en la escuela.
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