sábado, 12 de diciembre de 2009

Robert Fripp - A BLESSING OF TEARS. 1995 SOUNDSCAPES VOLUME II. LIVE IN CALIFORNIA



2. First Light (7:59)
3. Midnight Blue (6:07)
4. Reflection I (6:06)
5. Second Light (7:33)
6. A Blessing of Tears (8:28)
7. Returning I (3.58)
8. Returning II (5:10)

Robert Fripp, guitarrista de los legendarios King Crimson en su mejor época, se decantó por desarrollar una carrera paralela allá por el '74, hastiado de las relaciones cada vez más pasivas que se iban estableciendo, de manera mutua, entre las bandas de rock y su público. Como no podía ser de otra manera, Fripp se abrió por completo al mundo de la experimentación y las vanguardias de entonces, creando varias obras mano a mano con gente como Peter Gabriel, Andy Summers, Brian Eno o David Sylvian, y también en solitario.

A Blessing of Tears (1996) es un álbum grabado en California, en vivo -pese a que en nada se nota al escucharlo- en el que Fripp se sumerge en un denso oleaje de música electrónica más bien poco melódica, aunque bastante cálida, y en la que todos los sonidos parecen evocar, sintéticamente hablando, instrumentos de cuerda (violines, sobre todo). El disco pertenece a la serie Soundscapes, en la que Fripp pone en práctica la llamada "frippetrónica", un sistema inventado por él que utiliza dos cintas magnetofónicas para que una grabe lo que se reproduce en la otra con unos segundos de dilación, consiguiendo secuencias cíclicas de sonido de amplia profundidad.

Robert Fripp

No veo yo muy bien el porqué del título ("Una bendición de lágrimas"), porque la cosa no me parece necesariamente triste. Sí que está, desde luego, muy en la línea del ambient puro y duro, meditativo e intimista. Interesante música para acompañarnos en alguna otra actividad, si bien por sí sola me parece algo insípida.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Karlheinz Stockhausen - HYMNEN


1. Region I
2. Region II
3. Region III
4. Region IV

Pasamos hoy a una obra clásica verdaderamente provocadora, parida por uno de los grandes agitadores musicales del pasado siglo: Karlheinz Stockhausen. Hymnen (1969) es una de sus partituras principales y más conocidas, aunque eso no significa ni remotamente que la cosa sea precisamente sencillita de escuchar.

Hymnen consiste en una serie de movimientos inconexos que se articulan sobre una idea en principio simple: himnos nacionales de todo el mundo, que suenan como si hubiesen sido grabados de una radio mal sintonizada. Casi todo es ruido, aunque Stockhausen deja claro que la obra se divide en cuatro movimientos o "regiones": la primera, dedicada a su colega Pierre Boulez, contiene "La Internacional" y "La Marsellesa"; la segunda, dedicada a Henri Pousseur, consiste en el himno alemán, parte del himno ruso, himnos africanos y una grabación realizada en el estudio que el propio compositor considera propia de un momento en el que pasado, presente y futuro fueron simultáneos; la tercera región está dedicada a John Cage, y contiene el resto del himno ruso, el español y el estadounidense; y la cuarta región, dedicada a Luciano Berio, contiene el himno suizo y un himno inventado, el de una futura nación utópica.

Karlheinz Stockhausen, el visionario.

La llamada "música concreta" (que no se basa únicamente en sonidos producidos por instrumentos musicales, sino en sonidos ambientales y ruidos) se abre paso con fuerza en esta polémica obra cuya interpretación da para dos horas. Ni que decir tiene que Hymnen pertenece a los mismos campos intelectuales del arte abstracto, en los que la apreciación de la obra deviene en algo tan subjetivo que cualquier cosa puede ser tanto una estafa descarada como una obra maestra. Por lo menos, Stockhausen deja claro que verdaderamente existe un mensaje apolítico en su composición, lo que le otorga un "alma" que la salva de resultar una simple trola. En mi humilde opinión, para valorar algo así hay que escucharlo antes: http://www.stockhausenmusic.com/

Penguin Cafe Orchestra - BROADCASTING FROM HOME



2. Prelude & Yodel (3:51)
3. More Milk (3:10)
4. Sheep Dip (3:57)
5. White Mischief (5:48)
8. Another One from the Colonies (3:04)
9. Air (4:20)
10. Heartwind (4:11)
12. Now Nothing (2:59)

"Soy el propietario del Café Pingüino. Te contaré cosas al azar". Eso fue lo que el guitarrista clásico Simon Jeffes escuchaba una y otra vez en su cabeza tras ingerir pescado en mal estado durante una estancia en el sur de Francia, mientras tenía visiones febriles de un hotel en el que los huéspedes no hacían más que procurarse a sí mismos placeres de una forma egoista. Este fue el detonante, al menos espiritual, de la formación Penguin Cafe Orchestra.

Siguiendo con las historias curiosas, parece que Jeffes se fue de viaje a Japón y se encontró por allí, en alguna callejuela, un armonio (instrumento parecido al órgano). Esto inspiró el título del primer tema de este Broadcasting from Home (1984), Music for a Found Harmonium ("Música para un armonio encontrado"), una pieza tan tremendamente popular que ha pasado a formar parte hasta del repertorio folk (???) de algunos otros artistas, como si de una tonada tradicional de toda la vida se tratase.

El resto de temas de este estupendo álbum vienen a ofrecer una continuación en sentido amplio de lo logrado por la Penguin en su anterior obra, Penguin Cafe Orchestra, en la que cada uno de los temas era una joya insustituible. Aquí sí que podríamos encontrar -no sin rascar bastante- temas algo menos llamativos, aunque eso no signifique que al disco le sobra nada. De alguna manera, es como si la banda necesitase arriesgarse un poco. Eso no es malo, y el álbum es tan genial como su predecesor (a muchos entendidos les gusta incluso más). Temas como Heartwind (en cuya composición colabora Ryuichi Sakamoto) o In the Back of a Taxi mantienen la magia juguetona de estos folkloristas de ninguna parte que son los miembros de la Orquesta del Café Pingüino.

La banda en Sevilla (1997)

Una anécdota de la que me acabo de enterar es que el primer tema del álbum tenía un fallo (un "clic") en el máster del que se obtuvo el vinilo. No se atendió a las peticiones del público para que lo solucionasen, y al final creo que el detalle ha quedado como algo incluso pintoresco.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Jean Michel Jarre - OXYGENE


1. Oxygene 1 (7:40)
2. Oxygene 2 (8:09)
3. Oxygene 3 (2:55)
4. Oxygene 4 (4:15)
5. Oxygene 5 (10:24)
6. Oxygene 6 (6:21)

Oxygene (1976) es la obra más conocida del músico francés Jean Michel Jarre. Con ella revolucionó por completo un género, el de la música electrónica, que estaba poco menos que en pañales a mediados de los '70, dotándolo de unas posibilidades comerciales y de atracción hacia el público que algunos habrían dado por imposibles unos cuantos años antes. Algunos piensan erróneamente que se trata del álbum de debut de Jarre, si bien es realmente el tercero tras los desconocidos Deserted Palace y Les Granges Brulées, discos en una línea electrónica más agresiva y rupestre, pero que indicaban que el hijo "enchufado" de Maurice Jarre apuntaba maneras.

Contraportada de la edición en vinilo (obtenida en Flickr, de AbleKay47).

Jarre grabó el álbum en la cocina de su piso, utilizando sintetizadores analógicos (no creo que entonces hubiese otros) que, si bien no diferían de los usados por los grandes del krautrock u otros artistas en boga como Vangelis, sonaban especialmente elegantes, delicados. Y así son los temas del álbum, melódicos y no muy lejanos a la música clásica de toda la vida. Y no se si será por la portada impactante de Michel Granger (que con sus posteriores trabajos ha sugerido ciertas conexiones de Jarre con la francmasonería) o por algunos pasajes del álbum, pero se puede apreciar en él un lado tenebroso, menos optimista que el posterior Equinoxe. Sería por esta calidad indudable que Francis Dreyfus, productor musical, decidió editar la pieza en seis movimientos de Jarre, contra viento y marea, teniendo en cuenta lo poco vendible que una obra así resultaba a priori. Se vendieron unos 15 millones de copias de Oxygene. Treinta y tres años después, sigue siendo considerado unánimemente como el álbum más importante en la historia de la música electrónica, icono de toda una generación y digno de una notable secuela en 1997 y una regrabación en 2007, de las que ya hablaremos.

Portada del single Oxygene II y contraportada de una edición en CD.

Oxygene 1, como sería habitual en otros trabajos de Jarre, funciona como una introducción al tono general del disco, muy atmosférica y misteriosa. Oxygene 2 es ya un tema plenamente rítmico, frío en algunos momentos, bastante cósmico en general. Oxygene 3 es ominoso y robótico, un tema de enlace. El exitazo es Oxygene 4, uno de los temas más versionados y conocidos de su género, muy en la línea de la música planeadora a la que se asocia el álbum. Existen varios vídeos del mismo, casi siempre con pingüinos (1, 2, 3), y nunca falta en los conciertos de Jarre (1, 2, 3, 4). Oxygene 5 es de lo más interesante del disco, con una larga duración que da para melodías oníricas y secuencias épicas como pocas. El tema concluye con el sonido electrónico del oleaje rompiendo en una playa en la que escuchamos alguna gaviota también artificial, y se cierra la obra con la melódica Oxygene 6, que suena como una canción triste de las de bailar agarrados, una especie de resacoso fin de fiesta cósmico en el que no falta el sonido de la playa sintética y los "vientos" que suelen sonar a menudo en toda la obra de Jarre, resoplando por todas partes y haciendo maravillas con la amplitud de campo que da el sonido stereo.


Dos vídeos de Oxygene 4. No se si el segundo es oficial, pero lo pongo igualmente.

Como ya dije en mi reseña de Equinoxe, creo que Jarre mejoró en su disco del 78, si bien es cierto que este Oxygene es un pionero, un álbum con un toque de misterio que lo hace único, sobre todo a sabiendas de que sus pretensiones eran bastante altas, y se cumplieron mucho más que con creces.
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