viernes, 4 de noviembre de 2011

Peter Gabriel - NEW BLOOD


1. The Rhythm of the Heat (5:41)
2. Downside Up (3:52)
3. San Jacinto (6:58)
4. Intruder (5:07)
5. Wallflower (6:25)
6. In Your Eyes (7:13)
7. Mercy Street (5:59)
8. Red Rain (5:16)
9. Darkness (6:10)
10. Don't Give Up (6:40)
11. Digging in the Dirt (4:57)
12. The Nest That Sailed the Sky (3:54)
13. A Quiet Moment (4:48)
14. Solsbury Hill (4:35)

Cuando comentamos la salida de Scratch my Back el año pasado, quedó pendiente la salida del segundo álbum del proyectado díptico de Peter Gabriel, que iba a titularse I'll Scratch Yours e iba a contar con versiones de temas suyos a cargo de otros artistas. Entre que Scratch my Back no cuajó entre los críticos y que sus ventas fueron pobres, la posibilidad del plan inicial se fue disipando, sobre todo cuando muchos de los grupos y solistas con "contrato verbal" comenzaron a rajarse con o sin motivos justificados. Quedan algunos testimonios en YouTube de lo que pudo ser y no fue, sobre todo una versión de Biko a cargo de Paul Simon que es realmente emocionante, pero poco más quedó de aquello. Ahora sale esta suerte de disco de consolación, New Blood ("Sangre nueva"), que es como un Greatest Hits de Gabriel, pero de nuevo con acompañamiento de orquesta sinfónica.

Es posible que los fans del ex-Genesis se hayan alegrado, en el fondo, de que haya sido el propio Gabriel quien cante en New Blood; para los demás, la cosa suena ultraconservadora. Para empezar, este músico es solamente uno de los muchos que han grabado con orquesta últimamente (Sting ha hecho también lo propio hace poco), con lo que la originalidad de la idea es escasa o nula. Y encima se ha acudido al truquito de siempre: seleccionar los temas más transformables de su repertorio, los que mejor funcionan con la orquesta clásica, amén de unos cuantos éxitos populares (demasiado pocos, me parece) para dar lustre al paquete. Sucede, menos mal, que la impresionante calidad de Peter Gabriel como compositor de música más o menos pop convierte su nuevo álbum en una experiencia de reencuentro que merece la pena. 

Diseño del interior del estuche del CD.

New Blood recibe su título de la reciente gira que Peter Gabriel ha realizado -y sigue realizando, me parece- para presentar esta idea sinfónica suya. En cada concierto, Gabriel se centraba en los temas de Scratch my Back, aunque incluye un salpicón de canciones propias para que quienes han pagado la entrada no se queden sin Solsbury Hill o Don't Give Up. Como decíamos, son precisamente estos los dos hits estelares que Gabriel entrega en el nuevo álbum, aunque el resto de cortes del CD contiene canciones un poco menos  célebres, aunque indiscutiblemente buenas; material del tuétano de cada uno de sus álbumes en solitario como la potente aunque formulaica Digging in the Dirt, la no menos efectiva Red Rain o una de mis favoritas de siempre, la mística y cálida San Jacinto. No menosprecia Gabriel sus últimos álbumes de estudio, y aquí se incluyen también testimonios de estos tiempos irregulares como The Nest That Sailed the Sky de OVO o Darkness, de Up.

Según explica el libreto, todo este romance con la orquesta partió de la idea inicial de grabar canciones con instrumentos de fabricación casera, aunque un encuentro con John Metcalfe, que andaba grabando algo en los estudios RealWorld, dio a Gabriel la idea que aquí se plasma en álbum por segunda vez. También se explica, y el propio disco demuestra, que se ha procurado permanecer lejos de ese sonido como de banda sonora que suele haber en esta clase de álbumes de artistas pop. Parece que Peter Gabriel y su equipo han procurado utilizar la orquesta para realzar el valor sentimental de cada tema, evitando acudir siempre a románticos pasajes de violín a tutiplén. La clave parece estar en que este trabajo no se concibe como un auto-homenaje deificador, sino como un experimento más de cuantos ha realizado este inquieto músico en su carrera, en esta ocasión -admitámoslo- respetable pero algo perezoso en cuanto a que no se ha molestado en componer, sino más bien en "arreglar".

Qué raro es este tío, de verdad.

The Rhythm of the Heat suena casi amenazadora; Downside Up, muy grandiosa y llena de colorido gracias a la participación de Melanie Gabriel; San Jacinto es inquietante y a la vez épica, bastante efectiva a la hora de sustituir sus fondos originales por instrumentación clásica; Intruder es tan alocada y chocante como en el original Peter Gabriel 3, aquí pura esquizofrenia; Wallflower y Mercy Street suenan directas y delicadas, tan sinceras como las originales (la segunda casi parece sacada de The Final Cut de Pink Floyd); In Your Eyes es exquisita por su rica orquestación y sus coros, casi hasta darnos ganas de pedir a Peter que se calle un rato; no se lo ha currado mucho en Red Rain, que es prácticamente igual que la de siempre, y esta vez sí suena a banda sonora; Darkness es otro paso hacia la locura; Don't Give Up, con la extraña voz de Ane Brun, sufre de nuevo este efecto soundtrack, aunque la canción es tan buena que soporta lo que le echen; Digging in the Dirt bien podría ser el remix orquestal más innecesario -y peor enfocado- del disco, si bien algún tramo sinfónico es espectacular; The Nest That Sailed the Sky es un instrumental de lo más agradable, muy evocador y acertado; y A Quiet Moment es precisamente eso, "un momento silencioso", una grabación de ambiente levemente por encima del simple ruido de fondo que da paso a un poco inspirado reintento muy grandilocuente de Solsbury Hill, un tema que para Gabriel no terminaba de encajar del todo en el tono del disco y Peter Gabriel quería dejar más o menos aislado al final, en plan bonus.

Practiquemos nuestro inglés con uno de los vídeos promocionales de la web de Gabriel.

Una feliz idea ha sido la de editar una edición especial con un segundo CD, conteniendo versiones instrumentales de cada canción, además de los temas Blood of Eden, Signal to Noise y Father, Son, las dos últimas en ediciones digitales del álbum.

La verdad es que New Blood me ha ido gustando más y más mientras lo escuchaba, y al final no puedo ser tan cruel como seguramente debería. No se escapa de ese efecto banda sonora que pretendía evitar, y muchos de sus temas parecen limitarse a cambiar guitarras, baterías y teclados por instrumentos equivalentes de la orquesta sinfónica en una ecuación muy lineal, pero vamos, que escuchar estas joyas de Peter Gabriel con un tono nuevo siempre es un placer, pese a que sea uno consciente en todo momento de que podría haber sido mucho más grande. Todavía queda pendiente el asunto I'll Scratch Yours, así que ya veremos.
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