domingo, 6 de noviembre de 2011

Jean Michel Jarre - REVOLUTIONS


1. Industrial Revolution (16:33)
2. London Kid (4:34)
3. Revolutions (5:01)
4. Tokyo Kid (5:22)
5. Computer Weekend (5:00)
6. September (3:52)
7. The Emigrant (3:56)

Otro disco que estaba pendiente era este Revolutions (1988), sobre todo porque hace siglos que comentamos por aquí Waiting for Cousteau, disco que -al menos en mi modesta opinión- podría ser la cruz de la misma moneda. ¿A qué me refiero? Pues a que me parece que mientras Cousteau era un álbum de corte ecologista, Revolutions es claramente humanista y social, seguramente inducido en su génesis por la experiencia internacional que convirtió a Jarre en embajador de buena voluntad de la UNESCO, y por la responsabilidad como creador que ello debe suponer.

En su momento, Revolutions fue un rotundo éxito de ventas (nº 2 en Gran Bretaña), aunque debo decir que siempre me ha parecido uno de los trabajos menos atrayentes del francés. Es como si Jarre comenzase el álbum con ideas muy claras sobre su desarrollo conceptual y sonoro, para terminar quedándose a medio gas antes de tiempo y rellenando su segunda mitad con retales sin excesiva coherencia. Tras los trabajos épicos que fueron sus lanzamientos hasta Zoolook (1984) y el puntual revival de lo mismo que fue Rendez-Vous (1986), era lo justo y deseado que Jean Michel diese un nuevo salto hacia adelante en su carrera, y Revolutions me parece que se quedó en una serie de ideas demasiado fáciles como para sorprender al personal de la época. Por supuesto, esta apreciación es puramente superficial, y más adelante añadiré alguna matización.

Jarre continúa su labor educativa y cultural en la actualidad. Foto de unesco.org

Seriamente, hay que admitir que Revolutions comienza francamente bien. Los cuatro primeros temas forman un sólido conjunto que retrata de forma magistral, impresionante, la idea que todos tenemos sobre lo que fue la Revolución Industrial. Quizá el mundo actual comenzó precisamente allí, en aquellas sucias fábricas británicas donde miles de obreros se hacinaban para cumplir con jornadas de 20 horas de trabajo, hombres, mujeres y niños todos por igual, mientras los empresarios (no necesariamente malvados negreros sino más bien hábiles emprendedores de su tiempo con los escrúpulos justitos) exportaban al mundo entero las maravillas de la producción en cadena, los avances colosales de los nuevos inventos como la máquina de vapor o su hijo el ferrocarril. Surgieron los sindicatos de trabajadores y la sociedad de clases tal y como la conocemos, desplazando para siempre un mundo rancio y basado en el abolengo por otro en el que la economía, el empleo y los derechos sociales adquiridos marcaban la diferencia entre unas personas y otras.

Jarre comienza con una obertura que nos habla de trabajadores utilizando maquinaria pesada de forma repetitiva, y bajo estos estruendos metálicos, se va imponiendo una melodía dramática. Es un himno mecanicista. Industrial Revolution Part 1 es casi un scherzo clásico tras un primer tramo de jadeos de agotamiento, pujante y colosal, capaz de mostrarnos musicalmente un mundo de maravillas tecnológicas decimonónicas dignas del mejor Julio Verne. Industrial Revolution Part 2 parece transportarnos, gracias a los pequeños e intrincados detalles de sus arreglos electrónicos, a la era de los ordenadores y la informática, quizá incluso a la era espacial. No decae la grandiosidad, sino que va incluso a más. La mini-sinfonía industrial concluye a la perfección con una Part 3 que parece asomarse al otro lado de la cortina triunfalista de los adelantos de la civilización, a una masa humana explotada hasta la extenuación que parece recibir solamente pequeños atisbos de tanto logro, materializados mediante una interpretación lenta y cansada de la melodía de Part 1. Hará las delicias de los aficionados a la estética "steampunk".

Portada del single Revolutions (o Revolution, Revolutions).

El resto del disco, como decíamos, sigue manteniendo seguramente una temática social, si bien aquí se diluye un poco en una serie de temas escasamente cohesionados y que suenan algo planos, algo vacíos de carisma. Sigue vivo el mejor Jarre en algún punto concreto como el divertido Computer Weekend, una fantasía intrascendente; o en Revolution, Revolutions, originalísima composición con arreglos arábicos y la nada habitual inclusión de letras, eslóganes más bien, que son toda una declaración ideológica progresista y pro-democrática.

Revolutions en concierto, editado como video-clip oficial.

A medio camino se queda London Kid, concebida para recrear las ingenuas melodías de The Shadows, cuyo líder Hank Marvin (ídolo infantil de Jarre, por cierto), hace una aparición estelar a la guitarra. Yo creo que le falta algo de sangre en las venas, ya que al final se decanta por una solemnidad amable y demasiado fácil. Su teórica gemela Tokyo Kid es algo más arriesgada, aunque resulta más ambiental que otra cosa. September posee una melodía muy bonita, admirable incluso en su belleza naif, aunque teñida de tristeza: se trata de un homenaje a Dulcie September, activista sudafricana asesinada en París ese mismo año.  Por último, The Emigrant cierra el álbum con otro himno grandilocuente y social, un poco maniqueo para mi gusto pero efectivo cuando ha sido utilizado en conciertos con carga afectiva específica (Solidarnosc, por ejemplo).

Hank Marvin y JMJ tocaron juntos en el concierto de Londres, a raíz del lanzamiento del álbum. 

Hay buenas ideas, sobre todo en la suite sobre la Revolución Industrial, e incluso en alguno de los demás temas. Ocurre, no obstante, que esta es la primera vez -para mí al menos- que podía coger los cortes de un álbum de Jarre y ordenarlos al azar sin que el resultado se resintiera, incluso si dejaba alguno fuera. De hecho, sigue siendo el único disco de la mejor etapa del músico cuya lista de temas no he logrado aprenderme todavía. Se nota que es una obra bastante personal, pero creo que Jean Michel Jarre nunca ha sido del todo efectivo a la hora de potenciar sentimientos de ternura o afecto en su música, siendo más ducho -repito, para mi gusto- en la recreación de ambientes cósmicos de gran elegancia, no necesariamente fríos, pero sí en otra línea más "fantástica". No es el peor disco de Jarre, ni por asomo, pero tampoco diría que es de los mejores.

4 comentarios:

Mannelig dijo...

Yo le tengo bastante aprecio, la verdad. Aunque también influye cierto aspecto sentimental: el concierto de los Docklands en Londres, donde creo que suenan todos los temas de este trabajo, fue mi primer disco de Jarre.

El conde dijo...

Saludos, Mannelig

Creo que este disco salió en la época de más popularidad de Jarre, y entiendo que para mucha gente fue tan bueno como el que más. Yo es que soy tan admirador de Equinoxe o Magnetic Fields que Revolutions se me queda como... muy light.

Gracias por pasarte por aquí, compañero.

Jess dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jess dijo...

Bueno, Revolutions de Jarre es un claro ejemplo que ilustra la decadencia del Rock Progresivo a finales de los 80´s, pero no porque en sí mismo fuera un album decadente, sino más bien como un cambio de propuesta tan difícil en el que Jarre podía haber terminado ahí mismo su carrera o pasar al siguiente nivel, dejandose absorber en gran parte por la corriente salvadora de la "New Age", y que le seguirian otros tantos músicos, grupos y oportunistas.

Ejemplos hay muchos de quienes no llegaron a traspasar por mucho la decada de los ochentas como parte de la decadencia del Rock Progresivo, Pink Floyd por ejemplo, Synergy de Larry Fast, Yes, Genesis y casi todos de los supergrupos clasicos de antaño, incluyendo tambien a Kraftwerk y Giorgio Moroder, aunque estos dos últimos mas del lado de la música Techno pero que cuentan con un gran número de seguidores en las filas de las nuevas músicas.

Sobre ese cambio tan drástico de los 80´s a los 90´s para muchos fulminante y para otros bienvenido me gustaria seguir indagando, y quizas alguien pudiera seguir opinando al respecto. Quizas fúe el momento decisivo en el que se terminaba el Jarre que conocíamos y comenzaba el verdadero Jarre que ahora conocemos.

Esta es mi humilde opinión sobre un asunto tan complejo que no deja de darme vueltas en la cabeza.

Hasta pronto Conde.

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