martes, 20 de junio de 2017

Peter Gabriel - (3 "MELT")


1. Intruder (4:54)
2. No Self Control (3:56)
3. Start (1:21)
4. I Don't Remember (4:42)
5. Family Snapshot (4:29)
6. And Through the Wire (4:58)
7. Games Without Frontiers (4:06)
8. Not One of Us (5:22)
9. Lead a Normal Life (4:15)
10. Biko (7:26)

El álbum del que vamos a hablar no tiene título, al igual que tampoco lo tienen los dos anteriores trabajos en solitario de Peter Gabriel y tampoco lo tendría el cuarto. Hoy en día se los distingue por un simple número y por algún término en inglés que haga referencia a su portada. El primero se conoce como "Car" (1977) porque Gabriel va dentro de un coche, el segundo es "Scratch" (1978) porque el músico parece estar rasgando su propia imagen, y este es "Melt" (1980) porque Gabriel parece derretirse como una figura de cera.

Otro diseño sobre la misma idea, esta vez para un single. 
Los autores son el estudio Hipgnosis de Storm Thorgerson, los de las portadas de Pink Floyd.

Este hombre ha encarnado durante muchos años el arquetipo del músico raro pero genial, desde su legendaria participación en Genesis, donde era mitad cantante mitad performer, disfrazándose de diversos personajes estrambóticos en las actuaciones. El público enloquecía con su gestualidad y con las historias surrealistas que contaba entre canción y canción, y no es de extrañar que en un momento dado quisiera trabajar en solitario. 

Tras seis álbumes de estudio en Genesis, Gabriel comenzó su andadura como solista con un primer álbum (el del coche) del que después renegó por su excesiva producción. Su segundo trabajo le dejó más satisfecho pero tuvo menos impacto comercial. Cuando llegó el tercero, el que nos ocupa, nos íbamos a encontrar con el eslabón perfecto entre el fabulador surrealista de sus primeros tiempos y el extravagante showman de la generación MTV en que se convertiría tras el multimillonario So (1986).

Contraportada

No es "Melt" un disco accesible a la primera. Gabriel antepone su afán experimental a su interés popular, y de hecho no es hasta la segunda mitad del disco cuando éste estalla en una supernova de colorido e imaginación. Los primeros temas nos bombardean con percusiones estruendosas y una guitarra agresiva que vienen a acentuar las estructuras casi nunca predecibles de las canciones. Aquí están Intruder (en la que colaboran Phil Collins y el "synthesizer hero" Larry Fast) y No Self Control (con apoyo vocal de Kate Bush e instrumental de Collins, Fast y Robert Fripp). Start es un diminuto instrumental con protagonismo del saxo de Dick Morrissey (el de Blade Runner), y I Don't Remember, que tuvo videoclip, ya suena como sus futuros temas ochenteros.

I Don't Remember

Con saxo y sobre todo piano llegamos a la más o menos intimista Family Snapshot y a la rockera And Through the Wire, ésta con Paul Weller a la guitarra. Damos la vuelta al vinilo para darnos de bruces con el himno Games Without Frontiers, un tema un tanto sarcástico sobre aquel concurso tipo gimkana Juegos sin fronteras que se disputaba entre distintos países europeos y emitían aquí mismo en televisión. El vídeo tiene un toque "creepy" importante.

Games Without Frontiers

Muy ochentera es también Not One of Us, y pura delicadeza es Lead a Normal Life, instrumental salvo por un breve pasaje central, en la que apreciamos el gusto creciente de Gabriel por la instrumentación y los ambientes étnicos. El álbum concluye con un segundo himno, éste de mucho mayor calado. Se trata de Biko, inspirada por el activista anti-apartheid Steve Biko, que fue torturado brutalmente hasta la muerte por la policía sudafricana. El tema, que pone la piel de gallina, combina cánticos sudafricanos y gaitas. Fue recuperado años más tarde para promocionar la película Grita libertad (Richard Attenborough, 1987) con un interesante videoclip.

Biko, en la versión del álbum.

Aunque hemos mencionado varias colaboraciones, son muchas más las que figuran en Melt, un álbum que en su momento debió ser acogido por los mejor informados como un verdadero acontecimiento, si bien es cierto que algunos historiadores de la música mencionan los cuatro primeros trabajos de Peter Gabriel (incluyendo "Security", de 1982) más como obras de culto que como éxitos en sentido pleno. No lo sé, pero está claro que el álbum, pese a que no todos sus elementos han envejecido igual de bien, hace que te preguntes de dónde podía salir tanta creatividad. Un imprescindible en cualquier colección que se precie.

domingo, 11 de junio de 2017

Jorge Granda - OPUS 5


1. Bay of Biscay (5:52)
2. The West Side (3:57)
3. Vidas eléctricas (4:32)
4. Key to Heaven (1:06)
5. City by Night (3:24)
6. M Is for Miracle (2:22)
7. The Search (2:06)
8. Mind Stroke (0:53)
9. Constellations (4:36)
10. Imaginary Worlds (5:13)

Es un absoluto placer para un humilde bloguero musical como yo llegar un día a casa y encontrar en el buzón un sobre acolchado con un CD dentro. Si además es una edición numerada y autografiada hablamos de un lujazo, y si encima el autor es alguien de la talla de Jorge Granda, estamos ante un privilegio excepcional. Cuidado, porque a pesar de que nunca he querido ser complaciente con los músicos de aquí que se acercan al blog y me hacen llegar su música, debo decir sin peloteos que Opus 5 (2015) me ha sorprendido de verdad. No me siento obligado a repartir elogios, pero aquí no me queda más remedio.


Imágenes del estuche del CD (de In Sight).

Ya comentamos en su día los álbumes Muzak (2011) y Filmworks (2013), y si bien ambos trabajos fueron muy de mi agrado y de acuerdo con ello los reseñé, este Opus 5 me ha roto las expectativas por el techo. Jorge Granda (Oviedo, 1985) tiene ya una sólida discografía y un prestigio creciente como compositor de bandas sonoras para cortometrajes y documentales, e incluso pasea ya por alfombras rojas internacionales. En las ocasiones anteriores describí sus piezas instrumentales, grosso modo, como postales paisajistas tomadas en diversos viajes, quizá reales, quizá mentales. 

Bay of Biscay

Opus 5 contiene temas que, sin romper drásticamente con lo anterior, buscan de algún modo una experimentación sonora y textural no tan cercana a lo melódico (que también), sino propia de un género ambient a ratos "ortodoxo". La utilización más intensiva, o menos discreta en todo caso, de instrumentos electrónicos, hacen de Opus 5 una propuesta sobresaliente de música horizontal. Además, pese a que varios cortes del álbum forman parte de bandas sonoras (como ocurría en sus trabajos previos), Granda logra dar al conjunto la coherencia de un disco conceptual que nos hace profundizar mucho más en él durante la escucha.

City by Night

Por supuesto, tampoco estamos hablando de que todo el álbum sea un puro flotar ingrávidos sobre largas notas de sintetizador (Bay of Biscay, The West Side). Algunas piezas poseen ritmos bien marcados (Vidas eléctricas, City by Night), y otras gustan por su lograda atmósfera soñadora (Constellations, Imaginary Worlds). Varias soluciones musicales, como los sutiles desarrollos de piano aquí y allá, los misteriosos arreglos con cuerdas de The Search o la acertada guitarra de Mind Stroke, tema demasiado breve, sorprenden precisamente por su colorido orgánico en un trabajo con predominio de lo sintético. El nivel de la de producción es muy alto, e incluso el diseño del estuche del disco, en extremo minimalista, posee un magnetismo especial. Jorge Granda se lo ha currado como nunca, y este es un disco para tener en casa.

Imaginary Worlds

Opus 5 puede conseguirse en la web de Jorge Granda mediante la dirección de correo electrónico jorgegranda2@hotmail.com. También puede adquirirse en plataformas digitales.

El álbum en versión CD.

viernes, 2 de junio de 2017

Lo nuevo de Roger Waters, 25 años después.

Hoy se publica Is This the Life We Really Want?, el nuevo álbum de Roger Waters. Es difícil acusar a Waters de dinosaurio, aun a sabiendas de que la mayor parte de estos años entre disco y disco (el anterior fue Amused to Death, de 1992, si no contamos la ópera Ça Ira y varios álbumes en directo) los ha pasado realizando giras con sus propios montajes grandilocuentes a base de obras de su antigua banda Pink Floyd. El caso es que, vista por ejemplo su reciente versión en directo de The Wall, nos damos cuenta de que Waters no sólo mantiene una visión perfectamente actual de la situación sociopolítica contemporánea, sino que es capaz de aportar plena combatividad a temas de hace cuarenta años. Es un dinosaurio incómodo y correoso.

Portada del nuevo álbum.

Durante los años en que sus relaciones con los otros Pink Floyd eran malas, malísimas, alguno de sus ex-compañeros le definió (me permito aquí una conclusión propia) como alguien con una visión un tanto populista de la política, a veces un bárbaro fascista, a veces el más progre de los anarquistas. No es de extrañar que sea precisamente en estos tiempos en los que las máscaras del idealismo se han caído de los rostros de nuestros líderes cuando Waters ha decidido volver a grabar canciones explícitas de las suyas. 

Roger Waters

Pero como de música y no de ideología va la cosa, sí merece la pena señalar que las primeras criticas -positivas- señalan de un modo u otro lo grande que podría ser un nuevo trabajo del cantautor si estuviese arropado por la perfección sonora habitual de su mítica banda. Aun así, estamos hablando, o eso dicen los entendidos, del trabajo más floydiano de Roger Waters, con efectos sonoros y estructura conceptual incluidas. No en vano, su nueva gira lleva el título de aquel mítico tema Us and Them de The Dark Side of the Moon. Acabará en mi colección más pronto que tarde. Terminamos con el vídeo promocional de The Last Refugee.

viernes, 26 de mayo de 2017

Penguin Cafe - THE IMPERFECT SEA


1. Ricercar (4:34)
2. Cantorum (7:23)
3. Control 1 (Interlude) (6:57)
4. Franz Schubert (5:46)
5. Half Certainty (2:31)
6. Protection (5:22)
7. Rescue (6:29)
8. Now Nothing (Rock Music) (4:38)
9. Wheels Within Wheels (6:20)

No llega a conocerse la verdadera valía de un grupo como este hasta que se publica su tercer álbum de estudio. El primero suele ser complaciente con lo que se espera a raíz de sus filiaciones, ya sea su género, sus referentes o, como en este caso, un precedente directo. El segundo álbum sirve para reafirmar el sonido y explorar un poco vías musicales paralelas. Y el tercero debe ser una confirmación, un asentamiento pleno de su identidad. Pero The Imperfect Sea (2017), tercer álbum de estudio de Penguin Cafe, no es exactamente lo que se podría esperar de él. No está tan verde como A Matter of Life... ni tiene las ambiciones de The Red Book, pero sigue pareciendo que la banda de Arthur Jeffes anda en busca del equilibrio entre la herencia recibida y la visión moderna de sus miembros. 

Arthur Jeffes intentando huir del pasado.

El equilibrio todavía no se ha hallado, y de ahí que The Imperfect Sea pueda verse como un álbum 2.5 más que como el proverbial tercero. Eso no es como decir que el álbum sea decepcionante, pero sí queda la sensación de que Penguin Cafe necesita dar un paso más hacia su plena madurez. Mientras tanto, nos quedamos con otra exquisita colección de temas minimalistas muy diversos, que van desde los muy "Jeffes" (Ricercar) a los deconstructivos (CantorumControl 1 Interlude). 

Ricercar en vivo.

Por el camino nos encontramos con piezas tan interesantes como Franz Schubert, que es una versión del tema homónimo de Kraftwerk, Protection, cuya melodía es maravillosa, y Now Nothing (Rock Music), que versiona el Now Nothing de la PCO sólo con el piano. También destacan un par de temas con arreglos plenamente sinfónicos como son Rescue y Wheels Within Wheels, ambas en una vena un poco fría a la que quizá le falte una pizca del toque lúdico de la banda original. Wheels Within Wheels, que por cierto es la tercera versión aquí incluida, podría pasar por la transcripción orquestal de un tema electrónico machacón. Sumando esto a la elección del tema de Kraftwerk antes mencionado, podemos sacar algunas conclusiones...

¿Y ahora qué hago?

La lucha interna de Jeffes y los suyos es fácil de explicar pero difícil de resolver. Penguin Cafe es una formación que se mueve muchísimo en festivales de tipo "indie" (término que detesto por la hipocresía que oculta), y si tenemos en cuenta que sus componentes vienen de Gorillaz, Suede y Florence and the Machine, nos daremos cuenta de la lógica necesidad que tendrán estos músicos de quedar bien con los (también detestables) guardianes de la modernidad. Nos quedamos un poco en tierra de nadie, en un empate técnico entre generaciones que socava la coherencia del álbum. En cualquier caso, es cierto que una banda con estos antecedentes no puede caer en lo maniqueo ni en la autocomplacencia, y The Imperfect Sea es tranquilizador en este sentido. Pero seguimos esperando el gran salto.

Protection

viernes, 12 de mayo de 2017

Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 7: "AXEL F"

Portada del single.

Resultará una obviedad para quienes crecimos en los años ochenta, pero el tema principal de Superdetective en Hollywood (Beverly Hills Cop, 1984) es uno de esos pequeños clásicos instrumentales mainstream que suenan conocidos a cualquier chaval de hoy, sin que tenga necesariamente que conocer la existencia de aquel taquillazo. En la película, Eddie Murphy interpretaba al policía Axel Foley, y de ahí el título de la pieza.

El álbum con la BSO.

La verdad es que el temazo Axel F ha seguido sonando aquí y allá con relativa frecuencia, entre otras cosas gracias al éxito infame de un remix machacón a cargo de Crazy Frog a comienzos de este siglo, que lo llevó a lo más alto de las listas de éxitos mundiales. Y como tono para móviles es poco menos que un mito. Lo cierto es que Axel F, pese a su empleo algo prosaico de los teclados sin mucho aderezo, a su ritmo guay y a su inevitable puntito hortera, es un tema más complejo de lo que parece en lo que a composición se refiere. Con todo, era uno de los primeros temas que aprendíamos a tocar los poseedores de un Casio a pilas.

Faltermeyer en la portada de su álbum Harold F, en la que se vio obligado a incluir Axel F.

Axel F es obra del músico alemán Harold Faltermeyer, un artista educado en el clasicismo más acérrimo que descubrió un mundo de color gracias a su colaboración con el italiano Giorgio Moroder, y gracias también a la popularidad de la musica de sintetizador en aquellos años (recordemos Miami Vice). Faltermeyer seguiría cosechando éxitos (Incluyendo Grammys y candidatura al Oscar) gracias a los productores de cine Jerry Bruckheimer y Don Simpson. Además del hit que nos ocupa, para ellos compondría la música de películas como Top Gun o Superdetective en Hollywood II. También estuvo en Tango y Cash.

En lo personal... supongo que por ahí habrá algún antiguo compañero de instituto que conservará el vídeo de cuando preparamos una coreografía para la clase de Educación física a ritmo de Axel F. Todos tenemos un pasado.

El videoclip oficial.

Una versión extendida de Axel F.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Llegó otra enorme tanda de reediciones de Vangelis.

Dicen en Amazon que salieron a la venta el 28 de abril, aunque de otras fuentes se deduce que se publicaron el año pasado. El caso es que los fans recientes del músico griego tienen la oportunidad de hacerse con gran parte de su discografía esencial. Estamos hablando de Earth, L'apocalypse des animaux, Opera Sauvage, China, See You Later, Mask, Invisible Connections, Soil Festivities y Antarctica, además de los tres clásicos de Jon and Vangelis Short Stories, The Friends of Mr. Cairo y Private Collection. No todos gozan del mismo volumen de distribución, por lo que se aprecia en tiendas online. 

 
 
 

Unos cuantos de estos trabajos (Mask, See You Later e Invisible Connections) estaban totalmente descatalogados, y Earth estaba disponible como remaster en vinilo y en una edición antigua en CD cuyas hechuras se me antojaban sospechosamente "caseras". Estos discos, en fin, ya iban haciendo falta. Eso sí, nótese -repito- que no todos están en cualquier tienda (sus precios fluctúan también arbitrariamente entre los 10 y los 20 euros) y, sobre todo, que no son las mismas versiones que podemos encontrar en el reciente estuche Delectus. Por ejemplo, See You Later no incluye los temas extras que encontramos en su equivalente del citado "box".

 

La edición no es fea del todo, pero se han alterado bastante las portadas originales (la de Antarctica es un caso aparte) y vienen en el endeble y perecedero formato digipak. En realidad, estas reediciones del sello Esoteric Recordings tienen regusto a colección de quiosco por fascículos.

domingo, 30 de abril de 2017

Un 10 para Jarre y otro 10 para la TV pública española.

Aunque últimamente da una de cal y una de arena en lo discográfico, hay que admitir que Jean-Michel Jarre no falla en su faceta en directo. Al César lo que es del César. Anoche tuvo lugar el concierto inaugural del Año Jubilar Lebaniego, que Jarre bautizó como The Connection Concert por su amplio alcance mediático y su audiencia potencial. Desde el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, el evento se emitió en streaming, en redes sociales, y en la 2 de TVE, en horario de máxima audiencia. 

Un vídeo promocional

Jarre ha recibido elogios de la prensa durante el día de hoy, no solamente por la perfección del sonido y la magnificencia del espectáculo visual, sino sobre todo por la valentía de este señor de casi 70 años que se permitió el lujo de centrarse en sus últimos álbumes publicados en lugar de hacer un efectivo popurrí nostálgico de sus 40 años de carrera. Fueron inevitables temas como Oxygene 2, 4 y 8, Equinoxe 7, Zoolookologie o Souvenir of China, eso sin contar una curiosa fusión de Equinoxe 4 y la reciente Glory, aunque me quedo con el impresionante prólogo en el que escuchamos Ethnicolor junto a proyecciones del célebre Apocalipsis del Beato de Liébana. Y para de contar respecto a los clásicos. Todo lo demás fue una acertada selección de temas de Electrónica 1 y 2 y Oxygene 3, con unas percusiones potentes pero adecuadas y fragmentos improvisados con bastante buen gusto. No he hablado del todo bien de estos últimos álbumes (algo mejor del tercero), pero los temas elegidos ganan muchísimo cuando Jarre y sus colaboradores los integran en un show bien equilibrado y musicalmente coherente. En concreto, el tema The Heart of Noise pt. 1 fue un verdadero alucine. La piel de gallina, en serio. 

El cartel oficial.

En lo técnico, hay que decir que Jarre y su gente ya empiezan a dejar atrás los trastos electrónicos más o menos reconocibles para entrar en el mundo de la ciencia-ficción dura a base de pantallas táctiles y gráficos de colores. De hecho, cuando entró en escena la famosa arpa láser parecía más anticuada que una bandurria. Suele haber también dudas sobre si Jarre utiliza más de la cuenta melodías en playback, aunque anoche no paró de generar sonidos bien auténticos con su parafernalia de laboratorio. Y cómo disfrutó este hombre con su teclado con mástil colgado al hombro y persiguiendo sonriente al cámara por el escenario. En fin, que ayer vimos a un Jean-Michel pletórico, una leyenda de la música de nuestro tiempo que se reivindicó como tal.

Jean-Michel Jarre en su "cocina" (en www.caminolebaniego.com).

La emisión por televisión estuvo a la altura. El concierto se emitió sin cortes durante sus dos horas de duración y el comentarista, bastante bien documentado si no directamente admirador de Jarre, intervino con acierto y sin excesos. Es un lujo que nuestra televisión pública siga teniendo de vez en cuando la buena idea de emitir conciertos en riguroso directo, apostando por la cultura nada menos que un sábado a las diez de la noche. Siempre habrá quien se queje de que la 2 no emita en alta definición, pero es comprensible que TVE reserve esta clase de emisiones para su canal sibarita. Se disfrutó igual de bien. Para quien no pudiese verlo, cerramos con el vídeo de rigor.

martes, 21 de marzo de 2017

Williams y Spielberg hacen balance.

El 17 de marzo salió a la venta el estupendo estuche recopilatorio de 4 CDs The Ultimate Collection con las colaboraciones entre John Williams y Steven Spielberg. Efectivamente, hablamos de una "colaboración" espiritual más que musical, ya que, como todos sabemos, Spielberg dirige pero no compone. Por otra parte, ni que decir tiene que la influencia temática entre ambos ha logrado una de las simbiosis cineasta-músico más perfectas de la historia del cine.

Contenido del lote.

El talento para la melodía del primero y la imaginación desbordante del segundo quedan bien representados en el paquete, que incluye los dos álbumes ya existentes titulados The Spielberg/Williams Collaboration (1991) y Williams on Williams: The Classic Spielberg Scores (1995), además de The Spielberg/Williams Collaboration Part III, lanzado para la ocasión, y que puede adquirirse o bien en formato digital o como parte del estuche, no como álbum físico individual.


Vale que quizá tanto el uno como el otro se encuentran en una etapa más bien conservadora (que no necesariamente decadente) de su carrera, pero durante los últimos años han seguido dándonos grandes películas con estupendas bandas sonoras. El tercer CD incluye piezas de Atrápame si puedes, Minority Report, Munich, La terminal, Lincoln, Las aventuras de Tintín, Lincoln, War Horse, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, Amistad, The BFG y Salvar al soldado Ryan, además de una maravillosísima versión para concierto del tema de Marion de En busca del arca perdida (lo cuelgo abajo) y una pieza para un cortometraje. Cuidado, puristas, porque este tercer compacto no contiene las piezas originales para las películas, sino nuevas versiones -eso sí- dirigidas por el propio Williams. El cuarto disco es un DVD con un documental que contiene entrevistas.

 

Sigo pensando que el recopilatorio por excelencia de Williams, en general, es el ya añejo Greatest Hits 1969-1999 (2000), aunque tener un bonito muestrario de las obras para Spielberg es una opción golosa para el cinéfilo y el melómano. Muy recomendado, pese a la ausencia de temas de El mundo perdido: Jurassic Park y La guerra de los mundos, que se han quedado fuera; y pese a que dentro de unos años seguramente habrá algo más definitivo, ya que de momento Williams tiene apalabradas al menos dos películas más con Spielberg entre 2018 y 2019: Ready Player One y otra de Indiana Jones. Detalles del contenido de cada CD en JWFAN.


Marion's Theme

miércoles, 8 de marzo de 2017

Jóhann Jóhannsson - ARRIVAL

 

1. Arrival (2:51)
2. Heptapod B (3:42)
3. Sapir-Whorf (1:17)
4. Hydraulic Lift (3:32)
5. First Encounter (4:50)
6. Transmutation at a Distance (1:35)
7. Around the Clock News (1:35)
8. Xenolinguistics (3:29)
9. Ultimatum (1:52)
10. Principle of Least Time (1:20)
11. Hazmat (4:49)
12. Hammers and Nails (2:32)
13. Xenoanthropology (3:08)
14. Non-Zero-Sum Game (4:18)
15. Properties of Explosive Materials (3:31)
16. Escalation (2:02)
17. Decyphering (2:05)
18. One of Twelve (3:09)
19. Rise (1:47)
20. Kangaru (2:56)

Ya se notará a estas alturas que soy aficionado a la ciencia-ficción, y en el blog hemos tenido tanto trabajos musicales que podrían enmarcarse en el género por sí mismas como bandas sonoras destacadas para películas con esta temática. Una de las mayores sorpresas que me he llevado en los últimos tiempos, tanto en lo fílmico como en lo musical, es La llegada (Arrival, 2016), del director canadiense Denis Villeneuve. No revelaré más lo necesario sobre la trama de la película, así que comenzaré diciendo simplemente que el islandés Jóhann Jóhannsson ha logrado una de las más estremecedoras aproximaciones que he escuchado hasta ahora a lo que podría ser una música verdaderamente alienígena.

Jóhann Jóhannsson (de la web Brooklyn Vegan).

La película trata sobre la llegada (claro) a la Tierra de una serie de naves extraterrestres que simplemente se quedan suspendidas sobre el terreno, a la espera de que se establezca con ellas ese clásico "primer contacto" con la humanidad, que en este caso queda en manos, militares mediante, de una lingüista y un matemático. No es un argumento novedoso del todo, pero ese primer momento en el que entramos en la nave extraterrestre y descubrimos paso a paso sus secretos junto a los personajes interpretados por Amy Adams y Jeremy Renner es muy impactante. En el interior de la nave no se cumplen las leyes gravitariorias a las que estamos acostumbrados, y los visitantes se nos presentan a través de un grueso panel translúcido que, encima, está lleno de niebla blanca. Y aquí -entre los temas titulados en el CD como Hydraulic Lift y First Encounter- es donde la música nos eriza los vellos con sonidos vagamente humanos, humanoides en todo caso, quizá como de cetáceos, logrando una textura sonora en la que no sabemos dónde acaba la música y empieza el sonido ambiente de la propia escena. 
 
Es precisamente el juego que saca Jóhannsson a los sonidos humanos distorsionados el que destaca en los mejores momentos de su partitura. Nos encontramos con suaves voces casi líricas en temas como Sapir-Whorf, con una mezcla de las anteriores y voces "no musicales" sampleadas en Heptapod B y Kangaru, y sobre todo con abismales sonidos guturales (?) en el tema inicial Arrival, que en la película se asocia a las extrañas naves extraterrestres más que a sus ocupantes. Quien haya visto la película sabrá la importancia que tiene el lenguaje a lo largo de la trama, y de ahí la inteligencia del compositor a la hora de abordar su trabajo. También hay que destacar aquellos fragmentos fuertemente rítmicos (el mencionado Heptapod B, por ejemplo) en los que las percusiones consiguen efectos fascinantes que recuerdan involuntariamente a la maravilla que compusieron los de Geinoh Yamashirogumi para Akira (1989).

Heptapod B

También es verdad que algunos críticos -y creo que con razón- se quejan de que muchos de los otros temas de la partitura, de corte orquestal, son excesivamente convencionales y poco memorables. En realidad, la de Arrival es la clase de banda sonora que intenta pasar desapercibida durante la mayor parte del metraje del filme, salvo en los casos en los que, como hemos señalado antes, atraviesa la barrera del mero acompañamiento de las imágenes para convertirse en protagonista total. Quizá hablaríamos de una auténtica obra maestra si Jóhannsson se hubiese limitado a crear sonidos sintetizados en toda la partitura porque, si bien esto no la habría hecho necesariamente más digerible para un público amplio (y no lo es en absoluto), al menos sí que habría hecho las delicias de los amantes más hardcore del dark ambient y la música clásica contemporánea. Lo logrado es en cualquier caso sobresaliente, y cumple con las exigencias de quienes, como dice el propio compositor, "están hambrientos de nuevos sonidos". Ojito, porque seguramente la próxima obra que comentemos aquí de Jóhann Jóhannsson sea la secuela de Blade Runner.

El álbum oficial, publicado por Deutsche Grammophon, reordena algunos temas (los dos primeros, por ejemplo) para que el trabajo funcione mejor de cara a su escucha aislada, aunque en la red pueden encontrarse versiones ilegales con el material organizado de otra manera, o incluso expandido. Por cierto, en la película se incluye el tema On the Nature of Daylight, de Max Richter, que muchos aficionados han echado de menos en la edición oficial del álbum. Puede escucharse en YouTube.


viernes, 24 de febrero de 2017

Anunciado el nuevo álbum de Penguin Cafe.


Ya iba tocando un nuevo trabajo de Arthur Jeffes y los suyos. El álbum se llamará The Imperfect Sea ("El mar imperfecto") y saldrá a la venta el 5 de mayo. Esa misma noche lo presentarán en concierto en Nueva York. Las expectativas son razonablemente altas dada la calidad creciente de sus dos discos anteriores, A Matter of Life... (2011) y The Red Book (2014). La banda ha publicado también un par de imágenes promocionales, una de las cuales (la que encabeza esta entrada) tiene pinta de ser la portada. Como adelanto, además, puede escucharse el nuevo tema Cantorum.

viernes, 17 de febrero de 2017

Tangerine Dream - LOGOS (LIVE)


1. Logos, Part One
Intro, Cyan, Velvet, Red, Blue (25:41)
2. Logos, Part Two 
Black, Green, Yellow, Coda (19:28)
3. Dominion (5:45)

Es acertado afirmar que la banda alemana Tangerine Dream vivió su mejor etapa entre principios de los setenta y mediados de los ochenta. Tuvieron su gran oportunidad gracias a su fichaje por la compañía británica Virgin, que durante muchos años fue quizá el sello "grande" que más cultivadores de las nuevas músicas tuvo entre sus filas. Eso no significa que los años Virgin de TD fuesen homogéneos en cuanto al estilo musical de la formación, ya que, como comentamos en su momento, su sonido fue adaptándose a una industria cada vez menos tolerante hacia los excesos virtuosos de los setenta.

Una página del libreto del CD.

Logos (1982) fue un álbum fronterizo en muchos aspectos. Mantenía la larga duración y la complejidad técnica de las obras clásicas de la banda, mientras que su tendencia cada vez más acusada hacia lo melódico apuntaba hacia lo que vendría después. También está el hecho de que Edgar Froese, Christopher Franke y Johannes Schmoelling habían catado el éxito (quizá no enorme pero sí suficiente) en Hollywood, y Logos apareció poco antes de que se volcasen en los diversos proyectos para el cine que por entonces irían cayendo en sus manos.

Logos se grabó en el Dominion Theatre de Londres durante la gira europea en la que andaban embarcados. En general, se tiene constancia de que los primeros conciertos de TD eran pura improvisación, viajes alucinógenos entre marañas de cables y lucecitas parpadeantes. Álbumes míticos como Ricochet (1975) o Encore (1977) surgieron de este enfoque, mientras que Logos surge del montaje de diversos pasajes de las dos horas del concierto londinense, en el que sonaron piezas de álbumes de aparición más reciente como Exit o White Eagle. El sonido del álbum, pese a ser en directo y contener los lógicos aplausos, es tan nítido como el de una grabación de estudio.

Portada de la primera edición.

Lo cierto es que Logos, escuchado hoy en día, es uno de los trabajos más estimulantes de aquella etapa, ya que el equilibrio entre lo puramente secuencial y las poderosas melodías (aunque el tema final Dominion es decepcionante por ser demasiado simple y comercial) logra construir una experiencia musical compleja y muy factoria. La primera edición en CD unía las partes 1 y 2 en un solo corte, aunque también hay ediciones que subdividen cada una de las anteriores en tramos nombrados por colores, añadiendo una introducción y un epílogo. Esto hace más evidente la diferencia de estilo entre melodías y texturas, aunque el conjunto, como decíamos (y sin olvidar que es un collage de trozos de un concierto), fluye sin que nos chirríe su heterodoxia.

Precisamente por ser un estupendo muestrario del antes y el después de Tangerine Dream, podría ser un trabajo adecuado para iniciar a un neófito en el sonido de la banda.

Velvet

Un trozo de Red.

miércoles, 25 de enero de 2017

Mike Oldfield, la oveja negra.

La cuestión del sí o el no, del "bueno" o "malo" que en su día recuerdo haber escuchado plantear al crítico musical Julián Ruiz acerca de Mike Oldfield en su programa Plásticos y decibelios siempre ha estado ahí. Ruiz defendió bastante el álbum Guitars mientras hacía balance del ya lejano año 1999, precisamente antes de que la carrera del músico descendiese a algunos de sus puntos más bajos. Si entonces había disparidad de opiniones entre los fans, las cosas se agravarían con la publicación de los discutidos The Millennium Bell, Tres Lunas, Tubular Bells 2003 y Light + Shade hasta el punto de que la brecha parece haberse vuelto insalvable entre partidarios y detractores, todo embarullado entre exageraciones, generalizaciones superficiales, falta de autocrítica y etiquetas justas e injustas a partes iguales.

Tres Lunas y Light + Shade, dos álbumes de Oldfield no muy apreciados.

Entrar en el asunto de la subjetividad de la apreciación artística es perder el tiempo, pero estaremos bastante de acuerdo en que uno de los motivos por los que la música de Oldfield es tan polémica es por su peculiaridad. Fuera del propio Oldfield no hay vara con la que medir a Oldfield, y por eso a veces recurrimos a comparaciones ridículas entre álbumes con tres décadas de distancia. ¿Hergest Ridge vs. Tres Lunas? ¿En serio? Y por efecto contagio cambiamos de opinión según esté la cosa en un momento dado entre los demás fans, especialmente desde que todos usamos las redes sociales para reafirmarnos en nuestras filias y fobias. Con el penúltimo disco Man on the Rocks, por ejemplo, hemos pasado de la discreta simpatía con la que se acogió a su salida a una hostilidad cada vez mayor hoy en día. Hay quien sale de la cueva cada vez que aparece un nuevo CD de Oldfield para afirmar que, contra el sentir común de aquel momento, en realidad el anterior fue un zurullo.

Casi lo he dejado caer antes, y es que creo que la carrera de Oldfield se ve perjudicada por su longitud más o menos atípica (no hay tantos músicos que sigan en activo manteniendo cierta regularidad en sus publicaciones desde principios de los setenta) y por la gran cantidad de obras publicadas, algunas con un trabajo enorme de composición detrás, y otras, en general las más tardías, con mucho menos. Unas y otras muestran diferencias abismales en su calidad, y hay demasiados ejemplos que comparar. Pero si en algún momento se le hubiese agotado la inspiración, y creo que sus últimos álbumes son prueba de lo contrario, no habría sido nada raro.

Con el nuevo siglo, Oldfield creó varios proyectos de realidad virtual. 
Los fans le reprocharon que no se centrase en hacer música.

Entre los clichés esgrimidos contra la música de Oldfield seguramente destacan dos: a) se ha vuelto vago y depende en exceso de la tecnología, y b) ha abusado de las secuelas y el logo de Tubular Bells. Como se trata de dar mi opinión, que para eso está el blog, diré que ambas cosas me parecen ciertas, pero con muchos matices. Sobre a), habría que recordar que incluso en sus obras sacrosantas Oldfield siempre procuró contar con los mayores avances técnicos del momento, por lo que habría que distinguir el uso del abuso en obras más recientes sin caer en prejuicios. "Uso" es crear los ambientes espaciales de The Songs of Distant Earth o el plácido y denso paisajismo de Voyager; y "abuso" es grabar todo un álbum doble aburridísimo (Light + Shade) porque te has topado con un cacharrito que imita la voz humana. Tampoco olvidemos que, incluso en mitad de su época más tecnológica, publicó un álbum tan fresco y directo como Guitars. A veces se lo ignora adrede para generalizar negativamente sobre su producción en aquellos años.

Voyager y Guitars, dos álbumes a reivindicar.

Respecto a b), pienso que se ha dado demasiada importancia a que una obra musical pueda tener secuelas o remakes, cuando nadie a estas alturas se molesta porque haya 24 películas de James Bond, unas muy buenas y otras malísimas, o porque casi cualquier libro de éxito se convierta en trilogía, tetralogía o saga de 7 volúmenes. Lo de la calidad de las secuelas tubulares es cuestión de gustos, pero generalmente se ataca más al hecho de que existan que a su valor artístico. Nunca he entendido esto. No me ha parecido bien, eso sí, el uso del logo tubular a discreción en obras no relacionadas directamente como The Millennium Bell y, sobre todo, en mil recopilatorios. La marca se ha devaluado por su uso excesivo, buscando sin duda los réditos económicos. También valdría la pena plantearse si se ha machacado igualmente a los Rolling Stones por su boca y su lengua, o a otros muchos artistas que ponen su emblema personal en las portadas.


Campanas, campanas por todas partes.

También vale la pena hacer un pequeño comentario sobre la actitud de la crítica profesional hacia Oldfield, que estos días le está afectando como nunca antes a juzgar por sus intervenciones en Facebook. No solo se ha empecinado en colgar las críticas buenas, sino también en quejarse de las malas de manera un poco histriónica, y es que alguna declaración suya hace ver su resquemor (y aquí creo que tiene razón) por el escaso cariño que ha recibido en su vida de la industria musical y las instituciones culturales. Quitando su Grammy por Tubular Bells, su aparición en los JJOO -apuesta personal de Danny Boyle-, un Premio Ondas en España y alguna chorrada coyuntural a comienzos de los ochenta, Mike Oldfield no ha recibido reconocimientos públicos acordes con lo prolongado de su carrera y los varios momentos muy destacados de la misma. Es visto como una "anti-estrella" incómoda porque no crea tendencia con su imagen personal, porque no se codea con el artisteo en alfombras rojas y, sobre todo, porque hace un tipo de música que, sin ser para nada cosa de snobs, es difícil de vender en el mundo cortoplacista de la canción de 3 minutos de iTunes que descargas en el móvil para salir a correr.

La BBC le dedicó un documental, eso sí.

No hay una actitud vital ni una forma de vestir asociada con su música, no hay ninguna tribu urbana que lo reconozca como referencia, si dices que escuchas a Oldfield nadie va a posicionarte política o ideológicamente, y el mundo actual tiende a descartar todo aquello no etiquetable, todo aquello inútil de cara a la definición en sociedad del individuo consumidor. Prueba de todo ello es leer críticas muy positivas de Return to Ommadawn que terminan dándole 2 o 3 míseras estrellitas de 5, quizá por miedo a dar demasiada importancia a algo "raro" que no está a la última; o escuchar un espacio en la radio española en el que evitan expresamente comentar el nuevo álbum por ser "difícil de digerir" para, a continuación, hacer un top ten de sus canciones pop de hace 35 años. Manda huevos.

En fin, que el caso de Mike Oldfield es representativo de lo que sucede con la mayoría de artistas y trabajos que solemos comentar aquí, y por eso sigo empeñado en promocionar este mundo de músicas verdaderamente alternativas que, de conocerlas, harían inmensamente felices a muchas personas que no saben ni que existen.

sábado, 21 de enero de 2017

Mike Oldfield - RETURN TO OMMADAWN


1. Return to Ommadawn, Pt. I (21:10)
2. Return to Ommadawn, Pt. II (20:56)

El viejo guerrero con su mandoble a la espalda ha recorrido una escarpada cordillera hasta llegar al valle escondido entre glaciares. La ventisca ruge en sus oídos, pero el guerrero sonríe. 
Hace mucho que dejó atrás los pantanos de Aor, en cuyas aguas cenagosas pobladas por saurios ancestrales a punto estuvo de quedar atrapado para siempre. Salió airoso a su paso por las cavernas de los belicosos poprocks y, pagando un alto coste en forma de heridas que nunca sanarán, escapó del laberinto de Chilaut tejido por el mago Remix. Vagó confundido por territorios ignotos, perdió a muchos aliados y seres amados durante el viaje, y solo gracias a su encuentro con el ciervo mágico Fandom pudo hallar finalmente el camino a su hogar. Está muy cerca y el tramo que resta para llegar, aunque tortuoso y cubierto de hielo traicionero, es cuesta abajo.
     
Mike Oldfield es uno de los tres grandes nombres en la música popular instrumental contemporánea, quizá el más raro de los tres, el más inclasificable. Con Return to Ommadawn se reivindica como el que todavía tiene más ases en la manga, y eso que los más recientes trabajos de los otros dos son más que dignos. Oldfield lleva medio retirado desde hace una eternidad, está arrugado y ajado de sol, la música ya no es lo más importante en su vida. Se ha vuelto perezoso y ha emprendido proyectos que, o bien no han convencido al público, o bien se han quedado en meros caprichos personales o callejones experimentales sin salida. Durante el último año se ha divorciado por enésima vez y ha afrontado la pérdida de su padre y de su hijo mayor, el último por culpa de ese mazazo inexplicable que es la muerte súbita. Pero Mike no se ha rendido.

Mike Oldfield

Ha abierto una ventana (varias cuentas de Facebook) en su torre de marfil para dejar entrar las voces de sus muchos seguidores y pedirles consejo, y todos juntos, él y nosotros, nos hemos dado cuenta de que su música es mejor cuanto mayor es su libertad para componer, para tocar a discreción los muchos instrumentos que domina. Mike quería volver al principio, regresar a sus mejores años (los de Ommadawn) grabando un disco acústico instrumental espontáneo y libérrimo, poco menos que una maqueta que saldría a la venta tal cual, sin mucha ingeniería, sin mucho retoque. Estos aspectos representan a su vez los mayores defectos de Return to Ommadawn: una cierta torpeza en algunos arreglos, una confianza excesiva en la improvisación de varios fragmentos, un par de notas aquí y allá ejecutadas con indecisión. En todo lo demás, Return to Ommadawn es el sueño dorado del seguidor de Mike Oldfield de siempre.  

Una imagen del libreto del CD.

Te sientes en una nube escuchando el sonido cristalino de las guitarras (protagonistas absolutas) en sus múltiples desarrollos melódicos durante los primeros 15 minutos del álbum, flotando con placidez entre los fondos etéreos y lejanos en la línea de Hergest Ridge; y cuando piensas que ya es suficiente, que ya tienes más de lo que se podía esperar, la combinación de percusiones, coros y guitarra eléctrica épica nos devuelve inesperadamente a los grandiosos finales de los clásicos oldfilianos setenteros. Lo que algunos aficionados señalan como un anticlimax al final de la primera suite es en realidad un preámbulo a la segunda. Da la sensación de que, como sucedía en Amarok, Return to Ommadawn es una sola pieza musical partida en dos por aquello de su edición en vinilo a dos caras. En cualquier caso, la segunda mitad de la obra está presidida por una dulcísima melodía que se va y vuelve hasta en tres ocasiones, con diferentes arreglos en cada caso y con transiciones y desarrollos de por medio cada vez más inspirados, más imaginativos.

Para cuando alcanzamos el tramo final del álbum, una ágil y divertida pieza de corte celta con simpáticos sampleados de la inolvidable On Horseback, nos hemos dado cuenta de que el genio de Oldfield ha ido despertando, creciendo exponencialmente según avanzaba su partitura. De haber durado 15 o 20 minutos más, quién sabe si Return to Ommadawn no habría alcanzado del todo las excelencias de su ilustre antecedente. Tal como es en realidad, hipótesis aparte, este álbum es uno de los mejores de su autor, el mejor desde principios de los noventa y, a estas alturas, una demostración de talento latente que dejará boquiabierto al más pesimista. Llegamos a la conclusión de que Mike Oldfield no es el artista en decadencia que muchos quieren ver, porque Return to Ommadawn podría pasar por el debut de un joven músico inconformista bullendo de inspiración que intenta hacerse un hueco antes de ponerse a crear una carrera sólida.

En la página oficial hay una galería de fotos con los instrumentos del álbum. 
También está esta otra...

Oldfield toca todos los instrumentos y ejerce como discreto ingeniero de un álbum que, aun conteniendo un par de fragmentos bastante artificiales, destaca como un todo orgánico, puro y vitalista que fluye a la perfección y crece más y más con cada escucha. Aun siendo austero en los arreglos, melódicamente es riquísimo, y todos sabemos que esa es precisamente la parte más meritoria por ser la más complicada. Oldfield confía más en su genio que en su experiencia, y por mucho que hubiese estado bien equilibrar un poco más la balanza, gana la apuesta con creces. Return to Ommadawn es, si no una nueva obra maestra del nunca suficientemente reconocido genio de Berkshire, una luz de esperanza en tiempos de miseria creativa general, cuando solo los más grandes son capaces de confortar a los hambrientos de belleza.

Return to Ommadawn está disponible en descarga digital, LP, CD normal (estuche de plástico rígido, menos mal) y una edición limitada con CD y DVD de audio en 5.1 (en digipack).

Desciende de su astada montura y ve que en mitad del valle le espera la ciudad-santuario que ha estado buscando, erigida sobre el caparazón de la bestia sagrada de la imaginación, que ni el tiempo ni los elementos pueden doblegar. Tira de las riendas de Fandom y ambos se disponen a cruzar las puertas guardadas de la fortaleza eterna. Pronto caminará por sus callejas estrechas y en sus tabernas se regocijará con los viejos sabores de la cerveza y el queso que conoció en su juventud. Ya no es el mismo hombre presto a la aventura que un día fue, pero lo que queda de aquel muchacho soñador se agita de júbilo en sus huesos molidos por el frío y los golpes del camino. Por fin está en casa. Por fin ha regresado a Ommadawn.

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