martes, 31 de diciembre de 2013

Jorge Granda - FILMWORKS


1. The Roots (4:02)
2. Paradise (3:50)
3. Quarter of Dollar (3:24)
4. Bossanova's Port (2:52)
5. The City of Plymouth (4:38)
6. Highlands (4:07)
7. Crossing the Bosphorus (3:12)
8. The Colour of the Sea (5:36)
9. Algeciras (5:03)
10. Costa Concordia (4:29)
11. Farewell (2:11)

¿Qué mejor manera de acabar 2013 que con un buen disco publicado este mismo año? Vamos entonces con Filmworks, el nuevo trabajo del compositor e intérprete (guitarrista sobre todo) Jorge Granda. Filmworks es, felizmente, una nueva demostración de talento por parte de alguien que, sin esnobismos, parece coincidir punto por punto con los criterios artísticos que solemos valorar principalmente en este blog: creatividad e imaginación, buen gusto y mimo en lo técnico. 

Jorge Granda, desde la ciudad de Nueva York.

El propio Jorge Granda hace una muy buena descripción del álbum en el vídeo arriba enlazado. Al igual que Muzak (2011), Filmworks es, objetivamente hablando, una colección de temas creados por el músico de Oviedo como bandas sonoras para diferentes obras audiovisuales. En lo subjetivo, no obstante, Granda da a entender que no se trata de una simple antología, un ramillete selecto de piezas de aquí y de allá, sino que hay en Filmworks una intención conjunta como álbum coherente y con sentido completo. Es un álbum conceptual, si se quiere ver así. Aun estando -obviamente- de acuerdo con su criterio, la verdad es que Filmworks es una nueva pieza, quizá la mejor y más depurada, en la larga y sólida obra conceptual en que se está convirtiendo el conjunto de su discografía.

Si escuchamos álbumes como Muzak y Filmworks (no he podido escuchar todavía El Sol de Invierno) uno detrás de otro, nos quedan impresiones parecidas en lo que a sus propuestas musicales se refiere: temas cortos muy ricos en la melodía y los arreglos, variedad instrumental con predominio de lo acústico y, más que nada, una sensación constante de cambio de escenario. Jorge Granda parece estar elaborando sus temas, y sus álbumes por extensión, como coloristas postales de los lugares donde ha estado, bien personalmente, bien con la imaginación. O bien de ambas maneras. En el caso de Filmworks, tenemos referencias a la ciudad británica de Plymouth, las Highlands escocesas, el Bósforo y Algeciras. Tampoco hay que ignorar los aires brasileños de Bossanova's Port y la inquietante presencia del tema Costa Concordia, en referencia al crucero de lujo que terminó varado y medio hundido. Son postales y son también estados de ánimo, casi siempre optimistas, pero fluctuando entre el dinamismo de Quarter of Dollar, el buen rollo de la antes mencionada Bossanova's Port y la serena contemplación de Farewell. Por cierto, entre las influencias del álbum (Granda suele mencionar por ejemplo a Pat Metheny como un favorito personal) quizá esté también el multipremiado argentino Gustavo Santaolalla, o por lo menos eso he apreciado en algún punto. A continuación, un par de ejemplos de lo que podemos encontrarnos en Filmworks:

The Colour of the Sea.


Algeciras.

En su estupendo blog La voz de los vientos, que no me canso de recomendar, nuestro colega bloguero Mike Shooter ha realizado una interesante reseña de Filmworks con una descripción de cada tema uno por uno a la que, por no haber posibilidad de añadir nada más por mi parte, remito pinchando aquí. En fin, lo que marca la diferencia en Filmworks respecto a trabajos anteriores es que Jorge Granda ha conseguido un sonido bastante unificado a lo largo del álbum, con temas variados pero no tan dispares como ocurría en Muzak, a partir de los cuales el compositor define su estilo con más claridad que nunca. Para entender el porqué de la unidad de este trabajo, hay que hacer como quien mira la parte interna de una tela bordada, que al derecho parece estar hecha a base de bellas filigranas aisladas, y que al revés deja a la vista los hilos que unen las figuras, la delicada urdimbre de la costura. 

 
Jorge Granda y su colección de guitarras (de la página oficial http://www.jorgegranda.com).

¿Y qué vemos al mirar las costuras de Filmworks? Que Jorge Granda lleva a cabo una efectiva mezcla de minimalismo y ambient, adoptando el carácter más accesible y lúdico del primero, y los tintes más luminosos del segundo. De ahí la necesidad de crear temas relativamente cortos (3-5 minutos), ya que de lo que se trata es de extraer todo el jugo a cada combinación de instrumentos, a cada fraseado melódico y a cada sutil arreglo, sin dejarse llevar con pomposidades innecesarias, pero al mismo tiempo sin llegar en ningún momento a cansarnos. Cada tema es como un paisaje visto a través de la ventana del tren, del coche o el avión, como un flash sensorial que nos inunda con intensidad pero no dura lo suficiente como para que nos aburramos de mirar. Entendidas las piezas del álbum como bandas sonoras (y sin haber visto las imágenes a las que acompañan), da la impresión de que Granda se preocupa bastante de aquella antigua máxima que hace preferibles las músicas que no invaden, que no manipulan en exceso, sino que ayudan a aportar matices sutiles.

El artista, en la alfombra roja de los Music in Media Awards. (en http://www.jorgegranda.com)

Al final, la impresión que se lleva uno es que Jorge Granda ha hecho algo tan difícil como es aunar la composición de "música aplicada" para fines específicos, con la creación de piezas que funcionan a las mil maravillas en su escucha independiente, y encima con un claro espíritu experimentador. Lo que más me gusta de todo es que el autor, aun teniendo en cuenta lo poco que puede saberse de otra persona a través de tres o cuatro emails, desprende el carisma especial y la modestia del artesano, del trabajador especializado que domina perfectamente su oficio y, aun así, la creatividad le sigue bullendo bajo la piel. El pasado mes de noviembre, Jorge Granda asistió como nominado a los premios Hollywood Music in Media Awards gracias a su tema La buena estrella (contenida en Muzak) y, aunque no resultó ganador en su categoría (New Age/Ambient), ello deja constancia del prestigio creciente de este artista instrumental. No es casual el que tanto el título del álbum que nos ocupa como el de cada uno de sus temas esté en inglés. 

Con mis mayores agradecimientos a Jorge Granda por volver a contar con nosotros, solo me queda decir que el álbum Filmworks está en Spotify para su degustación, que puede conseguirse en Fnac y en tiendas El Corte Inglés, y que os deseo a todos y todas un feliz año 2014. Mejor con algo de música, ¿no?

viernes, 27 de diciembre de 2013

Enya - AND WINTER CAME...


1. And Winter Came... (3:15)
2. Journey of the Angels (4:47)
3. White Is the Winter Night (3:00)
4. O Come, O Come, Emmanuel (3:40)
5. Trains and Winter Rains (3:44)
6. Dreams Are More Precious (4:25)
7. Last Time by Moonlight (3:57)
8. One Toy Soldier (3:54)
9. Stars and Midnight Blue (3:08)
10. The Spirit of Christmas Past (4:18)
11. My! My! Time Flies! (3:02)
12. Oíche Chiúin (Chorale) (3:49)

Normalmente, por estas fechas suelo comentar algún disco de temática navideña, pero tengo que admitir que no hay demasiado donde elegir -y con un mínimo de calidad- una vez que han pasado varios años de andadura del blog. El mejor de los que vengo reservando es And Winter Came... (2008), hasta ahora el último álbum de Enya, que lleva demasiado tiempo, creo yo, sin ofrecer nada nuevo a sus seguidores.

 
Imagen de "portada" del "single" Trains and Winter Rains.

Y sí, lo de "nada nuevo" va casi con cachondeo, considerando que esta artista, formidable casi siempre pese a quien pese, ha sido acusada a menudo de venir repitiendo su fórmula prácticamente desde los tiempos de su quitaesencial Watermark. También es cierto que hay multitud de músicos en todos los géneros que llevan décadas y décadas cantando de la misma manera, tocando igual sus instrumentos y abordando los mismos temas en sus letras, de modo que señalar a Eithne con dedo acusador no es del todo justo. Lo que sucede es que, normalmente, quienes escuchamos de vez en cuando los trabajos de esta señora solemos ser gente que aprecia la imaginación y la creatividad casi por encima de cualquier otra cosa cuando se trata de las llamadas "nuevas músicas", y si bien no creo que haya nadie realmente cabreado, sí que se echa de menos alguna clase de evolución en el sonido de la compositora y cantante irlandesa a lo largo de los últimos tiempos. And Winter Came... no fue el caso precisamente.

Imagen de "portada" del "single" My! My! Time Flies!

Aunque cuenta con los mismos niveles de calidad en la producción y el mismo cuidado de siempre en las composiciones, el último disco de Enya tuvo desde el principio un innegable aura de desgana. El anterior álbum, el para mí muy apreciado A Day Without Rain (2000), fue un álbum conceptual en toda regla sobre las cuatro estaciones del año, y por eso fue un poco raro, una decisión creativa algo pobre, el decantarse por un álbum invernal no tantos años después. Y con invernal realmente queremos decir navideño, corroborando el pensamiento ya bastante extendido de que los artistas tipo Enya tienden a mejorar sus ventas en fechas navideñas. Por esas fechas suelen publicarse sus álbumes, y esta artista ya había publicado en forma de single algún que otro villancico versionado con su peculiar estilo electrónico-polifónico. El álbum Amarantine (2005), por cierto, contó con una versión navideña que incluía unos cuantos villancicos más.

Una imagen del libreto del CD.

Tampoco es que And Winter Came... sea estrictamente navideño, pero la navidad es el tema predominante en esta postal invernal que nos propone Enya, en la que hay nieve, juguetes, ángeles y referencias a Dickens. El álbum incluye, además, una nueva versión (coral) de un tema, Oíche Chiúin, que ya era un viejo conocido de su repertorio. En fin, es el clásico Noche de paz en el idioma gaélico. El resto de temas, salvo algún fragmento en latín, es en inglés. Nada de loxian (lengua imaginaria creada por Roma y Nicky Ryan e inspirada en las lenguas élficas de Tolkien) para este trabajo. No hay altibajos notables entre los temas, ni para bien ni para mal, aunque sí que hubo una canción -que no single- más o menos popular en los medios, Trains and Winter Rains, que está por encima de la media.

Trains and Winter Rains, en una actuación para la TV.

Un tímido intento de evolución musical es My! My! Time Flies!, simpático homenaje al guitarrista dublinés Jimmy Faulkner, que incluye un ritmo muy marcado, casi pop, unas cuantas guitarras (ausentes de su repertorio desde I Want Tomorrow del álbum The Celts) y una melodía algo menos angelical de lo habitual. No fue una idea que cuajase del todo, pero se agradece el intento de meter algo nuevo de verdad.

Otro playback en la tele, My! My! Time Flies!

Como no hubo singles oficiales publicados para promocionar el álbum, que otra vez se vendió como churros, no nos topamos esta vez con las habituales "caras B" de los sencillos de Enya, a veces muy interesantes, pero sí que hubo un tema titulado Miraculum que solamente pudo obtenerse como parte del álbum en su versión para descarga digital. 

Miraculum

Resumiendo, podemos calificar a And Winter Came... como un álbum conservador y poco sorprendente, aunque Enya es una artista tan especial y poco prolífica que sigue siendo muy agradable escuchar su música incluso cuando no se ha esforzado tanto como otras veces. Y encima las fechas acompañan, así que tampoco hay tanto de lo que quejarse. A disfrutar de las fiestas, que todavía les queda un buen tirón.

El disco está en Spotify.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Jean Michel Jarre - CITIES IN CONCERT. HOUSTON-LYON


 1. Oxygene (Part 5) (1:30)
2. Ethnicolor (11:41)
3. Chants Magnetiques / Magnetic Fields (Part 1) (8:11)
4. Souvenir de Chine / Souvenir of China (5:37)
5. Equinoxe (Part 5) (6:01)
6. Rendez-Vous III (Harpe Laser / Laser Harp) (3:54)
7. Equinoxe (Part 7) (5:29)
8. Wooloomooloo (3:22)
9. Rendez-Vous II (11:54)
10. Ron's Piece (6:35)
11. Rendez-Vous IV (7:01)

Hay diferentes formas de entender un álbum en directo desde el punto de vista del consumidor de música, sea éste coleccionista o no. Puede verse como un modo de satisfacer la curiosidad sobre cómo suena sobre el escenario el artista en cuestión. También responde a la necesidad del fan de poseer todos los lanzamientos oficiales de su ídolo. Y en algunos casos algo más raros, un álbum en directo se convierte en todo un documento poco menos que histórico, bien por la importancia del evento en sí mismo, bien por el contexto en el que tuvo lugar. Jean Michel Jarre ha publicado varios álbumes en vivo a lo largo de su carrera, todos bastante buenos como mínimo, y al menos un par de ellos auténticos hitos en varios sentidos. En el caso de En Concert Houston-Lyon (1987), rebautizado en su edición "extendida" de 1997 con el título de Cities in Concert. Houston-Lyon, estamos ante uno de estos momentos trascendentales.

Portada alternativa de la versión del álbum de 1986.

Quizá no sea tan carismático y esencial como The Concerts in China, pero el segundo álbum en vivo de Jarre es igualmente potente a la hora de reflejar los años de mayor esplendor popular de la carrera del músico francés. Contiene temas escogidos de los conciertos de 1986 en Houston (Texas) y en Lyon, Francia.

El primero de estos eventos fue el espectáculo en celebración del 150 aniversario de la fundación del Estado de Texas y el 25 aniversario de la NASA, tornado inesperadamente en amargo homenaje a las víctimas del transbordador espacial Challenger. Todos los que entonces teníamos uso de razón recordamos aquel momento terrible en el que la nave explotaba pocos minutos después del lanzamiento, marcando de paso el inicio del declive del programa espacial estadounidense. Aunque se pensó lógicamente en suspenderlo, el concierto se replanteó finalmente como una celebración del heroísmo de los/las astronautas y de la épica espacial, con todos sus claroscuros. Jarre utilizó todo el ultramoderno centro de Houston, literalmente, como escenario. Los propios edificios funcionaron como pantallas donde proyectar imágenes láser, y la afluencia de público, que alcanzó el millón y medio de espectadores, batió el récord Guinness. Récord que, por cierto, poseía hasta entonces el propio Jean Michel.

El mastodóntico concierto de Houston. Toda la ciudad fue parte del escenario.

El concierto de Lyon se celebró también en fechas cercanas y estuvo enmarcado igualmente en la promoción del álbum Rendez-Vous (1986). En este caso, su carácter histórico queda unido al hecho de haber tenido lugar con motivo de la visita del papa Juan Pablo II a Lyon, que es además la ciudad natal de Jarre. Fue aquel un papa bastante dado a los espectáculos de masas, cercano al mundo artístico y mediático, y no fue nada raro que Jean Michel Jarre quisiese plasmar en disco aquel evento en particular. Debo decir, eso sí, que no sé si el propio Juan Pablo II estuvo presente en el concierto.

Yéndonos a la música aquí contenida, que al final es lo que cuenta, debemos comenzar con una advertencia: es un álbum con muy pocos temas al que le habría sentado de maravilla una edición en dos discos como está mandado. No obstante, es de suponer que primó su carácter como testimonio de una época brillante de su autor por encima de su mero disfrute musical para el oyente-consumidor, entre otras cosas porque es justo afirmar que la naturaleza de la música de Jarre no permite que sus interpretaciones en directo aporten nada muy distinto de sus versiones de estudio. Menos mal que la selección de los cortes es bastante buena, y gracias a eso las cosas se equilibran.

Una imagen del concierto de Lyon (de www.jeanmicheljarre.com).

Que el álbum comience con Oxygene V es simplemente anecdótico, ya que este primer corte funciona más como un prólogo que como una pieza musical. Por encima de la nerviosa melodía de sintetizador destacan las voces de los locutores de radio y televisión norteamericanos informando sobre el concierto que va a tener lugar en Houston esa noche, y que está causando gran expectación, problemas de tráfico inclusive. Suena después Ethnicolor, un tema muy épico procedente del rompedor Zoolook que suena fenomenal en su versión completa, y al final del cual Jean Michel saluda al público. Después suena el bastante habitual Magnetic Fields I en versión recortada (¿qué narices tiene Jarre contra la segunda mitad de la versión del álbum?), con un pequeño arreglo pseudo-orquestal de base que se une al frenetismo sintético de la pieza. Como si se cerrase un círculo, más voces de periodistas reconocen su agradable sorpresa ante la música del francés (ni siquiera se aclaran con la pronunciación del apellido), no centrándose tanto en los fuegos de artificio como sucedía en el prólogo del disco. No podía faltar a continuación la siempre bienvenida Souvenir of China, y lo que fue la cara A del vinilo concluye con Equinoxe V y más reporteros atrapados en el tumulto.

El Rendez-Vous Houston, en fabuloso (ehem...) VHSRip.

Lo siguiente que escuchamos, bastante impresionante, es la bendición del papa en Lyon con las campanas de la catedral sonando después. Comienza entonces Third Rendez-Vous, una pieza pensada originalmente para lucimiento de la famosa arpa láser de Jarre, que concluye (solo en la edición de 1987) con otra periodista entre el público de Houston. En la edición de 1997 del álbum se introdujeron aquí Equinoxe 7 y Wooloomooloo, unidos entre sí por un nuevo rezo de Juan Pablo II, cuya voz vuelve a sonar antes de continuar con Second Rendez-Vous y su acertada mezcla de electrónica y sinfonismo coral. Tras mencionar Jarre a su amigo, el fallecido astronauta Ron McNair -quien iba a interpretar su saxo desde el espacio de no haber sucedido la tragedia del Challenger- suena obviamente la magnífica Ron's Piece.

Por último, y tras el épico discurso de John F. Kennedy (solo en el CD de 1997) en el que afirmaba que los EEUU iban a ir a la Luna "porque era difícil" y no por lo contrario, suena como colofón del álbum la festivalera Fourth Rendez-Vous con un añadido de saxofón. El epílogo lo ponen dos grabaciones distintas en las ediciones de 1987 y 1997 con el papa pronunciando más bendiciones y con Jarre despidiéndose del público en Houston, respectivamente.

Y el Rendez-Vous Lyon, con la misma calidad.

Aunque es un pelín tramposo al mezclar azarosamente grabaciones de ambos conciertos e incluir material externo a los mismos, Houston-Lyon sigue siendo una manera fabulosa de presenciar, auditivamente al menos, dos momentos cumbre en la carrera del músico francés en su faceta más megalómana. Insisto: algo de esta envergadura (sobre todo lo de Houston) habría merecido un doble álbum, pero como tenemos que valorar lo que hay, nos queda decir que, aun no siendo un trabajo imprescindible para el neófito, pero sí jugosísimo para conocer y apreciar como se merece no solamente la trayectoria de su autor, sino también uno de los momentos más dulces de la música instrumental popular contemporánea.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Howard Shore - THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG


CD 1

1. The Quest for Erebor (3:23)
2. Wilderland (4:56)
3. A Necromancer (Bonus Track) (2:54)**
4. The House of Beorn (4:52)*
5. Mirkwood (5:31)*
6. Flies and Spiders (9:35)*
7. The Woodland Realm (5:15)*
8. Feast of Starlight (2:48)
9. Barrels Out of Bond (1:50)
10. The Forest River (5:10)*
11. Bard, a Man of Lake-town (3:18)*
12. The High Fells (3:38)*
13. The Nature of Evil (3:20)
14. Protector of the Common Folk (3:37)

CD 2

1. Thrice Welcome (3:34)
2. Girion, Lord of Dale (4:15)*
3. Durin's Folk (3:04)*
4. In the Shadow of the Mountain (2:15)
5. A Spell of Concealment (3:22)*
6. On the Doorstep (7:46)
7. The Courage of Hobbits (3:00)
8. Inside Information (3:48)
9. Kingsfoil (2:25)
10. A Liar and a Thief (3:41)
11. The Hunters (9:55)*
12. Smaug (6:29)*
13. My Armor Is Iron (5:16)
14. I See Fire (5:00)
15. Beyond the Forest (5:27)

*Temas extendidos en la edición especial del álbum.
**Exclusivamente en la edición especial.

Dentro del argot de la crítica literaria entendemos el concepto "Geografía del Mal" como el conjunto de elementos que ayudan a identificar un espacio físico como propio de seres malvados o siniestros. Peter Jackson, hoy un director de primera fila, emergió de entre los barones del cine de terror gore en los años ochenta, y quizá por eso siempre ha tenido buena mano a la hora de aportar un componente terrorífico impactante a sus películas. No habría funcionado del todo bien su aproximación a la obra de J. R. R. Tolkien sin que los aposentos de la villanía en la Tierra Media hubiesen quedado perfectamente ambientados, también en lo musical. Con la segunda entrega de El hobbit, titulada La desolación de Smaug, ha llegado la polémica en lo que respecta a su banda sonora, y creo que las anteriores consideraciones pueden servir parcialmente como explicación a ciertas críticas que ya circulan ampliamente entre los aficionados.

Carteles de la película (mis favoritos).

¿Dónde está el problema? Pues en que The Desolation of Smaug prácticamente no contiene un solo tema que deje huella en el recuerdo inmediato, que nos haga andar tarareando unos días tras salir del cine. Puede ser sencillamente que a Howard Shore se le haya agotado la inspiración después de los cuatro monumentos a la composición fílmica que son sus anteriores bandas sonoras para El Señor de los Anillos y el primer Hobbit... o puede ser que el canadiense haya planteado una banda sonora sustentada en conceptos distintos a las anteriores, rebajando el peso de los llamados leitmotifs -fraseados melódicos que identificamos con personajes, situaciones o sentimientos- en favor de una composición más incidental y atmosférica. Yo apuesto por lo segundo, principalmente porque me resulta evidente que Shore no tiene nada que demostrar y puede permitirse giros estilísticos de este tipo; y también porque The Desolation of Smaug muestra una diferencia evidente en sus planteamientos, que no en su nivel de calidad. 

Howard Shore (de Here & Now).

Distinto habría sido si el músico hubiese repetido la fórmula clásica y le hubiese salido mal, por ejemplo con temas principales poco atractivos y autorreferencias constantes. No. Howard Shore ha compuesto en esta ocasión una banda sonora densa como el hormigón, infinitamente rica en texturas y originalísima en el uso de instrumentos inesperados, utilizados casi como efectos sonoros que aportan sorpresa y profundidad a los temas, enriqueciendo de paso ese tour por los pueblos y razas del mapa tolkiano que supone cada trabajo para la franquicia.

Como comentábamos, The Desolation of Smaug (tanto la película como su banda sonora) es una inmersión cada vez más profunda en las oscuras geografías del mal de este universo fantástico, bastante más siniestras que las vistas y escuchadas en An Unexpected Journey (2012), que van desde el Bosque Negro (Mirkwood) con sus moscas y arañas hasta el reino perdido y desolado de los enanos, Erebor, pasando por la fortaleza "abandonada" de Dol Guldur, donde Gandalf se las ve con el misterioso Nigromante. Las sensaciones de tensión y progreso van en aumento hasta el tramo final, en el que entra en escena el dragón Smaug -este sí, con un potente leitmotiv propio que no deja lugar a dudas sobre su importancia- y todo el poderío orquestal explota en un gran clímax de acción. El álbum contiene dos epílogos: la canción I See Fire del joven cantautor Ed Sheeran, y Beyond the Forest, quizá la única pieza totalmente concertante del álbum.

Beyond the Forest.

Por el largo camino que suponen los dos CDs encontramos diversos ambientes élficos (bellísima Feast of Starlight), piezas que mueven a la grima y algunos pequeños temas que podemos asociar -tímidamente en algún caso- con nuevos personajes como la elfa Tauriel o Bardo, habitante de la ciudad del lago, aunque mucho de ello es identificable para nosotros gracias a su propio poder de evocación, nunca porque se trate de temas ya escuchados en las partituras previas.

Feast of Starlight.

Insisto: Howard Shore renuncia por completo al reciclaje de su propio material, cosa que habría sido facilísima e incluso habría satisfecho mucho más a algunos fans poco exigentes. Shore, que parece dispuesto a recrear la Tierra Media con la misma originalidad que la primera vez, ni siquiera recurre al pegadizo tema de la Montaña Solitaria, esencial en Un viaje inesperado. Shore lo utilizó con mesura en el álbum oficial, aunque Jackson quizá abusó de él un pelín en el montaje de la película. Habría sido lícito, incluso lógico que volviésemos a escuchar la melodía cantada por Neil Finn, pero parece que al compositor no le agradan los atajos, del mismo modo que a Gandalf no le pareció bien viajar en águila hasta Mordor y echar el anillo al volcán sin mayores complicaciones ni caminatas. Entre los dos CDs, la presencia de composiciones ya conocidas (el tema de la Comarca, algún guiño a Sauron y el Anillo) puede no sumar ni medio minuto en total. En cambio, sí que se intuye la presencia de temas que pasan ante nosotros como de puntillas, seguramente esperando a brillar con pleno tronío en la tercera entrega de la saga, There and Back Again (Partida y regreso), que promete contener momentos de épica fastuosa.

La edición especial.

Brillante, potente y arriesgada, mucho más jugosa para el experto curtido en bandas sonoras que para el consumidor ocasional, la música editada en el álbum de El hobbit: La desolación de Smaug cierra la boca de quienes pudieron quejarse de que Un viaje inesperado bebía de lo escuchado en El Señor de los Anillos, entre otros los mismos académicos de Hollywood que le negaron la nominación a los Oscars, a pesar de ser lo mejor del año pasado. También habrá tenido que actuar en consecuencia el propio Peter Jackson, quien desperdició gran parte de la música compuesta originalmente para el filme anterior, y que en este caso se ha encontrado, por si lo dudaba, con una partitura netamente incidental que encaja como un guante en cada escena. Para terminar, solo queda recomendar la edición especial por encima de la edición normal (cuya mera existencia se explica solo por afán de lucro por parte de los completistas) aunque admito que nunca he sido un gran admirador del formato físico en digipack. En Spotify.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Vako - VAKO


1. VAKO Part I (5:37)
2. VAKO Part II (4:54)
3. VAKO Part III (3:52)
4. VAKO Part IV (5:52)
5. VAKO Part V (2:55)
6. VAKO Part VI (5:43)
7. VAKO Part VII (5:40)

Vako (2013) es otra -que no "otra más"- de las sorpresas que podemos llevarnos, en los últimos tiempos al menos, quienes añorábamos los mejores tiempos de la electronic music de vanguardia, tal como se hacía en los años setenta. Las claves del estilo de aquellos tiempos, impuesto con firmeza por las bandas recurrentes del krautrock / Escuela de Berlín, son su tendencia hacia lo cósmico, su preferencia por las texturas antes que por las melodías y la búsqueda, en general, de ambientaciones que se mueven entre lo indefinidamente misterioso y la ciencia-ficción. Dicho así todo esto, suena bastante mundano, bastante previsible incluso. Nada más lejos de la realidad. 

Las reglas: 
1) Utiliza los instrumentos que quieras, pero recuerda lo bien que van los sintetizadores para las atmósferas.
2) Intenta estimular la percepción del oyente creando espacios sonoros amplios y evocadores.
3) Dicho lo anterior, ajústate a la duración del soporte (LP, CD) y haz lo que te dé la real gana.

Juan Carlos Palazón (Vako).

Evidentemente, con esta clase de supuestos y un poco de imaginación puedes hacer maravillas, y así lo demostraron en su día muchos artistas y grupos de los que Vako (pseudónimo del madrileño Juan Carlos Palazón) bebe, de manera confesa, para la composición de su álbum de debut en solitario. Aunque las influencias deben ser más variadas de lo que he podido apreciar en las primeras escuchas, lo mismo puedes encontrarte un fondo oscurantista tendente a lo infinito como en Irrlicht de Klaus Schulze, unos punteos de guitarra a lo Manuel Göttsching / Ash Ra Tempel, unas secuencias tipo Rubycon de Tangerine Dream, e incluso (aunque Vako no lo menciona entre sus inspiradores) algún toque lejano del primer Jean Michel Jarre en la línea sobria de Oxygene. Y no nos olvidemos de Pink Floyd, un grupo en teoría ajeno a la música cósmica alemana que, sin embargo, realizó experimentos instrumentales muy en paralelo a los de la rama berlinesa, y cuyo clásico Welcome to the Machine parece asomarse un poco al último corte de Vako. El álbum alterna temas que se aproximan a lo progresivo (los impares) con otros más cósmicos (los pares), aunque las fronteras entre unos y otros, afortunadamente, no quedan tan claras.

El arsenal de Vako.

¿Reciclador? Quizá... Pero Vako hace mucho más que ofrecer un ramillete de guiños al aficionado de a pie. No sé muy bien cómo un guitarrista de hard rock y doom tuvo la feliz idea de pasarse a los sintetizadores analógicos y a unas discretas pero efectivas guitarras acústicas para componer con ellos una colección de temas meditativos, pero es como si su álbum viniese a cerrar un círculo muy amplio que llega a abarcar tendencias y géneros como el ambient, la música planeadora y el progresivo instrumental, que derivaron unos de otros lentamente a lo largo de tres décadas, reuniéndolos todos ellos bajo la estructura primigenia del LP conceptual electrónico setentero, en el que seguramente estaba el ADN original. El caso es que Vako, el álbum, irradia inspiración, valentía y talento, entre otras cosas porque, si bien a estas alturas habría sido muy difícil colgarse la medalla de pionero, su autor sí que logra un trabajo sólido, sin rellenos, con un sonido tan auténtico que asusta, gestionando sus fuentes con inteligencia hasta lograr un todo coherente.

Así comienza el álbum.

Suelo referirme a los álbumes de debut de compositores instrumentales actuales como "catálogos de moquetas", en cuanto a que tienden a tocar palos muy distintos para ver cuáles gustan más de cara a próximos trabajos. Solemos encontrar en estos casos trabajos que, independientemente de su calidad (y por el blog han pasado verdaderas delicias) pecan un poco de demasiado eclécticos, demasiado variopintos para ofrecer experiencias musicales completas que se disfruten de un tirón. Vako se la juega más bien a una sola carta, pero resulta que ese naipe es un as.

Puede escucharse y/o adquirirse (también en formato físico) en http://vako.bandcamp.com/.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Tomita - DAPHNIS ET CHLOÉ / BOLERO / THE RAVEL ALBUM


1. Daphnis et Chloé (17:40)
Lever du jour
Pantomime
Danse générale
2. Pavane por une Infante Défunte (7:12)
3. Bolero (9:19)
Ma mere l'oye Suite:
4. Pavane de la Belle au Bois Dormant (1:55)
5. Petit Poucet (3:51)
6. Laideronnette, Impératrice des Pagodes (3:38)
7. Les Entretiens de la Belle et de la Bête (5:59)
8. Le Jardin Féerique (4:15)

¿Alguien necesita una excursión a aquellos tiempos fascinantes de la primera "electronic music" comercial? Acudamos a la discografía del japonés Isao Tomita, destacado pionero de los sintetizadores y versionador de piezas del repertorio clásico. Hemos comentado ya varios trabajos de este músico, como su versión de The Planets (original de Holst) o Snowflakes Are Dancing, que contiene su popular Arabesque (original de Debussy), el de la cabecera de aquel programa ochentero Planeta imaginario. Tomita es autor de álbumes quizá algo más conocidos, aunque este The Ravel Album (1979), conocido como Daphnis et Chloé en Japón y Bolero en Estados Unidos, lleva bastante tiempo entre mis CDs e iba siendo hora de que pasara por el blog.

Isao Tomita, en una imagen de la edición norteamericana del álbum.

Ni el título miente ni el largo subtítulo (véase parte izquierda de la portada) deja lugar a la duda: este es el álbum que Tomita dedica a uno de los músicos trascendentales de principios del siglo XX, Maurice Ravel, filtrado por el peculiar sonido a base de moog, mellotron y demás parafernalia que caracterizaba aquella electrónica primitiva. Parece que el japonés es muy admirador de los compositores franceses de aquella época, y es probable que intentase recuperar con este trabajo sobre Ravel un sonido parecido al que dedicó a Claude Debussy en 1974.

 Portada y contraportada de la edición titulada simplemente Bolero.

The Ravel Album contiene una selección de piezas emblemáticas de Ravel, siendo el Bolero la más conocida, si bien la mayor parte del disco está dedicada a la "sinfonía coreográfica" para ballet Daphnis et Chloé, la obra más larga de Ravel; y a la suite Ma mère l'oye. Tampoco falta la Pavana para una infanta difunta, una obra bellísima pese a su triste título. Tomita les impone su enrarecido toque galáctico marca de la casa, como de orquesta de robots, con numerosos efectos de sonido que convierten casi cualquier obra musical en un fascinante lingotazo de ciencia-ficción retro.

Contraportada de la edición norteamericana del disco, con publicidad del catálogo completo de Tomita. 
Como decíamos, pura ciencia-ficción retro.

Daphnis et Chloé se basa en el romance pastoral del griego Longo, adaptada para ballet por Michel Fokine. La pieza original dura alrededor de una hora, pero Tomita la recorta drásticamente, tal vez como algunos músicos contemporáneos a Ravel, que también realizaron suites resumidas a partir de la partitura íntegra. El resultado de esta versión de la suite nº 2 es excelente. ¿ Y qué más se puede decir sobre el Bolero de Ravel a estas alturas? Pues que el músico se inspiró en la construcción de los grandes rascacielos neoyorquinos para crear esta pieza en constante in-crescendo, con una bella melodía y un ostinato que todo el mundo ha tarareado alguna vez. Tomita despoja parcialmente a la pieza de su grandiosidad original, pero no deja de resultar una versión interesante. 

El Bolero de Tomita.

La suite final, Ma mère l'oye, ocupa casi veinte minutos del álbum. La partitura de la pieza ("Mamá oca") se basa en diferentes cuentos infantiles como Pulgarcito o La bella durmiente, y fue compuesta para su interpretación con dos pianos. No conozco la obra original, pero tengo la sensación de que el tratamiento electrónico de Tomita no termina de hacerle justicia, quizá porque es difícil reconocer el carácter descriptivo y juguetón de los cuentos de hadas en mitad de la parafernalia espacial de sus acuosos fraseados sintéticos.

Contraportada de la edición europea.

Mención aparte merece Pavane pour une Infante Défunte, no solamente por lo excelente de la versión, sino porque despeja cualquier duda posible acerca de la inspiración de William Orbit para su álbum de 1999 Pieces in a Modern Style. Su versión del mismo tema es prácticamente calcada, y esto se hace extensivo al resto de temas en aquel trabajo que ya comentamos en su día.

La Pavana.

En resumen, aunque The Ravel Album posee tanto virtudes como defectos, es un disco muy completo y satisfactorio en su conjunto, tanto que el propio Tomita lo considera su álbum favorito. Por cierto, se lo dedicó a su hija con motivo de su boda. Los nombres de los contrayentes aparecen dibujados en la hierba, en las bellas ilustraciones de la portada y la contraportada. Está en Spotify.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Varios artistas - AND I'LL SCRATCH YOURS


1. I Don't Remember - David Byrne (3:38)
2. Come Talk to Me - Bon Iver (6:20)
3. Blood of Eden - Regina Spektor (4:39)
4. Not One of Us - Stephen Merritt (3:49)
5. Shock the Monkey - Joseph Arhur (5:49)
6. Big Time - Randy Newman (3:29)
7. Games Without Frontiers - Arcade Fire (3:22)
8. Mercy Street - Peter Gabriel / Elbow (5:28)
9. Mother of Violence - Brian Eno (3:00)
10. Don't Give Up - Feist / Timber Timbre (5:28)
11. Solsbury Hill - Lou Reed (5:24)
12. Biko - Paul Simon (4:19)

Cuando no hay pan, buenas son tortas.

Algo así debió decir Peter Gabriel cuando, harto de esperar a que varios artistas de renombre le enviasen versiones de sus temas clásicos, prefirió pasar de ellos y lanzar finalmente al mercado -hace algo más de un mes- su esperado álbum de auto-homenaje And I'll Scratch Yours. El que espera desespera.

Si hacemos memoria, recordaremos que Gabriel publicó en 2010 el álbum Scratch my Back, que contenía una colección de "covers" bastante curiosas (alguna decididamente bastarda) de temas de otros artistas, con la intención de que estos mismos grupos y solistas realizasen a continuación versiones de temas del ex-Genesis. La cosa es que algunos de estos músicos se fueron cayendo del cartel, dándole tiempo a Gabriel incluso a publicar un par de álbumes propios entre tanto, hasta que finalmente ha tenido que echar mano de unos cuantos sustitutos para cubrir las bajas. Es cierto que en And I'll Scratch Yours echaremos de menos a monstruos como David Bowie, Radiohead o Neil Young, pero sí encontraremos a otros monstruos como David Byrne, Paul Simon o el recientemente desaparecido Lou Reed, de modo que podemos llorar por un ojo. En fin, si es un hecho habitual el que los álbumes de versiones estén cerca de lo simplón y previsible, podemos decir que este que nos ocupa es todo lo contrario.

Imágenes del libreto del CD.

Peter Gabriel, pese a poder catalogarse la mayor parte de su producción en solitario, incómodamente, dentro del género pop, nunca ha sido digno de ser tachado de rutinario. Músico experimentador, inquieto y único en su originalidad, es autor de una ya larga colección de canciones en las que su teatral forma de cantar se mezcla con traviesas melodías, letras inconformistas, arreglos imposibles medio electrónicos y medio étnicos, y un sentido de lo trascendente que es único. Tras permanecer apartado de la circulación desde mediados de los años noventa, el británico regresó a los escenarios con menos pelo y más kilos, pero con la misma mirada inteligente. Tras el relativamente fallido Up, un álbum en mitad de ninguna parte (cronológicamente lejos del anterior, lejos del siguiente), se ha dedicado a recoger lo sembrado mucho más que a realizar cosas nuevas. Entre versiones de otros y de sí mismo con instrumentación orquestal, Peter Gabriel bien podría cerrar este capítulo de autobombo con And I'll Scratch Yours, entre otras cosas porque es un muy buen álbum.

Solsbury Hill.

Y también es un "te lo mereces", ya que el tratamiento de algunos temas es tan cafre (o más) como los que realizase en Scratch my Back. Si el "Heroes" de Bowie era irreconocible en el trabajo de 2010, aquí podemos decir lo mismo del Solsbury Hill de Lou Reed, o del inenarrable Big Time de Randy Newman. Sencillamente maravillosos son I Don't Remember de David Byrne, que se lleva completamente la canción a su personal universo musical; Games Without Frontiers de Arcade Fire, que no ha podido hallar mejores versionadores; o Come Talk to Me de Bon Iver, sencilla pero perfecta. Lo de Paul Simon merece un capítulo aparte, ya que escucharle cantar un tema tan enorme como Biko con su guitarra y poco más... es de un épico que pone la piel de gallina.

Biko.

Games Without Frontiers.

No diría yo que hay resbalones importantes entre los temas del álbum, ya que incluso las versiones menos arriesgadas (pongamos Blood of Eden o Don't Give Up, baladas más o menos parecidas entre sí) funcionan a la perfección. Quizá suena un poquillo triste ese Mother of Violence en el que Brian Eno lucha infructuosamente por recrear el ambiente de un tema de Bowie, al que -al parecer- viene a sustituir. La variedad musical del álbum es muy grande, aunque en general desprende un aura experimental y futurista que es digna de los mejores tiempos de su compositor.

Portada de la edición especial que recoge ambos álbumes.

Muchos de los temas de And I'll Scratch Yours fueron publicados en 2010 como descargas de pago en iTunes, aunque el presente álbum es la mejor manera de conservarlos todos juntos tras una de estas portadas que se gasta Gabriel con fotografías del mundo microscópico. Además, una edición especial del álbum incluye Scratch my Back ("Ráscame la espalda") y And I'll Scratch Yours ("Y yo rascaré la tuya") en un solo estuche. Es más un capricho para fans que una obra esencial, pero si a algún joven melómano amante del indie le sirve para conocer la obra de Peter Gabriel, bienvenido sea.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Penguin Cafe vuelve el 17 de febrero con un nuevo álbum.

Llevaban tiempo anunciando la publicación de su nuevo trabajo, el segundo si solamente tenemos en cuenta el anterior A Matter of Life... (2010) y dejamos a un lado la obra de la banda precedente. Recordemos que Penguin Cafe nació para continuar la labor de la mítica Penguin Cafe Orchestra por iniciativa de Arthur Jeffes, hijo del desaparecido Simon Jeffes. Esta nueva formación, que no ha parado ni un momento de ofrecer conciertos en festivales desde que comenzaron su andadura, presenta en su página oficial el título y la portada del que será su segundo álbum: The Red Book ("El libro rojo").


En su día me ilusioné bastante con el "regreso" de la banda, y aunque A Matter of Life... fue un disco sin grandes alardes, sí que se tuvo la sensación (no solo yo) de que los jóvenes integrantes de Penguin Cafe entendían perfectamente el concepto musical que manejaban. Supongo que ahora podemos pedirles un poco más, un paso al frente. ¿Con qué ojos veis A Matter of Life..., ahora que han pasado tres años? ¿Qué le pediríais al nuevo álbum?

miércoles, 13 de noviembre de 2013

John Williams - SCHINDLER'S LIST


1. Theme From Schindler's List (4:14)
2. Jewish Town (Krakow Ghetto - Winter '41) (4:38)
3. Immolation (With Our Lives, We Give Life) (4:43)
4. Remembrances (4:19)
5. Schindler's Workforce (10:36)
6. OYF'N Pripetshok and Nacht Aktion (3:51)
7. I Could Have Done More (5:52)
8. Auschwitz-Birkenau (3:41)
9. Stolen Memories (4:17)
10. Making the List (5:06)
11. Give Me Your Names (4:56)
12. Yeroushalaim Chel Zahav (Jerusalem of Gold) (2:14)
13. Remembrances (with Itzhak Perlman) (5:16)
14. Theme From Schindler's List (Reprise) (3:57)

Sabía que este año me quedaba alguna banda sonora clásica por comentar, alguna que estuviese de aniversario, y han las noticias de la televisión las que me han refrescado la memoria. El pasado lunes se conmemoró (decir "celebrar" sería equivocarse) el 75 aniversario de la conocida como Noche de los cristales rotos, primer incidente notorio de la escalada de violencia antisemita por parte del gobierno nazi, que desembocaría, como todos deberíamos saber, en las monstruosidades cometidas en los campos de exterminio.

Hace veinte años, en 1993, Steven Spielberg estrenó la que iba a convertirse en una de sus obras cinematográficas más recordadas: La lista de Schindler. Hasta entonces maltratado por las entregas de premios de la industria, Spielberg necesitaba rodar una película que, sin dejar de contener algunas de sus genuinas marcas de fábrica, supusiese claramente una diferencia respecto a sus ya entonces míticas incursiones en los géneros de ciencia-ficción y aventuras. Su visión del Holocausto no solamente supuso la más célebre aproximación realizada hasta entonces a la barbarie genocida del nazismo desde el cine, sino que ha terminado por convertirse en algo así como la "película oficial" sobre aquel episodio histórico de cara al inconsciente colectivo, primero por la enorme calidad de la película y su capacidad de empatizar con el espectador en referencia a lo que se vivió entonces; y segundo, porque el propio director asumió esta responsabilidad como propia (como judío y como hijo de una superviviente de Auschwitz-Birkenau), embarcándose desde aquel momento en una cruzada personal por mantener viva la memoria de los supervivientes mediante el apoyo y creación de diferentes fundaciones e iniciativas.

Fotograma de la película con la emblemática niña del abrigo rojo.

Puede que alguien se plantease en 1993 si la durísima La lista de Schindler podía entroncarse con la trayectoria fílmica del bastante benigno y familiar Spielberg, o si se trataba de una especie de genial salida de tono, una rareza. Una de las respuestas la encontramos en la presencia de su músico de cabecera John Williams, que logró llevarse a casa otro Oscar (ya iban cinco) gracias a una partitura que, si bien hacía gala de su habitual talento para lo sinfónico, renunciaba por completo a esa supuesta tendencia a la fanfarria de la que algún despistado suele acusarle. Recordemos que solo unos meses antes había publicado su banda sonora para Jurassic Park, y el contraste entre ambas es notorio. Tuvo miedo el compositor, según he podido leer, de no estar a la altura de una película así, hasta que Spielberg le convenció de que ya no quedaban compositores vivos a su altura. En fin, es como si su Schindler's List hubiese sido construida con la misma materia que empleó para los momentos más delicados e íntimos de sus grandes obras anteriores, que siempre los hubo en abundancia, utilizando además una sensibilidad a flor de piel que nunca se acerca a lo sensiblero. Habría sido muy obvio componer una partitura que moviese al llanto, pero Williams supo dotarla de una limpia belleza que transmite más bien una mezcla de piedad y sencillez.

También habría sido sencillo crear una banda sonora para Schindler's List a base de recrear a palo seco el sonido tradicional asociado al pueblo judío. Es cierto que hay varios fragmentos de la composición original que poseen fraseados identificables con esta tradición, pero en general es una partitura con sonido más "williamsiano" que puramente "hebraico". A este respecto, comentaba Williams que había tenido cierta facilidad para imitar el sonido tradicional de la música judía gracias a su adaptación al cine del musical El violinista en el tejado en 1971, que le procuró -por cierto- su primer Oscar.

Itzhak Perlman y John Williams.

La participación del prestigioso violinista Itzhak Perlman es decisiva a la hora de dotar al tema principal Theme from Schindler's List de su particular calidez sonora, y el artista aporta su instrumento a unos cuantos momentos del álbum aparte de éste. No obstante, Williams recurre a otras sonoridades, incluyendo por ejemplo un estremecedor coro en el corte Immolation (recordar aquella escena todavía me produce escalofríos), o un fabuloso piano en la versión reprise del tema central correspondiente a los créditos finales de la película. Dentro del álbum publicado también hay un par de temas tradicionales cantados a coro, OYF'N Pripetshok y Yeroushalaim Chel Zahav, que completan la experiencia de inmersión tanto dentro como fuera de la película.

Hay varios motivos para recomendar la escucha de esta banda sonora. El más importante es su calidad aplastante, propia del talento de un compositor excepcional en un muy buen momento de su carrera, con ganas de hacer algo grande pero a la vez sin nada que demostrar, lo bastante humilde para compartir nombre en portada con el violinista invitado, y lo bastante valiente para hacer una música que, a diferencia de lo que ocurría en sus títulos más famosos de décadas anteriores, apenas sobresale por encima de las escenas en blanco y negro a las que acompaña, sino que las acentúa con sutileza sin llegar a la manipulación emocional, las dota de clasicismo sin restarles un ápice de su propia fuerza narrativa. Emocionalmente hablando, el valor cultural de esta banda sonora no es menor que el de la obra maestra del cine para la que fue compuesta, y si eso supone una pequeña o pequeñísima contribución a que aquellos sucesos históricos sean recordados y no se repitan, su importancia es difícil de medir. Imprescindible. En Spotify.

Theme from Schindler's List

viernes, 8 de noviembre de 2013

Más hobbits para este diciembre.

¡No! No es ansia friki. Es que Howard Shore ha convertido todos y cada uno de sus acercamientos musicales a la Tierra Media en una maravilla absoluta, incluyendo su maravillosa banda sonora para El hobbit: un viaje inesperado, que el año pasado -por lo menos a mi-, me devolvió un poco más la fe en los compositores cinematográficos actuales.

 Edición normal.

El hobbit: la desolación de Smaug se estrena el 13 de diciembre, y tres días antes saldrá a la venta su banda sonora. Por supuesto, estará circulando por Internet mucho antes, incluso mientras escribo estas líneas. Shore no parece dispuesto a andarse con pequeñeces, y nos vuelve a ofreces un doble CD en dos ediciones, la "especial" con un tema extra y otros muchos expandidos. Ya hay un vídeo oficial de la imprescindible canción para los créditos finales, a cargo del británico Ed Sheeran y titulada I See Fire ("Veo fuego"). Cosas de tratar con dragones, supongo. 

 Edición especial.

Se ha dicho desde hace tiempo que la banda sonora se publicaría también en vinilo, pero alguna fuente parece haberlo desmentido. Ya veremos, y en todo caso, atentos los coleccionistas de la vieja escuela.

La canción de Ed Sheeran.

martes, 5 de noviembre de 2013

Miles Davis - SKETCHES OF SPAIN


1. Concierto de Aranjuez (Adagio) (16:19)
2. Will o' the Wisp (3:47)
3. The Pan Piper (3:52)
4. Saeta (5:06)
5. Solea (12:15)

6. Song of Our Country (3:23)*
7. Concierto de Aranjuez (Alternate Take, Part 1) (12:04)*
8. Concierto de Aranjuez (Alternate Take, Part 2 Ending) (3:33)*

(*Temas añadidos en la edición de 1997)

Soy demasiado joven para poder hablar en primera persona sobre los años sesenta, y mi familia seguramente es más capaz de recordar las pequeñas cosas de cada día que alguna clase de "sentimiento" o "conciencia nacional" del que fuesen conscientes durante aquella época. Acudiendo a los hechos meramente históricos que pueden consultarse aquí y allá, llegaríamos a hacernos una idea, eso sí, de qué imagen proyectaba España en el resto del mundo. Ejemplo de barbarie fratricida y de ideales rotos a tiros, nuestra Guerra Civil se vivió en todas partes con amargura, y el encumbramiento de un régimen dictatorial fascista seguía dando la impresión, transcurridos muchos años desde el fin del conflicto, de que España seguía siendo un lugar triste y relativamente mísero. Aunque Franco y su gente se esforzaron en los sesenta por exportar una imagen positiva de nuestro país como destino turístico de sol y playa, la España de los toros y la paella, de las damas en mantilla y los tablaos flamencos, eran vistos como un pintoresco atavismo que nos mantenía pegados al cliché. Muchos extranjeros hacían como Hemingway o Ava Gardner, y venían a hincharse de fino, a jalear a los toreros en la playa, o a correr en los Sanfermines, en una reivindicación de lo primitivo.

Miles Davis

¿En qué pensaba alguien tan inquieto e innovador como el norteamericano Miles Davis cuando se lanzó a grabar Sketches of Spain? ¿Le movía la misma fascinación guiri propia de la llamada Generación Perdida? ¿Fue una operación de rescate de una cultura musical riquísima pero anquilosada? Yo apuesto por lo segundo, hasta el punto de que podemos proclamar a Sketches of Spain ("Bocetos de España", 1960) como un álbum decisivo en la historia de la música fusión, de la world music a un nivel absolutamente pretérito pero brillante, e incluso como un paso de gigante hacia la música entendida como aventura, como creatividad sonora pura, que con el tiempo desembocaría en una liberación total de los esquemas tradicionales del pop (¡que todavía no había nacido!), hacia muchos de los géneros de los que hablamos en este blog.

No se quedó el trompetista en la pura floritura jazzística a base de ponerse la peineta y el traje de luces, sino que logró recrear a su manera piezas tan emblemáticas de la música española como el mismísimo Concierto de Aranjuez, dotándolas de un contrapunto canalla, como de oscuro club de jazz. Codo con codo con Davis trabajó, en la dirección de la orquesta y los arreglos, el músico Gil Evans, quien aseguraba que Sketches of Spain iba a consistir únicamente en una versión jazz de la obra de Joaquín Rodrigo, que evolucionó hacia un álbum sobre la música española en cuanto ambos artistas decidieron documentarse para iniciar la grabación. Lo cierto es que, a efectos prácticos, el adagio del Concierto de Aranjuez siguió siendo el núcleo principal del álbum, ocupando casi por completo la cara A, y llevándose unos minutos más cuando el disco se reeditó en 1997 en forma de bonustracks. El Aranjuez de este álbum puede entenderse como todo un reto para un músico de jazz, ya que es precisamente la fuerza arrebatadora de su melodía lo que la hace una pieza tan popular, y Davis se las ingenia para que su tendencia lógica a la improvisación se quede en el mínimo necesario. Un éxito que funciona tanto para crédito del músico como para ampliar los horizontes de la genial obra del maestro Rodrigo.

Contraportada de la edición en CD.

Miles Davis y su amplio abanico de colaboradores crean atmósferas muy densas y envolventes, cercanas a veces a lo que hoy conocemos como ambient, logrando aquí y allá maravillas tan curiosas como esa Saeta que el trompetista se marca, desde un balcón imaginario, mientras un inconfundible paso de Semana Santa -con tambores y todo- pasa justo delante de nuestros oídos. Otras melodías bien reconocibles son un fragmento de El amor brujo, de Manuel de Falla, que suena en el tema Will o' the Wisp; y un tema gallego tradicional, Alborada de Vigo, en el corte titulado The Pan Piper.

The Pan Piper.

Con la llegada a la democracia a nuestro país, muchos de los rancios emblemas patrios de la dictadura quedaron más o menos proscritos, relegados a momentos muy señalados de exaltación folclórica (fiestas patronales y similares), y mucho de lo que en aquel lejano 1960 era indiscutible, hoy despierta recelos entre los jóvenes y los que, indudablemente con razón, quieren que España sea identificada con ideas más modernas y aperturistas que todo aquel mundo de lutos y tarantos. Sketches of Spain sobrevivirá a cualquier donoso escrutinio que se realice a este respecto, precisamente porque Davis, Evans y su fabulosa orquesta no se agarraron a lo cañí, sino a músicas muy nuestras de las que podemos sentirnos orgullosos, carentes de carga ideológica y, sobre todo, impermeables a aquella pátina de minoría de edad mental que el régimen quiso extender sobre nuestra identidad colectiva. En Spotify.

Concierto de Aranjuez (Adagio).

jueves, 31 de octubre de 2013

Javi Cánovas - STRANGE VISION


1. Forty Years Ago (9:29)
2. Tzu-Jan (6:21)
3. Prelude (4:44
4. Skyjacker (10:10)
5. Missing Autumn (11:42)
6. Skywatcher (6:30)
7. Last Journey (5:32)

A ver... en la primera mitad de este año, Javi Cánovas me propuso comentar su álbum Desert Dawn (2013) en el blog, cosa que hice encantado al tratarse de un trabajo muy cuidado que fusiona -como explicamos en su momento- la electrónica más sofisticada con sonidos étnicos de oriente medio. Me gustó. Como quien no quiere la cosa, Cánovas me hizo llegar otro de sus trabajos, de nombre Strange Vision, que tuve "en espera" unos días antes de escucharlo. Tan pronto como lo hice, me pareció incluso mejor que Desert Dawn, pero por aquello de no repetirme demasiado con los artistas, he dejado pasar un tiempo antes de traerlo por estos lares.

Portada alternativa. Admito que me gusta más.

Strange Vision (2007) es una brillante -exquisita incluso- revisión del estilo de hacer música electrónica durante los años setenta y los primeros ochenta. No quiero decir con ello que Cánovas pretendiese homenajear esta época, pero la impresión que me ha quedado es esa. No suena tan primitivo como un álbum de Tomita o Wendy Carlos, ni siquiera como el rompedor Oxygene de Jean Michel Jarre, pero es posible que alguien que no esté al tanto de su fecha de publicación pueda ubicarlo más o menos en los mejores tiempos de la música electrónica, cuando el gran público comenzaba a interesarse por ella y alcanzaba puestos de honor en las listas de ventas.

Diseños para el artwork del álbum, obra de Nick Stevens.

Tampoco es que Strange Vision esté estrictamente realizado a base de instrumentos de los de entonces. Son más bien el concepto del álbum y la estructura de los temas a lo largo del mismo los que nos retrotraen a esa edad de oro de la Electronic Music, y encontrar trabajos como este, una vez que nos habíamos resignado a que el 90% del género, salvo en el caso de viejas glorias todavía en activo y con seguidores poco tolerantes, derivase sin remedio hacia el mundo de las raves y los DJs, es toda una sorpresa.

Este otro diseño también es de Nick Stevens.

¿El concepto? Música de corte cósmico con ritmos potentes pero mesurados, con melodías perfectamente marcadas que nos dejan tarareando un rato después de pulsar el "stop", con los arreglos estrictamente necesarios para que el fondo (lo ambiental) no devore todo lo anterior, con un sonido sintético poco tamizado, estupendamente directo; y sobre todo con un sentido de la épica propio de la ciencia-ficción que empapaba trabajos referenciales del género como Equinoxe de Jarre o incluso Albedo 0.39 de Vangelis. ¿Debo entender como una pista el título del primer tema, "Hace cuarenta años"? También me atrevería a citar algún título de los primeros años ochenta de Tangerine Dream como por ejemplo Hyperborea, que es un favorito personal, y que pertenece a una época en la que el sonido de la banda alemana se sostuvo sobre ideas musicales muy semejantes a las de Strange Vision.

Forty Years Ago.

Temas destacables... Diría en todo caso que el primero y el último poseen unas resonancias especiales, pero yo no quitaría ninguno, ni en broma, porque todos están igualmente bien ejecutados e integrados en el conjunto. Alguna de las piezas largas, como Missing Autumn, aportan rincones algo más intimistas que dan profundidad al álbum. Como los mejores trabajos electrónicos instrumentales de siempre, se disfruta mucho más si se escucha de principio a fin. Hablo muy en serio: magia como la de antes, con el dinamismo y frescura de lo hecho hoy.

Missing Autumn.
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