viernes, 12 de octubre de 2018

Loreena McKennitt - LOST SOULS


1. Spanish Guitars and Night Plazas (6:41)
2. A Hundred Wishes (4:34)
3. Ages Past, Ages Hence (5:27)
4. The Ballad of the Fox Hunter (5:48)
5. Manx Ayre (4:03)
6. La Belle Dame sans Merci (6:09)
7. Sin, Moon and Stars (4:34)
8. Breaking of the Sword (5:30)
9. Lost Souls (5:09)

Publicado antes del verano pasado, Lost Souls es el nuevo álbum de Loreena McKennitt, el primero con material totalmente nuevo desde 2006. Y como con todo buen álbum de una artista consagrada, la buena noticia es que el estilo de McKennitt sigue intacto sin que ello vaya acompañado de una merma en su calidad o una sensación de hastío. La canadiense sabe cómo hacer perfectamente lo que tiene que hacer, y lo hace tan bien como siempre. Sin más.

Loreena McKennitt (imagen de Spill Magazine)

El adelanto del álbum fue quizá su tema de mayor impacto, Breaking of the Sword ("La rotura de la espada"), un himno con tintes nacionales, casi militares, que es un homenaje a los soldados canadienses caídos en la Primera Guerra Mundial.

Breaking of the Sword

El primer tema del álbum, Spanish Guitars and Night Plazas, responde bien a su título: es un tema muy atmosférico y nocturno en el que las notas de guitarra española acompañan a la voz de la cantante. Es bastante moderno, considerando el gusto de McKennitt por lo medieval y teniendo en cuenta que Lost Souls es un álbum en el que se busca -en general- un regreso a las raíces célticas, campesinas y poéticas de la artista. El segundo tema es A Hundred Wishes ("Cien deseos"), muy luminoso, optimista y apacible. Ages Past, Ages Hence está inspirada en el fenómeno del cambio climático y es uno de esos temas en los que la artista, aun acompañada por varios instrumentos -violín, piano, etc.- que suenan exquisitos, se basta y se sobra con su propia voz para sostener todo el esfuerzo melódico. Bien podría haberlo grabado a capela sin grandes diferencias.

Ages Past, Ages Hence, en vivo.

Muy rural y auténtica es The Ballad of the Fox Hunter ("La balada del cazador de zorros"), aunque su melodía me suena un poco a reutilizada de algún tema suyo anterior. Es una versión de un poema de W. B. Yeats. Con el instrumental Manx Ayre viajamos por fin, cómo no, a esa frontera exótica entre Europa y Oriente que tan bien recrea McKennitt, y que nos suena a mercado medieval, a cruzada, a Ruta de la seda.

The Ballad of the Fox Hunter

La Belle Dame sans Merci es un tema que adapta la balada romántica original de John Keats, un poema que suena sencillo y delicado en boca de la canadiense pero que en realidad ha sido objeto de controversia desde el siglo XIX por su temática un tanto misteriosa y difícil de descifrar. El segundo instrumental del disco, el trepidante Sun, Moon and Stars, es otro viaje al territorio mestizo de los Balcanes, de Turquía, de Chipre y las islas griegas, quizá esta vez más orientándose más hacia lo musulmán que hacia lo cristiano, como se percibía en Manx Ayre. Al parecer, se inspira en la época en que los navegantes se orientaban mirando los astros.

Sun, Moon and Stars

Y tras la ya mencionada Breaking of the Sword, el álbum concluye con su tema homónimo Lost Souls, francamente hermoso y con bastante potencial comercial, pese a que en este sentido Loreena McKennitt no se complica demasiado y no llega a ofrecer ningún tema, ni siquiera este, que destaque por su espectacularidad en la producción o sea especialmente pegadizo. Ni falta que le hace, porque este es uno de esos álbumes/experiencia que se disfruta de una sentada.

Lost Souls

jueves, 27 de septiembre de 2018

Hans Zimmer - THE THIN RED LINE


1. The Coral Atoll (8:00)
2. The Lagoon (8:37)
3. Journey to the Line (9:22)
4. Light (7:20)
5. Beam (3:44)
6. Air (2:21)
7. Stone in my Heart (4:28)
8. The Village (5:52)
9. Silence (5:06)
10. God Yu Tekem Laef Blong Mi (1:59)
11. Sit Back and Relax (2:07)

Hemos levantado una pequeña polvareda cada vez que ha salido por aquí una entrada sobre Hans Zimmer, por mi parte subrayando lo poco que me gustan algunas de sus costumbres como artista y su exagerado peso en el cine actual, y por parte de algunos comentaristas, destacando sus innovaciones y su indiscutible legado. Por lo general, las discusiones se zanjan cuando admito este último aspecto y se citan obras cuya calidad va más allá de mis gustos personales. Mi favorita es seguramente El código Da Vinci, aunque me gustan también la mayor parte de su trilogía de Batman, las secuelas de Piratas del Caribe, Origen, Rain Man, El rey león, etc. Un trabajo que suele estar entre los más defendidos por sus fans es La delgada línea roja, y creo que es un buen momento para analizarlo.

Tráiler de la película.

The Thin Red Line fue una de las películas más premiadas de 1998. Hoy está un poco olvidada, ya que compitió en popularidad con la mucho más célebre Salvar al soldado Ryan. El director Terrence Malick se excedió un poco en el metraje y su trama se vuelve difusa, haciéndola una película un tanto complicada de digerir para públicos amplios. Pero es muy buena. El caso es que Malick, uno de estos autores que ejercen un control total sobre sus obras, iba a hacer picadillo sí o sí, en sucesivos montajes, la banda sonora que le encargó a Hans Zimmer. En consecuencia, no sirve de mucho recordar lo visto y escuchado en la película a la hora de analizar el trabajo de Zimmer. Algo parecido, más sangrante si cabe, fue lo que ocurrió con la posterior partitura de Alexandre Desplat para El árbol de la vida, también de Malick.

Contraportada

Quedándonos, por lo tanto, con el álbum propiamente dicho, se podría decir que The Thin Red Line es un trabajo un poco irregular, constituido en su mayor parte por temas deliberadamente discretos, muy efectivos por su carácter atmosférico y por servir de argamasa útil a un director que -Zimmer debió verlo venir- iba a recortarlos y reordenarlos hasta la náusea. Y también está ahí el temazo por excelencia de Hans Zimmer, tal vez el que mejor representa su aportación al campo de la música de cine: Journey to the Line. Por pura coincidencia, el divulgador Jaime Altozano ha dedicado hace poco un vídeo a entrevistar a Zimmer y comentar el peso posterior de esta pieza musical, entre otras cosas. No hay que perdérselo.


Journey to the Line es un tema largo que va in crescendo, con una melodía minimalista que sorprendente por su efectismo y que va aglutinando más y más capas de sonido hasta lograr un efecto emocional hiperdrámatico, un muro sónico  situado entre lo orquestal y lo electrónico que resulta potentísimo. Ha sido reutilizado en varios tráileres de otras películas y lo han imitado una y mil veces. En realidad, y aunque el primitivo Hans Zimmer "synthesizer hero" de los ochenta ya poseía este toque, es a partir de Journey to the Line cuando Zimmer y casi todos sus músicos afines se dedicarían a las fanfarrias mega-saturadas, cayendo a menudo en lo pomposo y reiterativo, cuando no directamente convirtiendo este tabique sonoro en puro ruido sin sentido. En la mayoría de los casos, se olvida el carácter verdaderamente épico, maduro y profundo de aquel tema seminal.

Journey to the Line

God Yu Tekem Laef Blong Mi

Otras cosas interesantes que hay en The Thin Red Line son su uso de algunos instrumentos exóticos como el koto y la flauta shakuhachi y los también bastante conocidos cantos melanesios del tema God Yu Tekem Laef Blong Mi, que ha tenido su propio recorrido en la cultura mainstream de la publicidad y los tráileres. Dos temas están compuestos por otros autores: Beam, de John Powell, y Sit Back and Relax (vaya título), de Francesco Lupica. Parece que el primero de ellos está inspirado también en un tema del autor del segundo.

Beam

Sit Back and Relax

El álbum se escucha con agrado de principio a fin, aunque el planteamiento más  bien ambiental de muchos temas hacen desear quizá algo más de variedad. Teniendo en cuenta los trabajos ambient "hardcore" que a veces comentamos en el blog (y que yo disfruto sin reservas), no diré que este álbum aburre, pero sí creo que puede hacerse largo a quienes prefieran bandas sonoras de cine compositivamente más... intensas. En cualquier caso, es un gran trabajo que merece reconocimiento y cuya fama es bien merecida. Hay que escucharlo.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Vuelve Jarre con otro recopilatorio. Y reediciones.


Planet Jarre se llama el nuevo producto que Jean-Michel Jarre saca a la venta en una semana. Es un recopilatorio al uso, sólo que los temas están ordenados en cuatro categorías, dependiendo de si el francés los considera "paisajes sonoros" (Soundscapes), "temas" (Themes), "secuencias" (Sequences) o "exploraciones y obras tempranas" (Explorations & Early Works).

Los temas de cada sección.

Contiene un par de temas nuevos, con el morbo añadido de que hay por ahí un trocito de la maqueta del mitológico Music for Supermarkets (1983), álbum del que sólo existe una copia en todo el mundo. La edición normal en digipack y doble CD tendrá su aquel para los completistas, la digital en 5.1 gustará a los sibaritas del sonido, y la edición en vinilo gustará a los fetichistas, pero el estuche de lujo con doble casete (YESSSS!!!) puede ser la coña más elaborada que he visto en años. Si Jarre pone de moda el casete, juro que me rindo y me compro una gramola de manivela.

Portada renovada de Geometry of Love.

También jugosas son las próximas reediciones de su catálogo clásico, que incluyen  (según he visto, aunque puedo equivocarme) Revolutions, Chronologie, Oxygène 7-13, Metamorphoses y Geometry of Love, el último de los cuales tuvo en su momento una tirada minúscula. Habrá que atraparlo legal y físicamente esta vez.

martes, 28 de agosto de 2018

Tangerine Dream - LE PARC


1. Bois de Boulogne (Paris) (5:07)
2. Central Park (New York) (3:37)
3. Gaudi Park (Guell Garden Barcelona) (5:10)
4. Tiergarten (Berlin) (3:28)
5. Zen Tarden (Ryoanji Temple Kyoto) (3:07)
6. Le Parc (L. A. - Streethawk) (2:56)
7. Hyde Park (London) (3:50)
8. The Cliffs of Sydney (Sydney) (5:20)
9. Yellowstone Park (Rocky Mountains) (6:10)

Le Parc (1985) fue el primer álbum de estudio, sin contar alguna banda sonora, que Tangerine Dream lanzó tras su salida de Virgin Records. Ficharon por el sello Jive y se inició su época conocida como "años azules". Habían metido un pie en EEUU gracias a sus obras para películas de renombre (Ojos de fuego y Risky Business estaban recientes, Legend al caer), pero seguían afincados en Europa. Este nuevo trabajo se grabó mayoritariamente entre Berlin y Viena, y los componentes del grupo eran  entonces Christopher Franke, Edgar Froese y Johannes Schmoelling.

Contraportada de una edición más reciente.

Le Parc tiene toda la pinta de querer ser un álbum hecho para gustar, un trabajo muy comercial, en un sentido no necesariamente negativo. En los ochenta ya había sitio más que de sobra para la música instrumental popular en cualquier ámbito, y la música realizada mediante sintetizadores gozaba de una efervescencia especial. Pero seguramente TD poseía todavía cierta aura oscurantista asociada a trabajos más o menos experimentales de la década anterior, también causada por el hecho de haber sido siempre una banda poco inclinada a lo melódico "puro", poco dada, en fin, a generar singles que sonaran en la radio como los de Jarre o Kraftwerk. Le Parc quiso ser un álbum que superase esta imagen de banda de culto, que fuese más allá de los sonidos ya bastante aperturistas de trabajos previos como Exit o Hyperborea.

Clip oficial de Tiergarten.

Incluso el concepto del álbum -porque este trabajo es claramente conceptual- es muy luminoso y new age: una serie de temas no demasiado largos que sirven como souvenirs musicales de distintos parques públicos del mundo. Los temas poseen el detallado trabajo textural y la atmósfera genuina de TD, pero lo melódico es preeminente, y creo que con mucho acierto. Vale que son los ochenta y el acercamiento a los parques, así como ciertas soluciones para conseguir un toque étnico (en Zen Garden y Yellowstone Park, por ejemplo), es a veces un poco maniquea, pero negar que es un álbum francamente inspirado es ser muy cínico.

Bois de Boulogne

Le Parc

Bois de Boulogne gusta por su potencia y dinasmismo, Central Park por su toque nervioso (como de oficinistas runners neoyorquinos), Gaudi Park por su elegancia, Tiergarten por su atmósfera beatífica, Zen Garden por el lapso de relax que aporta al conjunto, Le Parc por ser quizá el temazo más molón de TD en toda su historia, Hyde Park por su ritmo marcado y su sabor urbano, The Cliffs of Sydney por sus gaviotas sintéticas y Yellowstone Park por su misticismo. En el último tema, por cierto, canta Clare Torry, la legendaria vocalista de The Great Gig in the Sky de Pink Floyd.

El single Streethawk.

Y no, no me olvido de mencionar que el tema homónimo al álbum sonó, en una versión cortita y remezclada, como sintonía de la serie de TV Streethawk, en España El halcón callejero, que era como El coche fantástico pero con una moto.

jueves, 2 de agosto de 2018

Jean Michel Jarre - AERO


1. AERO Opening (0:50)
2. Oxygene 2 (7:40)
3. Aero (3:09)
4. Equinoxe 8 (1:24)
5. Oxygene 4 (5:04)
6. Souvenir of China (4:45)
7. Aerology (3:39)
8. Equinoxe 3 (6:32)
9. Equinoxe 4 (6:46)
10. Last Rendez-Vous (5:07)
11. Zoolookology (3:54)
12. Aerozone (4:55)
13. Magnetic Fields 1 (5:58)
14. Chronology 6 (6:09)
15. Rendez-Vous 4 (Live version) (7:33)

Es inevitable que cualquier artista con una larga carrera y el suficiente éxito acabe dando pie a numerosos álbumes recopilatorios. Jean-Michel Jarre, que además es un referente esencial en su género, también cuenta con sus antologías, algunas bastante prescindibles y otras que bien pueden contarse como álbumes de pleno derecho. Pienso que Aero (2004) entra en la segunda categoría, ya que los temas escogidos están completamente regrabados y sus arreglos son distintos de los originales sin llegar a entrar en el terreno de los remixes. 

"Aero: un tributo al viento", al completo.

La idea del álbum, cuyo nombre podría venir de las siglas A.E.R.O. (Anthology of Electronic Revisited Originals, o "Antología de Originales Electrónicos Revisitados"), viene directamente del concierto Aero: a Tribute to the Wind celebrado en Dinamarca en 2002 en un parque eólico, y en el que Jarre sacó a relucir varias revisiones modernizadas -unas más acertadas que otras- de sus clásicos de siempre. Tengamos en cuenta que, en aquella época, Jarre estaba embarcado en una cruzada contra su propio y reconocible estilo que traía bastante confundido a gran parte de su público, y que se había materializado en álbumes inusuales (que no necesariamente malos) como Sessions 2000 (2002) o Geometry of Love (2003). Creo que Aero funcionó bien como un eslabón tardío entre el que había sido su sonido hasta finales de los noventa y lo que iba a venir después. Agradó a los viejos seguidores y aportó algo más refrescante para pescar nuevos fans.

Aero

Un aliciente decisivo en Aero fue el segundo disco del álbum, un DVD que contenía el trabajo completo en formato envolvente 5.1. Mientras escuchas la música puedes ver los ojos de la entonces novia de Jarre, la actriz Anne Parillaud (Nikita), reaccionando ante lo que escucha. Los ojos de la portada, en cambio, son los del propio Jean-Michel. Algo tendrá el músico de fetichista, después de usar también el pubis hirsuto de su anterior pareja Isabelle Adjani como portada de su álbum anterior.

Aerology

El álbum fluye sin interrupciones gracias a pequeñas transiciones entre pistas, y la presencia de cuatro temas nuevos contribuye a darle coherencia de conjunto. Se trata de Aero Opening (una mera introducción), Aero (que recupera sin mucho disimulo el Je me souviens del álbum Metamorphoses), Aerology (bastante ágil y simpática, como sacada de Zoolook) y Aerozone (más atmosférica que melódica, pero igualmente efectiva).

Equinoxe 4

Y los demás temas son más o menos los previsibles en una recopilación. En general, la mayoría de los cambios van enfocados a su disfrute en 5.1 multicanal, y consisten en una acentuación de los ritmos (mi adorada Equinoxe 4 pierde algo de epicidad), arreglos más densos (escúchese Zoolookology) y algún retoque curioso y quién sabe si con retintín, como unos toques de campana en Oxygene 4. Vuelve a obviarse la maravillosa segunda mitad de Magnetic Fields 1, y como guinda al pastel se incluye, como tema extra, la versión en vivo de Rendez-Vous 4 grabada en Dinamarca con la colaboración de los entonces muy célebres percusionistas Safri Duo.

Jarre in China

El sonido renovado del viejo Jarre en Aero dio de sí durante algún tiempo más, incluyendo el estupendo concierto en la Ciudad prohibida de Beijing el año siguiente, que sería ofrecido también en 5.1 y filmado con el sistema de alta fidelidad THX de Lucasfilm, y que se publicaría en DVD con el nombre de Jarre in China. Tiempo tendría el músico más adelante de continuar su cruzada evolutiva, a veces con buen tino, pero en algún caso contra su propio prestigio, pero de lo que ocurrió entre Téo y Téa hablaremos otro día.

sábado, 21 de julio de 2018

Max Corbacho - NOCTURNES II


1.Celistia (23:13)
2. Nocturnal Bloom (3:38)
3. Starlight Grace (8:43)
4. Heart of the Night (3:33)
5. Indigo Sphynxes in Dark Canyon (3:10)
6. Timelapse (7:20)
7. Moon Apparition (7:20)

He dejado pasar demasiado tiempo desde la última vez que tuve ocasión de comentar un disco de Max Corbacho, e incluso me he saltado alguno muy bueno entre el primer Nocturnes y esta segunda parte. Recuerdo que cuando escuché el primero me quedé muy sorprendido, tanto que puedo recordar perfectamente el momento en el que lo escuché y redacté la reseña. Cuando tuve a mano Nocturnes II (2018), mi primer pensamiento fue intentar reproducir aquel momento, lo que pasaba indiscutiblemente por encontrar el momento de relax y sosiego necesario. O lo que es lo mismo, por esperar al verano, en concreto a ese feliz día en mitad de julio en el que te levantas una mañana y tienes que preguntar a otra persona qué día de la semana es. Espero que el señor Corbacho disculpe mi tardanza.

Max Corbacho (imagen de last.fm)

Para comenzar por el principio, repetiré (matizando) algo que ya he dicho: Nocturnes II debe escucharse en un momento de relax. Primero te relajas y luego lo escuchas, en ese orden y no al revés. Primera regla del aficionado al instrumental contemporáneo: desconfía del álbum que se autodefina como "relajante", porque para eso hay cantidad de hierbas de las que se hierven y también de las que se fuman. Nocturnes II surge de las mismas experiencias que su predecesor, esto es, del paseo nocturno -físico o mental- por determinados parajes geográficos, medio recelosos por la oscuridad circundante, medio abrumados por el espectacular cielo estrellado que todavía puede disfrutarse en algunas zonas apartadas, fuera de las ciudades, lejos de los alumbrados públicos y los humos. No todos tendremos la oportunidad de escuchar esta música en esta clase de lugares, pero por suerte la propia música te transporta allí, haciendo levitar el sofá de casa. Tampoco descarto una sutil aproximación hacia el terreno de la pura ciencia-ficción musical, pero todo es cuestión de opiniones.

Celistia

Max Corbacho plantea muchos de sus temas como densas suites ambientales, realizadas mediante instrumentos electrónicos pero con un sonido muy natural, nada robótico ni computerizado. Da la sensación de que las largas notas que van y vienen como en un majestuoso oleaje cósmico surgieran del propio cielo nocturno, como si las constelaciones y la Vía láctea emitiesen alguna clase de onda que nosotros interpretásemos a capricho como música. Tanto el primer tema como el último son largos e inmersivos, aunque las demás piezas, relativamente más breves, están realizadas en una línea parecida, y algunos de ellos están enlazados sin pausas. Lo mismo podría haber puesto nombre a un solo tema de 70 minutos que haber separado las dos piezas más largas en tramos cortos; da igual, porque la experiencia sigue siendo un todo.

Moon Apparition

Aunque esto no significa que todos los temas de Nocturnes II sean iguales. El planteamiento sí lo es, a primera vista al menos, aunque son pequeños matices los que marcan la diferencia, ya sea el sutil sonido de insectos y aves en Celistia, el momento álgido de Moon Apparition en el que -se entiende- sale la luna, o los diferentes grados de "lavado" o definición a los que las atmósferas de los temas intermedios son sometidas. Por supuesto, como todo buen trabajo de corte ambient, Nocturnes II exige un cierto esfuerzo de imaginación, de recurrir a nuestros recuerdos y fantasías para dar aún más entidad a la experiencia de su audición, lo que -como en tantos otros casos- lo alejan de lo meramente consumible que es tan típico en nuestra era de videoclips. Excelente álbum, una rara avis que reivindica la música como acto de creación artística en el que el oyente tiene su propio margen interpretativo, una obligación de participar activamente en el proceso de escucha. Una ventana al universo con los pies descalzos sobre la tierra.

Aquí la web de Max Corbacho y aquí su rincón en Bandcamp.

martes, 10 de julio de 2018

Paraísos musicales en la web: el canal de Jaime Altozano en YouTube.

Ya sé que puede parecer una ocurrencia de verano lo de entrar en el mundillo de los "youtubers", pero llevo una temporada viendo los vídeos de Jaime Altozano sobre música y debo decir que he aprendido muchísimas cosas con ellos. Eso no quiere decir que coincida con él en todas sus opiniones o sus gustos musicales (en muchas cosas sí que coincido), pero es asombrosa la capacidad didáctica de este muchacho a la hora de explicar aspectos de teoría musical que en boca de otro habrían resultado muy áridas. Pongo como ejemplo un vídeo sobre qué son y cómo funcionan la armonía y los acordes que no tiene precio:

¿Cómo funciona la música?

Altozano, que es compositor y productor, también ha publicado vídeos sobre producción musical de lo más interesantes, tanto para explicar truquillos a quien se plantee crear algo desde casa con unos medios de aficionado de a pie como para exponer algunas picardías del actual "star system" de la industria musical.

"La verdad sobre la música POP"

Muy interesantes son también sus análisis en profundidad, a nivel compositivo y temático, de algunas de las BSOs de referencia de este blog como son las de Star Wars y El Señor de los Anillos. Pero nunca resulta Altozano demasiado académico, sino ameno y cercano, con un lenguaje a la vez distendido y absolutamente educado (excelente dicción la suya, por cierto) que no suele ser la norma en un gremio, el de los youtubers, a veces tan dado a ganarse a la chavalería mediante la palabrota fácil.

En resumen, excelente labor la que realiza Jaime, que también puede ser apoyada mediante Patreon. Enlazo también con su página https://jaimealtozano.com, desde la que puede accederse a sus vídeos en YouTube.

sábado, 30 de junio de 2018

John Powell / John Williams - SOLO: A STAR WARS STORY


1. The Adventures of Han (3:49)
2. Meet Han (2:20)
3. Corellia Chase (3:34)
4. Spaceport (4:07)
5. Flying with Chewie (3:30)
6. Train Heist (4:48)
7. Marauders Arrive (5:15)
8. Chicken in the Pot (2:09)
9. Is This Seat Taken? (2:36)
10. L3 & Millennium Falcon (3:17)
11. Lando's Closet (2:13)
12. Mine Mission (4:11)
13. Break Out (6:15)
14. The Good Guy (5:25)
15. Reminiscence Therapy (6:13)
16. Into the Maw (4:49)
17. Savareen Stand-Off (4:26)
18. Good Thing You Were Listening (2:08)
19. Testing Allegiance (4:21)
20. Dice & Roll (1:55)

Parece que la franquicia iniciada por George Lucas se está resintiendo en la taquilla con este último título, lastrado quizá por el protagonismo de un Han Solo que (lógicamente) no es Harrison Ford, un tono general más bien planito y, sobre todo, la sensación de que la abundancia de películas de la saga está haciendo que dejen de percibirse como "acontecimientos". Paga el pato una película que, no obstante, sí tiene cosas muy a reivindicar. Sin ir más lejos, su banda sonora es una agradable sorpresa.

John Powell (de starwarsnewsnet.com)

John Powell, el compositor elegido para Solo, logra resolver con notable el gran problema que supone componer una música que tenga en cuenta la herencia creativa del maestro Williams y que sea al mismo tiempo innovadora y fresca. Solo: una historia de Star Wars (2018), igual que Rogue One (2016), es y no es Star Wars, en el sentido de que no es un episodio numerado y, por lo tanto, busca jugar un poco con ese universo tomándose unas cuantas -y bienvenidas- licencias formales. Powell contribuye a esto con una banda sonora fresca y colorista, no carente de brío, pero que, todo hay que decirlo, podría haber caído en la herejía si hubiese sido compuesta para uno de los "episodios". 

Yo mismo tenía el cuchillo preparado, entre otras cosas porque Williams anunció hace poco que el futuro Episodio IX sería el último para él, y sospechaba que antes o después metería la zarpa en Star Wars ese sindicato del crimen musical que es Remote Control Productions. Afilé el cuchillo, digo, al comprobar que Powell está entre sus filas. Afortunadamente, Powell no es un Badelt ni un Jablonski, y alguien ha tenido la muy feliz idea de que el propio John Williams componga y dirija el tema principal de la película, The Adventures of Han, marcando así la línea a seguir por Powell.

The Adventures of Han

Pero con o sin los dictados de Williams, Powell sabe mezclar bien el sinfonismo clásico romántico con sonidos más de moda, típicos del actual cine de acción y aventuras, sin "nolanizar" ni "zimmerizar" en exceso la partitura. Hay aportaciones muy interesantes, de hecho, como un coro étnico femenino/infantil que encarna musicalmente a los bandidos enmascarados de la escena del tren (Marauders Arrive), o un tema de amor bastante inspirado (Lando's Closet). También tiene su encanto el típico tema diegético que contiene casi toda BSO de Star Wars, en este caso un sensual dúo pop en lengua alienígena titulado Chicken in the Pot ("Pollo en la olla"), que cuenta con la colaboración de otro colega de Remote Control, Gavin Greenaway.

Marauders Arrive

Lando's Closet

Chicken in the Pot

Sí nos chirrían los dientes algunos recursos muy genéricos que están presentes en algunos puntos de Solo. Por ejemplo, hacia el final de Flying with Chewie suena un fragmento optimista con un punto de charanga que debe estar pregrabado en los archivos de Remote Control desde los tiempos de Gladiator (en Now We Are Free), y que hemos escuchado hasta el vómito en películas y anuncios de TV. Da pena que algo tan manido se haya colado en el sacrosanto canon musical de Star Wars.

Flying with Chewie

Reminiscence Theraphy

Pero en fin, hay una indudable inteligencia en la manera que tiene Powell de reutilizar y adaptar el famoso The Asteroid Field de El Imperio contraataca para las escenas en que el Halcón Milenario atraviesa el famoso Corredor Kessel. Toca la fibra nostálgica con mucho acierto y la escena sabe a gloria. Se ahorra el álbum otras dulzuras para fans al suprimir la fanfarria de Star Wars de los créditos finales, como en Rogue One.

Imagen de la contraportada.

Me parece difícil comparar, como han hecho algunos críticos, este Solo de John Powell con el Rogue One de Michael Giacchino, sobre todo porque el segundo intentó mantener una fidelidad escrupulosa al estilo Williams que le impidió expandir musicalmente sus recursos musicales, mientras que el primero, aportación del propio Williams aparte, ha hecho su agosto. Tiempos vendrán, me temo, en los que lo genérico y pregrabado, el sonido estándar de la BSO comercial contemporánea, terminen de invadir los mundos de Star Wars, y si bien Solo no merece ser acusada directamente de ello, sí que ha dejado la puerta abierta.

jueves, 21 de junio de 2018

Pink Floyd - THE DIVISION BELL


1. Cluster One (5:59)
2. What Do You Want from Me? (4:22)
3. Poles Apart (7:05)
4. Marooned (5:28)
5. A Great Day for Freedom (4:18)
6. Wearing the Inside Out (6:49)
7. Take It Back (6:12)
8. Coming Back to Life (6:19)
9. Keep Talking (6:11)
10. Lost for Words (5:15)
11. High Hopes (8:32)

El álbum de Pink Floyd The Division Bell (1994) es de los que más "división" causan entre los seguidores de la banda británica. Ni siquiera se le acercan discos difíciles como el extravagante Ummagumma (a ratos casi inaudible) o el personalista The Final Cut (obra más de Waters que del grupo), y eso sin hablar del mero auto-homenaje que es The Endless River, que se aceptó por su vocación anecdótica más que por su calidad intrínseca. The Division Bell reunió una serie de características que podrían haberlo convertido en un álbum maldito, de no ser porque el buen funcionamiento económico y la benevolencia del paso del tiempo lo evitaron.

Contraportada del CD.

Tras el antes mencionado The Final Cut (1983) y la separación de Pink Floyd, la publicación en 1987 de A Momentary Lapse of Reason fue acogida como la confirmación tranquilizadora de que el grupo seguiría adelante con David Gilmour como líder "no dictatorial" y con mucho que ofrecer pese a la marcha de Roger Waters. Con todo, y aunque tiene muy buenos momentos, es un álbum un tanto irregular y acomodaticio. El primer problema de The Division Bell, el siguiente trabajo de estudio de esta etapa, es que incide en esto último, llevando a ratos lo cómodo a lo llanamente autocomplaciente. Waters se cachondeó bastante.

Nick Mason, David Gilmour y Richard Wright en una foto de la época.

The Division Bell (cuyo título se refiere al toque de campana con el que el parlamento británico se alinea para disponerse a votar) es álbum que maneja como concepto general la comunicación entre las personas y los problemas que causa la falta de ésta. Salvo en casos como el de The Wall y algún otro, Pink Floyd nunca llegó a profundizar demasiado en su visión de cada álbum como pieza conceptual explícita, y el CD que nos ocupa es igualmente difuso en su tratamiento temático. Lo que queda tras su escucha, aun contando con las letras traducidas, tiene más de sucesión de temas exquisitamente producidos y melódicamente bellos que de pieza "narrativa" coherente.

Coming Back to Life

¡Y qué bellos son sus temas! David Gilmour, autor de la mayoría de las canciones (junto con su esposa Polly Samson, aunque no todo el mundo cree lo que afirman los créditos) se saca de la manga unos cuantos cortes que suenan a himnos pese al poco riesgo creativo asumido en ellos: A Great Day for Freedom, Coming Back to Life, Lost for Words... También hay algunos temas más rockeros (con algo de blues) como What Do You Want From Me? o Keep Talking, donde suena la voz sampleada de Stephen Hawking. También está por ahí Take It Back, que por aquí sonó mucho en la radio y que contiene un punteo de guitarra que recuerda a U2.

Marooned

Ninguno de estos temas es manifiestamente malo o pobre, pero Pink Floyd, incluso en versión recortada y algo descafeinada, deslumbra cuando arriesga. El tema instrumental Marooned logró el primer y único Grammy para la banda, en plena era del "Britpop", y la pieza introductoria Cluster One es también muy notable. Con todo, el tema que más me sigue impresionando es Wearing the Inside Out, salido directamente del cerebro de Richard Wright. Tanto la voz del teclista (que en el álbum anterior figuraba como invitado y no como miembro titular) como el ritmo lánguido, el saxo de Dick Parry y los coros femeninos crean una atmósfera peculiar que alcanza el éxtasis con su breve solo de teclado. Durante unos segundos, benditos sean, nos hace volver a la épica cósmica de The Dark Side of the Moon.

Wearing the Inside Out (en vivo, 2006).

Completa el álbum la larga y ambiciosa High Hopes, un tema con videoclip de los caros y mucha grandiosidad sonora gracias a la orquesta sinfónica que dirige Michael Kamen, pero que de nuevo sabe a poco en lo imaginativo y roza lo pomposo. Suele estar presente en recopilatorios más por su carácter de single que por ser lo mejor o más representativo del disco.

High Hopes

Terminaremos mencionando la presencia en el "artwork" del genial Storm Thorgerson, a cuya estética surrealista debe tanto la iconografía de Pink Floyd. No sé si fue obra suya o no, pero el estuche de las primeras ediciones en CD de The Division Bell llevaba varios elementos en relieve en la zona izquierda de la bandeja del disco, la que sobresale junto a la portada, entre ellos algo en braille (supongo que el título del álbum o el nombre de la banda), todo perdido hoy en día por culpa de la barata y genérica reedición en digipak que hoy puede adquirirse en tiendas.

Cada formato de la primera edición (CD, casete, vinilo) tuvo una portada distinta.

El álbum que nos ocupa fue el origen de una gira multitudinaria, la última de Pink Floyd, que terminaría siendo recogida en el portentoso doble álbum en vivo titulado Pulse (1995), del que hablaremos en otra ocasión. Reconozco que The Division Bell no es uno de los grandes álbumes de la banda, pero sí que es uno de los que reescucho con más frecuencia, siempre con mucho gusto. 

domingo, 17 de junio de 2018

The Stephen Hawking Tribute, nueva pieza de Vangelis.

El pasado viernes 15 de junio tuvo lugar la ceremonia de enterramiento de las cenizas de Stephen Hawking en la abadía de Westminster, en Londres. Para tan solemne evento, el compositor griego Vangelis compuso una pieza de seis minutos titulada The Stephen Hawking Tribute, de la que se editaron pocas más de mil copias físicas para regalar a los asistentes. A mediodía, la misma pieza (en la que escuchamos la voz computerizada del astrofísico sobre un fondo estremecedor y el saxofón de Dimitris Tsakas) fue emitida desde una instalación de la ESA en Cebreros, Madrid, hacia el agujero negro más cercano a nuestro planeta, donde será "recibida" dentro de unos 3.500 años. 

Esta y otras imágenes de la edición, en la página oficial del evento:

No sabemos con certeza si se conocían, pero es muy probable que su admiración fuese mutua. En fin, todo el mundo admira a Stephen Hawking y se sabe que él estaba más o menos al tanto de lo que se hacía dentro del mundillo de la música cósmica o de temática espacial. Hace poco, por cierto, concedió un premio a Jean-Michel Jarre. Por suerte, y aunque las copias físicas de este homenaje a Hawking son desde ya oro puro para los coleccionistas, podemos disfrutar de la música dándole al play tan pronto como terminemos de leer esto.

miércoles, 6 de junio de 2018

"Las dos torres", el 27 de julio en versión completa.

Los precios no son de ganga precisamente, pero las grabaciones completas de la BSO de El Señor de los Anillos son una pieza de coleccionismo exquisita que merece la pena tener en la colección. Ya tenemos en tiendas La comunidad del anillo, y en menos de dos meses estará disponible el estuche de Las dos torres.

Versión CD + Blu-ray.

Como ya comentamos en su momento, The Two Towers está a la par en calidad con la partitura anterior, si bien para mi gusto aquí se encuentra el mejor "leitmotiv" de la saga, el tema de Rohan, que es una pasada. Howard Shore logró expandir el ya vastísimo universo musical de la primera entrega con una segunda obra que gana en complejidad e innovación, y es en estas grabaciones completas donde más justamente podemos apreciar su inconmensurable calidad.

Versión LP.

De nuevo, estará en triple CD + Blu-ray de audio, además de en un quíntuple vinilo azul. Recomiendo ver varios sitios (incluso fuera de España) para su adquisición online, donde el ahorro suele ser notorio.

domingo, 27 de mayo de 2018

Robert Reed - SANCTUARY III


CD 1

1. Sanctuary III Part 1 (21:12)
2. Sanctuary III Part 2 (20:44)

CD 2

1. The Moonsinger Suite (Chimpan A Remix) (22:24)
2. Troy's Lament (3:17)
3. Perpetual Motion (3:44)
4. El Paso (3:04)
5. Moonsinger Rising  (2:18)
6. Sanctuary III Part 1 (Tom Newman Mix) (21:28)
7. Sanctuary III Part 2 (Tom Newman Mix) (20:39)

Sanctuary III (2018) está marcado por una diferencia fundamental que existe entre su autor Robert Reed y el alma mater de la ya trilogía, Mike Oldfield: que Oldfield sólo sigue publicando álbumes, a su ritmo, en parte para matar el gusanillo de su creatividad, en parte para mantener un nivel de vida de yates, chalets y champán en la piscina, mientras que Reed come de lo que vende. Llena la nevera y pone gasolina en su coche con su música, y no creo que alguien que sigue publicando en Bandcamp pueda permitirse el lujo de esperar demasiado antes de volver a lanzar un álbum. Pienso que casi todos los defectos de Sanctuary III se deben más a las prisas por publicar que a su naturaleza plenamente asumida de pastiche.

Robert Reed en una imagen promocional.

Empecemos por lo positivo. Con franqueza, creo que este nuevo trabajo funciona bien en la línea de lo que venimos pidiendo a Reed desde el anterior Sanctuary II (2016), esto es, que su sonido vaya desligándose del patrón Oldfield. Aquí tenemos otra vez dos suites de estilo rock progresivo instrumental, pero cada vez cuesta más identificar los fragmentos-homenaje (que los hay), mientras que encontramos cada vez más piezas totalmente originales, cuando no ajenas del todo a lo que en su día fueron Tubular Bells, Hergest Ridge, Ommadawn... Por ejemplo, hay una creciente vocación coral en Sanctuary III que nunca hemos encontrado en Oldfield y que a ratos hace pensar en algo parecido a Adiemus. La presencia vocal del trío Synergy va creciendo en cada entrega. También hay fragmentos de gaita muy celtas, muy puristas, un texto recitado por Les Penning (que por supuesto toca la flauta también), la bella pero breve voz solista de Angharad Brinn y un curioso pasaje de voz lírica que funciona de maravilla. Domina buena parte del álbum un agradecido tono lúdico muy rítmico (Simon Phillips repite a la batería), deliberadamente intrascendente, que busca más el disfrute que la fidelidad a un estilo. 

Portada (simbólica) del segundo CD, que puede adquirirse por separado en su edición digital.

Lo malo de Sanctuary III es que se percibe la falta de cuidado en la composición, en este caso muy entrecortada, lejos del perfecto y trepidante fluir del primer Sanctuary. En muchos casos, ambas suites del álbum están construidas a base de momentos de clímax demasiado apretujados, poco emocionantes por su abundancia y por no haber ido construyéndose al ritmo adecuado. Cuando Robert Reed toca la guitarra eléctrica, además, sí que percibimos el sonido Oldfield, aunque casi todos estos momentos responden a esto que llaman "fanservice". No están del todo bien integrados y resultan un pelín invasivos. Apostaría a que Reed, que es un estudioso de lo suyo, ha intentado que de algún modo Sanctuary III recuerde a las colaboraciones que en su día grabaron Oldfield y David Bedford. La segunda versión de Moonsinger Rising, en el segundo CD, atestigua la influencia. La impresión general es que quizá Reed debería haber dejado pasar más tiempo para madurar sus ideas.

Contraportada

Guitarra aparte, quizá donde más se percibe el canon Oldfield es en el segundo CD, el de los extras. Además del acostumbrado remix de Tom Newman, aquí se recoge algún tema (Moonsinger Suite) que recuerda al Oldfield tardío, el de Ibiza y el chill out, pese a que quiere parecerse a The Songs of Distant Earth. Debe ser amor incondicional el de Reed hacia su ídolo, considerando que esta época no es la más valorada por los fans. Brilla por su originalidad algún temilla western al estilo de The Shadows (¿o será Return to Ommadawn?), pero, en general, el segundo CD es una colección de retales y experimentos más que otra cosa, desde un temilla que recuerda a la intervención de Paddy Moloney en Ommadawn (Troy's Lament) a otro en la línea bastante obvia de Incantations (Perpetual Motion). Demasiado evidente todo.

Un extracto de la primera parte.

Un mini-clip promocional.

No será raro encontrar un Sanctuary IV para la primavera de 2020, pero yo rogaría a Robert Reed que se tome su tiempo, que pueda demostrar del todo su brillante y ya indiscutible talento para la melodía. Si se sosiega el ritmo de publicación de estos álbumes quizá lleguemos a disfrutar de algo verdaderamente grande, y puede que incluso logremos escribir un análisis que no consista en un 75% en compararlo con un artista más veterano y del todo consagrado.

viernes, 11 de mayo de 2018

Klaus Schulze - TRANCEFER


1. A Few Minutes After Trancefer (18:20)
2. Silent Running (18:57)

Klaus Schulze no posee precisamente una discografía accesible para el principiante. Sus álbumes suelen ser bastante áridos, en el sentido de que constan en general de pocos temas, largos y muy escasamente melódicos. Su principal cualidad es el efecto hipnótico que se llega a lograr mediante la inmersión en sus complejas texturas y sus ritmos que cambian lenta y sutilmente. Su estatus entre los grandes de la "electronic music" es indiscutible, aunque es justo decir que muchos aficionados (incluso algunos bien curtidos) encuentran su obra un tanto repetitiva y su leyenda personal un poco exagerada. Yo suelo disfrutar de sus álbumes, aunque es verdad que no suelo escucharlos con mucha frecuencia.

Contraportada

Trancefer (1981) es uno de los discos de Schulze que escucho más a menudo. Que yo sepa, no está entre sus obras más esenciales, y en más de un sentido transmite la habitual sensación de que que surge de una de tantas sesiones de improvisación espontáneas a las que Schulze pone nombre y publica como álbum. Pero tiene un sentido del ritmo muy acusado (se encarga de las percusiones Michael Shrieve) y su dinamismo es contagioso. También ayuda el que sea uno de los trabajos más breves del músico berlinés. Breve pero intenso, podríamos decir.

A Few Minutes After Trancefer

Trancefer es el segundo trabajo de Schulze interpretado con sintetizadores digitales tras Dig It (1980), y pese a que tanto por las fechas como por el tono muy modernizado del conjunto podría enmarcarse en una era musical posterior, permanece fiel al estilo de la Escuela de Berlín. Como en otros muchos de sus álbumes, el violonchelo (en este caso de Wolfgang Tiepold) aporta el necesario componente cálido frente a la atmósfera cósmica del teclado Yamaha CS-80.

Silent Running sobre imágenes de la película.

Y poco más hay que decir. En todo caso, vale la pena mencionar que el segundo tema está inspirado por la película Naves misteriosas (Douglas Trumbull, 1972), lo que vuelve a demostrar que Klaus Schulze es un gran aficionado a la ciencia ficción. También es interesante saber que, previo al lanzamiento del álbum, se publicó una versión del mismo grabada a menos revoluciones (33 por minuto), que además estaba mezclada de un modo ligeramente distinto. La edición expandida en CD disponible actualmente incluye ambas versiones del álbum.

domingo, 29 de abril de 2018

Alexandre Desplat (y otros) - ISLE OF DOGS


1. Shinto Shrine (1:56)
2. Taiko Drumming (0:50)
[Kaoru Watanabe]
3. The Municipal Dome (2:29)
4. Six Months Later / Dog Fight (2:05)
5. The Hero Pack (1:08)
6. First Crash-Landing (0:56)
7. Kanbei & Katsushiro - Kikuchiyo's Mambo (from "Seven Samurai") (0:52)
[Fumio Hayasaka - Toho Symphony Orchestra]
8. Second Crash-Landing / Bath House / Beach Attack (4:07)
9. Nutmeg (0:48)
10. Kosame No Oka (from "Drunken Angel") (1:06)
[David Mansfield]
11. I Won't Hurt You (2:23)
[The West Coast Art Pop Experimental Band]
12. Toshiro (1:07)
13. Júpiter and Oracle / Aboriginal Dogs (2:05)
14. Sushi Scene (1:41)
15. Midnight Sleighride (from "The Lieutenant Kije Suite") (3:01)
[The Sauter-Finegan Orchestra]
16. Pagoda Slide (1:08)
17. First Bath of a Stray Dog (0:26)
18. TV Drumming (0:31)
[Kaoru Watanabe]
19. Kobayashi Canine-Testing Laboratory (1:57)
20. Tokyo Shoe Shine Boy (3:02)
[Teruko Akatsuki]
21. Re-election Night, Parts 1-3 (5:00)
22. End Titles (4:52)

La última película del peculiar Wes Anderson cuenta con música de uno de los compositores más en forma del gremio del cine, Alexandre Desplat. No solamente es el más reciente ganador del Oscar en su categoría por La forma del agua, sino que también logró una estatuílla en 2015 por El Gran Hotel Budapest, también de Anderson, y que es otra auténtica delicia.

Alexandre Desplat (de su página oficial)

La verdad es que me alegra el éxito de este músico francés, primero porque es un artista auténticamente versátil a quien llaman por igual para películas independientes que para Harry Potter o Godzilla; segundo, porque ya acumulaba varios proyectos rechazados, desaprovechados o frustrados entre los que hay títulos tan sonoros como El árbol de la vida (2011), la serie Juego de tronos o Rogue One: una historia de Star Wars (2016); y tercero, porque empieza a ser raro que un músico no vinculado con la churrería musical de Remote Control Productions tenga tanto trabajo actualmente.

Portada de una edición en vinilo.

Quizá el gran defecto de Desplat es precisamente la versatilidad de la que hablábamos, lo que hace difícil reconocer su estilo, su "voz" de creador en cada una de sus obras. No creo que Isle of Dogs vaya a servir a estos fines identitarios, ya que la B.S.O. de esta película homenajea cierto ámbito de la tradición musical japonesa de un modo bastante purista.

Shinto Shrine

Nutmeg

Pongamos en todo caso lo de "purista" entre paréntesis, ya que sería justo admitir que tanto Isla de perros, la película, como su banda sonora son algo así como un afortunado pastiche de lo que en occidente asociamos con Japón, mezclando elementos de anime a lo Hayao Miyazaki y de películas de samuráis estilo Kurosawa, amén de un innegable barniz "gafapasta" que se nutre del frecuente gusto hipster por lo nipón. La música de Desplat, conjuntamente con varios temas de otros artistas (los tambores taiko de Kaoru Watanabe, un par de préstamos orquestales de otras películas y hasta alguna canción "indie" en inglés) responde con brillantez al encargo. Cliché sobre cliché, en fin, pero tan bien llevado a cabo que escuchar una música así en una moderna sala de cine es una pasada.

Taiko Drumming

La película está realizada mediante diversos materiales (¿marionetas? ¿plastilina?) y la técnica de animación stop-motion. Cuenta la historia de una futura ciudad japonesa, Megasaki, en la que la élite política ama los gatos y decide abandonar a todos los perros a su suerte en una isla basurero, con la excusa de que están afectados por una horrible epidemia. Transcurridos unos meses en los que esta nueva sociedad perruna empieza a degenerar hacia la barbarie, hasta allí llegará un muchacho buscando a su mascota perdida. Nada muy impredecible ocurrirá después, pero es la estética lo que más llama la atención, sirviendo en especial su ambientación musical para dar un trasfondo épico -y algo más adulto- a una historia que en otras circunstancias podría haber resultado un tanto infantil.

Tráiler en castellano de Isla de perros.

Es muy digno de elogio lograr, como sucede en esta partitura, que una música tan monocromática, con escaso juego melódico y hasta algo oscura (a base de sencillas percusiones y coros masculinos, en muchos casos), sea capaz de resaltar de un modo tan deslumbrante el colorido de las imágenes. En fin, que aunque sigamos sin tener del todo claro dónde está el aporte personal de Desplat, lo que no significa que no lo haya, va siendo necesario hacer un hueco en nuestra colección para más de una de sus obras.

lunes, 16 de abril de 2018

Kitaro - OASIS


1. Morning Prayer (Asa No Inori) (6:31)
2. Moro-Rism (2:42)
3. New Wave (Aratanaru TabijiTabiji) (2:51)
4. Cosmic Energy (Uchu Enerugii) (8:09)
5. Eternal Spring (Inochi No Izumi) (5:00)
6. Moonlight (3:46)
7. Shimmering Horizon (Hikari To Kage) (2:55)
8. Fragrance of the Nature (Shizen No Kaori) (6:48)
9. Innocent People (Mujaki) (3:48)
10. Oasis (6:30)

La portada podría pasar por una ilustración de la revista ¡Despertad!, pero aquí tenemos uno de los álbumes esenciales de la new age, digno de estar en cualquier discoteca básica del genero que se precie. Su autor, Kitaro, ostenta en algunos círculos el equívoco epíteto de "el Vangelis oriental", que bien podría ser ofensivo para ambos artistas.

Kitaro (de su página oficial www.kitaro.live)

Lanzado en 1979, se considera que Oasis es el trabajo en el que Kitaro afianza su sonido personal, las líneas maestras de su estilo. Éste podría definirse como electrónica "pura" a base de sintetizador, destacando sobre todo su afán melódico y meditativo. En efecto, este Oasis es un álbum que corre el riesgo de parecer monótono, plano, en una primera escucha superficial; y es que, como decíamos antes, estamos ante música new age tal cual podría figurar en un diccionario: delicada, relajante y concebida a conciencia para no resultar excesivamente llamativa. Se necesita más de una escucha para llegar a apreciar su verdadera carga atmosférica y el elegante y sutil empleo de los sintes.

Los temas de Oasis están enlazados en un continuum, más mediante sutiles "fades" (fundidos) que haciendo evolucionar las melodías. Kitaro va alternando -aunque no estrictamente- temas tipo himno como Morning PrayerEternal Spring o Shimmering Horizon con otros muy rítmicos y cósmicos como Moro-RismFragrance of the Nature o la segunda mitad de Cosmic Energy, muy Tangerine Dream. Sorprenden los momentos más atmosféricos, como Moonlight, la homónima Oasis o Innocent People y su sonido de sitar.

Morning Prayer

Cosmic Energy

En aquellos milagrosos años setenta se hacía mucha y muy buena música electrónica, y este Oasis podría haber entroncado directamente con trabajos algo más tempranos en la línea de la música cósmica alemana a lo Ash Ra Tempel (hay que decir que el gurú Klaus Schulze fue mentor de Kitaro en sus inicios como solista), si bien hay un punto de sofisticación y apertura de miras que ya va sonando a años ochenta. No muy alejado en su sonido, y menos en las fechas (creo que trabajó paralelamente en ambas), alcanzaría el japonés su máximo estrellato con su siguiente obra, la música para el documental del mismo título Silk Road (1980).

Contraportada de una edición en CD.

Con el paso de los años, la larga discografía de Kitaro nos ha dado trabajos muy diferentes, fuese con temas cantados, arreglos para orquesta sinfónica y, en general, piezas con un carácter más espectacular y en una vertiente de la new age más neo-clásica. Pero aquí y allá siempre vuelve a acudir a sus dulces melodías aflautadas, las que más de una vez se identifican con lo asiático en la cultura popular, lo mismo en un hipermercado que en un restaurante chino. Y no es menosprecio, me encanta la comida oriental. Es un gran disco, de la clase que premia al oyente paciente.
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