lunes, 16 de abril de 2018

Kitaro - OASIS


1. Morning Prayer (Asa No Inori) (6:31)
2. Moro-Rism (2:42)
3. New Wave (Aratanaru TabijiTabiji) (2:51)
4. Cosmic Energy (Uchu Enerugii) (8:09)
5. Eternal Spring (Inochi No Izumi) (5:00)
6. Moonlight (3:46)
7. Shimmering Horizon (Hikari To Kage) (2:55)
8. Fragrance of the Nature (Shizen No Kaori) (6:48)
9. Innocent People (Mujaki) (3:48)
10. Oasis (6:30)

La portada podría pasar por una ilustración de la revista ¡Despertad!, pero aquí tenemos uno de los álbumes esenciales de la new age, digno de estar en cualquier discoteca básica del genero que se precie. Su autor, Kitaro, ostenta en algunos círculos el equívoco epíteto de "el Vangelis oriental", que bien podría ser ofensivo para ambos artistas.

Kitaro (de su página oficial www.kitaro.live)

Lanzado en 1979, se considera que Oasis es el trabajo en el que Kitaro afianza su sonido personal, las líneas maestras de su estilo. Éste podría definirse como electrónica "pura" a base de sintetizador, destacando sobre todo su afán melódico y meditativo. En efecto, este Oasis es un álbum que corre el riesgo de parecer monótono, plano, en una primera escucha superficial; y es que, como decíamos antes, estamos ante música new age tal cual podría figurar en un diccionario: delicada, relajante y concebida a conciencia para no resultar excesivamente llamativa. Se necesita más de una escucha para llegar a apreciar su verdadera carga atmosférica y el elegante y sutil empleo de los sintes.

Los temas de Oasis están enlazados en un continuum, más mediante sutiles "fades" (fundidos) que haciendo evolucionar las melodías. Kitaro va alternando -aunque no estrictamente- temas tipo himno como Morning PrayerEternal Spring o Shimmering Horizon con otros muy rítmicos y cósmicos como Moro-RismFragrance of the Nature o la segunda mitad de Cosmic Energy, muy Tangerine Dream. Sorprenden los momentos más atmosféricos, como Moonlight, la homónima Oasis o Innocent People y su sonido de sitar.

Morning Prayer

Cosmic Energy

En aquellos milagrosos años setenta se hacía mucha y muy buena música electrónica, y este Oasis podría haber entroncado directamente con trabajos algo más tempranos en la línea de la música cósmica alemana a lo Ash Ra Tempel (hay que decir que el gurú Klaus Schulze fue mentor de Kitaro en sus inicios como solista), si bien hay un punto de sofisticación y apertura de miras que ya va sonando a años ochenta. No muy alejado en su sonido, y menos en las fechas (creo que trabajó paralelamente en ambas), alcanzaría el japonés su máximo estrellato con su siguiente obra, la música para el documental del mismo título Silk Road (1980).

Contraportada de una edición en CD.

Con el paso de los años, la larga discografía de Kitaro nos ha dado trabajos muy diferentes, fuese con temas cantados, arreglos para orquesta sinfónica y, en general, piezas con un carácter más espectacular y en una vertiente de la new age más neo-clásica. Pero aquí y allá siempre vuelve a acudir a sus dulces melodías aflautadas, las que más de una vez se identifican con lo asiático en la cultura popular, lo mismo en un hipermercado que en un restaurante chino. Y no es menosprecio, me encanta la comida oriental. Es un gran disco, de la clase que premia al oyente paciente.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Se remasterizan las BSOs de Star Wars.

Cosa bastante rara, ya que, por lo que se sabe a día de hoy, podríamos no estar hablando de las ediciones expandidas en doble CD que se encuentran disponibles desde 1997. Salvo que se equivoquen las tiendas online que ofrecen los seis álbumes (episodios I -VI) en preventa, estaríamos ante una peculiar remasterización de las bandas sonoras tal como se publicaron originalmente, en un solo disco... O de algún "tracklist" totalmente nuevo. En el primer caso, esto no afectaría a los episodios I, II y III, que -salvo por una expansión de La amenaza fantasma que hoy resulta anecdótica y se sigue ignorando- siempre han venido en un único CD. Se resolverá el misterio el famoso 4 de mayo.

 Como muestra un botón. El diseño podría variar, y más les vale.

Coleccionismo fetichista aparte, recortar estas bandas sonoras supondría un absurdo retroceso, más si tenemos en cuenta que los fans seguimos esperando una edición definitiva con TODA la música de la saga, de la que quedan todavía algunas piezas sin publicar. Y esto sin contar los tres cortes que no aparecen en reediciones desde la antología de 1993: Lapti Nek, Ewok Celebration y una versión alternativa de Leia Breaks the News, todos ellos de El retorno del jedi, los dos primeros extirpados de la película y sustituidos en la Edición especial de 1997. A ver qué hacen con ellos, si es que realmente pretenden reeditar el álbum tal cual. Puede ser como rascar con la uña la última capa de pintura del Ecce Homo de Borja.

Lapti Nek, en su escena original.

John Williams ha anunciado que el futuro Episodio IX (2019) será su última partitura para la franquicia, y la ya cercana Han Solo. Una historia de Star Wars contará con un nuevo tema de Williams para el personaje protagonista. No será de extrañar que, más pronto que tarde, algún gurú de las reediciones como Mike Mattesino de La-La Land Records lance las tan deseadas ediciones completas de la saga, pero mientras seguirá apareciendo de vez en cuando otro sacacuartos con nueva portada como el que se avecina.

Cerramos la entrada enlazando con la que dediqué en su día a las diferentes antologías discográficas de Star Wars.

sábado, 24 de marzo de 2018

Robert Reed y su exquisito pastiche regresan en abril.

Extracto promocional.

El 20 de abril sale a la venta una nueva entrega de Sanctuary, el proyecto con el que el galés Robert Reed rinde homenaje al estilo musical de Mike Oldfield. Los dos álbumes anteriores se publicaron en 2014 y 2016, y Reed también ha tenido tiempo de lanzar un disco con versiones de David Bedford (Variations on Themes by David Bedford) y apadrinar un álbum del flautista Les Penning (Belerion).

King Aeolus, con Terry Oldfield.

Portsmouth, con Les Penning.

No han faltado en estos años unos cuantos temas sueltos como el villancico Sussex Carol o las versiones de la música de las películas The Wicker Man (Willow's Song) y The Witchfinder General, así como una muy reciente del tema de Doctor Who. Por supuesto, no me olvido del álbum que recoge las versiones en directo de Sanctuary y Sanctuary II.

Willow's Song, con Angharad Brinn.

Sussex Carol, con Les Penning.

Todo ello no sólo suena como el Oldfield instrumental y virtuoso de los años setenta, sino que Reed cuenta con la ayuda de músicos presentes en aquellos trabajos en la línea de Tubular Bells y Ommadawn, como el mencionado Les Penning, el batería Simon Philips, el hermanísimo Terry Oldfield y el productor Tom Newman.

The Witchfinder General, también con Les Penning

Dr. Who, con Penning y Newman haciendo el indio.

Lo más curioso es que resulta imposible leer las palabras "Mike Oldfield" en los libretos y la publicidad, así como escucharlo de boca de Robert Reed en las entrevistas promocionales. Cada día estoy más seguro de que la intención última de Reed es llamar la atención de Oldfield para que éste le proponga trabajar juntos.

Portada del nuevo Sanctuary.

Respecto a Sanctuary III, podemos escuchar ya un pequeño extracto que recuerda a una melodía del álbum Five Miles Out, y es de esperar que el resto del trabajo sea otro exquisito pastiche como los anteriores, un placer culpable para los fans de Mike que recupere sus atmósferas clásicas. Y nos hará preguntarnos cuándo se decidirá Reed a desarrollar del todo su innegable talento para la melodía con un sonido más suyo, menos preocupado por la imitación y más por la innovación. Como en Sanctuary II, el álbum incluye un segundo CD con temas sueltos y un remix completo, y un tercer disco con la versión 5.1 y videoclips.

La contraportada, con desglose de contenidos.

sábado, 10 de marzo de 2018

Jóhann Jóhannsson - ORPHÉE


1. Flight from the City (6:31)
2. A Song for Europa (2:33)
3. The Drowned World (2:20)
4. A Deal with Chaos (2:05)
5. A Pile of Dust (4:51)
6. A Sparrow Alighted Upon Our Shoulder (2:27)
7. Fragment I (1:24)
8. By the Roes, and by the Hinds of the Field (2:38)
9. The Radiant City (3:31)
10. Fragment II (2:12)
11. The Burning Mountain (2:45)
12. De Luce et Umbra (2:28)
13. Good Morning, Midnight (3:17)
14. Good Night, Day (3:57)
15. Orphic Hymn (3:27)

A veces creo que cada uno de nosotros es algo así como el protagonista de una película (nuestra vida), y que la música que nos gusta, la que escuchamos en la intimidad y no por razones de integración social, es la banda sonora. El resto de la música que nos rodea, lo que sale del balcón del vecino, lo que ponen en la radio, lo que tocan en la plaza del pueblo en fiestas... es diegético, parte de la escenografía, del atrezo. Soy un simple oyente, no sé tocar ni la pandereta, pero creo posible que esta visión pueda aplicarse también a los propios músicos. Siendo así, me sorprende que algunos compositores contemporáneos protagonicen una película tan árida y de una belleza tan frágil como la que podríamos imaginar en alguien como Jóhann Jóhannsson, al menos a juzgar por su música.

Jóhann Jóhannsson (1969-2018)
(Imagen de Variety, acreditada a John Shearer / INVISION / AP / REX / SHU)

La tundra volcánica que es su Islandia natal debe haber tenido su parte, pero está claro que los extremos de frialdad (Sicario, 2015; La llegada, 2016) y calidez (La teoría del todo, 2014) de los que Jóhannsson ha sido capaz son los rasgos que definen su estilo. Orphée (2016), su último álbum de estudio, combina ambos extremos para ofrecernos una experiencia sonora memorable por la envolvente melancolía que desprende. Inspirado por el mito de Orfeo según los escritos de Ovidio, el álbum que nos ocupa se mueve en la línea de muchos compositores clásicos actuales y de finales del siglo XX, esto es, en un minimalismo denso y colindante con el silencio que evoca vastos paisajes (urbanos, sociales, psicológicos) desolados. Más o menos como los cuadros que pintaba Yves Tanguy.

Contraportada

Pero, como decíamos, Jóhannson sabe añadir ese rayo de luz que arranca destellos de color a estos territorios en escala de grises, ya sea con un piano por aquí (Flight from the City), con un dulce violonchelo por allá (Good Night, Day) o incluso con unos coros (Orphic Hymn), reivindicándose también como un artista de plena vanguardia mediante el uso de sampleados (A Song for Europa) y tratamientos sonoros de laboratorio que lo acercan al campo del ambient. Queda sitio para algún destello que recuerda a las facetas más reflexivas de Michael Nyman o incluso Simon Jeffes. Tanto si queremos ver el álbum como un trabajo conceptual sobre el descenso y regreso de Orfeo desde el infierno, como si apreciamos cada tema como una pieza con significado pleno, Orphée realiza un constante movimiento de la luz a la oscuridad y de ésta otra vez a la luz.

Flight from the City

A Hymn for Europa

Orphée, publicado por el prestigioso sello Deutsche Grammophon y con una larga lista de colaboradores en sus créditos, fue el producto de seis años de trabajo paciente, quizá la obra más ambiciosa de un artista que en aquel momento estaba en la cima de su popularidad gracias a sus trabajos para el cine. Había ganado un Globo de oro y contaba con dos nominaciones al Oscar. El pasado 9 de febrero, Jóhann Jóhannsson fue encontrado muerto en su residencia de Berlín. Tenía 48 años y por el momento no se ha conocido la causa de su fallecimiento.

Good Morning, Midnight / Good Night, Day

lunes, 26 de febrero de 2018

Howard Shore - THE LORD OF THE RINGS SYMPHONY


CD 1

1. Movement 1 (11:25)
2. Movement 2 (34:04)

CD 2

1. Movement 3 (18:15)
2. Movement 4 (10:28)
3. Movement 5 (15:26)
4. Movement 6 (26:13)

El fenómeno que rodeó al estreno de la trilogía de Peter Jackson sobre el voluminoso libro de J. R. R. Tolkien tuvo también su vertiente musical, obviamente a través de sus bandas sonoras multipremiadas, pero también favoreciendo multitud de publicaciones paralelas que van desde alguna reedición de la música de Leonard Rosenman para la película de animación de 1978 hasta álbumes de metal, pasando por supuesto por el apogeo de formaciones "conceptuales" como el Tolkien Ensemble (que llegaron a contar con Saruman/Christopher Lee en un álbum), el rescate discográfico de la sinfonía de Johan de Meij o las inevitables versiones de la City of Prague Symphony Orchestra, que no conviene menospreciar.

Howard Shore, autor del milagro musical que supone la trilogía musical de 2001-2003, tenía todo el derecho a capitalizar su éxito. Plenamente consciente de que el secreto de su enorme triunfo era que sus bandas sonoras funcionaban a la perfección incluso en su escucha aislada, se puso manos a la obra para darles una forma más accesible como un todo unificado. De ahí surgió The Lord of the Rings Symphony, una obra en seis movimientos cercana a las dos horas de duración que no salió a la venta en CD hasta 2011, pese a que ya había sido interpretada en concierto en numerosas ocasiones.

Portada del dvd.

La versión contenida en el doble CD fue grabada en Lucerna, Suiza, en el mismo año 2011. La orquesta, la 21st Century Symphony Orchestra y su coro, fue dirigida por Ludwig Wicki y contó con la voz solista de Kaitlyn Lusk. Me consta que el propio Shore había dirigido algunos de los conciertos anteriores, incluyendo la interpretación filmada en el dvd del "cómo se hizo" publicado en 2004. No tengo a mano un ejemplar para confirmarlo, pero apostaría a que corresponde a la premiere de la obra en Wellington, Nueva Zelanda.

Creating The Lord of the Rings Symphony. A Composer's Journey Through Middle-Earth.

Respecto a la música, no tengo mucho que añadir a lo escrito en su día en los análisis de The Fellowship of the Ring, The Two Towers y The Return of the King, pero sí que vale la pena describir en qué consiste la adaptación sinfónica de las tres BSOs. Tal como explica Doug Adams en la web oficial de Howard Shore, la idea es ensamblar seis movimientos (como seis partes o "libros" contiene el libro de Tolkien, pese a que se cree equivocadamente que es una trilogía) con entidad propia, poemas sinfónicos que sean capaces de expresar la riqueza colorista de la Tierra Media y las distintas etapas del viaje de Frodo sin el carácter incidental de la música de cine. Por eso Shore procura que los desarrollos melódicos fluyan con naturalidad, para lo que en algún momento se incluyen fragmentos que no estaban en los CDs básicos pero sí en las grabaciones completas que se reeditan el mes que viene. Para acentuar el hermanamiento entre musica y libro que apuntábamos antes, los ilustradores Alan Lee y John Howe aportaron proyecciones para los conciertos y "artwork" para el álbum.

Cartel anunciador de los conciertos, por Alan Lee.

Acabo de escuchar por primera vez la totalidad de la grabación, y tengo la impresión de que este arreglo sinfónico no llega a ser totalmente perfecto, en parte porque al buscar ese "fluir" musical se echa de menos alguna de las pausas dramáticas presentes en las partituras originales, y en parte también porque el álbum, al estar grabado en vivo, no tiene del todo bien ajustado el equilibrio de volumen entre instrumentos y coros en varios fragmentos. También soy de la opinión de que una sinfonía clásica al uso funciona mucho mejor cuando puede disfrutarse como una única experiencia que se escucha sin pausas y de una sentada, de modo que un trabajo tan largo y con un carácter tan inevitablemente fragmentario y episódico se llega a indigestar un poco. Eso no quita que una música tan asombrosa sonaría bien hasta en un remix reguetón, y que cualquier aficionado a Tolkien, a Shore o a las películas de Jackson debe escuchar esta sinfonía sí o sí.

El álbum al completo.

Quiero incluir también una última impresión, que corresponde precisamente a algo que he notado en el último pasaje del álbum, justo después de la canción Into the West. Supongo que es igual en la BSO de El retorno del rey propiamente dicha, pero aquí queda acentuado el talante wagneriano de la ultimísima pieza de Shore para la trilogía, que suena justo como el inicio de El oro del Rin de Richard Wagner, quizá como un guiño a las conexiones -a mi juicio muy vagas- entre la tetralogía del nibelungo wagneriana y el clásico de Tolkien. ¿Alguna opinión?

jueves, 15 de febrero de 2018

Se reeditan las grabaciones completas de El Señor de los Anillos.

...Y lo que más me gusta de esta noticia es que va a hacer la puñeta a los cientos de especuladores que compraron hasta agotar estos packs en su día, en sus ediciones primigenias de hace más de una década, para revenderlos hoy a quienes de verdad aprecian su valor artístico por cantidades irracionales de dinero (200, 300, 600 euros) en páginas como EBay o Amazon. 

La edición en vinilo.

A finales de marzo volverá a editarse un lujoso pack con las grabaciones completas de la B.S.O. de El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo, obra de Howard Shore, después de su lanzamiento limitado en 2005. Es más que obvio que Las dos torres y El retorno del rey aparecerán poco después en el mismo formato, aunque esto no es todavía oficial. Recordemos que tanto la primera como la tercera de estas obras fueron galardonadas con el Oscar a la mejor música original (y eso que la segunda, Las dos torres, bien podría ser la mejor), y que la tercera logró también el de mejor canción para Into the West, cantada por Annie Lennox. También recordaremos que en las grabaciones se incluyen colaboraciones de prestigio como las del flautista James Galway, la vocalista de world music Sheila Chandra y la de la imprescindible Enya, también candidata al Oscar por la maravillosa May It Be.

La versión en CD y blu-ray.

Era imposible que esta maravilla, obra máxima de la música de cine en lo que llevamos de siglo (y todo un "top five" en términos absolutos), permaneciese relegada para siempre a unas ediciones sencillas, muy recortadas y en un único CD, como única opción física disponible comercialmente. Cualquiera ha podido adquirir las Complete Recordings en mp3 legalmente o bajarlas a lo pirata con total facilidad durante estos años, pero los gourmets musicales no nos conformamos con eso.


Como de sibaritismo va la cosa, la compañía Rhino publicará tanto una edición en triple CD como otra en quíntuple vinilo coloreado, ambas en maravillosos estuches que, al menos a primera vista, parecen idénticos a los antiguos. Y por si alguien atacado de frikismo compulsivo piensa que necesita las ediciones primitivas a causa de algún nimio detalle sin importancia, queda el dato de que la edición en CD va acompañada por un cuarto disco con toda la música en blu-ray de audio, mientras que los estuches antiguos contenían un ya desfasado dvd. A juzgar por su precio en dólares en preventa, el nuevo producto costará alrededor de 65 euros en CD/BR y algo menos de 100 en vinilo.


Por cierto, si alguien sabe dónde enlazar con las audioguías oficiales de la B.S.O de la trilogía que hasta hace poco podían descargarse legalmente en http://www.lordoftherings-soundtrack.com (y que ya no parecen estar activas), que lo ponga en los comentarios. Le estaría agradecido, para poder compartirlas.

sábado, 10 de febrero de 2018

Wim Mertens - STRUGGLE FOR PLEASURE


1. Tourtour (2:30)
2. Struggle for Pleasure (3:53)
3. Salernes (2:59)
4. Close Cover (3:15)
5. Bresque (2:33)
6. Gentlemen of Leisure (4:34)

Struggle for Pleasure ("Forcejeo por placer" o "Lucha por el placer", 1983) fue uno de los trabajos tempranos de Wim Mertens, el que más contribuyó a afianzar su fama en su primera época, cuando sus álbumes se publicaban con el nombre de su banda Soft Verdict. En realidad, tanto Struggle for Pleasure como el anterior Vergessen (1982) son en realidad mini-álbumes o EPs, ya que su duración anda entre los veinte y los treinta minutos.

Portada original.

¿Por qué la singular fama de este trabajo? Porque contiene dos temas en concreto que son quintaesenciales, imprescindibles y muy representativos del estilo Mertens. Hablamos del propio Struggle for Pleasure y de Close Cover, que han aparecido en multitud de campañas publicitarias, documentales y reportajes de telediarios. Forman parte de cualquier recopilatorio de su autor que se precie, y dudo que el belga se baje a menudo de algún escenario sin haberlos interpretado.

Wim Mertens

Lo más interesante de estos trabajos es que se publicaron en una época en la que esta clase de música, y estamos hablando de música clásica minimalista, tenía una amplia aceptación popular gracias a que los medios generalistas la difundían con total normalidad. Los dos temas que mencionábamos, sin ir más lejos, tuvieron hasta videoclips para TV. No me parece posible que en la actualidad pueda haber un interés informativo ni lejanamente parecido al que había hacia la música instrumental, la new age o la electrónica de vanguardia durante los primeros años ochenta, cuando en cualquier canal (y hablo de España) te encontrabas tranquilamente con una actuación o un reportaje sobre Mertens, la Penguin Cafe Orchestra o Andreas Vollenweider, por no hablar de Jarre u Oldfield.

Struggle for Pleasure, el videoclip.

Close Cover, el videoclip.

Pero para no andarnos por las ramas diremos que Struggle for Pleasure, por su gran trascendencia, ha sido reeditado y reutilizado discográficamente en varias ocasiones. Por ejemplo, puede encontrarse (y me refiero al disco, no sólo al tema homónimo) en Usura Early Works 1981-1982 (1989), en el que se fusiona con el anterior Vergessen; o en una edición "extendida" en doble CD con material completamente nuevo de 2012. Varios de sus temas fueron incluidos también en la banda sonora de la película El vientre del arquitecto (1987), quizá por el gusto que su director Peter Greenaway le había cogido a aquella clase de música tras sus muchas colaboraciones con Michael Nyman.

Portadas de Usura Early Works y The Belly of an Architect.

Sobre la música en sí, sigo diciendo lo mismo que en otras entradas sobre Wim Mertens: que su prestigio no extraña a nadie si consideramos que sabe dotar de calidez y cercanía al subgénero minimalista, que es capaz de dotar de una belleza muy accesible incluso a temas que son genuinamente experimentales, y que la experiencia como crítico musical muy pocas veces se transforma en un saber hacer tan perfecto cuando el erudito decide cruzar al otro lado y pasar a la acción. Pese a la corta duración del trabajo, Mertens le aporta cohesión interna gracias al desarrollo en paralelo del inicial Tortour y el posterior Bresque, y de manera más sutil entre Salernes y Gentlemen of Leisure. El mini LP llevaba el subtítulo de "Pequeña música de cámara", y en realidad estaríamos hablando quizá de una suite con sentido completo.

Para consultar los créditos del álbum aconsejo visitar su apartado en la web oficial del músico pinchando aquí. Y aprovecho para pedir que en Google se lo piensen un poco antes de poner la -a mi juicio- despectiva etiqueta de "música ligera" a trabajos bien serios como este. Empieza a dar un poco de vergüenza.

Struggle for Pleasure, en vivo.

jueves, 1 de febrero de 2018

¡Nuevo récord de visitas!

2018 comienza para el blog con su récord absoluto de visitas hasta el momento, casi 30.000. Aunque ya he colgado antes un par de entradas sobre datos de este tipo (un par en casi diez años de andadura), no soy amigo del autobombo, pero esta vez he querido hacerlo para destacar que en este período han tenido un especial peso nuestras reseñas de los últimos trabajos de dos artistas españoles, David Roa y Jesús Valenzuela alias TSODE, que lo han petado. Ni siquiera se han quedado cerca entradas de fechas parecidas como las dedicadas a los nuevos lanzamientos de Blade RunnerStar Wars. Tiene su mérito. 

Y aprovecho también para saludar cariñosamente a nuestros lectores franceses, que en enero han superado incluso a los españoles. Mercí beaucoup !

martes, 30 de enero de 2018

Yes - CLOSE TO THE EDGE


1. Close to the Edge (18:41)
(The Solid Time of Change, Total Mass Retain, 
I Get Up I Get Down, Seasons of Man)
2. And You and I (10:08)
(Cord of Life, Eclipse, The Preacher the Teacher, Apocalypse)
3. Siberian Khatru (8:55)

De entre todos los grandes grupos del rock progresivo, y con la excepción de ELP, confieso que con Yes es con el que menos consigo conectar. Debe ser algo personal, porque en realidad no puedo exponer qué tienen otros que no tengan ellos, o viceversa. Soy incapaz de poner pegas a su mérito artístico como banda emblemática de la edad dorada del género, pero siento que de algún modo su sonido ha envejecido más que el de otras formaciones clásicas de entonces. Creo que tiene algo que ver con el hecho de que nunca renunciaron a la rebeldía improvisativa y divagadora del rock de finales de los sesenta, y esto los hace menos "sinfónicos", menos "estructurados" compositivamente de lo que me suele gustar. Será que soy un poco cabeza cuadrada.

Contraportada

Y no es que Close to the Edge (1972) renuncie al barroquismo instrumental, las melodías felizmente deslavazadas y los instrumentos desbocados de otros álbumes de Yes, pero aquí el aglutinante, el cemento entre los ladrillos, es de una rara belleza que causa fascinación. Su anterior trabajo Fragile (1971) es también un clásico, sobre todo por el potente, novedoso sonido de temazos como Roundabout, pero es en Close to the Edge donde Yes realiza su más redonda aportación al sonido fantasioso y libérrimo del prog. Al parecer, el álbum estaría vagamente inspirado en Siddhartha (1922), la novela de Hermann Hesse.

Diseño interior del álbum, obra de Roger Dean.

Participa en el álbum la que podría ser la alineación más mítica de Yes, con la peculiar voz principal de Jon Anderson, el virtuosismo de Chris Squire (bajo), Steve Howe (guitarra) y Bill Bruford (batería), y con la determinante aportación cósmica de Rick Wakeman a los teclados. En el siguiente trabajo de estudio del grupo ya no estaría Bruford, que sería sustituido por Alan White, aunque sí participó en el célebre Yessongs (1993), álbum doble grabado en vivo y correspondiente a la gira promocional del álbum que nos ocupa. Parece que Bruford sintió que en Close to the Edge lo había dado todo y necesitaba pasar página.

Close to the Edge, en vivo (1975).

El tema homónimo al álbum es emblemático, sobre todo porque en obras posteriores (con la cercana excepción del mastodonte Tales from Topographic Oceans de 1974) repetirían la idea de una cara A con una única pieza larga y una cara B con otros temas diversos. "Cerca del borde" es además una gozada gracias a su alternancia de tramos lentos y rapidísimos, sus pinceladas a coro, y por supuesto por sus arreglos etéreos de sintetizador.

And You and I

En absoluto desmerecen los otros dos temas, también bastante extensos. And You and I destaca por su elegancia generalizada cercana al folk, muy armoniosa pese a no ser un tema lineal, y por su delicado primer tramo instrumental; y Siberian Khatru, más rockera, posee un riff poderoso de base y alguna que otra exhibición de la habilidad de Wakeman que recuerda a lo que a veces hacía en sus trabajos en solitario. Se sabe que para lograr esta alquimia el grupo se las vio y se las deseó en el estudio, entre ideas geniales olvidadas de un día para otro, choques de individualidades e indisciplinas varias. Pero salió bien, ¿no?

Siberian Khatru

La portada incluyó por primera vez el famoso logo de la banda diseñado por Roger Dean, todo un icono visual de su tiempo. Y esto es definitorio, porque el diseño físico de los LPs de Yes parece ir unido a la música grabada de un modo muy especial, creándose una relación simbiótica entre ambos. Algunas fundas de sus vinilos están concebidas para ser observadas mientras escuchamos los discos, para que nos perdamos entre sus islas flotantes, sus bosques exuberantes y sus geologías imposibles. Una gozada que trasciende lo puramente musical y que aporta un "extra" en total desuso en estos tiempos de lo digital.

viernes, 12 de enero de 2018

Mike Oldfield - VOYAGER


1. The Song of the Sun (4:33)
2. Celtic Rain (4:41)
3. The Hero (5:04)
4. Women of Ireland (6:30)
5. The Voyager (4:26)
6. She Moves Through the Fair (4:06)
7. Dark Island (5:43)
8. Wild Goose Flaps Its Wings (5:04)
9. Flowers of the Forest (6:03)
10. Mont St. Michel (12:18)

Al final de las vacaciones de verano de 1996 se publicó el tercer álbum de Mike Oldfield para la Warner, titulado Voyager. Podemos especular sobre los diversos motivos que movieron al inglés a la hora de elegir su temática, pero me resulta difícil de creer que en ello influyese la relativa decepción comercial de The Songs of Distant Earth (1994), sobre todo pensando que habría sido ridículo intentar igualar un éxito inevitable como el del previo Tubular Bells II (1992). También me sorprende que se tienda a describir la relación de Oldfield con sus discográficas como si el primero fuese un pobre asalariado echando horas extras para impresionar a las segundas y ganarse sus simpatías, pero hay quien dice que el nuevo CD fue un producto puramente económico más o menos exigido por WEA para llenar las arcas. Yo me niego a pensar así de un disco como Voyager, un disco con grandes defectos pero también con un sentido de la belleza arrebatador.

El diseño del álbum muestra imágenes del islote ibicenco Es Vedrá.

Hablábamos de la temática de Voyager, que es bien conocida: la música celta. Oldfield había trasteado con esta tradición varias veces, sobre todo en sus grandes instrumentales (incluyendo el tardío Amarok), aunque quizá nunca de forma explícita. Digamos que la manera de componer del joven Mike ya estaba impregnada inconscientemente de ciertos patrones rítmicos y melódicos celtas desde el principio. También es cierto que la música celta estaba muy de moda a mediados de los noventa, por lo que el lanzamiento de un álbum como Voyager no podía ser más oportuno. Queda al gusto del consumidor distinguir entre oportunidad y oportunismo.

Contraportada.

Voyager no contiene una musica celta "pura", sino que sus temas están revestidos del clásico toque Oldfield, vistosos en lo melódico y exquisitos en la producción, si bien es posible que en algún punto se le vaya la mano con esto último. Se suponía que el CD iba a ser muy ortodoxo (de hecho, en él participan popes de lo celta como Sean Keane, Matt Molloy, Máire Breatnach, Liam O'Flynn o Davy Spillane), pero cuentan que alguien en Warner lo tachó de soso y Mike tiró de ordenadores para sazonarlo un poco. Creo que Voyager puede verse más como el homenaje de Mike Oldfield a la música celta que como "el álbum celta de Mike Oldfield".

Portadas de los singles The Voyager y Women of Ireland. El segundo contiene los típicos remixes de baile.

Voyager contiene 10 temas, de los cuales 4 son propios y 6 son versiones. La primera versión, más espectacular y aventurera que el original, es la contenida en The Song of the Sun ("La canción del sol"). Fue compuesta en su día por el gallego Bieito Romero para su banda Luar na Lubre bajo el título de O son do ar ("El sonido del aire"). También está The Hero, basada en el tema escocés Hector The Hero, que Oldfield arregla con estruendosas gaitas y un espíritu muy de banda sonora de cine. Por su parte, Women of Ireland, pese a que no es un tema estrictamente tradicional, ha pasado al repertorio general celta gracias a su interpretación por The Chieftains para la película Barry Lyndon (1975). Siendo Oldfield fan de Stanley Kubrick, llega a incluir en su versión un trocito del tema principal de la película, la Sarabanda de Händel. El trabajo de Mike a la guitarra, pese a no ser un tema especialmente arriesgado, es brillante.

The Song of the Sun

Women of Ireland

La siguiente versión es She Moves Through the Fair ("Ella se mueve por la feria"), un tema tranquilo pero elegante que Oldfield construye a partir de una canción irlandesa muy conocida, y que antes habían versionado Sinéad O'Connor, Loreena McKennitt, Art Garfunkel, Van Morrison y hasta Led Zeppelin, entre muchos otros. Ahora, para mi gusto, el tema versionado más apabullante de Voyager es Dark Island. Esta es la clase de música que ha hecho de Mike Oldfield un mito de la música instrumental contemporánea, una explosión sensorial que inunda los sentidos y nos eriza los vellos. Es difícil no escucharlo una segunda vez justo después de la primera.

Suena Dark Island sobre imágenes de las costa cántabra.

Queda una última versión, Flowers of the Forest, que pese a la luminosa grandiosidad (excesiva quizá) que le aporta Oldfield, es en su origen una pieza escocesa que conmemora una triste derrota militar, y además hoy en día se utiliza con frecuencia en funerales. Creo recordar que la voz femenina es la de Sally Oldfield, pero puedo equivocarme.

Flores del bosque

Muchas de las críticas negativas de Voyager se centraron en que los temas propios de Oldfield son más irregulares, y esto es estrictamente cierto. Celtic Rain es resultón y muy bonito, aunque deja poco poso. Quizá sea porque Oldfield lo compuso y lo grabó en un rato, cosa que tiene su mérito pese a no ser un corte memorable. The Voyager me gusta menos todavía, no porque sea realmente malo, sino porque a mi juicio tiene más producción que composición (la melodía, de hecho, parece no estar redondeada del todo) y se hace largo. No obstante, fue publicado como single.

The Voyager

Muy distinta es la impresión que deja Wild Goose Flaps Its Wings ("El ganso salvaje aletea"), un tema muy ambiental, muy chill out si se quiere, y que está inspirado en un movimiento del Tai Chi, al que Oldfield se había aficionado por aquel entonces. Superficialmente podría parecer que es muy largo y monótono, y que divaga, pero una escucha más atenta nos revela un tema con un poder evocador apabullante, compositivamente casi milagroso, y con una de las guitarras más profundas y expresivas que ha grabado Mike en toda su carrera. Es el tema de Voyager al que regreso más a menudo.

Wild Goose Flaps Its Wings

Pero Oldfield se guarda lo mejor para el final, el largo Mont St. Michel, que se inspira en la famosa fortaleza de cuento de hadas en la costa francesa. Es una pequeña suite de doce minutos en la que el músico lleva a cabo su más brillante ejercicio de fusión con el medio orquestal-sinfónico, tan armoniosa como cambiante, francamente espectacular. Se sabe que Oldfield tuvo ayuda de un experto orquestador, y el protagonismo recae más en la London Symphony Orchestra (la que dirigió John Williams en seis episodios de Star Wars) que en la guitarra de Mike, pero esto no resta valor a una pieza que supera -pese a su menor extensión- a posteriores incursiones clásicas suyas como Music of the Spheres (2008).

Clip oficial con una versión editada de Mont St. Michel.

Con más problemas de planteamiento que de ejecución, al menos en términos generales, Voyager no fue del todo bien recibido por la crítica y hay quien lo señala como el principio del bache creativo en el que se sumió su autor durante varios años, y que se confirmó con su mudanza a Ibiza en aquel mismo 1996 y la desafortunada publicación de Tubular Bells III en 1998. Para gustos, colores, pero en mi opinión Voyager, aun siendo artísticamente menos ambicioso de lo esperado, es uno de los discos "buenos" de la última etapa "buena" de Mike Oldfield, a la espera de saber si el reciente y fabuloso Return to Ommadawn (2017) conlleva un renacimiento prolongado para su autor. Del indudable legado popular de Voyager dan testimonio los muchos nuevos aficionados, e incluso grupos, que se acercaron a la música celta gracias a aquel álbum bisagra. Pese a quien pese, y con sus defectos a la espalda, es un clásico.
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