martes, 25 de febrero de 2020

The Buggles - ADVENTURES IN MODERN RECORDING


1. Adventures in Modern Recording (7:12)
2. Beatnik (3:38)
3. Vermillion Sands (7:12)
4. I Am a Camera (4:56)
5. On TV (3:48)
6. Inner City (3:22)
7. Lenny (3:12)
8. Rainbow Warrior (5:22)
9. Adventures in Modern Recording (reprise) (0:51)

The Age of Plastic (1980) fue un dulce y refrescante trabajo musical de corte futurista, con una afición casi morbosa por la cultura pop. Todo en él sonaba nuevo, distinto, tan cercano a los gustos de un aficionado al tecnopop "hardcore" de entonces como a los de un niño. El éxito enloquecido de Video Killed the Radio Star, no obstante, no contribuyó a la fama personal de Trevor Horn y Geoff Downes de manera paralela a ello, puesto que daba la sensación de ser un grupo un poco de pega, como aquellos Kraftwerk maniquíes de The Man-Machine a los que homenajeaban, o como otros que después jugarían un poco con su imagen personal como Daft Punk o Gorillaz, por poner ejemplos un poco extremos. En realidad, los Buggles (hasta el nombre, algo así como los "bichejos", era una parodia confesa de The Beatles) eran vistos por parte del público como un producto mainstream sin demasiado trasfondo. Ya los propios sucesivos singles del mismo álbum mostraron el claro declive del interés popular. No pintaba bien.

Trasera del librillo del CD.

No sé si se le dio mucho bombo en su día a la inclusión de los miembros The Buggles en Yes para la grabación y gira de Drama, sobre todo porque el progresivo ya no estaba en su mejor momento, pero es bien sabido que el dúo se quemó muy rápido. También desde dentro hacia afuera. Para cuando Trevor Horn se empeñó en lanzar un segundo álbum, hasta Geoff Downes tenía pie y medio fuera de The Buggles, dándose la extraña situación de que Bruce Woolley, que -recordamos- dejó el grupo antes de lanzar primer álbum y le intentó hacer la competencia con las canciones que tenían en común, se ofreció a volver y echar una mano. Podemos considerar grosso modo que Adventures in Modern Recording (1981) es un álbum de Trevor Horn con los otros dos Buggles como colaboradores. Y también es un trabajo crepuscular pese al brevísimo recorrido de la formación, el último capítulo de un libro de dos capítulos. Me refiero a que en él se respira, escuchado hoy a sabiendas de lo que pasó, un clima enrarecido de incertidumbre comercial que su autor principal lucha por compensar con un mayor espíritu experimentador. Trevor Horn consigue morir con las botas puestas.

Geoff Downes, Trevor Horn y una tele que no era 4K.

Adventures in Modern Recording contiene una colección de canciones más diversas entre sí que las de The Age of Plastic, pero en este caso no sé si eso es una virtud. El álbum anterior era más sólido y entraba de un tirón, mientras que la variedad del que nos ocupa hoy lo hace sonar un poco deslavazado, y deja menos poso. Eso no quita que volvamos a encontrar aquí temas excelentes, como el single principal I Am a Camera, que es una versión distinta del Into the Lens del álbum de Yes Drama.

Vídeo oficial de I Am a Camera.

I Am a Camera Es más sencilla que Into the Lens, con menos aderezos (no están ahí los requiebros de guitarra de Steve Howe), pero para mi gusto la de Buggles es incluso mejor que la de Yes, con un tremendo sonido de vocoder y un punto de melancolía magnífico. El tema inicial y homónimo al disco tampoco está mal, pero creo que está sobretrabajado de cara a una espectacularidad un pelín impostada y sus cambios de tono no funcionan del todo. Termina muy bien el álbum, antes del epílogo, con Rainbow Warrior ("Guerrero del arcoíris") que, supongo, hace referencia al famoso barco de la ONG ecologista Greenpeace.

Adventures in Modern Recording

Rainbow Warrior

Y luego están los temas que, aun teniendo su mérito en la instrumentación y la producción, me resultan un poco tontos, como Beatnik, o machacones como Lenny. On TV funcionaría en todo caso como el tributo más obvio imaginable a The Robots de Kraftwerk, incluso a su videoclip, y Vermillion Sands se me queda en la tierra de nadie de la medianía. Como decíamos, es muy probable que Horn y compañía estuviesen más volcados en la innovación que en deleite melómano, y es que Adventures in Modern Recording ("Aventuras en la grabación moderna") está considerado como uno de los primeros álbumes en utilizar samples, fragmentos musicales pregrabados. Mucho de lo que escuchamos en este trabajo enlaza de manera directa con el que sería su siguiente gran proyecto personal, Art of Noise, para el que los samples lo eran todo.

On TV

El comentarista del blog José Ramón me pedía alguna anécdota más del anterior The Age of Plastic, y aquí va una muy buena: varios críticos señalaron el parecido sonoro del primer LP de The Buggles con el álbum Consequences (1977) de Godley & Creme, un trabajo conceptual en 3 discos sobre un abogado alcohólico que intenta concertar un divorcio mientras el inquilino del piso de abajo, un músico al que ven por un agujero, intenta protegerlos a todos de un apocalipsis climático gracias a ciertos conocimientos esotéricos. ¡Y como son las cosas! Lol Creme, uno de los autores de esta bizarrada, formaría parte posteriormente de Art of Noise junto a Trevor Horn y una troupe variopinta en la que ni siquiera todos eran músicos. Entre ellos estaba la compositora Anne Dudley, que en Adventures ya figura bajo seudónimo. Dios los crea y ellos se juntan.

We Can Fly from Here 1 y 2

Por ir cerrando de manera exhaustiva esta tanda de entradas, recordaremos que una edición expandida del álbum que nos ocupa incluye las dos partes del tema We Can Fly from Here, que The Buggles ofrecieron para el Drama de Yes pero terminó por dar origen y título al álbum de la banda progresiva publicado en 2011. Como en The Age of Plastic, esta edición de Adventures ofrece también versiones editadas de temas del álbum y alguna pieza descartada. Es mucho más recomendable que el álbum original a secas. Y para concluir del todo, recordaremos que en 2010 se produjo el primer concierto propiamente dicho de The Buggles, llamado The Lost Gig. Fue en un pub de Londres, por motivos benéficos, con artistas invitados, con presencia de la realeza, y se interpretó The Age of Plastic en su totalidad. Hay vídeos. Volvemos otro día con otra cosa.

Vídeo Killed the Radio Star

miércoles, 19 de febrero de 2020

Yes - DRAMA


1. Machine Messiah (10:22)
2. White Car (1:21)
3. Does It Really Happen? (6:27)
4. Into the Lens (8:30)
5. Run Through the Light (4:41)
6. Tempus Fugit (5:11)

Los seguidores de la banda de rock progresivo Yes deben tener bastante lío a la hora de recordar sus diferentes alineaciones a lo largo de los años. Algunos de sus miembros más icónicos han entrado y salido de Yes para este o aquel álbum, en muchos casos causando incluso que la banda decidiese en más de un momento dejar a un lado su propio nombre. El primer instante verdaderamente crítico para la continuidad de Yes, que yo sepa, fue el del abandono de los imprescindibles Jon Anderson (vocalista) y Rick Wakeman (teclista) tras el fracaso crítico, no sé si tanto comercial, del álbum Tormato (1978). Wakeman se volcaría en su carrera en solitario, iniciada bastante antes, y Anderson se embarcaría poco después en su primera grabación a dúo con Vangelis (Short Stories, 1980). El mundo de la música estaba cambiando, especialmente para el prog rock, que caminaba con titubeos hacia un sonido más pop, más accesible para una escena musical no tan receptiva hacia los excesos de antaño.

La novísima formación de Yes.

Parece que Anderson y Wakeman dieron el paso tras una buena temporada intentando grabar un nuevo álbum. Se enfrentaron los egos de los compositores más creativos con los que preferían un enfoque "democrático", hubo también algún rifirrafe económico y se fue al traste incluso un intento de grabación en un estudio de París con un productor de prestigio, con alguna costilla ya compuesta. Y en este punto es donde entra en juego la tendencia del mundo del rock a fantasear. Aunque parece que todo se limitó a una sugerencia de su mánager en común, Brian Lane, la leyenda cuenta que Steve Howe, Chris Squire y Alan White estaban dando palos de ciego en el estudio cuando se enteraron de que los músicos de moda en todo el mundo, The Buggles, estaban en la sala adyacente. 

El diseñador Roger Dean creó la portada y contraportada, como en los mejores tiempos.

Resultaba que la voz de Trevor Horn no era muy distinta de la de Jon Anderson, y Geoff Downes, sin ser un Rick Wakeman, podía hacer un apaño. En general, los Buggles podían no sólo sustituir con algo de solvencia a los miembros salidos de Yes, sino aportar ese toque moderno de la nueva ola que vendría bien al dinosaurio setentero. El resultado se llamó Drama (1980) y, si bien no es especialmente representativo del estilo de Yes ni tampoco un favorito generalizado de sus fans, sí que es un muy buen álbum sobre el que es difícil hablar mal con la perspectiva que dan los años. 

Trasera de las primeras ediciones en CD.

Personalmente, siempre he tenido problemas para escuchar los discos clásicos de Yes de un tirón (con la excepción de Close to the Edge), quizá por lo retorcidas que son algunas melodías, o quizá porque eran muy proclives a explosiones de virtuosismo instrumental algo indigestas para mi gusto, no lo sé. Pero Drama, que he escuchado por primera vez precisamente para redactar este análisis, me ha calado en seguida, como han llegado a hacerlo los mejores trabajos de los otros buques insignia del progresivo "puro", Genesis y King Crimson. Se nota que hay una vocación más comercial que en discos previos, pero lo importante está ahí, especialmente por parte de los miembros veteranos, que no sólo dan lo mejor de sí mismos, sino que logran ese equilibrio perfecto, esa democracia creativa de la que hablábamos, luciéndose en un todo elegante que no empalaga ni por asomo. Ayuda el hecho de que el álbum completo no llegue a 40 minutos de duración...

Machine Messiah

No hay temas flojos en Drama, pero con permiso del estupendo Tempus Fugit, yo me quedo con el inicial Machine Messiah ("El mesías de la máquina") y el único single editado, Into the Lens ("Dentro de la lente") que es obra precisamente de Horn y Downes, y del que hablaremos un poco más en la próxima entrada. El primero de los dos es un tema bastante duro, muy rockero, pero tiene una estructura muy compacta que te mantiene atento hasta el final y te sumerge en la experiencia de cara al resto del álbum. Into the Lens, por su parte, tiene un carácter ágil, melódico y soñador que, gracias al buen hacer de los veteranos de Yes, es llevado al terreno propio pese a ser un tema compuesto por y para The Buggles. Lo bonito es que se nota, y para bien, que los creadores de Video Killed the Radio Star están ahí, que sobreviven como una muñeca rusa dentro de otra, como metidos en la cápsula de plástico del huevo Kinder.

Into the Lens (vídeo oficial)

Lo que no salió igual de bien fue la gira posterior a la publicación del álbum, en la que la voz de Trevor Horn quedó machacada por los muchos conciertos. Especialmente duros fueron los abucheos recibidos en algún momento del paso de la gira por Gran Bretaña. Quien sí dio la talla, al parecer, fue Geoff Downes, que se rodeaba de una docena de teclados (sin la capa de lentejuelas de Wakeman, supongo) y se las apañaba bien. No es de extrañar que hiciese buenas migas con el guitarrista Steve Howe y juntos formasen parte después del supergrupo Asia, mientras que Horn buscó la comodidad de su faceta de productor. En 2011, no obstante, Horn y Downes volverían a Yes para grabar el álbum Fly from Here, convirtiéndose el primero otra vez en vocalista para una reedición retocada del mismo trabajo (Fly from Here -Return Trip) publicada en 2018.

Volvemos en unos días con la tercera y última entrega de esta historia.

sábado, 15 de febrero de 2020

The Buggles - THE AGE OF PLASTIC


1. Living in the Plastic Age (5:13)
2. Video Killed the Radio Star (4:13)
3. Kid Dynamo (3:29)
4. I Love You (Miss Robot) (4:58)
5. Clean, Clean (3:53)
6. Elstree (4:29)
7. Astroboy (and the Proles on Parade) (4:41)
8. Johnny on the Monorail (5:28)

No podemos decir que fuese profético, porque en 1980 el uso del plástico estaba más que extendido, pero en estos nuestros tiempos de alerta por su impacto medioambiental, el hecho de que se diese el título The Age of Plastic a un álbum que acaba de cumplir 40 años tiene su aquel. Sus autores, el dúo The Buggles, suelen estar en lo más alto de las listas de "one hit wonders", esto es, grupos y solistas que tuvieron un único éxito convertido en clásico atemporal. ¡Y menudo fue su único éxito, Video Killed the Radio Star! No estamos solamente ante una de esas canciones que cualquiera puede tararear casi de memoria, sino que el poso que dejó con su publicación influyó en buena parte de la música comercial de la década que iba a comenzar.

Parte trasera del libreto de la edición en CD.

The Buggles eran Trevor Horn (bajo, guitarra y voz) y Geoffrey Downes (teclados y percusión), aunque antes de que se publicase The Age of Plastic ("La era del plástico") estaba con ellos también Bruce Woolley, que grabó una versión temprana y más convencional de Video Killed the Radio Star como artista en solitario. The Buggles, simplificando mucho, venían a ser una versión angloparlante de Kraftwerk, pero con aroma a chicle y gominolas, en lugar de a siderurgia y taller mecánico. Su universo musical era una fantasía futurista -hoy deliciosamente retro- que no dejaba de ser una parodia de la sociedad contemporánea de los medios de masas, la televisión y los electrodomésticos del hogar de clase media, la publicidad machacona y los productos enlatados fabricados en cadena.


 
Los singles de The Age of Plastic.

La idea surgió del ansia de Trevor Horn por desarrollar plenamente sus habilidades como productor musical, faceta que hasta entonces no le había dado éxitos al no encontrar temas de otros con los que trabajar. En este sentido, y pese a que The Buggles sólo grabaron dos álbumes, Horn consiguió lo que quería: convertirse en uno de los productores británicos de mayor prestigio, un referente que iría mucho más allá de los géneros electropop y new wave a los que se asocia el sonido del dúo. Tampoco le fue mal a Geoff Downes, aunque de eso hablaremos después, porque la historia tiene mucha miga.

Living in the Plastic Age

Elstree

Centrándonos en The Age of Plastic, lo primero que hay que aclarar es que no es solo el LP donde está Video Killed the Radio Star; todo el álbum es magnífico, divertidísimo, una golosina ochentera colorista que nos hace viajar en el tiempo a quienes recordamos aquellos años de la EGB, nuestra infancia de Airgam Boys y Peta-zetas. Escuchadas hoy, canciones como Johnny on the Monorail, Clean, Clean o Elstree suenan bastante ingenuas, pero en su sólida simplicidad está su belleza. Elementos comunes a todas ellas son el uso del vocoder, el cacharrito que "robotiza" la voz al pegárselo a la garganta (ver portada del disco), los abundantes sintetizadores y los coros femeninos. Ediciones más recientes del álbum incluyen tanto versiones editadas de sus temas originales como otras canciones incluidas en las caras B de los singles, entre ellas la vibrante Technopop, a mi entender (y pese a no estar en el álbum primitivo) el segundo tema más conocido del álbum.

Technopop

Vídeo killed the Radio Star

Varios de los cuatro singles extraídos del álbum contaron con vistosos videoclips. El más conocido, el de Video Killed the Radio Star, fue dirigido por Russell Mulcahy (que después dirigiría la mítica Los inmortales) e inauguró la más famosa cadena de televisión de temática musical, la norteamericana MTV. También es conocido porque cuenta con la presencia a la batería y los teclados del mismísimo Hans Zimmer.

La curiosa historia de The Buggles continúa en la próxima entrada.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Vangelis - INVISIBLE CONNECTIONS


1. Invisible Connections (21:03)
2. Atom Blaster (8:37)
3. Thermo Vision (9:44)

En todas las discografías de los grandes músicos existe una oveja negra, un álbum señalado como el peor, el disparo fallido, ese que solo los completistas compran para tenerlo en la colección y nada más. En el caso de Vangelis, y a pesar de que su amplia discografía tiene muy pocos puntos flacos, el disco que los fans suelen mirar de reojo es Invisible Connections (1985). Y aun así, no creo que sea la clase de trabajo que mueva a la vergüenza ajena, sino que provoca más bien cierta incomprensión. Escepticismo, tal vez.

Contraportada del vinilo.

Invisible Connections tiene el raro honor de ser, hasta donde yo sé, el único trabajo de un compositor procedente del ámbito de la música popular publicado por la prestigiosa discográfica Deutsche Grammophon, especializada en música clásica. Es cierto que Vangelis se ha decantado durante la segunda mitad de su carrera por un sonido cercano al del clasicismo académico, cada vez con unos arreglos más orquestales, si bien 1985 parece una fecha algo temprana para buscar un precedente. Y además, Invisible Connections carece absolutamente de las propiedades románticas y sinfónicas ya tan conocidas en la obra de su autor.

El tema homónimo.

Es más bien un experimento radical en el campo de la vanguardia electrónica minimalista de laboratorio, rupturista, atonal, a tramos mucho más centrado en los espacios de silencio absoluto que en las notas disociadas y estridentes que salan aquí y allá. Es bastante posible que alguien que llegue desprevenido pueda sentir un sincero desagrado al escuchar algo tan extravagante. Salvo que se tenga conciencia de lo que realizaron gente como Cage o Stockhausen a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, lo grabado en Invisible Connections puede ser hasta calificado de anti-música.

Atom Blaster

Personalmente, suelo plantearme cada escucha del álbum (y admito que llevo unas cuantas, y no tan desagradables) como un pequeño juego. Juego a paladear los ecos de las notas sobre el fondo vacío, a intentar buscar algún elemento de coherencia-cohesión en cada una de las tres piezas del disco, a rascar la superficie para vislumbrar el "toque Vangelis" en alguna parte. Hasta quiero encontrar también algún parecido entre este álbum y las piezas más discretas e incidentales de Blade Runner (1982), y he llegado a pensar que podría ser el álbum del griego que más se parece en su atmósfera a tan célebre banda sonora. Así de lejos he ido con mi juego.

Thermo Vision

No obstante, está claro que el álbum al que más se parece es al anterior Beaubourg (1978), si bien en aquel, aparte del caos sin melodías ni ritmos aparentes, ocurrían tantas cosas a nivel sonoro que acababas sumergido en todo ello. Invisible Connections, sin embargo, llega a requerir un esfuerzo consciente -y trabajoso a ratos- para no dispersar tu atención. Yo lo disfruto bastante como experiencia sonora, y algunos críticos señalan que estamos ante el último trabajo (oficial) de Vangelis que mantiene, pese a su extrañeza, el sonido original de su etapa más mítica, antes de que se moviese hacia un estilo más moderno y tecnológicamente renovado en álbumes como Direct o Page of Life.

La más reciente edición remasterizada.

Ha sido objeto de remasterización en los últimos años a cargo de su propio autor y está incluido en el estuche de lujo Delectus. En 2018 también se incluyó en un recopilatorio de Deutsche Grammophon junto a piezas de Max Richter y Jóhann Jóhannsson. No es de mis favoritos, pero entre su propia peculiaridad y lo mucho que me costó hace años conseguir una copia física original, le tengo mucho respeto. 
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