domingo, 19 de octubre de 2014

Aphex Twin - SYRO


1. minipops 67 [120.2] (source field mix) (4:47)
2. XMAS_EVET10 [120] (thanaton3 mix) (10:31)
3. produc 29 [101] (5:03)
4. 4 bit 9d api+e+6 [126.26] (4:28)
5. 180db_[130] (3:11)
6. CIRCLONT6A [141.98] (syrobonkus mix) (6:00)
7. fz pseudotimestretch+e+3 [138.85] (0:58)
8. CIRCLONT14 [152.97] (shrymoming mix) (7:21)
9. syro u473t8+e [141.98] (piezoluminiscence mix) (6:32)
10. PAPAT4 [155] (pieal mix) (4:18)
11. s950tx16wasr10 [163.97] (earth portal mix) (6:01)
12. aisatsana 102 (5:21)

Andaba yo pensando en escribir un análisis del Selected Ambient Works Vol. II cuando me enteré por casualidad de que Richard D. James acababa de lanzar al mercado un nuevo álbum, bastante esperado después de muchos años de ausencia. Syro (2014) ha llegado envuelto en una sutil campaña de publicidad en plan misterioso, como haciendo hincapié en el carácter "de culto" que rodea la carrera de Aphex Twin prácticamente desde el principio.

Aphex Twin en acción (foto de Kristy Sparow, extraida de www.rollingstone.com)

Como en este caso creo que merece la pena desmitificar un poco al personaje en cuestión, que bastante barniz mesiánico le han puesto ya encima los críticos y los fans, diremos que Aphex Twin supuso para la electrónica contemporánea un poco lo que Brian Eno fue para la electronic music de los años setenta: una figura juguetona y sin miedo a experimentar, alquimista de originales sonidos sintéticos aplicados más a la creación de ambientes y texturas que a innovar en lo melódico o lo conceptual. No deja de ser una opinión personal, pero la diferencia principal entre ambos autores es que el mejor Eno surgió en unos años de efervescencia creativa enorme dentro del género, un tiempo de aperturismo y devoción popular nunca después igualados hacia lo electrónico-sintético, mientras que Aphex Twin es hijo de una época en la que la música en general (y la electrónica en particular) se sectarizó comercialmente para responder de algún modo a las poses de unas y otras tribus urbanas. Aphex Twin es el gurú ambient de la era grunge, un ídolo místico para aquellos adolescentes de los noventa que desconocían la existencia de una música electrónica popular previa al mundo de las raves y los disc-jockeys.

Portada alternativa.

Con lo anterior no pretendo quitar méritos al trabajo de James, aunque habiendo escuchado una pequeña -pero importante- parte de su discografía, pienso que Aphex Twin es un producto bastante sobrevalorado, y eso que Syro no está nada mal. Grabado de manera discontinua durante varios años y en diferentes estudios (sobre todo en casa, con participación de la familia), este nuevo álbum se sale de los planteamientos de "música de archivo" de otros trabajos del artista para ofrecer una colección de temas muy urbanos, modernos y al mismo tiempo con un toque juguetón que recuerda a ciertas "biblias" de los ochenta (me viene a la cabeza algo de Art of Noise, por ejemplo), con una escasa variedad como mayor defecto, al menos durante la primera mitad del disco. James se limita a imponer un ritmo ocurrente a cada tema, a lo "beat box" sobre el que lanza ráfagas de notas de sintetizador y voces sampleadas muy distorsionadas. Y al final la fórmula funciona bastante bien, sobre todo porque logra mantenernos atentos con las pequeñas ocurrencias sonoras que emergen aquí y allá, algunos de cuyos sonidos son verdaderamente curiosos, poco trillados, y se hace notorio un genuino afán experimentador. El tema final, aisatsana [102] es un epílogo bastante sorprendente, por cierto, aunque no disipa del todo la sensación de haber escuchado un trabajo que podría haber dado más de sí.

El primer tema.

Y el último.

Syro no es la clase de disco que cala hondo en el corazoncito de los melómanos de siempre por su profundidad expresiva, pero sí que es un trabajo plenamente válido -sobresaliente incluso- si lo entendemos como ejercicio técnico del máximo nivel posible a estas alturas del siglo veintiuno. Su autor pretendía ofrecer un disco accesible, prácticamente pop, y he terminado pensando que Syro podría ser la forma de hacer ver a los adolescentes actuales que hay vida más allá del chunda-chunda. 

jueves, 2 de octubre de 2014

Lisa Gerrard - TWILIGHT KINGDOM


1. Blinded (2:52)
2. Adrift (5:24)
3. Our Kingdom Came (6:05)
4. Estelita (3:57)
5. Neptune (7:10)
6. Seven Seas (4:57)
7. Become (2:31)
8. Too Far Gone (6:45)
9. Of Love Undone (3:46)
10. The Veil (2:18)

"Reino de penumbras" es el título que la cantante y compositora Lisa Gerrard ha elegido para su último trabajo, publicado el pasado mes de julio de 2014. Es un título bastante oportuno, ya que por mucho que algunos críticos mencionen paisajes nórdicos envueltos en neblinas, es la penumbra -o la oscuridad más absoluta- lo que me evoca el conjunto de temas aquí recogidos. También me ocurre con Dead Can Dance, el grupo que lanzó a Gerrard al estrellato, que no puedo dejar de imaginar panoramas apocalípticos y desolados cuando escucho los desgarrados cánticos y los fondos densos y lentos que nos ofrece esta señora. Es una música que, de algún modo no necesariamente negativo, me deprime profundamente.

Blinded

Twilight Kingdom, no obstante, ha sido calificado en varios casos como un trabajo más o menos accesible y llevadero dentro de su contexto, ya que contiene algún tema cuya estructura (yo nunca diría lo mismo de su tono) suena casi a pop. Es verdad que la discografía de Lisa Gerrard como artista en solitario es algo más críptica que la que compartió con Brendan Perry, algo más dado a acercarse a un sonido rítmico de tipo pop-rock. Siendo también el sonido de Dead Can Dance bastante oscurantista, al menos se beneficiaba de una lejana vocación comercial que aquí es muy vaga. Seguimos detectando un gusto palpable por lo medievalista y lo ritual cuasi-religioso, aunque este disco se aproxima a esos sonidos desde la óptica de las bandas sonoras de cine, y no desde alguna clase de folclorismo melancólico.

Lisa Gerrard

La voz de Gerrard, en general unos tonos por debajo de lo escuchado en discos previos, desarrolla canciones lánguidas, frías como el hielo y tan lentas que son muy difíciles de seguir desde el punto de vista de la melodía. En algún caso, da la impresión de que Twilight Kingdom es un álbum predominantemente instrumental en el que las voces -incluida la principal- funcionan como parte del todo, sin destacar más de la cuenta. Son casi lamentos con una cualidad telúrica, intensificando piezas que agradarán más a los aficionados al dark ambient que a quienes busquen un trasfondo étnico, new age o meramente neoclásico en ellas. Hay que admitir que, partiendo de un estado muy definido de melancolía por nuestra parte, Twilight Kingdom tiene un enorme poder de evocación hacia lo oscuro y tenebroso.

Too Far Gone

Entre los artistas que intervienen junto a la autora destaca, por lo inusual, el actor Russell Crowe. El protagonista de Gladiator (banda sonora de la que Lisa Gerrard fue coautora) contribuye con la letra de la canción Too Far Gone. Crowe ha grabado su propia versión del tema, y aunque no he podido escucharla todavía, apuesto a que no será tampoco muy festivalera precisamente. También tiene este toque algo más amable Estelita. En cualquier caso, admito que cortes como estos, tras varias escuchas, acaban dándonos la positiva impresión de que el álbum es mucho más rico y variado que la primera vez (las iniciales Blinded y Adrift nos decantan demasiado hacia la oscuridad), y hasta somos capaces de ir atravesando poco a poco varias capas de negrura para quedarnos con un sabor de boca menos amargo. En cualquier caso, Twilight Kingdom sí que nos ofrece desde el principio una experiencia musical muy intensa, atractiva y artísticamente muy depurada. Como creo que pasará mucho tiempo hasta que pueda decir a las claras si me gusta o no, prefiero que cada cual saque sus propias conclusiones.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La portada de The Endless River.

El nuevo trabajo de Pink Floyd, titulado The Endless River, se publicará el 10 de noviembre. Como ya comentamos, se trata de una obra instrumental  con 18 cortes que utiliza como base una selección del material grabado para las sesiones de The Division Bell (1994), con especial protagonismo del desaparecido Richard Wright. Podemos entender el álbum como un tributo a su persona, del mismo modo que por ejemplo Wish You Were Here (1975) fue un homenaje a Syd Barrett. No se ha mencionado participación alguna de Roger Waters, por si a alguien le cabía la duda. Por cierto, su portada es la primera no diseñada por Storm Thorgerson o su estudio desde The Piper at the Gates of Dawn, primer disco del grupo.


jueves, 18 de septiembre de 2014

Vangelis - VOICES


1. Voices (7:00)
2. Echoes (8:20)
3. Come to Me (4:40)
4. P.S. (2:05)
5. Ask the Mountains (7:55)
6. Prelude (4:24)
7. Losing Sleep (Still, My Heart) (6:41)
8. Messages (7:30)
9. Dream in an Open Place (5:50)

No hace mucho tiempo que tuvimos por aquí un álbum de Vangelis, pero al final son tantos los trabajos esenciales de este hombre que no podemos dejar de volver sobre su discografía con frecuencia. Esta no va a ser precisamente la última ocasión de comentar un disco suyo en el blog, aunque prácticamente todos sus clásicos "gordos" ya han sido reseñados y ahora deberíamos centrarnos en obras algo menos conocidas (aun considerando que todo lo publicado por Vangelis está entre lo más famoso del mundo instrumental contemporáneo).

Como esta es una dirección con fines divulgativos, no pretenderé que quien se tope con esta entrada haya leído -o recuerde- la vida y milagros del autor que nos ocupa, de modo que comenzaremos diciendo que el músico griego Evangelos O. Papathanassiou es con toda probabilidad el artista instrumental-electrónico más influyente y con mayor calado cultural de nuestro tiempo. Además de ser uno de los pioneros de la electronic music a principios de los años setenta, contribuyó de manera decisiva a la implantación de géneros como la música cósmica y la new age. También es conocido por sus bandas sonoras para películas como Blade Runner, Desaparecido, Motín a bordoLunas de hiel, 1492, Alejandro Magno y sobre todo Carros de fuego, que le valió un Oscar, ayudando de paso a potenciar el uso de música generada con sintetizador en superproducciones de cine. En fin, me remito al mediocre texto que sigue siendo hoy en día la entrada sobre Vangelis en castellano de la Wikipedia, que yo mismo garrapateé en su momento (¿no había confesado esto nunca?) y que pocos se han molestado en completar y corregir como es debido.

Contraportada.

Voices (1995) se sitúa en un momento dulce de la carrera del artista, todavía disfrutando del prolongado éxito comercial de 1492: Conquest of Paradise y con la deseadísima edición oficial de Blade Runner también calentita. Si bien en el álbum The City (1990) ya se estaba configurando con claridad el estilo del Vangelis posterior, fue sobre todo en su banda sonora para la película de Ridley Scott sobre Colón donde se pudo apreciar que el compositor se estaba decantando por un sonido cercano al de la música clásica, con texturas de sintetizador que se asemejan a la sección de cuerdas de una orquesta sinfónica, y con pasajes corales totalmente "reales". La carga puramente electrónica de muchos de sus discos previos iba rebajándose en favor de sabores más orgánicos, más sobrios y menos dados a la experimentación. Por eso mismo considero que Voices es uno de los últimos álbumes en que Vangelis experimentó de verdad, en este caso coqueteando un poco con la canción.

En términos generales, y como su nombre indica, Voices es un álbum conceptual sobre la voz humana en el que Vangelis explora diferentes facetas de la misma a través de temas muy diversos, desde unos que pueden ser considerados plenamente pop a otros corales con su inconfundible toque, entre los que encontramos momentos muy poderosos y otros dulces y sutiles. El primer tema, llamado también Voices, camina por una delgada línea entre el buen gusto y el placer culpable en su máxima expresión. 

Portada del single Voices.

Podríamos considerarlo el tema más grandilocuente jamás creado por el griego, la clase de pelotazo estrujador de gónadas que un entrenador de fútbol, cual líder espartano en las Termópilas o caudillo escocés carapintada, hace escuchar a sus jugadores antes de salir al campo a ganar la final. En él tenemos multitud de voces en distintos idiomas exóticos, silbidos y cantos estruendosos, además de una atmósfera cargada de gigantismo, con efectos digitales, gaitas y campanadas, como si Vangelis pretendiese superarse a sí mismo, por acumulación, en los mismos valores que habían convertido a Conquest of Paradise en uno de sus temas insignia tres años antes.

El videoclip oficial de Voices, con una versión editada del terma.

Después llega Echoes (tras las voces, los ecos), quizá el tema menos agradecido del álbum al ser una especie de interminable prolongación del corte anterior, muy trabajada, pero que en realidad no nos lleva a ningún sitio demasiado interesante. Nos detendremos con más motivos en Come to Me, primer tema protagonizado por un único vocalista, en este caso Caroline Lavelle, que no se sale de un estilo más o menos new age místico, pero que asesta un golpe de originalidad al no parecerse ni en la forma ni en el fondo a lo escuchado hasta el momento. Lo mismo sucede con P.S., que es un discreto temita instrumental, muy delicado y minimalista aunque más bien intrascendente. Al regresar finalmente al leitmotiv del tema inicial, P.S. parece cerrar un primer capítulo para llevarnos a continuación a uno de los mejores momentos de Vangelis en los noventa, la canción Ask the Mountains.

Ask the Mountains, con el típico montaje naturalista de YouTube.

"Pregunta a las montañas" es un tema vocal bastante críptico en su letra (alguna clase de desengaño amoroso mezclado con un secreto que solo las montañas, las fuentes y los arroyos pueden revelar), escrito a su bola y cantado por la sueca Stina Nordenstam. Su voz es muy peculiar, y desarrolla la canción casi a base de sílabas sueltas que van fundiéndose con el exquisito y sensual ritmo de la melodía. Es una maravilla de la creación de atmósferas musicales, gracias a una producción exquisita.

Portada de Ask the Mountains.

Por si no hemos disfrutado bastante, casi sin esperarlo nos topamos con el delicioso, magistral Prelude, tranquilamente uno de los mejores ejercicios interpretativos de Vangelis, con un poder de evocación y una elegancia inexpresable que llevan al éxtasis más absoluto. Prelude es una prueba aplastante de la genialidad de este señor.

Prelude

Losing Sleep (Still, My Heart) es el tercer tema con cantante solista del álbum, en este caso con la voz de Paul Young. Tampoco fallan aquí las atmósferas cuidadas y el ritmo elegante, aunque después de tanto virtuosismo el tema sale perdiendo en la comparación. Messages recupera sabiamente el uso de coros, en este caso más sosegados que en Voices, para desarrollar una pieza larga que mezcla con inteligencia un ambiente épico "in crescendo" con un cierto saborcillo juguetón aportado por un fraseado melódico minimalista. Funciona de maravilla y hace buenas migas con el tema final, Dream in an Open Place ("Sueña con un lugar abierto"). Voices concluye con esta pieza agradable y emotiva, no especialmente original pero sí lo bastante profunda y solemne para cerrar el disco dejándonos un buen sabor de boca.

Fotografía del interior del estuche del CD.

Suele decirse de Voices que es un trabajo "menor" dentro de la discografía de Vangelis, y esto es debido, se me ocurre, a dos razones más o menos evidentes: la presencia de una pieza inicial tan poderosa que llega al paroxismo, que fue elegida -quizá con mal criterio- como primer single; y unas diferencias tan enormes en cuanto al tono y planteamiento de las distintas partes del disco que el conjunto, pese a contener momentos a-pa-bu-llan-tes, no fluye del todo bien como un todo unitario. Tampoco queda del todo bien explorado el concepto aquel de la voz humana. En cualquier caso, sí que podemos calificar Voices como un disco a reivindicar. Cerramos la entrada con el tema Slow Piece, cara B del single Ask the Mountains, y que por su naturaleza tiene todas las papeletas de ser un completo desconocido para muchos lectores.

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