viernes, 2 de noviembre de 2018

Justin Hurwitz - FIRST MAN


1. X-15 (1:22)
2. Good Engineer (1:06)
3. Karen (0:45)
4. Armstrong Cabin (1:15)
5. Another Egghead (1:05)
6. It'll Be an Adventure (0:41)
7. Houston (2:16)
8. Multi-Axis Trainer (2:54)
9. Baby Mark (0:47)
10. Lunar Rhapsody (3:04)
11. First to Dock (1:27)
12. Elliot (0:28)
13. Sextant (1:45)
14. Squawk Box (1:54)
15. Searching for the Aegena (1:51)
16. Docking Waltz (3:22)
17. Spin (1:15)
18. Naha Rescue 1 (1:05)
19. Pat and Janet (1:34)
20. The Armstrongs (2:25)
21. I Oughta Be Getting Home / Plugs Out (1:10)
22. News Report (0:42)
23. Dad's Fine (1:03)
24. Whitey on the Moon (1:48)
25. Neil Packs (1:25)
26. Contingency Statement (1:56)
27. Apollo 11 Launch (5:50)
28. Translunar (1:01)
29. Moon (1:07)
30. Tunnel (0:52)
31. The Landing (5:31)
32. Moon Walk (1:39)
33. Home (1:51)
34. Crater (2:00)
35. Quarantine (2:15)
36. End Credits (4:19)
37. Sep Ballet (1:17)

Para muchos puede ser un desconocido, pero Justin Hurwitz ganó el Oscar a la mejor banda sonora original hace dos años por la famosísima La La Land. Los buenos resultados de aquélla garantizan que su director, Damien Chazelle, siga contando con su batuta en proyectos por venir. De momento nos quedamos con la magnífica partitura de First Man (El primer hombre), estrenada hace unas semanas.

Justin Hurwitz (de IndieWire)

El primer hombre narra la época más trascendental en la vida del tan inconmensurable como desconocido Neil Armstrong, comandante del Apolo 11 y primer hombre en pisar la Luna. Estamos frente a una de estas bandas sonoras tan perfectamente engarzadas en el desarrollo de la trama de la película que, en la práctica, no funcionan la una sin la otra, y eso que estamos en un contexto radicalmente diferente a la de la mencionada La La Land, que contenía canciones y números de baile. First Man viene a ser, en el fondo, un retrato del hombre común, ese señor de la generación de nuestros padres o abuelos que hablaba poco, que pasaba demasiado tiempo en el trabajo (vendiendo enciclopedias puerta a puerta, probando aviones experimentales en la estratosfera, ¿qué más da?) y que había asumido un cierto concepto social sobre la hombría que le impedía expresar sus emociones o mostrarse "débil" ante los reveses de la vida.

Portada de la edición en vinilo.

Y Hurwitz consigue relacionar a la perfección los momentos familiares, de intimidad, con la épica monumental de la era espacial y sus héroes. Emplea las mismas melodías para Armstrong acunando a su pequeña hija enferma que para Armstrong pilotando el módulo Águila sobre los cráteres del Mar de la tranquilidad. En el primer caso nos emociona por su delicadeza minimalista, y en el segundo caso nos deja pegados a la silla con un aplastante muro sonoro digno de los mejores momentos de Hans Zimmer. Todo con las mismas notas, todo con Armstrong como protagonista.

Armstrong Cabin

Justin Hutwitz sabe rentabilizar sus hallazgos musicales, ya que esta larga grabación contiene numerosas variaciones sobre las mismas ideas: ritmos nerviosos llenos de tensión, compases de vals (un poco a lo 2001), discretas texturas ambientales... Y ahí quedan también un estupendo efecto percusivo a base de palmadas, alguna guitarra, un sintetizador Moog y, sobre todo, el theremin.

Quarantine

Que a estas alturas hayan usado este extraño instrumento para recrear los sonidos del espacio, y de manera tan exquisita, es impagable. Pronto publicaremos una entrada sobre el theremin, su historia y su influencia en la música y la cultura popular, de modo que me limitaré a subrayar la curiosidad de que es un instrumento de origen soviético que aquí sirve para ambientar el momento histórico que supuso la victoria norteamericana en la carrera espacial. Aporta muchas cosas ese sonido dulce, esa melodía arrancada al falsamente limitado instrumento eléctrico. Nos recuerda quizá aquel espacio exterior soñado más que real, el de los tiempos en los que creíamos que había ciudades de cristal en la Luna y algún observador anónimo, como el Armstrong del comienzo del filme, la observaba con un telescopio desde su jardín. El efecto en la película es sensacional, porque añade un elemento romántico a una película que se afana por subrayar su componente humano mientras que su visión del espacio es más bien aséptica.

The Landing

Algunos críticos se han quejado de que un acontecimiento tan trascendental habría requerido una música más potente, más "clásica" en un sentido convencional (no veo que le falte precisamente vigor al temazo del alunizaje, The Landing), aunque pienso que estas pegas responden a la misma cuestión que las quejas imbéciles sobre la ausencia de una escena con el plantado de la bandera: que quienes se quejan quizá no han entendido bien la película.

Whitey on the Moon

Terminaremos mencionando que el tema Lunar Rhapsody es obra del intérprete de theremin Dr. Samuel J. Hoffman, y que la curiosa Whitey on the Moon, una especie de proto-rap, está cantada por Leon Bridges, que a su vez interpreta en la película al también cantante Gil Scott-Heron. Se quejaba este artista de los muchos problemas que tenían los afroamericanos mientras los "blanquitos" estaban ya en la Luna. Divertido.

viernes, 12 de octubre de 2018

Loreena McKennitt - LOST SOULS


1. Spanish Guitars and Night Plazas (6:41)
2. A Hundred Wishes (4:34)
3. Ages Past, Ages Hence (5:27)
4. The Ballad of the Fox Hunter (5:48)
5. Manx Ayre (4:03)
6. La Belle Dame sans Merci (6:09)
7. Sin, Moon and Stars (4:34)
8. Breaking of the Sword (5:30)
9. Lost Souls (5:09)

Publicado antes del verano pasado, Lost Souls es el nuevo álbum de Loreena McKennitt, el primero con material totalmente nuevo desde 2006. Y como con todo buen álbum de una artista consagrada, la buena noticia es que el estilo de McKennitt sigue intacto sin que ello vaya acompañado de una merma en su calidad o una sensación de hastío. La canadiense sabe cómo hacer perfectamente lo que tiene que hacer, y lo hace tan bien como siempre. Sin más.

Loreena McKennitt (imagen de Spill Magazine)

El adelanto del álbum fue quizá su tema de mayor impacto, Breaking of the Sword ("La rotura de la espada"), un himno con tintes nacionales, casi militares, que es un homenaje a los soldados canadienses caídos en la Primera Guerra Mundial.

Breaking of the Sword

El primer tema del álbum, Spanish Guitars and Night Plazas, responde bien a su título: es un tema muy atmosférico y nocturno en el que las notas de guitarra española acompañan a la voz de la cantante. Es bastante moderno, considerando el gusto de McKennitt por lo medieval y teniendo en cuenta que Lost Souls es un álbum en el que se busca -en general- un regreso a las raíces célticas, campesinas y poéticas de la artista. El segundo tema es A Hundred Wishes ("Cien deseos"), muy luminoso, optimista y apacible. Ages Past, Ages Hence está inspirada en el fenómeno del cambio climático y es uno de esos temas en los que la artista, aun acompañada por varios instrumentos -violín, piano, etc.- que suenan exquisitos, se basta y se sobra con su propia voz para sostener todo el esfuerzo melódico. Bien podría haberlo grabado a capela sin grandes diferencias.

Ages Past, Ages Hence, en vivo.

Muy rural y auténtica es The Ballad of the Fox Hunter ("La balada del cazador de zorros"), aunque su melodía me suena un poco a reutilizada de algún tema suyo anterior. Es una versión de un poema de W. B. Yeats. Con el instrumental Manx Ayre viajamos por fin, cómo no, a esa frontera exótica entre Europa y Oriente que tan bien recrea McKennitt, y que nos suena a mercado medieval, a cruzada, a Ruta de la seda.

The Ballad of the Fox Hunter

La Belle Dame sans Merci es un tema que adapta la balada romántica original de John Keats, un poema que suena sencillo y delicado en boca de la canadiense pero que en realidad ha sido objeto de controversia desde el siglo XIX por su temática un tanto misteriosa y difícil de descifrar. El segundo instrumental del disco, el trepidante Sun, Moon and Stars, es otro viaje al territorio mestizo de los Balcanes, de Turquía, de Chipre y las islas griegas, quizá esta vez más orientándose más hacia lo musulmán que hacia lo cristiano, como se percibía en Manx Ayre. Al parecer, se inspira en la época en que los navegantes se orientaban mirando los astros.

Sun, Moon and Stars

Y tras la ya mencionada Breaking of the Sword, el álbum concluye con su tema homónimo Lost Souls, francamente hermoso y con bastante potencial comercial, pese a que en este sentido Loreena McKennitt no se complica demasiado y no llega a ofrecer ningún tema, ni siquiera este, que destaque por su espectacularidad en la producción o sea especialmente pegadizo. Ni falta que le hace, porque este es uno de esos álbumes/experiencia que se disfruta de una sentada.

Lost Souls

jueves, 27 de septiembre de 2018

Hans Zimmer - THE THIN RED LINE


1. The Coral Atoll (8:00)
2. The Lagoon (8:37)
3. Journey to the Line (9:22)
4. Light (7:20)
5. Beam (3:44)
6. Air (2:21)
7. Stone in my Heart (4:28)
8. The Village (5:52)
9. Silence (5:06)
10. God Yu Tekem Laef Blong Mi (1:59)
11. Sit Back and Relax (2:07)

Hemos levantado una pequeña polvareda cada vez que ha salido por aquí una entrada sobre Hans Zimmer, por mi parte subrayando lo poco que me gustan algunas de sus costumbres como artista y su exagerado peso en el cine actual, y por parte de algunos comentaristas, destacando sus innovaciones y su indiscutible legado. Por lo general, las discusiones se zanjan cuando admito este último aspecto y se citan obras cuya calidad va más allá de mis gustos personales. Mi favorita es seguramente El código Da Vinci, aunque me gustan también la mayor parte de su trilogía de Batman, las secuelas de Piratas del Caribe, Origen, Rain Man, El rey león, etc. Un trabajo que suele estar entre los más defendidos por sus fans es La delgada línea roja, y creo que es un buen momento para analizarlo.

Tráiler de la película.

The Thin Red Line fue una de las películas más premiadas de 1998. Hoy está un poco olvidada, ya que compitió en popularidad con la mucho más célebre Salvar al soldado Ryan. El director Terrence Malick se excedió un poco en el metraje y su trama se vuelve difusa, haciéndola una película un tanto complicada de digerir para públicos amplios. Pero es muy buena. El caso es que Malick, uno de estos autores que ejercen un control total sobre sus obras, iba a hacer picadillo sí o sí, en sucesivos montajes, la banda sonora que le encargó a Hans Zimmer. En consecuencia, no sirve de mucho recordar lo visto y escuchado en la película a la hora de analizar el trabajo de Zimmer. Algo parecido, más sangrante si cabe, fue lo que ocurrió con la posterior partitura de Alexandre Desplat para El árbol de la vida, también de Malick.

Contraportada

Quedándonos, por lo tanto, con el álbum propiamente dicho, se podría decir que The Thin Red Line es un trabajo un poco irregular, constituido en su mayor parte por temas deliberadamente discretos, muy efectivos por su carácter atmosférico y por servir de argamasa útil a un director que -Zimmer debió verlo venir- iba a recortarlos y reordenarlos hasta la náusea. Y también está ahí el temazo por excelencia de Hans Zimmer, tal vez el que mejor representa su aportación al campo de la música de cine: Journey to the Line. Por pura coincidencia, el divulgador Jaime Altozano ha dedicado hace poco un vídeo a entrevistar a Zimmer y comentar el peso posterior de esta pieza musical, entre otras cosas. No hay que perdérselo.


Journey to the Line es un tema largo que va in crescendo, con una melodía minimalista que sorprendente por su efectismo y que va aglutinando más y más capas de sonido hasta lograr un efecto emocional hiperdrámatico, un muro sónico  situado entre lo orquestal y lo electrónico que resulta potentísimo. Ha sido reutilizado en varios tráileres de otras películas y lo han imitado una y mil veces. En realidad, y aunque el primitivo Hans Zimmer "synthesizer hero" de los ochenta ya poseía este toque, es a partir de Journey to the Line cuando Zimmer y casi todos sus músicos afines se dedicarían a las fanfarrias mega-saturadas, cayendo a menudo en lo pomposo y reiterativo, cuando no directamente convirtiendo este tabique sonoro en puro ruido sin sentido. En la mayoría de los casos, se olvida el carácter verdaderamente épico, maduro y profundo de aquel tema seminal.

Journey to the Line

God Yu Tekem Laef Blong Mi

Otras cosas interesantes que hay en The Thin Red Line son su uso de algunos instrumentos exóticos como el koto y la flauta shakuhachi y los también bastante conocidos cantos melanesios del tema God Yu Tekem Laef Blong Mi, que ha tenido su propio recorrido en la cultura mainstream de la publicidad y los tráileres. Dos temas están compuestos por otros autores: Beam, de John Powell, y Sit Back and Relax (vaya título), de Francesco Lupica. Parece que el primero de ellos está inspirado también en un tema del autor del segundo.

Beam

Sit Back and Relax

El álbum se escucha con agrado de principio a fin, aunque el planteamiento más  bien ambiental de muchos temas hacen desear quizá algo más de variedad. Teniendo en cuenta los trabajos ambient "hardcore" que a veces comentamos en el blog (y que yo disfruto sin reservas), no diré que este álbum aburre, pero sí creo que puede hacerse largo a quienes prefieran bandas sonoras de cine compositivamente más... intensas. En cualquier caso, es un gran trabajo que merece reconocimiento y cuya fama es bien merecida. Hay que escucharlo.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Vuelve Jarre con otro recopilatorio. Y reediciones.


Planet Jarre se llama el nuevo producto que Jean-Michel Jarre saca a la venta en una semana. Es un recopilatorio al uso, sólo que los temas están ordenados en cuatro categorías, dependiendo de si el francés los considera "paisajes sonoros" (Soundscapes), "temas" (Themes), "secuencias" (Sequences) o "exploraciones y obras tempranas" (Explorations & Early Works).

Los temas de cada sección.

Contiene un par de temas nuevos, con el morbo añadido de que hay por ahí un trocito de la maqueta del mitológico Music for Supermarkets (1983), álbum del que sólo existe una copia en todo el mundo. La edición normal en digipack y doble CD tendrá su aquel para los completistas, la digital en 5.1 gustará a los sibaritas del sonido, y la edición en vinilo gustará a los fetichistas, pero el estuche de lujo con doble casete (YESSSS!!!) puede ser la coña más elaborada que he visto en años. Si Jarre pone de moda el casete, juro que me rindo y me compro una gramola de manivela.

Portada renovada de Geometry of Love.

También jugosas son las próximas reediciones de su catálogo clásico, que incluyen  (según he visto, aunque puedo equivocarme) Revolutions, Chronologie, Oxygène 7-13, Metamorphoses y Geometry of Love, el último de los cuales tuvo en su momento una tirada minúscula. Habrá que atraparlo legal y físicamente esta vez.
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