sábado, 21 de julio de 2018

Max Corbacho - NOCTURNES II


1.Celistia (23:13)
2. Nocturnal Bloom (3:38)
3. Starlight Grace (8:43)
4. Heart of the Night (3:33)
5. Indigo Sphynxes in Dark Canyon (3:10)
6. Timelapse (7:20)
7. Moon Apparition (7:20)

He dejado pasar demasiado tiempo desde la última vez que tuve ocasión de comentar un disco de Max Corbacho, e incluso me he saltado alguno muy bueno entre el primer Nocturnes y esta segunda parte. Recuerdo que cuando escuché el primero me quedé muy sorprendido, tanto que puedo recordar perfectamente el momento en el que lo escuché y redacté la reseña. Cuando tuve a mano Nocturnes II (2018), mi primer pensamiento fue intentar reproducir aquel momento, lo que pasaba indiscutiblemente por encontrar el momento de relax y sosiego necesario. O lo que es lo mismo, por esperar al verano, en concreto a ese feliz día en mitad de julio en el que te levantas una mañana y tienes que preguntar a otra persona qué día de la semana es. Espero que el señor Corbacho disculpe mi tardanza.

Max Corbacho (imagen de last.fm)

Para comenzar por el principio, repetiré (matizando) algo que ya he dicho: Nocturnes II debe escucharse en un momento de relax. Primero te relajas y luego lo escuchas, en ese orden y no al revés. Primera regla del aficionado al instrumental contemporáneo: desconfía del álbum que se autodefina como "relajante", porque para eso hay cantidad de hierbas de las que se hierven y también de las que se fuman. Nocturnes II surge de las mismas experiencias que su predecesor, esto es, del paseo nocturno -físico o mental- por determinados parajes geográficos, medio recelosos por la oscuridad circundante, medio abrumados por el espectacular cielo estrellado que todavía puede disfrutarse en algunas zonas apartadas, fuera de las ciudades, lejos de los alumbrados públicos y los humos. No todos tendremos la oportunidad de escuchar esta música en esta clase de lugares, pero por suerte la propia música te transporta allí, haciendo levitar el sofá de casa. Tampoco descarto una sutil aproximación hacia el terreno de la pura ciencia-ficción musical, pero todo es cuestión de opiniones.

Celistia

Max Corbacho plantea muchos de sus temas como densas suites ambientales, realizadas mediante instrumentos electrónicos pero con un sonido muy natural, nada robótico ni computerizado. Da la sensación de que las largas notas que van y vienen como en un majestuoso oleaje cósmico surgieran del propio cielo nocturno, como si las constelaciones y la Vía láctea emitiesen alguna clase de onda que nosotros interpretásemos a capricho como música. Tanto el primer tema como el último son largos e inmersivos, aunque las demás piezas, relativamente más breves, están realizadas en una línea parecida, y algunos de ellos están enlazados sin pausas. Lo mismo podría haber puesto nombre a un solo tema de 70 minutos que haber separado las dos piezas más largas en tramos cortos; da igual, porque la experiencia sigue siendo un todo.

Moon Apparition

Aunque esto no significa que todos los temas de Nocturnes II sean iguales. El planteamiento sí lo es, a primera vista al menos, aunque son pequeños matices los que marcan la diferencia, ya sea el sutil sonido de insectos y aves en Celistia, el momento álgido de Moon Apparition en el que -se entiende- sale la luna, o los diferentes grados de "lavado" o definición a los que las atmósferas de los temas intermedios son sometidas. Por supuesto, como todo buen trabajo de corte ambient, Nocturnes II exige un cierto esfuerzo de imaginación, de recurrir a nuestros recuerdos y fantasías para dar aún más entidad a la experiencia de su audición, lo que -como en tantos otros casos- lo alejan de lo meramente consumible que es tan típico en nuestra era de videoclips. Excelente álbum, una rara avis que reivindica la música como acto de creación artística en el que el oyente tiene su propio margen interpretativo, una obligación de participar activamente en el proceso de escucha. Una ventana al universo con los pies descalzos sobre la tierra.

Aquí la web de Max Corbacho y aquí su rincón en Bandcamp.

martes, 10 de julio de 2018

Paraísos musicales en la web: el canal de Jaime Altozano en YouTube.

Ya sé que puede parecer una ocurrencia de verano lo de entrar en el mundillo de los "youtubers", pero llevo una temporada viendo los vídeos de Jaime Altozano sobre música y debo decir que he aprendido muchísimas cosas con ellos. Eso no quiere decir que coincida con él en todas sus opiniones o sus gustos musicales (en muchas cosas sí que coincido), pero es asombrosa la capacidad didáctica de este muchacho a la hora de explicar aspectos de teoría musical que en boca de otro habrían resultado muy áridas. Pongo como ejemplo un vídeo sobre qué son y cómo funcionan la armonía y los acordes que no tiene precio:

¿Cómo funciona la música?

Altozano, que es compositor y productor, también ha publicado vídeos sobre producción musical de lo más interesantes, tanto para explicar truquillos a quien se plantee crear algo desde casa con unos medios de aficionado de a pie como para exponer algunas picardías del actual "star system" de la industria musical.

"La verdad sobre la música POP"

Muy interesantes son también sus análisis en profundidad, a nivel compositivo y temático, de algunas de las BSOs de referencia de este blog como son las de Star Wars y El Señor de los Anillos. Pero nunca resulta Altozano demasiado académico, sino ameno y cercano, con un lenguaje a la vez distendido y absolutamente educado (excelente dicción la suya, por cierto) que no suele ser la norma en un gremio, el de los youtubers, a veces tan dado a ganarse a la chavalería mediante la palabrota fácil.

En resumen, excelente labor la que realiza Jaime, que también puede ser apoyada mediante Patreon. Enlazo también con su página https://jaimealtozano.com, desde la que puede accederse a sus vídeos en YouTube.

sábado, 30 de junio de 2018

John Powell / John Williams - SOLO: A STAR WARS STORY


1. The Adventures of Han (3:49)
2. Meet Han (2:20)
3. Corellia Chase (3:34)
4. Spaceport (4:07)
5. Flying with Chewie (3:30)
6. Train Heist (4:48)
7. Marauders Arrive (5:15)
8. Chicken in the Pot (2:09)
9. Is This Seat Taken? (2:36)
10. L3 & Millennium Falcon (3:17)
11. Lando's Closet (2:13)
12. Mine Mission (4:11)
13. Break Out (6:15)
14. The Good Guy (5:25)
15. Reminiscence Therapy (6:13)
16. Into the Maw (4:49)
17. Savareen Stand-Off (4:26)
18. Good Thing You Were Listening (2:08)
19. Testing Allegiance (4:21)
20. Dice & Roll (1:55)

Parece que la franquicia iniciada por George Lucas se está resintiendo en la taquilla con este último título, lastrado quizá por el protagonismo de un Han Solo que (lógicamente) no es Harrison Ford, un tono general más bien planito y, sobre todo, la sensación de que la abundancia de películas de la saga está haciendo que dejen de percibirse como "acontecimientos". Paga el pato una película que, no obstante, sí tiene cosas muy a reivindicar. Sin ir más lejos, su banda sonora es una agradable sorpresa.

John Powell (de starwarsnewsnet.com)

John Powell, el compositor elegido para Solo, logra resolver con notable el gran problema que supone componer una música que tenga en cuenta la herencia creativa del maestro Williams y que sea al mismo tiempo innovadora y fresca. Solo: una historia de Star Wars (2018), igual que Rogue One (2016), es y no es Star Wars, en el sentido de que no es un episodio numerado y, por lo tanto, busca jugar un poco con ese universo tomándose unas cuantas -y bienvenidas- licencias formales. Powell contribuye a esto con una banda sonora fresca y colorista, no carente de brío, pero que, todo hay que decirlo, podría haber caído en la herejía si hubiese sido compuesta para uno de los "episodios". 

Yo mismo tenía el cuchillo preparado, entre otras cosas porque Williams anunció hace poco que el futuro Episodio IX sería el último para él, y sospechaba que antes o después metería la zarpa en Star Wars ese sindicato del crimen musical que es Remote Control Productions. Afilé el cuchillo, digo, al comprobar que Powell está entre sus filas. Afortunadamente, Powell no es un Badelt ni un Jablonski, y alguien ha tenido la muy feliz idea de que el propio John Williams componga y dirija el tema principal de la película, The Adventures of Han, marcando así la línea a seguir por Powell.

The Adventures of Han

Pero con o sin los dictados de Williams, Powell sabe mezclar bien el sinfonismo clásico romántico con sonidos más de moda, típicos del actual cine de acción y aventuras, sin "nolanizar" ni "zimmerizar" en exceso la partitura. Hay aportaciones muy interesantes, de hecho, como un coro étnico femenino/infantil que encarna musicalmente a los bandidos enmascarados de la escena del tren (Marauders Arrive), o un tema de amor bastante inspirado (Lando's Closet). También tiene su encanto el típico tema diegético que contiene casi toda BSO de Star Wars, en este caso un sensual dúo pop en lengua alienígena titulado Chicken in the Pot ("Pollo en la olla"), que cuenta con la colaboración de otro colega de Remote Control, Gavin Greenaway.

Marauders Arrive

Lando's Closet

Chicken in the Pot

Sí nos chirrían los dientes algunos recursos muy genéricos que están presentes en algunos puntos de Solo. Por ejemplo, hacia el final de Flying with Chewie suena un fragmento optimista con un punto de charanga que debe estar pregrabado en los archivos de Remote Control desde los tiempos de Gladiator (en Now We Are Free), y que hemos escuchado hasta el vómito en películas y anuncios de TV. Da pena que algo tan manido se haya colado en el sacrosanto canon musical de Star Wars.

Flying with Chewie

Reminiscence Theraphy

Pero en fin, hay una indudable inteligencia en la manera que tiene Powell de reutilizar y adaptar el famoso The Asteroid Field de El Imperio contraataca para las escenas en que el Halcón Milenario atraviesa el famoso Corredor Kessel. Toca la fibra nostálgica con mucho acierto y la escena sabe a gloria. Se ahorra el álbum otras dulzuras para fans al suprimir la fanfarria de Star Wars de los créditos finales, como en Rogue One.

Imagen de la contraportada.

Me parece difícil comparar, como han hecho algunos críticos, este Solo de John Powell con el Rogue One de Michael Giacchino, sobre todo porque el segundo intentó mantener una fidelidad escrupulosa al estilo Williams que le impidió expandir musicalmente sus recursos musicales, mientras que el primero, aportación del propio Williams aparte, ha hecho su agosto. Tiempos vendrán, me temo, en los que lo genérico y pregrabado, el sonido estándar de la BSO comercial contemporánea, terminen de invadir los mundos de Star Wars, y si bien Solo no merece ser acusada directamente de ello, sí que ha dejado la puerta abierta.

jueves, 21 de junio de 2018

Pink Floyd - THE DIVISION BELL


1. Cluster One (5:59)
2. What Do You Want from Me? (4:22)
3. Poles Apart (7:05)
4. Marooned (5:28)
5. A Great Day for Freedom (4:18)
6. Wearing the Inside Out (6:49)
7. Take It Back (6:12)
8. Coming Back to Life (6:19)
9. Keep Talking (6:11)
10. Lost for Words (5:15)
11. High Hopes (8:32)

El álbum de Pink Floyd The Division Bell (1994) es de los que más "división" causan entre los seguidores de la banda británica. Ni siquiera se le acercan discos difíciles como el extravagante Ummagumma (a ratos casi inaudible) o el personalista The Final Cut (obra más de Waters que del grupo), y eso sin hablar del mero auto-homenaje que es The Endless River, que se aceptó por su vocación anecdótica más que por su calidad intrínseca. The Division Bell reunió una serie de características que podrían haberlo convertido en un álbum maldito, de no ser porque el buen funcionamiento económico y la benevolencia del paso del tiempo lo evitaron.

Contraportada del CD.

Tras el antes mencionado The Final Cut (1983) y la separación de Pink Floyd, la publicación en 1987 de A Momentary Lapse of Reason fue acogida como la confirmación tranquilizadora de que el grupo seguiría adelante con David Gilmour como líder "no dictatorial" y con mucho que ofrecer pese a la marcha de Roger Waters. Con todo, y aunque tiene muy buenos momentos, es un álbum un tanto irregular y acomodaticio. El primer problema de The Division Bell, el siguiente trabajo de estudio de esta etapa, es que incide en esto último, llevando a ratos lo cómodo a lo llanamente autocomplaciente. Waters se cachondeó bastante.

Nick Mason, David Gilmour y Richard Wright en una foto de la época.

The Division Bell (cuyo título se refiere al toque de campana con el que el parlamento británico se alinea para disponerse a votar) es álbum que maneja como concepto general la comunicación entre las personas y los problemas que causa la falta de ésta. Salvo en casos como el de The Wall y algún otro, Pink Floyd nunca llegó a profundizar demasiado en su visión de cada álbum como pieza conceptual explícita, y el CD que nos ocupa es igualmente difuso en su tratamiento temático. Lo que queda tras su escucha, aun contando con las letras traducidas, tiene más de sucesión de temas exquisitamente producidos y melódicamente bellos que de pieza "narrativa" coherente.

Coming Back to Life

¡Y qué bellos son sus temas! David Gilmour, autor de la mayoría de las canciones (junto con su esposa Polly Samson, aunque no todo el mundo cree lo que afirman los créditos) se saca de la manga unos cuantos cortes que suenan a himnos pese al poco riesgo creativo asumido en ellos: A Great Day for Freedom, Coming Back to Life, Lost for Words... También hay algunos temas más rockeros (con algo de blues) como What Do You Want From Me? o Keep Talking, donde suena la voz sampleada de Stephen Hawking. También está por ahí Take It Back, que por aquí sonó mucho en la radio y que contiene un punteo de guitarra que recuerda a U2.

Marooned

Ninguno de estos temas es manifiestamente malo o pobre, pero Pink Floyd, incluso en versión recortada y algo descafeinada, deslumbra cuando arriesga. El tema instrumental Marooned logró el primer y único Grammy para la banda, en plena era del "Britpop", y la pieza introductoria Cluster One es también muy notable. Con todo, el tema que más me sigue impresionando es Wearing the Inside Out, salido directamente del cerebro de Richard Wright. Tanto la voz del teclista (que en el álbum anterior figuraba como invitado y no como miembro titular) como el ritmo lánguido, el saxo de Dick Parry y los coros femeninos crean una atmósfera peculiar que alcanza el éxtasis con su breve solo de teclado. Durante unos segundos, benditos sean, nos hace volver a la épica cósmica de The Dark Side of the Moon.

Wearing the Inside Out (en vivo, 2006).

Completa el álbum la larga y ambiciosa High Hopes, un tema con videoclip de los caros y mucha grandiosidad sonora gracias a la orquesta sinfónica que dirige Michael Kamen, pero que de nuevo sabe a poco en lo imaginativo y roza lo pomposo. Suele estar presente en recopilatorios más por su carácter de single que por ser lo mejor o más representativo del disco.

High Hopes

Terminaremos mencionando la presencia en el "artwork" del genial Storm Thorgerson, a cuya estética surrealista debe tanto la iconografía de Pink Floyd. No sé si fue obra suya o no, pero el estuche de las primeras ediciones en CD de The Division Bell llevaba varios elementos en relieve en la zona izquierda de la bandeja del disco, la que sobresale junto a la portada, entre ellos algo en braille (supongo que el título del álbum o el nombre de la banda), todo perdido hoy en día por culpa de la barata y genérica reedición en digipak que hoy puede adquirirse en tiendas.

Cada formato de la primera edición (CD, casete, vinilo) tuvo una portada distinta.

El álbum que nos ocupa fue el origen de una gira multitudinaria, la última de Pink Floyd, que terminaría siendo recogida en el portentoso doble álbum en vivo titulado Pulse (1995), del que hablaremos en otra ocasión. Reconozco que The Division Bell no es uno de los grandes álbumes de la banda, pero sí que es uno de los que reescucho con más frecuencia, siempre con mucho gusto. 
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