domingo, 13 de enero de 2019

Genesis - SELLING ENGLAND BY THE POUND


1. Dancing with the Moonlit Knight (8:03)
2. I Know What I Like (In Your Bedroom) (4:09)
3. Firth of Fifth (9:37)
4. More Fool Me (3:12)
5. The Battle of Epping Forest (11:04)
6. After the Ordeal (4:15)
7. The Cinema Show (11:03)
8. Aisle of Plenty (1:32)

Selling England by the Pound es el álbum que la banda Genesis publicó en 1973 como continuación del modesto pero creciente éxito que habían logrado con los anteriores Nursery Cryme (1971) y Foxtrot (1972). Genesis tenía más mimbres de banda de culto que de superventas, y en vista de que el mercado norteamericano parecía estar receptivo hacia su muy peculiar estilo, de algún modo se había estado esforzando en hacer promocion al otro lado del Atlántico, lo que hizo que algunos fans británicos se lo tomasen a mal. Otro grupo que se nos va, dirían.

Britannia

También es cierto que desde finales de los años sesenta, mucho antes de que se oficializase el término "apropiación cultural", todo lo británico -los clichés especialmente- estaban de moda en el mundo entero, desde la reina y la bandera hasta el vestuario de la policía. Todo era imitado en versiones de baratillo en la cultura juvenil mainstream, y Peter Gabriel, sacándole punta al fenómeno general y a las críticas antes mencionadas en particular, saldría al escenario disfrazado de Britannia, una dama alegórica con un casco y un escudo, para interpretar el fabuloso tema inicial del álbum que nos ocupa, Dancing with the Moonlit Knight ("Bailando con el caballero de luz de luna").

Dancing with the Moonlit Knight, en vivo.

De estas circunstancias y de la propia letra del tema surge la idea del título del disco, "Vendiendo Inglaterra al peso", que, sin ser un álbum conceptual propiamente dicho, sí que busca adrede un sonido muy característicamente british, con un punto medieval-folk, con un aire más sobrio, menos alocado, y con pinceladas de sonido Canterbury (una de las ramas tempranas del rock progresivo al que pertenece por ejemplo Soft Machine). En el documental que acompañaba una edición en CD, Tony Banks y Steve Hackett hablan del partido que le estaban sacando al mellotron, con el que lograban una atmósfera densa, como si toda una orquesta y un coro acompañasen a la banda, identificando este efecto con el sabor inglés que querían para el álbum.

De izquierda a derecha: Tony Banks, Peter Gabriel, Mike Rutherford, 
Steve Hackett y Phil Collins. (Imagen de Musical Brick)

Sin dejar a un lado el carisma de su showman y flautista Gabriel, quizá la contribución más decisiva al tono general del disco es la de Steve Hackett, que desarrolla deliciosas melodías pastorales y suaves riffs con sus guitarras. Banks se luce a los teclados como pocas veces antes (la abundancia de pasajes instrumentales, no sólo After the Ordeal, se presta al lucimiento de su virtuosismo), y Phil Collins lo peta a la batería. No es que Mike Rutherford tenga menos mérito, pero entre unos y otros cuesta trabajo encontrar momentos para ser protagonista.

I Know What I Like (In Your Wardrobe)

Los temas son tan variados y ambiciosos como cabe imaginar en un álbum de esta época, aunque los miembros de Genesis -sobre todo el trío que continuó unido en los ochenta- no parecen estar totalmente contentos con todos ellos. Creo que hay consenso en la admiración hacia la cambiante y épica Dancing with the Moonlit Knight, y nadie pone pegas tampoco a I Know What I Like, que quizá debió ser un hit con mayor éxito del que obtuvo; ni a Firth of Fifth, que es puro nervio y potencia.

Firth of Fifth

Sí que ponen alguna pega a More Fool Me, segunda vez que Phil Collins cantó en Genesis, y que es un tema suave casi sin instrumentación. Apenas se tocó en directo y nunca pasó al repertorio habitual. Hablan bien de The Battle of Epping Forest, aunque reconocen que la letra de Peter Gabriel, un cuento lleno de chascarrillos sobre una reyerta entre pandas de malhechores, es demasiado extensa y llega a resultar musicalmente árida al no ajustarse bien a la melodía. A Banks le parece que el instrumental After the Ordeal es innecesario en el álbum, y Aisle of Plenty (esto lo digo yo) no tiene más razón de ser que cerrar el álbum retomando la melodía del tema inicial para darle redondez. No creo que pueda renegar nadie de The Cinema Show, un tema largo y maravilloso, virtuoso y preciosista de principio a fin, y con un portentoso desarrollo instrumental de teclados en su segunda mitad.

The Cinema Show (en vivo)

Selling England by the Pound es considerado hoy en día como el mejor álbum de aquella etapa de Genesis, lo que equivale a decir que es el mejor a secas. Hay también quien lo sitúa en la cima misma del rock progresivo, que en aquel 1973 estaba en su momento álgido. Yo dudo entre éste y Foxtrot, aunque Selling England tiene esa rara cualidad que lo hace sonar distinto en cada escucha, lleno de pequeños y evocadores rincones de exquisitez y con una atmósfera indescriptible. Una obra maestra de una época irrepetible a la que apetece regresar de cuando en cuando.

martes, 8 de enero de 2019

Ennio Morricone se jubila a los 90. Con un par.

Con un par de Oscars bajo el brazo, el primero honorífico a toda su carrera y el segundo por Los odiosos ocho (2015), ya no le quedan espinitas clavadas por las que seguir en el tajo  a una edad a la que la mayoría de la gente está para sopas no muy espesas. Pero no se limitará al comunicado de prensa, sino que el suyo será un retiro a lo grande, completando la gira en la que está inmerso, y que pasará próximamente por Alemania, Rusia, Polonia e Italia, donde presumiblemente recibirá su última ovación, batuta en mano, en un concierto programado en Roma.

 Portada de su recopilatorio 60 Years of Music.

Esta gira de despedida lleva el nombre de su último álbum recopilatorio, 60 Years of Music (2016). 60 años en los que Morricone se ha convertido, para mucha gente, en el mejor, más famoso y reconocido compositor que ha dado el cine. 

Trailer de la gira.

Vale, es cierto que hay unos cuantos candidatos a tan magno título, aunque creo que Morricone tiene a su favor la grandísima variedad de estilos compositivos que maneja (compárense El bueno, el feo y el malo con La misión, por poner ejemplos archiconocidos), y las muchísimas y también muy variadas películas de éxito en las que ha intervenido, con directores tan diferentes como Sergio Leone, Brian de Palma, John Carpenter, Polanski, Bertolucci, Tarantino...

 Cartel anunciador de su última gira.

Una jubilación muy merecida, por mucho que le vayamos a echar de menos. Para este hombre no hay sustituto.

miércoles, 2 de enero de 2019

James Horner - WILLOW


1. Elora Danan (9:48)
2. Escape from the Tavern (5:09)
3. Willow's Journey Begins (5:29)
4. Canyon of Mazes (7:54)
5. Tir Asleen (10:50)
6. Willow's Theme (3:57)
7. Bavmorda's Spell is Cast (18:13)
8. Willow the Sorcerer (11:58)

Willow (1988) es una de esas películas de los ochenta que gustaron más al chaval de entonces que al adulto de ahora. Seguramente ha sido menospreciada de más, pero aun así le faltó bastante fondo (como ejemplo de argumento de "alta fantasía" es demasiado superficial) y deja muy poco poso por la ausencia de personajes y tramas de verdad memorables. También es que las expectativas en su día debieron ser exageradas, tratándose de una superproducción ideada por el entonces indiscutido George Lucas, que volvía teóricamente a ofrecer todo un universo imaginario en el que vivir épicas aventuras.

James Horner (1953-2015)

En cualquier caso, se puede admitir que Willow no es en absoluto un desastre, entre otras cosas por una eficaz dirección del entonces emergente Ron Howard, por unos valores de producción (fotografía, efectos especiales) notables y porque su banda sonora es maravillosa.

Portada alternativa ¿francesa?

Dirá alguien que la gente como yo damos demasiada importancia a las BSOs, que al fin y al cabo pueden considerarse un elemento técnico más, un aderezo que sólo es interesante en el contexto de la propia película. Francamente, pienso que la música de una película, al menos en la mayoría de los casos, es el único elemento de la producción cinematográfica cuyo valor y naturaleza artística, creativa, puede compararse, superar a veces, al propio guión. Y cuando la película en cuestión se presta a ello, como en este caso, su música contribuye a crear una atmósfera que da a la película un trasfondo que no tiene.

Tráiler en español.

James Horner, compositor tan meritorio como a veces criticado, estaba en uno de sus mejores momentos creativos, quizá el mejor, pese a que sería unos años después cuando empezaría a figurar con fuerza en los premios del gremio. En este mismo 1988, y también con George Lucas en la rebotica, compuso la igualmente exquisita BSO de En busca del valle encantado (The Land Before Time), segundo hit de la potente productora del animador Don Bluth tras Fievel y el nuevo mundo (An American Tail, 1986). Horner demuestra una sensibilidad muy especial en estas composiciones destinadas a públicos familiares, y aunque Willow no es necesariamente cine infantil, sí que sabe mantener asombrosamente bien un equilibrio perfecto entre ternura y epicidad de acción y aventuras. Willow's Theme, la pieza principal de la composición, es el ejemplo perfecto.

Willow's Theme

En realidad, este temazo -que más bien son dos- ejemplifica también el mayor defecto de esta BSO en lo que se refiere a su encaje en la película: no queda claro en ningún momento, al menos si atendemos a las imágenes, si la parte de la fanfarria aventurera corresponde a las peripecias del propio granjero enano protagonista (Warwick Davis) o más bien al guerrero buscavidas Madmardigan (Val Kilmer), o si el bello tema con flauta shakuhachi es, esta vez sí, el del mago o el de la bebé Elora Danan, el Macguffin viviente del filme. O quizá el título Willow's Theme se llama así por ser "el de la película Willow", no el del personaje del mismo nombre, y la culpa es nuestra por querer identificar contenidos musicales con títulos de temas que no pretenden inclinarnos a ello.

Contraportada. Aquí se especifica: la orquesta es la London Symphony.

Lo que sí está claro es que la utilización de estos temas en pantalla no resuelve las dudas, y el modesto trabajo que realiza Horner para crear leitmotivs al estilo de Williams en Star Wars queda anulado por las necesidades del montaje fílmico. Sí que queda bastante clara, musicalmente hablando, la presencia del mal: la reina Bavmorda y sus esbirros, que son acompañados -y algo parecido hizo ya el músico con los klingon de Star Trek III- por un exótico batiburrillo de percusiones y notas sueltas de instrumentos variados. También está aquí el famoso "parabará" malévolo de Horner, utilizado a discreción años antes de que fuese motivo de chiste, que sirve como elemento amenazador. También hay un tema hacia el final, ya que hemos mencionado antes a Williams, que es el clásico festejo étnico-fantástico al estilo ewok de El retorno del jedi. Probable sugerencia de Lucas.

Bavmorda's Spell Is Cast

El conjunto de la partitura, aunque deja lugar para esta trivial confusión temática, es sobresaliente, sin duda una de las mejores obras de su época, y si no nos ponemos frikis admitiremos que en la película funciona a la perfección. La experiencia del álbum propiamente dicho no es menos satisfactoria, si bien tiene el defecto de que agrupa gran cantidad de desarrollos musicales en pocos cortes, algunos de entre 10 y casi 20 minutazos, que seguramente disfrutaríamos más con una mayor división explícita entre movimientos. Una banda sonora no es un álbum de rock progresivo.

¿Que si me gusta? Tengo dos copias en CD, la segunda porque la primera tenía unas simples manchitas amarillas de humedad en la portada. O sea, que sí. ¿Lo recomiendo? Me gusta empezar el año con un álbum esencial, y éste lo es. 

miércoles, 26 de diciembre de 2018

El theremín, el instrumento que no se toca.

Uno de los instrumentos más emblemáticos y fascinantes de la música electrónica es el theremín. De hecho, aunque no fue el primero (Luigi Russolo inventó en 1913 los "intonarumori", poco más que máquinas de ruido, bocinas enormes activadas con electricidad), el theremín sí que es probablemente el más antiguo de los que continúan utilizándose con relativa normalidad hoy en día. El ruso Lev Termen, que después sería conocido como Léon Theremin, lo inventó allá por 1920 -un par de años antes que las ondas Martenot-, por casualidad, durante unos experimentos sobre electromagnetismo.  La patente es de 1928.

Léon Theremin (1896-1993)

Consiste en una caja mas o menos del tamaño de una videoconsola o un vídeo VHS con dos "brazos" metálicos, uno que regula el volumen y otro que produce las variaciones de frecuencia asociadas a las notas musicales. Basta con acercar las manos a estos sensores para que se produzca la música, y su enorme sencillez de manejo prometía mucho comercialmente. Pero Rusia estaba en su etapa más convulsa en aquellos años, con la Revolución todavía consolidándose, y aunque el mismísimo Lenin llegó a hacerse con uno, el éxito del instrumento tuvo que esperar a su llegada a EEUU, donde la discográfica RCA se haría con sus derechos.

Tristemente, la pequeña revolución musical doméstica que muchos pronosticaban se vio atenuada por el famoso crack del '29 y la depresión económica que lo siguió. Aun así, aún hoy sigue siendo bastante fácil encontrar theremines en colegios norteamericanos. Es un instrumento fabuloso para que hasta los niños más pequeños alucinen en colores.

Documental sobre el theremín de la UNED.

Lo que más caracteriza al theremín, anecdotario histórico aparte, es su sonido extraordinariamente peculiar. Suena a música y suena a máquina, y sobre todo suena un poco a magia, a misterio. Su primera gran irrupción en la cultura popular tuvo lugar en la BSO de Recuerda (Alfred Hitchcock, 1945), en la que acompañaba con efectos muy inquietantes aquellas imágenes oníricas ideadas por Salvador Dalí. El compositor Miklós Rózsa ganó un Oscar gracias al su acertada elección musical.

La famosa escena de Recuerda.

Poco después, el zumbante theremín se convertiría en sinónimo de ciencia ficción gracias a su utilización en Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1945). Desde entonces, no faltaría un theremín cada vez que en pantalla hubiese un platillo volante, un marciano disparando su láser o un señor con escafandra espacial. El ultimo y maravilloso ejemplo de uso del theremín para ambientar el espacio lo hemos visto hace muy poco en la BSO de la película El primer hombre, comentada aquí.

Una escena de Ultimátum a la Tierra.

Y el theremín también se hizo un hueco en la música académica vanguardista del siglo XX, muy dada al experimentalismo; y en la música popular, donde, si bien no ha tenido un protagonismo absoluto, sí ha tenido sus momentos, sobre todo como elemento efectista. Los intérpretes de theremín, considerando que 1) es un instrumento de sonido extraño y 2) teóricamente es fácil de manejar, se han distinguido por lograr arrancar virtuosismo y delicadeza de algo, en apariencia, frío y aséptico.

Clara Rockmore (1911-1998)

Por distinguir a una thereminista con especial relevancia, debemos mencionar a Clara Rockmore, una prometedora joven lituana que, debido a una enfermedad en sus manos, se volcó en el theremín por ser un instrumento que no necesitaba "tocar". 

Clara Rockmore interpreta El Cisne, de Saint-Saëns.

Sus complicadas versiones de temas clásicos la hacen ser reconocida hoy en día como una de las grandes precursoras de la música electrónica. Tampoco se queda atrás el doctor Samuel J. Hoffman, precisamente el thereminista de las películas antes mencionadas, y que también difundió el instrumento en el mundo del jazz.

El Dr. Hoffman (1903-1967) en acción.

En la actualidad destaca Lydia Kavina, descendiente del mismo Theremin, colaboradora en proyectos musicales de todo tipo y muy influyente en su ámbito. Por lo que he investigado, ya que estamos, es notable la presencia femenina entre quienes tocan el theremín profesionalmente. 

Lydia Kavina interpreta el tema de Doctor Who.

Y por supuesto, también está Jean-Michel Jarre, quizá el difusor con mayor alcance popular del theremín en las últimas décadas. Es bien sabido que utiliza el theremín tanto en sus álbumes de estudio como en sus conciertos más multitudinarios, en los que siempre procura reservar unos minutos para tocarlo, a veces sin más acompañamiento, y en algunos casos explicando previamente al público un poco de su historia.

Jarre tocó el Theremín en su concierto de Mónaco.
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