miércoles, 11 de febrero de 2015

Jean Michel Jarre - SESSIONS 2000


1. January 24 (5:58)
2. March 23 (8:00)
3. May 1 (4:49)
4. June 21 (6:18)
5. September 14 (9:30)
6. December 17 (8:12)

Entre el discreto cariño y el recelo se encuentra Sessions 2000 (2002), el álbum con el que Jean Michel Jarre inició la -a grandes rasgos, y esta vez muy a las claras- segunda etapa de su carrera musical, tras un también controvertido Metamorphoses (2000), que sin embargo contenía todavía suficientes argumentos artísticos para hallar en él la presencia del autor de obras maestras de la "electronic music" como Oxygene, Equinoxe o Zoolook. En el caso de Sessions 2000, y que conste que hablo a título personal, la cosa cuajó por aquello de la novedad, porque nunca es sensato criticar a un artista por querer experimentar un poco y ampliar sus horizontes. Lo malo es que, como comenté en una entrada que en su momento tuvo bastantes visitas, Jarre parece haber comenzado a partir de entonces una huida hacia adelante en la que da la impresión de haberse pasado los últimos quince años dando palos de ciego.

Trasera del escueto estuche del CD.

En todo caso, insisto: en su momento, Sessions 2000 fue un hallazgo más o menos refrescante e innovador. En teoría, el álbum fue grabado y editado para finiquitar el contrato del músico con la compañía Sony Music, pero eso no significa que Jarre fuese a publicar cualquier porquería. El álbum fue grabado junto a Francis Rimbert en distintas sesiones de improvisación (probablemente en las fechas que dan título a los temas) utilizando sintetizadores Korg y Roland, amén de instrumentos acústicos reales o sampleados como órgano Hammond, contrabajo, guitarra, piano... y buscando un sonido que se mueve entre el ambient, el jazz y quizá el chill out. Vamos, nada que ver con las divertidas y épicas melodías del Jean-Michel de siempre, pero manteniendo un importante calado artístico. Un adelanto de este nuevo sonido pudo escucharse en el álbum ultralimitado Interior Music (2001), que Jarre realizó como encargo para la compañía de electrodomésticos Bang & Olufsen, y cuya función venía a ser mucho más ambientar los establecimientos de la marca que satisfacer musicalmente a algún público concreto. Hay más alma puesta en Sessions 2000 que en aquel otro, por supuesto.

No es sencillo ni hacer una descripción detallada de las pistas del disco, ni siquiera ofrecer una "semblanza" del álbum como conjunto, pero en general me evoca imágenes urbanas, tal vez durante un día de lluvia bajo pesadas nubes grises, que observase desde detrás de un cristal cubierto de vaho. Las piezas se construyen a base de capas de sonido muy "lavadas", sobre las que diversos sonidos acústicos vienen a esbozar sutilmente algo parecido a melodías. El tema más conocido del disco, en este caso con una trompeta como protagonista, es seguramente March 23, que posteriormente sería conocido en algunos casos como Space of Freedom, y que es el único recuerdo que ha permanecido de Sessions 2000 para el repertorio concertante de Jarre. 

Space of Freedom, o March 23, del concierto Water for Life (Marruecos, 2006).

Es curioso ver cómo Jean Michel Jarre quiso dar en estos años un salto desde la "vieja guardia" de la música electrónica hacia un estilo mucho más contemporáneo, por no decir pos-moderno, perteneciente a nuevas generaciones de artistas que habían sido inspiradas en más de un caso por su propia obra, y demostrando no solo que era capaz de dominar este otro lenguaje musical algo más untuoso y horizontal, sino que también en él era capaz de realizar trabajos notorios. Probablemente, una de las razones por las que Sessions 2000 no levantó demasiados recelos fue porque todos lo entendimos como un experimento temporal, sin sospechar que el viejo Jarre solo volvería a sus antiguos universos para auto-homenajearse, ya nunca más para seguir explorándolos. Se prevé la publicación de un nuevo disco de JMJ en este 2015, al parecer un trabajo de colaboraciones con otros artistas. ¿Habrá sorpresas para los nostálgicos en el nuevo álbum? ¿Habrá sorpresas de algún tipo en el álbum? ¿Habrá álbum?

martes, 10 de febrero de 2015

Terry Riley - IN C


Terry Riley, un tipo curioso que suele llevar una barba blanca enorme y un llamativo gorro que le da aspecto de mago, se dedicó en los años '60 a dar conciertos improvisados con un órgano y un saxofón. Poseía -y posee- una formación académica y amplias influencias de la música oriental (de la India, sobre todo) y del mundo del jazz. Muchas de las actuaciones que le dieron fama en su día duraban desde el anochecer hasta el amanecer, y a ellos se asistía con toda la familia, con mantas y almohadones. Riley solía poner grabaciones en cassette que él mismo grababa del concierto en los momentos en que necesitaba un descanso, o hacer una visita al baño. Pero no nos dejemos llevar por el pensamiento de que este señor era un simple hippie anarquista, porque este In C (1964), que es la obra que nos ocupa, es un trabajo de excelsa imaginación compositiva y todo un hito popular de la música clásica.

 Dos ediciones en disco de In C.

In C ("En Do") es una obra básicamente improvisada. Si hacemos caso a la Wikipedia, la obra consiste en 53 frases musicales numeradas, siendo repetida cada una de ellas un número aleatorio de veces. Cada músico tiene un total poder de decisión sobre la parte que le toca interpretar, incluso optando por entrar en un momento u otro según le parezca bien, con la única condición de que siempre haya al menos tres frases musicales sonando a la vez, con lo que se mantenga el efecto polifónico. Estas frases, además, deben ser interpretadas en orden, aun cuando se suprima una de ellas. Por poner un ejemplo, es posible pasar de una frase musical, llamémosle 1, a otra frase llamada 3, aunque en este caso no se podrá interpretar después la que llamaríamos 2. Esta forma de estructurar la obra se conoce como serialismo y música aleatoria. Uno de los músicos, habitualmente una chica guapa, será quien vaya imponiendo el ritmo marcando notas en Do. Dadas las circunstancias, la obra no puede tener una duración fija, aunque Riley dice que debe moverse entre los 45 y los 90 minutos. La composición de la orquesta también es flexible: la primera grabación de la obra contó con 11 músicos, mientras que una versión de 2006 grabada en el Walt Disney Concert Hall reunió a 124.

Otras dos ediciones discográficas.

Lo fácil aquí es pensar que In C es otra de las muchas obras musicales herméticas que los engreídos compositores clásicos del siglo XX crearon a espaldas del público, para disfrute exclusivo de sus amigos y críticos especializados, igualmente pedantes. Pero no es así, porque In C contiene una música agradable de escuchar, elegante y relativamente accesible pese a que la repetición constante de las melodías puede resultar enervante para los absolutamente profanos. Estamos hablando, en resumen, de uno de los trabajos fundacionales esenciales del minimalismo clásico contemporáneo. 

Me encanta esta portada, de estilo psicodélico-ácido.

Redacté esta entrada hace años, aunque introduje errores en la tipografía y el color del texto que no he sido capaz de modificar, de modo que he optado por reescribirla, corrigiendo y completando lo mínimo posible para mantener el contenido de la original. No he vuelto a escuchar In C, pero escribí entonces que la grabación cuya portada encabezaba la entrada (la que cuelgo a continuación) estaba a punto de engrosar mis discos favoritos. Por algo sería.

In C

jueves, 5 de febrero de 2015

Kraftwerk - ELECTRIC CAFÉ


1. Boing Boom Tschak (2:57)
2. Techno Pop (7:42)
3. Musique Non-Stop (5:45)
4. The Telephone Call (8:03)
5. Sex Object (6:51)
6. Electric Café (4:20)

No sé cómo me había olvidado de este disco, y me he puesto con él tan pronto como he notado su ausencia. El caso es que ni siquiera lo había escuchado antes del momento de plantearme su análisis (aunque relativamente admirador, nunca he sido fan de Kraftwerk), y notaba que me faltaba un eslabón en la cadena que iba desde Computer World (1981) y obras posteriores como Tour de France Soundtracks (2003), si ignoramos The Mix (1990) al tratarse de un disco -en el mejor de los sentidos- de refritos. Me faltaba la pieza entre aquellos sonidos divertidos, cálidos dentro de su carácter computerizado, y ese clima bastante más gélido al que llegó después el grupo. Electric Café (1986) es la respuesta.

Diseño para el interior del CD.

El caso es que todo presagiaba lo contrario, porque Computer World (Computerwelt) había sido un gran éxito y el público masivo esperaba un nuevo golpe de mano de Kraftwerk como abanderados del pop electrónico en su época de auge ochentero. En lugar de eso, se pasaron varios años encerrados en su estudio de Dusseldorf, aumentando las expectativas de sus seguidores, que esperaban algo grande, y -supongo- cebando las críticas de sus detractores al estar tardando demasiado e intuirse un fin de la inspiración. Mientras se estrujaban los sesos, en 1983 publicaron el tema Tour de France a modo de adelanto del disco, aunque con la salida de Electric Café se quedó como un single aislado, precedente lejano del álbum de 2006.

El single Tour de France.

El caso es que Electric Café, cuyo título había sido durante mucho tiempo Techno Pop (y antes Technicolor), resultó una relativa decepción -y lo sigue siendo parcialmente ahora, según te pille el día- al tener un carácter bastante frío, tan clínico que parece faltarle vivacidad. Careció, además, de algún single de peso que lo hiciese sonar con fuerza en los medios, ya que los elegidos Musique Non-Stop y The Telephone Call, no tenían el carisma suficiente pese a no estar alejados del sonido Kraftwerk de costumbre. Tal vez habría funcionado mejor la inclusión de Tour de France en el álbum, pero por algún motivo se decidió dejarlo fuera.

Los singles Musique Non-Stop y The Telephone Call.

¿Puede ser el de Electric Café un problema de asunción de escasos riesgos? En parte es posible que sí, pero se fueron a juntar otras tantas circunstancias que merecen ser tenidas en cuenta. Está la ya mencionada frialdad del sonido del álbum, que por un lado hace difícil encontrar en él el carácter juguetón, el espíritu de fantasía retro que había en sus predecesores; y está también el hecho bastante comprobable de que en aquel 1986 la música realizada con sintetizadores se había dividido en varias vertientes principales en las que estos Kraftwerk no casaban bien. Ni se movían en el mundillo melífluo e hipermelódico del pop electrónico británico tipo new wave, ni realizaban un tipo de música espectacular y colorista como la del entonces pletórico Jean Michel Jarre, ni estaban en una línea más o menos new age como la que otros popes del krautrock (pongamos Tangerine Dream) estaban adoptando progresivamente. Fuera de su propio fandom, quizá fue difícil vender bien el disco a su salida, y eso que hasta se preocuparon de lanzar versiones en distintos idiomas, el español entre ellos.

Trasera del CD en su reedición con el nombre de Techno Pop.

El caso es que Ralf Hutter, Florian Schneider y Karl Bartos sí que se esforzaron en incorporar a su estudio Kling Klang la más avanzada tecnología del momento, y se logró una calidad de sonido impecable que, a la larga, sí que convirtió Electric Café en un álbum influyente y reivindicado con todo derecho. No es mi favorito, pero sigue siendo un trabajo imprescindible.

Musique Non-Stop

The Telephone Call

lunes, 26 de enero de 2015

Edgar Froese (1944-2015)

(fotografía de www.billboard.com, Virginia Turbett/Redferns)

El pasado sábado se conoció la noticia del fallecimiento del gran Edgar Froese, en Viena, a los 70 años de edad a causa de una embolia pulmonar. Edgar Willmar Froese fue uno de los máximos representantes de la escena electrónica alemana surgida en la década de los setenta, y contribuyó de modo decisivo al nacimiento y expansión de géneros musicales como la música cósmica, el ambient, el tecno-pop o la new age. Tanto en su papel como líder (hasta la actualidad) y fundador de los míticos Tangerine Dream como en su faceta en solitario, Froese es merecedor de todos los elogios posibles por parte de quienes amamos la música instrumental popular contemporánea. Descanse en paz.
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