sábado, 21 de enero de 2017

Mike Oldfield - RETURN TO OMMADAWN


1. Return to Ommadawn, Pt. I (21:10)
2. Return to Ommadawn, Pt. II (20:56)

El viejo guerrero con su mandoble a la espalda ha recorrido una escarpada cordillera hasta llegar al valle escondido entre glaciares. La ventisca ruge en sus oídos, pero el guerrero sonríe. 
Hace mucho que dejó atrás los pantanos de Aor, en cuyas aguas cenagosas pobladas por saurios ancestrales a punto estuvo de quedar atrapado para siempre. Salió airoso a su paso por las cavernas de los belicosos poprocks y, pagando un alto coste en forma de heridas que nunca sanarán, escapó del laberinto de Chilaut tejido por el mago Remix. Vagó confundido por territorios ignotos, perdió a muchos aliados y seres amados durante el viaje, y solo gracias a su encuentro con el ciervo mágico Fandom pudo hallar finalmente el camino a su hogar. Está muy cerca y el tramo que resta para llegar, aunque tortuoso y cubierto de hielo traicionero, es cuesta abajo.
     
Mike Oldfield es uno de los tres grandes nombres en la música popular instrumental contemporánea, quizá el más raro de los tres, el más inclasificable. Con Return to Ommadawn se reivindica como el que todavía tiene más ases en la manga, y eso que los más recientes trabajos de los otros dos son más que dignos. Oldfield lleva medio retirado desde hace una eternidad, está arrugado y ajado de sol, la música ya no es lo más importante en su vida. Se ha vuelto perezoso y ha emprendido proyectos que, o bien no han convencido al público, o bien se han quedado en meros caprichos personales o callejones experimentales sin salida. Durante el último año se ha divorciado por enésima vez y ha afrontado la pérdida de su padre y de su hijo mayor, el último por culpa de ese mazazo inexplicable que es la muerte súbita. Pero Mike no se ha rendido.

Mike Oldfield

Ha abierto una ventana (varias cuentas de Facebook) en su torre de marfil para dejar entrar las voces de sus muchos seguidores y pedirles consejo, y todos juntos, él y nosotros, nos hemos dado cuenta de que su música es mejor cuanto mayor es su libertad para componer, para tocar a discreción los muchos instrumentos que domina. Mike quería volver al principio, regresar a sus mejores años (los de Ommadawn) grabando un disco acústico instrumental espontáneo y libérrimo, poco menos que una maqueta que saldría a la venta tal cual, sin mucha ingeniería, sin mucho retoque. Estos aspectos representan a su vez los mayores defectos de Return to Ommadawn: una cierta torpeza en algunos arreglos, una confianza excesiva en la improvisación de varios fragmentos, un par de notas aquí y allá ejecutadas con indecisión. En todo lo demás, Return to Ommadawn es el sueño dorado del seguidor de Mike Oldfield de siempre.  

Una imagen del libreto del CD.

Te sientes en una nube escuchando el sonido cristalino de las guitarras (protagonistas absolutas) en sus múltiples desarrollos melódicos durante los primeros 15 minutos del álbum, flotando con placidez entre los fondos etéreos y lejanos en la línea de Hergest Ridge; y cuando piensas que ya es suficiente, que ya tienes más de lo que se podía esperar, la combinación de percusiones, coros y guitarra eléctrica épica nos devuelve inesperadamente a los grandiosos finales de los clásicos oldfilianos setenteros. Lo que algunos aficionados señalan como un anticlimax al final de la primera suite es en realidad un preámbulo a la segunda. Da la sensación de que, como sucedía en Amarok, Return to Ommadawn es una sola pieza musical partida en dos por aquello de su edición en vinilo a dos caras. En cualquier caso, la segunda mitad de la obra está presidida por una dulcísima melodía que se va y vuelve hasta en tres ocasiones, con diferentes arreglos en cada caso y con transiciones y desarrollos de por medio cada vez más inspirados, más imaginativos.

Para cuando alcanzamos el tramo final del álbum, una ágil y divertida pieza de corte celta con simpáticos sampleados de la inolvidable On Horseback, nos hemos dado cuenta de que el genio de Oldfield ha ido despertando, creciendo exponencialmente según avanzaba su partitura. De haber durado 15 o 20 minutos más, quién sabe si Return to Ommadawn no habría alcanzado del todo las excelencias de su ilustre antecedente. Tal como es en realidad, hipótesis aparte, este álbum es uno de los mejores de su autor, el mejor desde principios de los noventa y, a estas alturas, una demostración de talento latente que dejará boquiabierto al más pesimista. Llegamos a la conclusión de que Mike Oldfield no es el artista en decadencia que muchos quieren ver, porque Return to Ommadawn podría pasar por el debut de un joven músico inconformista bullendo de inspiración que intenta hacerse un hueco antes de ponerse a crear una carrera sólida.

En la página oficial hay una galería de fotos con los instrumentos del álbum. 
También está esta otra...

Oldfield toca todos los instrumentos y ejerce como discreto ingeniero de un álbum que, aun conteniendo un par de fragmentos bastante artificiales, destaca como un todo orgánico, puro y vitalista que fluye a la perfección y crece más y más con cada escucha. Aun siendo austero en los arreglos, melódicamente es riquísimo, y todos sabemos que esa es precisamente la parte más meritoria por ser la más complicada. Oldfield confía más en su genio que en su experiencia, y por mucho que hubiese estado bien equilibrar un poco más la balanza, gana la apuesta con creces. Return to Ommadawn es, si no una nueva obra maestra del nunca suficientemente reconocido genio de Berkshire, una luz de esperanza en tiempos de miseria creativa general, cuando solo los más grandes son capaces de confortar a los hambrientos de belleza.

Return to Ommadawn está disponible en descarga digital, LP, CD normal (estuche de plástico rígido, menos mal) y una edición limitada con CD y DVD de audio en 5.1 (en digipack).

Desciende de su astada montura y ve que en mitad del valle le espera la ciudad-santuario que ha estado buscando, erigida sobre el caparazón de la bestia sagrada de la imaginación, que ni el tiempo ni los elementos pueden doblegar. Tira de las riendas de Fandom y ambos se disponen a cruzar las puertas guardadas de la fortaleza eterna. Pronto caminará por sus callejas estrechas y en sus tabernas se regocijará con los viejos sabores de la cerveza y el queso que conoció en su juventud. Ya no es el mismo hombre presto a la aventura que un día fue, pero lo que queda de aquel muchacho soñador se agita de júbilo en sus huesos molidos por el frío y los golpes del camino. Por fin está en casa. Por fin ha regresado a Ommadawn.

9 comentarios:

Ferro dijo...

Hola conde, mencionas que Oldfield es uno de los tres grandes nombres de la música popular instrumental contemporánea. Perdona la ignorancia, ¿pero quienes son los otros dos?

José Ignacio dijo...

Yo entiendo que los otros dos nombres a los que te refieres son Jarre y Vangelis.

Gran trabajo de Oldfield. Me ha transportado a tiempos pasados a los que que pensé que este hombre no me volvería a transportar. El disco tiene sus carencias, pero creo que es de lo mejorcito que ha hecho Mike desde aquel Songs of a distant earth.

El conde dijo...

Ferro, lo de los tres grandes es más una convención comúnmente aceptada que una realidad objetiva. Si dejamos fuera a los músicos de ámbito clásico (o sea, no estrictamente "popular") como Philip Glass, Nyman o Mertens, amén de a los músicos del cine como Williams o Morricone; y si dejamos también a un lado a grandes personajes tristemente menos conocidos por las masas como Edgar Froese o Klaus Schulze, llegaremos a la conclusión de que Oldfield, Vangelis y Jarre son los más célebres. Cabe preguntarse si no debería ser un cuarteto en el que incluiríamos a Brian Eno, pero en fin, la convención es esta. Es más que discutible, por supuesto.

phelbo dijo...

Aun no lo he oido, no ha llegado a las tiendas aca en México, lo espero con muchas expectativas. Pero leyendote aumentan mas las ansias, Gracias por tu blog

Can Zoso dijo...

Me ha encantado el disco. Me alegra infinito esta vuelta a una etapa mágica de su discografía. A pesar de la edad y de ciertas deficiencias nivel de producción, creo que es un disco brillante.
Mike Oldfield es el mayor genio contemporáneo de la música instrumental. Y punto.

Juan Pini dijo...

Bastante de acuerdo con lo que dices, Conde (y felicidades por el relato que abre y cierra el post). Con todos sus "peros" podría decirse que esto es lo mejor que ha hecho Oldfield desde Amarok en su faceta instrumental (su anterior aventura pop también me gustó).Quizá lo peor sea el título, ya que puede generar unas expectativas que luego no se cumplen; a mí por ejemplo me recuerda más a "Guitars" que al "Ommadawn" original, lo cual por cierto está muy bien: "Ommadawn" sólo hay uno y hacer con él otro "Tubular Bells II" hubiera sido un error. Me encanta además que se haya recuperado el formato Lp como referencia: dos caras de unos 20 minutos cada una, para qué más...
(Por cierto, ayer entrevistaron a Oldfield en la Cadena Ser y "amenazó" con un Tubular Bells 4. No sé si echarme a temblar.)

José Ramón dijo...

Considero que aún me faltan unas cuantas escuchas para hacer una apreciación equilibrada y justa del disco, pero mi primera impresion tras escuchar la mezcla 5.1 es que se lo podía haber currado un poco más. Me parece que en ocasiones va de un sitio a otro sin mucho sentido. En fin, de momenrto me ha dejado un poco indiferente pero, insisto, aún debo escucharlo más.

Genesis Turia dijo...

Excelente reseña Compi !. Lo de dividir el disco en dos suites de ventitantos minutos, yo lo veo más como un guiño a sus primeras obras que otra cosa. Podría haber sido una pieza completa sin problemas. Es que un disco clásico de Oldfield sin su part 1 y su part 2 no es lo mismo, jeje.

Winterland Zaragoza dijo...

Precioso álbum, precioso leitmotiv. Lo dicho por el autor, 10 minutos más y entra en mi olimpo Oldfield. Una pena que no contara con un coro similar al de Ommadawn, en vez de usar muestras de sample de dicho coro. Maravilla.

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