martes, 26 de junio de 2012

30 años de Blade Runner.


Otro motivo para acordarnos de Vangelis estos días (y ya van doscientos). La mítica película de Ridley Scott de 1982 es todo un hito del género de ciencia-ficción y, aun hoy, el epítome definitivo de la estética visual del cine fantástico. Pocas veces se logró una fusión tan perfecta entre imágenes y sonido, en favor de una inmersión total del espectador en el argumento del filme. Blade Runner, treinta años después, sigue pareciendo que se rodó la semana pasada. Solamente las arrugas que hoy surcan el rostro de Harrison Ford dan testimonio de los años transcurridos, porque ningún otro elemento del mito de los ochenta -y mucho menos su música- parece haber quedado obsoleto. Quizá dentro de treinta años, y aun habiendo rebasado largamente aquella fecha de "noviembre, 2019", volvamos a sorprendernos ante lo que aquel equipo artístico logró en el '82. Un par de minutitos de fascinación:

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