jueves, 1 de septiembre de 2011

Roger Eno - BETWEEN TIDES



1. Dust at Dawn (The Last Cowboy in the West) (3:54)
2. Field of Gold (3:35)
3. Prelude for St Joan (3:30)
4. Ringinglow (2:10)
5. The Frost (4:30)
6. One Gull (3:22)
7. The Silent Hours (3:30)
8. Between Tides (2:05)
9. Winter Music (4:09)
10. While the City Sleeps (4:20)
11. Sunburst (3:13)
12. Autumn (7:34)
13. Almost Dark (3:54)

En 1854, el escritor y filósofo norteamericano Henry David Thoreau se refugió durante meses en una cabaña en mitad de una enorme extensión de bosques a medio explorar. Como resultado dio a luz una de las obras cumbres de la literatura de su tiempo, Walden, en el que relata sus vivencias en íntima comunión con los elementos. Escuchar Between Tides (1988) supone una clase de experiencia cercana a ese abandono absoluto del asceta ante los ciclos naturales, en muchos sentidos.

Roger Eno
Su autor es Roger Eno, un hombre que, lejos de acomodarse en un rol de hermanísimo e ilustre colaborador del célebre Brian, logra aquí un trabajo que justifica de cabo a rabo cualquier otra cosa que haya hecho o haga en el futuro con su propia carrera. No sabría explicar muy bien, a corazón abierto, en qué consiste el mérito de Between Tides ("Entre mareas"), pero sí que soy capaz de dar una opinión con la cabeza: es ambient y música clásica, todo al mismo tiempo, mezclado pero no agitado como diría James Bond. Los temas tienen un corte y una estructura clásicos, en la línea de algunos compositores que en su día recrearon con formalidad académica melodías más o menos folclóricas de sus respectivas tierras. La gravedad y ejecución instrumental de los temas es clásica, pero su alma es popular. Y es música ambient rabiosamente vanguardista, porque cada una de las notas que escuchamos parece esconder un pequeño universo de sensaciones en su interior, lo que en manos de gente como Brian Eno y Robert Fripp llamaríamos "soundscapes", es decir, paisajes sonoros que son capaces de plasmar en nuestra imaginación imágenes con una cualidad más geográfica que meramente sentimental. Lo que hace aquí Roger Eno es pintar amplios horizontes y puestas de sol con música, y el resultado es apabullante.

Versión estadounidense de la portada, levemente distinta.
Todo el asunto Walden con el que pedantemente comenzaba esta entrada viene al caso precisamente por eso, porque los paisajes sonoros de Roger parecen fluir de forma natural, como lo haría el viento sobre las grandes praderas o un bucólico riachuelo, con la enormidad telúrica de lo que no es obra humana y está sujeto a ciclos cósmicos que se nos escapan; y al mismo tiempo poseyendo todo ello una sencillez campechana inexplicable, tanto que somos capaces escuchar una obra tan seria y a la vez tan amable como Between Tides como si llevásemos oyendo (digo oyendo, no necesariamente escuchando) algo parecido desde la cuna. Roger Eno logró tocar una fibra universal que todos debemos llevar dentro como parte de nuestra naturaleza, invitándonos de paso a convertirnos un poco en ermitaños en nuestra propia mente mientras escuchamos el álbum.

Contraportada del CD.
También los títulos de los temas nos hacen pensar en esta estrecha conexión con lo esencial, con lo natural, aunque hay referencias claras hacia el lejano oeste bastante obvias en el inicial Dust at Dawn (The Last Cowboy in the West), un corte que recuerda a lo que haría después Angelo Badalamenti en The Straight Story. Los temas del álbum no parecen especialmente diversos en una primera escucha, aunque luego van tomando forma propia. Domina en todos ellos la presencia del violín y el piano, este último en manos del propio Eno, y en algún caso recordando sin tapujos alguna melodía clásica que invito a los oyentes a buscar cuando lo escuchen. Algo más originales que el resto de temas son Winter Music y su ambientación invernal, el minimalismo exquisito de The Frost y la sobria The Silent Hours. Un disco brillante que hay que escuchar a solas, aunque en lo más profundo de un bosque quizá no haya Spotify.

Winter Music.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...