jueves, 2 de diciembre de 2021

Pink Floyd - A MOMENTARY LAPSE OF REASON


1. Signs of Life (4:24)
2. Learning to Fly (4:52)
3. The Dogs of War (6:10)
4. One Slip (5:05)
5. On the Turning Away (5:42)
6. Yet Another Movie (6:14)
7. Round and Around (1:13)
8. A New Machine (Part 1) (1:46)
9. Terminal Frost (6:17)
10. A New Machine (Part 2) (0:38)
11. Sorrow (8:47)

Con la reciente publicación de su edición remasterizada y revisada, he vuelto a prestar atención a uno de los álbumes de Pink Floyd que menos me habían llamado la atención la primera vez. Ojo, porque no estoy hablando de que esté personalmente en contra de que la banda siguiese adelante sin Roger Waters en los años ochenta, sino que me refiero a que me pareció un disco con poca "miga", con poca consistencia interna, que incluso al lado del también muy polémico The Division Bell (1994) me pareció un poco flojo.

David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright en 1987. 
Por motivos legales, Wright no podía figurar como miembro oficial de Pink Floyd,
de modo que, en lugar de esta foto, en el álbum se publicó otra casi idéntica, pero sin él.

A Momentary Lapse of Reason ("Un lapso momentáneo de la razón", 1987) fue el primer álbum de Pink Floyd publicado tras The Final Cut (1983), que hasta en el título sonaba a despedida. Algunos pormenores contractuales estuvieron cerca de impedir que el nombre de Pink Floyd pudiese ser utilizado por el resto de la banda tras la salida de Waters, que en realidad nunca quiso separarse de los demás sino directamente disolver la formación y echar el cierre. A David Gilmour y Nick Mason, secundados desde un rincón discreto por Richard Wright, simplemente les picaba el gusanillo de continuar con la marca de la casa, a sabiendas de que sus álbumes en solitario (algunos de los cuales eran más que respetables) nunca tendrían el mismo sex-appeal para el gran público. Mientras resolvían a trancas y barrancas la cuestión legal con Waters, y contando con colaboradores como Bob Ezrin, Anthony Moore o Phil Manzanera, se dispusieron a crear nueva música de la manera en que solían hacerlo: reuniéndose para improvisar y seleccionando después alguna de las melodías que surgían espontáneamente para desarrollarlas como temas completos.

Learning to Fly

Si bien nunca asumió un liderazgo oficial de la banda como sí llegó a hacer de forma explícita Waters, David Gilmour llevaba la iniciativa con una cierta cantidad de material más o menos ya preparado, y Mason y Wright en realidad no aportaron gran cosa al sonido final del álbum. Está mal decirlo, pero salvo por el interés compartido de que el álbum llevase el nombre de Pink Floyd, podría haber sido perfectamente un disco de Gilmour con los míticos batería y teclista como colaboradores. La versión original de A Momentary Lapse of Reason contiene una gran cantidad de arreglos electrónicos y sampleados, incluyendo secuencias de batería pregrabadas, que camuflan en buena medida las aportaciones de Mason y Wright y restan algo de fuerza al álbum. 

Portada de los singles Learning to FlyOn the Turning Away.

El contenido del disco, tal como explica Nick Mason en el estupendo libro Inside Out (2004), solamente buscaba ofrecer un abanico de sonidos variado y refrescante, huyendo de la relativa monotonía sonora que Roger Waters había ido imponiendo poco a poco desde hacía una década, y que al fin y al cabo ponía la música al servicio de la voz principal y de las letras con compromiso social. No es que David Gilmour renunciase a escribir buenas letras, pero se aprecia que lo importante del álbum que nos ocupa es su paleta sonora. Ni siquiera estamos ante un álbum conceptual, por mucho que los temas estén enlazados unos con otros en la línea clásica de la discografía del grupo. La portada, obra del habitual Storm Thorgerson, recoge varios elementos en referencia a los títulos de los temas.

On the Turning Away

Prestando la debida antención, he podido apreciar que en realidad no hay mucho material de relleno en A Momentary Lapse of Reason. Learning to Fly ("Aprendiendo a volar"), inspirada en las lecciones de vuelo que recibían entonces Gilmour y Mason, es un poco superficial pero tiene un nosequé que suena como se supone que debía hacerlo Pink Floyd en la radio de los ochenta. On the Turning Away ("En el rechazo"), por su parte, es una balada rock grandilocuente cuya melodía tiene cierto sabor a himno celta. Y Sorrow ("Pesar"), que no es precisamente una maravilla por su complejidad compositiva, sí que tiene una factura épica muy potente que, sin lugar a dudas, funciona. Los instrumentales también son estupendos, tanto el introductorio Signs of Life ("Señales de vida") como Terminal Frost ("Escarcha terminal"). No son desdeñables ni The Dogs of War ("Los perros de la guerra") ni One Slip ("Un resbalón"), aunque a mí se me hacen un poco cansinas. Y los temas que quedan por mencionar tienen más una función aglutinante que otra cosa, sin desmerecer.

Portada de la versión revisada.

Hay que decir que A Momentary Lapse of Reason fue como poco en un 50% una excusa para salir de gira. Fue en esta serie de conciertos alrededor del mundo (incluyendo algunos lugares con cierta carga histórica y monumental como el Palacio de Versalles o el Gran Canal de Venecia) donde sí se pudo disfrutar de los tres miembros de Pink Floyd dándolo todo y sin grandes aderezos artificiales. Para muestra, pueden escucharse (y verse) los estupendos conciertos recogidos en los álbumes Delicate Sound of Thunder y Live at Knebworth 1990, también reeditados y restaurados recientemente. La nueva edición de A Momentary Lapse of Reason, que estaba ya incluída en el cofre de precio absurdo The Later Years 1987-2019, rebaja medianamente esta capa de barniz electrónico que mencionábamos para dar un poco más de protagonismo a los instrumentos de Mason y Wright, y por eso sospecho que en adelante terminará por convertirse en la versión del álbum que quede establecida como la oficial. Ya veremos. De momento, este reencuentro con Pink Floyd me ha gustado.

Sorrow

jueves, 18 de noviembre de 2021

Edgar Froese - EPSILON IN MALAYSIAN PALE


1. Epsilon in Malaysian Pale (16:26)
2. Maroubra Bay (17:00)

Como siempre es un placer volver a los felices años setenta, en los que la música popular dejaba espacio para propuestas de lo más originales, retomamos uno de los álbumes cósmicos esenciales del añorado Edgar Froese, fundador de Tangerine Dream.

Edgar Froese

Epsilon in Malaysian Pale (1975) se grabó justo después de la gira de Tangerine Dream en la que presentaron el álbum Rubycon, y durante la que Froese tuvo ocasión de visitar, entiendo que como tantos otros turistas, la jungla de Malasia. Si la mayoría de álbumes de música cósmica en la línea de la Escuela de Berlín se inclinaban hacia el mundo de las nuevas tecnologías y de los viajes espaciales y la ciencia ficción como fuente de inspiración, aquí Froese viaja a otro tipo de cosmos. No menos envolvente, no menos capaz de originar música horizontal que sugiere ingravidez. 

Jerome Froese, en la funda desplegable del vinilo.

Froese nos sumerge en la sofocante selva malaya en la primera mitad del álbum, comenzando con un prólogo a base de goteos y aves exóticas, también con algún pasaje extrañamente industrial, y nos lleva desde esa clase de paisajes untuosos y nebulares que siguen haciendo las delicias del oyente en álbumes como el clásico Phaedra hacia otras estancias más nerviosas, más cercanas quizá al mencionado Rubycon.

Epsilon in Malaysian Pale

En su segunda cara, Edgar Froese viaja hacia una playa a las afueras de Sidney, Australia. El tema se llama como el lugar, Maroubra Bay, y de nuevo se centra en una serie de rápidas secuencias hipnóticas de sintetizador, esta vez con un tono un poco menos tamizado, menos orgánico y un tanto oscurantista.

Maroubra Bay

Por lo general, los discos en solitario de Froese se conciben como lanzamientos relativamente menores con una finalidad más comercial que artística, quizá porque no siempre arriesgan musicalmente más allá de lo que el entonces trío Tangerine Dream realizaba en sus álbumes "gordos", pero hay que decir que este Epsilon in Malaysian Pale alcanzó una notoriedad extra al ser mencionado por David Bowie como influencia directa para su célebre trilogía de Berlín, ya que escuchaba repetidamente el disco que nos ocupa durante su estancia en la capital alemana. No lo considero un imprescindible, pero si (como yo) llevas tiempo sin escuchar música de este estilo, te va a encantar.

martes, 19 de octubre de 2021

"A Momentary Lapse of Reason" y "Animals": la guerra fría de Pink Floyd que nunca termina.

Muchos ya sabréis que en breve se publica una versión revisada, regrabada, remezclada o yo qué sé (ya veremos en qué consiste exactamente la cosa) de A Momentary Lapse of Reason, el álbum que David Gilmour y Nick Mason publicaron en 1987 bajo el nombre de Pink Floyd y con Rick Wright como músico contratado. Pero resulta que, aparte del relativo hartazgo que puede producir el que últimamente desde Pink Floyd solo nos lleguen cofres y cajas a precios astronómicos con poco o ningún material realmente fresco, se da la coincidencia de que hay un lanzamiento "paralelo" que de momento está en el congelador.

A Momentary Lapse of Reason, remix de 2019.

Resulta que Roger Waters tiene entre manos una nueva versión del álbum Animals (1977) de 2018 que lleva ya cuatro años esperando una fecha definitiva de publicación. Se trata de un remix llevado a cabo por el ingeniero James Guthrie que, por lo que parece, en lo musical cuenta con el beneplácito de todos los miembros supervivientes de la banda, y cuya portada ya apareció en la exitosa exposición Their Mortal Remains, inaugurada en 2017. Solo Roger Waters parece interesado en promocionar este lanzamiento, porque Gilmour lo ha estado vetando legalmente y Mason es feliz tocando con la banda-tributo de sí mismo.

Parece que el problema está en el material impreso que acompaña al álbum, en el que un tal Mark Blake, seguramente al dictado de Waters, se pone a desgranar anécdotas que dejan a Gilmour en mal lugar respecto a determinadas ideas que uno de los dos tuvo durante la gestación del disco, y de las que el otro quiere supuestamente apropiarse. Se supone que en los últimos años Waters y Gilmour han limado algunas asperezas, pero en cuanto se ponen a escarbar en los detalles de sus años de gloria empiezan a surgir estos roces sobre egos y genialidades. Desde luego, el que Gilmour y Mason no dejen a Waters publicar nada en el Facebook oficial de Pink Floyd es sintomático.


Animals, remix de 2018.

Está claro que Roger Waters, siempre megalómano, aquí intenta erigirse en responsable de casi todo en Animals, incluyendo el cerdo hinchable, y de paso subraya su autoría absoluta de The Wall y hasta del sonido de la caja registradora del tema Money. A Gilmour no le ayuda, de cara a la galería, el que en los últimos años parezca querer colarnos a su esposa, la escritora Polly Samson, como poco menos que el "quinto Floyd" durante los últimos años de la banda. Waters no se olvida de mencionarla.

Roger Waters se va de la lengua en YouTube.

Sin entrar en valoraciones personales que no vienen al caso, a mí me interesa un poco más la remezcla de Animals, pero por supuesto escucharé las dos con muchísimo gusto. El 29 de octubre se publica A Momentary Lapse of Reason, y Animals está previsto para junio de 2022, después de negociar y renegociar lo que aparecerá finalmente escrito en el libretillo. Ambos álbumes saldrán en multiformato (CD, DVD, BluRay, vinilo, mp3, casete, minidisc, cartucho de ocho pistas, cilindro de gramófono, disco de pizarra, voz de una sirena en el interior de una caracola marina y lo que se tercie), en estuches de coleccionista del estilo ya conocido, de los de 50 euros mínimo. Se los pediré prestados a mi amigo Torrente.

sábado, 9 de octubre de 2021

Hans Zimmer - DUNE


1. Dream of Arrakis (3:08)
2. Herald of the Change (5:01)
3. Bene Gesserit (3:54)
4. Gom Jabbar (2:00)
5. The One (2:30)
6. Leaving Caladan (1:55)
7. Arrakeen (2:16)
8. Ripples in the Sand (5:14)
9. Visions of Chani (4:27)
10. Night on Arrakis (5:03)
11. Armada (5:09)
12. Burning Palms (4:04)
13. Stranded (0:58)
14. Blood for Blood (2:29)
15. The Fall (2:32)
16. Holy War (4:20)
17. Sanctuary (1:50)
18. Premonition (3:30)
19. Ornithopter (1:54)
20. Sandstorm (2:35)
21. Stillsuits (5:31)
22. My Road Leads into the Desert (3:52)

Con el retraso del estreno americano de Dune (2021), su publicación en formato físico no está fechada hasta octubre, pero los de WaterTower Music han tenido la gentileza de distribuir esta BSO en formato digital y hasta de colgarla al completo en YouTube para que podamos escucharla quienes ya hemos asistido al estreno. Dune, la película de Denis Villeneuve, no es un simple espectáculo palomitero, sino una experiencia audiovisual muy potente que roza lo experimental y que en muchos casos se apoya más en las imágenes y el sonido (incluyendo la música) que en los diálogos para exponer aspectos esenciales de la trama. Creo que Hans Zimmer, en lo que le toca, ha estado a la altura.

Hans Zimmer (de la página Slashfilm).

La novela de Frank Herbert de los años sesenta parece poseer un aura especial que la ha convertido en tema recurrente incluso desde el punto de vista de las "nuevas músicas", donde varios artistas la han abordado con resultados interesantes. Incluso las grabaciones que están directamente relacionadas con sus adaptaciones al cine han dejado tras de sí magníficos álbumes, como la BSO de la película de David Lynch y la del documental sobre el frustrado proyecto de Jodorowsky. En el caso de la nueva obra musical de Hans Zimmer, tal vez podamos llegar a conclusiones distintas sobre sus virtudes, pero es evidente que su efectividad se apoya tanto en el hecho de que el alemán es fan de la novela como en la certeza, para mí evidente, de que el díptico de Denis Villeneuve (la segunda parte está pendiente de confirmación todavía) está destinado a ser la adaptación definitiva de uno de los libros de culto por antonomasia y el compositor se ha venido arriba.

Dream of Arrakis

Me refiero a que Zimmer ha sabido captar el carácter horizontal, casi planeador, de las atmósferas que quiere subrayar con su música, demostrando un conocimiento del material con el que trabaja que es más profundo que el de muchos compositores de su gremio cuando abordan un trabajo para el que se les contrata. Da igual que seas defensor o detractor de algunas tendencias puntuales discutibles de este artista, porque si exceptuamos algún pasaje de acción poco relevante, su BSO para Dune es cualquier cosa menos genérica. La propia película en sí es un puro deleitarse en el amor a este universo ya clásico de Arrakis, sus intrigas políticas y sus gusanos de arena gigantes, y en todo momento se aprecia que la película y su música se apoyan mutuamente, se empujan para que ninguna de ambas baje ni por un instante su nivel de magnificencia. No es que Hans Zimmer haya logrado algo tan bestia como lo de Howard Shore y El señor de los anillos, pero creo que en algún momento ha llegado a transitar un camino parecido hacia la monumentalidad.

Leaving Caladan

No sé hasta qué punto Hans Zimmer ha llegado a plantear la partitura en clave de leitmotivs, y si es cierto que podemos identificar algunos (la nobleza trágica de los Atreides, los sueños de Paul sobre Chani, el carácter exótico e indomable de los Fremen, las maquinaciones de las Bene Gesserit...), no se busca en ningún caso tejer un tapiz tan complejo y musicalmente detallado como el de Shore. Siendo Zimmer un pintor de estilo más impresionista, de pincel más grueso, consigue que su obra parezca haber sido interpretada por músicos del propio Arrakis, con instrumentos difíciles de identificar, una peculiar guitarra eléctrica que aparece un par de veces, unas gaitas marciales en el tema Armada y diferentes variaciones de voces humanas que buscan recrear alguna clase de música sacra de un futuro abismalmente lejano. La contrapartida de estas virtudes es que, si bien esta BSO supone una impecable cadena de aciertos a la hora de contribuir a la puesta en escena de la película, el álbum editado difícilmente consigue funcionar como una narración autónoma en una línea de música sinfónica programática, por mucho que sea una obra musical muy bella y satisfactoria. Nadie ha dicho que tuviese que hacerlo.

Premonition

Desde luego, está claro que aquel Hans Zimmer de las melodías ruidosas e invasivas de hace años (Gladiator, Pearl Harbor, Piratas del Caribe) va quedando atrás en favor de una aproximación más madura y humilde (en el mejor sentido de la expresión) que contribuye al "todo" que es la película y lo perfecciona sin alardes innecesarios. Zimmer está cimentando su prestigio a base de aceptar que menos es más, que se puede deslumbrar componiendo bandas sonoras que están al servicio de la historia incluso si decide no contar con ningún temazo tarareable. No todas sus obras más celebradas de los últimos años me han entusiasmado (sigo pensando que Blade Runner 2049 está lastrada por su nefasta edición en álbum aunque su música sea respetable, y que lo de Interstellar es jugar sucio), pero hora mismo no hay nadie en Hollywood que le haga sombra dentro de su estilo electrónico-orquestal.

Portada de The Dune Sketchbook.

Zimmer busca en todo momento apurar sus propios límites con piezas que explotan al máximo el sonido Dolby Atmos con sonidos innovadores, envolventes. Tan inspirado se encuentra el alemán que ha compuesto otros dos álbumes completos en paralelo a esta banda sonora. The Dune Sketchbook contiene una selección de piezas de la película expandidas, en general en una línea ambient y con la colaboración de nuestro admirado Klaus Schulze en el tema final Grains of Sand ("Granos de arena"). El temazo House Atreides también es una gozada.

Grains of Sand

House Atreides

Tal vez la semilla de todo este concepto fuese plantada por aquel Prophecy Theme que aportó Brian Eno a la BSO de la versión de Dune de 1984, sin que en este caso ello implique nada más que una posible inspiración. Está claro que entre Eno y el mencionado Schulze dieron en el clavo con sus ya clásicas visiones del universo Dune, y Zimmer habría sido tonto de no haber edificado su obra sobre tan sólidos cimientos.

Portada del libro The Art and Soul of Dune.

El tercer álbum, titulado The Art and Soul of Dune, se publicará a finales de octubre. Se trata del acompañamiento para un libro tipo "cómo se hizo" sobre la película y consistirá en nuevas variaciones sobre los temas de la BSO. Tanto esta como el Sketchbook pueden adquirirse ya en formato físico, y aunque no sabemos si el tercer álbum tendrá únicamente una versión digital, sabemos que se podrá descargar de forma gratuita. Sean en CD o en digital, los tres álbumes parecen destinados a hacer las delicias de los aficionados a estas músicas nuestras durante muchas horas.

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