Mostrando entradas con la etiqueta tecnopop. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tecnopop. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de diciembre de 2022

Art of Noise - BELOW THE WASTE


1. Dan Dare (6:01)
2. Yebo! (7:11)
3. Catwalk (5:29)
4. Promenade 1 (0:33)
5. Dilemma (3:01)
6. Island (5:49)
7. Chain Gang (3:07)
8. Promenade 2 (0:38)
9. Back to Back (3:53)
10. Flashback (1:45)
11. Spit (3:31)
12. Robinson Crusoe (3:48)
13. James Bond Theme (5:19)
14. Finale (2:38)

Creo que este era el último disco de estudio de Art of Noise que nos quedaba por comentar por aquí. Lo escuché por primera vez para escribir una entrada hace años, pero por unas cosas u otras se quedó en el cajón. Seguramente no muchos lo habrán echado de menos, ya que es uno de los trabajos de menos éxito de la formación británica. El caso es que yo mismo me veo inclinado a coincidir con los críticos, que en su día no le dieron el aprobado, pero me parece que es un álbum con tantas ideas dentro que tirarlo todo a la basura es ir demasiado lejos.

Imagen de la parte posterior del libretillo del CD, que era también la trasera del vinilo.

De los Art of Noise originales solo quedaban dos: la compositora Anne Dudley y el músico electrónico y profesor J. J. Jeczalik, pero el planteamiento general de Below the Waste ("Debajo de los desperdicios") está en una línea parecida a la de trabajos anteriores. Por ponernos al día, explicaremos brevemente que The Art of Noise surgió como un proyecto colaborativo, quizá más experimental que comercial, entre figuras musicales (no necesariamente compositores) que buscaban un estilo vanguardista caracterizado por el uso a discreción de samples y ritmos "enlatados" para crear atmósferas posmodernas y a la vez accesibles, un poco pop, un poco funky, un poco a lo prog y new age según el día, para un público amplio.

El videoclip oficial de Yebo!

En Below the Waste (1989) no falta, por ejemplo, esa versión un poco "kitsch" de un tema que todo el mundo conoce: el tema de James Bond, de Monty Norman, que después fue ofrecida para una de las películas de 007 protagonizadas por Timothy Dalton y que la productora rechazó. Supongo que fue un intento de hacer algo parecido a lo que después harían dos de los componentes de U2 con el tema de Misión: Imposible. Gran parte del material que contiene Below the Waste suena poco fresco, como si explotase los últimos restos de una veta ya agotada, a veces estirando simples ocurrencias hasta convertirlas en un cliché, como en la desafortunada Catwalk ("Pasarela"), que seguramente contribuyó a que muchos críticos comparasen a estos Art of Noise crepusculares con creadores de jingles publicitarios venidos a más.

Una versión ligeramente remezclada de Island.

Lo que sí funciona bien es la idea, desarrollada en varias partes del álbum, de mezclar la electrónica del grupo con arreglos de orquesta clásica o con sonidos étnicos africanos (interviene el grupo zulú Mahlathini and the Mahotella Queens), aunque creo que estos últimos están desaprovechados. El primer tema Dan Dare es muy interesante, como también lo son los instrumentales con el título de Promenade y el finale, el relajante Island y el relativamente parecido Robinson Crusoe, magníficos intentos de chill out diría yo que adelantados a su época. Un poco pesados se hacen Yebo!, el ya mencionado Catwalk, Chain Gang, las insustanciales Dilemma, Back to Back y Flashback, junto con la casi desagradable Spit ("Escupe").

Y el tema de James Bond, con un montaje de escenas de las películas.

Pero, como decíamos, en realidad Below the Waste tiene suficientes buenos momentos como para no ignorarlo. En realidad, y salvo por el hecho que de pasaron diez años antes del siguiente álbum de estudio de Art of Noise, se aprecia que ya hay aquí muchos elementos que conducirían directamente al magnífico The Seduction of Claude Debussy. Visto con distancia, creo que cualquier aficionado al experimentalismo pop de los ochenta tiene que tener en su colección Below the Waste por los mismos motivos que el resto de discografía de la banda.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Yellow Magic Orchestra - SOLID STATE SURVIVOR


1. Technopolis (4:14)
2. Absolute Ego Dance (4:37)
3. Rydeen (4:26)
4. Castalia (3:31)
5. Behind the Mask (3:36)
6. Day Tripper (2:40)
7. Insomnia (4:57)
8. Solid State Survivor (3:58)

El segundo álbum de la Yellow Magic Orchestra, publicado en 1979 y titulado Solid State Survivor ("Superviviente en estado sólido"), fue el de su explosión comercial y también su mayor éxito popular. Vendió dos millones de copias, uno de ellos en el mismo Japón. Su disco anterior Yellow Magic Orchestra (1978) avanzaba las claves de este boom, aunque el toque experimental de aquel, por ejemplo utilizando melodías y efectos sonoros de videojuegos tal cual, aquí se suavizó en una línea de pop electrónico y new wave más convencional. Entendámonos: era todo lo convencional que podía ser un trabajo publicado tan tempranamente y fuera del mundo angloparlante.

Contraportada

El disco rezuma optimismo festivo, tal vez buscando al mismo público discotequero de la época en occidente, y con bastante seguridad reflejando el buen momento que se vivía Japón, que durante un breve período en los años ochenta iba a ser el principal rival económico de los EEUU a nivel mundial. No tenían miedo Haruomi Hosono, Ryuichi Sakamoto y Yukihiro Takahashi de juguetear un poco con los tópicos de lo oriental tal como se entendían en el resto del mundo, y que eran una mezcla de lo chino, lo japonés y, si encartaba, algún toque del sureste asiático. Aun así, y tal como se percibía en su disco anterior, el concepto musical en el que se movían los tres artistas era parecido al de unos Kraftwerk más luminosos e intrascendentes, con unos arreglos más elaborados, más diversos (menos gélidamente robóticos) y con mayor inclinación juvenil. 

Solid State Survivor es recordado especialmente por el temazo Behind the Mask ("Tras la máscara"), que aun teniendo una temática ciberpunk, es demasiado optimista para recordar a las claras a la película Blade Runner o a las novelas de William Gibson. Parece que surgió algún tiempo antes como melodía para un anuncio de relojes Seiko, y aunque se han realizado varias versiones del mismo -e imagino que su ritmo se ha sampleado muchas veces-, destaca la que realizó Michael Jackson, que estuvo a un pelo de formar parte del mítico Thriller y hoy puede encontrarse en un álbum póstumo. 

Behind the Mask

También Rydeen alcanzó una gran popularidad, especialmente dentro de Japón, donde se ha utilizado repetidamente y con distintos propósitos con el paso de los años. Habría que estudiar seriamente la influencia que tuvo Rydeen en las bandas sonoras de numerosos videojuegos que recuerdan a horrores a este tema. Destaca su base rítmica rápida y su melodía con un toque romántico.

Rydeen

Por mencionar otro tema representativo, no podemos dejar fuera la versión surrealista que hacen del Day Tripper de The Beatles, con arreglos electrónicos chocantes, la guitarra eléctrica de Makoto Ayukawa y la voz de Takahashi. Parece que los tres miembros de la Yellow Magic eran fans de los fab four, y hay que decir que salen airosos del desafío, precisamente porque lo afrontan con imaginación e iconoclastia

Day Tripper

Destacar unos cuantos temas no implica despreciar el resto, ya que Solid State Survivor tiene esa cualidad indispensable de los clásicos, que es la de no incluir material de relleno. Todos los cortes del álbum son buenos, muy interesantes como mínimo, a menudo dejando espacio para la experimentación. La única pega que se le puede poner es su brevedad, poco más de treinta minutillos que se pasan demasiado rápido. 

Portadas de los singles Behind the Mask y Rydeen.

No creo que los miembros de la banda se tomasen a broma un trabajo tan excelente, pero es un hecho que incluso antes de empezar esta andadura como trío ya tenían sus propias carreras en solitario en marcha, por lo que no se puede descartar que gran parte de la discografía de la Yellow Magic Orchestra fuese una manera de darse a conocer y conseguir un amplio margen para la libertad de creación de cada talento individual, y no tanto un proyecto con continuidad a largo plazo. No obstante, siguieron publicando álbumes de estudio hasta 1983, y hubo una reunión ocasional para un último disco diez años después, sin que esto impidiese que cada uno de los tres músicos continuase con su andadura individual, siendo sin duda Ryuichi Sakamoto el que mayor éxito internacional ha alcanzado. Su discografía abarca desde el tecnopop hasta la música clásica, pasando por el ambient, las bandas sonoras de cine y la world music.

martes, 4 de mayo de 2021

Yellow Magic Orchestra - YELLOW MAGIC ORCHESTRA


1. Computer Game (Theme from "The Circus") (1:47)
2. Firecracker (4:52)
3. Simoon (6:29)
4. Cosmic Surfin' (4:28)
5. Computer Game (Theme from "The Invader") (1:02)
6. Yellow Magic (Tong Poo) (6:19)
7. La Femme Chinoise (5:58)
8. Bridge Over Troubled Music (1:19)
9. Mad Pierrot (4:06)

Es imperdonable que no hayan pasado ya por aquí, pero más vale tarde que nunca. La Yellow Magic Orchestra ("Orquesta Magia Amarilla", con una pincelada racista pero simpática) es uno de los grupos clave para lo que fue la expansión de la música electrónica a nivel popular y comercial. Seguramente sea el hecho de ser una formación no occidental lo que hace que todavía siga siendo hasta cierto punto desconocida para gran parte del público de aquí, porque a todos los efectos estaríamos ante una banda no menos interesante y visionaria que Kraftwerk. En el mercado local japonés, la YMO vivió incluso una época de esplendor desmesurado a finales de los setenta en la que su éxito fue equiparable al de los Beatles en Europa y EEUU.

La portada original (la del comienzo es la internacional).

YMO constaba oficialmente de tres miembros: Haruomi Hosono, Yukihiro Takahashi y el mucho más conocido Ryuichi Sakamoto, a quien sí hemos tenido por aquí varias veces como artista en solitario. Se suele señalar que hubo un cuarto miembro "en la sombra": Hideki Matsusake, que por lo visto era más programador informático que músico. Todos provenían del panorama musical experimental, de bandas de rock psicodélico y progresivo en la mayoría de los casos (Matsusake era ayudante del gran Isao Tomita), conociéndose sobre todo por colaborar alguno de ellos en trabajos de otros, esporádicamente, en labores de producción e ingeniería de sonido. Parece ser que el álbum que nos ocupa, su inicial Yellow Magic Orchestra (1978), iba a ser un experimento más con Hosono como líder.

Trasera de una edición internacional.

Yellow Magic Orchestra, el disco, supone una divertida parodia de lo que en occidente consideramos "oriental", con un sonido totalmente electrónico que combina melodías con sabor japonés castizo de postal, todo con una producción fabulosa y una textura de synthpop mucho más accesible que lo que se hacía entonces. No solo se inspiraron también en la música y los efectos sonoros de los primitivos videojuegos de la época, sino que seguramente influyeron a su vez en el sonido que tendrían muchas maquinitas de los ochenta. Este primer álbum obtuvo un éxito inesperado que condujo a un contrato internacional, y lo que iba a ser un lanzamiento puntual cristalizó en la formación de una banda estable que llegaría a su cumbre creativa con su segundo disco Solid State Survivor (1979).

Firecracker

El álbum comienza con Theme From "The Circus", que es claramente propio de un videojuego arcade (incluye hasta la melodía de la marcha fúnebre, que sonará, supongo, cuando pierdes una vida) y funciona como introducción. Continúa el disco con Firecracker ("Petardo"), pieza definitoria del sonido del álbum y de lo que iba a ser la YMO en adelante, muy divertida, muy japonesa y llena de detalles. Simoon es como una pieza de baile de salón bufa, con una voz en vocoder difícilmente comprensible. Cosmic Surfin', más animada, parece en algún momento una nueva encarnación del clásico Popcorn, aunque también suena como una pieza de baile latino generada en un Amstrad. Theme from "The Invader", el título lo dice, es otro corte videojueguil (del Space Invaders, supongo) que funciona como puente hacia Yellow Magic (Tong Poo), otro tema esencial de la banda, toda una fantasía cósmica ochentera pop-disco amenizada con un bonito piano electrónico.

Tong Poo (en vivo, en 1979).

Con un ritmo más marcado, voces más naturales -en inglés- y algo menos énfasis en la riqueza melódica, sigue el álbum con La Femme Chinoise. Bridge Over Troubled Music (el título parodia el tema de Simon and Garfunkel) es un nuevo experimento más complejo de lo que parece, que seguramente gustaría mucho a los futuros fans de Art of Noise. En Mad Pierrot (¿esto no era una película de Belmondo?), otro tema nacido para ser un single, el sonido de videojuegos y hasta tragaperras y máquinas de bolas es toda una algarabía, otra vez con voces computerizadas. Parece que este tema y el previo Tong Poo inspiraron a los creadores de la serie anime de culto Cowboy Bebop. Y el conclusivo Acrobat, muy sutil referencia circense al desarrollo melódico de la pieza, termina con los mismos sonidos con los que comenzaba el álbum.

Mad Pierrot

Yellow Magic Orchestra no es un trabajo que resulte especialmente actual al depender casi exclusivamente de tecnologías informáticas y musicales totalmente obsoletas, pero está claro que el despliegue de imaginación puede disfrutarse todavía. Imprescindible, sobre todo si no conocías a la YMO. 

martes, 9 de marzo de 2021

Azul y Negro: LA EDAD DE LOS COLORES


1. Me estoy volviendo loco (6:15)
2. No queda paz (3:54)
3. Televisión (3:14)
4. No controlo nada (3:03)
5. La torre de Madrid (3:14)
6. Catedral de sal (3:35)
7. El misterio de la pirámide (3:55)
8. Mar de la Tranquilidad (4:19)
9. La úlitima estrella (2:45)
10. El color del tango (2:38)

Son varias las ocasiones en que lectores del blog han pedido una reseña de algún trabajo de Azul y Negro, y aunque estuve tentado de publicar algo sobre su tema más famoso Me estoy volviendo loco en una entrada de la serie "Esa musiquilla en mi cabeza", creo que la calidad e importancia de su discografía merecen que, al menos para empezar, comentemos la totalidad de este primer álbum de 1981.

No tengo recuerdos de 1981 porque nací solo dos años antes, pero sí que recuerdo que durante toda la que sería esa década iba a viajar a Madrid en Navidad. Eran los años de la Movida, y si bien no tenía edad de entrar a garitos ni a mis padres les iban estas cosas, sí que recuerdo -de años posteriores, obviamente- el ambiente colorista en las calles, los punkis, las chicas con medias de rejilla rotas adrede, las cazadoras vaqueras llenas de chapas. Incluso tengo un primo que era muy fan de Mecano y los había conocido personalmente en alguna ocasión. La música pop en aquella época era omnipresente, y tanto en la radio como en la televisión estábamos inundados de canciones del efervescente panorama nacional. Hasta en los programas infantiles. No era muy fan de la música patria de entonces, y creo que sigo sin serlo, pero mientras escuchaba La edad de los colores hace unos días, se me despertaba la clase de recuerdos que, salvando las distancias, impulsaron a Proust a escribir su obra maestra bajo el influjo del olor de una magdalena.

Contraportada de una edición en CD.

El caso es que los dos componentes de Azul y Negro, los ya veteranos Carlos García-Vaso y Joaquín Montoya, son cartageneros y no madrileños, pero qué más da. La edad de los colores, el primer álbum del dúo, respira esa libertad electrizante de la Movida, sobre todo porque contiene el espíritu innovador que muchos creadores españoles querían dar a sus obras, muchas veces inspirados por lo que hacían los grandes de cada género en el mundo anglosajón, pero casi siempre -como aquí- realizando algo genuino, único. Para ir presentando a Azul y Negro con el tópico de "a quién se parecen", lo tenemos un poco difícil, pero muy grosso modo vienen a ser una mezcla de Kraftwerk, The Buggles, Depeche Mode y los coetáneos Pet Shop Boys. Azul y Negro quisieron ser y fueron durante algunos años la punta de lanza del tecnopop español. 

No controlo nada.

Sin menospreciar la aportación de Joaquín Montoya, creo que es justo afirmar que el motor inicial del dúo fue Carlos García-Vaso (o simplemente Carlos Vaso), que cuando se fundó Azul y Negro ya tenía en su haber una respetable trayectoria como músico de sesión al servicio de los mencionados Mecano, Tino Casal y el mismísimo Nino Bravo, entre otros. Leyendo cualquier texto biográfico sobre el dúo, deduzco que el aglutinante del proyecto fue quien funcionaría como su productor: el polifacético Julián Ruiz, que lo mismo presenta prestigiosos magazines musicales en la radio comercial que produce algunos de los discos de "músicas inusuales" españoles más conocidos de los noventa, del estilo de Elbosco o CCCP. Ruiz bautizó también a Azul y Negro con los colores del Inter de Milán, al que acababa de ver jugar, supongo que siguiendo un criterio puramente dadá. Por extensión, entiendo que también metería mano en algún momento el hoy director de orquesta clásica y compositor Luis Cobos, con quien García-Vaso ya había trabajado, y que con los años también participaría en los mencionados proyectos de Julián Ruiz.

Una imagen promocional.

Yendo a lo puramente musical, los temas de La edad de los colores son sorprendentemente cálidos si entendemos que mucho de lo que se escucha es electrónico. Es verdad que las bases rítmicas son a menudo demasiado potentes y un poco machaconas, pero hay un buen trabajo de composición e ingeniería de sonido que se aprecia en cada matiz. Es probable que algunos cortes tengan una vocación muy comercial (No queda paz, No controlo nada), pero queda bastante espacio para lo experimental, y algunos temas son sorprendentemente delicados pese a su naturaleza en teoría tecnológica (Mar de la Tranquilidad, que es una exquisitez cargada de efectos de sonido retro; o La última estrella, que parece una versión de The Shadows, de algo tipo Apache).

Portada del single Me estoy volviendo loco, igual que la portada de la segunda edición del LP.
La portada original, por cierto, la diseñó Tino Casal. 

Está claro que el temazo que lanzó al dúo a la fama fue Me estoy volviendo loco, que fue la sintonía de la Vuelta Ciclista a España en unos años en los que esto era sinónimo de sonar a todas horas y en todas partes. Recordemos la enorme fama que consiguió en nuestro país, gracias a esto mismo, el mismísimo Jean-Michel Jarre. La cosa es que La edad de los colores se había publicado antes que tan famoso single, que no estaba incluido en el álbum, por lo que se hizo necesario un relanzamiento del mismo con Me estoy volviendo loco como tema inicial. Normal. Y por cierto, recuerdo que no muchos años después volveríamos a escuchar a Azul y Negro en la Vuelta gracias a otro de sus temas señeros: No tengo tiempo, que también debería sonarte. Me estoy volviendo loco y No tengo tiempo son verdaderos himnos del pedaleo ochentero. 

El peculiar vídeo de Me estoy volviendo loco, que hasta ha sido objeto de parodias tronchantes.

Solo me queda recomendar la escucha de La edad de los colores con algo de perspectiva, ya que el sonido del álbum está muy atado a las posibilidades técnicas de su contexto histórico, y por lo tanto es posible que suene extraño a algunos jovenzuelos. Dejando esto a un lado, tendremos entre manos uno de los grandes hitos del pop español, una experiencia musical disfrutable mucho más allá del encanto de la nostalgia. Tenía que estar en este blog.

martes, 25 de febrero de 2020

The Buggles - ADVENTURES IN MODERN RECORDING


1. Adventures in Modern Recording (7:12)
2. Beatnik (3:38)
3. Vermillion Sands (7:12)
4. I Am a Camera (4:56)
5. On TV (3:48)
6. Inner City (3:22)
7. Lenny (3:12)
8. Rainbow Warrior (5:22)
9. Adventures in Modern Recording (reprise) (0:51)

The Age of Plastic (1980) fue un dulce y refrescante trabajo musical de corte futurista, con una afición casi morbosa por la cultura pop. Todo en él sonaba nuevo, distinto, tan cercano a los gustos de un aficionado al tecnopop "hardcore" de entonces como a los de un niño. El éxito enloquecido de Video Killed the Radio Star, no obstante, no contribuyó a la fama personal de Trevor Horn y Geoff Downes de manera paralela a ello, puesto que daba la sensación de ser un grupo un poco de pega, como aquellos Kraftwerk maniquíes de The Man-Machine a los que homenajeaban, o como otros que después jugarían un poco con su imagen personal como Daft Punk o Gorillaz, por poner ejemplos un poco extremos. En realidad, los Buggles (hasta el nombre, algo así como los "bichejos", era una parodia confesa de The Beatles) eran vistos por parte del público como un producto mainstream sin demasiado trasfondo. Ya los propios sucesivos singles del mismo álbum mostraron el claro declive del interés popular. No pintaba bien.

Trasera del librillo del CD.

No sé si se le dio mucho bombo en su día a la inclusión de los miembros The Buggles en Yes para la grabación y gira de Drama, sobre todo porque el progresivo ya no estaba en su mejor momento, pero es bien sabido que el dúo se quemó muy rápido. También desde dentro hacia afuera. Para cuando Trevor Horn se empeñó en lanzar un segundo álbum, hasta Geoff Downes tenía pie y medio fuera de The Buggles, dándose la extraña situación de que Bruce Woolley, que -recordamos- dejó el grupo antes de lanzar primer álbum y le intentó hacer la competencia con las canciones que tenían en común, se ofreció a volver y echar una mano. Podemos considerar grosso modo que Adventures in Modern Recording (1981) es un álbum de Trevor Horn con los otros dos Buggles como colaboradores. Y también es un trabajo crepuscular pese al brevísimo recorrido de la formación, el último capítulo de un libro de dos capítulos. Me refiero a que en él se respira, escuchado hoy a sabiendas de lo que pasó, un clima enrarecido de incertidumbre comercial que su autor principal lucha por compensar con un mayor espíritu experimentador. Trevor Horn consigue morir con las botas puestas.

Geoff Downes, Trevor Horn y una tele que no era 4K.

Adventures in Modern Recording contiene una colección de canciones más diversas entre sí que las de The Age of Plastic, pero en este caso no sé si eso es una virtud. El álbum anterior era más sólido y entraba de un tirón, mientras que la variedad del que nos ocupa hoy lo hace sonar un poco deslavazado, y deja menos poso. Eso no quita que volvamos a encontrar aquí temas excelentes, como el single principal I Am a Camera, que es una versión distinta del Into the Lens del álbum de Yes Drama.

Vídeo oficial de I Am a Camera.

I Am a Camera es más sencilla que Into the Lens, con menos aderezos (no están ahí los requiebros de guitarra de Steve Howe), pero para mi gusto la de Buggles es incluso mejor que la de Yes, con un tremendo sonido de vocoder y un punto de melancolía magnífico. El tema inicial y homónimo al disco tampoco está mal, pero creo que está sobretrabajado de cara a una espectacularidad un pelín impostada y sus cambios de tono no funcionan del todo. Termina muy bien el álbum, antes del epílogo, con Rainbow Warrior ("Guerrero del arcoíris") que, supongo, hace referencia al famoso barco de la ONG ecologista Greenpeace.

Adventures in Modern Recording

Rainbow Warrior

Y luego están los temas que, aun teniendo su mérito en la instrumentación y la producción, me resultan un poco tontos, como Beatnik, o machacones como Lenny. On TV funcionaría en todo caso como el tributo más obvio imaginable a The Robots de Kraftwerk, incluso a su videoclip, y Vermillion Sands se me queda en la tierra de nadie de la medianía. Como decíamos, es muy probable que Horn y compañía estuviesen más volcados en la innovación que en deleite melómano, y es que Adventures in Modern Recording ("Aventuras en la grabación moderna") está considerado como uno de los primeros álbumes en utilizar samples, fragmentos musicales pregrabados. Mucho de lo que escuchamos en este trabajo enlaza de manera directa con el que sería su siguiente gran proyecto personal, Art of Noise, para el que los samples lo eran todo.

On TV

El comentarista del blog José Ramón me pedía alguna anécdota más del anterior The Age of Plastic, y aquí va una muy buena: varios críticos señalaron el parecido sonoro del primer LP de The Buggles con el álbum Consequences (1977) de Godley & Creme, un trabajo conceptual en 3 discos sobre un abogado alcohólico que intenta concertar un divorcio mientras el inquilino del piso de abajo, un músico al que ven por un agujero, intenta protegerlos a todos de un apocalipsis climático gracias a ciertos conocimientos esotéricos. ¡Y como son las cosas! Lol Creme, uno de los autores de esta bizarrada, formaría parte posteriormente de Art of Noise junto a Trevor Horn y una troupe variopinta en la que ni siquiera todos eran músicos. Entre ellos estaba la compositora Anne Dudley, que en Adventures ya figura bajo seudónimo. Dios los crea y ellos se juntan.

We Can Fly from Here 1 y 2

Por ir cerrando de manera exhaustiva esta tanda de entradas, recordaremos que una edición expandida del álbum que nos ocupa incluye las dos partes del tema We Can Fly from Here, que The Buggles ofrecieron para el Drama de Yes pero terminó por dar origen y título al álbum de la banda progresiva publicado en 2011. Como en The Age of Plastic, esta edición de Adventures ofrece también versiones editadas de temas del álbum y alguna pieza descartada. Es mucho más recomendable que el álbum original a secas. 

Y para concluir del todo, recordaremos que en 2010 se produjo el primer concierto propiamente dicho de The Buggles, llamado The Lost Gig. Fue en un pub de Londres, por motivos benéficos, con artistas invitados, con presencia de la realeza, y se interpretó The Age of Plastic en su totalidad. Hay vídeos. Volvemos otro día con otra cosa.

Vídeo Killed the Radio Star
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...