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sábado, 15 de febrero de 2020

The Buggles - THE AGE OF PLASTIC


1. Living in the Plastic Age (5:13)
2. Video Killed the Radio Star (4:13)
3. Kid Dynamo (3:29)
4. I Love You (Miss Robot) (4:58)
5. Clean, Clean (3:53)
6. Elstree (4:29)
7. Astroboy (and the Proles on Parade) (4:41)
8. Johnny on the Monorail (5:28)

No podemos decir que fuese profético, porque en 1980 el uso del plástico estaba más que extendido, pero en estos nuestros tiempos de alerta por su impacto medioambiental, el hecho de que se diese el título The Age of Plastic a un álbum que acaba de cumplir 40 años tiene su aquel. Sus autores, el dúo The Buggles, suelen estar en lo más alto de las listas de "one hit wonders", esto es, grupos y solistas que tuvieron un único éxito convertido en clásico atemporal. ¡Y menudo fue su único éxito, Video Killed the Radio Star! No estamos solamente ante una de esas canciones que cualquiera puede tararear casi de memoria, sino que el poso que dejó con su publicación influyó en buena parte de la música comercial de la década que iba a comenzar.

Parte trasera del libreto de la edición en CD.

The Buggles eran Trevor Horn (bajo, guitarra y voz) y Geoffrey Downes (teclados y percusión), aunque antes de que se publicase The Age of Plastic ("La era del plástico") estaba con ellos también Bruce Woolley, que grabó una versión temprana y más convencional de Video Killed the Radio Star como artista en solitario. The Buggles, simplificando mucho, venían a ser una versión angloparlante de Kraftwerk, pero con aroma a chicle y gominolas, en lugar de a siderurgia y taller mecánico. Su universo musical era una fantasía futurista -hoy deliciosamente retro- que no dejaba de ser una parodia de la sociedad contemporánea de los medios de masas, la televisión y los electrodomésticos del hogar de clase media, la publicidad machacona y los productos enlatados fabricados en cadena.


 
Los singles de The Age of Plastic.

La idea surgió del ansia de Trevor Horn por desarrollar plenamente sus habilidades como productor musical, faceta que hasta entonces no le había dado éxitos al no encontrar temas de otros con los que trabajar. En este sentido, y pese a que The Buggles sólo grabaron dos álbumes, Horn consiguió lo que quería: convertirse en uno de los productores británicos de mayor prestigio, un referente que iría mucho más allá de los géneros electropop y new wave a los que se asocia el sonido del dúo. Tampoco le fue mal a Geoff Downes, aunque de eso hablaremos después, porque la historia tiene mucha miga.

Living in the Plastic Age

Elstree

Centrándonos en The Age of Plastic, lo primero que hay que aclarar es que no es solo el LP donde está Video Killed the Radio Star; todo el álbum es magnífico, divertidísimo, una golosina ochentera colorista que nos hace viajar en el tiempo a quienes recordamos aquellos años de la EGB, nuestra infancia de Airgam Boys y Peta-zetas. Escuchadas hoy, canciones como Johnny on the Monorail, Clean, Clean o Elstree suenan bastante ingenuas, pero en su sólida simplicidad está su belleza. Elementos comunes a todas ellas son el uso del vocoder, el cacharrito que "robotiza" la voz al pegárselo a la garganta (ver portada del disco), los abundantes sintetizadores y los coros femeninos. Ediciones más recientes del álbum incluyen tanto versiones editadas de sus temas originales como otras canciones incluidas en las caras B de los singles, entre ellas la vibrante Technopop, a mi entender (y pese a no estar en el álbum primitivo) el segundo tema más conocido del álbum.

Technopop

Vídeo killed the Radio Star

Varios de los cuatro singles extraídos del álbum contaron con vistosos videoclips. El más conocido, el de Video Killed the Radio Star, fue dirigido por Russell Mulcahy (que después dirigiría la mítica Los inmortales) e inauguró la más famosa cadena de televisión de temática musical, la norteamericana MTV. También es conocido porque cuenta con la presencia a la batería y los teclados del mismísimo Hans Zimmer.

La curiosa historia de The Buggles continúa en la próxima entrada.

martes, 8 de diciembre de 2015

Esa musiquilla en mi cabeza, capítulo 3: "ROULETTE"

Portada del single.

Hace tiempo comentamos aquella simpática colección llamada Synthesizer Greatest, obra de Ed Starink que versionaba diferentes temas fundamentales de la música instrumental, sobre todo electrónic music y algo de new age y tecno pop. Pues bien, fue en el segundo volumen de la saga donde me encontré por primera vez con el interesante tema del que vamos a hablar: Roulette (1983), del dúo Future World Orchestra. No es un tema que todo el mundo conozca, pero el propósito de esta serie de entradas es también divulgativo.

Roulette

A caballo entre el tecno pop y la electrónica planeadora instrumental, Roulette tuvo un moderado éxito popular gracias precisamente a eso, a que suena como el eslabón perdido entre Oxygene y el tema de Miami Vice. El dúo Future World Orchestra estaba formado por Gerto Heupink y Robert Pot, ambos holandeses, y lograron colar unos cuantos temas más en listas de éxito a comienzos de los ochenta, pese a que hoy en día son muy poco recordados. Llegaron a grabar dos álbumes que actualmente gozan de cierta pátina mítica: Mission Completed (1982) y Turning Point (1983), hasta ahora -que yo sepa- inexistentes en formato CD. Es de justicia reivindicar su obra, pese a que la versión bailable que hicieron del tema de E.T. merece castigo físico. Es broma.

El tema de E.T., en vídeo.

El caso es que, de los cinco o seis títulos que fueron éxitos para el dúo, Roulette es con diferencia el que más merece reivindicación, sobre todo porque ha envejecido mucho mejor que sus temas cantados (Desire es un ejemplo). No es solo a causa del carácter atemporal, por naturaleza, de la música instrumental; es también porque en aquellos años había grupos que, siento decirlo por si algún fan se nos enfada, hacían cosas muy parecidas pero mucho mejores en el campo pop. Era más difícil destacar ahí. En todo caso, Roulette, como decíamos, es una gozada gracias a su ritmo potente, a su buena utilización de arreglos cósmicos que no han perdido su atractivo con los años, y a una melodía interesante que fluye de maravilla.

Los dos álbumes de Future World Orchestra.

Roulette llegaría a ser incluso sintonía de una edición del Tour de Francia, uniéndose a tantos otros temas electrónicos que tuvieron aquel honor, nada desdeñable en los tiempos en los que había menos canales en televisión y todo contenido audiovisual alcanzaba a decenas de millones de espectadores. Uno de los componentes del dúo, Robert Pot, retomó el proyecto con el nombre reciclado de Futureworld Orchestra, aunque nunca repetiría aquellos momentos de gloria ochentera. En su álbum Regenerated (2010) se incluye una versión regrabada de Roulette

sábado, 2 de marzo de 2013

Vanessa Mae - THE VIOLIN PLAYER


1. Toccata and Fugue in D Minor BWV 565 (7:50)
2. Contradanza (3:52)
3. Classical Gas (3:24)
4. Theme from "Caravans" (5:09)
5. Warm Air (3:38)
6. Jazz Will Eat Itself (3:30)
7. Widescreen (3:58)
8. Tequila Mockingbird (3:26)
9. City Theme (4:32)
10. Red Hot (3:16)

Continuando en una de las líneas clásicas del blog ("viejos superventas que pocos recuerdan", podría llamarse) nos dedicaremos hoy a echar un vistazo a aquel trabajo de la británica Vanessa Mae de 1995 titulado The Violin Player. Podríamos decir que se encuentra en medio de un montón de "crossovers" entre música clásica y pop llano, de tantos como ha dado la música de masas en las últimas décadas, y de la que han surgido figuras tan curiosas como el pianista rubiales Richard Clayderman o los tenores gañanes de Il Divo. Por lo general, los trabajos que se realizan dentro de este pseudo-género recaudan enormes cifras de ventas en poco tiempo, y unos años más tarde suenan viejísimos.

Portada alternativa.

Ese es exactamente el caso de The Violin Player, primer disco de Vanessa Mae con ambiciones internacionales (que no el primero de su carrera) y un vehículo diseñado al dedillo para su lucimiento como virtuosa del violín. Y digo virtuosa porque lo es. Esta chica de origen tailandés, una adolescente entonces, tiene ese peculiar manejo de su instrumento que hace parecer fácil su dominio incluso a quienes nos vemos incapaces de sujetarlo bajo la barbilla siquiera. Lo malo, y aquí entramos de lleno en el terreno de las opiniones personales, es que todos los acompañamientos del violín a nivel de arreglos, producción e instrumentaciones varias, si bien son de calidad, suenan a muy de los noventa, en una línea tecno-pop más bien recauchutada. Da la impresión de que, tal vez por la gran belleza racial de la muchacha, se persiguiese el éxito sobre todo en el mercado asiático, que probablemente no tenga tantos miramientos como nosotros a la hora de distinguir lo sofisticado de lo hortera. En música, al menos, y que nadie se me enfade.

Contraportada.

Tampoco es que The Violin Player sea un álbum intrínsecamente hortera. Contiene unos cuantos temas originales compuestos para la ocasión por un tal Mike Batt, así como un par de versiones de temas clásicos (J. S. Bach y Mason Williams), colaboración de la Royal Philharmonic Orchestra inclusive; y cualquiera de los cortes del CD tiene su encanto si hacemos un ejercicio de distanciamiento como oyentes. Es bonito. Lo que ocurre es que, en mi humilde opinión, un instrumento con una capacidad expresiva tan delicada como la del violín quizá habría necesitado un acompañamiento algo menos estruendoso a base de sintetizadores y efectos de eco, que en algún caso nos hace pensar que el violín de Vanessa es el equivalente a una guitarra eléctrica.

Portada del primer single.

Hay rinconcitos musicales bastante agradables en la versión de la Toccata y fuga de Bach (primer single), o en Contradanza y Theme from "Caravans", pero también nos topamos con pifias de la talla de Jazz Will Eat Itself que nos quitan las ganas de tomarnos el asunto demasiado en serio. La cosa es que Vanessa Mae ha mantenido una carrera discográfica más o menos estable, y hoy en día goza de un merecido reconocimiento, pero creo que el fenómeno The Violin Player fue flor de un día, y seguramente sea mejor acercársele con mucha precaución si queremos disfrutarlo hoy. En Spotify.

La Toccata y fuga.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Moebius / Plank / Neumeier - ZERO SET


1. Speed Display (5:13)
2. Load (5:20)
3. Pitch Control (6:23)
4. All Repro (3:28)
5. Recall (8:34)
6. Search Zero (8:38)

Pensemos en el Krautrock de toda la vida. La cosa va de texturas musicales superpuestas, experimentos con secuenciadores, escasos atisbos de melodía, ambiente cósmico. ¿Qué pasa si a todo eso le añadimos unas percusiones de batería mondas y lirondas? Se llama Zero Set y salió a la venta en 1983.

Me lo encontré por ahí mientras me documentaba para la entrada que escribí sobre Conrad Schnitzler, y en cuanto vi el nombre de Moebius, Dieter Moebius el de Cluster, no me lo pensé. El disco me ha sorprendido, debo admitirlo. Hay quienes se han quejado amargamente de que algo tan excelso como la música electrónica alemana experimental de los setenta derivase -por esta rama- hacia algo parecido a una extravagante música de baile muy machacona. Proto-tecno lo han llamado, y quizá acertadamente si tenemos en consideración que en 1983 no se hacía nada parecido ni por asomo a la electrónica de club actual. 

Moebius, Plank y Neumeier, no sé en qué orden. (Imagen extraída de exclaim.ca).
También hay que decir que Zero Set es algo mucho más sutil y artístico que un mero ejercicio de chunda-chunda. Hay una intención, quizá no del todo lograda, de dar al trabajo un aire africano, como de danzas tribales pasadas por el filtro de la vanguardia europea. Mani Neumeier, procedente del grupo Guru Guru, es quien se encarga de tocar esa frenética batería que define el concepto del álbum, y Conny Plank (que seguiría en contacto con Moebius en otros trabajos) aporta las tareas del productor, que en esta clase de grabaciones hacen digno al mismo de figurar como coautor en la portada. Además, uno de los temas, Recall, contiene letras cantadas en sudanés por una/un tal Deuka

Sinceramente, Zero Set es refrescante por su originalidad y debería ser bastante más popular de lo que es (por cierto, existe al menos una secuela) gracias a su carácter innovador, aunque su escucha de un tirón se hace un poco indigesta. Se disfruta mucho mejor si se escucha poco a poco, un tema de vez en cuando, ya que la hipnótica batería de Neumeier puede llegar a taladrarnos las sienes si abusamos. Dosificándolo un poco, disfrutaremos de un gran trabajo musical, accesible y hasta divertido, cosa inimaginable en otros álbumes del género. En Spotify.

viernes, 21 de mayo de 2010

Kraftwerk - RADIO-ACTIVITY


1. Geiger Counter (1:07)
2. Radioactivity (6:42)
3. Radioland (5:50)
4. Airwaves (4:40)
5. Intermission (0:39)
6. News (1:17)
8. Antenna (3:43)
9. Radio Stars (3:35)
10. Uranium (1:26)
11. Transistor (2:15)
12. Ohm Sweet Ohm (5:39)

Los álbumes de Kraftwerk, conceptuales casi todos, son elogios musicales a todo lo moderno y lo tecnológico, a las cosas propias del futuro que se iban inventando durante el pasado siglo para asombro de la humanidad. El robot, el ferrocarril, las autopistas... todo ello era bastante anterior a la formación del grupo, y por ello se sienten estos discos como ejercicios "retro" bastante divertidos y algo ingenuos.

Ilustración del libreto del CD. Puro expresionismo alemán.

La radiactividad había sido investigada a fondo por la célebre Marie Curie entre finales del siglo XIX y principios del XX, valiéndole el premio Nobel, si bien las propiedades radiactivas de varios elementos de la tabla periódica eran ya algo medianamente conocido anteriormente. Durante aquellas décadas, lo radiactivo era entendido como curiosidad científica por el ciudadano de a pie, vendiéndose incluso tónicos radiactivos para cosas como la calvicie o la higiene dental. Pese a que los usuarios de estos productos -y la propia Madame Curie- murieron a causa de ella, los efectos demoledores de la radiactividad no quedarían demostrados hasta la creación de la bomba atómica y su demoledor efecto sobre Hiroshima y Nagasaki en el '45.


Cuando Ralf Hütter, Florian Schneider y compañía editaron Radio-Activity en 1975 (por primera vez en su propio sello Kling Klang), si se hablaba de radiactividad sería únicamente en referencia a esa Guerra Fría que, en algún momento que afortunadamente parecía cada vez más lejano, podía haber desencadenado una funesta guerra atómica. Había lugar para el cachondeo (Ohm sweet Ohm se titula un tema, parodiando la expresión "home sweet home", "hogar dulce hogar"), y el título del álbum es un juego de palabras entre "radioactividad" y "actividad en la radio", referida esta última interpretación a las emisiones de radio con música, noticias, etc. Algunos de los temas, como Antenna, Transistor o Radio Stars hacen referencia a esta radio, si bien el segundo que menciono es un segundo juego de palabras, ya que la letra habla de los astros que emiten señales de radio, y no a los cantantes o locutores. Tiempo habría para que la radiactividad, tras los acontecimientos escalofriantes de Chernobyl y las consecuencias apocalípticas que aun hoy podrían seguir teniendo, se acabase convirtiendo en un tabú.

Radioactivity, el vídeoclip.

Radioactivity, en playback y con una performance bastante rara.

Con este trabajo, los Kraftwerk del krautrock experimental dieron un paso agigantado hacia su conversión en una banda de tecno-pop, fundando el género en cada nueva entrega discográfica posterior, de cara a su explosión en los '80. Utilizan con gran acierto los maravillosos sintetizadores Moog y el vocoder (distorsionador de la voz que hace al cantante hablar como un cyborg), junto con el Vako Orchestron, que era capaz de imitar sonidos de orquesta en un estilo parecido al del famoso Mellotron. Los ritmos son variables, algunos dignos de una baja gravedad (Radioland, Radio Stars), otros en una línea melódica (Airwaves) y la mayoría un tanto oscurantistas, metidos en el futuro hasta el ensimismamiento (The Voice of Energy es poco menos que extraterrestre). Predominan los temas vocales, aunque la voz nunca llega a eclipsar a los teclados electrónicos, y hay también alguna pieza instrumental como la muy bonita Transistor. Personalmente, siempre me ha impactado Geiger Counter ("contador geiger"), preámbulo al álbum que nos pone sobre aviso de lo que vamos a encontrarnos.

Portada de la más reciente edición.

Es un disco que me gusta por su complejidad y redondez, aunque me parece algo menos accesible que los entretenidos Trans-Europe Express o The Man Machine. Sí que es una de las piezas clave en la evolución de la música electrónica, en cuanto a que pone de relieve lo bien que podía conjugarse la tecnología punta con el pop, cosa que ha convertido a Kraftwerk en padrinos de casi cualquiera que hoy en día utilice instrumentos electrónicos. Como casi siempre, existe una versión del álbum en alemán, que aparte del idioma viene a ser idéntica a la que está en inglés. Yo las recomiendo ambas.

domingo, 28 de febrero de 2010

Giorgio Moroder - MIDNIGHT EXPRESS


1. Chase (8:26)
2. Love's Theme (5:34)
4. Istanbul Blues (Vocal: David Castle) (3:23)
5. The Wheel (2:29)
6. Istanbul Opening (4:48)
7. Cacaphoney (3:01)
8. (Theme from) Midnight Express (Vocal: Chris Bennett) (4:47)

Buena parte del humor negro difundido sobre las cárceles turcas tiene su origen en una historia que no tiene ninguna gracia: la de Billy Hayes, un niñato americano e incauto que intentó traficar con una ínfima cantidad de hachís en Turquía. En la novela El expreso de medianoche y la película que guionizó Oliver Stone y filmó Alan Parker en 1978, se cuentan las penurias que Hayes sufrió durante su reclusión en una de estas prisiones, en las que los abusos sexuales y otros atentados contra los derechos humanos estaban a la orden del día. El recluso se vio obligado a planear la huída, tomar lo que en la jerga del lugar conocían como "expreso de medianoche". La película obtuvo un gran éxito, además de levantar una enorme polvareda que terminó por hacer que Hayes y Stone matizaran su aterradora visión del pueblo turco.

Giorgio Moroder, un hombre a un bigote y unas gafas de sol pegado.

No tantas polémicas acompañaron a la banda sonora del filme, a cargo del músico italiano Giorgio Moroder, ya que acabó por lograr el Oscar de Hollywood en su categoría. Moroder, un tipo que antes y después de aquello se volcó en el lado más popero y bailable de la música electrónica, llevó a cabo aquí una de las proezas más destacables del género en su época, comparable por momentos a aquellos Carros de Fuego que acabarían por cambiar para siempre la concepción que hasta entonces se tenía del clasicismo en las bandas sonoras.

Portada original.

La de Midnight Express es una partitura variada e inspirada, no dependiente únicamente de la cualidad rítmica de otras obras de Moroder. Evidentemente, hay piezas enérgicas y de cadencia marcada, como la emblemática Chase, el tema más difundido del filme, o la algo más sosegada (Theme from) Midnight Express, en la que se incluyen arreglos de cuerda muy efectivos. Para mí, la gran sorpresa del álbum es Love's Theme, una pieza muy melódica y evocadora, a la altura del mejor Vangelis, en la que los coros y los arreglos clásicos resultan magníficos. Otros temas son de carácter incidental, como la tenebrista The Wheel, o la muy inquietante Cacaphoney. Incluye el disco oficial, además, dos temas vocales: Istanbul Blues, cantada por David Castle, y una versión del (Theme from) Midnight Express con la voz de Chris Bennett.

Single con el tema Chase, que sonó con fuerza.

Siempre me ha desconcertado la tendencia del cine de aquellos años hacia contratar a músicos electrónicos o de vanguardia para poner música a películas ambientadas en países exóticos o del llamado "tercer mundo", a pesar de que los estilos de estos músicos poco o nada tengan que ver con lo que tendrían que llevar a cabo para los filmes. Ahí está la inclusión de temas de Vangelis en El año que vivimos peligrosamente, este Midnight Express, o la posterior banda sonora de Mike Oldfield para Los gritos del silencio. Será que suelo asociar a estos músicos (no tanto a Oldfield) con el género de ciencia-ficción, y por eso no me choca tanto escuchar a Wendy Carlos en Tron, o al griego antes mencionado en Blade Runner. En el caso del disco que nos ocupa, Giorgio Moroder consigue colar unos pequeños toques arábicos en el tema principal del filme, y algún matiz suelto en las piezas incidentales, pero al final el conjunto responde más al contenido emocional del filme que a un propósito de recreación de ambientes. También es interesante escuchar los efectos algo "pueriles" que se utilizaban en la música de baile, muy retro, aunque indudablemente entrañables.

Creo que es un vídeo promocional oficial, con el tema Chase.

En fin, que aunque uno no termine de casar demasiado bien la música con lo visto en la película, habría que llorar en todo caso por un solo ojo, ya que el álbum con la banda sonora es estupendo, un clásico de toda la vida.

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