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sábado, 28 de enero de 2023

Tsode - CORDUBA: MITOS Y LEYENDAS


1. Fundación (169 a.C.) (1:54)
2. Munda (45 a.C.) (2:07)
3. Al-Andalus (711-1492) (5:44)
4. Sueños de Madinat Al-Zahra (936-976) (5:58)
5. El suspiro de Wallada (994-1091) (3:40)
6. Rambam (1138-1204) (3:52)
7. El Santo (1236) (3:49)
8. La audiencia (1486) (3:31)
9. Decadencia (S. XVII-S. XIX) (6:10)
10. S. XX (5:36)
11. Tierra Futura (8:09)

Hacía tiempo que no teníamos a músicos españoles por aquí, y en este caso me permito el doble placer de contar además con un paisano andaluz, el cordobés Jesús Valenzuela, conocido con el nombre artístico de Tsode. Corduba: Mitos y Leyendas ha sido publicado el pasado noviembre de 2022 como un lanzamiento principalmente digital, acompañado de una edición limitada en CD físico.

Tsode en el tajo (imagen del Diario Córdoba)

Corduba: Mitos y Leyendas es un homenaje a la milenaria ciudad de Córdoba, lugar en el que Valenzuela se ha criado y en cuya universidad se licenció en Historia. No le ha venido nada mal aunar ambas facetas de su persona, ya que el esfuerzo musical del álbum está muy bien acompañado por una recreación sonora bastante evocadora de épocas históricas representativas de la ciudad. No es que menosprecie en absoluto otros trabajos suyos anteriores, pero soy consciente de que mi gusto por lo conceptual me ayuda a disfrutar especialmente de un trabajo cuya escucha he abordado sobre todo desde la imaginación.

Simplificándolo mucho, se puede decir que el estilo de Tsode (recordemos que son las siglas de The Songs of Distant Earth) bebe de la época más electrónica de Mike Oldfield y de Vangelis en su faceta más accesible, sin dejar de lado otras influencias, tanto en lo melódico como en la producción, del sonido que asociamos con la new age y el chill out de los años noventa en adelante, y también con las bandas sonoras de cine actuales que utilizan sonidos de sintetizador con vocación de epicidad orquestal, a lo Hans Zimmer.

Fundación (169 a.C.)

El single promocional de Corduba fue Fundación (169 a.C.), un tema muy redondo de melodía impecable, aunque hay que decir que tenemos aquí uno de esos álbumes en los que no sobra nada. Me atrevo a pensar que quizá Valenzuela tuvo que dejar cosas fuera, en vez de luchar para rellenar la duración de un CD como puede ocurrir a veces. Los temas del disco abarcan desde la mencionada fundación de la ciudad hasta su prometedor futuro, pasando por la época musulmana, la posterior reconquista cristiana y los siglos XIX y XX. 

No busca ser una colección de episodios estrictamente cronológica. Munda posee un interesante toque marcial tras la solemne Fundación. Munda y la posterior Al-Andalus recuerdan un poco a las BSOs de Alejandro Magno y Gladiator respectivamente, más por las soluciones adoptadas a la hora de abordar los arreglos que porque se intente copiar las melodías. Sueños de Madinat Al-Zahra es bellísimo, un tema meditativo pero soñador y muy envolvente. De lo mejor del álbum.

El videoclip de Sueños de Madinat Al-Zahra.

Incluso más delicada y soñadora es El suspiro de Wallada, que hace referencia a la princesa y poetisa andalusí Wallada bint al-Mustakfi. Rambam, que alude al filósofo judío Maimónides (Rambam era su seudónimo), utiliza un juego de notas minimalista sobre fondos grandilocuentes. Y como tercer tema consecutivo sobre un personaje histórico concreto, El Santo se refiere a Fernando III y crea una atmósfera etérea, espiritual, mediante el uso de coros eclesiásticos sintéticos. La melodía recuerda en varios momentos a la de Monastery of La Rabida de 1492.

La audiencia busca ilustrar musicalmente el encuentro de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón en el Alcázar de Córdoba en 1486. Es otro tema atmosférico con un cierto aire a 1492, sin que en este caso sea fácil identificar exactamente a qué fragmento. En Decadencia entra en juego una estupenda guitarra flamenca a cargo de Isaac Muñoz, un elemento orgánico muy agradecido en un álbum casi al 100% electrónico.

Decadencia (S. XVII-S. XIX)

Corduba: Mitos y Leyendas concluye con la optimista y épica S.XX y con el tema más largo del álbum, Tierra Futura, todavía más optimista y épico si cabe, esta vez con coros digitales que aportan un matiz cósmico interesante a su maravillosa melodía con arreglos muy a lo Vangelis. Otro tema muy disfrutable.

No son buenos tiempos para la música instrumental hecha con mimo y que exige atención al detalle, pero es indudable que cada trabajo de Tsode recibe la cobertura mediática de quien es seguramente el artista de su campo más reconocido de la actualidad en nuestro país. Corduba: Mitos y Leyendas es un trabajo electrónico new age de primerísima fila que gustará a cualquier aficionado del género, pero tiene un mérito mayor al lograr una trascendencia más profunda que la de una música que solo buscase un recreo mental relajante. No es un trabajo exigente con el oyente casual, que lo disfrutará en plenitud, pero tiene la virtud de satisfacer también a quienes necesitamos ir un poco más allá. Muy recomendable.

Tierra Futura

Aquí, la página web oficial de Tsode.

martes, 14 de septiembre de 2021

Moby - REPRISE


1. Everloving (3:18)
2. Natural Blues (4:30)
3. Go (3:44)
4. Porcelain (5:54)
5. Extreme Ways (5:00)
6. "Heroes" (5:18)
7.  God Moving Over the Face of the Waters (7:42)
8. Why Does my Heart Feel so Bad? (4:38)
9. The Lonely Night (5:43)
10. We Are All Made of Stars (6:01)
11. Lift Me Up (5:22)
12. The Great Escape (2:51)
13. Almost Home (5:28)
14. The Last Day (5:13)

Este álbum es bastante inusual, tanto por la naturaleza misma de la grabación como por el hecho de que Moby, un artista que (siento mucho decirlo) ha ido decayendo en popularidad gradualmente desde su momento de gloria en el cambio de siglo con el álbum Play (1999), haya conseguido algo tan otrora poco común como grabar un disco con Deutsche Grammophon, sello especializado en música clásica. Parece que todo comenzó cuando invitaron a Moby a tocar con la Filarmónica de Los Ángeles, dirigida por Gustavo Dudamel, y allí mismo alguien de la mencionada discográfica alemana le propuso grabar un álbum.

Moby hizo su parte y realizó los arreglos básicos en su casa de Los Ángeles, y después todo esto se envió a Hungría, donde un orquestador preparó las piezas para ser interpretadas por la Budapest Art Orchestra. Moby no estuvo presente durante las sesiones de grabación de la orquesta, pero tampoco se suponía que fuese a actuar como director o algo así.


Cuatro portadas de singles promocionales.

Reprise (2021) es como el típico álbum de grandes éxitos con orquesta, solo que Moby no es un artista "típico", y a la crítica profesional parece haberle impresionado la madurez con la que el artista electrónico ha adaptado de manera orgánica algunas de sus piezas más conocidas para su interpretación en tono clásico. Esto se consigue, en parte, gracias a que en todos los temas sigue habiendo elementos no orquestales, tales como las voces de Natural Blues o Why Does my Heart Feel so Bad?, o el piano de God Moving Over the Face of the Waters. Por supuesto, el propio Moby canta en varios temas (Porcelain, Extreme WaysWe Are All Made of Stars, etc.) como lo hiciese en los álbumes originales, y cuenta con varios artistas variopintos como colaboradores, entre ellos Gregory Porter, Jim James, Víkingur Ólafsson y Kris Kristofferson.

Natural Blues

Personalmente, después de haber escuchado Reprise al completo, el álbum me ha parecido un poco irregular. Esto es inevitable al contar con temas tan distintos y abordados de maneras a veces bastante chocantes. En la mayoría de los casos, Moby apuesta por arreglos minimalistas y evita el enfoque orquestal grandilocuente propio de las bandas sonoras de películas. Más bien intenta que sea el cantante o el instrumento solista quien tenga todo el protagonismo, y el elemento orquestal tiende a sonar como un pequeño añadido puntual y siempre en un segundo plano. Pero algunos temas que en su momento fueron muy rítmicos y potentes (tipo Lift Me Up) suenan un poco descafeinados con esta aproximación tan sobria que hace Moby. Prácticamente dejan de tener sentido.

"Heroes"

Tampoco acierta mucho el Moby con el tema nuevo que incluye Reprise, nada menos que la enésima versión del "Heroes" de David Bowie. Es bonito y delicado, pero "Heroes" está tan trillado que, en mi modesta opinión, a estas alturas no aporta demasiado. En resumidas cuentas, creo que Reprise es un buen álbum si sabes de antemano lo que te vas a encontrar, pero salvo que conozcas de antemano (aunque sea superficialmente) la trayectoria de Moby, vas a necesitar tener en mente los temas originales para disfrutar a fondo de las nuevas versiones. Reprise funciona en contexto y hará las delicias de los fans, pero adentrarse en la discografía de Moby a partir de él no es una buena idea.

Porcelain

jueves, 21 de mayo de 2020

Lunaria - ASCENSION NOW


1. Ascension Now (20:00)
2. A Higher Energy Realm (20:00)

Tengo entre mis archivos de audio este trabajo desde hace bastante tiempo, perdido en un maremagnum de álbumes por comentar que, entre unas cosas y otras, se me van quedando en el tintero. Sin ánimo de que parezca que a veces ignoro el material que me envían, que no suelo hacerlo, lo cierto es que sí tengo la mala costumbre de ir empujando cosas hacia delante en función de lo que me va surgiendo en cada momento. En concreto, habría sido una auténtica injusticia dejar este Ascension Now (2018) en la cuneta, primero por la gran calidad del trabajo, y segundo porque debo decir que lo he escuchado muchísimo.

El nombre propio debajo de Lunaria es Daniel Guillén, un músico español, zaragozano para más señas, que en obras posteriores ha optado por no utilizar nombre artístico. No me ha resultado fácil encontrar mucha más información sobre él, pero sí que hay una foto en Discogs:

 Daniel Guillén

Está claro que Guillén conoce bien el terreno del ambient y la electronic music, la música "planeadora" de la Escuela de Berlín (Klaus Schulze, Ash Ra Tempel) y la música cósmica, trascendental e introspectiva, practicada por gente como Robert Rich, Jonn Serrie o Constance Demby, por mencionar a algunos de los artistas que hemos tenido en entradas del blog. Ascension Now ("Ascensión ahora") está planteado, y ya su título lo anuncia, como un viaje interior en busca de un nivel más alto de conciencia.

Utilizando terminología específica, este álbum pertenece al subgénero dronescape, en la que la columna vertebral de la composición es un "drone" o pedal, una pieza musical sostenida y/o repetida de forma cíclica. Evidentemente, es la clase de álbum que se basa en un trabajo de texturas más que en desarrollos melódicos. Las capas de sonido evocan amplios paisajes en los que, pese a lo estático de las dos piezas que componen el trabajo, pasan muchas más cosas de lo que parece. Basta con prestar atención para vez cómo hay sutiles cambios en las piezas que suponen una lenta evolución, así como diversos detalles. La primera pieza, que se titula como el álbum, está dominada por una atmósfera un poco más luminosa en la que se cuela desde alguna campanada a cantos de aves en varios puntos. Uno de los sonidos sintéticos predominantes aquí parece un profundo canto coral.

Ascension Now

La segunda pieza, A Higher Energy Realm ("Un reino de energía superior") no es tampoco una pieza oscura, si acaso un poco más que la anterior, y también es más minimalista y más cósmica, si cabe. Algunos de los golpes de efecto que suponen los cambios en la urdimbre melódica recuerdan para bien la sutil espectacularidad de Michael Stearns.

Entiendo que esta clase de música debe ser disfrutada plenamente en momentos de relajación, con toda nuestra atención puesta en la experiencia inmersiva que nos propone, aunque en mi caso la he escuchado a menudo trabajando con las tareas de clase en mi ordenador. Como profesor dando clases no presenciales a causa del confinamiento, agradezco bastante la posibilidad de escapar en pequeños ratos del griterío de la sala de videoconferencia con 30 chavales de la ESO pidiendo paso. Daniel Guillén ofreció incluso el acceso gratuito a su música durante un tiempo, en las primeras semanas de encierro, cosa que habrá disfrutado bastante quien aprovechase en aquel momento para descubrir trabajos como este. Como esta música me ha sorprendido muy gratamente, prometo comentar en breve su siguiente trabajo discográfico Inner Vision (2019). Ascension Now está en este enlace a Bandcamp. Y se puede escuchar en Spotify:


viernes, 12 de enero de 2018

Mike Oldfield - VOYAGER


1. The Song of the Sun (4:33)
2. Celtic Rain (4:41)
3. The Hero (5:04)
4. Women of Ireland (6:30)
5. The Voyager (4:26)
6. She Moves Through the Fair (4:06)
7. Dark Island (5:43)
8. Wild Goose Flaps Its Wings (5:04)
9. Flowers of the Forest (6:03)
10. Mont St. Michel (12:18)

Al final de las vacaciones de verano de 1996 se publicó el tercer álbum de Mike Oldfield para la Warner, titulado Voyager. Podemos especular sobre los diversos motivos que movieron al inglés a la hora de elegir su temática, pero me resulta difícil de creer que en ello influyese la relativa decepción comercial de The Songs of Distant Earth (1994), sobre todo pensando que habría sido ridículo intentar igualar un éxito inevitable como el del previo Tubular Bells II (1992). También me sorprende que se tienda a describir la relación de Oldfield con sus discográficas como si el primero fuese un pobre asalariado echando horas extras para impresionar a las segundas y ganarse sus simpatías, pero hay quien dice que el nuevo CD fue un producto puramente económico más o menos exigido por WEA para llenar las arcas. Yo me niego a pensar así de un disco como Voyager, un disco con grandes defectos pero también con un sentido de la belleza arrebatador.

El diseño del álbum muestra imágenes del islote ibicenco Es Vedrá.

Hablábamos de la temática de Voyager, que es bien conocida: la música celta. Oldfield había trasteado con esta tradición varias veces, sobre todo en sus grandes instrumentales (incluyendo el tardío Amarok), aunque quizá nunca de forma explícita. Digamos que la manera de componer del joven Mike ya estaba impregnada inconscientemente de ciertos patrones rítmicos y melódicos celtas desde el principio. También es cierto que la música celta estaba muy de moda a mediados de los noventa, por lo que el lanzamiento de un álbum como Voyager no podía ser más oportuno. Queda al gusto del consumidor distinguir entre oportunidad y oportunismo.

Contraportada.

Voyager no contiene una musica celta "pura", sino que sus temas están revestidos del clásico toque Oldfield, vistosos en lo melódico y exquisitos en la producción, si bien es posible que en algún punto se le vaya la mano con esto último. Se suponía que el CD iba a ser muy ortodoxo (de hecho, en él participan popes de lo celta como Sean Keane, Matt Molloy, Máire Breatnach, Liam O'Flynn o Davy Spillane), pero cuentan que alguien en Warner lo tachó de soso y Mike tiró de ordenadores para sazonarlo un poco. Creo que Voyager puede verse más como el homenaje de Mike Oldfield a la música celta que como "el álbum celta de Mike Oldfield".

Portadas de los singles The Voyager y Women of Ireland. El segundo contiene los típicos remixes de baile.

Voyager contiene 10 temas, de los cuales 4 son propios y 6 son versiones. La primera versión, más espectacular y aventurera que el original, es la contenida en The Song of the Sun ("La canción del sol"). Fue compuesta en su día por el gallego Bieito Romero para su banda Luar na Lubre bajo el título de O son do ar ("El sonido del aire"). También está The Hero, basada en el tema escocés Hector The Hero, que Oldfield arregla con estruendosas gaitas y un espíritu muy de banda sonora de cine. Por su parte, Women of Ireland, pese a que no es un tema estrictamente tradicional, ha pasado al repertorio general celta gracias a su interpretación por The Chieftains para la película Barry Lyndon (1975). Siendo Oldfield fan de Stanley Kubrick, llega a incluir en su versión un trocito del tema principal de la película, la Sarabanda de Händel. El trabajo de Mike a la guitarra, pese a no ser un tema especialmente arriesgado, es brillante.

The Song of the Sun

Women of Ireland

La siguiente versión es She Moves Through the Fair ("Ella se mueve por la feria"), un tema tranquilo pero elegante que Oldfield construye a partir de una canción irlandesa muy conocida, y que antes habían versionado Sinéad O'Connor, Loreena McKennitt, Art Garfunkel, Van Morrison y hasta Led Zeppelin, entre muchos otros. Ahora, para mi gusto, el tema versionado más apabullante de Voyager es Dark Island. Esta es la clase de música que ha hecho de Mike Oldfield un mito de la música instrumental contemporánea, una explosión sensorial que inunda los sentidos y nos eriza los vellos. Es difícil no escucharlo una segunda vez justo después de la primera.

Suena Dark Island sobre imágenes de las costa cántabra.

Queda una última versión, Flowers of the Forest, que pese a la luminosa grandiosidad (excesiva quizá) que le aporta Oldfield, es en su origen una pieza escocesa que conmemora una triste derrota militar, y además hoy en día se utiliza con frecuencia en funerales. Creo recordar que la voz femenina es la de Sally Oldfield, pero puedo equivocarme.

Flores del bosque

Muchas de las críticas negativas de Voyager se centraron en que los temas propios de Oldfield son más irregulares, y esto es estrictamente cierto. Celtic Rain es resultón y muy bonito, aunque deja poco poso. Quizá sea porque Oldfield lo compuso y lo grabó en un rato, cosa que tiene su mérito pese a no ser un corte memorable. The Voyager me gusta menos todavía, no porque sea realmente malo, sino porque a mi juicio tiene más producción que composición (la melodía, de hecho, parece no estar redondeada del todo) y se hace largo. No obstante, fue publicado como single.

The Voyager

Muy distinta es la impresión que deja Wild Goose Flaps Its Wings ("El ganso salvaje aletea"), un tema muy ambiental, muy chill out si se quiere, y que está inspirado en un movimiento del Tai Chi, al que Oldfield se había aficionado por aquel entonces. Superficialmente podría parecer que es muy largo y monótono, y que divaga, pero una escucha más atenta nos revela un tema con un poder evocador apabullante, compositivamente casi milagroso, y con una de las guitarras más profundas y expresivas que ha grabado Mike en toda su carrera. Es el tema de Voyager al que regreso más a menudo.

Wild Goose Flaps Its Wings

Pero Oldfield se guarda lo mejor para el final, el largo Mont St. Michel, que se inspira en la famosa fortaleza de cuento de hadas en la costa francesa. Es una pequeña suite de doce minutos en la que el músico lleva a cabo su más brillante ejercicio de fusión con el medio orquestal-sinfónico, tan armoniosa como cambiante, francamente espectacular. Se sabe que Oldfield tuvo ayuda de un experto orquestador, y el protagonismo recae más en la London Symphony Orchestra (la que dirigió John Williams en seis episodios de Star Wars) que en la guitarra de Mike, pero esto no resta valor a una pieza que supera -pese a su menor extensión- a posteriores incursiones clásicas suyas como Music of the Spheres (2008).

Clip oficial con una versión editada de Mont St. Michel.

Con más problemas de planteamiento que de ejecución, al menos en términos generales, Voyager no fue del todo bien recibido por la crítica y hay quien lo señala como el principio del bache creativo en el que se sumió su autor durante varios años, y que se confirmó con su mudanza a Ibiza en aquel mismo 1996 y la desafortunada publicación de Tubular Bells III en 1998. Para gustos, colores, pero en mi opinión Voyager, aun siendo artísticamente menos ambicioso de lo esperado, es uno de los discos "buenos" de la última etapa "buena" de Mike Oldfield, a la espera de saber si el reciente y fabuloso Return to Ommadawn (2017) conlleva un renacimiento prolongado para su autor. Del indudable legado popular de Voyager dan testimonio los muchos nuevos aficionados, e incluso grupos, que se acercaron a la música celta gracias a aquel álbum bisagra. Pese a quien pese, y con sus defectos a la espalda, es un clásico.

viernes, 15 de diciembre de 2017

David Roa - INSIDERAL


1. 0110 (1:10)
2. Xphera (8:00)
3. Outness (6:43)
4. Terrabyte (3:14)
5. Moonphase (1:48)
6. Ekolution (3:23)
7. Brainbow (2:29)
8. U-Maner (4:06)
9. Flywall (2:15)
10. ISDR (3:25)

Sin que esto quiera ser una crítica con carácter retroactivo, creo que Roa ha tomado una buena decisión al añadir su nombre, David, junto a su apellido en la portada de su novísimo álbum Insideral (2017). Su trayectoria, en la que Insideral es un sólido paso adelante, merece ese toque personal.

Gracias a sus dos últimos trabajos (el anterior fue Seamphonik, publicado en 2016) David Roa está consiguiendo aunar planteamientos musicales teóricamente tan alejados como lo son los "viejos" álbumes conceptuales, temáticos y a menudo un pelín presuntuosos, y el genero chill out, habitualmente considerado agradable pero intrascendente. Roa hace que cada uno de ambos aspectos se vea beneficiado por el otro: la elegante y sencilla placidez del chill out impide que el carácter conceptual del disco caiga en lo pomposo, y el hecho de que todos los temas mantengan cierta unidad temática, atmosférica, hace que estas piezas electrónicas adquieran profundidad más allá de su validez como vehículos desestresantes.

Una promo de Insideral.

Si en Seamphonik nos movíamos entre el sol de la costa y las olas de un inmenso mar salado, en Insideral realizamos un viaje hacia el espacio. El de ahí fuera y el de dentro de cada uno. Por eso tiene un acertado título, mezcla de inside ("dentro") y sideral ("referido a las estrellas"). Personalmente, detecto en todo el CD un plácido toque nocturno -más que galáctico- que logra su mejor y más juvenil expresión en el tema conclusivo ISDR, el más promocionado del trabajo, y que es un homenaje muy certero a la new wave, la "nueva ola" electrónica- pop de los años ochenta. También está presente este espíritu urbano en la dinámica Terrabyte, aunque la mayor parte del álbum se mueve entre el antes mencionado chill out, la electrónica experimental, el ambient y la new age.

David Roa

El sonido del piano, siempre útil en su evocación del cielo estrellado, también tiene su protagonismo en Insideral, ya desde su minimalista tema inicial 0110, y también en cortes como Brainbow. Otro recurso de Roa en varios temas es el de los arreglos de cuerda, sintéticos tal vez pero muy bien utilizados en cortes como el extenso Xphera (estupendos sus matices épicos) o Flywall. Y no funciona nada mal el uso de coros en Moonphase, en la línea quizá de alguna pieza ochentera de Jean-Michel Jarre tipo Second Rendez-Vous.

Respecto a las melodías, en general se podría decir que Insideral construye buena parte de su coherencia interna gracias a sus estructuras burbujeantes, hipnóticas, más preocupadas por lograr determinadas atmósferas evocadoras e inmersivas que de desarrollar fraseados melódicos más complicados. Entra aquí en juego la estupenda labor de producción del álbum, que hace maravillas al jugar con diversos grados de nitidez en las texturas de los cortes, más afiladas en unos, más "lavadas" en otros. 

Un "teaser" con extractos de cada tema.

En resumen, no puede hacerse otra cosa sino dar la enhorabuena a David Roa por continuar su brillante evolución como compositor con este trabajo lleno de sana frescura y energía. Es la clase de obra musical que se beneficia de su aparente simplicidad formal dejándonos a nosotros, los oyentes, el exquisito trabajo de flotar sobre la música, tratar de vernos a nosotros mismos a través de ella. Es un álbum que por una parte da y por otra sugiere, y por eso creo que es la clase de obra que no sólo resiste repetidas escuchas, sino que aporta algo distinto en cada una.

domingo, 10 de abril de 2016

David Roa - SEAMPHONIK


1. Atlantik (2:36)
2. Lighthouse (4:09)
3. Seascore (1:00)
4. Ghostship (3:06)
5. Sirens (2:24)
6. Blueness (3:58)
7. Aquasphere (3:20)
8. Drowned (5:35)
9. Oceland (2:15)
10. Thalassa (4:14)
11. Waterclock (1:45)
12. Nautilus (3:38)
13. Abyssal (2:50)

Después de un mes de inactividad bloguera, tiempo dedicado a realizar pequeñas tareas domésticas que tenía pendientes, regresamos (para retomar el ritmo habitual, o eso espero) con un álbum de reciente aparición que no podemos dejar de reseñar en esta página. Por muy buenos motivos.

El primero es el entusiasmo con el que su autor, David Roa, ha estado hablando de este proyecto desde hace años, prácticamente desde los tiempos en que publicamos una reseña de su anterior Ochonoches. El segundo motivo, y en resumidas cuentas el más importante, es el placer que sigue proporcionándonos -a veces se diría que cada vez más- a muchos la escucha de un buen disco conceptual instrumental bien trabajado, cocido a fuego lento y cargado de imaginación.

Una promo del álbum.

Seamphonik, que es un juego de palabras entre sea ("mar") y symphonic ("sinfónico") es como el álbum de fotos de un largo viaje musical por el océano, sobre las olas cabalgadas por surfistas, en las arenas soleadas de la costa, con submarinistas que se mueven entre campos de coral, con pescadores que faenan en la tormenta, en los abismos silenciosos donde no llega la luz. Quienes vivimos cerca del mar y podemos disfrutar de su influyente presencia sabemos de esa cualidad que tiene para evocar sensaciones que asociaremos con aquel día de playa, con aquella vez que navegamos en un barco. En más de un momento, Roa consigue arrancar estos destellos sensoriales de nuestra memoria con su mezcla de chill out y ambient en sentido amplio, manejando una paleta musical variada que explora distintos aspectos de lo marino.

Contraportada

El álbum se abre con Atlantik, un sorprendente prólogo que arranca con sampleados de voces por radio y que se desarrolla con un potente ritmo urbano más o menos trip hop. Seamphonik se expande ante nuestros oídos con Lighthouse ("Faro"), en la que se despliega una elegante electrónica de corte melódico y cósmico. Seascore ("Partitura marina") es un tema muy interesante y atmosférico gracias a su melodía al piano, aunque tal vez esté planteado como una pieza de transición, dada su relativa brevedad. Creo que se le podía haber sacado más jugo. Ghostship ("Barco fantasma") busca un ambiente misterioso más que terrorífico, acentuado por una voz lírica femenina y unos estáticos arreglos de cuerda. Una maravilla absoluta es Sirens, que irradia luminosidad y placidez, y que juega con una sutil melodía y una instrumentación que recuerdan para bien a aquel álbum de Vangelis titulado Oceanic

Sirens

Blueness ("¿Azulidad?") tiene alma ochentera, casi como si estuviese a punto de convertirse en alguno de aquellos temas para sintetizador/secuenciador del dúo Azul y Negro, aunque después evoluciona hacia algo más contemporáneo. Aquasphere ("Esfera acuática") se desarrolla entre sutiles variaciones en sus arreglos e instrumentación, aunque su textura de base recuerda bastante a la nerviosa melodía de teclado de Tubular Bells. La gran excepción estilística del álbum es Drowned ("Ahogada"), un sensual tema cantado en inglés y castellano por la vocalista Naiah, que funciona de maravilla a la hora de expandir las miras creativas del conjunto del trabajo y aportarle otro de sus efectivos momentos de pausa. 

De nuevo con una inspirada melodía al piano como protagonista, vuelve a mover nuestra imaginación la estupenda Oceland. Muy atmosférica y original es Thalassa, con una ambientación densa, subacuática tal vez, hilvanada por unos cánticos exóticos femeninos y un ritmo muy lento. Waterclock ("Reloj de agua") tiene espíritu de caja de música y un desarrollo discreto que vuelve a lograr un clima inquietante y envolvente. Nautilus es intensa e inteligente, apoyada en una base rítmica vibrante, y ya llevamos unos cuantos ejemplos perfectos de creación de espacios sonoros. Como gran final, Abyssal posee resonancias de banda sonora de cine, pura épica desbocada sin necesitar fanfarrias ni estridencias.

Abyssal

Con Seamphonik, Roa se reivindica a sí mismo como uno de los más eficientes y meritorios compositores jóvenes de nuestro país, al menos hasta donde alcanza mi conocimiento. Como tantas veces, es una pena que este tipo de música no cuente con los medios de difusión necesarios para que haya más público que llegue a conocerla y disfrutarla como merece. En cualquier caso, y aunque quede mucho camino por andar -o desandar- para expandir las miras musicales mayoritarias, de momento iré recomendando Seamphonik a todos los connoisseurs que se pasen por aquí. Y que se corra la voz.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Jean Michel Jarre - SESSIONS 2000


1. January 24 (5:58)
2. March 23 (8:00)
3. May 1 (4:49)
4. June 21 (6:18)
5. September 14 (9:30)
6. December 17 (8:12)

Entre el discreto cariño y el recelo se encuentra Sessions 2000 (2002), el álbum con el que Jean Michel Jarre inició la -a grandes rasgos, y esta vez muy a las claras- segunda etapa de su carrera musical, tras un también controvertido Metamorphoses (2000), que sin embargo contenía todavía suficientes argumentos artísticos para hallar en él la presencia del autor de obras maestras de la "electronic music" como Oxygene, Equinoxe o Zoolook. En el caso de Sessions 2000, y que conste que hablo a título personal, la cosa cuajó por aquello de la novedad, porque nunca es sensato criticar a un artista por querer experimentar un poco y ampliar sus horizontes. Lo malo es que, como comenté en una entrada que en su momento tuvo bastantes visitas, Jarre parece haber comenzado a partir de entonces una huida hacia adelante en la que da la impresión de haberse pasado los últimos quince años dando palos de ciego.

Trasera del escueto estuche del CD.

En todo caso, insisto: en su momento, Sessions 2000 fue un hallazgo más o menos refrescante e innovador. En teoría, el álbum fue grabado y editado para finiquitar el contrato del músico con la compañía Sony Music, pero eso no significa que Jarre fuese a publicar cualquier porquería. El álbum fue grabado junto a Francis Rimbert en distintas sesiones de improvisación (probablemente en las fechas que dan título a los temas) utilizando sintetizadores Korg y Roland, amén de instrumentos acústicos reales o sampleados como órgano Hammond, contrabajo, guitarra, piano... y buscando un sonido que se mueve entre el ambient, el jazz y quizá el chill out. Vamos, nada que ver con las divertidas y épicas melodías del Jean-Michel de siempre, pero manteniendo un importante calado artístico. Un adelanto de este nuevo sonido pudo escucharse en el álbum ultralimitado Interior Music (2001), que Jarre realizó como encargo para la compañía de electrodomésticos Bang & Olufsen, y cuya función venía a ser mucho más ambientar los establecimientos de la marca que satisfacer musicalmente a algún público concreto. Hay más alma puesta en Sessions 2000 que en aquel otro, por supuesto.

No es sencillo ni hacer una descripción detallada de las pistas del disco, ni siquiera ofrecer una "semblanza" del álbum como conjunto, pero en general me evoca imágenes urbanas, tal vez durante un día de lluvia bajo pesadas nubes grises, que observase desde detrás de un cristal cubierto de vaho. Las piezas se construyen a base de capas de sonido muy "lavadas", sobre las que diversos sonidos acústicos vienen a esbozar sutilmente algo parecido a melodías. El tema más conocido del disco, en este caso con una trompeta como protagonista, es seguramente March 23, que posteriormente sería conocido en algunos casos como Space of Freedom, y que es el único recuerdo que ha permanecido de Sessions 2000 para el repertorio concertante de Jarre. 

Space of Freedom, o March 23, del concierto Water for Life (Marruecos, 2006).

Es curioso ver cómo Jean Michel Jarre quiso dar en estos años un salto desde la "vieja guardia" de la música electrónica hacia un estilo mucho más contemporáneo, por no decir pos-moderno, perteneciente a nuevas generaciones de artistas que habían sido inspiradas en más de un caso por su propia obra, y demostrando no solo que era capaz de dominar este otro lenguaje musical algo más untuoso y horizontal, sino que también en él era capaz de realizar trabajos notorios. Probablemente, una de las razones por las que Sessions 2000 no levantó demasiados recelos fue porque todos lo entendimos como un experimento temporal, sin sospechar que el viejo Jarre solo volvería a sus antiguos universos para auto-homenajearse, ya nunca más para seguir explorándolos. Se prevé la publicación de un nuevo disco de JMJ en este 2015, al parecer un trabajo de colaboraciones con otros artistas. ¿Habrá sorpresas para los nostálgicos en el nuevo álbum? ¿Habrá sorpresas de algún tipo en el álbum? ¿Habrá álbum?

domingo, 2 de septiembre de 2012

The Orb / David Gilmour - METALLIC SPHERES


1. Metallic Side (28:42)
- Metallic Spheres
- Hymns to the Sun
- Black Graham
- Hiding in Plain View
- Classified
2. Spheres Side (20:12)
- Es Vedra
- Hymns to the Sun (Reprise)
- Olympic
- Chicago Dub
- Bold Knife Trophy

Como últimamente andamos metidos en el ambient y su círculo de influencia, hoy nos acercamos a un trabajo perteneciente a su rama más popular. Se trata de Metallic Spheres (2010) obra realizada a dúo entre el grupo inglés The Orb y el guitarrista de rock David Gilmour. Entendamos lo de "a dúo" en sentido bastante estricto, ya que Tanto Gilmour como los miembros de The Orb Alex Paterson y Youth figuran como autores de todos los temas. En la información de portada incluso parece que cada cual quisiera  arrimar el ascua a su sardina, Gilmour con una pegatinaza indicando que es "la voz y guitarra de Pink Floyd", y los de The Orb indicando que el primero únicamente está ahí como invitado (lo de "feat." suele indicar eso mismo). Yo lo dejo en un 50/50.

The Orb (de www.spin.com).

The Orb es un grupo bastante polémico. Acreedores de algún éxito considerable en los noventa, nunca lograron un beneplácito amplio entre los críticos británicos, a causa de su carácter comercial y nada alejado de la música chill y house más convencional, previsible incluso. Algún que otro discutible remix de otros artistas tampoco les hizo demasiado bien. El mercado americano, en fin, sí que fue bastante más grato hacia ellos, y con cierta estabilidad y algún cambio en sus filas han llegado en buena forma hasta nuestros días.

David Gimour (de guardian.co.uk). Fotografía de Eamonn McCabe.

En el caso de David Gilmour, podemos decir que en los últimos años ha afianzado como nunca su presencia como músico solista. Ya en los tiempos de Pink Floyd realizó un par de interesantes tentativas, aunque la cosa ha cuajado definitivamente al mantener una línea de lanzamientos más o menos estable, entre el estupendo álbum On an Island (2006), el directo Live in Gdansk (2008) y este mismo trabajo que nos ocupa. Los constantes rumores de reunión de la mítica banda también le han ayudado a hacerse fuerte en los medios, actos benéficos y apariciones sorpresa con su antiguo archienemigo Roger Waters inclusive. ¿Por qué se decidió a realizar esta colaboración? Porque en principio no lo fue. Parece que Gilmour estuvo realizando alguna jam session privada junto a Youth (uno de los Orb), y luego estas grabaciones fueron  editadas e incorporadas a la música tecno del grupo, por supuesto con su visto bueno.

 Portada alternativa (la primera), y de una edición especial (la segunda).

Metallic Spheres está concebido como una composición en dos largas suites que vienen desmembradas en secciones en los créditos, aunque a la hora de su escucha se percibe una continuidad sólida, interrumpida solamente por la necesidad de dar la vuelta a su versión en vinilo (demandada, supongo, por el gremio DJ). El ritmo suave pero constante logra una efectiva sensación ambiental, muy elegante y atractiva. Los fondos  y efectos sonoros sampleados también están muy trabajados, y la guitarra cristalina, nada distorsionada de Gilmour fluye como la seda a lo largo de todo el trabajo, procurándose incluso algún momento que quiere rozar lo folk. Por su naturaleza ambiental, Metallic Spheres no es un disco especialmente sorprendente ni original, aunque su atmósfera es excelente y se escucha con agrado de principio a fin. 

Se me ocurre que puede ser una opción maravillosa para escuchar en el CD del coche. Lo probaré.

Un trocito de la primera parte.

sábado, 5 de mayo de 2012

David Roa - OCHONOCHES


1. Hora 0 (4:56)
2. Selena (3:14)
3. Mar de nubes (2:46)
4. Sol de medianoche (2:57)
5. Meridiano 360 (4:13)
6. Eclipse rojo (3:41)
7. Apolo XI (3:45)
8. 8 AM (3:28)

Cuando uno piensa en la noche y en su música, generalmente tenderá a pensar en garitos, en música de baile simplona y un tanto atolondrada para sujetar vasos de tubo y socializar un poco. Por supuesto, estas convenciones algo provincianas se te caen bastante cuando conoces otros lugares fuera de tu circuito nocturno habitual, con otras gentes y otros ambientes. Esto se aplica también a la música, ya que "la noche", como concepto, da para mucho más que para simplemente bailar dejándose el corazón y el cerebro en casa, sin tener necesariamente que alejarse de un contexto lúdico y juvenil. A una forma alternativa, muy sugestiva y plena de disfrutar la noche, me retrotraen los sonidos que el músico instrumental David Roa ha plasmado en su -hasta ahora- penúltimo álbum OchoNoches (2010).

Roa, que muy amablemente me hizo llegar este trabajo hace algún tiempo, es desde mi punto de vista uno de los músicos españoles emergentes que con más acierto han sabido encontrar el equilibrio entre la experimentación en la gran tradición de la electrónica, y un sonido comercial, abierto al público mayoritario y apoyado en un profundo manejo de todos los aspectos de la producción, que en este álbum son apabullantes. Es un músico joven al que hay que tener en cuenta, a sabiendas de que algunos músicos internacionales de renombre se dieron a conocer, como él, realizando jingles para publicidad o sintonías para programas de TV.

David Roa (del blog Música para el Búnker).

El álbum que nos ocupa se enmarca dentro del género (o subgénero) chill out, o "downtempo" como él mismo apunta en varias ocasiones. No siendo yo un especial admirador del chill out, he entendido en seguida que OchoNoches dignifica el estilo al que pertenece gracias a su coherencia y madurez. Coherencia porque Roa no parece empecinado como otros en dejarnos boquiabiertos con huecas magnificencias, sino que se limita a la creación de ambientes plácidos muy "orgánicos" pese a la instrumentación casi del todo sintética; y madurez, porque no entiende la obra como un simple-pero-efectivo ejercicio de estilo, sino que hace pequeñas escapadas experimentales que otorgan variedad a los temas. Ahí queda por ejemplo el tema Selena, por su título intuyo que inspirado por la Luna, que se desarrolla como una especie de aria avant-garde muy lograda, delicada y con el grado exacto de sensibilidad; o Sol de medianoche, con unos fabulosos teclados cristalinos que brillan por su sencillez envolvente.

Sol de medianoche.

Pero ojo, porque los temas más genéricos dentro del disco son excelentes. Las bases rítmicas responden a las mil maravillas, y las melodías -desarrolladas casi siempre con ayuda de algunos punteos de guitarra muy mediterráneos- fluyen como la seda. Ejemplo de ello son los estupendos temas Hora 0, Mar de nubes (este me encanta), Meridiano 360 (genial el arranque) y el conclusivo 8 AM. En cuanto a Eclipse Rojo, no termino de cogerle el gusto pese a que objetivamente no posee una menor calidad que cualquiera de los anteriores; y Apolo XI se puede hacer algo reiterativo en algún punto, cosa que queda compensada por la muy efectiva incorporación de una voz femenina oriental. Gran pincelada.

David Roa hace, en fin, acopio de inspiración para un trabajo que le salió redondo. Nada chirría en sus engranajes, nada sobra, nada falta para apuntalar sus planteamientos. Lo mejor de todo es que Roa parece capaz de ir ampliando con relativa facilidad sus registros compositivos de cara al futuro. Aquí nadie podría negar que el chill out es para él un refugio seguro, pero seguramente tenga habilidad e inspiración suficientes para tantear con solvencia otras posibilidades sonoras. De hecho, he tenido oportunidad de escuchar un par de temas de su siguiente trabajo Seamphonic (¿algo que ver con el mar?) que prometen una excitante experiencia más orquestal, más elaborada e intensa que lo que por definición es el chill. A este señor hay que seguirlo, porque va camino de algo realmente grande. En su Myspace pueden escucharse varios extractos de OchoNoches, y el álbum completo está en Spotify.

miércoles, 25 de enero de 2012

Hevia - TIERRA DE NADIE


1. Busindre Reel (4:37)
2. Naves (4:38)
3. Si la Nieve (5:00)
4. Gaviotes (3:41)
5. El Garrotín (4:36)
6. El Ramu (3:01)
7. La Línea Trazada (3:30)
8. Llaciana (3:26)
9. Sobrepena (4:23)
10. Barganaz (3:32)
11. Añada (4:39)

Uno de los mayores fenómenos en ventas en nuestro país, me atrevería a decir que de todos los tiempos, fue el causado por este audaz lanzamiento del gaitero asturiano José Ángel Hevia, allá por 1998. No es que su propuesta fuese nada del otro mundo (fusionar la música celta con ritmos electrónicos), pero lograr que un disco instrumental venda un millón de copias en España y otro millón en el extranjero no es cualquier cosa. El pequeño milagro mainstream de Hevia se tituló Tierra de nadie, subtitulado en algunas ediciones internacionales como No Man's Land, y creo que su autor puede estar orgulloso de haber colocado este trabajo en el pequeñísimo olimpo de las "músicas no convencionales" españolas que consiguen asomar la cabeza en los auditorios del gran público.

Imagen interior de la carcasa del CD.

Huelga decir que los noventa (la segunda mitad, sobre todo) fueron una época de esplendor para los practicantes de la música celta, que obtuvieron enormes éxitos con álbumes recopilatorios de calidad variable, con músicos de otros ámbitos que hacían aquí sus pinitos o simplemente tomaban prestado y, en fin, con manifestaciones culturales del mundo celta que se extendían al cine en forma de películas tan conocidas como Braveheart, o a espectáculos musicales como Riverdande o Lord of the Dance. Internacionalmente les fue muy bien a vacas sagradas como The Chieftains o Liam O'Flynn, que vivieron una especie de segunda juventud -sobre todo los primeros-. Y en nuestra piel de toro, sobre todo en la zona norte, surgieron importantes figuras que, lejos de desaparecer con el cambio de las modas, parecen haber asentado el folk de la cornisa cantábrica (perdón por este término reduccionista) como una plaza bien fuerte en la música española. Ahí estuvieron dando la cara Carlos Núñez, Luar Na Lubre, el vasco Kepa Junkera, Berrogüetto, Cristina Pato, Javier Paxariño, los imprescindibles Milladoiro y un largo etcétera, más ortodoxos unos, más progresistas otros, supervivientes con la cabeza bien alta la gran mayoría. José Ángel Hevia parece haber quedado opacado últimamente, pero no dudo de que sigue en activo, y es posible que un momento dado vuelva con fuerza a la palestra.

El single Busindre Reel.

Tierra de nadie no fue el primer trabajo de Hevia, sino que ya había publicado otro en 1991 como premio al ganar un concurso de música tradicional. No es un músico que surgiera de la nada para dar el pelotazo de turno, sino que estaba bien curtido desde la infancia en el arte de su instrumento clave: la gaita. No obstante, su gran aportación a la música tradicional es ser co-creador de la gaita electrónica multitímbrica MIDI, una gaita como las de toda la vida, pero que no necesita ser soplada, y cuyo sonido es bastante sofisticado. Para hacer una descripción aproximada, su gaita es lo que una guitarra eléctrica a una acústica. Hevia aprovechó la innovación técnica para crear esta agradable propuesta de música celta hiper-tecnológica, acertando de pleno si entendemos que la gaita MIDI queda bastante mejor en un ambiente apropiado que colocada en un contexto del todo tradicional. Hay que admitir, cosa buena, que los arreglos electrónicos son elegantes y nada excesivos, así que por lo menos yo (que para algunas cosas soy un purista) no pienso quejarme.

Contraportada de la edición internacional.

Muchos de los temas de Tierra de nadie fueron publicados como singles, obteniendo tremendos éxitos incluso en las radiofórmulas más convencionales gracias a sus melodías sencillas y muy dinámicas, tal vez un pelín repetitivas para mi gusto, pero en todo caso acertadas de cara al consumidor medio. Un tema sonó incluso en la Vuelta ciclista a España. Los más conocidos son Busindre Reel y El garrotín, aunque hay algún otro que también nos sonará a todos. Uno de los detalles "cultos" que más me gustan del disco, teniendo en cuenta que tampoco es un trabajo especialmente profundo o sesudo en su conjunto, es la inclusión de pequeños fragmentos de cánticos en asturiano, se diría que cancioncillas salidas directamente de los labios de ancianos de esos pueblos norteños envueltos en nieblas. No tengo claro si son sampleados de archivo o fueron cantados para la ocasión, pero en cualquier caso añaden una capa de tradición que da bastante sabor a la mezcla. De hecho, Hevia ha sido nombrado académico de honor de la Academia de la Llingua Asturiana, que sin duda es un buen motivo de orgullo para el músico.

Edición especial con remixes.

Tampoco hay mucho más que decir, tratándose de un disco tan conocido. Es un álbum importantísimo por su trascendencia comercial y su impacto popular, y aun no siendo totalmente satisfactorio ni para los aficionados a la música celta más auténtica, ni para quienes gusten de algo artísticamente más denso, Tierra de nadie ha envejecido notablemente bien. No suceden muchos fenómenos como este en la música de nuestro país, y aunque solamente fuese por eso, Tierra de nadie y Hevia ya merecerían nuestro más sincero respeto y admiración. Por cierto, es un disco genial para escuchar mientras se conduce. Pero en el coche no hay Spotify.

Vídeo oficial de Busindre Reel.

domingo, 29 de mayo de 2011

Moby - DESTROYED


1. The Broken Places (4:10)
2. Be the One (3:29)
3. Sevastopol (4:20)
4. The Low Hum (4:13)
5. Rockets (4:47)
6. The Day (4:32)
7. Lie Down in Darkness (4:25)
8. Victoria Lucas (5:54)
9. After (5:29)
10. Blue Moon (3:30)
11. The Right Thing (4:25)
12. Stella Maris (5:13)
13. The Violent Bear It Away (6:50)
14. Lacrimae (8:05)
15. When You're Old (2:18)

Acaba de salir a la venta el nuevo disco de Moby, titulado Destroyed, bastante tiempo después de que se hiciese popular en la red de redes el EP Be the One, adelanto gratuito del álbum. Richard Melville Hall, que lleva una década aglutinando en su persona las facetas -casi siempre incompatibles- del compositor espiritual y del ídolo del pop superventas-amigo-de-las-estrellas-de-Hollywood, regresa con un trabajo muy ambiental, muy chill, que ya llena cualquier búsqueda en Google de críticas variopintas.

Como no me gusta guiarme por lo que cuentan otras, empezaré con los hechos objetivos. Destroyed viene acompañado de un libro con fotografías de Moby sobre su última gira, convirtiendo el conjunto en una especie de crónica de lo que siente y vive un artista que se recorre el mundo a gran velocidad y en poco tiempo. Ahí están esas fotos de asépticos corredores de estaciones de metro y aeropuertos con luz artificial que sirven de arte conceptual al álbum y sus singles. Moby declara, además, que los temas de Destroyed son fruto de las ideas que se le ocurrían durante largas noches de insomnio.

Moby

La crítica: Destroyed, si bien demuestra que Moby sigue siendo capaz de grandes cosas, me ha resultado muy aburrido. Vaya por delante que escucho ambient habitualmente, y este mismo blog anda plagado de trabajos del género al que he puesto por la nubes; pero creo que Moby todavía no ha sido capaz de lograr una profundidad tal en sus composiciones que logre mantengan atentos pese a su estatismo genérico, como sí consigue el eterno referente Brian Eno. Moby, cuyo estilo (al menos bajo este seudónimo) siempre se ha caracterizado por su uso de sampleados R&B, electrónica casi bailable y algún toque guitarrero y de piano, se ha puesto demasiado cómodas sus zapatillas de ingeniero y ha ido perdiendo progresivamente la frescura de su obra maestra Play (1999), alucinante lección de imaginación e inmediatez. Desde entonces, y ya desde su todavía estupendo 18 (2002) se ha ido escudando en temas pop interesantes lanzados como singles-gancho para asegurarse las ventas, mientras que el resto de temas de cada trabajo, salvo honrosas excepciones, han caído un poco en lo repetitivo, en esquemas para él conservadores que los hacen llevaderos y bonitos, que no geniales.

Portadas del EP Be the One y del single The Day.

Destroyed es el culmen de todo ello, seguramente el fin de una etapa, y Moby deberá plantearse cómo continuar con su carrera. Sus sampleados tienen cada vez menos gancho -algunos parecen cánticos new age al estilo ERA-, su piano suena apagado y sus arreglos orquestales tipo banda sonora de peli de acción (por ejemplo, en After) cualquier cosa menos originales. Ni siquiera el correspondiente single pop The Day tiene demasiada gracia, quedando a mil millas de la divertida We Are All Made of Stars. Sí que hay cosas muy loables en Destroyed, como la pegadiza Be the One y su voz robotizada con vocoder; la sublime Stella Maris, otra demostración del cristianismo extrovertido del compositor que, de no ser por una sutil producción electrónica, suena casi como una obra auténtica de música sacra; y Lacrimae, una buena idea que quizá se prolonga más de lo necesario. Pero el grueso de temas contenidos en Destroyed es una serie de melodías no muy inspiradas, repetidas hasta la saciedad y con fondos new age un poco cargantes que no los alejan del maniqueísmo.

Vídeo oficial de The Day.

Es casi como si Destroyed fuese para Moby un homenaje a sí mismo en clave "relax". Desde luego, como música para ambientar una lectura o una conversación es estupendo, pero le falta tanto la cualidad estremecedora y envolvente del buen ambient como... como eso que no se puede describir y que era simplemente mágico en Play, el disco con el que, para bien o para mal, cualquier obra posterior de Moby sigue siendo comparada. En Spotify. Aquí, Lacrimae:

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