martes, 23 de diciembre de 2025
Wim Mertens - INTEGER VALOR
lunes, 23 de junio de 2025
Kronos Quartet - KRONOS QUARTET PERFORMS PHILIP GLASS
Y hablando del más popular de los minimalistas, tenía ganas de traer por aquí al Kronos Quartet, una de las formaciones de referencia en la interpretación de la obra de Philip Glass. El Kronos Quartet es un cuarteto de cuerda surgido en Seattle (Washington) a comienzos de los setenta pero afincado en San Francisco. Ha tenido un buen número de componentes lo largo de todos estos años, pero sólo su fundador David Harrington permanece con ellos desde el principio hasta la actualidad. La música clásica contemporánea y el cuarteto siempre han mantenido una relación íntima, tanto que en muchos casos se han compuesto obras específicamente para ser interpretadas por ellos. Tampoco han evitado colaborar con artistas del mundo del folk y de la música popular, por supuesto, desde Bob Dylan hasta Frank Zappa, pasando por Björk, Paul McCartney o Nine Inch Nails.
El disco que hoy traemos es de 1995. El propio Philip Glass explica que, cuando un compositor afronta la escritura de un cuarteto para cuerdas, tiene tendencia a tomárselo mucho más en serio que obras de otro tipo, consiguiendo -según él- que la obra terminada tenga una carácter muy personal respecto a la identidad musical del autor. De alguna manera, podemos estar de acuerdo en que una partitura para orquesta sinfónica siempre puede quedar elegante, resultona, a poco que tenga los ingredientes más básicos, mientras que las piezas, digamos, de cámara exigen más calidad en la composición al ir más "desnudas", carentes del efectismo rutilante de la gran orquesta.
Este álbum contiene cuatro cuartetos distintos de Glass, los números 5, 4, 2 y 3, el último de los cuales corresponde a música compuesta para la película Mishima (1985), reestructurada por el compositor como obra para cuarteto. En la página oficial del Kronos Quartet, Philip Glass admite que el número 5, con el que comienza en disco, fue un intento de componer un cuarteto de cuerda con una actitud despreocupada y orientado a darle "musicalidad", que él mismo entiende que al final es "la cuestión más seria de todas".
Aparte de los cortes correspondientes a Mishima, que al final llaman la atención porque son territorio conocido, me quedo con el primero de los cuartetos, el número 5, muy expresivo y con unas texturas musicales muy ricas. Por ahí he leído a alguien que afirma que le recuerda al estilo de Michael Nyman, y es verdad que tiene a ratos ese toque barroco del británico, aunque el efectismo de piezas como el quinto movimiento (y quinto corte del álbum) es Glassiano al 100%. Puede recordar más a Nyman en su faceta de autor de BSOs de cine que en su vertiente más cercana al folk. El segundo cuarteto incluido aquí, el número 4, dedicado al pintor Brian Buczak, es en general solemne aunque contiene fragmentos con mucho nervio. Y el tercero, el número 2, que se titula Company al estar compuesto para una obra de teatro de Samuel Beckett del mismo nombre, es breve, relativamente contenido y más o menos medidativo.
Siempre podemos plantearnos qué tiene de especial una interpretación del Kronos Quartet que no pueda aportar cualquier otro ensemble de prestigio, y escuchando el álbum comprobamos que no solamente hay un perfecto entendimiento mutuo entre Glass y los intérpretes (entre otras cosas, porque el Kronos ya había interpretado total o parcialmente alguno de los cuartetos), sino que éstos consiguen que una serie de piezas que -en otras circunstancias- quizá no llegarían más que a unos cuantos oyentes sibaritas, al final resulten muy accesibles para públicos relativamente amplios por la perfecta, virtuosa, colorista, extraordinariamente dinámica ejecución de las mismas. Apunta nuestro siempre referencial Mike Shooter en su fantástico blog La voz de los vientos que el álbum se grabó en el estudio del Rancho Skywalker de George Lucas, lo que asegura una calidad sonora importante. Recordemos, queridos frikis, que Lucas y Glass ya habían tenido contacto, directo o indirecto, al ser el primero productor de la citada Mishima y de Powaqqatsi (1988), ambas con música del segundo.
El Kronos Quartet que grabó este álbum estaba formado entonces por David Harrington y John Sherba a los violines, Hank Dutt a la viola y Joan Jeanrenaud al violonchelo. Ejercen como productores -entre otros- el propio Philip Glass y su productor habitual Kurt Munkacsi. Todo queda en casa.
martes, 27 de mayo de 2025
Max Richter - IN A LANDSCAPE
martes, 2 de abril de 2024
Anthony Phillips - PRIVATE PARTS & PIECES
Escribí más o menos lo mismo en una entrada anterior: Anthony Phillips puede ser el artista del rock progresivo más interesante de todos sobre los que nunca has oído hablar. Y no es que sea especialmente desconocido, sino más bien que él mismo ha debido sentirse cómodo manteniendo un perfil bajo. Salió de Genesis tras participar en sus dos primeros álbumes (y aportar algo de material al tercero) por tener problemas de pánico escénico y después se tomó su tiempo para publicar su primer y magnífico álbum de debut The Geese and the Ghost (1977).
Escuchando este Private Parts & Pieces (1978), he llegado a la conclusión de que Phillips seguramente sentía que no estaba suficientemente preparado como artista para mantenerse a la altura del ascenso al éxito total de Genesis. Se sabe que en cuanto abandonó la banda se dedicó a estudiar para ser un mejor músico, y creo que no nos equivocaríamos al decir que el álbum que traemos hoy viene a ser su cuaderno de clase de aquella época. Un primer cuaderno, para ser más precisos, porque de Private Parts & Pieces se han publicado nada menos que once entregas.
Anthony Phillips grabó este álbum después de su segundo trabajo de estudio, Wise After the Event (1978), confiando en que encontrase un espacio en el mercado en aquella época mágica en la que un trabajo casi totalmente instrumental, experimental y minimalista en todos los aspectos, podía tener una salida comercial más que satisfactoria. Parece que le animó el que gente como Brian Eno estuviese apadrinando iniciativas parecidas. Pero a la discográfica Virgin no le pareció buena idea. Llegaron a un acuerdo intermedio: Private Parts & Pieces se publicaría sólo como "regalo" en edición limitada para los primeros 5.000 compradores del que iba a ser el siguiente álbum de Phillips, Sides (1979).
¿Qué problema tenía Virgin Records, la compañía que había echado raíces gracias al Tubular Bells y a trabajos prácticamente extraterrestres de bandas como Tangerine Dream, en publicar un álbum de rock progresivo instrumental más o menos sosegado? Pues que Private Parts & Pieces no es un álbum normal, sino una colección de grabaciones caseras realizadas por Anthony Phillips mientras se formaba como compositor e intérprete. Algunas son piezas inacabadas, sin pulir, a veces descartes de composiciones ambiciosas de naturaleza conceptual que se iban quedando en la cuneta mientras el músico tomaba decisiones sobre sus álbumes venideros.
Abundan las piezas para teclado con arreglos rudimentarios (Beauty and the Beast, Autumnal) y sobre todo las melodías para guitarra solista (Field of Eternity, Lullaby, Tregenna Afternoons, etc.), aunque también hay un par de canciones muy dulces y sencillas (Stranger, Seven Long Years). En los temas 2 y 12 colabora Mike Rutherford en la composición. La producción de algunos temas era a veces tan artesanal que el ingeniero Ray Staff (gracias, Wikipedia) tuvo que corregir muchos de los problemas de sonido que contenían, antes de que se publicase el disco. Se sigue apreciando la diferencia en la calidad de las grabaciones de unos temas y otros, tras muchos años de reediciones y remasterizaciones.
Lo interesante de Private Parts & Pieces es que mantenía vivo el sonido de una fase temprana del rock progresivo británico en una época en la que buena parte de sus gurús se movían a grandes pasos hacia la reconversión pop. Anthony Phillips seguía haciendo las delicias de quienes alucinaron con el sonido de álbumes de Genesis como Trespass y Nursery Cryme, sólo que en una línea más meditativa y atmosférica. Sería interesante comprobar qué influencia tuvo la música de discos como este en el auge de la new age durante los años ochenta.
Me animé a comenzar con esta particular serie de grabaciones (ojo, la entrega número 12 de Private Parts & Pieces se publicará en mayo de 2024) después de trastear con todo el material inédito que hay de Genesis en YouTube, a veces álbumes completos montados por fans a base de grabaciones no oficiales. Creo que este álbum que nos ocupa suena muchísimo mejor, y seguramente tendremos más entregas de la saga por aquí en el futuro. La segunda parte, que también he escuchado hace muy poco, es tan buena como esta primera.
miércoles, 17 de enero de 2024
Penguin Cafe - RAIN BEFORE SEVEN...
El quinto álbum de estudio de Penguin Cafe, banda heredera de la siempre bienamada Penguin Cafe Orchestra, demuestra otra vez -con algún altibajo- que el bueno de Simon Jeffes estaría muy orgulloso de lo que está haciendo su hijo Arthur. Es es disco más melódico de la formación, delicado y colorido, magnífico de principio a fin. Tengo que volver a escuchar The Red Book (2014), porque ahora me planteo si este Rain Before Seven... (2023) me gusta incluso más.
El título parece un poco insulso, "Lluvia antes de las siete...", que no dice mucho. Al parecer, viene de un viejo dicho muy inglés, por aquello de que el clima impredecible de las Islas Británicas suele dar de sí como para mantener conversaciones esporádicas todos los días. Hay algo más profundo, no obstante, en este título.
Al parecer, el álbum comenzó a gestarse durante el confinamiento de la Covid 19, con toda la incertidumbre que aquello causó al mundo entero durante meses. Arthur Jeffes, que se encontraba con su familia en el reconvertido Convento di Santa Croce en la Toscana (Italia) cuando lo pilló la pandemia, concibe Rain Before Seven... como una expresión de sosegado optimismo. Todo irá bien. Todo volverá a ser como antes. Lloverá antes de las siete, como siempre. Volvamos a la rutina. El álbum fue grabado entre dicho convento y un estudio en Wiltshire.
Todos los temas de Rain Before Seven... son estupendos, incluso algunos de ellos un pelín más comerciales de lo habitual, siempre en el buen sentido. Los cuatro primeros temas poseen cierta aura exótica lograda con percusiones de tipo étnico, que parecen de madera pero podrían ser digitales, reflejando de manera explícita aquella descripción que hizo alguien (quizá el propio Simon Jeffes) de la música de la PCO como la música folclórica de un país imaginario.
Este concepto funciona muy bien en la inicial Welcome to London, mezcla exacta entre el dinamismo que desprende una urbe moderna y el hecho innegable de que Londres es una megalópolis en la que convive una vasta mezcla de etnias y culturas. El título del segundo tema, el tranquilo pero dinámico Temporary Shelter from the Storm, es un autohomenaje que reconocerán los fans de siempre. En dirección a Sudamérica nos lleva la divertida In Re Budd, cuyo título es también un homenaje, en este caso a Harold Budd. Parece que Jeffes se enteró de su muerte (en 2020) precisamente mientras grababa el tema. Second Variety es pura paz, lo más parecido a echarse una siesta en un bello paraje tropical.
No hay miedo a integrar lo sintético en el sonido de Penguin Cafe, como lo demuestra la maravillosa Galahad y su ritmo plenamente actual. Might Be Something ("Podría ser algo") es precisamente eso, una pieza exploratoria que divaga un poco por esos terrenos de lo ambiental minimalista, casi con un toque de jazz en algún punto. No One Really Leaves ("Nadie se marcha realmente") parece tener alguna intención temática algo melancólica que desconozco, pero desde luego suena como un himno profundamente "British" que Michael Nyman habría firmado con todo convencimiento.
Se mueven alegres nuestros pies con la simpática y rabiosamente melódica Find Your Feet, y de la atmosférica Lamborghini 754 he aprendido que la famosa marca de coches deportivos también fabrica tractores, como el que Simon Jeffes regaló a su madre para que cuidase el huerto. De paso, también me he enterado -menudo cotilleo- de que la madre de Jeffes es nada menos que Emily Young, famosa escultora y autora de las portadas de la Penguin Cafe Orchestra original, además de la inspiradora del tema See Emily Play de Pink Floyd. El mundo es un pañuelo. Concluye el álbum con Goldfinch Yodel, tan PCO que es una delicia escuchar algo así tantos años después.
Intervienen Arthur Jeffes (piano, balafón, melódica, guitarra Gretsch, ukelele, piano modificado, cuatro, percusiones, sintetizadores, dulcémele y bajo), Oli Langford (violín y viola), Clementine Brown (violín), Rebecca Waterworth (chelo), Andy Waterworth (contrabajo), Avvon Chambers (percusiones) y Alessandro "Asso" Stefana (guitarra hawaiiana y paisajes sonoros). Oli Langford es, además, coautor de la mitad de los temas junto a Jeffes.
Para terminar, sólo decir que los puntos suspensivos del título hacen referencia al primer álbum de la banda, A Matter of Life..., que también terminaba con ellos. Esto no creo que se haya dicho, pero quizá Jeffes considere que el álbum de 2023 cierra un ciclo. Veremos.
miércoles, 3 de febrero de 2021
Philip Glass - THE MUSIC OF CANDYMAN
La historia de Candyman y su banda sonora original podrían verse desde cierta óptica como el relato de una estafa artística. Resulta que, a finales de los años ochenta, alguien en Hollywood le comió la oreja al célebre escritor Clive Barker, creador de algunas de las obras más impactantes del género de terror de la época, para que se implicase en una adaptación al cine de su relato Lo prohibido. Parece que los productores vendían el proyecto como una película pequeña, autoral, casi experimental, y utilizando este planteamiento "cultureta" atrajeron tanto a Barker como al compositor Philip Glass como sus mayores reclamos más allá de lo cinematográfico.
Al final, una vez estrenada la película se impuso la idea de que Candyman: el dominio de la mente (Bernard Rose, 1992) era en realidad un slasher del montón con un asesino sobrenatural tipo Freddy Krueger persiguiendo a una pobre chica y dejando detrás un reguero de cadáveres ensangrentados. No sé qué le pareció a Clive Barker, que también había hecho sus pinitos en el cine con la brutal Hellraiser, pero se sabe que Philip Glass se tomó a mal el hecho de haber puesto su música (recordemos que el Glass de aquella época era más sibarita que hoy al elegir proyectos) al servicio de una película simplona de sustos y palomitas.
Pero el tiempo puso a Candyman en su sitio. La película cuenta la historia de una investigadora de Chicago que anda detrás de la leyenda urbana de Candyman ("hombre chuchería", "hombre de los dulces"), un joven artista negro que en la época de la esclavitud se enamoró de una rica heredera blanca y fue mutilado, untado en miel y picoteado por abejas hasta la muerte. Supuestamente se aparece a tu espalda para convertirte en un amasijo sanguinolento con su garfio si pronuncias su nombre cinco veces ante un espejo. La cuestión es que, si bien la premisa y parte de la trama de la película responden a la típica historia de terror manida que mencionábamos antes, su ambientación y su tono general son cosa bien distinta, con una atmósfera de suburbio sucia y gris, un clima de angustia y ambigüedad psicológica muy bien logrado y -sobre todo- con algunas imágenes icónicas que resultan verdaderamente perturbadoras. No es una película convencional, por mucho que algún articulista cínico se viniese arriba en el estreno.
Hay que destacar lo mucho que aporta al enrarecido universo de la película la música del "estafado" Philip Glass, que en este caso es mayormente una mezcla gótica de fluctuantes coros mixtos y órgano, alguna melodía para voz solista y una pieza de piano, la principal, más que memorable. Se trata de minimalismo puro, lo que no debe confundirse con una música delicada o sutil, sino que más bien, en este caso al menos, es en general obsesiva y densa, muy presente en cada escena de la película en la que se utiliza. Ejercen como colaboradores de Glass su productor habitual Kurt Munkacsi y el director de orquesta Michael Riesman.
Tanto el uno como el otro están libres de toda sospecha de copia, pero es posible que hubiese un inconfeso, tácito intercambio de ideas entre Glass y el entonces en boga Danny Elfman, que para algunas películas de Tim Burton desarrollaba conceptos musicales muy parecidos.
La cosa es que, como la película funcionó y terminó teniendo cierto prestigio (hoy lo tiene mucho más), se concibió una secuela (Candyman 2, estrenada en 1995) y el propio Philip Glass accedió a que se reutilizase la música ya compuesta. El productor encargado del corta-pega musical destinado a la segunda parte, Don Christensen, logró incluso que Glass compusiese cuatro piezas nuevas. En el libreto del disco en CD, Christensen aporta algunos de los detalles arriba explicados.
lunes, 16 de diciembre de 2019
Wim Mertens celebra sus 40 años de carrera.
sábado, 10 de febrero de 2018
Wim Mertens - STRUGGLE FOR PLEASURE
Struggle for Pleasure ("Forcejeo por placer" o "Lucha por el placer", 1983) fue uno de los trabajos tempranos de Wim Mertens, el que más contribuyó a afianzar su fama en su primera época, cuando sus álbumes se publicaban con el nombre de su banda Soft Verdict. En realidad, tanto Struggle for Pleasure como el anterior Vergessen (1982) son en realidad mini-álbumes o EPs, ya que su duración anda entre los veinte y los treinta minutos.

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