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martes, 23 de diciembre de 2025

Wim Mertens - INTEGER VALOR


1. La fin de la visite (5:18)
2. Au delà du fleuve (5:13)
3. In 3 or 4 Days (6:08)
4. Comme en dormant (4:38)
5. And Bring You Back (4:59)
6. Tout est visible (5:45)
7. Yes, I Never Did (5:27)
8. Sidemen (10:01)

Integer Valor (1998) es para muchos aficionados una de las mejores obras del belga Wim Mertens. Yo quizá me decantaría por Jardin Clos (1996), un trabajo que sentó las bases para este que nos ocupa, ya que Mertens se inclinó por añadir calidez extra a su sonido mediante un ensemble en el que destacaban las cuerdas. No soy un conocedor profundo de la obra completa de este compositor, en la que he ido picoteando aquí y allá, pero entiendo que estos discos de fin de siglo buscaban abrirse a un público más amplio que el que generalmente se aficiona al minimalismo "hardcore", a veces un poco árido si no terminas de interiorizar sus preceptos.

Wim Mertens

No puedo decir que la manera habitual de aproximarse al minimalismo de Wim Mertens sea árida, ni mucho menos, pero es verdad que algunas de sus obras de referencia (las que conozco, insisto) son algo más descarnadas que álbumes como este. La new age no es una tentación en la que yo piense que Mertens haya estado tentado de caer, pero seguramente era consciente de que aquellos años noventa fueron bastante potentes, comercialmente hablando, para la música instrumental de calidad. Y no se puede negar que este señor tiene la rara virtud de ser ecléctico en un terreno musical en el que es fácil aferrarse a un estilo rígido, desarrollando al mismo tiempo una personalidad artística muy reconocible.

 
La fin de la visite.

La portada del álbum es un fragmento de un cuadro de Georges de la Tour titulado La femme à la puce ("La mujer con la pulga" o "Mujer buscando una pulga"), obra austera y enigmática de significado no del todo explicado. Y el título hace referencia al respeto íntegro, digamos al pie de la letra, de una partitura en la que cada elemento, por irrelevante que pueda parecer, debe reproducirse con fidelidad en su interpretación. Se aprecia que Mertens da gran importancia a los matices en sus obras, aunque el detalle de la señora aplastando una pulga con las uñas puede hacernos pensar que el título es más bien irónico.

 
Yes, I Never Did en vivo con la Sinfónica de Tenerife.

Lo cierto es que todo en Integer Valor es un trabajo cálido, amable pero no por ello carente de ambición, variado y sin un instante de divagación innecesaria. Comienza con la trepidante La fin de la visite, con un piano que no cesa y una melodía dibujada con trompeta. Arrebatadoramente sentimental es Au-delà du fleuve, esta vez con las cuerdas como protagonistas; y en In 3 or 4 Days se cuela además una guitarra, instrumento hasta entonces, por lo que sé, no muy habitual en álbumes del belga. Más pausada pero igualmente intensa es Comme en dormant, con un piano muy marcado y otra melodía meritoria. Un capricho ingenuo pero bonito que recuerda a algo de la Penguin Cafe Orchestra por su técnica de pizzicato es And Bring You Back; y todo lo contrario a lo ingenuo es Tout Est Visible, una pieza de desarrollo tan lento como sólido cuya solemnidad es memorable. Concluye el álbum con la estupenda Yes, I Never Did, que desde su publicación se ha convertido en clásico de Mertens; y con la extensa Sidemen, sostenida en una floritura al piano sobre la que se van acumulando más instrumentos hasta llegar a un tramo final un tanto abstracto.

La versión Intégrale.

Para regocijo máximo de quienes amaron Integer Valor, al año siguiente se publicó Integer Valor Intégrale, un pack con tres CDs que expande enormemente el sonido del álbum original. Cada uno de los discos tenía incluso su propio título, siendo éstos To Fill in the Blank, Written Conversation y Full of Cobbles. Los temas del álbum primigenio están repartidos entre los tres discos, y aunque podríamos entender que el resto de cortes son piezas descartadas, cuesta encontrar una sola que no valga la pena. Estupendo trabajo en cualquiera de sus versiones, imprescindible en tu colección incluso si sólo quieres tener dos o tres de este autor.

lunes, 23 de junio de 2025

Kronos Quartet - KRONOS QUARTET PERFORMS PHILIP GLASS

 

1. String Quartet No. 5: I (1:11)
2. String Quartet No. 5: II (2:59)
3. String Quartet No. 5: III (5:28)
4. String Quartet No. 5: IV (4:38)
5. String Quartet No. 5: V (7:44)
6. String Quartet No. 4 (Bukzak): I (7:59)
7. String Quartet No. 4 (Bukzak): II (6:23)
8. String Quartet No. 4 (Bukzak): III (8:49)
9. String Quartet No. 2 (Company): I (2:11)
10. String Quartet No. 2 (Company): II (1:36)
11. String Quartet No. 2 (Company): III (1:33)
12. String Quartet No. 2 (Company): IV (2:13)
13. String Quartet No. 3 (Mishima): 1957 - Award Montage (3:31)
14. String Quartet No. 3 (Mishima): November 15 - Ichigaya (1:23)
15. String Quartet No. 3 (Mishima): 1934 - Grandmother and Kimitake (2:44)
16. String Quartet No. 3 (Mishima): 1962 - Body Building (1:41)
17. String Quartet No. 3 (Mishima): Blood Oath (3:14)
18. String Quartet No. 3 (Mishima): Closing (3:00)

Y hablando del más popular de los minimalistas, tenía ganas de traer por aquí al Kronos Quartet, una de las formaciones de referencia en la interpretación de la obra de Philip Glass. El Kronos Quartet es un cuarteto de cuerda surgido en Seattle (Washington) a comienzos de los setenta pero afincado en San Francisco. Ha tenido un buen número de componentes lo largo de todos estos años, pero sólo su fundador David Harrington permanece con ellos desde el principio hasta la actualidad. La música clásica contemporánea y el cuarteto siempre han mantenido una relación íntima, tanto que en muchos casos se han compuesto obras específicamente para ser interpretadas por ellos. Tampoco han evitado colaborar con artistas del mundo del folk y de la música popular, por supuesto, desde Bob Dylan hasta Frank Zappa, pasando por Björk, Paul McCartney o Nine Inch Nails.

 
Fotografía promocional tipo tarjeta de recuerdo.

El disco que hoy traemos es de 1995. El propio Philip Glass explica que, cuando un compositor afronta la escritura de un cuarteto para cuerdas, tiene tendencia a tomárselo mucho más en serio que obras de otro tipo, consiguiendo -según él- que la obra terminada tenga una carácter muy personal respecto a la identidad musical del autor. De alguna manera, podemos estar de acuerdo en que una partitura para orquesta sinfónica siempre puede quedar elegante, resultona, a poco que tenga los ingredientes más básicos, mientras que las piezas, digamos, de cámara exigen más calidad en la composición al ir más "desnudas", carentes del efectismo rutilante de la gran orquesta.

Este álbum contiene cuatro cuartetos distintos de Glass, los números 5, 4, 2 y 3, el último de los cuales corresponde a música compuesta para la película Mishima (1985), reestructurada por el compositor como obra para cuarteto. En la página oficial del Kronos Quartet, Philip Glass admite que el número 5, con el que comienza en disco, fue un intento de componer un cuarteto de cuerda con una actitud despreocupada y orientado a darle "musicalidad", que él mismo entiende que al final es "la cuestión más seria de todas".

 
String Quartet No. 5: V

Aparte de los cortes correspondientes a Mishima, que al final llaman la atención porque son territorio conocido, me quedo con el primero de los cuartetos, el número 5, muy expresivo y con unas texturas musicales muy ricas. Por ahí he leído a alguien que afirma que le recuerda al estilo de Michael Nyman, y es verdad que tiene a ratos ese toque barroco del británico, aunque el efectismo de piezas como el quinto movimiento (y quinto corte del álbum) es Glassiano al 100%. Puede recordar más a Nyman en su faceta de autor de BSOs de cine que en su vertiente más cercana al folk. El segundo cuarteto incluido aquí, el número 4, dedicado al pintor Brian Buczak, es en general solemne aunque contiene fragmentos con mucho nervio. Y el tercero, el número 2, que se titula Company al estar compuesto para una obra de teatro de Samuel Beckett del mismo nombre, es breve, relativamente contenido y más o menos medidativo.

 
String Quartet No. 4 (Bukzak): III

Siempre podemos plantearnos qué tiene de especial una interpretación del Kronos Quartet que no pueda aportar cualquier otro ensemble de prestigio, y escuchando el álbum comprobamos que no solamente hay un perfecto entendimiento mutuo entre Glass y los intérpretes (entre otras cosas, porque el Kronos ya había interpretado total o parcialmente alguno de los cuartetos), sino que éstos consiguen que una serie de piezas que -en otras circunstancias- quizá no llegarían más que a unos cuantos oyentes sibaritas, al final resulten muy accesibles para públicos relativamente amplios por la perfecta, virtuosa, colorista, extraordinariamente dinámica ejecución de las mismas. Apunta nuestro siempre referencial Mike Shooter en su fantástico blog La voz de los vientos que el álbum se grabó en el estudio del Rancho Skywalker de George Lucas, lo que asegura una calidad sonora importante. Recordemos, queridos frikis, que Lucas y Glass ya habían tenido contacto, directo o indirecto, al ser el primero productor de la citada Mishima y de Powaqqatsi (1988), ambas con música del segundo.

Contraportada de la edición en vinilo.

El Kronos Quartet que grabó este álbum estaba formado entonces por David Harrington y John Sherba a los violines, Hank Dutt a la viola y Joan Jeanrenaud al violonchelo. Ejercen como productores -entre otros- el propio Philip Glass y su productor habitual Kurt Munkacsi. Todo queda en casa.

martes, 27 de mayo de 2025

Max Richter - IN A LANDSCAPE

 CD 1
 
1. They Will Shade Us with Their Wings (8:33)
2. Life Study I (0:46)
3. A Colour Field (Holocene) (2:25)
4. Life Study II (1:24)
5. And Some Will Fall (8:04)
6. Life Study III (1:04)
7. The Poetry of Earth (Geophony) (3:58)
8. Life Study IV (0:31)
9. Only Silent Words (2:16)
10. Life Study V (0:30)
11. Late and Soon (7:10)
12. Life Study VI (0:41)
13. Andante (2:33)
14. Life Study VII (1:01)
15. A Time Mirror (Biophony) (3:58)
16. Life Study VIII (0:42)
17. Love Song (After JE) (5:39)
18. Life Study IX (0:52)
19. Movement, Before All Flowers (4:17)
 
CD 2
 
1. And Some Will Fall (edit) (4:11)
2. The Poetry of Earth (Geophony) (edit) (3:39)
3. Late and Soon (edit) (3:19)
4.  Love Song (After JE) (edit) (4:41)
5.  Movement, Before All Flowers (edit) (3:39)

Entre el ramillete de compositores más o menos clásicos de corte minimalista que están de actualidad, uno de los más destacados es el británico de origen alemán Max Richter, sobre todo porque ha compuesto (y prestado) varias composiciones para películas que han tenido cierta repercusión. Su lista de colaboraciones con todo tipo de artistas es abultada, aunque destacamos su participación como pianista en varios trabajos de The Future Sound of London, de quienes comentamos un álbum hace años. In a Landscape (2024) es el último disco publicado por Max Richter en solitario hasta ahora.

Según él mismo explica, In a Landscape ("En un paisaje", título idéntico al de una obra de John Cage) recupera las ideas que ya había explorado en su anterior The Blue Notebooks (2004) sobre la conexión entre lo grandilocuente y lo íntimo, lo universal y lo personal, lo artificial y lo orgánico, etc. Richter formó parte de la banda de pianistas Piano Circus, en la que solían interpretar piezas de Philip Glass, Steve Reich y Brian Eno, entre otros, por lo que conoce bien el ámbito del minimalismo.
 
Max Richter en una imagen promocional.
(de la web de Deutsche Grammophon)
 
Esas piezas lentas in crescendo a base de cuerdas, melancolía desatada, me parecen muy similares entre sí. Siendo seguidor de Philip Glass, a quien un recién llegado juzgará sin duda alguna como repetitivo, entiendo que debería conocer más la obra de Richter para tener una visión más amplia de sus capacidades como compositor. Por el momento, In a Landscape no es una obra que me haya sorprendido demasiado, si bien me ha parecido bella y agradable.
 
In a Landscape se inicia con They Will Shade Us with Their Wings ("Nos darán sombra con sus alas"), una pieza que comienza con unas notas ominosas y que después se va construyendo con sutiles pinceladas de violín. Life Study I consiste en una grabación a lo música concreta de alguien caminando. A Colour Field (Holocene) es un poco más cálida, con un piano meditabundo al que se suma otro teclado. Life Study tiene como base y casi único sonido un canto de pájaros, algún sonido callejero/doméstico y una única nota repetitiva que apenas se hace notar hasta casi el final. And Some Will Fall ("Y algunos caerán") es un tema con regusto neorromántico con una melodía sencilla en bucle sobre la que se desarrolla otra, todo a base de cuerdas muy delicadas.

And Some Will Fall

El tercer Life Study parece recoger muy a lo lejos la voz de alguien por megafonía, amén de las de un grupo de personas un poco después, con una casi imperceptible capa de sonido electrónico. Quizá intente recrear el sonido de una estación de tren o similar. The Poetry of Earth (Geophony) mezcla teclado y cuerdas en otra pieza cálida y elegante. Lo que hay en Life Study IV debe ser alguna clase de ruido de maquinaria modificado electrónicamente hasta hacerlo inidentificable. Hay un importante cambio de espíritu en Only Silent Words, que parece una pieza propia de un álbum de William Orbit, envolvente pero sin un fin muy claro. Suena un piano lejano en Life Study V, como si nos llegase el sonido desde la ventana de otra casa. Y suena a pura tristeza Late and Soon. Absténganse depresivos.

Late and Soon
 
En Life Study VI hay una voz femenina, más pisadas, algún transporte a tres manzanas de distancia y más cosas de las que te obligan a subir el volumen para descubrir los detalles. No era Late and Soon la alegría de la huerta ni lo es el Andante del siguiente corte, esta vez con el piano solista como único instrumento. Más ruidos de pasos y melodías de dudosa procedencia en Life Study VII y nos vamos a A Time Mirror (Biophony), que se construye mediante el diálogo entre instrumentos de viento. Más sonidos fantasmagóricos en Life Study VIII y llegamos a una de las piezas más accesibles del álbum, Love Song (After JE), con una melodía bastante más compleja de lo escuchado hasta ahora. Terminamos con la inevitable Life Study IX, con más pasos y notas electrónicas en la distancia, y Movement, Before All Flowers, otra bonita y luminosa pieza que en algún momento recuerda a los momentos más íntimos de la Penguin Cafe Orchestra. El segundo CD presenta versiones editadas de algunos temas del primer disco.

Before All Flowers
 
En general, el minimalismo clásico anglosajón de finales del siglo XX tiene un punto de épica que siempre me ha atraído. Al estar construidas sus composiciones más prototípicas a base de notas muy simples y en bucle, son los pequeños cambios en la textura de las piezas los que logran el efectismo, el "prestigio" que diría un mago. Son temas impetuosos como las moles de hormigón de la arquitectura brutalista, a veces receptáculos de rabia como los cuadros impresionistas abstractos, y como al final resulta que la música es la más directa de las artes, la que menos artificio necesita para entrar directamente a nuestra mente/espíritu, no hay que estar entrenado para ser sensible a sus poderes. 
 
La música de Max Richter aquí contenida posee esa característica primaria de lo contemporáneo, del saber transmitir emociones con apenas dos pinceladas, que hace grandes a los consagrados del género. Pero se percibe que la fórmula de Richter puede hacerse monótona y que muchos movimientos de este In a Landscape daban para más. No sé si por no aumentar la duración de los mismos o por no romper la autoimposición de mantener una ambientación etérea, parece que más de una buena idea se queda en tierra de nadie. No tiene la expresividad de Glass ni el poder telúrico de Reich, ni el nervio de Nyman ni el preciosismo melódico de Mertens, pero tiene voz propia y puede que vaya a más con el tiempo. 
 
O sigo siendo yo quien debe seguir profundizando. Es muy posible.
 
La contraportada también es minimalista.
 
En In a Landscape, Max Richter toca el piano, el órgano Hammond y varias percusiones electrónicas, amén de programar el sintetizador. Otros músicos incorporan a las piezas saxofones tenor y barítono, violonchelo, viola y clarinete bajo. Es el primer álbum que ha grabado en su nuevo estudio Richter Mahr de Oxfordshire, que lleva su apellido y el de su esposa Yulia.
 
Al parecer, In a Landscape ha servido como punto de partida para una primera gira mundial de Richter, que -si no me equivoco- está teniendo lugar en estos momentos. 

martes, 2 de abril de 2024

Anthony Phillips - PRIVATE PARTS & PIECES


1. Beauty and the Beast (4:08)
2. Field of Eternity (5:10)
3. Tibetan Yak-Music (6:09)
4. Lullaby - Old Father Time (1:15)
5. Harmonium in the Dust (2:29)
6. Tregenna Afternoons (7:49)
7. Stranger (6:08) (añadida en reediciones)
8. Reaper (7:38)
9. Autumnal (5:57)
10. Flamingo (11:06)
11. Seven Long Years (2:58)
12. Silver Song (Demo) (3:19) (añadida en reediciones)
13. Movement IV from Guitar Quintet (7:08) (añadida en reediciones)

Escribí más o menos lo mismo en una entrada anterior: Anthony Phillips puede ser el artista del rock progresivo más interesante de todos sobre los que nunca has oído hablar. Y no es que sea especialmente desconocido, sino más bien que él mismo ha debido sentirse cómodo manteniendo un perfil bajo. Salió de Genesis tras participar en sus dos primeros álbumes (y aportar algo de material al tercero) por tener problemas de pánico escénico y después se tomó su tiempo para publicar su primer y magnífico álbum de debut The Geese and the Ghost (1977). 

Anthony Phillips en una foto de la época 
(de la web musictoeat.com, en la que se narra la larga historia del tema Silver Song)

Escuchando este Private Parts & Pieces (1978), he llegado a la conclusión de que Phillips seguramente sentía que no estaba suficientemente preparado como artista para mantenerse a la altura del ascenso al éxito total de Genesis. Se sabe que en cuanto abandonó la banda se dedicó a estudiar para ser un mejor músico, y creo que no nos equivocaríamos al decir que el álbum que traemos hoy viene a ser su cuaderno de clase de aquella época. Un primer cuaderno, para ser más precisos, porque de Private Parts & Pieces se han publicado nada menos que once entregas.

Trasera de una versión en CD.

Anthony Phillips grabó este álbum después de su segundo trabajo de estudio, Wise After the Event (1978), confiando en que encontrase un espacio en el mercado en aquella época mágica en la que un trabajo casi totalmente instrumental, experimental y minimalista en todos los aspectos, podía tener una salida comercial más que satisfactoria. Parece que le animó el que gente como Brian Eno estuviese apadrinando iniciativas parecidas. Pero a la discográfica Virgin no le pareció buena idea. Llegaron a un acuerdo intermedio: Private Parts & Pieces se publicaría sólo como "regalo" en edición limitada para los primeros 5.000 compradores del que iba a ser el siguiente álbum de Phillips, Sides (1979).

Field of Eternity

¿Qué problema tenía Virgin Records, la compañía que había echado raíces gracias al Tubular Bells y a trabajos prácticamente extraterrestres de bandas como Tangerine Dream, en publicar un álbum de rock progresivo instrumental más o menos sosegado? Pues que Private Parts & Pieces no es un álbum normal, sino una colección de grabaciones caseras realizadas por Anthony Phillips mientras se formaba como compositor e intérprete. Algunas son piezas inacabadas, sin pulir, a veces descartes de composiciones ambiciosas de naturaleza conceptual que se iban quedando en la cuneta mientras el músico tomaba decisiones sobre sus álbumes venideros.

Harmonium in the Dust

Abundan las piezas para teclado con arreglos rudimentarios (Beauty and the Beast, Autumnal) y sobre todo las melodías para guitarra solista (Field of Eternity, Lullaby, Tregenna Afternoons, etc.), aunque también hay un par de canciones muy dulces y sencillas (Stranger, Seven Long Years). En los temas 2 y 12 colabora Mike Rutherford en la composición. La producción de algunos temas era a veces tan artesanal que el ingeniero Ray Staff (gracias, Wikipedia) tuvo que corregir muchos de los problemas de sonido que contenían, antes de que se publicase el disco. Se sigue apreciando la diferencia en la calidad de las grabaciones de unos temas y otros, tras muchos años de reediciones y remasterizaciones.

Stranger

Lo interesante de Private Parts & Pieces es que mantenía vivo el sonido de una fase temprana del rock progresivo británico en una época en la que buena parte de sus gurús se movían a grandes pasos hacia la reconversión pop. Anthony Phillips seguía haciendo las delicias de quienes alucinaron con el sonido de álbumes de Genesis como Trespass y Nursery Cryme, sólo que en una línea más meditativa y atmosférica. Sería interesante comprobar qué influencia tuvo la música de discos como este en el auge de la new age durante los años ochenta.

Estuche de 2015 con los cuatro primeros volúmenes de Private Parts & Pieces.

Me animé a comenzar con esta particular serie de grabaciones (ojo, la entrega número 12 de Private Parts & Pieces se publicará en mayo de 2024) después de trastear con todo el material inédito que hay de Genesis en YouTube, a veces álbumes completos montados por fans a base de grabaciones no oficiales. Creo que este álbum que nos ocupa suena muchísimo mejor, y seguramente tendremos más entregas de la saga por aquí en el futuro. La segunda parte, que también he escuchado hace muy poco, es tan buena como esta primera.

miércoles, 17 de enero de 2024

Penguin Cafe - RAIN BEFORE SEVEN...


1. Welcome to London (4:48)
2. Temporary Shelter from the Storm (4:55)
3. In Re Budd (4:22)
4. Second Variety (3:53)
5. Galahad (6:10)
6. Might Be Something (6:29)
7. No One Really Leaves (4:54)
8. Find Your Feet (4:17)
9. Lamborghini 754 (4:23) 
10. Goldfinch Yodel (4:49)

El quinto álbum de estudio de Penguin Cafe, banda heredera de la siempre bienamada Penguin Cafe Orchestra, demuestra otra vez -con algún altibajo- que el bueno de Simon Jeffes estaría muy orgulloso de lo que está haciendo su hijo Arthur. Es es disco más melódico de la formación, delicado y colorido, magnífico de principio a fin. Tengo que volver a escuchar The Red Book (2014), porque ahora me planteo si este Rain Before Seven... (2023) me gusta incluso más.

El título parece un poco insulso, "Lluvia antes de las siete...", que no dice mucho. Al parecer, viene de un viejo dicho muy inglés, por aquello de que el clima impredecible de las Islas Británicas suele dar de sí como para mantener conversaciones esporádicas todos los días. Hay algo más profundo, no obstante, en este título. 

Una fotografía promocional (autor: Alex Kozobolis)

Al parecer, el álbum comenzó a gestarse durante el confinamiento de la Covid 19, con toda la incertidumbre que aquello causó al mundo entero durante meses. Arthur Jeffes, que se encontraba con su familia en el reconvertido Convento di Santa Croce en la Toscana (Italia) cuando lo pilló la pandemia, concibe Rain Before Seven... como una expresión de sosegado optimismo. Todo irá bien. Todo volverá a ser como antes. Lloverá antes de las siete, como siempre. Volvamos a la rutina. El álbum fue grabado entre dicho convento y un estudio en Wiltshire.

Todos los temas de Rain Before Seven... son estupendos, incluso algunos de ellos un pelín más comerciales de lo habitual, siempre en el buen sentido. Los cuatro primeros temas poseen cierta aura exótica lograda con percusiones de tipo étnico, que parecen de madera pero podrían ser digitales, reflejando de manera explícita aquella descripción que hizo alguien (quizá el propio Simon Jeffes) de la música de la PCO como la música folclórica de un país imaginario.

Welcome to London, vídeo oficial.

Este concepto funciona muy bien en la inicial Welcome to London, mezcla exacta entre el dinamismo que desprende una urbe moderna y el hecho innegable de que Londres es una megalópolis en la que convive una vasta mezcla de etnias y culturas. El título del segundo tema, el tranquilo pero dinámico Temporary Shelter from the Storm, es un autohomenaje que reconocerán los fans de siempre. En dirección a Sudamérica nos lleva la divertida In Re Budd, cuyo título es también un homenaje, en este caso a Harold Budd. Parece que Jeffes se enteró de su muerte (en 2020) precisamente mientras grababa el tema. Second Variety es pura paz, lo más parecido a echarse una siesta en un bello paraje tropical.

Second Variety

No hay miedo a integrar lo sintético en el sonido de Penguin Cafe, como lo demuestra la maravillosa Galahad y su ritmo plenamente actual. Might Be Something ("Podría ser algo") es precisamente eso, una pieza exploratoria que divaga un poco por esos terrenos de lo ambiental minimalista, casi con un toque de jazz en algún punto. No One Really Leaves ("Nadie se marcha realmente") parece tener alguna intención temática algo melancólica que desconozco, pero desde luego suena como un himno profundamente "British" que Michael Nyman habría firmado con todo convencimiento.

Find Your Feet

Se mueven alegres nuestros pies con la simpática y rabiosamente melódica Find Your Feet, y de la atmosférica Lamborghini 754 he aprendido que la famosa marca de coches deportivos también fabrica tractores, como el que Simon Jeffes regaló a su madre para que cuidase el huerto. De paso, también me he enterado -menudo cotilleo- de que la madre de Jeffes es nada menos que Emily Young, famosa escultora y autora de las portadas de la Penguin Cafe Orchestra original, además de la inspiradora del tema See Emily Play de Pink Floyd. El mundo es un pañuelo. Concluye el álbum con Goldfinch Yodel, tan PCO que es una delicia escuchar algo así tantos años después.

Goldfinch Yodel

Intervienen Arthur Jeffes (piano, balafón, melódica, guitarra Gretsch, ukelele, piano modificado, cuatro, percusiones, sintetizadores, dulcémele y bajo), Oli Langford (violín y viola), Clementine Brown (violín), Rebecca Waterworth (chelo), Andy Waterworth (contrabajo), Avvon Chambers (percusiones) y Alessandro "Asso" Stefana (guitarra hawaiiana y paisajes sonoros). Oli Langford es, además, coautor de la mitad de los temas junto a Jeffes.

Para terminar, sólo decir que los puntos suspensivos del título hacen referencia al primer álbum de la banda, A Matter of Life..., que también terminaba con ellos. Esto no creo que se haya dicho, pero quizá Jeffes considere que el álbum de 2023 cierra un ciclo. Veremos.

Imagen promocional.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Philip Glass - THE MUSIC OF CANDYMAN


1. Music Box (1:05)
2. Cabrini Green (3:27)
3. Helen's Theme (1:56)
4. Face to Razor (6:13)
5. Floating Candyman (7:04)
6. Return to Cabrini (9:46)
7. It Was Always You, Helen (3:07)
8. Daniel's Flashback (2:55)
9. The Slave Quarters (5:22)
10. Annie's Theme (3:33)
11. All Falls Apart (3:13)
12. The Demise of Candyman (4:05)
13. Reverend's Walk (1:09)

La historia de Candyman y su banda sonora original podrían verse desde cierta óptica como el relato de una estafa artística. Resulta que, a finales de los años ochenta, alguien en Hollywood le comió la oreja al célebre escritor Clive Barker, creador de algunas de las obras más impactantes del género de terror de la época, para que se implicase en una adaptación al cine de su relato Lo prohibido. Parece que los productores vendían el proyecto como una película pequeña, autoral, casi experimental, y utilizando este planteamiento "cultureta" atrajeron tanto a Barker como al compositor Philip Glass como sus mayores reclamos más allá de lo cinematográfico.

El trailer original no es muy representativo de lo que después transmite la película.

Al final, una vez estrenada la película se impuso la idea de que Candyman: el dominio de la mente (Bernard Rose, 1992) era en realidad un slasher del montón con un asesino sobrenatural tipo Freddy Krueger persiguiendo a una pobre chica y dejando detrás un reguero de cadáveres ensangrentados. No sé qué le pareció a Clive Barker, que también había hecho sus pinitos en el cine con la brutal Hellraiser, pero se sabe que Philip Glass se tomó a mal el hecho de haber puesto su música (recordemos que el Glass de aquella época era más sibarita que hoy al elegir proyectos) al servicio de una película simplona de sustos y palomitas.

Philip Glass

Pero el tiempo puso a Candyman en su sitio. La película cuenta la historia de una investigadora de Chicago que anda detrás de la leyenda urbana de Candyman ("hombre chuchería", "hombre de los dulces"), un joven artista negro que en la época de la esclavitud se enamoró de una rica heredera blanca y fue mutilado, untado en miel y picoteado por abejas hasta la muerte. Supuestamente se aparece a tu espalda para convertirte en un amasijo sanguinolento con su garfio si pronuncias su nombre cinco veces ante un espejo. La cuestión es que, si bien la premisa y parte de la trama de la película responden a la típica historia de terror manida que mencionábamos antes, su ambientación y su tono general son cosa bien distinta, con una atmósfera de suburbio sucia y gris, un clima de angustia y ambigüedad psicológica muy bien logrado y -sobre todo- con algunas imágenes icónicas que resultan verdaderamente perturbadoras. No es una película convencional, por mucho que algún articulista cínico se viniese arriba en el estreno.

Helen's Theme.

Hay que destacar lo mucho que aporta al enrarecido universo de la película la música del "estafado" Philip Glass, que en este caso es mayormente una mezcla gótica de fluctuantes coros mixtos y órgano, alguna melodía para voz solista y una pieza de piano, la principal, más que memorable. Se trata de minimalismo puro, lo que no debe confundirse con una música delicada o sutil, sino que más bien, en este caso al menos, es en general obsesiva y densa, muy presente en cada escena de la película en la que se utiliza. Ejercen como colaboradores de Glass su productor habitual Kurt Munkacsi y el director de orquesta Michael Riesman

Tanto el uno como el otro están libres de toda sospecha de copia, pero es posible que hubiese un inconfeso, tácito intercambio de ideas entre Glass y el entonces en boga Danny Elfman, que para algunas películas de Tim Burton desarrollaba conceptos musicales muy parecidos.

Annie's Theme (de Candyman 2).

La cosa es que, como la película funcionó y terminó teniendo cierto prestigio (hoy lo tiene mucho más), se concibió una secuela (Candyman 2, estrenada en 1995) y el propio Philip Glass accedió a que se reutilizase la música ya compuesta. El productor encargado del corta-pega musical destinado a la segunda parte, Don Christensen, logró incluso que Glass compusiese cuatro piezas nuevas. En el libreto del disco en CD, Christensen aporta algunos de los detalles arriba explicados.

Edición en vinilo de 2014 que recoge solo la música de la primera película.

El caso es que, ante la demanda popular de un álbum oficial con la música de Candyman y lo breve que fue la partitura de Glass, se optó por lanzar al mercado en 2001 el álbum en CD que estoy comentando, que contiene tanto la música original de las dos películas como una pieza introductoria que viene a ser el tema principal (Helen's Theme) con sonido de cajita de música. No sé si estará entre los trabajos imprescindibles de Philip Glass, pero sí que es una de sus partituras para el cine más memorables.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Wim Mertens celebra sus 40 años de carrera.

Y lo hace con un cuádruple álbum, Inescapable, lanzado el pasado mes de noviembre. Incluye tanto versiones en directo como piezas inéditas actuales y antiguas, y dará pie a una gira de aniversario que lo traerá de nuevo a España. Viene a menudo, que conste, entre otras cosas porque desde un principio tuvo más éxito aquí que en su Bélgica natal, y porque se casó con una mujer española. El 28 de enero estará en Madrid, el 31 en Barcelona y el 2 de febrero en Sevilla. Una de las cosas buenas de ser seguidor de Mertens es que en cualquier momento su pequeño "ensemble" puede pasar por el modesto auditorio de tu ciudad de provincias, así que conviene estar atentos a nuevas citas.

Portada del estuche Inescapable.

Wim Mertens, recordemos, es musicólogo, compositor, pianista, guitarrista y hasta contratenor. Es un músico asociado a la música clásica contemporánea -entendida en un sentido amplio- de la rama minimalista, si bien también es muy apreciado en el campo algo heterodoxo de las "nuevas músicas". Es autor de una discografía enormemente extensa de la que hemos comentado ya unos cuantos títulos en el blog, la clase de artista que muchos amantes de la música con mayúsculas deben, necesitan conocer si todavía no han tenido el placer.

Close Cover

sábado, 10 de febrero de 2018

Wim Mertens - STRUGGLE FOR PLEASURE


1. Tourtour (2:30)
2. Struggle for Pleasure (3:53)
3. Salernes (2:59)
4. Close Cover (3:15)
5. Bresque (2:33)
6. Gentlemen of Leisure (4:34)

Struggle for Pleasure ("Forcejeo por placer" o "Lucha por el placer", 1983) fue uno de los trabajos tempranos de Wim Mertens, el que más contribuyó a afianzar su fama en su primera época, cuando sus álbumes se publicaban con el nombre de su banda Soft Verdict. En realidad, tanto Struggle for Pleasure como el anterior Vergessen (1982) son en realidad mini-álbumes o EPs, ya que su duración anda entre los veinte y los treinta minutos.

Portada original.

¿Por qué la singular fama de este trabajo? Porque contiene dos temas en concreto que son quintaesenciales, imprescindibles y muy representativos del estilo Mertens. Hablamos del propio Struggle for Pleasure y de Close Cover, que han aparecido en multitud de campañas publicitarias, documentales y reportajes de telediarios. Forman parte de cualquier recopilatorio de su autor que se precie, y dudo que el belga se baje a menudo de algún escenario sin haberlos interpretado.

Wim Mertens

Lo más interesante de estos trabajos es que se publicaron en una época en la que esta clase de música, y estamos hablando de música clásica minimalista, tenía una amplia aceptación popular gracias a que los medios generalistas la difundían con total normalidad. Los dos temas que mencionábamos, sin ir más lejos, tuvieron hasta videoclips para TV. No me parece posible que en la actualidad pueda haber un interés informativo ni lejanamente parecido al que había hacia la música instrumental, la new age o la electrónica de vanguardia durante los primeros años ochenta, cuando en cualquier canal (y hablo de España) te encontrabas tranquilamente con una actuación o un reportaje sobre Mertens, la Penguin Cafe Orchestra o Andreas Vollenweider, por no hablar de Jarre u Oldfield.

Struggle for Pleasure, el videoclip.

Close Cover, el videoclip.

Pero para no andarnos por las ramas diremos que Struggle for Pleasure, por su gran trascendencia, ha sido reeditado y reutilizado discográficamente en varias ocasiones. Por ejemplo, puede encontrarse (y me refiero al disco, no sólo al tema homónimo) en Usura Early Works 1981-1982 (1989), en el que se fusiona con el anterior Vergessen; o en una edición "extendida" en doble CD con material completamente nuevo de 2012. Varios de sus temas fueron incluidos también en la banda sonora de la película El vientre del arquitecto (1987), quizá por el gusto que su director Peter Greenaway le había cogido a aquella clase de música tras sus muchas colaboraciones con Michael Nyman.

Portadas de Usura Early Works y The Belly of an Architect.

Sobre la música en sí, sigo diciendo lo mismo que en otras entradas sobre Wim Mertens: que su prestigio no extraña a nadie si consideramos que sabe dotar de calidez y cercanía al subgénero minimalista, que es capaz de dotar de una belleza muy accesible incluso a temas que son genuinamente experimentales, y que la experiencia como crítico musical muy pocas veces se transforma en un saber hacer tan perfecto cuando el erudito decide cruzar al otro lado y pasar a la acción. Pese a la corta duración del trabajo, Mertens le aporta cohesión interna gracias al desarrollo en paralelo del inicial Tortour y el posterior Bresque, y de manera más sutil entre Salernes y Gentlemen of Leisure. El mini LP llevaba el subtítulo de "Pequeña música de cámara", y en realidad estaríamos hablando quizá de una suite con sentido completo.

Para consultar los créditos del álbum aconsejo visitar su apartado en la web oficial del músico pinchando aquí. Y aprovecho para pedir que en Google se lo piensen un poco antes de poner la -a mi juicio- despectiva etiqueta de "música ligera" a trabajos bien serios como este. Empieza a dar un poco de vergüenza.

Struggle for Pleasure, en vivo.

viernes, 26 de mayo de 2017

Penguin Cafe - THE IMPERFECT SEA


1. Ricercar (4:34)
2. Cantorum (7:23)
3. Control 1 (Interlude) (6:57)
4. Franz Schubert (5:46)
5. Half Certainty (2:31)
6. Protection (5:22)
7. Rescue (6:29)
8. Now Nothing (Rock Music) (4:38)
9. Wheels Within Wheels (6:20)

No llega a conocerse la verdadera valía de un grupo como este hasta que se publica su tercer álbum de estudio. El primero suele ser complaciente con lo que se espera a raíz de sus filiaciones, ya sea su género, sus referentes o, como en este caso, un precedente directo. El segundo álbum sirve para reafirmar el sonido y explorar un poco vías musicales paralelas. Y el tercero debe ser una confirmación, un asentamiento pleno de su identidad. Pero The Imperfect Sea (2017), tercer álbum de estudio de Penguin Cafe, no es exactamente lo que se podría esperar de él. No está tan verde como A Matter of Life... ni tiene las ambiciones de The Red Book, pero sigue pareciendo que la banda de Arthur Jeffes anda en busca del equilibrio entre la herencia recibida y la visión moderna de sus miembros. 

Arthur Jeffes intentando huir del pasado.

El equilibrio todavía no se ha hallado, y de ahí que The Imperfect Sea pueda verse como un álbum 2.5 más que como el proverbial tercero. Eso no es como decir que el álbum sea decepcionante, pero sí queda la sensación de que Penguin Cafe necesita dar un paso más hacia su plena madurez. Mientras tanto, nos quedamos con otra exquisita colección de temas minimalistas muy diversos, que van desde los muy "Jeffes" (Ricercar) a los deconstructivos (CantorumControl 1 Interlude). 

Ricercar en vivo.

Por el camino nos encontramos con piezas tan interesantes como Franz Schubert, que es una versión del tema homónimo de Kraftwerk, Protection, cuya melodía es maravillosa, y Now Nothing (Rock Music), que versiona el Now Nothing de la PCO sólo con el piano. También destacan un par de temas con arreglos plenamente sinfónicos como son Rescue y Wheels Within Wheels, ambas en una vena un poco fría a la que quizá le falte una pizca del toque lúdico de la banda original. Wheels Within Wheels, que por cierto es la tercera versión aquí incluida, podría pasar por la transcripción orquestal de un tema electrónico machacón. Sumando esto a la elección del tema de Kraftwerk antes mencionado, podemos sacar algunas conclusiones...

¿Y ahora qué hago?

La lucha interna de Jeffes y los suyos es fácil de explicar pero difícil de resolver. Penguin Cafe es una formación que se mueve muchísimo en festivales de tipo "indie" (término que detesto por la hipocresía que oculta), y si tenemos en cuenta que sus componentes vienen de Gorillaz, Suede y Florence and the Machine, nos daremos cuenta de la lógica necesidad que tendrán estos músicos de quedar bien con los (también detestables) guardianes de la modernidad. Nos quedamos un poco en tierra de nadie, en un empate técnico entre generaciones que socava la coherencia del álbum. En cualquier caso, es cierto que una banda con estos antecedentes no puede caer en lo maniqueo ni en la autocomplacencia, y The Imperfect Sea es tranquilizador en este sentido. Pero seguimos esperando el gran salto.

Protection

domingo, 16 de octubre de 2016

Wim Mertens - VERGESSEN


1. Inergys (3:08)
2. Circular Breathing (3:47)
3. Mildly Skeeming (7:10)
4. 4 Mains (3:11)
5. Multiple 12 (6:39)
6. Inergys (Reprise) (7:00)

Algo tiene la música clásica contemporánea que hace sentir recelos a buena parte del público mayoritario. Cuando hablamos del academicismo más representativo, y pese a que en los últimos años la cosa se ha diversificado, la imagen general es la de un mundo de melodías inexistentes o difíciles de seguir, silencios prolongados, ruidos mezclados con música... es un poco como cuando un neófito entra en una galería de arte vanguardista, que lo mismo te topas con un lienzo de seis metros lleno de salpicaduras que un retrete de oro puro. 

En una franja estrecha entre lo académico y lo popular se encuentra un grupo de artistas de los llamados minimalistas, en general bastante diferentes entre sí pero con características que los acercan a uno u otro lado, a veces con distintos grados de éxito en su habilidad para atraer al público. En el lado "difícil" nos encontraríamos con gente como Steve Reich o Terry Riley, y en el "fácil" (siempre con sus peros), sonidos de mayor alcance mediático como los de Michael Nyman o Yann Tiersen. Philip Glass, quizá el artista más representativo del subgénero, andaría entre dos aguas. Si me pidiesen que señalase al músico minimalista más cálido, con mayor capacidad para coincidir con los potenciales gustos del público, seguramente me quedaría con Wim Mertens.

Otra versión de la portada.

Todo un erudito sobre su propio campo de trabajo, el belga no solamente ha ejercido como compositor, sino también como musicólogo divulgador, presentador y productor de programas de radio. Mientras encontraba su camino como músico, llegó a grabar incluso un interesante álbum experimental (For Amusement Only) que contiene piezas inspiradas en los videojuegos ochenteros de primera generación. Vergessen (1982), uno de los primeros trabajos del Mertens clasicista, con temas totalmente propios, es bastante influyente en la configuración de su estilo posterior. Por aquel entonces, Mertens publicaba sus álbumes con el nombre de Soft Verdict, que en realidad venía a ser el nombre de su ensemble completo. Sería más adelante cuando el artista que nos ocupa comenzaría a firmar en solitario sus portadas.

Vergessen comienza con la interesante pieza Inergys, basada al principio en fugaces fraseados melódicos entrecortados que van creciendo en complejidad hasta crear un entramado musical completo. La plácida Circular Breathing ("Respiración circular") se asienta sobre un delicado fondo de dos pianos y desarrolla una sutil melodía de saxofón. Totalmente distinta pero también muy Mertens es Mildly Skeeming ("Conspirando tranquilamente"), con una progresiva y cautivadora superposición de instrumentos sobre un fondo de cromorno, un instrumento medieval de sonido áspero. 


4 Mains

4 Mains es considerada hoy en día una obra esencial del repertorio del músico, una pieza rápida con protagonismo del piano a cuatro manos, con una melodía algo menos árida de lo habitual en el minimalismo "duro". No suelen hablar bien los críticos de Multiple 12, quizá porque es un corte predecible y repetitivo, como para principiantes en el género, pero no deja de ser un ejercicio elegante gracias al sonido de la viola. El álbum se cierra con un largo "reprise" del tema inicial Inergys, esta vez enfocado de un modo menos agresivo, más cálido, con otra instrumentación que lo acerca a la horizontalidad.


Inergys (Reprise)

Acompañan a Mertens el piano de Hans François, el arpa de Gyde Knebusch, la trompa de Herman Lemahieu, el flautín de Marylyn Maingart, el clarinete de Roger Nupie, otro clarinete y un saxo de parte de John Ruocco, el bajo de de Karel Vereertbrugghen, la percusión de Pieter Vereertbrugghen y la viola de Frans Vos. Vergessen, en fin, no es uno de los álbumes más esenciales de Wim Mertens, pero sí que tiene su importancia como establecedor de su sonido personar. Tampoco está mal si queremos introducir el minimalismo a algún novato que se pueda asustar ante obras más empecinadas.

sábado, 11 de abril de 2015

Michael Nyman - DECAY MUSIC


1. 1-100 (27:18)
2. Bell Set No. 1 (22:35)

Todos los grandes artistas vienen de alguna parte. Michael Nyman, el famosísimo compositor británico que durante varias décadas ha estado a la cabeza del minimalismo clásico junto a gente como Philip Glass o Steve Reich, empezó al otro lado del escenario: como musicólogo divulgador y crítico musical para publicaciones de gran prestigio, siendo precisamente él quien utilizó por primera vez el término "minimalismo" para referirse a una obra musical, a finales de los años sesenta. Bastante más centrado en la experimentación que en el desarrollo de un estilo propio, Nyman tuvo su primera oportunidad, discográficamente hablando, gracias al mecenazgo del inquieto Brian Eno. Fue en su pequeño sello Obscure Records donde se publicó Decay Music en 1976. 

Michael Nyman en una fotografía contemporánea al disco.

Decay Music recoge dos de los pocos temas que Michael Nyman había compuesto hasta entonces, 1-100 y Bell Set No. 1, el primero de los cuales ya es una temprana colaboración con el director de cine Peter Greenaway, que en este caso no fructificó. 

Probablemente debamos dedicar más tiempo a comentar 1-100 que Bell Set, ya que las intenciones del músico son aquí bastante específicas. Michael Nyman maneja el concepto musical de "duración" o "decaimiento" (decay), que puede explicarse en pocas palabras como el tiempo que sigue sonando una nota después de que haya sido producida, mientras se pierde en el silencio. Para desarrollar totalmente esta exploración sonora, Nyman hace que 1-100 suene a la mitad de la velocidad con la que fue grabado en realidad. Dice la larga explicación de la contraportada que el concepto surge de una observación casi numerológica de El Danubio azul, y que el tema propiamente dicho se inspira en Les Moutons de Panurge, de Frederic Rzewski. También mencionan por ahí la influencia de Erik Satie, aunque nosotros lo experimentamos como una lánguida sucesión de notas que forman una melodía mínima y a medio vislumbrar, en la que las notas que se extinguen y el silencio que queda entre ellas comparten protagonismo a lo largo de 100 acordes.

La edición original incluía una larga explicación de la música incluida en el LP.

Bell Set No. 1 también intenta profundizar en los mismos conceptos, aunque en este caso Michael Nyman se une a Nigel Shipway para tocar una buena cantidad de instrumentos de percusión (campanas, triángulo, gong...) que terminan sonando como un gamelán para crear un largo tema hipnótico, cíclico. Ninguno de los dos cortes del disco es especialmente fácil de escuchar para el aficionado de a pie, aunque yo diría que ambos -sobre todo el primero- podrían hallar su lugar en alguna discoteca como piezas pseudo-ambient.

Algún detallito más en nuestra versión Facebook.

1-100

Bell Set No. 1

martes, 10 de febrero de 2015

Terry Riley - IN C


Terry Riley, un tipo curioso que suele llevar una barba blanca enorme y un llamativo gorro que le da aspecto de mago, se dedicó en los años '60 a dar conciertos improvisados con un órgano y un saxofón. Poseía -y posee- una formación académica y amplias influencias de la música oriental (de la India, sobre todo) y del mundo del jazz. Muchas de las actuaciones que le dieron fama en su día duraban desde el anochecer hasta el amanecer, y a ellos se asistía con toda la familia, con mantas y almohadones. Riley solía poner grabaciones en cassette que él mismo grababa del concierto en los momentos en que necesitaba un descanso, o hacer una visita al baño. Pero no nos dejemos llevar por el pensamiento de que este señor era un simple hippie anarquista, porque este In C (1964), que es la obra que nos ocupa, es un trabajo de excelsa imaginación compositiva y todo un hito popular de la música clásica.

 Dos ediciones en disco de In C.

In C ("En Do") es una obra básicamente improvisada. Si hacemos caso a la Wikipedia, la obra consiste en 53 frases musicales numeradas, siendo repetida cada una de ellas un número aleatorio de veces. Cada músico tiene un total poder de decisión sobre la parte que le toca interpretar, incluso optando por entrar en un momento u otro según le parezca bien, con la única condición de que siempre haya al menos tres frases musicales sonando a la vez, con lo que se mantenga el efecto polifónico. Estas frases, además, deben ser interpretadas en orden, aun cuando se suprima una de ellas. Por poner un ejemplo, es posible pasar de una frase musical, llamémosle 1, a otra frase llamada 3, aunque en este caso no se podrá interpretar después la que llamaríamos 2. Esta forma de estructurar la obra se conoce como serialismo y música aleatoria. Uno de los músicos, habitualmente una chica guapa, será quien vaya imponiendo el ritmo marcando notas en Do. Dadas las circunstancias, la obra no puede tener una duración fija, aunque Riley dice que debe moverse entre los 45 y los 90 minutos. La composición de la orquesta también es flexible: la primera grabación de la obra contó con 11 músicos, mientras que una versión de 2006 grabada en el Walt Disney Concert Hall reunió a 124.

Otras dos ediciones discográficas.

Lo fácil aquí es pensar que In C es otra de las muchas obras musicales herméticas que los engreídos compositores clásicos del siglo XX crearon a espaldas del público, para disfrute exclusivo de sus amigos y críticos especializados, igualmente pedantes. Pero no es así, porque In C contiene una música agradable de escuchar, elegante y relativamente accesible pese a que la repetición constante de las melodías puede resultar enervante para los absolutamente profanos. Estamos hablando, en resumen, de uno de los trabajos fundacionales esenciales del minimalismo clásico contemporáneo. 

Me encanta esta portada, de estilo psicodélico-ácido.

Redacté esta entrada hace años, aunque introduje errores en la tipografía y el color del texto que no he sido capaz de modificar, de modo que he optado por reescribirla, corrigiendo y completando lo mínimo posible para mantener el contenido de la original. No he vuelto a escuchar In C, pero escribí entonces que la grabación cuya portada encabezaba la entrada (la que cuelgo a continuación) estaba a punto de engrosar mis discos favoritos. Por algo sería.

In C
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