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martes, 2 de septiembre de 2025

Camel - MUSIC INSPIRED BY THE SNOW GOOSE

 
 
1. The Great Marsh (2:02)
2.  Rhayader (3:01)
3. Rhayader Goes to Town (5:19)
4. Sanctuary (1:01)
5. Fritha (1:19)
6. The Snow Goose (3:11)
7. Friendship (1:43)
8. Migration (2:01)
9. Rhayader Alone (1:50)
10. Flight of the Snow Goose (2:40)
11. Preparation (3:58)
12. Dunkirk (5:19)
13. Epitaph (2:07)
14. Fritha Alone (1:04)
15. La Princesse Perdue (4:43)
16. The Great Marsh (1:20)

Una de las bandas más "de culto" del rock progresivo es Camel. No es tan archiconocida como Genesis, King Crimson y Yes, pero sus seguidores la ponen siempre en lo más alto del escalafón del género en cuanto a calidad se refiere. Sin menosprecio de otros trabajos emblemáticos que todavía no conozco, he querido que el primer álbum de Camel que tengamos por aquí sea Music Inspired by the Snow Goose (1975), que este año cumple su cincuenta aniversario. Menudo año fue aquel.

Camel, de izquierda a derecha y de arriba abajo: 
Andrew Latimer, Peter Bardens, Andy Ward y Doug Ferguson.

Al parecer, en el disco anterior de Camel, titulado Mirage (1974), se incluía un tema inspirado en El señor de los anillos que tuvo mucha aceptación. Esto animó a la banda a realizar un álbum completo inspirado en un libro. El elegido fue la novela corta El ganso de las nieves (1941), de Paul Gallico, una historia de amistad entre un artista solitario y una muchacha ambientada en la ofensiva alemana sobre Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Según he leído por ahí, Gallico, que era anti-tabaco, se opuso a que el álbum se titulase exactamente igual que su libro por un motivo interesante: la banda Camel no sólo tenía el mismo nombre que una marca de cigarrillos, sino que en varias ocasiones empleó en sus portadas la misma tipografía que aparecía en las cajetillas. Es por eso que el título fue Music Inspired by..., de la misma manera que The Alan Parsons Project tuvo que quitar la coma de I, Robot para su álbum conceptual sobre los relatos de Asimov.

 
Rhayader

La aproximación a la novela es parecida a la de otros álbumes conceptuales que han pasado por aquí, el más reciente de ellos A Celtic Tale: The Legend of Deirdre. Se trata de una serie de piezas musicales cortas que funcionan a modo de "banda sonora" del libro en cuestión, buscando más una recreación de ambientes y sensaciones que una narración que pueda seguirse independientemente. Lo cierto es que sorprende que un disco instrumental tan dulce y meditativo sea obra de una banda de rock que además estaba en un momento fuerte de su trayectoria. Sólo en los años setenta se hacían estas cosas y, encima, se vendían bien y la crítica daba el visto bueno.

 
 The Snow Goose

Hay rock en The Snow Goose, aunque mezclado con arreglos orquestales, en ocasiones dando el protagonismo a instrumentos solistas muy diversos, desde el oboe a la guitarra acústica. Supongo que a esto es a lo que llamaban con pleno acierto rock sinfónico. Y algunos temas son puramente experimentales, como las versiones de introducción y de cierre de The Great Marsh o el tema correspondiente a la evacuación de Dunkerque (Dunkirk), casi cinematográfico. Se considera que Camel tenía pie y medio en lo que se conocía como Escena de Canterbury, y esto se refleja en el toque jazzístico de temas como Rhayader -cuya flauta recuerda un poco a Jethro Tull- y en la pátina bucólica, muy británica, del conjunto de la grabación. Hay algún detalle curioso, como cuando Doug Ferguson agita un abrigo tipo parka junto al micrófono en el tema Epitaph para simular el sonido de aleteo del ganso.

 
 Epitaph

Los componentes de Camel eran entonces los que hoy se consideran su formación clásica: Andrew Latimer (guitarras, flauta y voz), Peter Bardens (teclados de todo tipo), Doug Ferguson (bajo) y Andy Ward (batería y percusiones). Bardens y Latimer figuran como compositores de este trabajo en particular, y participan también en el álbum la London Symphony Orchestra y David Bedford como director y en los arreglos. Se volvieron a unir estos últimos a Camel para la exitosa presentación del disco en el Royal Albert Hall en octubre del mismo año, cuya grabación posteriormente ocuparía uno de los dos vinilos del doble álbum en directo A Live Record (1978).

Portada de la versión de 2013.

El álbum que nos ocupa podría ser la obra más referencial de Camel, con permiso del posterior Moonmadness (1976) y el mencionado Mirage. Lo más interesante de la apuesta es que el álbum huye totalmente de la pomposidad de algunas obras conceptuales de su época. Nada de grandes fanfarrias ni de arranques de virtuosismo sin sentido. The Snow Goose es un trabajo sobrio y elegante, de gran madurez pese a que se trata sólo del tercer disco de la banda, lo que ayuda a que haya envejecido con plena dignidad. La nostalgia es poderosa, y en 2013 la formación actual de Camel (en la que sólo permanece Latimer) regrabó el álbum al completo, con algunos pequeños retoques, en esta ocasión con el título reducido a The Snow Goose. No lo he escuchado todavía pero, según parece, el resultado fue excelente y debe merecer mucho la pena.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Magma - MËKANÏK DËSTRUKTÏẀ KÖMMANDÖH

 
 1. Hortz Fur Dëhn Štekëhn Ẁešt (9:36)
2. Ïma Süri Dondaï (4:30)
3. Kobaïa Is de Hündïn (3:34)
4. Da Zeuhl Ẁortz Mëkanïk (7:48)
5. Nebëhr Gudahtt (6:02)
6. Mëkanïk Kömmandöh (4:10)
7. Kreühn Köhrmahn Ïss Dëh Hündïn (3:13)

"El juicio a la Humanidad por su crueldad, su falta de honestidad, su inutilidad, su vulgaridad y su falta de humildad. Tal como predijo el profeta NËBËHR GUDAHTT, guiado e inspirado por El Espíritu del Universo, en su infinita sabiduría".

En este blog siempre nos ha atraído lo raro. En ocasiones incluso he comentado discos totalmente desconocidos de gente que nadie recuerda, por el hecho de que me haya llamado la atención algún detalle. No es este el caso de Magma, un grupo relativamente bien conocido al que, por su pertenencia más o menos aceptada al campo del rock progresivo, tenía que acercarme antes o después. Pero qué raro es esto. Madre mía.
 
 Magma en 1973. Christian Vander está en primer plano, a la derecha.
 
Entre los muchos álbumes publicados por Magma, he querido comenzar por este Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh (1973) al tratarse, según los entendidos, de su disco más importante. No sé si será también un álbum representativo de su estilo, porque desde luego admito que me va a costar volver a escuchar un trabajo de esta gente, aunque sea para comparar. Y no porque no me haya gustado ni porque no reconozca su mérito musical, sino porque en este momento me sigue pareciendo un cubo de Rubik en el que no logro poner dos casillas del mismo color juntas. Se supone que Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh forma una especie de trilogía llamada Theusz Hamtaahk junto con otras obras de la época.
 
Magma es un grupo francés fundado por el batería especializado en jazz Christian Vander en 1969. Como en una fantasía de ciencia ficción hecha realidad, Vander creó un idioma propio para sus álbumes: el kobaïano, supuestamente hablado por un grupo de futuros exiliados terrícolas en el planeta Kobaïa. El kobaïano, que a primera vista parece un chapurreo caricaturesco del alemán, no es un idioma totalmente estructurado sino que su valor está ligado a la música de manera inseparable. Son sus sonidos los que transmiten significados, no las palabras como tales. Parece que Vander lo elaboró sobre la marcha, adoptando ideas de aquí y de allá (incluyendo sus sueños) y lo fue desarrollando mientras Magma componía y grababa su música.
 
 Hortz Fur Dëhn Štekëhn Ẁešt
 
Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh (MDK) estuvo fraguándose desde 1971, siendo al comienzo una única pieza de 38 minutos con un sonido muy acústico a base de percusión, teclados, coros y un bajo que resultó demasiado rupturista para la compañía discográfica A&M. Después de tenerlo ya grabado en 1973, Vander y los suyos aceptaron retocarlo, hacerlo un poco más comercial, y la versión definitiva se grabó en los estudios británicos The Manor (calculo que al mismo tiempo que se fraguaba allí mismo Tubular Bells con el mismo ingeniero, Simon Heyworth), añadiendo guitarras, instrumentos de viento y algunas voces más. Ahora parece más un disco de rock... aunque sigue siendo café para los muy cafeteros. La versión primigenia del álbum se acabó publicando en 1989 bajo el título reducido de Mëkanïk Kömmandöh.
 
 
 Portada de la edición de 1989 con la primera versión del álbum.
 
Terminada la parte enciclopédica, tocaría describir MDK para el oyente casual que quiera acercarse a él por primera vez. Yo lo describiría como una fantasía psicodélica que mezclase propuestas un tanto crudas de la escena europea del momento (me recuerdan a ratos a Popol Vuh) con unas pinceladas hippies como de musical a lo Jesucristo Superstar, todo envuelto en una atmósfera ritualista, prácticamente de tipo religioso/sectario y trascendental. Hay también toques de free jazz y música neoclásica al estilo de Stravinksy y Carl Orff. El productor del álbum fue Giorgio Gomelsky, y he notado en MDK el parecido con las atmósferas de aquellas grabaciones que realizó en 1971 con Vangelis, de las que salió el álbum no oficial The Dragon
 
Kreühn Köhrmahn Ïss Dëh Hündïn
 
Las estructuras de los temas no son especialmente melódicas, pero sí muy recargadas a nivel de instrumentación y juegos vocales. Se aprecia claramente que el álbum fue concebido inicialmente como una única suite, por ejemplo, en el parecido entre los cortes 2, 3 y 4, que básicamente contienen un único tema in crescendo. No se sale del esquema el tema número 5, aunque el mismo crescendo se ve atenuado en su primer tramo. A mitad del sexto corte hay un nuevo clímax musical muy grandilocuente y el último tema funciona como un epílogo, que en realidad resulta ser otro pequeño crescendo coral con conclusión grandiosa. Por si faltaba algo, el álbum termina con un largo pitido de 20 segundos que, dependiendo del volumen al que lo estés escuchando, te puede hacer la puñeta.
 
Contraportada de una edición reciente en vinilo.
 
Lo he escuchado por segunda vez antes de escribir esta reseña, y admito que me ha parecido una experiencia musical muy distinta, más positiva. La vez anterior, MDK me transmitió una sensación de malignidad, como de invocación satanista, que en esta ocasión no ha aflorado en mi cabeza. Desde luego, y aunque me sigue costando trabajo sumergirme en un trabajo tan marciano, sí que entiendo que lo que hicieron los de Magma fuese una pequeña revolución, si no comercial, al menos sí artística. De hecho, Magma popularizó el subgénero musical conocido como zeuhl (palabra en kobaïano que significa más o menos "celestial"), adoptado por varios grupos europeos, franceses sobre todo, y también japoneses. Magma sigue en activo en la actualidad, habiendo publicado su último álbum Kartëhl en 2022. Igual sí que me pongo...

jueves, 25 de marzo de 2021

Yes - RELAYER


1. The Gates of Delirium (21:54)
2. Sound Chaser (9:31)
3. To Be Over (9:03)

Hace un año que comenzó toda esta pesadilla de la pandemia, e incluso considerando que en este tiempo todos hemos tenido demasiado tiempo libre para leer libros, ver películas y escuchar muchísima música, tanta como para que sea difícil acordarse de toda ella para escribir una entrada al respecto, yo al menos sí que puedo señalar un disco que se quedará grabado en mi memoria para los años venideros: Relayer (1974), de la banda progresiva británica Yes.

Yes en 1974: Alan White, Chris Squire, Jon Anderson, Patrick Moraz y Steve Howe.

Lo mío con gran parte del progresivo clásico es un gusto adquirido que he ido configurando poco a poco. A estas alturas, salvo por algún fragmento de Close to the Edge, ya tenía decidido que Yes iba a ser el único de los grandes grupos del movimiento con los que no conectaba del todo. Demasiada filigrana, demasiados músicos virtuosos alardeando, un vocalista a veces estresante. Pero aquí estaba yo, justo donde estoy ahora, de un viernes a un lunes reprogramando todo un curso académico para adaptarlo a la enseñanza online (¿he dicho que soy profesor de instituto?), horas y horas ante el teclado. Y entre unas cosas y otras me hice con algunos discos de Yes en mp3 y me puse con Relayer. No sé si será porque me identifiqué en seguida con el propio concepto del tema central del álbum o porque necesitaba despejar la mente entre clase y clase, pero aunque ya había escuchado un par de veces antes The Gates of Delirium con escaso o nulo interés, esta vez fue como una iluminación. ¡Qué maravilla!

Despligue de portada y contraportada, obra de Roger Dean. 
Hay quien encuentra que la parte izquiera coincide con las rocas de la portada de Tales from Topographic Oceans.

Relayer ("Relevista") es el álbum que publicó la banda Yes en 1974 después del que hasta entonces había sido su momento más crítico: el lanzamiento del doble disco Tales from Topographic Oceans (1973), excesivo según el criterio de muchos, seguido del abandono del teclista estrella Rick Wakeman, que veía que la cosa dejaba de gustarle y prefería volcarse en sus trabajos en solitario. Es de suponer que los demás miembros de la banda quisieron volver a un formato más razonable con Relayer, y por eso retomaron el formato de satisfacción asegurada de Close to the Edge (1972): un tema largo muy progresivo y épico en la primera cara y un par de temas muy bien diferenciados en la segunda. 

The Gates of Delirium.

Como decíamos, el corte principal de Relayer es The Gates of Delirium ("Las puertas del delirio"), una suite alegórica inspirada vagamente en Guerra y paz de Tolstói que describe el antes, el después y el durante de una gran batalla. Comienza con los guerreros yendo a la batalla mientras cantan arengas, como vemos en la portada del genial Roger Dean; después se desarrolla la batalla en sí, con multitud de estruendosos y originales desarrollos instrumentales, todo un despliegue de efectismo en la posterior gira de presentación del álbum; y concluye con el fragmento que conocemos como Soon, que es un largo cántico prácticamente new age a cargo de Jon Anderson, que habla sobre la esperanza en el mañana y que utiliza unos fondos inmensos y unos punteos de guitarra en su recta final que rubrican más que de sobra el hecho de que The Gates of Delirium pueda considerarse con justicia, al menos a mi parecer, el mejor tema individual de Yes. 

Sound Chaser, en vivo.

Completan la cara B del vinilo original Sound Chaser ("Perseguidor del sonido"), que es un tema casi totalmente instrumental muy potente y barroco, a veces hasta ruidista; y To Be Over, bastante más melódico y relajado, con un toque exótico de sitar y Jon Anderson otra vez muy dulce. Son dos temas interesantísimos, pero con lo genial que es la primera cara del álbum, tienes la injusta sensación de que están ahí a modo de "extras". 

To Be Over, en la versión remezclada de Steven Wilson.

La alineación de Yes, además del mencionado Anderson, incluye el bajo de Chris Squire, la guitarra de Steve Howe, la batería de Alan White y los teclados de Patrick Moraz. Este último fue contratado por la banda tras una serie de audiciones a las que acudió nada menos que Vangelis, seguramente animado por su amigo Jon Anderson, y también seguramente sin la menor intención de unirse a Yes. Moraz, que hace aquí un muy buen trabajo, duraría un par de años en la banda y después se iría con los Moody Blues. 

Dos imágenes conceptuales del libreto del CD.

En cualquier caso, Relayer no gustó del todo en su momento a los críticos, que ya estaban dando más y más la espalda al rock progresivo en favor de expresiones rockeras más del gusto popular. Hoy en día, el álbum es reconocido como una obra fundamental, supongo que gracias a que su virtuosismo y su imaginación desbordante lo convierten en un perfecto ejemplo (y bastante accesible, por cierto) de todo lo bueno que tenía el progresivo. Puede disfrutarse en varias versiones en la actualidad, una de ellas pulida con bastante acierto por Steven Wilson.

Siempre agradeceré lo mucho que me ayudaba a relajarme escuchar Soon entre clase y clase durante la horrible primavera de 2020. Un rayo de luz entre tanta oscuridad.

domingo, 21 de febrero de 2021

Anthony Phillips - THE GEESE AND THE GHOST


1. Wind-Tales (1:02)
2. Which Way the Wind Blows (5:51)
3. Henry: Portraits of Tudor Times (12:11)
I. Fanfare
II. Lute's Chorus
III. Misty Battlements
IV. Henry Goes to War
V. Death of a Knight
VI. Triumphant Return
4. God If I Saw Her Now (4:09)
5. Chinese Mushroom Cloud (0:46)
6. The Geese and the Ghost (15:40)
I. Part I
II. Part II
7. Collections (3:07)
8. Sleepfall: The Geese Fly West (4:33)

Sin menoscabo de los estupendos éxitos pop de la encarnación de Genesis como trío, está claro que hoy resulta bastante más atractivo, sobre todo si eres aficionado a la clase de músicas que traemos por este blog, la primera etapa de la banda, aquella en la que tocaba gente tan emblemática como el guitarrista Steve Hackett y el cantante y letrista Peter Gabriel. No obstante, a veces se nos olvida que existe una formación anterior a la que podríamos referirnos como "proto-Genesis", que llegó a grabar dos álbumes: From Genesis to Revelation (1969) y Trespass (1970). El primero es un extraño álbum entre el pop y una especie de sinfónico muy melódico a lo Moody Blues, y el segundo se trata ya de un disco en el que reconocemos lo que nos gustará de los álbumes inmediatamente posteriores. 

En aquellos álbumes iniciáticos se encargaba de la guitarra principal Anthony Phillips. Estamos hablando de chavales con apenas la edad propia de ingresar en la universidad, y Phillips, totalmente autodidacta y con una concepción amateur de lo que hacía, se encontró arrastrado por el éxito de Trespass al mundo de las giras y los medios. Comenzó a sufrir una enfermedad glandular unida a un creciente miedo escénico que le obligaron a dejar Genesis antes de que la banda llegase a grabar alguno de sus álbumes de plenitud. Al parecer, sí que llegó a forjar unos lazos de amistad muy fuertes con varios miembros de la banda, y a pesar de su marcha nunca perdieron el contacto. Incluso se llegaron a utilizar piezas compuestas parcialmente por Phillips en Nursery Cryme (1971).

Trasera de una edición en vinilo.

En un giro de los acontecimientos que muy raras veces tiene lugar en el mundillo del pop-rock, Phillips decidió nada más y nada menos que dejarlo todo y ponerse a estudiar. No solamente afianzó su dominio de la guitarra, sino que además aprendió a tocar debidamente el piano (en su momento le avergonzaba tocarlo delante de Tony Banks) y a utilizar la notación musical con rigor académico. Llegó a trabajar como profesor, pero su aspiración era tan justa como honrosa: tener su propia carrera como músico solista. 

Ya manejaba algunas composiciones propias desde su etapa en Genesis y contaba con la promesa de ayuda de Mike Rutherford para terminarlas antes de plasmarlas él mismo en un estudio. Tristemente, el auge de Genesis en los setenta no dejaba mucho tiempo a este último para reunirse con su amigo Anthony (Ant) y avanzar en su proyecto común. Un poco a ratos, sacando tiempo de descansos, contando con amigos comunes y ganando experiencia Phillips gracias a sus estudios y a trabajos esporádicos como instrumentista de sesión, se fue configurando The Geese and the Ghost (1977), un álbum que estuvo en desarrollo durante siete años. "Los gansos y el fantasma" tuvo la mala suerte de publicarse en un año demasiado tardío, cuando el progresivo ya no estaba de moda y el establishment ya había girado hacia otros géneros como el punk. Y aun así, el tiempo ha diluido las impresiones de aquel momento y se lo considera clásico.

Anuncio del álbum en la revista Melody Maker
"En el principio, estaba Anthony Phillips"

En realidad, el álbum que nos ocupa ya habría sonado antiguo mucho antes, ya que parece salido de aquellos primeros hornos del progresivo que dieron lugar a los propios Genesis. Aunque gracias a él notamos cuánto de Anthony Phillips había en Trespass (y se diría que es mucho), The Geese and the Ghost es un álbum mucho más tranquilo y pastoral. Salvo por algún toque sutil de sintetizador y escasos punteos de guitarra eléctrica, es un trabajo predominantemente acústico a base de guitarra, flautas e instrumentos de orquesta clásica, sobre todo de viento. También es casi en su totalidad instrumental, salvo por un par de dulcísimas canciones en las que interviene nada menos que Phil Collins: Which Way the Wind Blows y God If I Saw Her Now (en la segunda, acompañado de la voz de Vivienne McAuliffe) y alguna otra cantada por el propio Phillips (Collections). 

God If I Saw Her Now ("Dios, si pudiese verla ahora")

The Geese and the Ghost está construido alrededor de dos suites instrumentales, una a cada lado del vinilo y divididas en pequeños movimientos. La primera es Henry: Portraits of Tudor Times ("Henry: retratos de los tiempos de los Tudor"), un pintoresco relato caballeresco medieval; y la segunda, algo más cercana al concepto de poema sinfónico que al de narración musical, es la que da título al álbum. Por cierto, lo de los gansos y el fantasma viene a cuento de dos breves efectos sonoros de sintetizador que escuchamos aquí, que a Anthony Phillips le sugerían el sonido de ambas cosas. E insisto: poca electrónica vamos a encontrar entre sus temas, porque el álbum parece emanar de aquel mundo de leyendas y cuentos de la vieja Inglaterra, de bardos errantes, iglesias musgosas y prados verdes invadidos por la niebla. 

Henry: Portaits of Tudor Times

Es posible que, llegados a este punto, te estés planteando si Anthony Phillips y The Geese and the Ghost pueden tener algo en común con Mike Oldfield y sus primeros álbumes. Pues sí que hay varias cosas, aparte del carácter rural y campestre que hay tanto en el álbum que nos ocupa como en buena parte de Tubular BellsHergest Ridge y Ommadawn. La primera es que Phillips reconoce la influencia de Jean Sibelius en su etapa de aprendizaje musical formal; la segunda, que el músico principal trabaja de hombre-orquesta salvo por unas cuantas ayudas puntuales de otros; y la tercera, que el álbum contó con apoyo de Tom Newman y Simon Heyworth en la producción. Las propias discográficas le echaron en cara estos parecidos a Anthony Phillips, pese a que el espíritu del álbum no tiene absolutamente nada que ver con el carácter enérgico y a veces cubista del Oldfield temprano, y pese a que su aproximación instrumental es totalmente distinta y personal. Pero fue publicado y supuso un éxito discreto, al menos lo suficientemente grande como para que su autor continuase viviendo de su música hasta la actualidad. Y no cualquier música, ya que Anthony Phillips podría ser el más interesante artista instrumental de cuantos nunca te han recomendado antes.

Diseño para uno de los estuches con material sobre el álbum.

Junto con Voyage of the Acolyte de Steve Hackett, The Geese and the Ghost es considerado hoy en día como un álbum inconfeso de Genesis. Es cierto que, muy grosso modo, el álbum que nos ocupa podría ser un trabajo realizado por la banda en una realidad paralela en la que nunca llegaron a abrazar del todo el rock, pero esta clase de etiquetas populares no hacen justicia a un trabajo fascinante, un pedazo de campiña inglesa de cuento de hadas en el que perderse un rato. Una joya de obligada escucha que ha sido objeto de numerosas reediciones con material adicional abundante.

The Geese and the Ghost

jueves, 31 de diciembre de 2020

Pink Floyd - DELICATE SOUND OF THUNDER


CD 1

1. Shine On You Crazy Diamond (11:53)
2. Learning to Fly (5:27)
3. Yet Another Movie (6:21)
4. Round and Around (0:33)
5. Sorrow (9:28)
6. The Dogs of War (7:18)
7. On the Turning Away (7:58)

CD 2

1. One of These Days (6:15)
2. Time (5:16)
3. Wish You Were Here (4:49)
4. Us and Them (7:22)
5. Money (9:52)
6. Another Brick in the Wall (Part 2) (5:28)
7. Comfortably Numb (8:56)
8. Run Like Hell (7:12)

El primer álbum completamente en vivo publicado por Pink Floyd lleva el rimbombante título de "Delicado sonido de trueno" y salió a la venta en un muy tardío 1988. Se grabó durante la gira que siguió al álbum A Momentary Lapse of Reason (1987), en el que, como ya hemos comentado varias veces, la mítica banda de art rock volvía a la palestra después de la marcha de Roger Waters y los jaleos judiciales que esto causó. Delicate Sound of Thunder se grabó a base de extractos de los conciertos ofrecidos en Long Island (Nueva York), y es celebrado como uno de los álbumes en vivo con mayor calidad de sonido jamás publicados. Podemos poner todas las pegas que queramos a la concepción más comercial, más mainstream, de este Pink Floyd liderado por David Gilmour, pero poco puede decirse contra la espectacularidad de su sonido tanto en estudio como en directo.

Imagen de contraportada, unos peculiares árboles de Madagascar.

El doble álbum diferencia ligeramente los contenidos de cada uno de los discos, cubriendo el primero casi todo el álbum A Momentary Lapse of Reason con Shine On You Crazy Diamond como prólogo, y conteniendo el segundo disco una selección más o menos previsible de grandes éxitos de la banda, con especial énfasis en The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here y The Wall. Se cuela como anécdota One of These Days del álbum Meddle, con un homenaje a la sintonía de Doctor Who aquí muy subrayada y jaleada por el público, pero queda patente el poco interés que iba mostrando Pink Floyd por recuperar éxitos de su primera época.

On the Turning Away.

Personalmente, no soy un gran fan de A Momentary Lapse of Reason, pero está claro que sus canciones funcionan muy bien para un espectáculo con público y el primer disco reproduce el álbum con gran fidelidad. En cuanto al segundo disco... Hay que ponerse en contexto, ya que a mediados de los ochenta solo existía un recopilatorio, y bastante raro además, con los temazos de Pink Floyd por todos conocidos. No había música en streaming ni Internet de la que descargar ni CDs grabables, de manera que era estupendo tener todos estos temas juntos en un solo soporte y con el "extra" de ese toque espontáneo que da el directo la hora de juguetear e improvisar. No me gustan mucho algunos detalles como la interpretación algo ramplona de Another Brick in the Wall o lo excesivamente que se alarga Comfortably Numb, y en general la dependencia exagerada que tiene todo el show del virtuosismo guitarrero de Gilmour (recordemos que aquí Rick Wright no tiene todavía tanto protagonismo como en años posteriores), pero se percibe el ambiente disfrutón de un público entregado y todo se perdona.

La nueva edición del concierto se ha estrenado en cines. 

En 2020 se ha publicado una nueva versión expandida (con más temas y algún retoque) del álbum, que tanto ahora como entonces está disponible en múltiples formatos de audio y vídeo doméstico, en su momento en VHS, CDs, casetes, vinilos y hasta laserdisc, y desde ahora también en Blu-ray. En algunos casos hay temas que entran o salen del "tracklist" por motivos diversos, sobre todo por el minutaje máximo de cada formato. Globalmente, me gusta mucho más el siguiente álbum doble en directo de Pink Floyd, el mítico Pulse de 1995, con el que Delicate Sound of Thunder guarda varias semejanzas, pero este trabajo que hoy nos ocupa fue emblemático y supuso un momento esencial e imprescindible en la última época de una de las grandes bandas de todos los tiempos. Merece la pena.

The Great Gig in the Sky.

martes, 17 de noviembre de 2020

Rick Wakeman - THE RED PLANET


1. Ascraeus Mons (5:53)
2. Tharsis Tholus (6:17)
3. Arsia Mons (6:10)
4. Olympus Mons (5:20)
5. The North Plain (6:53)
6. Pavonis Mons (7:14)
7. South Pole (7:35)
8. Valles Marineris (10:02)

Es muy agradecido que de vez en cuando regrese uno de los de la vieja escuela, un respetado dinosaurio, para ofrecernos un agradable recordatorio de lo que se hacía en los dorados años setenta. En el caso particular de Rick Wakeman (legendario teclista de Yes, muy respetable compositor e intérprete instrumental en sus propios álbumes y coleccionista de capas con lentejuelas), estamos hablando de uno de los mayores valedores mediáticos del rock progresivo clásico en los años posteriores a la relativa caída en desgracia del género.

La edición en vinilo rojo (con portada ligeramente distinta) incluye un desplegable tipo pop-up.

The Red Planet (2020), el vigesimoquinto álbum en solitario de su autor, lleva desde hace unos meses haciendo las delicias de los fans, sobre todo porque posee el carácter conceptual de algunos de los primeros trabajos de Wakeman: Journey to the Centre of the Earth (1974) o The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table (1975), en los que se unía una atmósfera grandiosa con el virtuosismo desatado, a veces en exceso para mi gusto, de este mago de los teclados. Por ahí comparan The Red Planet, más por su planteamiento que por otra cosa, con el magistral The Six Wives of Henry VIII (1973), y tal vez tengan algo de razón.

Rick Wakeman

El álbum viene a estar planteado como un recorrido en clave científica, no tanto de ciencia ficción, por el planeta Marte. Los temas se titulan como importantes accidentes geográficos de dicho planeta, y si bien no es fácil identificar en nuestra imaginación todas estas piezas instrumentales con el paisaje marciano que representan, está claro que el sonido un poco arcaico de los sintes de Wakeman tiene ese puntillo simpático de película de aventuras galácticas. Inevitablemente, también ayuda a esclarecer el contexto ese tema final Valles Marineris que parafrasea un fragmento de Marte, el que lleva consigo la guerra, de Los Planetas de Gustav Holst. Por cierto, en los años ochenta Wakeman colaboró con Kevin Peek y Jeff Wayne en Beyond the Planets, un proyecto para versionar esta obra clásica en clave progresiva.

Valles Marineris

No es que toda la discografía de Rick Wakeman me entusiasme, pero The Red Planet me parece un trabajo muy agradable. Las composiciones son interesantes y también lo es la producción (por ahí anda Simon Heyworth, que participó en Tubular Bells), si bien es cierto que no hay una especial sensación de "progreso" en los temas. Sin aburrir en ningún momento, sí que son más o menos lineales. Tampoco es asombroso el virtuosismo instrumental del English Rock Ensemble, que realiza un trabajo perfecto como banda de acompañamiento, pero sin dejar espacio para casi ningún alarde. Intervienen Dave Colquhoun a la guitarra, Lee Pomeroy al bajo y Ash Soan a la batería. El protagonista absoluto es Wakeman y todo lo demás es solo atrezzo, se entiende, pero está claro que el álbum se habría beneficiado mucho de algún invitado con algo más de arrojo, o incluso de algún arreglo (orquestal, por ejemplo) más allá de los cuatro instrumentos en juego. Con todo, para ser un álbum realizado durante la etapa de confinamiento domiciliario de medio mundo, no podemos ponerle pegas.

Portadas de los singles (digitales, diría yo) extraídos del álbum.

Pero The Red Planet, con sus defectos y todo, es un muy buen álbum de rock progresivo clásico dotado de un interesante toque fresco nada pretencioso. Parece como si Rick Wakeman hubiese entendido ya en la vejez que tal vez lo más importante de su gran época siempre fue la atmósfera, el despliegue de imaginación, y no tanto la habilidad con las manos. Si eres aficionado al prog, este álbum no te va a cambiar la vida pero sí te va a proporcionar unas cuantas escuchas realmente placenteras. Muy recomendado.

Ascraeus Mons

Olympus Mons

jueves, 30 de julio de 2020

Yes - TALES FROM TOPOGRAPHIC OCEANS


1. The Revealing Science of God (Dance of the Dawn) (20:27)
2. The Remembering (High the Memory) (20:38)
3. The Ancient (Giants Under the Sun) (18:34)
4. Ritual (Nous Sommes du Soleil) (21:35)

Tales from Topographic Oceans (1973) es uno de los títulos más importantes del rock progresivo. De los más recomendados. De los más odiados. De los más imprescindibles y definitorios. Hasta el propio título del álbum ya predice mucho de lo que vamos a encontrarnos: cuentos (imaginación, fantasía) de océanos (enormidad, inmersión en las profundidades) topográficos (técnica, cálculo, precisión). Hay mucho de todo ello, puede que demasiado.

Portada alternativa de 2016, también de Roger Dean.

El primer doble álbum de estudio de Yes es hijo legítimo de sus dos anteriores trabajos, Close to the Edge (1972) y el ambicioso triple vinilo en directo Yessongs (1973). Del primero recupera la idea de la larga suite progresiva llena de cambios de ritmo y melodías; y del segundo, el concepto mismo del álbum de prog rock como obra de arte trascendental, más grande que la vida, gigantesca tanto en su extensión como en todo el imaginario que la rodea. En esencia, y antes de comentar la temática del álbum, se puede decir que Tales from Topographic Oceans responde a una sencilla ecuación por la que si el tema Close to the Edge había sido un gran éxito, un doble álbum con nada menos que cuatro suites del mismo estilo y longitud tenía que ser un auténtico pepino nuclear. La cuestión es saber si el público y la crítica estaban preparados para algo así, porque seguramente nunca lo habían pedido.

The Revealing Science of God (Dance of the Dawn)

Para muchos entendidos, Tales prendió la mecha de lo que en poco tiempo sería el final de la gran era del progresivo, sobre todo porque un género que llevaba sobre la mesa apenas cinco años, al principio un tanto "underground" y después toda una prometedora revolución, se convirtió de un día para otro en algo pomposo, la máxima expresión del establishment contra el que la cultura del rock nunca debía dejar de luchar. Al propio grupo le pasó factura su gran ambición, con la salida del teclista Rick Wakeman después de quejarse de esto mismo, de que el álbum era demasiado ampuloso y se podría haber conseguido algo más efectivo con menos minutos de divagación. Parece que el tiempo ha suavizado muchas de las opiniones más crueles, pero no todas.

 The Remembering (High the Memory)

El concepto del álbum surgió en la boda del ex batería de Yes, Bill Bruford, en la que su compañero de King Crimson, Jamie Muir, calentó la cabeza a Jon Anderson con un montón de filosofía budista/hindú y le prestó una copia del libro Autobiografía de un yogui, de Paramahansa Yogananda. Como a Steve Howe también le gustaba el orientalismo y demás, él y Anderson se dedicaron a planificar el álbum durante la gira mundial de presentación de Close to the Edge (de la que saldría el mencionado Yessongs).

The Ancient (Giants Under the Sun)

Tales from Topographic Oceans busca ser una traslación musical de los shastras, textos que versan sobre las distintas ramas de pensamiento del hinduismo. En la carpeta interior del álbum en vinilo podemos ver fotografías de paisajes representativas de cada una de estas disciplinas, en paralelo a cada pasaje musical. De hecho, cada una de las cuatro suites que lo integran hacen referencia a las escrituras shruti (enseñanzas reveladas), smitri (antiguos poemas épicos), puranas (alegorías) y tantras (textos ritualistas).

Desplegable del vinilo.

Lo irónico del asunto es que, con toda su grandilocuencia conceptual, Tales es un álbum sorprendentemente austero en lo musical, al menos en su mayor parte. Un muy comedido Rick Wakeman apenas da rienda suelta a su virtuosismo a los teclados, Steve Howe tira mucho más de las guitarras española y acústica que de la eléctrica, y Jon Anderson afronta gran parte de las grabaciones más como un recitador que como un cantante de rock. Chris Squire y Alan White, bajo y batería respectivamente, tampoco tienen espacio para muchas virguerías, siendo este un álbum poco apto para alardes virtuosos. Más bien se busca una atmósfera calmada y lírica, nunca muy recargada en la instrumentación, que sirve para recrearse en las místicas letras de Anderson. Al terminarlo perdura la sensación de que este trabajo no tiene nada que ver con lo que Yes había estado haciendo en sus primeros álbumes, que escuchados en retrospectiva podrían sonar toscos y poco sofisticados.

Ritual (Nous Sommes du Soleil)

Siempre disfruto mucho del álbum, aunque raramente de un tirón. Es muy largo y, si bien es injusto calificarlo de monótono, sí que me cuesta un poco seguir su narrativa musical y acabo por dispersarme. Ayuda bastante a zambullirse en su sonido, como con todos los trabajos de Yes de esta época, el sublime trabajo de portada de Roger Dean, que en Tales from Topographic Oceans es especialmente elegante y evocador. El arte conceptual del álbum está además lleno de pequeños detalles (las constelaciones en el cielo estrellado, la pirámide maya, el geoglifo tipo Nazca, esas rocas centrales de las que sobresale el ala esquelética de algún ser fantástico, los peces "volando"...) que sugieren alguna clase de mensaje oculto.

La ilustración original.

Tales from Topographic Oceans ha sido objeto de varias reediciones, de las que mencionaré dos por ser las que he escuchado para este análisis. La primera es la de Rhino de 2003, con temas extras y una breve introducción muy ambient al comienzo del primer tema, descartada del álbum original y aquí recuperada con acierto; y la segunda fue publicada en 2016 por Panegyric con sus extras, Steven Wilson remezclando y una versión en blu-ray. No es un álbum fácil para principiantes, pero si tenemos en cuenta que el sonido temprano de Yes ha envejecido quizá peor que el de otras bandas prog de su época, lo cierto es que este trabajo sigue teniendo una rara cualidad atemporal que hará Tales más que interesante para muchos oyentes actuales. Atrévete, amigo/a.

domingo, 19 de abril de 2020

Genesis - THE LAMB LIES DOWN ON BROADWAY


Disco 1

1. The Lamb Lies Down on Broadway (4:54)
2. Fly on a Windshield (2:45)
3. Broadway Melody of 1974 (2:11)
4. Cuckoo Cocoon (2:13)
5. In the Cage (8:12)
6. The Great Parade of Lifeless Packaging (2:46)
7. Back in N.Y.C. (5:39) 
8. Hairless Heart (2:10)
9. Counting Out Time (3:14)
10. The Carpet Crawlers (5:16)
11. The Chamber of 32 Doors (5:45)

Disco 2

1. Lilywhite Lilith (2:49)
2. The Waiting Room (5:17)
3. Anyway (3:17)
4. Here Comes the Supernatural Anaesthetist (2:49)
5. The Lamia (6:58)
6. Silent Sorrow in Empty Boats (3:01)
7. The Colony of Slippermen: 
The Arrival / A Visit to the Doktor / The Raven (8:12)
8. Ravine (2:06)
9. The Light Lies Down on Broadway (3:32)
10. Riding the Screen (4:07)
11. In the Rapids (2:22)
12. It (4:19)

Una de las primeras cosas que hice en cuanto me vi un poco libre de teletrabajo tras el inicio del confinamiento fue rebuscar algunas cosas interesantes de YouTube que no había podido ver antes con el cuidado suficiente. Entre otros vídeos, disfruté de cabo a rabo del estupendo trabajo de animación, modesto pero muy meritorio, que alguien (sin duda un fan) se ha currado para ilustrar todo el mítico doble álbum de Genesis The Lamb Lies Down on Broadway (1974). Cerraré esta entrada con el correspondiente vídeo insertado.

Contraportada

Creo que el álbum se beneficia bastante de una iniciativa audiovisual así, puesto que se trata de una obra densa, con muchísima letra y con un argumento muy surrealista que hace más bien complicado seguir la trama. Porque, sí, joven pipiolo que no sabes que existía algo así antes de que te instalaras Spotify en el móvil: hace unas pocas décadas se grababan álbumes musicales enteros, a veces en doble disco, que contaban una única historia con su argumento, sus personajes, etc. Bienvenido a la fantástica época del rock progresivo y los álbumes conceptuales.

Peter Gabriel caracterizado como Rael.

The Lamb Lies Down on Broadway es el último trabajo que grabó la formación clásica de Genesis, en la que el cantante y principal letrista era Peter Gabriel. Puede decirse que este trabajo bisagra es precisamente aquel en el que Gabriel tuvo mayor protagonismo, y esto no es cualquier cosa si recordamos que el resto de componentes está en el legendarium de la música popular de la época e incluso de tiempos muy posteriores: Mike Rutherford, Tony Banks, Phil Collins y Steve Hackett. Pero Gabriel era el alma del grupo en los setenta por su inconfundible dominio del escenario, sus disfraces, las historias estrafalarias que contaba entre canción y canción...

Phil Collins, Mike Rutherford, Tony Banks, Peter Gabriel y Steve Hackett.

De hecho, sospecho que en algún punto entre la publicación de sus álbumes Trespass (1970), Nursery Cryme (1971) y Foxtrot (1972), Peter Gabriel debió tener la idea de convertir alguno de aquellos cuentos bizarros en una larga canción prog, una ópera rock. Seguramente dio un primer paso con el tema Supper's Ready de Foxtrot, y admitiendo que el álbum Selling England by the Pound (1973) fue un trabajo más equilibrado, con los pies relativamente en el suelo, la apoteosis de las ocurrencias de Gabriel llegó con The Lamb. Todo el doble álbum que nos ocupa es una inmensa, bizarrísima empanada mental que adquiere paso a paso tonos épicos. Es una gozada.


 
Diseños del interior de la funda del vinilo con las letras de los temas.

El álbum cuenta la historia de Rael (que se escribe casi como "real"), un joven grafitero neoyorquino de origen portorriqueño que realiza todo un viaje surrealista, no sabemos si alegórico, metafísico, onírico, esquizofrénico o inducido por las drogas, por todo un inframundo de seres extraños, recorriendo una geografía fantástica en busca del camino a casa y rescatando de paso a su hermano John, que también anda por allí perdido. Parece que Gabriel se inspiró en cosas tan dispares como el musical West Side Story, la película El Topo de Alejandro Jodorowsky y la obra del psicólogo Carl Jung. Buscó también incluir numerosas referencias a la cultura norteamericana en contraste con el espíritu británico del album previo. Antes de que alguien lo pregunte, no hay en el embalaje del álbum la menor información explícita sobre qué rayos significa el título "El cordero se tumba en Broadway".

Despliegue de la funda del vinilo en el que se narra la historia.

El virtuosismo instrumental del grupo es demoledor, aunque la mayoría de temas del álbum son tan originales en su sonido que difícilmente pueden compararse con lo grabado por Genesis en discos anteriores y posteriores. Es un microverso musical influido sin duda por una grabación realizada en condiciones inusuales: en lugar de en un estudio convencional, la banda grabó el álbum en un caserón de Gales utilizando un equipo móvil de los que se usan para grabar conciertos. No sé qué importancia darle al detalle, pero parece que Brian Eno fue invitado para grabar algún pasaje vocal y hay quien sostiene que pudo intervenir en más aspectos de la producción. Yo a veces aprecio un asomo de sus paisajes ambient en temas como Silent Sorrow in Empty Boats, que desarrolla una melodía muy a lo Music for Airports. Cuatro años antes.

Cuckoo Cocoon

In the Cage

Hablando de sus temas, personalmente creo que este no es un álbum muy propio para destacar canciones aisladas. Todos los temas son de algún modo piezas importantes, capítulos del periplo de Rael, y al mismo tiempo parte de un todo indivisible, pinceladas de un cuadro que pocas veces tienen esencia individual. Por destacar algunos cortes llamativos, tenemos el homónimo al álbum, Cuckoo Cocoon, In the Cage, Counting Out Time, Lilywhite Lilith, It.. Y por supuesto el tema más conocido, el enorme Carpet Crawlers, cuya atmósfera envolvente oculta una letra de pesadilla: una serie de individuos embozados que se arrastran por la alfombra a través de un pasillo hacia una puerta cerrada.

The Carpet Crawlers, con la letra en pantalla en español.

Mención aparte merecen sus espléndidos instrumentales, como el elegante Hairless Heart o los experimental The Waiting Room y Ravine, o algunos pasajes de temas cantados, como la parte central de In the Cage, casi todo Here Comes the Supernatural Anaesthetist, que es un deleite de imaginación, y la primera mitad de Riding the Screen.

Here Comes the Supernatural Anaesthetist

Hace algún tiempo publiqué una entrada sobre famosos álbumes dobles del rock progresivo y The Lamb Lies Down on Broadway fue uno de ellos. Tiene cosas en común con otro clásico allí mencionado: The Wall, de Pink Floyd, publicado cinco años después. En ambos se cuenta la historia de un chaval embarcado en un viaje épico de autodescubrimiento con elementos de ensoñación y locura; pero son sobre todo álbumes publicados en un momento de gran popularidad de sus bandas correspondientes en los que, además, uno de sus miembros se erige como líder y se produce una fricción de egos que conduce a la separación justo después de la gira. Lo cierto es que The Lamb fue un álbum complicado de componer y grabar, sobre todo porque Peter Gabriel, en mitad del pulso que echaba a los demás por el control de la obra, se encontró también con cierta insolidaridad de estos cuando se ausentaba a causa del embarazo de riesgo de su mujer. Hubo disculpas y buenas palabras posteriores y quizá por eso nunca ha existido una aversión manifiesta entre los viejos miembros de Genesis, que se reunieron por sorpresa para un único concierto en 1982 y podrían incluso reencontrarse fugazmente en próximas fechas, si la difícil coyuntura lo permite, en algún momento del nuevo tour que anunciaron hace cosa de un mes.

Un clásico largo, profundo, lleno de matices sutiles y que crece y cambia cada vez que vuelves a escucharlo.

A disfrutar.

martes, 22 de octubre de 2019

Al caer "El muro": lo que vendría después.

Si has llegado a esta entrada desde el índice del blog o desde un buscador, te recomiendo leer previamente nuestro análisis de The Wall.

Una imagen promocional del ballet inspirado en The Wall.

The Wall fue una obra concebida desde su mismísimo origen para ser interpretada en concierto. La gira que siguió a la publicación del álbum, en 1980 y 1981, sigue siendo un ejemplo de lo que la gran era del rock con mayúsculas podía ofrecer al público: el espectáculo se desarrollaba en un escenario enorme en el que la banda tocaba mientras se iban apilando los ladrillos. 

Una imagen de la gira 1980-81.

Aparecían en escena enormes marionetas representando a los personajes de la historia. En el propio muro, una vez acabado, seguían abriéndose algunas ventanas en las que se veían estampas muy teatrales, por ejemplo una recreando el pisito de "Pink" (Roger Waters), que ve la tele y demás.

Nobody Home

El problema es que se incurrió en tal dispendio económico que al final no salieron las cuentas, y eso que la afluencia de público fue casi siempre masiva. Curiosamente, el único miembro de Pink Floyd que ingresó dinero fue Richard Wright, que había salido ya del grupo y cobró sus honorarios como cualquier otro técnico o tramollista asalariado.

El cartel de la película.

Un momento inigualable de la banda en la cultura popular fue el estreno de Pink Floyd: The Wall (1982), una película dramática dirigida por Alan Parker (El expreso de medianoche, Fama) y con guión de Roger Waters que tuvo muchísima repercusión mediática. Protagonizada por el cantante Bob Geldof, la película mostraba en imágenes la historia de "Pink" narrada en el disco, incluyendo las canciones -aunque no es un musical al uso en el que cantan los personajes- y muchas originales secuencias de animación creadas por Gerald Scarfe. 

Tráiler de la película.

El resultado global, para mi gusto, es desigual, quizá demasiado lúgubre en su enfoque surrealista. Tras escuchar el álbum, además, la película resulta un poco pobre comparada con las imágenes que nos evoca éste, salvo quizá por la parte que transcurre en la Segunda Guerra Mundial y por las secuencias animadas que mencionábamos antes, que son magníficas. De estas últimas salió en realidad toda la parafernalia que se ha utilizado hasta la saciedad en posters, camisetas, chapas... Hasta en Los Simpson hemos visto desfilar los famosos martillos de The Wall...


Por cierto, en la película había un par de temas nuevos, posibles descartes del disco. Uno de ellos, When the Tigers Broke Free, acabó formando parte de las ediciones más recientes del álbum de 1983 The Final Cut. Una vez escuché en un programa de radio que existía una BSO oficial de la película con importantes cambios respecto al álbum original, aunque nunca he podido confirmar la existencia de tan jugoso ítem.

When the Tigers Broke Free, en la película.

Yendo todavía más allá en lo multimedia, en algún momento de la pasada década se proyectó estrenar un musical tipo Broadway sobre The Wall con aval de Roger Waters, aunque de momento no se ha estrenado. Existe una versión de The Wall grabada como homenaje por parte de otras bandas progresivas (incluyendo los mismísimos Jethro Tull y King Crimson) y hasta una versión del álbum completo en estilo bluegrass, que es una especie de country suave. En 2018 se estrenó una adaptación para ballet de The Wall por parte de la compañía Twin Cities de Minnesota y la banda tributo Run Like Hell. Se ve realmente bonito.

El ballet de The Wall.

Pero volviendo a los conciertos "tradicionales", creo que el mejor uso que se ha dado en el escenario a The Wall ha sido durante la carrera como solista de Roger Waters. Su gran momento fue el espectacular concierto celebrado en Berlín en 1990, unos meses después de que cayese el otro muro, el nada metafórico gran símbolo de la Guerra fría. 

Una imagen del concierto en Berlín (de El Parlante).

El juicio de "divorcio" entre Waters y los demás miembros de Pink Floyd en 1986 había supuesto, entre otras cosas, la confirmación de que The Wall al completo pertenecía a su artífice principal, mientras que Gilmour (que había confirmado la continuidad de la banda sin Waters, motivo de la denuncia de éste) sólo podría tocar o grabar las partes en las que estaba acreditado como co-autor. Waters, que en aquellos tiempos no gozaba ni por asomo del prestigio y el éxito comercial que le hubiese gustado tener como artista en solitario, decidió que podía hacer y deshacer a su antojo con The Wall. Y vaya si lo hizo.

El DVD del concierto de Berlín.

Además de celebrar la reunificación de Alemania, en el show de Berlín había que recaudar dinero para un fondo europeo contra desastres de todo tipo, y a la llamada de Waters acudieron músicos como Scorpions, Cyndi Lauper, Sinéad O'Connor, The Band, Bryan Adams, Paul Carrack o Van Morrison, y actores y celebrities de renombre (Tim Curry, Albert Finney, Marianne Faithfull, Ute Lemper, Jerry Hall) interpretando a los personajes que causan la desdicha de "Pink". Se esperaba incluso a Wright, Mason y Gilmour, pero tuvo lugar alguna clase de malentendido todavía no aclarado y la reunión de Pink Floyd no se produjo. El concierto está disponible para ver en casa en varios formatos, y también se publicó como doble álbum.

Sinéad O'Connor y The Band interpretan Mother.

No obstante, si de fidelidad al concepto original se trata, creo que nada supera a la versión que Waters llevó de gira por todo el mundo entre 2010 y 2012, y que el director Sean Evans filmó para su estreno en cines en 2014. La tecnología empleada aquí supera todas las expectativas y el sonido es sencillamente demoledor. Lo único que le falta para la perfección total es la presencia en escena del resto de la banda original en lugar de músicos anónimos contratados para la ocasión. 

Un trozo del documental de 2014.

Eso sí, en el concierto del O2 de Londres apareció por sorpresa, en lo alto del muro y en el momento más álgido del show, David Gilmour interpretando su parte de Comfortably Numb. Parece que con la reunión momentánea de todo Pink Floyd en el Live 8 de 2005 se habían limado muchas asperezas. Curiosamente, el impulsor del Live 8 (y del famoso Live Aid de los ochenta) fue Bob Geldof, el protagonista de la película sobre The Wall.

La última y ya repetible actuación de los Pink Floyd reunidos, en el Live 8.

Como dijimos más arriba, la versión de Pink Floyd que lideró David Gilmour sólo tenía permiso para interpretar los cuatro temas compuestos parcialmente por él: Another Brick in the Wall Part 2, Hey You, Comfortably Numb y Run Like Hell (quizá los más comerciales del álbum). Pudimos escucharlos en los discos en directo Delicate Sound of Thunder (1988) y Pulse (1995), así como en los conciertos en solitario de Gilmour. Comfortably Numb ha sido interpretada recientemente en una actuación del guitarrista donde figura el actor Benedict Cumberbatch cantando la parte de Roger Waters. Cerramos con ella, a la espera de lo que dará de sí The Wall en su camino hacia el 50 aniversario.

Comfortably Numb
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