martes, 18 de noviembre de 2014

Pink Floyd - THE ENDLESS RIVER


1. Things Left Unsaid (4:27)
2. It's What We Do (6:18)
3. Ebb and Flow (1:56)
4. Sum (4:49)
5. Skins (2:38)
6. Unsung (1:08)
7. Anisina (3:17)
8. The Lost Art of Conversation (1:43)
9. On Noodle Street (1:43)
10. Night Light (1:43)
11. Allons-y (1) (1:33)
12. Autumn '68 (1:36)
13. Allons-y (2) (1:33)
14. Talkin' Hawkin' (3:30)
15. Calling (3:38)
16. Eyes to Pearls (1:52)
17. Surfacing (2:47)
18. Louder than Words (6:37)

Teniendo en cuenta las características de este disco, no podemos saber si alguien lo considerará el mejor trabajo musical publicado este año. De lo que caben pocas dudas es de que se trata de uno de los más importantes, y ya no solo del año, sino de lo que llevamos de siglo. El regreso de Pink Floyd con un álbum inédito es un acontecimiento que no sucedía desde hacía veinte años, y el hecho de que se trate -creo que esta vez sí- de su último álbum de estudio convierte a The Endless River en algo muy especial.

La verdad es que quienes somos seguidores de Pink Floyd sabemos que desde lo años ochenta casi todo lo que se publica con su nombre es poco menos que un regalo, prácticamente un favor que se hace a los melómanos y, de paso, a los bolsillos de estos señores. El último disco que la banda publicó en un estado de "normalidad" fue The Wall (1979), y eso que ya estaban teniendo lugar cambios irreversibles en el cuarteto. Roger Waters reclamaba un estatus de líder que nadie ocupaba claramente desde los tiempos de Syd Barrett, y su decisión más discutida fue la salida por la puerta trasera del teclista Richard Wright, que en el siguiente álbum The Final Cut (1983) fue sustituido por una orquesta clásica. Tratándose este disco de un vehículo para lucimiento de Waters, los otros dos miembros no se quedaron demasiado cómodos, y tuvo lugar la ya conocida separación y el paso por los tribunales. David Gilmour y Nick Mason retuvieron la franquicia Pink Floyd, y el 1987 lanzaron el desigual A Momentary Lapse of Reason, en el que Wright volvía al escenario de nuevo por la misma discreta puerta trasera por la que había salido. Giras aparte, no hubo garantías de un regreso del grupo hasta The Division Bell, en 1994, donde por fin le fue restituida a Rick Wright su antigua titularidad.

Richard Wright durante las sesiones de The Division Bell y The Endless River(de www.digitaltrends.com)

Aquel The Division Bell, aunque hoy suena a gloria, no fue en su momento del gusto de todo el mundo. Pese a los esfuerzos por recuperar el sonido característico de los Pink Floyd de siempre (con más exito que en A Momentary Lapse of Reason, por cierto) y por ofrecer una riqueza asombrosa a nivel de producción, se hizo evidente una clara vocación comercial traducida en la colección de elegantes temas pop-rock en que consistía el trabajo. Fue gracias al instrumental Marooned que la banda consiguió un Grammy, y personalmente siempre me ha parecido que el tema más interesante de todo el disco es Wearing the Inside Out, compuesto y cantado por Rick Wright. ¿Tuvo esto algo de profético?

Puede que sí, porque el recién publicado The Endless River hace especial hincapié tanto en las fastuosas aportaciones de Wright a los sintetizadores como en el poderío tecnológico de la banda a la hora de desarrollar atmósferas instrumentales. ¿Se trata The Endless River de una reelaboración instrumental de los mismos conceptos musicales de The Division Bell? ¿Es el nuevo disco de Pink Floyd un refinado monstruo de Frankenstein construido a base de pedazos de las sesiones de grabación del álbum de 1994? Es las dos cosas, pero también es algo más, bastante más complicado de describir. Voy a usar un símil que se me ocurrió mientras escuchaba el disco.

Versión de la portada con títulos, nada habitual en un disco de Pink Floyd.

Recuerdo que hace algunos años un crítico de cine comentó que, al fallecer el director David Lean en 1991, dejó sin rodar el guión que había preparado para adaptar la novela Nostromo, de Joseph Conrad, y que tanto aquel guión como las propias tendencias del director de Lawrence de Arabia lo empujaban a terminar dirigiendo filmes de ciencia-ficción, de haber seguido con vida. En el caso de Pink Floyd, yo había pensado en varias ocasiones que, de haber seguido en activo y evolucionando a su ritmo, acabarían seducidos por eso tan indefinible que solemos llamar "nuevas músicas" o música instrumental contemporánea. Era demasiado el gusto que tenían estos instrumentistas virtuosos por crear paisajes sonoros, soundscapes que dirían Eno o Fripp, como para creer que seguirían anclados al art rock para siempre. De hecho, paralelamente a The Division Bell, los miembros de Pink Floyd encargaron a un productor que montase una pieza ambient de una hora de duración, a base de las mismas sesiones de las que ha nacido The Endless River, que se llamaría The Big Spliff, y que nunca llegó a publicarse. No obstante, no hubo una continuidad en la carrera de Pink Floyd tras The Division Bell en la que quedase demostrada esta deriva a nivel discográfico, y el hecho de que The Endless River haya resultado responder a ello podría ser meramente casual. O no.


Dos de los clips que han ido apareciendo a modo de adelanto.

Con todos los temas unidos, como siempre, The Endless River se mueve entre las texturas aéreas de los sintetizadores de Wright y los desarrollos cristalinos de guitarra eléctrica de Gilmour, con algo menos de presencia de la batería, si bien el bueno de Mason se hace notar cada vez que aparece (escúchese Skins). Las sesiones de grabación tuvieron lugar originalmente en los estudios Britannia Row, donde no trabajaban desde mediados de los setenta, y es posible que esto los inspirase para que, entre las 20 horas de material que produjeron entonces, hubiese guiños evidentes a álbumes clásicos de la banda que han sido incluidos entre los temas de The Endless River. Tenemos unas pinceladas de Shine On You Crazy Diamond en It's What We Do, un ritmillo de balada a lo Us and Them en Anisina, algún ambiente cósmico que recuerda a Set the Controls for the Heart of the Sun y unos punteos de guitarra muy a lo Run Like Hell en Allons-Y (1). Entre otras peculiaridades, escuchamos la voz computerizada del cosmólogo Stephen Hawking en Talkin' Hawkin', y el mismo sampleado de campanas repicando del High Hopes de The Division Bell hacia la parte final. Concluye el álbum con el único tema "convencional" del mismo, Louder Than Words ("Más fuerte que las palabras", bastante apropiado), cantado por David Gilmour y con letra de su mujer Polly Samson. No es magistral, pero es un buen tema y un cierre estupendo. El álbum cuenta, por cierto, con la producción, entre otros, del ex Roxy Music Phil Manzanera.

David Gimour y Nick Mason (imagen de www.mojo4music.com).

David Gilmour afirma que The Endless River es una experiencia musical pensada para melómanos de los de antes, de los que son capaces de escuchar un álbum de música al completo de un tirón, y añadiría yo que también es para quienes disfrutamos más de una obra musical cuando la calidad de su sonido es exquisita, perfecta, como en este caso. En cualquier caso, conviene entender el álbum como un epílogo a la carrera de Pink Floyd y un homenaje al desaparecido Richard Wright en los últimos momentos que compartió trabajando con sus compañeros, porque no es un disco representativo de su sonido ya familiar que venga a saciar las ansias de los fans acérrimos. Desde los extraños experimentos psicodélicos de More o Ummagumma no hemos escuchado un trabajo de la banda tan notoriamente peculiar, aunque esto no ha evitado que el álbum arrase en ventas mundialmente durante su primera semana y haya batido récords en preventa. 

Está disponible en varias ediciones, alguna de ellas con un montón de CDs y blurays, y hasta con temas extra, así que hay para elegir. Como siempre en este caso, recomiendo la edición más completa posible, que es la que con los años más gusta conservar.

Vídeo promocional de Louder than Words.

7 comentarios:

José Ramón dijo...

Bueno. Los que de siempre nos han gustado Pink Floyd evidente disfrutaremos con este disco pero claro, echaremos en falta más temas vocales. Solo hay uno. Por lo demás me parece una repetición de lo ya escuchado y poco riesgo. Pero insisto, gustandote pink Floyd se disfruta.
Una cosa que me queda pendiente es el tema de A momentary lapse of reason. No es la primera vez que he oído hablar "mal" de este disco y a mi me encanta. No me parece mejor ni peor que the división Bell. De hecho me parecen muy similares.

Daniel Moreno dijo...

Totalmente de acuerdo con Jose Ramón. Esos dos discos me parecen muy similares, y yo tengo debilidad por el LEARNING TO FLY, por ejemplo. Me gustan temas de los dos discos.

THE ENDLESS RIVER es muy Pink Floyd, pero es verdad que se me queda algo vacío, como que le falta algo, y son más temas vocales, por supuesto. Pero vamos, aun siendo un disco de retazos, o como bien dices, una especie de monstruo de Frankenstein musical, vale mucho más que el 95% de música que se hace actualmente, y quizás me he quedado corto.
Perdón por el paralelismo, que igual no viene a cuento, pero lo que ha hecho MIKE OLDFIELD con MAN ON THE ROCKS, me parece más fresco y arriesgado que este disco de Pink Floyd, llevo pensándolo unos días y me parece que la comparación puede sonar mal, pero este disco no deja de ser un montaje pegado de recortes, y el del otro dinosaurio, Oldfield, me parece algo nuevo y distinto en su carrera.... Ahora, ¡crucificadme! (Es broma...)

¡Un saludo a todos!

Juan Pini dijo...

De lo que no cabe duda es de que este es el mejor trabajo de PF en las últimas dos décadas… Bromas aparte, coincido bastante en que se echa en falta algo más de voz humana (máxime tras escuchar el excelente Louder Than Words). Por otro lado, la mayoría de los temas (salvo quizás Anisina y el citado Louder…) me producen una impresión como de “inacabados”; más que ante un disco de “temas”, parece que estamos ante un catálogo de los palos que componen el sonido Floyd (e incluso de algunos de sus discípulos: hay momentos que me recuerdan incluso a Tangerine Dream), pero sin una hilazón que articule el disco. No obstante creo que los Floyd pasan el examen con nota y este trabajo irá ganando con las sucesivas escuchas.
Lo que no me ha gustado nada es la portada. Me parece muy poco “pinkfloydiana”. La ausencia de Thorgerson pesa más que la de Wright…
Y a propósito de Momentary Lapse… soy otro de los que no entienden ese marchamo de “peor disco de PF”. A mí siempre me ha gustado más que Division Bell, un disco al que en mi opinión le sobran algunos kilos: tiene temas excelentes, pero otros que mejor hubieran estado en algún disco en solitario de Gilmour (no es que sean malos, pero son de Gilmour).

El conde dijo...

Saludos a todos, y gracias por comentar. Yo no soy un detractor de A Momentary Lapse of Reason, pero sí que me parece precisamente lo que he dicho, "desigual". Eso no quiere decir que no contenga momentos fabulosos (On the Turning Away es mi debilidad), pero también hay en él -para mi gusto al menos- un buen porcentaje de música que no termina de funcionarme, o a la que no acabo de encontrar demasiado encanto. Por ejemplo está Learning to Fly, que aun siendo un tema correcto y fiel al sonido del grupo, no me dice casi nada. También me pasa algo parecido con otro tema estrella, Sorrow, que tiene un planteamiento original pero no acaba de hacerme vibrar.

En la comparación con The Division Bell, y conste que es solo una opinión, A Momentary Lapse of Reason gana en originalidad y riesgo, pero The Division Bell, incluso siendo más comercial y relativamente convencional, me parece bastante más agradable de escuchar como conjunto, con más coherencia interna y con un sonido más elaborado. No consigo zambullirme mentalmente en A Momentary como sí lo hago en The Division.

Daniel Moreno dijo...

Muy de acuerdo también con Juan Pini en su comentario de que parecen temas inacabados. Para mí, creo que han querido meter tantos palos de esas 20 horas de música que al parecer tenían que han esbozado solo partes de algo que parecía mucho más desarrollado y completo. A veces da la impresión de que son como un muestrario de temas de Pink Floyd, pero que se han dejado a medio terminar. Pineso que le falta algo de coherencia interna y de más desarrollo en los temas. No me hubiera importado que hubieran metido menos variedad de temas cortos y que los hubieran desarrollado más, y hubieran dejado el resto para discos posteriores, porque, a ver...,¿por qué no podemos seguir teniendo más discos de Pink Floyd del siglo XXI, si tienen tanta música guardada?

Finalmente, Conde, aunque deduzco por tus entradas que no te gusta mucho THE FINAL CUT, pienso que al menos deberías darle una oportunidad en este blog y comentarlo. Para mi gusto, tiene temas magníficos como ese THE FLETCHER MEMORIAL HOME donde el señor Waters pone a parir a los dictadores, tiranos y pseudo caudillos que han poblado este mundo a lo largo de su historia.

Bueno, te lanzo el órdago. Saludos, amigo!

Ó. dijo...

Creo que, en mi caso, la suerte que puedo tener al escuchar este disco es que no soy seguidor de Pink Floyd: no he escuchado la mayor parte de sus álbumes, y los que sí, sólamente algunas veces, lo que me convierte en un espectador prácticamente casual y curioso cuando me acerco a "The endless river". Casual porque la aparición de un "nuevo" disco de estos grandes músicos, ya convertidos en clásicos indiscutibles, me pilla un tanto despistado, y curioso porque, pese a mi escaso conocimiento de su magna obra, cómo no querer conocer qué nos proponen a estas alturas algunos de los responsables de maravillas como "The dark side of the moon" o "Wish you were here". Tras un par de escuchas, tengo claro que se trata de un producto claramente dirigido a incondicionales y seguidores, a coleccionistas diría incluso, un regalo para los fieles, si bien podría funcionar un poco como manifiesto: la supervivencia de un modo de entender la música, que le da mil vueltas a muchísima parte de la producción musical de hoy en día; y cómo no, un precioso homenaje, a aquellos compañeros de viaje que se fueron, al más allá o a vivir en otra parte. Personalmente, lo veo como un disco agradable en su conjunto, pero carente de esos puntos fuertes que podrían elevarlo a un status algo más serio. Tiene lo que le sucede a lo que se hace a base de partes: en este caso, está bien hilvanado, pero no todos los elementos me terminan de convencer. Tarea difícil, por supuesto, teniendo en cuenta las características de la obra, y creo que por ello se debe respetar en su justa medida. Hay temas que me parecen un tanto flojos, que podrían haberse recuperado mejor, y otros que me encantan pero que terminan demasiado pronto, sin apenas tiempo para asentarse. El tema vocal me parece pasable, nada más. En definitiva, 53 minutos que se llevan sin problema, algo muy positivo, y que invitan a la calma y a la nostalgia, algo que se agradece, en estos tiempos histéricos y acelerados, que tan poco nos dejan vivir sosegadamente. Y sí, también me ha abierto el apetito: firme decisión de descubrir esos álbumes que no conozco, y que estoy seguro me aportarán muy buenos momentos. Abrazos. Ó

descendiendoorion dijo...

Muy buenas.

Me uno al grupo de fans de "The Division Bell", aunque por momentos me entre la vena 'hater' y lo considere una catetada noventera. Y para mí los álbumes más cercanos a lo instrumental espacial son los mejores de Pink Floyd: "Wish You Were Here", "Dark Side of the Moon" y "Meddle" me parecen algunos de los grandes hitos del género.

Por eso mismo este "The Endless River" me ha dejado frío. Se agradece escuchar a Pink Floyd en un estilo completamente ambiental que continúe la senda de "The Division Bell", pero no el que el disco me parezca música para poner de fondo y olvidarse del asunto. Mientras lo escuchaba no presté atención salvo en algunos momentos como 'Anisina', 'Allons-y' y 'Louder Than Words'; el resto, una sucesión de introducciones que no me dijo nada.

Eso sí, qué gustazo volver a escuchar los inconfundibles teclados de Wright. Cuánto talento perdimos.

Un saludo, y enhorabuena por la crítica ;-)

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