viernes, 30 de abril de 2010

Steve Hackett - VOYAGE OF THE ACOLYTE


1. Ace of Wands (5:24)
2. Hands of the Priestess Part I (3:28)
5. The Hermit (4:49)
7. The Lovers (1:47)

Steve Hackett se unió a Genesis durante su etapa más creativa, cuando iban alcanzando el estrellato con álbumes como Nursery Cryme (1971) o Foxtrot (1972), en el que una pieza instrumental exclusivamente suya, Horizons, es uno de los temas más memorables. Gozó de la fama con la grabación de obras cumbre como Selling England by the Pound y The Lamb Lies Down on Broadway, aunque entonces comenzó a picarle el gusanillo creativo y, dándose cuenta de que uno no podía lucirse plenamente en una obra de grupo (menos aun teniendo en cuenta que Genesis hacían poco menos que un reparto equitativo del trabajo en cada álbum) se arriesgó a realizar una obra en solitario, la primera de un componente de Genesis.

Steve Hackett

Voyage of the Acolyte (1975) es el resultado de aquella experiencia personal, un álbum considerado por algunos como una obra no oficial de la discografía de Genesis, ya que algunos de sus miembros -Phil Collins y Mike Rutherford- colaboran en el mismo en mayor o menor medida.

Sinceramente, Voyage of the Acolyte ("El viaje del acólito") no difiere especialmente del estilo del mítico grupo de rock progresivo, si bien pueden encontrarse ciertas diferencias, como el predominio de la música instrumental y un relativo enriquecimiento de los efectos sonoros, que acercan la obra a otras muy experimentales de aquella década prodigiosa.

Contraportada de la edición en CD.

Ace of Wands ("El as de las varitas mágicas"), para empezar, es una pieza claramente rockera más cercana seguramente al estilo de King Crimson que al de Genesis, bastante potente y con sus pasajes de guitarra marca de la casa Hackett. Los pequeños momentos de "pausa" en medio de la melodía principal son estupendos. Hands of the Priestess ("Las manos de la sacerdotisa"), en sus dos versiones, es un corte más folk, tranquilo y evocador, de lo mejor del disco con su flauta y sus guitarras. A Tower Struck Down ("Una torre abatida") regresa a la línea del primer tema, aunque es algo más ocuro y siniestro, e incluye una especie de sonido de derrumbe seguido de unos breves momentos de calma. The Hermit ("El ermitaño") es la primera pieza más o menos vocal del disco, también con flautas y guitarras como Hands of the Priestess, en un tono místico propio de aquellos tiempos de advenimiento de la Era de Acuario, y en la línea pseudo-religiosa-bíblica de algún que otro momento de los álbumes de Genesis.

Ace of Wands, en vivo (1979).

Star of Sirius, con sus efectos cósmicos y su guitarra, arropa la voz característica de Phil Collins en otro tema contemplativo de alta calidad que va creciendo hasta convertirse en un poderoso tema pop-rock. The Lovers ("Los amantes") es un corte a tener en cuenta, ya que la carrera de Steve Hackett parece estar jalonada cada vez más de fabulosas piezas para guitarra acústica, en este caso acompañada de sonidos sintéticos creados con cinta magnetofónica manipulada. Concluye el álbum con Shadow of the Hierophant, un tema largo con varios movimientos, el primero rockero, intercalado con un par de cánticos céltico-místicos a cargo de Sally Oldfield, además de otros momentos de rock instrumental muy inspirados y grandilocuentes, en la senda de los temas más épicos de Nursery Cryme y Foxtrot, antes mencionados. Las reediciones incluyen un par de temas extras.

Diseño de la carpeta interior.

Voyage of the Acolyte, pese a que ofrece un mosaico bastante surrealista y difícil de abarcar en un solo vistazo, inspirado en los arcanos del tarot (todos los temas los mencionan más o menos lejanamente), es un disco que crece con cada escucha. La primera vez me resbaló, pero mientras redacto esta crítica me va pareciendo cada vez más rico. Pienso que está ligeramente "pasado de moda" respecto a lo que se hacía entonces, ya que, tal como he mencionado, recuerda a las obras de rock progresivo que se realizaban cuatro o cinco años antes, sobre todo por sus pasajes folk y el uso de coros dignos de aquel inconmensurable In the Court of the Crimson King. Pero no debe entenderse esto como una crítica por mi parte, sino como un signo de que Steve Hackett bebía de unas fuentes de enorme calidad artística. Notable alto.

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