domingo, 30 de octubre de 2022

Pink Floyd - ANIMALS


1. Pigs on the Wing (Part One) (1:24)
2. Dogs (17:04)
3. Pigs (Three Different Ones) (11:28)
4. Sheep (10:20)
5. Pigs of the Wing (Part Two) (1:24)

Siempre que comento un álbum de Pink Floyd pienso que puedo aportar poco a estas alturas sobre uno de los grupos más importantes y admirados (incluso en la actualidad) de la historia de la música popular. No sé hasta que punto interesan a alguien mis opiniones sobre obras musicales que la gente lleva escuchando asiduamente desde hace más de 50 años. Pensaba empezar este análisis de Animals (1977) señalándolo como un álbum maldito, el trabajo de la banda que menos aura de excelencia tiene dentro de la que sería su edad de máximo esplendor, la que va desde The Dark Side of the Moon (1973) hasta The Wall (1979). Aunque Animals sea un álbum menos accesible, menos apoteósico que los anteriores y que el también indiscutido Wish You Were Here (1975), no se puede menospreciar un disco que es, bajo cualquier óptica, un icono del rock.

De izquiera a derecha: David Gilmour, Roger Waters, Nick Mason y Richard Wright.

Hace unos años pasé mi primera semana de turismo en Londres, en una zona llamada Lansdowne Green, en el suroeste del centro urbano. Deshechas las maletas, salí a la calle emocionado para ver si me situaba. Siguiendo una extraña intuición, caminé unos pasos hacia atrás para ver si lograba identificar algún edificio o monumento emblemático que sobresaliese sobre las azoteas de las viviendas. No había consultado ninguna guía, pero algo me decía que tenía que haber algo interesante muy cerca. Entonces emergió una enorme, gigantesca chimenea blanca, luego dos. El apartamento alquilado estaba a poco más de un tiro de piedra de la vieja central eléctrica Battersea. A la mañana siguiente, desde el autobús de cercanías, comprobé con desilusión que no había un cerdo hinchable atado allí a perpetuidad, pero esa misma tarde escuché todo Animals al completo. Un melómano no olvida una experiencia así, a pesar de que Animals no era un disco que me alucinase.

La imagen completa de la portada, que se extendía a la contraportada, obra de Storm Thorgerson.

No es un álbum especialmente accesible, más que nada porque -quitando la breve intro y el epílogo- consiste en tres temas largos tirando a estáticos dentro de lo que se puede esperar en un trabajo de un grupo de rock progresivo. En una escucha superficial no hay momentos de efectismo muy llamativos en Dogs ("Perros") ni en Pigs ("Cerdos"), que parecen más bien lineales, incluso un poco largos de más; y en Sheep ("Ovejas") tenemos en todo caso unos efectos sonoros espectaculares y un fragmento final de guitarra eléctrica que se salen de un esquema, por otra parte, no mucho más variado que lo anterior. No hay fragmentos de música cósmica tan potentes como los instrumentales de The Dark Side of the Moon o el inicio de Shine On You Crazy Diamond, sino que más bien se propicia un reencuentro con sus raíces rockeras más descarnadas. Nick Mason ha dicho alguna vez que Animals fue la respuesta de Pink Floyd al fenómeno punk, que él mismo apoyó en cierta medida. Buscaban un tono más de garaje, de rock sin más, como regresando a sus orígenes.

La imagen completa del remix de 2018.

Necesitamos un par de escuchas más para iniciar nuestro sereno romance con Animals, fijándonos en lo excelente de las interpretaciones, en lo trabajadas que están las letras, en lo hipnótico de esos mismos temas que antes se nos han hecho pesados, en esas pequeñas cosas que ocurren constantemente en un segundo plano, en el ambiente un poco sucio, un poco con olor a humo, metales y asfalto (véanse la portada original y la de la remezcla) que se desprende de su sonido, por mucho que la novela que lo inspira tenga un contexto rural. La reciente publicación de la remezcla realizada en 2018 por James Guthrie sirve, por lo menos, para apreciar mejor muchos de sus numerosos detalles.

Dogs

Como decíamos, Animals está libremente inspirado en la novela Rebelión en la granja (Animal Farm, 1945), de George Orwell, que es una fábula satírica sobre los totalitarismos en general y sobre la URSS bajo el poder de Stalin en particular. Más que una adaptación al estilo de las que se hicieron de los cuentos de Poe (The Alan Parsons Project) o La guerra de los mundos (Jeff Wayne), aquí se utilizan elementos simbólicos de la novela de Orwell para construir su urdimbre temática, dando pie a que Roger Waters desate a sus fobias políticas contra la sociedad de la época. Todo un personaje, Roger Waters, que en este Animals, más que nunca antes, se afianza como motor creativo de Pink Floyd. Ya llevaba tiempo demostrando su buen hacer como letrista principal, por no decir el único letrista, pero aquí también se hace cargo de cantarlo prácticamente todo.

Sheep (subtitulada)
 
Sin ser Waters un personaje 100% del gusto de todos los seguidores de PF (su expulsión de Rick Wright tras el lanzamiento de The Wall fue imperdonable y sus consecuencias irreparables), debe puntualizarse que los demás miembros de la banda estaban entonces con la atención puesta en otras cosas -David Gilmour, por ejemplo, acababa de ser padre- y seguramente era Roger Waters el único de verdad volcado totalmente en lo artístico. Aun así, el trabajo de todos los demás miembros también es magnífico, desde la potente batería a la guitarra principal o los fondos de órgano y sintetizadores. El disco tuvo críticas mixtas, pero tras años de recordarse en la cultura popular casi exclusivamente por el famoso cerdo-globo, el tiempo todo lo cura y Waters lo ha interpretado casi en su totalidad durante los conciertos de su gira de 2017-18, recogida en la película Us+Them. Supongo que en la actual gira This Is not a Drill también tiene presencia.

Pigs en vivo, por Roger Waters en solitario (con mensajitos para Donald Trump).

El álbum se grabó en el flamante nuevo estudio Britannia Row construido por la banda tras comprar un conjunto de salones parroquiales en un mismo edificio, en la zona londinense de Islington. Según explica Mason en su divertida autobiografía Inside Out/Dentro de Pink Floyd, estaban encantados con el proyecto de crear su propio estudio, pero terminaron tomándole manía por resultar ser demasiado grande, frío, poco acogedor. Aquí grabaron este Animals y solo una parte del siguiente álbum, The Wall (incluido el coro de niños), y después de que el propio Nick Mason se quedase con él en propiedad, terminó vendiéndolo. Hoy en día está dividido en pisitos unifamiliares. Me lo apunto para ver si lo localizo en futuras visitas a Londres.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Yellow Magic Orchestra - SOLID STATE SURVIVOR


1. Technopolis (4:14)
2. Absolute Ego Dance (4:37)
3. Rydeen (4:26)
4. Castalia (3:31)
5. Behind the Mask (3:36)
6. Day Tripper (2:40)
7. Insomnia (4:57)
8. Solid State Survivor (3:58)

El segundo álbum de la Yellow Magic Orchestra, publicado en 1979 y titulado Solid State Survivor ("Superviviente en estado sólido"), fue el de su explosión comercial y también su mayor éxito popular. Vendió dos millones de copias, uno de ellos en el mismo Japón. Su disco anterior Yellow Magic Orchestra (1978) avanzaba las claves de este boom, aunque el toque experimental de aquel, por ejemplo utilizando melodías y efectos sonoros de videojuegos tal cual, aquí se suavizó en una línea de pop electrónico y new wave más convencional. Entendámonos: era todo lo convencional que podía ser un trabajo publicado tan tempranamente y fuera del mundo angloparlante.

Contraportada

El disco rezuma optimismo festivo, tal vez buscando al mismo público discotequero de la época en occidente, y con bastante seguridad reflejando el buen momento que se vivía Japón, que durante un breve período en los años ochenta iba a ser el principal rival económico de los EEUU a nivel mundial. No tenían miedo Haruomi Hosono, Ryuichi Sakamoto y Yukihiro Takahashi de juguetear un poco con los tópicos de lo oriental tal como se entendían en el resto del mundo, y que eran una mezcla de lo chino, lo japonés y, si encartaba, algún toque del sureste asiático. Aun así, y tal como se percibía en su disco anterior, el concepto musical en el que se movían los tres artistas era parecido al de unos Kraftwerk más luminosos e intrascendentes, con unos arreglos más elaborados, más diversos (menos gélidamente robóticos) y con mayor inclinación juvenil. 

Solid State Survivor es recordado especialmente por el temazo Behind the Mask ("Tras la máscara"), que aun teniendo una temática ciberpunk, es demasiado optimista para recordar a las claras a la película Blade Runner o a las novelas de William Gibson. Parece que surgió algún tiempo antes como melodía para un anuncio de relojes Seiko, y aunque se han realizado varias versiones del mismo -e imagino que su ritmo se ha sampleado muchas veces-, destaca la que realizó Michael Jackson, que estuvo a un pelo de formar parte del mítico Thriller y hoy puede encontrarse en un álbum póstumo. 

Behind the Mask

También Rydeen alcanzó una gran popularidad, especialmente dentro de Japón, donde se ha utilizado repetidamente y con distintos propósitos con el paso de los años. Habría que estudiar seriamente la influencia que tuvo Rydeen en las bandas sonoras de numerosos videojuegos que recuerdan a horrores a este tema. Destaca su base rítmica rápida y su melodía con un toque romántico.

Rydeen

Por mencionar otro tema representativo, no podemos dejar fuera la versión surrealista que hacen del Day Tripper de The Beatles, con arreglos electrónicos chocantes, la guitarra eléctrica de Makoto Ayukawa y la voz de Takahashi. Parece que los tres miembros de la Yellow Magic eran fans de los fab four, y hay que decir que salen airosos del desafío, precisamente porque lo afrontan con imaginación e iconoclastia

Day Tripper

Destacar unos cuantos temas no implica despreciar el resto, ya que Solid State Survivor tiene esa cualidad indispensable de los clásicos, que es la de no incluir material de relleno. Todos los cortes del álbum son buenos, muy interesantes como mínimo, a menudo dejando espacio para la experimentación. La única pega que se le puede poner es su brevedad, poco más de treinta minutillos que se pasan demasiado rápido. 

Portadas de los singles Behind the Mask y Rydeen.

No creo que los miembros de la banda se tomasen a broma un trabajo tan excelente, pero es un hecho que incluso antes de empezar esta andadura como trío ya tenían sus propias carreras en solitario en marcha, por lo que no se puede descartar que gran parte de la discografía de la Yellow Magic Orchestra fuese una manera de darse a conocer y conseguir un amplio margen para la libertad de creación de cada talento individual, y no tanto un proyecto con continuidad a largo plazo. No obstante, siguieron publicando álbumes de estudio hasta 1983, y hubo una reunión ocasional para un último disco diez años después, sin que esto impidiese que cada uno de los tres músicos continuase con su andadura individual, siendo sin duda Ryuichi Sakamoto el que mayor éxito internacional ha alcanzado. Su discografía abarca desde el tecnopop hasta la música clásica, pasando por el ambient, las bandas sonoras de cine y la world music.

lunes, 19 de septiembre de 2022

Steven Wilson - HAND. CANNOT. ERASE.


1. First Regret (2:01)
2. 3 Years Older (10:18)
3. Hand Cannot Erase (4:17)
4. Perfect Life (4:46)
5. Routine (8:58)
6. Home Invasion (6:24)
7. Regret #9 (5:00)
8. Transience (2:43)
9. Ancestral (13:30)
10. Happy Returns (6:00)
11. Ascendant Here On... (1:54)

Aunque no he conseguido conectar al 100% con sus primeros álbumes, con el tiempo The Raven that Refused to Sing me ha resultado más agradable que la primera vez, aunque mi crítica no fue demasiado positiva. Pero, desde luego, creo que el siguiente disco que publicó sigue siendo hoy el mejor trabajo en solitario de Steven Wilson, el empollón del rock progresivo.

Hand. Cannot. Erase. (2015) es un álbum conceptual sobre el aislamiento y la soledad en el mundo contemporáneo. Al parecer, está inspirado en la historia real de una mujer joven y socialmente integrada (al menos en teoría) que apareció muerta en su apartamento sin que sus allegados se interesasen por ella durante más de dos años. El personaje descrito en el álbum, según una web promocional que pretendía ser su página personal, añade la particularidad de ser una artista que siempre busca pasar desapercibida y se interesa por las personas desaparecidas. Algunos críticos han descrito el álbum que nos ocupa como un equivalente moderno, obviamente menos ambicioso, de The Wall de Pink Floyd, por aquello del protagonista que se aísla del mundo. Conscientemente o no, incluso es posible encontrar aquí alguna traza musical del clásico de 1979 que comentaremos después.

Steven Wilson

Yo mismo he puesto en duda que el rock progresivo siguiese existiendo como tal en la actualidad, y no como una "lengua muerta", más allá de su auge y caída en los años setenta, pero es indudable que Steven Wilson consigue aquí un trabajo con valor genuino y relevancia cultural propia sin ser un calco ni un monstruo de Frankenstein hecho de trozos de clásicos del género. El propio The Raven that Refused to Sing está lleno de pasajes (sobre todo instrumentales) que suenan a rabiar a bandas como King Crimson, Yes, Genesis o The Alan Parsons Project, pero en Hand. Cannot. Erase. es mucho más difícil identificar estas influencias. Creo que sé por qué es así, y para ello me baso en los álbumes más importantes que Wilson publicó después del que nos ocupa hoy: To the Bone (2017) y The Future Bites (2021).

Creo que Steven Wilson ha encontrado su personalidad como artista en solitario gracias a una fórmula que combina fundamentos de música pop más o menos convencional con arreglos un poco más complejos y, sobre todo, con planteamientos conceptuales muy interesantes. Hand. Cannot. Erase es hasta ahora el último álbum de Wilson plenamente progresivo, por lo menos tal como entiendo yo el género, si bien ya podemos encontrar en él ese gusto por el pop electrónico que parece ser el estilo hacia el que se mueve.

Perfect Life

Los temas más luminosos son los del primer tramo del álbum. Los que te llevan al huerto. Tras el discreto prólogo ambiental que es First Regret, ahí están el largo y brillante Three Years Older, que es prácticamente una suite con un poco de todo; el homónimo Hand Cannot Erase ("Mano no puede borrar"), un ejercicio de pop-rock potente y pegadizo; y Perfect Life, que funcionó como adelanto del álbum y es un tema introspectivo con una atmósfera electrónica y con un trabajo rítmico impresionante. Hacia la mitad, Hand. Cannot. Erase se vuelve menos predecible, con más fragmentos instrumentales y un ambiente más oscuro. Ahí están por ejemplo Regret #9 y Transience, que tienen un poco de los pasajes más tortuosos de la segunda mitad del citado The Wall. Pero siguen brillando temas excelentes y accesibles como Routine, en la que interviene la cantante Ninet Tayeb; Home Invasion, con fragmentos de rock bastante duro; y el muy cambiante Ancestral, largo y con predominancia de guitarreo. Como en un bucle, el disco termina con una referencia a Three Years Older en Happy Returns y un tema ambient, Ascendant Here On...

Home Invasion y Regret #9, de una actuación en vivo editada en vídeo.

Como decía más arriba, la discografía de Steven Wilson posterior a este disco, experimentos aparte, se ha movido bastante hacia el pop. Si juzgásemos solo a partir del mencionado To the Bone, parecería que el músico buscase la aceptación del público masivo más allá del ámbito dignísimo pero reducido del rock progresivo. Es un poco ese "muestrario de moquetas" que alguna vez hemos asociado a artistas que comienzan, si bien Wilson llevaba ya muchos años en el tajo. Al menos The Future Bites, siendo también muy pop, busca de nuevo ir hacia algo menos obvio. Pero Wilson parece embarcado en una búsqueda de estilo (y tal vez de reconocimiento "mainstream") que no sé hasta qué punto se explica mediante la sana idea del artista inquieto que innova constantemente. Supongo que los numerosísimos fans de Wilson (yo no lo soy) tendrán su propia visión al respecto. No digo que debiera haberse quedado en Hand. Cannot. Erase y abundar después en más de lo mismo, pero salvo que seas un incondicional de este artista, seguramente estarás deseando catar un poco más de este prog tan fresco y renovado.

domingo, 28 de agosto de 2022

Klaus Schulze - DEUS ARRAKIS


1. Osiris (18:28)
2. Seth (31:47)
3. Der Hauch Des Lebens (27:08)

Volvemos después de unas merecidas vacaciones con un disco que tenemos sobre la mesa desde justo antes del verano: el álbum póstumo del añorado Klaus Schulze, que para mí ha sido una gran sorpresa.

No es que esperase algo malo o mediocre por parte de un artista al que sigo desde hace muchos años, pero pensaba equivocadamente que Schulze no tendría nada de verdad nuevo que ofrecer a estas alturas del partido. Si acaso maestría, experiencia. Pero está claro que con alguien como Klaus Schulze me equivoqué en mi estrategia. Resulta que siempre me he empeñado en escuchar sus discos de manera cronológica, muchas veces pensando en una nueva entrada de este blog, y apenas me quedé en algún punto a mediados de los ochenta. Con la excepción de Rheingold (que escuché por el encanto de la presencia de Lisa Gerrard), no había ni rozado su producción más actual, y este Deus Arrakis (2022) me ha hecho comprender algo inquietante.

Klaus Schulze en una imagen promocional.

Ahora estoy convencido de que el Klaus Schulze de los últimos años suena como siempre quiso sonar gracias a las tecnologías musicales actuales. Que no se enfade nadie, no estoy diciendo que clásicos como Timewind (1975) o Moondawn (1976) sean trabajos fallidos o preparatorios, pero creo posible que ese toque oscuro de sus primeras obras sea fruto de las limitaciones técnicas de la época, y no tanto de que Schulze buscase adrede unas atmósferas esotéricas. Deus Arrakis contiene todos y cada uno de los tics del músico, salvo la portada daliniana, y aun así logra expandirse con un colorido musical y una variedad textural que, tal como yo lo veo, responden a lo que tal vez el alemán siempre quiso para sus composiciones.

Contraportada

No sé si el álbum está únicamente inspirado en Dune, porque los títulos de los temas van por otros derroteros ("Osiris", "Seth", "El aliento de la vida") pero es verdad que abundan los matices más o menos arábigos, un fluir horizontal que evoca amplios horizontes y mares de dunas. No falta el violonchelo (imprescindible en las grabaciones de Schulze), aquí a cargo de Wolfgang Tiepold en una grabación previa que nuestro artista tenía archivada, e interviene también la vocalista Eva-Maria Kagermann en el último tema. Schulze explicaba que el impulso creativo le llegó gracias a la nueva versión de Dune a cargo de Denis Villeneuve, en la que participó indirectamente gracias a que Hans Zimmer, autor de su BSO, se basó en un tema suyo para un fragmento de la partitura que después ganaría el Oscar. Klaus Schulze era un friki de la novela de Frank Herbert desde su publicación, y sabemos que hay varias referencias a la misma a lo largo de su abultada discografía.

Deus Arrakis me parece un trabajo imprescindible, enorme en su longitud (casi 80 minutos) y en su ambición por la variedad de ambientes y texturas envolventes. Está mucho más inclinado a la luz que a la oscuridad, pero sin perder el carácter misterioso de las obras de Klaus Schulze. Hay que escucharlo, porque es uno de sus mejores trabajos y una despedida desde lo más alto.

Puede escucharse al completo en YouTube, pero pongo aquí solo un trocito.

Se ha lanzado en varios formatos, incluyendo una edición limitada y numerada en estuche de lujo. Para adquirir el álbum, remito a los lectores a la página oficial de Bandcamp.

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