jueves, 15 de julio de 2010

Klaus Schulze - MOONDAWN


1. Floating (27:14)
2. Mindphaser (25:37)

Tras el delirio futbolístico de los últimos días, volvemos con uno de los favoritos de esta página: Klaus Schulze. Y con uno de sus clásicos más conocidos, el estupendo Moondawn (1976). Puede parecer que, en el caso de estos álbumes clave de las "otras músicas", voy comentándolos a discreción, simplemente porque ya toca. No obstante, con este Moondawn aprovecharé para hablar más en profundidad de lo que lo he hecho hasta ahora sobre el krautrock y la Escuela de Berlín, que no son estrictamente una misma cosa.

Moondawn es considerado no solamente como el primer disco de Schulze en enmarcarse plenamente en el estilo de la Escuela berlinesa, sino también como uno de los iniciadores y mejores ejemplos de esta corriente. Antes de este álbum podríamos destacar, prácticamente en solitario, a los tres primeros lanzamientos de los "años Virgin" de Tangerine Dream, o sea, Phaedra, Rubycon y Ricochet.

Klaus Schulze

Por supuesto, ahora es imprescindible delimitar qué entendemos por el estilo de la Escuela de Berlín y, sobre todo, qué supuso respecto al krautrock entendido como generalidad. Pues bien, si escuchamos los primeros discos -bastante herméticos- del propio Schulze, como Cyborg o Irrlicht, veremos que se trata de obras que crean ambientes, texturas entendidas como capas sonoras que se superponen para diseñar atmósferas inquietantes. Sin embargo, escuchando este Moondawn comprobamos que las piezas se sustentan en potentes bases de secuenciadores que van repitiéndose mientras el músico, usándolas un poco como el pintor utilizaría el lienzo en blanco, va improvisando pinceladas de sintetizador o de otros instrumentos como guitarras eléctricas. En Moondawn sí que hay unos ritmos claros, y sí que hay melodías claras, aunque éstas sean tan efímeras como las que surgen espontáneamente en una sesión de jazz. Esto es la Escuela de Berlín, a la que no pertenecerían -por definición, me refiero- gente como Kraftwerk o Popol Vuh, que aun siendo tan opuestos en su forma de entender la música, sí que compartían la etiqueta krautrock.

Vista interior de una edición en digipack.

Centrándonos en Moondawn y dejando al margen el didactismo de lo anterior, decir que este disco es visto por muchos entendidos como uno de los más imprescindibles jamás realizados en el campo de la música electrónica. A ello debió contribuir su primer corte, Floating ("Flotando"), que posee una capacidad de hipnotismo y embeleso difícilmente explicable con palabras. Va creciendo, va saturando nuestros oídos, y con cada pequeñísimo cambio de tonalidad nos sacude la espina dorsal. Mindphaser, que, como en el caso de Floating, ocupa toda una cara del vinilo, supone una interesante desviación del patrón antes establecido: comienza con una larguísima introducción atmosférica (eso sí estaba permitido en la Escuela de Berlín) y después progresa casi en una línea rockera, sustituyendo el secuenciador protagonista del tema anterior por la batería de toda la vida, sobre la que, esta vez muy ortodoxamente, Klaus Schulze lanza sus extravagantes efectos especiales electrónicos y se deleita a los teclados del Moog.

Rarísima portada alternativa que he encontrado por casualidad.

Moondawn es bastante accesible y relativamente sencillo de digerir para los no iniciados en la electrónica de entonces, todo un "must have". Por cierto, ediciones recientes incluyen el bonustrack Floating Sequence, que abunda en la idea del primer tema.

Floating Sequence.
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