Hace mucho tiempo que me llegan recomendaciones de trabajos de Kate Bush, y mientras me decido a comentar aquí alguno de sus álbumes, nos quedamos por el momento con este temazo, el primero cantado que recogemos en esta pequeña sección tan ecléctica. No por ser un clásico de la música popular deja de merecer nuestra reseña.
La portada del single.
¿Por qué lo he elegido? Porque su melodía es tremendamente popular, y porque tanto su instrumentación como -sobre todo- la voz de la cantante son cualquier cosa menos convencionales. En realidad, y aunque Kate Bush es hoy en día una leyenda que se reivindica incansablemente desde los ámbitos del art pop y el rock progresivo, quien escuchase en su momento Wuthering Heights y viese uno de sus videoclips debió asumir que era una friki de tomo y lomo. Tan extravagante como queramos, esta canción fue la primera compuesta por una mujer y cantada por ella misma que llegó al numero 1 en las listas británicas. Casi nada.
El videoclip.
Wuthering Heights ("Cumbres borrascosas") se inspira en la novela de Emily Brontë y reproduce una escena muy concreta en la que la protagonista Catherine ruega al turbulento Heathcliff que la deje entrar en su casa por la ventana. En realidad, alerta spoiler, ella es un fantasma. Kate Bush la canta con un tono tan agudo que llama mucho la atención, y su extraña atmósfera ha abocado a Wutherting Heights a aparecer en más de una campaña publicitaria.
La portada del álbum.
La canción formó parte del álbum de debut de Kate Bush, The Kick Inside (1978), del que fue su primer single. Bush, que llevaba componiendo música desde la infancia y aquí tenía solo diecinueve años, contó con apoyo del mismísimo David Gilmour y de Andrew Powell (el tercer componente, si alguna vez lo hubo, de The Alan Parsons Project), productor del álbum, y con el adelanto que recibió de la discográfica se pagó unas clases de interpretación y mímica que superó con nota. No sé si el famoso vídeo en el que Bush baila en el bosque es causa o consecuencia de que se matriculase, pero forma parte del mito y nunca te deja indiferente aunque lo veas cien veces. Lo dicho: Wuthering Heights es un temazo.
Lleva anunciado desde hace más de un año y ha sufrido un par de retrasos, pero por fin hay fecha para la publicación definitiva de Juno to Jupiter. Será el 24 de septiembre. No sabemos si la versión final será idéntica a la que estuvo vendiéndose durante unas horas, en formato digital y supuestamente por error, hace más o menos un año. Lo que sí sabemos es que saldrá en CD, vinilo y como descarga, y que el vinilo contendrá un tema más, a cambio de recortar otro tema que estará completo en el CD. Así habrá que comprarse ambos, amigos frikis. Habrá también una edición limitada, aunque no se sabe qué contendrá exactamente. Lo que me sorprende, quizá porque se explica mal (?) en la página http://elsew.com/vangelis.htm, es que incluso el CD regular contendrá un libreto de 89 páginas cargado de fotografías inéditas. La tienda oficial de Decca ayuda a aclarar nuestras dudas.
Juno to Jupiter es ya el tercer trabajo que publica Vangelis correspondiente a música empleada por misiones espaciales, si bien en este caso es el segundo con piezas totalmente nuevas y compuestas para la ocasión. Muchas de las piezas del álbum han podido escucharse en los clips que la NASA ha colgado en YouTube con imágenes de la misión Juno, y el disco busca recrear mediante una narración musical la misión en su conjunto, como sucedió en el anterior Rosetta (2016). Además de la voz de la soprano Angela Gheorghiu, que "interpreta" el papel de Juno, el trabajo contiene tanto las voces de científicos y técnicos de la misión como, creo, sonidos obtenidos por la propia sonda.
Lleva filtrado desde el pasado otoño y obviamente lo he escuchado, pero por respeto al músico esperaré a la fecha oficial de publicación antes de colgar una crítica. Sin malos rollos, porque el disco es muy bueno. Por cierto, si alguien es especialmente puntilloso con la legalidad y piensa llegar virgen al día señalado, queda decir que se ha publicado hoy mismo un single digital para ir abriendo boca: In the Magic of Cosmos.
1. Amazônia Part 1 (4:42) 2. Amazônia Part 2 (9:59)
3. Amazônia Part 3 (8:10)
4. Amazônia Part 4 (3:16)
5. Amazônia Part 5 (6:04)
6. Amazônia Part 6 (3:33)
7. Amazônia Part 7 (4:18)
8. Amazônia Part 8 (3:19)
9. Amazônia Part 9 (6:23)
Cerramos un pequeño paréntesis en el que me he volcado en el fin de curso académico, para comentar el último lanzamiento de Jean-Michel Jarre, todavía una novedad, titulado Amazônia (2021). Cuando saltó la noticia de la publicación del álbum hace unos meses, algunos comentarios apostaban por una obra atmosférica a lo Waiting for Cousteau, y aunque las diferencias con aquel tema largo son obvias, está claro que las predicciones eran acertadas.
Jean-Michel Jarre
Amazônia es, por encima de cualquier otra consideración, la banda sonora que acompaña a la exposición del mismo título del cineasta y fotógrafo Sebastiao Salgado con fotografías de sus viajes por la más importante selva tropical del planeta. No sé si toda la música creada por Jarre se encuentra en el álbum publicado, pero son más de cincuenta minutos los que se nos ofrecen, que no es poco.
Puede sonar a tópico, pero es verdad que en Amazônia encuentras cosas nuevas cada vez que lo vuelves a escuchar. Por ejemplo, la primera vez te centras inevitablemente en los sonidos ambientales de gente que habla, de agua corriente, de pasos, de respiraciones, del roce de las hojas y el crujir de la madera. Y después ya empiezas a notar los añadidos musicales que aporta Jarre, como algunos ritmos, drones sintéticos, punteos electrónicos, etc. Incluso es posible que lleguemos a vislumbrar ciertos patrones, estructuras intencionadas, tras cada uno de los temas numerados.
Part 1
Creo que Jarre hace algo bastante interesante y valiente: en lugar de recurrir a una típica fusión de electrónica y música étnica tribal, la música de Amazônia escapa del folklore para "recrear" una experiencia realista de caminata por la selva impenetrable en la que los añadidos de sintetizador funcionan más como una argamasa de unión que como un elemento protagonista. El antes mencionado Waiting for Cousteau, pieza clave del álbum homónimo de 1990, consistía más bien en una composición minimalista pero 100% musical que recreaba vagamente algunos aspectos de lo que sería una inmersión submarina, mientras que Amazônia es en un 95% contenido no musical, no melódico, no rítmico, no premeditado. Tampoco se busca que la música de este nuevo disco sea como un documento científico, porque el enfoque de Jarre permite que en su personal expedición selvática haya espacio para la introspección, la imaginación, lo lúdico y lo onírico.
Part 9
Parece que Jarre recurrió a los archivos sonoros del Museo Etnográfico de Ginebra, aunque no sabemos si parte del material fue grabado por el propio Salgado. Se entiende que lo que hace Jarre es, digamos, un "collage" en el que se busca que, sin salirse en ningún momento de un planteamiento ambiental, siempre estén sucediendo cosas a nuestro alrededor. No es fácil aburrirse si tenemos la paciencia de recrearnos en los pequeños detalles, y entiendo que la experiencia es mucho más interesante si escuchamos la versión Surround 5.1 o la binaural, que se descargan digitalmente tras la compra del álbum en CD o vinilo.
Quizá lo más discutible del álbum sea la división del mismo en cortes o temas en según qué edición, que salvo que le echemos un poco de imaginación resulta en apariencia arbitraria. Está claro que cualquiera puede sentirse libre de decidir qué fragmento le gusta más, pero dudo que esto pueda hacerse extensivo a uno de los temas tal cual nos son presentados en el tracklist.
...aunque en la trasera del CD figura un único tema.
Creo que Amazônia, sin ser un álbum muy representativo del momento actual de la carrera de Jean-Michel Jarre (que está más cómodo revisando sus clásicos e innovando con el software), sí que es una obra que está mucho mejor en las tiendas que en un oscuro archivo, aunque sea como curiosidad para audiófilos o como un bonito ítem para fans y coleccionistas. Tampoco hay que olvidar que Jarre lleva tres décadas siendo embajador de la UNESCO, por lo que le gusta volcarse en cualquier iniciativa en la que su música ayude a impulsar proyectos de interés cultural, humano y medioambiental.
Por mi parte, recomiendo especialmente el álbum en su versión binaural, aunque también sus tradicionales ediciones en CD y vinilo supondrán una grata experiencia que merece la pena disfrutar.
Aphrodite's Child ("Hijo de Afrodita") sería hoy un grupo de culto incluso si de entre sus filas no hubiesen salido Demis Roussos y Vangelis Papathanassiou. Aunque actualmente los Aphrodite's Child son conocidos sobre todo gracias a la carrera posterior de los mencionados, lo cierto es que en su momento fueron una bomba comercial que llegó a vender la bestialidad de 20 millones de copias con solo tres discos publicados.
En 1967, el teclista y compositor Vangelis venía de liderar The Formynx, el arquetípico émulo (griego) de los Beatles, con tanto éxito que hasta rodaron una película tipo A Hard Day's Night; y el cantante y bajista Demis Roussos, pariente suyo, también había estado ya en dos bandas. Con ellos estaba el batería Loukas Sideras y después se les unió Anargyros Koulouris, conocido como Silver, a la guitarra. Tras alguna maqueta interesante, una discográfica los convenció para que viajasen a Londres, la meca de la música pop, donde su estilo comercial melódico con aura psicodélica seguramente iba a funcionar bien.
Imagen de portada del single Break.
De izquierda a derecha: Loukas Sideras, Demis Roussos y Vangelis Papathanassiou.
Pero algo tan sencillo como cuatro amigos que iban a trabajar a Inglaterra se complicó cuando Koulouris tuvo que quedarse a hacer la mili (en Grecia había una dictadura), y para más problemas los otros tres se toparon con las revueltas de Mayo del 68 en su escala en París, lo que les impidió viajar a Londres. Optaron por quedarse allí, y ya bajo el nombre definitivo de Aphrodite's Child grabaron, justo antes de su primer álbum End of the World (1968), el single superventas Rain and Tears. Era una versión cantada y exquisitamente arreglada del Canon de Pachelbel y sonó en la radio hasta el hartazgo.
En 1969 se lanzó un segundo álbum, It's Five O'Clock, y a pesar del éxito continuado del trío, a Vangelis empezaba a picarle el gusanillo del rock progresivo de cara al siguiente trabajo de estudio. Tal como ocurriría con varios de los grandes grupos del rock progresivo posteriores, el que destruiría la banda desde dentro iba a ser su álbum más ambicioso: 666, también conocido como 666: The Apocalypse of John 13/18 (1972). Recordemos lo que pasó con The Lamb Lies Down on Broadway o The Wall.
Una extraña ilustración del libreto del álbum.
Lo primero que sorprende es cómo Aphrodite's Child, un grupo con unas propuestas musicales bastante ingenuas (sus canciones se movían entre "Con su blanca palidez" de Procol Harum y, si acaso, algo parecido a las canciones medio en broma que componía Syd Barrett para Pink Floyd en aquella época), se embarcó en algo tan descabellado con un doble vinilo conceptual sobre el Apocalipsis bíblico que, para más enjundia, encima contenía algunos provocadores guiños oscurantistas. 666, pese a que cuenta con un par de canciones que encajarían bien con lo escuchado en los dos álbumes previos de los griegos (Babylon y Break, quizá The Four Horsemen), es sobre todo una larga pieza unitaria en la que muchos cortes son un puro experimento, atmosféricos, instrumentales, llenos de efectos sonoros muy impresionistas que no tienen ni asomo de una atmósfera pop. Casi no es ni rock, y eso que ya contaban con un muy buen guitarrista al reunirse por fin con su banda para este tercer álbum Silver Koulouris.
Aegian Sea
Resulta complicado describir el conjunto de un álbum tan extenso y abigarrado que cuesta tener una visión global del mismo, pero sí que podemos destacar algunos momentos importantes como los mencionados Babylon y el epílogo Break, el impresionante instrumental Aegian Sea, la extraña invocación esotérico-sexual ∞ (en la que colabora con mucho, mucho, pero que mucho placer la actriz Irene Papas), la suite conclusiva All the Seats Were Occupied o el temazo tremendo de rock progresivo The Four Horsemen ("Los cuatro jinetes"), que hoy en día llega a todo el mundo gracias a un anuncio de coches. Suenan geniales la voz de Roussos, la batería y las percusiones exóticas, varios fragmentos corales muy logrados, algunas partes recitadas, y todo un arsenal de sintetizadores de última generación. Curiosamente, Vangelis (compositor principal por no decir único del álbum) contó con un letrista ajeno al grupo, el cineasta griego Costas Ferris.
The Four Horsemen
666 funcionó bien comercialmente y para la crítica, y eso que sufrió la censura en varios países, entre ellos España, por sus contenidos supuestamente satánicos (el tema de Irene Papas, una voz al final del álbum que dice "hazlo", un supuesto uso de drogas durante la grabación). Vangelis, que entonces se encontraba bien metido en la farándula avant-garde, conoció en aquella época a Salvador Dalí, que se quedó entusiasmado con esta música y propuso una performance en Barcelona para promocionar 666. Habría en teoría parafernalia nazi, lanzamiento de animales y clérigos desde aviones y demás ideas surrealistas. Véase una vieja entrada sobre Dalí en este mismo blog. Por supuesto, nada de aquello fue más allá de la imaginación del artista catalán.
Break
En la actualidad, 666 es un álbum de referencia, no solo por su gran calidad artística y su ambición conceptual, sino porque fue un ejemplo relativamente temprano del grado de libertad compositiva que llegaría a desplegar el rock progresivo. Por supuesto, quienes somos seguidores de Vangelis no podemos evitar considerarlo un álbum importante en su carrera, aunque todo aquel que disfruta de los mejores y más cuidados desvaríos de la auténtica era psicodélica va a gozar muchísimo con cada escucha. Es un clásico de culto que cuenta también con una edición griega con algunas pequeñas pero interesantes variaciones muy del gusto del coleccionista.