martes, 30 de octubre de 2012

Steve Hackett revisa a Genesis.

El virtuoso de la guitarra Steve Hackett, miembro de la banda progresiva Genesis en sus mejores tiempos, ha publicado hace una semana la segunda parte de su álbum de 1996 Watcher of the Skies: Genesis Revisited. El título en esta ocasión se queda en Genesis Revisited II, aunque el álbum esta vez contiene 2 CDs. Agradezco al estupendo blog Leonardinsky 2.1 el placer de habérmelo encontrado.

La portada.

Los seguidores más expertos del rock progresivo (entre los que no me encuentro) saben de sobra que las bandas y solistas míticos de los dorados setenta, sobre todo las que sobreviven desde entonces bajo el epíteto de "dinosaurios", son en exceso aficionados a los auto-homenajes constantes, que a su vez se traducen en álbumes que -una y otra vez- recuperan o revisan temas de sus álbumes clásicos. Hay todo un maremágnum de revivals conmemorativos, recopilatorios exhaustivos, conciertos inéditos y DVDs de todo pelaje. También son multitud los artistas que, salidos de las filas de las bandas más legendarias, se reencuentran unos con otros para grabar algún álbum con material nuevo. En la mayoría de los casos se trata de obras que, independientemente de su calidad, vienen a ser carnaza para fans. Este trabajo de Steve Hackett podría perfectamente pertenecer a esta última categoría.

 Portada de la primera parte del álbum, de 1996.

Lo que marca la diferencia es que Hackett, de entre todos los músicos míticos de su tiempo, es uno de los que mejor ha sabido encaminar su carrera como solista, con trabajos a la vez cautivadores para los fans y obras exquisitamente novedosas y creativas (véanse A Midsummer Night's Dream o Bay of Kings, ambas en este mismo blog). Su regreso al repertorio de Genesis no es cualquier regreso, ya que se atreve -como otros ex-miembros de la banda no se han atrevido- a reinterpretar un buen puñado de éxitos de aquellos primeros álbumes previos a la marcha de Peter Gabriel y las estrategias de supervivencia de los ochenta con Phil Collins.

 La maravillosa y apocalíptica portada muestra Venecia inundándose.

Así nos encontramos con una serie de versiones bastante cercanas a los originales en las que sobresale la sensibilidad de Hackett para hacer notar su  calidad instrumental (tanto el suyo como el que parece exigir a sus muchos colaboradores del álbum), logrando incluso que algunos temas algo áridos de discos como Foxtrot, Selling England by the Pound o The Lamb Lies Down on Broadway nos parezcan ahora mucho más comprensibles, menos extravagantes e incluso milagrosamente actuales. De los años en que Genesis comenzó a reestructurarse hacia lo que sería en los ochenta, también se cuela alguna maravilla como Entangled, de A Trick of the Tail. Es mi tema favorito de este doble trabajo.

 Steve Hackett (de www.progrockmag.com).

E insisto: la revisión que del repertorio de Génesis hace el nuevo álbum es muy purista, no renunciando ni siquiera al sonido de instrumentos como el Mellotron y su peculiar sonido setentero. La única pega que podemos ponerle es que los vocalistas seleccionados suenan en algún momento más a imitadores de Gabriel y compañía que a cantantes con identidad propia, de tanto como se parecen -sin ser idénticas- sus voces. Aun contando con eso, Genesis Revisited II es una delicia para los seguidores actuales del rock progresivo. Insisto: los actuales, los de ahora. Y los de antes, también.

Un vídeo promocional (en inglés).

jueves, 25 de octubre de 2012

Popol Vuh - IN DEN GÄRTEN PHARAOS


1. In Der Gärten Pharaos (17:38)
2. Vuh (19:51)

"Popol Vuh son los más grandes ídolos que he tenido y que jamás tendré"
(Michael Cretu, responsable del proyecto Enigma)

Entre las exquisiteces del gourmet musical más exigente se encuentra la práctica totalidad de la discografía de Popol Vuh. Como hace bastante tiempo que no comento nada suyo en el blog, refrescaremos la memoria diciendo que se trata de la mítica banda alemana liderada por el pianista Florian Fricke, especialmente conocida por haber compuesto las bandas sonoras de las películas de Werner Herzog Aguirre: la cólera de Dios y Nosferatu. Comenzaron plenamente integrados en el krautrock electrónico e instrumental de los últimos sesenta y los primeros setenta para evolucionar poco después, de manera inesperada y casi milagrosa, hacia un sonido plenamente acústico, con resonancias religiosas y místicas. In Den Gärten Pharaos (1971) es el segundo álbum de Popol Vuh, el último de los suyos en inscribirse dentro de lo que después llamarían "música cósmica" o Kosmischemusik, posterior al sorprendente Affenstunde (1970) y previo a uno de sus grandes clásicos, el apabullante Hosianna Mantra (1972).

Florian Fricke (1994-2001).

No es demasiado fácil encontrar información en la Web sobre cada uno de los álbumes de Popol Vuh, sobre los conceptos manejados en ellos al menos, por lo que -una vez más- me limitaré a ofrecer impresiones personales que, espero, sean útiles a los lectores. Este In Den Gärten Pharaos podría servir -valga esto como introducción- como perfecto ejemplo del sonido de la banda a lo largo de sus primeros años. Me refiero a que aglutina, en los dos largos temas que lo constituyen, tanto la vertiente oscurantista de la electrónica alemana de sus inicios como las aproximaciones étnicas que realizaron en su discografía posterior. Es un álbum más o menos esotérico, menos luminoso que lo ofrecido en sus siguientes títulos, aunque ya predomina una atención al detalle y la atmósfera que presagia la rama más pura del ambient. En el caso de álbumes como este, curiosamente, sucede que la imperfección del sonido (algo pobre pese a las remasterizaciones, quizá a causa de la economía de medios originaria) aumenta su carácter fascinante. Más que un disco de 1971, parece una obra realizada en otro planeta, en otra dimensión quizá, y quién sabe cuándo.

Portada de una edición que reúne este álbum con Aguirre.

El álbum original contenía solamente dos temas: In Den Gärten Pharaos y Vuh, aunque en las más recientes ediciones en CD se incluyen otros dos temas inéditos titulados Kha-White Structures 1 y 2. El tema homónimo al álbum se sustenta en unos fondos percusivos de inspiración turca y árabe bastante extraños y en desarrollos instrumentales más o menos estáticos (ahí estaba el clásico sintetizador Moog utilizado sabiamente), salvo por algún fragmento relativamente más movido con elegantes desarrollos de teclado. Por ahí comenta alguien sus semejanzas con Ummagumma de Pink Floyd, y no va desencaminado.

In Den Gärten Pharaos.

Vuh, por su parte, fue grabado en directo en el interior de una iglesia. Suena potente el órgano mientras van y vienen distintos golpes de platillos (¿y gongs?), haciéndose la cosa un pelín larga, de no ser porque la atmósfera es tan poderosa que el viaje (en todos los sentidos) es muy interesante. El segundo tema es una clara muestra del carácter espontáneo de las grabaciones de Popol Vuh, que en algunos casos resultó en álbumes construidos a base de recortes un tanto azarosos de interminables sesiones de improvisación. Como decíamos, la calidad del sonido no siempre sale bien parada.

Vuh.

Acompañan a Florian Fricke Holger Trulzsch, encargado de las percusiones, y Frank Fiedler, que se encarga de las mezclas de los sonidos de sintetizador. Otra forma de entender la música de aquellos años maravillosos, de crear belleza con los sonidos de instrumentos que hoy en día se han trivializado bastante. Otro pequeño clásico para salir de la rutina.

domingo, 21 de octubre de 2012

Emerson, Lake & Palmer - PICTURES AT AN EXHIBITION


1. Promenade (1:58)
2. The Gnome (4:16)
3. Promenade (1:23)
4. The Sage (4:40)
5. The Old Castle (2:31)
6. Blues Variation (4:21)
7. Promenade (1:28)
8. The Hut of Baba Yaga (1:16)
9. The Curse of Baba Yaga (4:08)
10. The Hut of Baba Yaga (1:06)
11. The Great Gates of Kiev (6:37)
12. Nutrocker (4:22)

El compositor ruso Modest Mussorgski (1839-1881) tiene en la obra Cuadros de una exposición (1874) una de las obras maestras que han hecho perdurar su nombre entre los grandes autores del Romanticismo musical. Esta composición programática fue creada como homenaje al pintor Viktor A. Hartmann, amigo de Mussorgski, y la idea que manejó el segundo fue la de "pintar" con música los cuadros seleccionados para una exposición póstuma del primero. Mussorgski concibió esta suite para piano, aunque la versión más conocida de la misma es la orquestal, que debemos a Maurice Ravel.

En 1970, el trío de semidioses progresivos formado por Keith Emerson (teclista), Greg Lake (bajista y cantante) y Carl Palmer (batería) actuaron en uno de los festivales más memorables de aquellos años de revolución juvenil, el de la Isla de Wight, realizando una versión -muy en su línea virtuosista- de la obra de Mussorgski. Entonces estaba permitido casi todo en música, y eso que el rock sinfónico todavía no había alcanzado ni por asomo su mayor grado de complejidad. Debemos suponer que esta curiosa idea de ELP respondía a lo que en el mundillo de la música electrónica popular primitiva de entonces estaba haciendo (pensemos en Wendy Carlos o Isao Tomita), aunque tal vez fue una simple excusa para hacer gala pública de su virtuosismo instrumental. Seguramente los ELP no se sentían demasiado lejos de los pioneros del sintetizador.

Keith Emerson, Carl Palmer y Greg Lake.

Sea como fuese, el caso es que aquella interpretación tuvo una gran acogida popular, y los ELP terminarían por realizar una grabación oficial de su versión de Mussorgski. Fue en 1971, en el Newcastle City Hall (el ayuntamiento de la ciudad, debo entender), y el álbum Pictures at an Exhibition acabó por convertirse en una de las piedras angulares de la evolución del rock experimental de los setenta. Curiosamente, suena más bien como si hubiese surgido en los años de decadencia del género, y no en los de su emergencia.

Portada y contraportada originales.

¿A qué me refiero? A que en los primeros años setenta había una tendencia más hacia la elegante perfección formal que hacia el exceso, y ELP se decantan aquí por su vertiente más espectacular y exhibicionista. Emerson, Lake y Palmer, como todos sabemos, se sentían (quizá con razón) los mejores en lo suyo, y para demostrarlo se emplearon a fondo y sin pudor en su recreación galáctica-robótica-con-camisa-de-amebas de una obra tan bien conocida como la del autor ruso. Es una peripecia de la que, visto con muchos años de distancia, salieron airosos.

En el interior de la carpeta del vinilo vemos pinturas ilustrando cada tema, pero no las de Hartmann.

El secreto fue llevarse la obra original a su terreno, convirtiendo lo que podían ser sutiles desarrollos instrumentales en rarísimos fraseados de sintetizadores, bajo y batería que parecen propios de un jazz frenético. También intercalan algún tema propio, como Blues Variation o la canción The Sage. Lo mejor, sin embargo, es lo tocante a Mussorgski: la fabulosa Promenade, una especie de interludio que suena varias veces en la suite (representa un paseo por la galería de arte para llegar al siguiente cuadro) y que la banda interpreta con variaciones, utilizando un órgano de iglesia instalado en el escenario para la ocasión, o en una versión cantada. Donde se dejan llevar por el virtuosismo es en piezas como The Gnome o las dos piezas sobre la bruja Baba Yaga, aunque en general se puede describir el álbum al completo como un pulso entre los tres miembros del trío para decidir quién es el más rápido, el más  hábil con las teclas o las baquetas, el más inteligente a la hora de adaptar a Mussorgski a su instrumento rockero. Como curiosidad, el álbum -no sé si solamente en ediciones especiales- contiene una última pieza titulada Nutrocker que adapta el Cascanueces ("Nutcracker", en inglés) de Tchaikovski. Supongo que el ambiente ruso de la composición la convierte en un buen acompañamiento.

Contraportada del CD.

No diría que Pictures at an Exhibition sea una obra esencial para quien esté comenzando hoy en día a escuchar rock sinfónico o progresivo, dada su complejidad melódica y lo bastante mal que ha envejecido su sonido respecto al de otras obras del género... pero su importancia en el desarrollo de este estilo tan popular fue capital y, desde luego, esto convierte su escucha en una experiencia más que interesante. No sé si es la clase de disco que se convierte en favorito de alguien en la actualidad, pero sí es de los que deben conocerse y hasta estudiarse. En Spotify.

Un concierto con el contenido del álbum fue estrenado en cines. Este es el comienzo.

martes, 16 de octubre de 2012

George Winston - AUTUMN


1. Colors/Dance (10:25)
2. Woods (6:47)
3. Longing/Love (9:10)
4. Road (4:14)
5. Moon (7:44)
6. Sea (2:42)
7. Stars (5:36)

De entre todos los instrumentos musicales que pueden funcionar con plena autonomía como solistas, seguramente el piano sea el más reconocido popularmente. No es que no suenen bien un solo de violín o de guitarra, pero el piano tiene un poder expresivo singular. Personalmente, me parece que el piano, de entre todos los instrumentos musicales que conozco, es el que mejor trata al silencio. Antes de que se me tache de pedante por esta cursilada, me explicaré: el silencio es uno de los elementos más importantes en la música (sobre todo en la clásica), y aquellas obras que de verdad saben cómo gestionar los "vacíos entre las notas" suelen ser de muy alta calidad, ya que para manejar los silencios en música hay que tener un alto grado de madurez creativa e interpretativa.

Este es el caso del pianista estadounidense George Winston, cuyo álbum Summer ("Verano") ya fue comentado en el blog hace tiempo. Aquel disco, que escuché directamente para ofrecer su reseña, me impresionó por su magnética sencillez, de modo que no podía dejar de escuchar alguna otra obra suya. La elegida fue Autumn (1980), uno de sus mayores best-sellers en el sello especializado Windham Hill. Me ha encantado regresar al sonido simple pero riquísimo de Winston, a sus melodías elaboradas y a las atmósferas evocadoras que él suele identificar con diferentes épocas del año. 

George Winston (de su web oficial www.georgewinston.com). 
La fotografía es de Andy Argyrakis.

Tal como ocurre con otras obras del pianista, Autumn se construye a base de delicados paisajes sonoros inspirados por la estación correspondiente. Aquí George Winston afina bastante, incluyendo incluso el mes del año en que se inspira cada pieza. La cosa andaría entre septiembre y octubre, y aunque en una primera escucha hay que invertir bastante imaginación para "visualizar" las típicas postales de bosques amarillentos y mares tormentosos, al final sí que se respira un aroma a adultez y tranquilidad que bien podríamos identificar con la época de la caída de la hoja. No es el de Winston un otoño triste, un proceso de marchita decadencia hacia el frío y la muerte invernales, sino un paisaje sonoro sobrio con ciertas lejanas resonancias de folk norteamericano (¿bluegrass quizá?). Nos movemos mentalmente en grandes espacios abiertos, caminos rurales por los que transitar lentamente bajo cielos plomizos en busca del refugio del hogar. Cabe preguntarse de qué invierno habla en el fondo el autor, si el que marca el calendario o el que identificaríamos con nuestra propia madurez personal.

Fotografía del interior del estuche del CD.

Los temas se mueven entre el moderado optimismo de la inicial Colors/Dance y el dramatismo inquieto de Moon o Sea, aunque en general se tiene la impresión de que Autumn funciona perfectamente solo si se trata como una obra de una pieza, como el álbum conceptual que es. No se puede eliminar ninguna de sus partes,  y ni siquiera me atrevería a cambiarlas de orden.

 Contraportada de la edición en vinilo.

La obra de George Winston, en parte por la época en que obtuvo sus primeros éxitos, y en parte por su carácter meditativo, ha sido generalmente incluido en las filas de la new age, si bien seguramente deberíamos considerarlo un músico clásico. Puede admitirse que el carácter "asequible" para el gran público de sus composiciones es tentador a la hora de echarlo al saco de la música relajante, pero su virtuosismo nada artificioso a la hora de componer y el mimo con el que maneja el piano (y sus maravillosos silencios) deberían hacer recular a cualquiera que tenga gana de menospreciarlo. Un pequeño clásico que está en Spotify.

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