miércoles, 17 de enero de 2024

Penguin Cafe - RAIN BEFORE SEVEN...


1. Welcome to London (4:48)
2. Temporary Shelter from the Storm (4:55)
3. In Re Budd (4:22)
4. Second Variety (3:53)
5. Galahad (6:10)
6. Might Be Something (6:29)
7. No One Really Leaves (4:54)
8. Find Your Feet (4:17)
9. Lamborghini 754 (4:23) 
10. Goldfinch Yodel (4:49)

El quinto álbum de estudio de Penguin Cafe, banda heredera de la siempre bienamada Penguin Cafe Orchestra, demuestra otra vez -con algún altibajo- que el bueno de Simon Jeffes estaría muy orgulloso de lo que está haciendo su hijo Arthur. Es es disco más melódico de la formación, delicado y colorido, magnífico de principio a fin. Tengo que volver a escuchar The Red Book (2014), porque ahora me planteo si este Rain Before Seven... (2023) me gusta incluso más.

El título parece un poco insulso, "Lluvia antes de las siete...", que no dice mucho. Al parecer, viene de un viejo dicho muy inglés, por aquello de que el clima impredecible de las Islas Británicas suele dar de sí como para mantener conversaciones esporádicas todos los días. Hay algo más profundo, no obstante, en este título. 

Una fotografía promocional (autor: Alex Kozobolis)

Al parecer, el álbum comenzó a gestarse durante el confinamiento de la Covid 19, con toda la incertidumbre que aquello causó al mundo entero durante meses. Arthur Jeffes, que se encontraba con su familia en el reconvertido Convento di Santa Croce en la Toscana (Italia) cuando lo pilló la pandemia, concibe Rain Before Seven... como una expresión de sosegado optimismo. Todo irá bien. Todo volverá a ser como antes. Lloverá antes de las siete, como siempre. Volvamos a la rutina. El álbum fue grabado entre dicho convento y un estudio en Wiltshire.

Todos los temas de Rain Before Seven... son estupendos, incluso algunos de ellos un pelín más comerciales de lo habitual, siempre en el buen sentido. Los cuatro primeros temas poseen cierta aura exótica lograda con percusiones de tipo étnico, que parecen de madera pero podrían ser digitales, reflejando de manera explícita aquella descripción que hizo alguien (quizá el propio Simon Jeffes) de la música de la PCO como la música folclórica de un país imaginario.

Welcome to London, vídeo oficial.

Este concepto funciona muy bien en la inicial Welcome to London, mezcla exacta entre el dinamismo que desprende una urbe moderna y el hecho innegable de que Londres es una megalópolis en la que convive una vasta mezcla de etnias y culturas. El título del segundo tema, el tranquilo pero dinámico Temporary Shelter from the Storm, es un autohomenaje que reconocerán los fans de siempre. En dirección a Sudamérica nos lleva la divertida In Re Budd, cuyo título es también un homenaje, en este caso a Harold Budd. Parece que Jeffes se enteró de su muerte (en 2020) precisamente mientras grababa el tema. Second Variety es pura paz, lo más parecido a echarse una siesta en un bello paraje tropical.

Second Variety

No hay miedo a integrar lo sintético en el sonido de Penguin Cafe, como lo demuestra la maravillosa Galahad y su ritmo plenamente actual. Might Be Something ("Podría ser algo") es precisamente eso, una pieza exploratoria que divaga un poco por esos terrenos de lo ambiental minimalista, casi con un toque de jazz en algún punto. No One Really Leaves ("Nadie se marcha realmente") parece tener alguna intención temática algo melancólica que desconozco, pero desde luego suena como un himno profundamente "British" que Michael Nyman habría firmado con todo convencimiento.

Find Your Feet

Se mueven alegres nuestros pies con la simpática y rabiosamente melódica Find Your Feet, y de la atmosférica Lamborghini 754 he aprendido que la famosa marca de coches deportivos también fabrica tractores, como el que Simon Jeffes regaló a su madre para que cuidase el huerto. De paso, también me he enterado -menudo cotilleo- de que la madre de Jeffes es nada menos que Emily Young, famosa escultora y autora de las portadas de la Penguin Cafe Orchestra original, además de la inspiradora del tema See Emily Play de Pink Floyd. El mundo es un pañuelo. Concluye el álbum con Goldfinch Yodel, tan PCO que es una delicia escuchar algo así tantos años después.

Goldfinch Yodel

Intervienen Arthur Jeffes (piano, balafón, melódica, guitarra Gretsch, ukelele, piano modificado, cuatro, percusiones, sintetizadores, dulcémele y bajo), Oli Langford (violín y viola), Clementine Brown (violín), Rebecca Waterworth (chelo), Andy Waterworth (contrabajo), Avvon Chambers (percusiones) y Alessandro "Asso" Stefana (guitarra hawaiiana y paisajes sonoros). Oli Langford es, además, coautor de la mitad de los temas junto a Jeffes.

Para terminar, sólo decir que los puntos suspensivos del título hacen referencia al primer álbum de la banda, A Matter of Life..., que también terminaba con ellos. Esto no creo que se haya dicho, pero quizá Jeffes considere que el álbum de 2023 cierra un ciclo. Veremos.

Imagen promocional.

miércoles, 10 de enero de 2024

Después de una pausa larga y necesaria...

Antes que nada, pido disculpas por la tardanza en volver. Las obligaciones del trabajo han estado afectando seriamente a mi ritmo de vida y me he visto obligado a hacer algunas pequeñas renuncias. Ni por un momento he pensado en dejar este blog, pero sí que me he encontrado con poco ánimo y menos tiempo para dedicarme a esto que tanto me gusta, por culpa del maldito estrés. Quien lo conoce sabe a qué me refiero. Suerte que he tenido siempre cerca un poco de buena música de la que nos gusta, para hacer los sinsabores del día a día un poco más llevaderos.

Feliz año a todos y a todas, por supuesto seguimos en marcha y publicando nuevas entradas en breve.

lunes, 9 de octubre de 2023

Roger Waters - THE DARK SIDE OF THE MOON REDUX


1. Speak to Me (1:54)
2. Breathe (3:22)
3. On the Run (3:47)
4. Time (7:19)
5. Great Gig in the Sky (5:47)
6. Money (7:33)
7. Us and Them (7:36)
8. Any Colour You Like (3:18)
9. Brain Damage (4:55)
10. Eclipse (2:20)

Con este título un poco a lo Francis Ford Coppola vuelve Roger Waters a reciclar lo reinventado, o a revisar lo reutilizado, o a lo que sea que hace alguien cuando tiene 80 años y lleva media vida tirando de un puñado de canciones para ganarse la vida. The Dark Side of the Moon Redux (2023) es la revisión que nos propone Roger Waters del que cada vez más gente considera el álbum más mítico de la historia popular del rock. ¿Es interesante? Mucho. ¿Aporta cosas nuevas? También. ¿Es tan bueno y revelador como para desplazar a un lado al disco original de 1973? Ni en los más descabellados sueños febriles de su autor.

Roger Waters enredado en el arcoíris.

Desde luego, lo que no se puede negar es que Roger Waters fue quien tomó las riendas creativas -que no tanto artísticas, en un sentido general- de los Pink Floyd para llevarlos a su etapa más clásica. Ni siquiera su más o menos archienemigo David Gilmour puede negar que, mientras él mismo y otros miembros de la banda dedicaban más y más tiempo a su vida familiar y a sus quehaceres de millonarios, era Waters quien, digamos, madrugaba cada mañana y llegaba al estudio de grabación con los deberes hechos: letras de canciones, melodías en bruto, conceptos musicales que explorar. No creo que se merezca el excesivo vapuleo que está recibiendo por parte de quienes consideran este nuevo trabajo como una demostración de egolatría. Al menos, no si tenemos en cuenta que este Redux es evidentemente un álbum tributario realizado bajo una óptica muy... suya. Pienso que Roger Waters mete mucho más la pata cuando hace determinadas declaraciones en entrevistas que cuando se plantea regresar a motivos musicales de los que él mismo fue el responsable máximo. Le pierde la boca cuando habla, pero no ocurre lo mismo cuando hace música.

Speak to Me y Breathe

Y eso que Redux tiene en más de un momento aires de grabación hablada, de audiolibro. Roger Waters está mayor y tal, pero sigue cantando más o menos correctamente en sus conciertos, por lo que la elección de retomar las letras (ampliadas hasta el infinito) de The Dark Side of the Moon para recitarlas a lo Leonard Cohen con el sombrero, a lo Johnny Cash tardío con la chupa de cuero, es más un ejercicio estético que un síntoma preocupante de vejez. Pero esto no significa que todo el invento tenga que gustarnos por igual. Personalmente, creo que se excede. Demasiada recitación, con el micro tan cerca que podría tenerlo alojado en el gaznate, en detrimento de algunos pasajes instrumentales bastante más interesantes de lo que pueden parecerlo en una escucha superficial. No habría tenido nada de malo volcarse un poco en otro tipo de atmósfera en los instrumentales Speak to Me y On the Run, o jugar con las posibilidades de Great Gig in the Sky, en vez de meter su voz cazallera en todas partes. Hasta recita la letra del tema Free Four de Obscured by Clouds (1972) donde debería haber un desarrollo instrumental. Al final queda una sensación pesada, como de que Redux es un álbum hecho para ser escuchado en un contexto demasiado sibarita, como de señor mayor en bata bebiendo coñac en copa grande junto al fuego con un viejo mastín dormitando al lado.

Time

Pero hay momentos agradables, como Time o Brain Damage, que suenan frescas y consiguen que el recauchutado aporte algo novedoso. También se nota que Money es un tema que va mucho con el activismo político de Waters, ya que se esfuerza especialmente en bordar su interpretación. En general, el álbum está producido de manera muy delicada, muy esmerada, si bien la instrumentación no termina de gustarme. Hay arreglos muy interesantes aquí y allá (la guitarra, los efectos sonoros y las cuerdas clásicas que suenan en Us and Them, por ejemplo), pero choca un poco que se haya sustituido el bestial solo de guitarra en Time por un triste órgano, el sintetizador psicodélico de On the Run por una especie de tonadilla lejana de videojuego arcade, y la feroz batería de Money por un ritmo plano y gris que suena a pregrabado. En realidad, casi toda la línea de batería del álbum parece de pega, de plastiquillo, lo que le resta un montón de calidad a la experiencia sonora conjunta. Entre las cosas que más se salvan, en lo que a recuperar el espíritu del álbum original se refiere, está la inteligente utilización de las coristas.

Us and Them

En resumidas cuentas, The Dark Side of the Moon Redux tendría que haber sido una auténtica bazofia para hacer sonar mal una serie de melodías que los soñadores hemos atesorado durante varias generaciones. Y no es en absoluto una bazofia, sino un disco bastante más válido de lo que presagiaban tantos titulares sensacionalistas de los últimos meses (a los que yo mismo presté demasiada atención en algún punto). Es personal, ocurrente a veces, se diría que incluso humilde a la hora de no pretender sustituir a los míticos integrantes de Pink Floyd por músicos de sesión, a la hora de admitir desde el primer instante que solo unos cuantos nostálgicos empedernidos van a darle una oportunidad sin dejarse llevar por los prejuicios. Qué difícil es usar el término "humilde" cuando se habla de Roger Waters.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Richard Wright - WET DREAM


1. Mediterranean C (3:42)
2. Against the Odds (3:57)
3. Cat Cruise (5:14)
4. Summer Elegy (4:53)
5. Waves (4:19)
6. Holiday (6:11)
7. Mad Yannis Dance (3:19)
8. Drop In from the Top (3:25)
9. Pink's Song (3:28)
10. Funky Deux (4:57)

Otra novedad reciente ha sido la reedición del primer álbum en solitario de Richard Wright, con una nueva mezcla a cargo de Steven Wilson para celebrar el 80 cumpleaños del mítico teclista de Pink Floyd, fallecido en 2008. El disco se llama Wet Dream, se publicó originalmente en 1978 y es un disco francamente interesante que, según parece, en su momento pasó bastante desapercibido y busca ser recuperado en unos años en los que el aura mítica del cuarteto londinense está en lo más alto.

Richard Wright en una foto de la época.

El polifacético Julián Ruiz comentaba hace una eternidad, hablando de un disco en solitario de Mick Jagger, que los fans de las grandes bandas de la música popular suelen castigar a los miembros de éstas que lanzan material en solitario, ante el temor a veces irracional de que tengan éxito y las bandas se desintegren. Supongo que hay una parte de lógica en esto, aunque también hay que admitir que en el caso de Pink Floyd no todos los trabajos de sus miembros fueron "castigados". En todo caso, es verdad que les fue mejor en momentos en los que la banda estaba real o supuestamente separada. Antes del fatídico tour de The Wall, tres de los cuatro (excepto Nick Mason, que esperó a 1981) habían lanzado trabajos en solitario, y en mi opinión este Wet Dream es el más destacable.

Despliegue de portada y contraportada.

Lógicamente, ser miembro de algo tan top como Pink Floyd tiene sus ventajas incluso cuando vas por libre. Aprendes cosas de los demás, haces lucir las tuyas y todo funciona bien. Se percibe que Wet Dream es un intento de hacer algo parecido a lo que hacía el grupo, pero filtrado por la visión personal de Wright. Es una variante ligera, agradable, un poco comercial pero al mismo tiempo exploratoria (es un disco casi del todo instrumental), del sonido asociado a la banda. No es solo la portada de Hipgnosis, son también los títulos de algunos temas y el saber que Wright lo grabó en un pueblo paradisíaco del sur de Francia lo que nos induce a sentir que es una obra que inspira un sentimiento vacacional.

Despliegue del interior del vinilo.

Richard Wright, como británico y miembro de unos Pink Floyd que en algún momento se declararon fans de los Monty Python, tenía seguramente un fino sentido del humor, y de ahí que tanto el título "Sueño húmedo" como muchos títulos de temas contengan ocurrentes juegos de palabras. Comienza Wet Dream con el instrumental Mediterranean C (que se lee "Mediterranean Sea", mar Mediterráneo, y que también habla de la nota C, do mayor en la nomenclatura inglesa), con un gran desarrollo de saxofón de Mel Collins, habitual de King Crimson. La melodía es muy Wright y el ritmo tiene un matiz a lo Alan Parsons.

Mediterranean C

Against the Odds ("Contra todo pronóstico") está protagonizada por la voz de Wright. Es un tema delicado con un desarrollo maravilloso de guitarra en su último tramo, a cargo de Snowy White. Cat Cruise ("Crucero para gatos") es otro instrumental con el saxofón luciéndose a fondo y con unos efectos electrónicos que pueden recordar, con un poco de imaginación, a maullidos. En Summer Elegy ("Elegía veraniega") vuelve la voz de Wright y la guitarra -esta vez eléctrica- de White, que con razón fue contratado años después por Roger Waters para tocar las partes de David Gilmour en sus conciertos. La primera cara del vinilo termina con Waves ("Olas"), instrumental a medias entre los teclados, el saxo y una batería eficiente a cargo de Reg Isidore.

Summer Elegy

Con la sencilla y más o menos pegadiza Holiday comienza la segunda mitad del disco. Mad Yannis Dance ("La danza del loco Yannis") es de lo más experimental del disco en lo que a composición se refiere, aunque no se sale de los instrumentos ya utilizados en temas anteriores. Empieza después otro instrumental, Drop in from the Top ("Déjate caer desde lo alto"), una pieza simpática dominada por el órgano Hammond solista y la guitarra eléctrica. El último tema cantado del disco es Pink's Song ("Canción de Pink", quién sabe si refiriéndose al personaje tipo ópera rock con el que Waters andaría trabajando entonces), que en algún momento suena como algún fragmento de The Division Bell que no termino de recordar. Fue coescrito por la entonces esposa del músico, Juliette Wright. El álbum concluye con Funky Deux, que de nuevo me recuerda por su esquema rítmico un poco "funky" y su uso del piano eléctrico al estilo de Alan Parsons, quizá filtrado a través de alguna pieza de The Dark Side of the Moon.

Drop in from the Top

Steven Wilson afirma que Wet Dream merece ser considerado un álbum perdido de Pink Floyd, al estilo de aquellos discos de miembros de Genesis en los setenta en los que participaba casi toda la banda de tapadillo, aunque yo creo que aquí eso es ir demasiado lejos. Y no me refiero a la calidad, que es muy alta, sino a que se aprecia que el álbum es simplemente algo que a Richard Wright le apetecía hacer. Desprende un aroma de dulce nostalgia que funciona bien de principio a fin y es un trabajo que puede disfrutarse sin pausas, de una sentada. El segundo álbum de Wright, el muy apreciado Broken China, llegaría casi veinte años después, en 1996. Es una obra mucho más oscura, nada menos que un álbum conceptual sobre la lucha contra la depresión, y la verdad es que ambos trabajos forman un doblete bastante llamativo por su contraste temático.

Portada de la nueva reedición de 2023.
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