sábado, 10 de diciembre de 2022

Art of Noise - BELOW THE WASTE


1. Dan Dare (6:01)
2. Yebo! (7:11)
3. Catwalk (5:29)
4. Promenade 1 (0:33)
5. Dilemma (3:01)
6. Island (5:49)
7. Chain Gang (3:07)
8. Promenade 2 (0:38)
9. Back to Back (3:53)
10. Flashback (1:45)
11. Spit (3:31)
12. Robinson Crusoe (3:48)
13. James Bond Theme (5:19)
14. Finale (2:38)

Creo que este era el último disco de estudio de Art of Noise que nos quedaba por comentar por aquí. Lo escuché por primera vez para escribir una entrada hace años, pero por unas cosas u otras se quedó en el cajón. Seguramente no muchos lo habrán echado de menos, ya que es uno de los trabajos de menos éxito de la formación británica. El caso es que yo mismo me veo inclinado a coincidir con los críticos, que en su día no le dieron el aprobado, pero me parece que es un álbum con tantas ideas dentro que tirarlo todo a la basura es ir demasiado lejos.

Imagen de la parte posterior del libretillo del CD, que era también la trasera del vinilo.

De los Art of Noise originales solo quedaban dos: la compositora Anne Dudley y el músico electrónico y profesor J. J. Jeczalik, pero el planteamiento general de Below the Waste ("Debajo de los desperdicios") está en una línea parecida a la de trabajos anteriores. Por ponernos al día, explicaremos brevemente que The Art of Noise surgió como un proyecto colaborativo, quizá más experimental que comercial, entre figuras musicales (no necesariamente compositores) que buscaban un estilo vanguardista caracterizado por el uso a discreción de samples y ritmos "enlatados" para crear atmósferas posmodernas y a la vez accesibles, un poco pop, un poco funky, un poco a lo prog y new age según el día, para un público amplio.

El videoclip oficial de Yebo!

En Below the Waste (1989) no falta, por ejemplo, esa versión un poco "kitsch" de un tema que todo el mundo conoce: el tema de James Bond, de Monty Norman, que después fue ofrecida para una de las películas de 007 protagonizadas por Timothy Dalton y que la productora rechazó. Supongo que fue un intento de hacer algo parecido a lo que después harían dos de los componentes de U2 con el tema de Misión: Imposible. Gran parte del material que contiene Below the Waste suena poco fresco, como si explotase los últimos restos de una veta ya agotada, a veces estirando simples ocurrencias hasta convertirlas en un cliché, como en la desafortunada Catwalk ("Pasarela"), que seguramente contribuyó a que muchos críticos comparasen a estos Art of Noise crepusculares con creadores de jingles publicitarios venidos a más.

Una versión ligeramente remezclada de Island.

Lo que sí funciona bien es la idea, desarrollada en varias partes del álbum, de mezclar la electrónica del grupo con arreglos de orquesta clásica o con sonidos étnicos africanos (interviene el grupo zulú Mahlathini and the Mahotella Queens), aunque creo que estos últimos están desaprovechados. El primer tema Dan Dare es muy interesante, como también lo son los instrumentales con el título de Promenade y el finale, el relajante Island y el relativamente parecido Robinson Crusoe, magníficos intentos de chill out diría yo que adelantados a su época. Un poco pesados se hacen Yebo!, el ya mencionado Catwalk, Chain Gang, las insustanciales Dilemma, Back to Back y Flashback, junto con la casi desagradable Spit ("Escupe").

Y el tema de James Bond, con un montaje de escenas de las películas.

Pero, como decíamos, en realidad Below the Waste tiene suficientes buenos momentos como para no ignorarlo. En realidad, y salvo por el hecho que de pasaron diez años antes del siguiente álbum de estudio de Art of Noise, se aprecia que ya hay aquí muchos elementos que conducirían directamente al magnífico The Seduction of Claude Debussy. Visto con distancia, creo que cualquier aficionado al experimentalismo pop de los ochenta tiene que tener en su colección Below the Waste por los mismos motivos que el resto de discografía de la banda.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Jean-Michel Jarre - OXYMORE


1. Agora (1:34)
2. Oxymore (4:46)
3. Neon Lips (4:28)
4. Sonic Land (6:02)
5. Animal Genesis (5:46)
6. Synthy Sisters (3:21)
7. Sex in the Machine (5:46)
8. Zeitgeist (3:07)
9. Crystal Garden (4:10)
10. Brutalism (4:42)
11. Epica (5:26)

No creo que este blog tenga suficiente público como para que la opinión que emitamos sobre el nuevo álbum de Jarre tenga una especial trascendencia, pero sí que contamos con lectores selectos y bien formados que seguramente querrán conocer mi valoración. Pocos pero sibaritas, y yo que me alegro. Voy a tener que decepcionar a casi todo el mundo, no obstante, ya que Oxymore (2022) no me ha despertado un especial entusiasmo pero tampoco me ha hecho montar en cólera, ni mucho menos.

Jean-Michel Jarre

Oxymore es una nueva propuesta sonora del músico francés, un homenaje a su compatriota Pierre Henry. Nunca hay que olvidar que Jarre en persona estudió en el estudio de Pierre Schaeffer, fundador del GRMC (Groupe de Recherche de Musique Concrète) y gran gurú junto a Henry de la música concreta como género definido. Jarre dedicó su enorme Oxygene 7-13 -que cada vez anda más cerca de ser mi favorito de entre sus discos- a Schaeffer, por lo que un homenaje a su colega Pierre Henry, en teoría, es bastante apropiado.

Pierre Henry (1927-2017)

Pierre Henry se ha hecho hoy más conocido de lo que había sido en el pasado gracias a la famosa sintonía de la serie animada Futurama, que es una adaptación de un tema suyo, y habría sido tentadora la idea de un álbum de Jean-Michel que reprodujese este enfoque tan simpático y lúdico del estilo de Pierre Henry, pero en realidad Oxymore se quiere parecer más bien a los trabajos de música concreta más crudos de este. En su día eran futuristas, hoy son de estilo retro.

Diseños conceptuales para la promoción de Oxymore.

Para explicar de manera breve y sencilla qué es eso de la música concreta os remito a una entrada que le dediqué hace tiempo, pero por resumir diremos que es una forma de creación artística que utiliza sonidos no necesariamente musicales (samples de procedencia diversa), manipulados electrónicamente o no, y ensamblados de manera original, para crear experiencias únicas, tan irrepetibles como el momento en que se grabó cada una de las pequeñas partes que las componen.

Un tráiler del disco.

Creo que Jarre es honrado a la hora de aproximarse a estos experimentos de la música concreta en Oxymore, en el sentido de que de verdad intenta emular estas atmósferas extrañas, agresivas, a veces frías pero intrigantes, con una lógica interna más propia de las matemáticas que del lenguaje musical. Jarre ya había realizado algún experimento cercano al género, por ejemplo en su primitivo single La Cage / Erosmachine (1971), y es obvio que siguió inspirándose en la música concreta en otras muchas piezas, desde algunos cortes de transición de sus álbumes clásicos a verdaderas maravillas como su álbum Zoolook (1984), puro sampleo convertido en colorido e imaginación desbordantes, que es una de sus obras maestras.

Portada del primer single, Brutalism

No obstante, y me temo que voy a repetirme respecto a lo ya dicho en entradas anteriores sobre sus álbumes posteriores al año 2000, Jean-Michel Jarre no puede evitar forzar la máquina para seguir subrayando con rotulador fosforito de punta gorda su transformación de compositor electrónico cósmico en DJ fiestero tipo Tomorrowland. Sé que a muchos nos habría encantado escuchar un álbum muy parecido a este mismo Oxymore en el que el Jarre épico y vibrante de antaño hubiese mezclado su idiosincrasia personal con la música concreta de Pierre Henry, en lugar de limitar su aportación como homenajeador y no solo "reciclador" a unos ritmos de baile feos y repetitivos que introduce aquí y allá como para vertebrar algunos de los cortes. Es de esperar que estos ritmos se explotarán extensivamente en futuros conciertos virtuales.

Brutalism

Entiendo que el trabajo de ingeniería para lograr un efecto binaural nítido es notable, y que el juego con los sampleados al estilo de la música concreta ortodoxa es digno de un músico con la categoría y la amplia experiencia de Jarre, pero me temo que, salvo por lo escrito en la portada (el nombre del músico y el título del álbum, que recuerda de manera poco ocurrente al sobadillo Oxygene), apenas hay nada en Oxymore que nos haga pensar que es un álbum de Jean-Michel Jarre y no de uno de tantos artistas semidesconocidos que -a mucha honra, por supuesto- buscan hacerse un nombre en Bandcamp con obras electrónicas de todo tipo.

Epica

Pero el álbum no está mal, sobre todo si se tiene curiosidad por saber qué hacían aquellos músicos raros, como de laboratorio de ciencias, y acercarse a sus sonidos de manera accesible, de la mano de un artista consagrado que sabe cómo hacerlo llegar al público para que lo entienda hasta el más novato. Hay fragmentos muy interesantes, atmósferas irreales que resultan inevitablemente atractivas. Oxymore es Jarre con una bata blanca y una tiza en la mano, con una intención loable y con todos los medios técnicos a su alcance, pero al final muchos de sus seguidores de siempre tendremos la certeza de que, otra vez, está enseñando una asignatura que no es la suya.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Se reeditan los conciertos en China de Jarre.

Este año se celebra el 40 aniversario de la publicación del doble álbum de Jean-Michel Jarre que recogía sus conciertos en China de 1981. Te dirán en los programas más tontos de la tele que fue alguna banda pop de segunda fila, pero que no te engañen: el primer músico occidental que tocó en China tras la trágica Revolución cultural fue Jarre. Se supone que escucharon los conciertos, emitidos en directo por la radio, unos 500 millones de personas.

El logo de la gira.

En un país en el que se buscaban los tres pies al gato respecto a qué era capitalista, antirrevolucionario y similares, hasta el piano de toda la vida se consideraba un instrumento decadente propio del podrido mundo occidental. Pero parece que las autoridades chinas ponían música de Jarre (futurista, proletaria, no decadente) en la radio para dar una sensación impostada de aperturismo entre la propia población, y a alguien en la ONU / UNESCO se le ocurrió la idea de que el artista francés aceptase la invitación para realizar unos cuantos conciertos que trasladasen esta propaganda al resto del mundo. Las conversaciones preparatorias fueron arduas y los aspectos técnicos -y económicos-, casi desastrosos.

El músico francés, en una imagen promocional de la época.

En este estupendo artículo de Julián Ruiz se explica al detalle la odisea de llevar la música electrónica de Jean-Michel Jarre a China en cinco conciertos (dos en Pekín y tres en Shanghai). Para resumir, diremos que la mayoría del público estaba allí por obligación y se largaba en cuanto podía, que Jarre y sus colaboradores se gastaron un pastizal para regalar entradas a gente que de otro modo no podía pagar ni la mísera cantidad que exigía el régimen, que los barrios cercanos a los auditorios se quedaban sin luz para poder alimentar el aparataje electrónico del francés, y que el sonido de los primeros conciertos, en condiciones técnicas a menudo precarias, fue nefasto.

Cartel anunciador chino.

El álbum The Concerts in China, o Les Concerts en Chine, se publicó en 1982. No digo que esta información no esté por ahí disponible, pero en principio resulta difícil saber cuánto del material auténtico grabado en China está realmente plasmado en el doble disco. Desde luego, suena a grabación en directo, pero hay quien asegura que gran parte del álbum, quizá la mayoría, habría sido "cocinada" en un estudio al regreso de Jarre a Francia. Lo que sí circula por ahí son las grabaciones originales del audio de los conciertos, que difieren de lo incluido en el álbum, así como los vídeos oficiales sobre la aventura del músico en China, casi totalmente dependientes de pistas de sonido montadas con posterioridad a las imágenes que vemos.

La versión real, grabada de la radio china, de Fishing Junks at Sunset no suena tan mal...

Con todo, The Concerts in China es un título fundamental de la música electrónica de su época y de todos los tiempos, tanto por el dinamismo general del sonido del álbum, realmente arrollador, como por la inclusión de al menos dos temas tipo single que tuvieron mucha repercusión: Orient Express y Souvenir of China, el segundo de los cuales es uno de los infaltables en casi cualquier concierto y recopilatorio posterior del artista.

Una parte del vídeo oficial de la gira. 

El próximo 25 de noviembre se reedita The Concerts in China, en principio con el mismo contenido musical (entiendo que remasterizado a más no poder) pero con nuevo material fotográfico para coleccionistas y nostálgicos. En vinilo, CD y formato digital. No me vuelve loco volver a comprar lo que ya tengo, pero un nuevo estuche conmemorativo bonito y bien diseñado siempre es un capricho agradable.

Portada del álbum de 1982.

domingo, 30 de octubre de 2022

Pink Floyd - ANIMALS


1. Pigs on the Wing (Part One) (1:24)
2. Dogs (17:04)
3. Pigs (Three Different Ones) (11:28)
4. Sheep (10:20)
5. Pigs of the Wing (Part Two) (1:24)

Siempre que comento un álbum de Pink Floyd pienso que puedo aportar poco a estas alturas sobre uno de los grupos más importantes y admirados (incluso en la actualidad) de la historia de la música popular. No sé hasta que punto interesan a alguien mis opiniones sobre obras musicales que la gente lleva escuchando asiduamente desde hace más de 50 años. Pensaba empezar este análisis de Animals (1977) señalándolo como un álbum maldito, el trabajo de la banda que menos aura de excelencia tiene dentro de la que sería su edad de máximo esplendor, la que va desde The Dark Side of the Moon (1973) hasta The Wall (1979). Aunque Animals sea un álbum menos accesible, menos apoteósico que los anteriores y que el también indiscutido Wish You Were Here (1975), no se puede menospreciar un disco que es, bajo cualquier óptica, un icono del rock.

De izquiera a derecha: David Gilmour, Roger Waters, Nick Mason y Richard Wright.

Hace unos años pasé mi primera semana de turismo en Londres, en una zona llamada Lansdowne Green, en el suroeste del centro urbano. Deshechas las maletas, salí a la calle emocionado para ver si me situaba. Siguiendo una extraña intuición, caminé unos pasos hacia atrás para ver si lograba identificar algún edificio o monumento emblemático que sobresaliese sobre las azoteas de las viviendas. No había consultado ninguna guía, pero algo me decía que tenía que haber algo interesante muy cerca. Entonces emergió una enorme, gigantesca chimenea blanca, luego dos. El apartamento alquilado estaba a poco más de un tiro de piedra de la vieja central eléctrica Battersea. A la mañana siguiente, desde el autobús de cercanías, comprobé con desilusión que no había un cerdo hinchable atado allí a perpetuidad, pero esa misma tarde escuché todo Animals al completo. Un melómano no olvida una experiencia así, a pesar de que Animals no era un disco que me alucinase.

La imagen completa de la portada, que se extendía a la contraportada, obra de Storm Thorgerson.

No es un álbum especialmente accesible, más que nada porque -quitando la breve intro y el epílogo- consiste en tres temas largos tirando a estáticos dentro de lo que se puede esperar en un trabajo de un grupo de rock progresivo. En una escucha superficial no hay momentos de efectismo muy llamativos en Dogs ("Perros") ni en Pigs ("Cerdos"), que parecen más bien lineales, incluso un poco largos de más; y en Sheep ("Ovejas") tenemos en todo caso unos efectos sonoros espectaculares y un fragmento final de guitarra eléctrica que se salen de un esquema, por otra parte, no mucho más variado que lo anterior. No hay fragmentos de música cósmica tan potentes como los instrumentales de The Dark Side of the Moon o el inicio de Shine On You Crazy Diamond, sino que más bien se propicia un reencuentro con sus raíces rockeras más descarnadas. Nick Mason ha dicho alguna vez que Animals fue la respuesta de Pink Floyd al fenómeno punk, que él mismo apoyó en cierta medida. Buscaban un tono más de garaje, de rock sin más, como regresando a sus orígenes.

La imagen completa del remix de 2018.

Necesitamos un par de escuchas más para iniciar nuestro sereno romance con Animals, fijándonos en lo excelente de las interpretaciones, en lo trabajadas que están las letras, en lo hipnótico de esos mismos temas que antes se nos han hecho pesados, en esas pequeñas cosas que ocurren constantemente en un segundo plano, en el ambiente un poco sucio, un poco con olor a humo, metales y asfalto (véanse la portada original y la de la remezcla) que se desprende de su sonido, por mucho que la novela que lo inspira tenga un contexto rural. La reciente publicación de la remezcla realizada en 2018 por James Guthrie sirve, por lo menos, para apreciar mejor muchos de sus numerosos detalles.

Dogs

Como decíamos, Animals está libremente inspirado en la novela Rebelión en la granja (Animal Farm, 1945), de George Orwell, que es una fábula satírica sobre los totalitarismos en general y sobre la URSS bajo el poder de Stalin en particular. Más que una adaptación al estilo de las que se hicieron de los cuentos de Poe (The Alan Parsons Project) o La guerra de los mundos (Jeff Wayne), aquí se utilizan elementos simbólicos de la novela de Orwell para construir su urdimbre temática, dando pie a que Roger Waters desate a sus fobias políticas contra la sociedad de la época. Todo un personaje, Roger Waters, que en este Animals, más que nunca antes, se afianza como motor creativo de Pink Floyd. Ya llevaba tiempo demostrando su buen hacer como letrista principal, por no decir el único letrista, pero aquí también se hace cargo de cantarlo prácticamente todo.

Sheep (subtitulada)
 
Sin ser Waters un personaje 100% del gusto de todos los seguidores de PF (su expulsión de Rick Wright tras el lanzamiento de The Wall fue imperdonable y sus consecuencias irreparables), debe puntualizarse que los demás miembros de la banda estaban entonces con la atención puesta en otras cosas -David Gilmour, por ejemplo, acababa de ser padre- y seguramente era Roger Waters el único de verdad volcado totalmente en lo artístico. Aun así, el trabajo de todos los demás miembros también es magnífico, desde la potente batería a la guitarra principal o los fondos de órgano y sintetizadores. El disco tuvo críticas mixtas, pero tras años de recordarse en la cultura popular casi exclusivamente por el famoso cerdo-globo, el tiempo todo lo cura y Waters lo ha interpretado casi en su totalidad durante los conciertos de su gira de 2017-18, recogida en la película Us+Them. Supongo que en la actual gira This Is not a Drill también tiene presencia.

Pigs en vivo, por Roger Waters en solitario (con mensajitos para Donald Trump).

El álbum se grabó en el flamante nuevo estudio Britannia Row construido por la banda tras comprar un conjunto de salones parroquiales en un mismo edificio, en la zona londinense de Islington. Según explica Mason en su divertida autobiografía Inside Out/Dentro de Pink Floyd, estaban encantados con el proyecto de crear su propio estudio, pero terminaron tomándole manía por resultar ser demasiado grande, frío, poco acogedor. Aquí grabaron este Animals y solo una parte del siguiente álbum, The Wall (incluido el coro de niños), y después de que el propio Nick Mason se quedase con él en propiedad, terminó vendiéndolo. Hoy en día está dividido en pisitos unifamiliares. Me lo apunto para ver si lo localizo en futuras visitas a Londres.
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