viernes, 12 de abril de 2019

50 años de King Crimson.

Ayer mismo ofrecía Robert Fripp una rueda de prensa en conmemoración del 50 aniversario de la banda en la que él ha sido miembro permanente. El único, por cierto, aunque no se considera a sí mismo como líder. Anunció una nueva gira mundial, el lanzamiento de documentales, reediciones en vinilo, una biografía reeditada y la disponibilidad de la discografía de la banda en streaming (digo yo que será en Spotify). También confirmó que los próximos álbumes de King Crimson serán siempre grabados en directo, ya que es ahí donde la banda da lo mejor de sí misma. No habrá más álbumes de estudio.

Uno de los ítems a la venta, una caja con vinilos de 1972 a 1974.

Qué interesante ha sido siempre King Crimson, y qué banda tan difícil de seguir según los estándares convencionales. Lo cierto es que, pese a ser una formación extremadamente respetada, quizá la que atesora un mayor pedigrí en el rock progresivo, ha cambiado tantas veces de miembros y de estilo que sus seguidores han basado más su fidelidad en un permanente nivel de calidad que en un sonido estable e identificable. King Crimson siempre ha sido más un proyecto musical que una banda como tal. Durante sus diversas épocas, siempre con Robert Fripp como coordinador, se han unido a los Crimson multitud de músicos de distintas bandas, siempre virtuosos con mucho que aportar a los álbumes correspondientes, pero muy a menudo con fecha de salida programada. 

Heaven & Earth, un estuche con material un poco más reciente en CD, DVD y Blu-ray.

Esta es la marca de identidad de King Crimson: la presencia de músicos punteros dispuestos a aportar su talento y una buena dosis de valentía para experimentar con nuevas formas musicales, con instrumentos que quizá no tocaban en sus bandas de procedencia. Y con un estilo que se ha movido entre la psicodelia, el rock sinfónico, el free jazz, el rock duro y el pop. 50 años rompiendo moldes.

Como guinda del pastel, cada semana saldrá en YouTube una pieza inédita de la banda perteneciente a distintas épocas. Cerramos con la primera de las cincuenta programadas, una versión de 21st Century Schizoid Man. Agradecimientos a la web de Plásticos y decibelios.

sábado, 6 de abril de 2019

Sting - SONGS FROM THE LABYRINTH


1. Walshingham (0:38)
2. Can She Excuse my Wrongs (2:35)
3. Ryght Honorable... (0:40)
4. Flow my Tears (Lachrimae) (4:42)
5. Have You Seen the Bright Lily Grow (2:35)
6. ...Then in Time Passing On... (0:32)
7. The Battle Galliard (3:01)
8. The Lowest Trees Have Tops (2:16)
9. ...And Accordinge as I Desired Their Cam a Letter... (0:55)
10.  Fine Knacks for Ladies (0:50)
11. ...From Thence I Went to the Landgrave of Hessen... (0:24)
12. Fantasy (2:42)
13. Come, Heavy Sleep (3:46)
14. Forlorn Hope Fancy (3:08)
15. ...And from Thence I Had Great Desire to See Italy... (0:28)
16. Come Again (2:56)
17. Wilt Thou Unkind Thus Reave Me (2:40)
18. ...After my Departure I Caled to Mynde (0:30)
19. Weep You No More, Sad Fountains (2:38)
20. My Lord Willoughby's Welcome Home (1:34)
21. Clear or Cloudy (2:47)
22. ...Men Say that the Kinge of Spain... (1:01)
23. In Darkness Let Me Dwell (4:12)

La música pop se llama así para distinguirla de la música culta o académica. "Pop" viene de "popular". Podríamos decir que el pop tal como lo conocemos nace con la explosión de la cultura -y la mercadotecnia- para jóvenes durante los años 50 y 60 del siglo XX, ligada al acceso del gran público a soportes discográficos baratos y a la difusión de la industria del entretenimiento gracias a la televisión.

Pero la música popular, la que se hace por y para la gente de la calle y responde a sus gustos sencillos, existe desde que hay humanos en el mundo, desde la edad de las cavernas. No es como si todo el mundo hubiese estado escuchando a Bach hasta que llegaron los Beatles.

A esa música popular, que no por ello deberíamos calificar de "inculta" se dedicaba el compositor e intérprete de laúd renacentista John Dowland. Era pop del siglo XVI que lo mismo tocaba alguien frente a la realeza que junto al fuego de una taberna, canciones melancólicas que en muchos casos eran cantadas por trovadores, cantantes no líricos, sin formación académica. Como las estrellas del pop del siglo XX, pongamos por ejemplo a Sting.

Un tráiler.

Artista inquieto y polifacético (hoy en día algo más alejado del candelero), Sting sorprendió por su dedicación, como artista en solitario tras disolverse The Police, a componer canciones mucho más maduras y álbumes más complejos de lo que se esperaba de su perfil de estrella pop. Songs from the Labyrinth (Canciones desde el laberinto, 2006) es el puente que tiende Sting entre el pop actual y el que era su equivalente hace siglos, recuperando parte del cancionero de John Dowland (y una pieza de su coetáneo isabelino Robert Johnson) para ser interpretado por su voz no lírica, no académica, con la ayuda del laúd.

Can She Excuse my Wrongs

Le acompaña en este interesantísimo viaje en el tiempo el laudista bosnio Edin Karamazov, logrando un sonido francamente original, una atmósfera muy británica y propia de la música antigua. Especialmente curiosos son los temas en que se utilizan varias voces de Sting superpuestas, creando toda una polifonía compleja e hipnótica. Además, entre las canciones se intercalan fragmentos leídos, recitados, de una carta de Dowland al conde de Salisbury.

Portada de The Journey and the Labyrinth

Publicado por Deutsche Grammophon como álbum clásico, parece que Songs from the Labyrinth no fue un gran éxito comercial. A consecuencia de ello, se buscaron nuevas oportunidades de darle alas, a base de reediciones extendidas con temas extra que incluyeron tanto nuevas piezas con laúd como temas del repertorio habitual de Sting, en vivo. Quizá la opción más interesante para su compra sea la titulada The Journey and the Labyrinth, con un dvd que contiene un documental y la musica del álbum (con algunos añadidos) interpretada en vivo en la iglesia londinense de San Lucas, que, por cierto, es una de las sedes de la London Symphony Orchestra.

Un álbum, en fin, muy interesante y original pese a que no se trate -a mi juicio- de un imprescindible. Para descubrir.

sábado, 23 de marzo de 2019

Hans Zimmer compondrá la música de Dune.

Entre unas cosas y otras, lo cierto es que el universo creado por Frank Herbert en los años sesenta con su saga literaria ha sido objeto de unas cuantas revisiones musicales, no todas ellas realizadas como bandas sonoras de películas, pero todas bastante interesantes. Escribid "Dune" en el buscador del blog y ya veréis. Pero ahora le toca pasear por las arenas de Arrakis a Hans Zimmer, de la mano del director canadiense Denis Villeneuve, con quien ya trabajó en la secuela de Blade Runner.
 
Hans Zimmer (de revengeofthefans.com)

Denis Villeneuve, que es el director de moda del género de ciencia-ficción gracias a las estupendas La llegada (Arrival) y Blade Runner 2049, ha vuelto a llamar a Zimmer tras contratarle a él y a Benjamin Wallfisch para sustituir a su anterior músico fetiche, el desaparecido Jóhann Jóhannsson. Al parecer, hubo algún tipo de desavenencia estilística entre Villeneuve y Jóhannsson respecto al trabajo del segundo en Blade Runner 2049, y finalmente se contrató a Zimmer y Wallfisch con cierta precipitación. La edición discográfica de aquel álbum no es santo de mi devoción, aunque el uso general de la música en la película fue bastante correcto y creo que Hans Zimmer puede aportar una banda sonora realmente interesante a Dune, sobre todo considerando que la mezcla de sonidos orquestales y electrónicos que caracteriza al alemán encaja bastante bien en este escenario épico y fantástico. Seguramente sea un proyecto con el suficiente empaque como  para que el músico se vuelque de verdad y ofrezca algo a la altura de sus mejores trabajos.

Denis Villeneuve, explicando de qué tamaño quisiera tener el gusano. 

La primera entrega de la nueva Dune se estrenará a finales de 2020.

sábado, 16 de marzo de 2019

Zanov - GREEN RAY

 
1. Green Ray (9:48)
2. Machine Desperation (10:22)
3. Running Beyond a Dream (19:46)

Descubrí a este artista gracias a una extensa entrada en la magnífica web Audionautas, en la que la vida y obra de Zanov son desmigadas al detalle. Recomiendo su visita -pinchando aquí- antes de leer esta mucho más modesta reseña que dedico a su primer álbum, titulado Green Ray (1976). 

Como tampoco merece la pena intentar igualar estos textos tan exhaustivos y bien documentados, me quedaré con unos cuantos apuntes necesarios e iré al grano con la reseña del álbum. En lo biográfico, decir que Zanov es en realidad Pierre Salkazanov, francés con raíces rusas. Aunque durante algún tiempo -en su infancia y juventud- se dedicó al piano primero y a la guitarra eléctrica después, terminó por caer en las seductoras redes de la electrónica, más que nada porque Zanov era un artista con claras necesidades expresivas. Como trabajaba en el mundillo informático, podríamos decir que tuvo un acercamiento técnico mucho más completo (y científico) a las posibilidades de la música electrónica que otros compositores de su generación. También estudió algo de música concreta, lo que se nota al escuchar algunos arreglos de Green Ray. No tardó en comprarse su primer instrumento, un EMS VCS3 con su teclado, y gracias en parte a que conocía a Joël Fajerman, que tenía una tienda de instrumentos electrónicos en París, empezó a mover la maqueta que había preparado. Se trataba de una pieza germinal del álbum que nos ocupa, y al final consiguió un contrato con Polydor.

 Zanov interpretando, en la contraportada.

La verdad es que Green Ray tiene, por una parte, mucho en común con lo que se estaba haciendo en el gremio de la electronic music / música cósmica / escuela de Berlín de su época; y por otra, es indudable (y que conste que no es una afirmación condescendiente) que Zanov posee un estilo perfectamente reconocible. El álbum contiene tres piezas no muy distintas entre sí, si acaso en su estructura y no tanto en su sonido, en las que lo textural predomina sobre lo melódico. No se nos escapa que Green Ray se lanzó el mismo año que el mítico Oxygène de Jarre, pero está claro que el álbum de Zanov tenía muchas menos posibilidades comerciales al tratarse de una obra más experimental, uno de esos discos en los que el autor parece más interesado en explorar sus propias posibilidades como artista que en impresionar al público general. No parece Green Ray la clase de trabajo del que puedan extraerse singles para poner en la radio.

Machine Desperation

La obsesión de Zanov es expresar, transmitir emociones con su música, y quizá por eso Green Ray sea un álbum algo sobresaturado. Su acercamiento a lo cósmico (Zanov es, además, aficionado a la astronomía) es tan intenso, tan acuciante su emergencia por provocarnos vaivenes emocionales, que produce cierto desasosiego. Cuando lo comparamos con alguno de los álbumes que Tangerine Dream estaba publicando por aquel entonces (los menciono porque creo que Green Ray puede andar en una línea parecida a, por ejemplo, Rubycon), sentimos que Zanov no da tregua, que mientras en casi cualquier álbum de electrónica cósmica setentera hay ciertos momentos de "relax", en el álbum que nos ocupa todo es lacerante, todo está lleno de aristas peligrosas, e incluso los momentos de menor saturación sonora producen algo de vértigo. Debo decir que me gusta esta clase de sonido cósmico muy directo, con poco tratamiento para limar asperezas. Me gusta que se note su carácter eléctrico, y el peculiar sonido de aquellos sintetizadores antiguos -con sus burbujeos, sus "vientos" y "pájaros"- es un valor a reivindicar. Sin embargo, debo admitir que me cuesta trabajo escuchar Green Ray de un tirón, y no porque encuentre en él defectos objetivos o porque me aburra, sino por esa atmósfera perturbadora.

El álbum fue bien acogido por lo que tantas veces hemos dicho, que en aquella década mágica de las músicas "libres" incluso el público menos preparado tenía pocos prejuicios a la hora de conocer cosas nuevas. Los críticos especializados le dieron su visto bueno y Zanov publicaría otros dos álbumes en pocos años. A mediados de los ochenta, el músico se volcó en su faceta de técnico informático de alto nivel, y sólo tras su jubilación volvería a la música con dos álbumes todavía recientes, publicados en 2014 y 2016. Recomiendo comenzar a conocer su obra desde el comienzo con este Green Ray, más que nada porque esta clase de artistas van evolucionando paso a paso y merece la pena hacer el recorrido completo.

Zanov tiene un rinconcito en bandcamp: https://zanov.bandcamp.com/
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