sábado, 6 de abril de 2019

Sting - SONGS FROM THE LABYRINTH


1. Walshingham (0:38)
2. Can She Excuse my Wrongs (2:35)
3. Ryght Honorable... (0:40)
4. Flow my Tears (Lachrimae) (4:42)
5. Have You Seen the Bright Lily Grow (2:35)
6. ...Then in Time Passing On... (0:32)
7. The Battle Galliard (3:01)
8. The Lowest Trees Have Tops (2:16)
9. ...And Accordinge as I Desired Their Cam a Letter... (0:55)
10.  Fine Knacks for Ladies (0:50)
11. ...From Thence I Went to the Landgrave of Hessen... (0:24)
12. Fantasy (2:42)
13. Come, Heavy Sleep (3:46)
14. Forlorn Hope Fancy (3:08)
15. ...And from Thence I Had Great Desire to See Italy... (0:28)
16. Come Again (2:56)
17. Wilt Thou Unkind Thus Reave Me (2:40)
18. ...After my Departure I Caled to Mynde (0:30)
19. Weep You No More, Sad Fountains (2:38)
20. My Lord Willoughby's Welcome Home (1:34)
21. Clear or Cloudy (2:47)
22. ...Men Say that the Kinge of Spain... (1:01)
23. In Darkness Let Me Dwell (4:12)

La música pop se llama así para distinguirla de la música culta o académica. "Pop" viene de "popular". Podríamos decir que el pop tal como lo conocemos nace con la explosión de la cultura -y la mercadotecnia- para jóvenes durante los años 50 y 60 del siglo XX, ligada al acceso del gran público a soportes discográficos baratos y a la difusión de la industria del entretenimiento gracias a la televisión.

Pero la música popular, la que se hace por y para la gente de la calle y responde a sus gustos sencillos, existe desde que hay humanos en el mundo, desde la edad de las cavernas. No es como si todo el mundo hubiese estado escuchando a Bach hasta que llegaron los Beatles.

A esa música popular, que no por ello deberíamos calificar de "inculta" se dedicaba el compositor e intérprete de laúd renacentista John Dowland. Era pop del siglo XVI que lo mismo tocaba alguien frente a la realeza que junto al fuego de una taberna, canciones melancólicas que en muchos casos eran cantadas por trovadores, cantantes no líricos, sin formación académica. Como las estrellas del pop del siglo XX, pongamos por ejemplo a Sting.

Un tráiler.

Artista inquieto y polifacético (hoy en día algo más alejado del candelero), Sting sorprendió por su dedicación, como artista en solitario tras disolverse The Police, a componer canciones mucho más maduras y álbumes más complejos de lo que se esperaba de su perfil de estrella pop. Songs from the Labyrinth (Canciones desde el laberinto, 2006) es el puente que tiende Sting entre el pop actual y el que era su equivalente hace siglos, recuperando parte del cancionero de John Dowland (y una pieza de su coetáneo isabelino Robert Johnson) para ser interpretado por su voz no lírica, no académica, con la ayuda del laúd.

Can She Excuse my Wrongs

Le acompaña en este interesantísimo viaje en el tiempo el laudista bosnio Edin Karamazov, logrando un sonido francamente original, una atmósfera muy británica y propia de la música antigua. Especialmente curiosos son los temas en que se utilizan varias voces de Sting superpuestas, creando toda una polifonía compleja e hipnótica. Además, entre las canciones se intercalan fragmentos leídos, recitados, de una carta de Dowland al conde de Salisbury.

Portada de The Journey and the Labyrinth

Publicado por Deutsche Grammophon como álbum clásico, parece que Songs from the Labyrinth no fue un gran éxito comercial. A consecuencia de ello, se buscaron nuevas oportunidades de darle alas, a base de reediciones extendidas con temas extra que incluyeron tanto nuevas piezas con laúd como temas del repertorio habitual de Sting, en vivo. Quizá la opción más interesante para su compra sea la titulada The Journey and the Labyrinth, con un dvd que contiene un documental y la musica del álbum (con algunos añadidos) interpretada en vivo en la iglesia londinense de San Lucas, que, por cierto, es una de las sedes de la London Symphony Orchestra.

Un álbum, en fin, muy interesante y original pese a que no se trate -a mi juicio- de un imprescindible. Para descubrir.

sábado, 23 de marzo de 2019

Hans Zimmer compondrá la música de Dune.

Entre unas cosas y otras, lo cierto es que el universo creado por Frank Herbert en los años sesenta con su saga literaria ha sido objeto de unas cuantas revisiones musicales, no todas ellas realizadas como bandas sonoras de películas, pero todas bastante interesantes. Escribid "Dune" en el buscador del blog y ya veréis. Pero ahora le toca pasear por las arenas de Arrakis a Hans Zimmer, de la mano del director canadiense Denis Villeneuve, con quien ya trabajó en la secuela de Blade Runner.
 
Hans Zimmer (de revengeofthefans.com)

Denis Villeneuve, que es el director de moda del género de ciencia-ficción gracias a las estupendas La llegada (Arrival) y Blade Runner 2049, ha vuelto a llamar a Zimmer tras contratarle a él y a Benjamin Wallfisch para sustituir a su anterior músico fetiche, el desaparecido Jóhann Jóhannsson. Al parecer, hubo algún tipo de desavenencia estilística entre Villeneuve y Jóhannsson respecto al trabajo del segundo en Blade Runner 2049, y finalmente se contrató a Zimmer y Wallfisch con cierta precipitación. La edición discográfica de aquel álbum no es santo de mi devoción, aunque el uso general de la música en la película fue bastante correcto y creo que Hans Zimmer puede aportar una banda sonora realmente interesante a Dune, sobre todo considerando que la mezcla de sonidos orquestales y electrónicos que caracteriza al alemán encaja bastante bien en este escenario épico y fantástico. Seguramente sea un proyecto con el suficiente empaque como  para que el músico se vuelque de verdad y ofrezca algo a la altura de sus mejores trabajos.

Denis Villeneuve, explicando de qué tamaño quisiera tener el gusano. 

La primera entrega de la nueva Dune se estrenará a finales de 2020.

sábado, 16 de marzo de 2019

Zanov - GREEN RAY

 
1. Green Ray (9:48)
2. Machine Desperation (10:22)
3. Running Beyond a Dream (19:46)

Descubrí a este artista gracias a una extensa entrada en la magnífica web Audionautas, en la que la vida y obra de Zanov son desmigadas al detalle. Recomiendo su visita -pinchando aquí- antes de leer esta mucho más modesta reseña que dedico a su primer álbum, titulado Green Ray (1976). 

Como tampoco merece la pena intentar igualar estos textos tan exhaustivos y bien documentados, me quedaré con unos cuantos apuntes necesarios e iré al grano con la reseña del álbum. En lo biográfico, decir que Zanov es en realidad Pierre Salkazanov, francés con raíces rusas. Aunque durante algún tiempo -en su infancia y juventud- se dedicó al piano primero y a la guitarra eléctrica después, terminó por caer en las seductoras redes de la electrónica, más que nada porque Zanov era un artista con claras necesidades expresivas. Como trabajaba en el mundillo informático, podríamos decir que tuvo un acercamiento técnico mucho más completo (y científico) a las posibilidades de la música electrónica que otros compositores de su generación. También estudió algo de música concreta, lo que se nota al escuchar algunos arreglos de Green Ray. No tardó en comprarse su primer instrumento, un EMS VCS3 con su teclado, y gracias en parte a que conocía a Joël Fajerman, que tenía una tienda de instrumentos electrónicos en París, empezó a mover la maqueta que había preparado. Se trataba de una pieza germinal del álbum que nos ocupa, y al final consiguió un contrato con Polydor.

 Zanov interpretando, en la contraportada.

La verdad es que Green Ray tiene, por una parte, mucho en común con lo que se estaba haciendo en el gremio de la electronic music / música cósmica / escuela de Berlín de su época; y por otra, es indudable (y que conste que no es una afirmación condescendiente) que Zanov posee un estilo perfectamente reconocible. El álbum contiene tres piezas no muy distintas entre sí, si acaso en su estructura y no tanto en su sonido, en las que lo textural predomina sobre lo melódico. No se nos escapa que Green Ray se lanzó el mismo año que el mítico Oxygène de Jarre, pero está claro que el álbum de Zanov tenía muchas menos posibilidades comerciales al tratarse de una obra más experimental, uno de esos discos en los que el autor parece más interesado en explorar sus propias posibilidades como artista que en impresionar al público general. No parece Green Ray la clase de trabajo del que puedan extraerse singles para poner en la radio.

Machine Desperation

La obsesión de Zanov es expresar, transmitir emociones con su música, y quizá por eso Green Ray sea un álbum algo sobresaturado. Su acercamiento a lo cósmico (Zanov es, además, aficionado a la astronomía) es tan intenso, tan acuciante su emergencia por provocarnos vaivenes emocionales, que produce cierto desasosiego. Cuando lo comparamos con alguno de los álbumes que Tangerine Dream estaba publicando por aquel entonces (los menciono porque creo que Green Ray puede andar en una línea parecida a, por ejemplo, Rubycon), sentimos que Zanov no da tregua, que mientras en casi cualquier álbum de electrónica cósmica setentera hay ciertos momentos de "relax", en el álbum que nos ocupa todo es lacerante, todo está lleno de aristas peligrosas, e incluso los momentos de menor saturación sonora producen algo de vértigo. Debo decir que me gusta esta clase de sonido cósmico muy directo, con poco tratamiento para limar asperezas. Me gusta que se note su carácter eléctrico, y el peculiar sonido de aquellos sintetizadores antiguos -con sus burbujeos, sus "vientos" y "pájaros"- es un valor a reivindicar. Sin embargo, debo admitir que me cuesta trabajo escuchar Green Ray de un tirón, y no porque encuentre en él defectos objetivos o porque me aburra, sino por esa atmósfera perturbadora.

El álbum fue bien acogido por lo que tantas veces hemos dicho, que en aquella década mágica de las músicas "libres" incluso el público menos preparado tenía pocos prejuicios a la hora de conocer cosas nuevas. Los críticos especializados le dieron su visto bueno y Zanov publicaría otros dos álbumes en pocos años. A mediados de los ochenta, el músico se volcó en su faceta de técnico informático de alto nivel, y sólo tras su jubilación volvería a la música con dos álbumes todavía recientes, publicados en 2014 y 2016. Recomiendo comenzar a conocer su obra desde el comienzo con este Green Ray, más que nada porque esta clase de artistas van evolucionando paso a paso y merece la pena hacer el recorrido completo.

Zanov tiene un rinconcito en bandcamp: https://zanov.bandcamp.com/

viernes, 8 de febrero de 2019

Vangelis - NOCTURNE. THE PIANO ALBUM


1. Nocturnal Promenade (5:51)
2. To the Unknown Man (5:15)
3. Mythodea - Movement 9 (3:49)
4. Moonlight Reflections (3:11)
5. Through the Night Mist (5:13)
6. Early Years (3:33)
7. Love Theme (from "Blade Runner") (6:05)
8. Sweet Nostalgia (3:39)
9. Intermezzo (3:46)
10. To a Friend (5:23)
11. La Petite Fille de la Mer (from "L'Apocalypse Des Animaux") (4:45)
12. Longing (from "Blade Runner") (3:45)
13. Theme (from "Chariots of Fire") (5:27)
14. Unfulfilled Desire (4:24)
15. Lonesome (5:51)
16. Conquest of Paradise (from "1492: Conquest of Paradise") (4:52)
17. Pour Melia (1:12)

Como ya comentamos en la reseña de Rosetta (2016), Vangelis es un artista con una edad respetable y una carrera tan monumental tras de sí que cada nuevo trabajo que publica debería ser acogido como un pequeño regalo más que como algo que haya que poner sobre la mesa y someter a biopsia crítica. Consciente de ello, diría yo, el griego se ha permitido en esta ocasión un capricho que, pese a que en absoluto mengua su reputación o el aprecio de sus fans, tiene más de autocomplacencia que de cualquier otra cosa. Esto no es siempre negativo cuando hablamos de alguien de su altura artística.

Nocturne (2019) lleva el título secundario de The Piano Album, y eso es exactamente lo que encontraremos en él. Lo forman un ramillete de temas clásicos del músico, así como una serie de piezas nuevas, todo ello con el sonido predominante del piano, arropado por los arreglos suntuosos típicos de su autor. Lo del "sonido" del piano es literal, porque Nocturne es en realidad un trabajo en el que, al parecer, gran parte del piano que escuchamos es un émulo sintético, un teclado electrónico que imita la dulzura y expresividad de un piano. Al menos eso es lo que aseguran muchos de los críticos que han reseñado el CD, aunque en los créditos sí que figura un verdadero piano como instrumento principal. Y la foto promocional que cuelgo a continuación también lo atestigua...

Vangelis en su piano a la luz de la luna (?).

Creo que no se puede realizar una distinción entre la calidad de los temas que se base en si son nuevos o antiguos, aunque está claro que los antiguos llaman más nuestra atención tanto para lo bueno como para lo malo. Vangelis no se rompe mucho la cabeza con su selección: Chariots of Fire (cuyo inicio recuerda al Bon Voyage del álbum Oceanic), Blade Runner, Conquest of Paradise, To the Unknown Man... Todos suenan bien, aunque en más de un momento se tiene la impresión  de que, más que arreglos para piano, son versiones new age puras y duras. Por destacar uno de los temas ya conocidos, la anécdota está en el extracto de Mythodea, que cuenta con la pianista invitada Irina Valentinova-Karpouchina.

Los temas nuevos... Bien, creo que hay piezas verdaderamente brillantes aquí. Son las que mejor responden a la temática íntima, sensual, del álbum. Nocturnal Promenade es pura ensoñación, una pieza que, en apariencia, contiene algunas partes improvisadas. Muy delicada es Moonlight Reflections, que podría ir en una línea que homenajease a Satie o Debussy. Mucho más suya es Through the Night Mist, casi un himno instrumental no muy distinto del epílogo de El Greco (1998). Casi conectada a la anterior está Early Years, aunque es más luminosa y al final adquiere un carácter grandioso. Sweet Nostalgia es eso, un tema nostálgico. Quizá un poco soso. Luego viene el Intermezzo, un corte algo aséptico entre lo eclesiástico y lo romántico, en el que no suena el piano.

Nocturnal Promenade

To a Friend es hermosa porque suena bastante auténtica, sentida. Longing (que no es una versión del tema homónimo del álbum Blade Runner Trilogy / BR25) es uno de los temas con más identidad del álbum, de los pocos que suenan verdaderamente distintos del resto al contar con algún efecto de eco peculiar. Unfulfilled Desire es meditabundo y oscuro, quizá precisamente por reflejar algún "deseo no realizado" de Vangelis. Después viene Lonesome, romántica y exuberante, muy marca de la casa por su rutilancia romana o parisina, en el que los fondos prevalecen en más de un momento sobre el piano. El último tema del álbum es Pour Melia, que bien podría ser una canción de cuna por su ternura e ingenuidad.


Main Theme (from Chariots of Fire)

Como decíamos, Nocturne podría entenderse como una obra new age en sentido estricto, lo que no implica necesariamente que el disco adquiera las cualidades a veces un poco mundanas, family-friendly, de la música relajante/terapéutica al uso. De hecho, albergo la leve sospecha de que hay otro Nocturne debajo de Nocturne, uno en el que se perciben sonoridades del Vangelis más primitivo, el de obras como Fais que ton rêve soit plus long que la nuit, L'Apocalypse des Animaux o La Fête Sauvage, donde había sutiles texturas de teclados sobre fondos etéreos muy difuminados que ponían (ponen) la piel de gallina. De pronto, mientras escuchas una pieza cualquiera de Nocturne, pierdes el hilo de la melodía principal y te sientes transportado durante unos segundos al mundo brumoso de aquel músico fascinante que iniciaba su carrera en solitario a comienzos de los setenta. Sólo por eso ya bien vale un par de buenas escuchas, y como ya hemos visto, tiene mucho más que ofrecer.

Vangelis se recrea, globalmente, en una visión cálida, acogedora, de la noche y el cielo estrellado. Ese universo ignoto que tantas veces ha reflejado el compositor en clave de ciencia ficción musical es aquí mucho más cercano, algo que podemos observar cada noche con sólo mirar hacia arriba. Me reservo una segunda reseña del álbum para cuando pueda escucharlo al aire libre y de noche, el próximo verano. Algunos de los álbumes que más me han impresionado de cuantos he escuchado para su reseña en este blog han adquirido una segunda existencia tras una audición de este tipo, y creo que un álbum del mismísimo Vangelis Papathanassiou, uno de mis dos o tres artistas favoritos, merece esta atención. No en vano, el disco ha sido promocionado con una especie de concurso de fotos de la luna.

Nocturne puede escucharse al completo en Spotify.


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